Derechos: Los personajes le pertenecen a S.M, quien es la que nos hace soñar con cada uno de ellos, cualquier otro personaje que no sea identificado, es totalmente mío, como la historia.
.
Capítulo 10
—Lo siento— murmura contra mi oído, su aliento mentolado sopla contra el hueco detrás de mi oído, enviando pequeñas descargas de electricidad. —No quise hacerte llorar. L-lo si-iento.
—¡Te odio! — sollozo fuerte—¡Suéltame!
Edward echa la cabeza hacia atrás, sus ojos están nublados y parece arrepentido. Su boca está a milímetros de la mía y yo ya he olvidado hasta quién soy. Solo quiero que me bese. Probar sus labios que parecen tener sabor a cereza. Que mezcle su aliento con el mío.
Una fuerza magnética cae sobre nosotros y me abalanzo sobre él a besarlo.
Lo beso con fiereza por hacerme llorar, pero en realidad es para que no se retire y me permita probarlo. Al comienzo se resiste un poco, incluso quita sus brazos de alrededor de mi cuerpo y me empuja un poco. Pero logro hacerlo responder al beso cuando mordisqueo su labio inferior y él me da libre acceso. Sus manos recorren mis brazos hasta acunar mi rostro.
Es una pelea de demandas. Un beso rudo que nos arranca gemidos y murmuraciones de placer.
Lo terminamos cuando el aire comienza a hacernos falta. Podría besarlo toda mi vida y nunca me cansaría. Siempre desearía más y más de él.
Paso la punta de mis dedos por sus labios rojos. No quiero encontrar arrepentimiento en sus ojos. Me mataría. Pero aun así busco su mirada, que me es esquiva ahora.
Se aleja sin dirigirme una mirada, ni una palabra; en completo silencio. De pronto, el aire que nos había estado rodeando se hace pesado.
Y yo solo tengo ganas de llorar.
Él arranca el carro, un poco brusco que lo hace trastabillar. Yo me rio por lo torpe que actúa, pero más me rio para no ponerme a llorar. Edward lanza una maldición por lo bajo de su aliento y el carro comienza su torpe rodaje hasta que logra estabilizarlo y el silencio se cierne sobre nosotros.
•NPI•
En el silencio incómodo que nos sumergimos luego del beso, llegamos al corazón de Manhattan. Veo el edificio moderno de la Escuela de Juilliard. Es majestuoso. Es mi sueño hecho realidad, lo veía tan lejano de mí y ahora con el simple hecho de tener una audición para ingresar mi corazón y mi alma de artista se hinchan de orgullo. Imponente ante mí, no le quito la mirada mientras me bajo del carro, es como si tuviera un campo magnético que me llama. Quiero acercarme al edificio y tocar sus paredes para hacerlo realidad. Por años vi este edificio en revistas, periódicos e internet. Lo fantaseé tantas veces que mi papá consiguió una gigantografía del porte de la pared de mi cuarto.
Ya no importa el calor que se cierne sobre nosotros, ni el ambiente tan pesado y brumoso entre Edward y yo. Ahora solo importa el hecho de que estoy en Juilliard, a punto de cumplir mi sueño.
Siento que Edward se para detrás de mí, sin tocarme, pero aun así siento su presencia rodear mi cuerpo y abrazarlo. Un corto estremecimiento sale de mi cuerpo y es el momento que estoy segura que este edificio se va a convertir en mi refugio si no logro salir lo antes posible de esa casa.
—Todavía no es hora de la audición…— murmuro, todavía hipnotizada y con los ojos clavados en las paredes.
—Lo sé, — dice Edward. El tono con que lo dice me hace salir de mi ensoñación y voltear a verlo. Sus ojos fijos en la puerta de cristal donde se puede visualizar el ajetreo dentro de las salas de espera. Tiene las manos metidas en los bolsillos y su mandíbula apretada. Me mira y sonríe, su sonrisa no llega sus ojos. — Dentro preguntar por Tanya Denalie y dile que eres mi protegida, ella te conducirá a un salón donde podrás ensayar. Más tarde enviaré a alguien con tu traje. Suerte.
Con una inclinación de cabeza, se retira yendo directamente al auto. Lo veo subir y arrancar el carro, saliendo despavorido de su lugar en la acera. Suspiro. Regreso a ver esas puertas y me doy valor para entrar, la mochila sobre mis hombros. Mis instrumentos se han quedado en la cajuela del carro de Edward, pero no creo que los vaya a necesitar mucho.
No quiero pensar mucho en Edward por lo que con una última mirada hacia la calle por donde desapareció junto a su carro, me encamino dentro del edificio.
Una vez dentro, voy directo hacia un cubículo que tiene un letrero que dice "información", la chica muy amablemente me conduce hacia un área marcada como "administración" y me dice que espere sentada mientras Tanya Denalie se desocupa de una llamada para que me atienda. Cinco minutos después sale de una oficina una mujer alta, hermosa como una diosa, un pelo rizado rubio fresa que se ondea con tan solo su andar, su esbelto cuerpo se para frente a mí y me sonríe, sus ojos son azules cálidos.
—Tú debes ser Bella Swan— dice, su voz cantarina.
—Sí, señora, — le respondo, sintiéndome una niña tonta frente a ella.
—Yo soy Tanya Denalie— se inclina para darme un beso en la mejilla. — ¿Edward no venía contigo?
—Sí…— murmuro. — pero creo que tenía algo qué hacer porque se fue rápido.
Tanya niega, sus risos moviéndose de un lado a otro.
—Jane todavía no lo supera, — murmura para sí misma. —Vamos, Bella, te voy a mostrar tu próximo hogar.
Tira de mí y enreda su brazo con el mío, me arrastra fuera de la administración y nos dirige a unas escaleras. Sin dejarme opción me hace subir al siguiente piso. Mis piernas protestan y están cansadas por la hora de ejercicios a la que fueron sometidas, pero no me interesa y hago el esfuerzo de seguirle el ritmo a Tanya.
Me enseña cada una de las salas y los salones a los cuales solo los alumnos tienen acceso. Me comenta que ella también es musico y que estaba esperando poder integrarse en la sinfónica este año. Me habla como si me conociera de toda la vida y me comenta que fue compañera de Edward en Berklee y que vivió en Boston hasta hace un par de semanas que la llamaron para ocupar una vacante para enseñar en Juilliard.
Quiero que siga contándome cosas de Edward, pero ella se detiene frente a un auditorio que quizás es un piso completo, un gran piano de cola blanco en medio del escenario. No puedo captar nada más a mi alrededor porque el piano de cola ha capturado toda mi atención. Camino hacia el banco, tocándolo con apenas un roce por miedo a que se pueda partir. En casa hay un piano de cola, pero no es tan reluciente ni tan elegante como este. El de papá tiene años de años con él siendo una herencia del abuelo y constantemente se está desafinando.
Me siento frente al piano y una vez que mis dedos tocan las teclas, el mundo se pierde su significado a mi alrededor. Solo estamos este bebé y yo solos en el mundo…
•NPI•
Mi dedo se hunde en la tecla de marfil suavemente. Es la última nota que entono y abro los ojos sintiéndome liberada. El sonido de unas palmadas me saca de mi ensoñación y miro directamente hacia Tanya.
—¡BRAVO! — grita, su voz haciendo eco en el auditorio. — ¡Magnifico!
Bajo la mirada avergonzada.
—Gracias.
—Edward tenía razón en su correo, fuiste concebida para tocar. Tienes un ángel que ayuda que la persona que te escucha se pierda en el sonido, — habla rápido, sus palabras trastabillando y luchando por salir. Murmuro otras gracias, vergonzosamente. —Bienvenida, Bella a Juilliard.
Sus palabras me dejan paralizada en medio de la estancia, mirando a mi alrededor por si salen las cámaras ocultas, pero nada pasa y Tanya está de pie frente mío, aplaudiendo, con una gran sonrisa en su rostro.
—En la tarde tendrás tu audición formal, pero aparte de ser una profesora más en esta institución, también soy la caza talento y jurado de las audiciones de este año. Ahora puedo decir que yo te vi primero y tomarme los créditos, — me guiña un ojo y sale del auditorio.
¿Ella dijo qué…?
Mi cerebro quedó congelado al digerir lo que Tanya me estaba diciendo. Obligué a mis piernas moverse rápidamente para alcanzar a Tanya, aún perpleja. Sin dejar de darle vueltas y vueltas en mi cabeza lo que acababa de escuchar.
•NPI•
—Tú has de ser Isabella Swan.
Puedo jurar que salté como un gatito asustado al escuchar una voz profunda, pero con tono jocoso a mis espaldas. Me giro lentamente; un chico alto, piel rojiza y dientes extremadamente blancos resplandecen con el sol. El hombre parece tener más o menos mi edad, pero con un cuerpo de anabólicos que fácilmente puede aplastarme.
—No dudaría en usar mi pierna biónica — advierto; medio bromeando medio diciendo la verdad, pero ya un poco más tranquila porque es el mismo chico que vi en casa de la amiga de Renata.
—¿Es como el brazo de Flash?
—Mejor que el brazo de Flash— miro entre sus piernas descaradamente. —Su mejor movimiento es la super patada en las pelotas.
El hombre esboza una sonrisa que me recuerda más a cuando Jack, el Husky Siberiano de Angela, recibía una compensación por hacer alguna gracia.
—Como me encantan las inglesas— frota sus manos y me guiña un ojo.
—Te advierto que no estoy bromeando.
—Lo sé. Pero antes de que actives tu super pierna biónica debo decirte que me envió Edward...
—¿Edward? — la condición es evidente en mi voz.
—Ajá. Soy tu chofer asignado. — tiende la mano, con su sonrisa lobuna. — Soy Jacob, pero puedes decirme Jake.
Jake… tomo su mano, analizándolo. Jake… pero si hasta nombre de perro tiene.
•NPI•
¡Hola, chicuelos! Primero que nada, quisiera solidarizarme con las personas que son mexicanas y las islas del caribe que me leen. Lo único que puedo decir es: ¡FUERZA! De esta se sale a base de fortaleza. Que Dios me los proteja.
La verdad es que no había subido este capítulo por todo lo que ha pasado con el terremoto y los huracanes, no tenía ánimos de hacerlo y sentía que era una falta de respeto ante es dolor y sufrimiento.
Nos seguimos leyendo,
Melissa
