Capítulo 9: De besos apasionados a encuentros fortuitos
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Sus piernas se debilitaron en cuanto se alejó de esa habitación. La adrenalina del momento parecía que se acabó de golpe, y ahora su mente se embarullaba con lo sucedido.
¿Lo besó en frente de todos y tomó su sangre?
Kyoko llevó una mano por su cabeza, mareada, de solo pensar en todo lo que había hecho.
— Cierto… El pelo…
Quitó una bolsita de plástico que llevaba la pegatina del número dos, y sacó del bolsillo de su chaqueta dos pelos plateados, que le había quitado cuando lo mordió. Los puso cuidadosamente adentro, y sonrió para sus adentros, cantando victoria.
Se encaminó esta vez con pasos más firmes para buscar el sanitario, mientras se percataba de algunas miradas y murmullos, su ceño se fruncía de confusión.
Cuando encontró el sanitario, entró y, con espanto, advirtió su aspecto en el espejo.
— ¡BEAGLE! —gritó enfurecida.
— ¿Me llamabas?
Dio un brinco de susto al escuchar su voz, giró velozmente y lo encontró parado frente a la puerta, con una sonrisa petulante.
— ¡Tú! —exclamó incrédula— ¿Acaso no ves que este es el baño de damas? Vete de aquí, ¡Beagle pervertido!
— Solo me detuve porque me llamabas…No pensaba quedarme aquí, tengo que encargarme de cierto problema que tú ya sabes me has dado, Kyoko —notó que el rostro de la joven se ruborizaba, y supo que ella sabía a lo que se refería— Al menos…que quieras responsabilizarte por ello —le dijo maliciosamente.
Los ojos de Kyoko se agrandaron, y su rostro se convirtió en un tomate. Buscó algún objeto para tirarlo en la cara, y al no encontrarlo, se quitó una bota, y lo alzó con el brazo extendido.
— T-Tú…Sucio, pervertido… ¡Fuera de aquí, antes de que recibas tu merecido!
Se inmovilizó al ver algo que nunca ha visto, el Beagle se rió entre dientes.
— Espero que nuestro próximo encuentro llegue pronto —le dijo éste y se fue sin decir más.
— ¿Qué fue eso…? —un escalofrío la recorrió y se frotó los brazos con las manos.
Se puso de nuevo la bota al no verlo regresar, y se arregló la blusa y la peluca. Entró en uno de los cubículos, y cuando se bajó los jeans, encontró su braga húmeda. La cara le quemó de vergüenza, al entender el significado. La lección sobre educación sexual en la escuela parecía tener sentido al verlo con sus propios ojos.
Se quedó paralizada, y en su mente llegaron los recuerdos de cada sensación en su cuerpo. Llevó lentamente las yemas de sus dedos en su labio, y cuando lo rozó, un gemido salió de su garganta. Un "oh" se le escapó de la boca, y entonces se pegó fuertemente la mejilla.
— ¿Q-Q-Qué estás pensando, Kyoko?... No pue-puede ser que… ¿la calentura del Beagle es contagiosa?
Dejó de pensarlo, y se apresuró en salir. Abrió un poco la puerta, y asomó su cabeza fuera para mirar a ambos lados. Exhaló un suspiro al no verlo, y siguió su camino fuera del edificio, muy pensativa…
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Eran casi las siete de la tarde cuando llegó al Darumaya. Había hecho otras paradas después de salir del edificio, y había comprado un celular nuevo que pagaría a cuotas.
Se encontró con la Okami en la cocina, y la saludó con una reverencia. Al quitarse la chaqueta, vio que la mirada de la Okami fue a su ropa, y el rubor llegó inmediatamente a sus mejillas.
— Kyoko-chan… ¿qué es esa mancha…blanca en tu ropa?
— Me manché con el postre en el almuerzo… —murmuró avergonzada.
— Ah, me olvidaba, Hamasaki-san nos ha regalado bananas…si quieres… ¿Kyoko-chan?
La Okami miró preocupada el rostro de la joven, que se había vuelto de pálido a un rojo profundo en solo segundos.
— ¡No puedo creerlo de usted, Okami-san! —gritó ella para luego subir corriendo hacia las escaleras.
— ¿Eh…? ¿Dije algo malo? —se preguntó, mientras la miraba desaparecer de su vista.
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Se quitó rápidamente la ropa y se puso uno más cómoda para dormir. Preparó el futón y, apagando las luces, se echó en ella, enterrando su rostro en el edredón.
— ¿Qué es lo que le dije a la Okami?... Yo soy la única pervertida.
Dio vueltas de un lado a otro, y cerró los ojos, tratando de dormir.
— Kyoko…
—…
— Kyoko
Sus ojos se abrieron de súbito, y vieron los ojos violetas muy cerca. Sus labios estaban a solo un suspiro, y podía sentir su cálida respiración entremezclarse con la de ella. Inhaló por un poco de aire, y percibió su fragancia a rosas, la misma que había olido en su cama cuando durmió en su departamento.
— No lo niegues más…—le susurró él, estrechándola más a su cuerpo— Sé que también lo anhelas.
Su boca fue con urgencia a la de ella, y Kyoko comenzó a cerrar los parpados, dejando que su lengua invadiese su boca. Oyó una risa irónica, y sus ojos se abrieron rápidamente para luego separarse de sus labios.
— Tsuruga-san… —musitó al verlo frente a ella con expresión llena de iracundia.
Sintió que él alejaba las manos de su cintura, y se distanciaba dando un paso atrás.
— Entonces… ¿lo que hacías era revolcarte con el Beagle?
— No… —contestó sacudiendo su cabeza— Yo… Yo solo… quería saber cómo era besarlo… ¡Besar a alguien del sexo masculino! —se corrigió agitada.
— ¿Y por qué yo no? ¿Por qué no Yashiro-san?
— ¿Eh?
— ¡Así quería encontrarte, Kyoko! —otra voz apareció de algún lado, y vio a Sho viniendo a ella muy enojado— ¡Dime qué carajo te ocurre para andar besándote con todos los hombres que encuentras!
— ¡¿Có-Cómo? —espetó con la misma furia— ¡Con quien me bese no es de tu incumbencia, Shotaro!
— No es de mi incumbencia… —Kyoko ladeó la cabeza, y vio a Ren de nuevo frente a ella.
— Yo…Yo…—se acercó a él, y trató de besarlo, pero Ren solo la esquivó y se cruzó de brazos.
— No quiero besar a una cualquiera… No quiero saber más de ti, Mogami-san… Y espero no escuchar nada sobre tus aventuras sexuales o bien tus infidelidades con Shotaro… Con quien te acuestes no es mi incumbencia, pero simplemente me decepciona la clase de mujer que resultas ser.
— Yo no soy así… —las lágrimas surcaron sus mejillas y la voz se le quebró— ¿Por qué no puede confiar en mí, Tsuruga-san?... —soltó una risa amarga y enjuagó sus lágrimas con un paño que apareció en su mano— No importa… Yo…Yo lo odio… Lo estoy odiando desde el fondo de mi corazón… ¿Sabe?... ¡Quédese calvo! ¡Quédese calvo y feo, mezquino de dos metros! ¡Y tú, Shotaro de pacotilla! —gritó apuntándole con el dedo— ¡Que sufras la mayor de la vergüenza de tu vida frente a todos! ¡Ya verás! —dio media vuelta y apuntó esta vez a Reino— ¡Y tú!
— ¿Yo, Kyoko? —le dijo éste con una risita.
— ¡Sí, tú, ser sobrenatural que está en periodo de celo! ¡Tú sufrirás del dolor corporal durante un buen tiempo!...Ahora, ven aquí y dame un beso, que quiero practicar para la película… Sí, así… Lo haces mejor de lo que creí, Beagle… Buen perro.
Sus ojos se abrieron al escuchar la alarma sonar desde su celular nuevo. Volteó al otro lado y lo agarró. Eran las once y media de la noche. Sonrió maliciosamente y se levantó. Era hora de prepararse para ir junto a Maléfica.
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Las tres bolsitas de plásticas se extendían frente a la mesa con sus correspondientes números.
Maléfica se rió al ver el número tres.
— Esta debió doler más que los otros —comentó viendo la gran cantidad de pelo que se hallaba dentro.
Kyoko asintió esbozando una sonrisa de satisfacción por su arduo trabajo.
— Con estos es suficiente —dijo Maléfica llevando las tres bolsitas dentro de una canastilla— Solo necesitaré la mitad del pago como seña, y después cuando verifiques con tus propios ojos que el maleficio se ha cumplido, vendrás a pagarme la otra mitad. Es la política de mi trabajo para mostrar que no es fraude.
— Estupendo —exclamó Kyoko emocionada— ¿Y entonces…cuándo comenzará a hacer efecto los maleficios?
— En cuanto mismo los haya hecho —explicó con seriedad— Cuando despierten, o puede tardar algo, pero nunca tardará mucho, y más teniendo lo que me has dado para hacer el hechizo.
Kyoko quedó en silencio, abstrayéndose en sus pensamientos. Se mordió el labio, y golpeó sus dedos sobre la mesa.
— Entonces… ¿lo haremos? —Maléfica fijó sus ojos negros en los ámbares.
— ¡Claro que sí! —exclamó y quitó la billetera de su cartera. Con un suspiro y, con lentitud, sacó los billetes correspondientes al pago. Lo pasó con mano temblorosa, y cuando la bruja lo agarró, sus dedos se resistieron a soltarlo. Con un estirón, Maléfica pudo quitarle la plata, sonrió con regocijo, lo contó y lo olió.
— El dinero huele asqueroso, pero igual me encanta el olor… No te pongas triste, niña mala, que te di un buen descuento, y eso solo porque me caes bien —llevó el dinero en algún bolsillo interior de su capa, y vio que la joven seguía mirando con aflicción su billetera— Tú no deberías estar con esa cara —meneó la cabeza e hizo una mueca— Pronto esos hombres recibirán sus respectivos castigos… ¡Ahora!
— ¡Sí! ¡Satisfaré mi sed de venganza viéndolos sufrir! —alzó el brazo, e imitó un rígido saludo militar.
— ¡Bien! ¡Ahora a andar soldada, que tengo que trabajar! —dijo en voz alta, imitándola.
— ¡Sí, mi señora Maléfica! ¡No olvidaré su hospitalidad! —se inclinó en una reverencia y se marchó con pasos firmes.
— ¡¿Señora?! ¡Aun soy muy joven! —gritó Maléfica, oyendo por última vez la puerta cerrarse. Suspiró y se acercó al estante, agarrando algunos ingredientes para hacer el maleficio— Esa chica linda se me hace conocida de alguna parte… —susurró pensativa.
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Pago por un nuevo celular, más tres maleficios.
Kyoko suspiró con cansancio, mientras caminaba hacia la estación del metro. Sus ahorros parecían volar en las nubes grises de la noche, ellos se esfumarían rápidamente en poco tiempo.
— ¡Qué lindo culo tienes, mamita!
Reconoció la voz del borracho de la vez pasada, y lo vio tirado en la misma esquina. Le fulminó con la mirada, al mismo tiempo que los pequeños rencores se arremolinaban a su alrededor. Éste abrió grande los ojos, y se encogió de hombros, mirando en la dirección de la casa de Maléfica.
— Lo siento… No la reconocí —dijo retrocediendo, y fingiendo mirar sus latas de cerveza.
Kyoko entonces le ignoró, y apresuró el paso.
Un trueno retumbó, y un relámpago resquebrajó el cielo.
Hundió las manos en los bolsillos de su chaqueta, y trató de caminar aún más rápido. Mientras pasaba otra cuadra, la mirada iba inquieta de un lado a otro. Los automóviles que pasaban eran escasos, y el silencio la ponía aún más nerviosa.
De repente, un auto que iba una cuadra adelante, retrocedió lentamente hasta llegar a lado de ella. Sintió su corazón acelerar, y mantuvo su rostro al frente, para no encontrarse con la cara del conductor, que para su desventaja tenía el volante hacia su izquierda.
— ¿Qué hace una mujer tan linda y sola a esta hora?
Dio un respingo, y siguió caminando, fingiendo no escucharlo. ¿Desde cuándo se había vuelto tan irresistiblemente atractiva para los hombres?, pensaba en completo sarcasmo. Tal vez era la luna llena: los hombres comenzaban algún tipo de etapa de calentura que no tenía sentido.
— Es muy peligroso para una mujer tan guapa caminar sola por la calle. ¿Quieres que te acerque a tu casa?
Percató, de soslayo, que el auto seguía la velocidad de sus pasos apresurados.
— No lo quiero, señor —le dijo sin mirarlo— Ya estoy cerca, gracias.
— ¿Segura? —le oyó reír y Kyoko contuvo su rabia— ¿Es aquí cerca tu casa?
— Algo así —respondió con una disimulada sonrisa— No se preocupe, y siga su camino.
— Hey, ¿por qué no me miras?
—…
— Mírame un rato, yo te conozco, tal vez tú también me conozcas. Mírame, no tengas miedo.
— No, no lo conozco, señor. Tiene a la persona equivocada. Tengo que irme ahora.
Kyoko se detuvo, respiró hondo y entonces corrió en dirección contraria como si su vida dependiese de ello. Oyó que atrás, el hombre había apagado el motor, y parecía salir del auto.
— ¡Oye, espera!
El sonido del portazo corroboró sus sospechas. El corazón le latió desbocado, al oír que sus pasos se sumaban al del tipo tras ella. Giró en una esquina, él estaba muy cerca, y súbitamente le agarró del brazo. Demasiado rápido.
Lanzó un grito, y lo golpeó con su cartera.
— ¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡No tengo dinero, soy plana y sin atractivo sexual!
— ¡Tranquila, Kyouko! ¡Soy yo! ¡Todo fue una broma! ¡Tranquila!
Él la soltó, y entonces dejó de golpearlo. Lo miró por primera vez. Era un hombre muy alto, y llevaba un frac que le quedaba ridículamente pequeño, y muy gracioso. Contuvo una risa, y escrutó su rostro. Tenía el cabello un poco largo, salvaje, y de un castaño oscuro; sus ojos, que fueron lo que captaron su atención, eran de un intenso azul claro; sus pestañas eran muy negras; la tez blanca pero ligeramente bronceada; y la barba algo crecida. Debía admitir que era bastante atractivo y guapo, pero le era totalmente desconocido.
— Yo…no lo conozco, señor —dijo tomando con cautela algo de distancia.
— Lo sé, calma —dijo éste llevando las manos arriba, manifestando inocencia— Lo siento, fue una mala broma. Yo te conozco Kyouko-chan. Solo hoy…, ayer hablé con Lory para que te hablase sobre actuar como protagonista en mi película, soy Takuma Ito, el director.
— ¿Eh…? ¡¿Eh?! ¿Ta-Takuma Ito?
— No —respondió con una sonrisa—, solo Takuma, con una Ta.
Las mejillas de Kyoko se tiñeron de un sutil sonrojo, e instantáneamente, se inclinó en una reverencia.
— Es un placer conocerlo, Buenas No… Ehm… Ma-Madrugada.
Le oyó soltar una pequeña risa, y entonces, se sonrojó aún más.
— No, el placer es mío.
Kyoko enderezó con lentitud su espalda, y lo vio a él, con una amplia sonrisa, extendiendo la mano en un saludo.
Se apresuró y tomó con firmeza su mano. Percibió que su mano era muy pequeña en comparación a la de él que era grande. Sin darse cuenta, su mirada quedó fijo en los azules. Se soltaron la mano, y Kyoko, de improviso se halló avergonzada de tanto estar mirándole a los ojos.
Unas gotas de agua repentinamente cayeron del cielo, y tres segundos después la lluvia cayó torrencialmente.
— Ven conmigo —vociferó él, buscando con la vista algún techo que los resguardará— Te llevo a tu casa —dijo, rindiéndose al no encontrar ninguno.
Kyoko se sorprendió de su propuesta.
— No, no hace falta, Ito-san —dijo inquieta al notar que éste se quedaba junto a ella y se mojaba bajo la lluvia— Yo me iba a tomar el metro que está cerca.
— Kyouko-chan, vamos por favor. No puedo dejarte ir así en metro —advirtió señalando a que se hallaba completamente mojada.
— Pero donde vivo esta algo lejos, y además mi ropa se secará pronto…No hay problema en…
— Kyouko-chan —la miró serio, y meneó la cabeza— Si sigo esperándote aquí, quedaré más ridículo con el ridículo y mojado frac.
— Lo… ¡Lo siento mucho, Ito-san! —vociferó inclinándose en disculpa — Iré con usted ahora mismo, y no diré nada sobre su frac.
Alzó el rostro, y le notó riéndose nuevamente.
— Vamos caminando, no hace falta apresurarnos si ya nos mojamos por completo.
— Lo siento… —musitó con la cabeza gacha.
— No, no te disculpes más, fue mi culpa desde un comienzo. Por cierto… ¿qué haces con esa peluca? Casi no te reconozco.
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Extra.: La mancha blanca…
Estaba ahí, frente a esa "cosa". Sus ojos escondidos tras unas gafas, pero su tez con un intenso y evidente rojo. ¿Cómo se le había ocurrido ir allí, en un lugar tan desvergonzado, en donde cierta "cosa" era venerada?
Pues todo había comenzado desde ya antes de salir del edificio. Su ahora no tan pudorosa pero igual, abochornada mente, no podía olvidar algo: La banana.
Era por una vasta curiosidad, y también por una decisión a procurar olvidar la timidez a cualquier cosa relativa a lo sexual. ¿Cómo haría una escena de sexo sí de tan solo pensarlo se sonrojaba exageradamente?
Por otro lado, era normal ¿no? Pensarlo…
Kyoko se había mordido el labio inconscientemente en casi todo el camino. Fue su primera vez, y fue un tanto, no, bastante, sorprendente, extraño, difícil de olvidar…
Su cabeza parecía estar a punto de estallar. Nunca se había cuestionado, ni preguntado tanto sobre las partes íntimas de un hombre como lo hacía en ese momento. Lo pensaba, mucho…, después de haberlo sentido con la palma de su mano, por encima de su pantalón…, esa cosa…estaba algo dura, si lo quería decir con el término adecuado, erecto…y se movió, lo que más le sorprendió, era que parecía haberse movido con su toque. ¿Pero cómo es que funcionaba? ¿Cómo se veía? ¿Todos los hombres la tenían así? Parecía algo grande tocándolo con la mano…
Y entonces, su cabeza estalló, pero la curiosidad siquiera se permitió abandonarla, sino todo lo contrario.
Necesitaba un celular. Necesitaba investigar, estudiarlo…
¡La banana con bolas de helado!
¿Cómo es que llegó fuera del edificio y fue a caminar en un lugar desconocido? Ella no lo sabía, pero sus pies le habían guiado al lugar en donde su mente había pedido.
Chillaba en silencio, cerraba los ojos, se escandalizada al verlo: ¡Dulces en forma de falo!
Se puso las gafas, y respiró hondo, tratando de calmarse. Nadie ahí parecía avergonzado, ninguno se detenía a mirarla extraño por estar ahí, era ella la que miraba esos dulces como si fueran de otro mundo.
Su pureza ya había sido corrompida, comprar y probarlo le haría bien para contraatacar su recato, era eso lo que se repetía, tratando de armarse de valor.
— Vamos, Kyoko. ¡Compra algo!
Y de repente, lo vio… El mismo que había visto antes, la banana con dos bolas de helado.
Fue un gran tormento comprarlo, pero ahí estaba: frente a sus ojos y en sus manos.
Estaba bañado con algún tipo de jalea color rojo por arriba, y las formas redondas de abajo, eran tal vez alguna clase de bizcochuelos cubierto con helado y chispas de chocolate. En la punta del dulce, en medio mismo, un líquido blanco, se deslizaba lentamente abajo.
Instintivamente, Kyoko, lo lamió para que no se resbalará en su mano. Su lengua fue de abajo a arriba hasta llegar cerca de la punta. Se detuvo, y sus mejillas se arrebolaran intensamente: Era muy rico.
— Hey, así no tienes que comerlo, no eres nada sexy —oyó de repente a un muchacho extranjero hablar en inglés a una chica que estaba delante de ella.
— ¿Y entonces, como se supone que quieres que lo haga? —le respondía ésta poniendo los ojos en blanco.
— Así como la chica que tiene gafas oscuras, ¿no viste como lo lamía? Fue muy erótico.
La mano de Kyoko dejó soltar la banana. Sus ojos se abrieron como platos, y bajó el rostro, viendo su blusa manchada con el líquido blanco y viscoso.
— ¡NOOOOOO, MI BANANA!
Después de ese accidente, decidió ya no comprar otra. Debía ahorrar cada centavo para el celular que se iba a comprar.
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N/A: La descripción de la banana con bolas de helado fue solo mi imaginación, nunca he visto algún tipo de receta, así que perdonen si no tiene sentido.
