Capítulo X
Harry se giró en el camastro; de nuevo no podía dormir. Suspiró pesadamente. En realidad tampoco quería dormir; era demasiado desagradable encontrarse con esos sueños que le comían la tranquilidad. Buscó entre sus cosas el mapa de los Merodeadores. Sus ojos vagaron por el croquis del castillo hasta que encontraron la etiqueta de Draco Malfoy. El nombre se movía por un largo pasillo. Luego desapareció.
Harry arrojó el pergamino. Estaba seguro de que Draco estaba en una de las reuniones de Neville. Le subió por el pecho algo muy parecido a los celos. No amaba a Draco, sólo era la sensación de encaprichamiento, de saber que su juguete estaba con otro. Se frotó furiosamente el rostro con las manos. La verdad era que sabía muy poco del Draco y del Neville del futuro, sólo que eran grandes amigos. Debían de serlo; nadie deja a su hijo a cargo de un completo desconocido y menos aún si no es de la familia. ¿Serían grandes amigos? ¿Tal vez más que eso? Draco era gay después de todo y Neville era un... hombre. Y ciertamente los años le habían sentado bien.
—Coño, me estoy volviendo loco. —Se levantó de la cama, cogió el otro pergamino y salió de la casa respirando el frío aire. Después transfiguró dos rocas para poder sentarse y escribir cómodamente. Sólo esperaba que Snape estuviese disponible. Si sus cuentas eran correctas esa noche sería la última en el castillo antes de las vacaciones de fin de año.
"El castillo pronto estará desolado". Miró hacia la oscuridad mientras esperaba la respuesta.
"No lo suficiente, señor Potter". Harry sonrió. Snape tenía un extraño efecto relajante sobre él. "¿Cómo va su campamento, señor Potter?".
"Atropellado, profesor. Necesitamos ir al banco a por un objeto importante". Harry estaba intentando pensar una forma fácil de ingresar en Gringotts, una que de preferencia no tuviera nada que ver con duendes.
"Estoy seguro de que encontrará la forma". Harry asistió sin darse cuenta.
"¿Cómo van?". Sólo había una cosa a la que podía referirse: Draco y Neville.
"Mejor de lo que pensé. Cada semana hay más gente en esa sala y su jefe de la resistencia les recibe con los brazos abiertos a pesar de que es castigado cada vez con más dureza". Cerró los ojos sintiéndose frustrado. ¿Por qué tenían que repetirse esas cosas: la guerra, Voldemort, Dumbledore y toda esa mierda?
"Neville siempre ha sido un luchador".
"Lo sé, señor Potter. Cada día lo compruebo más. Descanse, Potter. No creo poder comunicarme con usted durante este descanso".
"Gracias, señor".
—No importa lo que diga mi madre. Voy a regresar, Neville. —Ginny se veía tan decidida que Neville quería creer en esa posibilidad aunque fuese casi imposible—. No voy a dejarte solo. —Ginny le abrazó con fuerza y se despidió. En las últimas semanas Ginny se había convertido en un gran apoyo para él.
Uno a uno se despidieron también el resto de sus compañeros. Luna, además de despedirse, le dio un trozo de pergamino con una hora para que estuviese en la torre de astronomía. Neville intentó no sonrojarse y prefirió desviar la mirada hacia Draco, que miraba a todos con la misma indiferencia de siempre.
—Gracias, Luna. —La rubia se despidió con un beso en los labios.
Draco esperó a que todos se marcharan para acercarse a él. No disimulaba la mueca de burla y diversión. Poco a poco se había ido acostumbrando al ácido sentido del humor del rubio.
—Así que sigues de galán. —Draco soltó una risilla burlona—. ¿Sabes? Las chicas como la lunática me caen bien: saben lo que quieren, lo buscan y lo persiguen hasta conseguirlo. No puedes decir que no ha intentado seducirte. Creo que tiene los ovarios muy bien puestos.
—Más que eso. Me resulta un poco acojonante. —Neville miró el pergamino y lo arrojó al suelo.
—¿No piensas ir? Estamos en guerra, Longbottom, y ésa puede ser tu oportunidad para no morir virgen. —Neville negó con una sonrisa. Draco tenía una forma muy particular de seguir las bromas.
—No creo que sea buena idea que vaya y, si tanto te preocupa mi vida sexual… —Draco frunció el ceño—. Ya no soy virgen. —Draco puso cara de asco.
—Bien, no quiero saber los detalles. El sexo heterosexual me da repulsión. —Neville se tomó unos segundos para mirar a Draco. Nunca habían hablado de eso pero siempre había habido algo que le decía que el rubio no tenía demasiado interés en las mujeres. Y esas palabras se lo habían confirmado. A Neville no le importaba demasiado; Draco seguía siendo Draco y lo que le gustara o dejara de gustarle era muy su problema.
—Hoy regresas a casa. —El rostro de Draco cambió por completo. Neville juraría que había palidecido—. Me gustaría que no tuvieras que hacerlo, por lo menos no con él dentro.—Draco desvió la mirada. Sabía que las palabras de Neville eran ciertas; después de esos meses no tenía ninguna duda de que Longbottom era cándido por naturaleza, además de bueno y estúpido.
—Es mi casa, Longbottom. Mis padres están allí… —Neville asintió.
—Sólo cuídate. —Draco asintió.
—Lo intentaré….
—Regresa. —Draco no puedo evitar sonreír ante la forma en que Longbottom se lo estaba pidiendo.
—Lo intentaré…
Draco salió de la sala dejando a Neville sólo y con una sensación terrible. Por lo menos en ese castillo tenía la oportunidad de hacer algo, de colaborar con la guerra. Pero lejos, en su casa y con su abuela, no podía hacer nada. Se empezaba a sentir inútil, casi como al principio cuando no era nadie, y eso le dolía. Ni siquiera podía evitar que Draco regresara a su casa para sufrir a manos de Voldemort y esa tía suya loca.
—Debo pensar en que estos meses pasaran pronto, en que nos volveremos a ver, en que Ginny regresará, en que todo estará bien… Tiene que estar bien. —Neville tragó saliva. De nuevo esperaba creérselo, como también intentaba creerse que la guerra se ganaría y que Harry tenía todas las respuestas a pesar de saber que no era así de sencillo. Harry era una víctima más de las circunstancias.
Las semanas prácticamente se habían consumido y Harry aún no tenía un plan para entrar al maldito banco. Cada día la presión se cernía sobre sus hombros de forma cruel, sentía que el tiempo se le estaba acabando y que no encontraba ningún tipo de paz a pesar de que Ron y Hermione parecían más unidos que nunca. Hermione intentaba persuadirle de seguir por otros caminos sin saber que el lugar correcto era Gringotts. Harry no había querido decir nada; después de todo no tenía cómo explicarles que sabía cuál era el camino a seguir.
—¡Basta, Hermione! —le gritó Harry irritado—. Tenemos que pensar en lugares arriesgados. Voldemort no hubiera… —De pronto Hermione y Ron abrieron desmesuradamente los ojos y Harry lo comprendió en un segundo. Justo el día anterior habían escuchado la advertencia sobre el maldito nombre.
—Mierda. —Se miraron por un segundo antes de salir corriendo de la tienda de campaña.
—¿Cómo has podido olvidarlo, Harry? —le gritó Hermione mientras seguían corriendo—. Vamos, se están apareciendo.
Harry empezó a lanzar hechizos con intención de dañar ante la mirada desaprobadora de Hermione y la de asombro de Ron. Corrieron por el bosque intentando encontrar resguardo pero era imposible. Cuando estaban a punto de alcanzarles un hechizo de Hermione golpeó el rostro de Harry desfigurándole. Los recuerdos le llegaron casi de inmediato: la mansión, Draco, la varita y Dobby…
La llegada a la mansión Malfoy fue igual de atropellada que en sus recuerdos. Fue arrastrado sin saber muy bien hacia dónde hasta que lo vio a él. Draco parecía entero; a diferencia del Draco de sus recuerdos éste parecía estar preparado para todo. Alcanzó a distinguir a Lucius Malfoy casi rogando por que le reconociera. Harry fue arrojado a los pies de Draco, quien lo miró con intensidad. Harry tragó saliva recordando esa posición unos meses atrás pero con intenciones completamente distintas. Notó los ojos brillantes de Draco, el rostro decidido y las facciones contenidas. Draco siempre se estaba conteniendo y eso era algo que Harry admiraba del rubio; su mesura le estaba haciendo un gran bien.
—¿Es él? —casi rogó Lucius—. ¿Verdad que es él? Vamos, Draco, tú lo conoces, has sido su compañero de colegio por todos estos años. —Draco pareció analizarle el rostro y luego negó con firmeza para completo desagrado de su padre.
—No lo sé. No le reconozco. —Harry sabía que Draco era bueno pero nunca pensó que tanto. Y ahora estaban allí, con un Draco concentrado en él. Sus miradas prácticamente estaban fundidas en una sola. Harry sólo quería desaparecer a todos y empezar a comerse a Draco Malfoy a pesar de que él mismo era ahora una versión un poco más guapa del hombre-elefante.
—Bien, si tú no le reconoces habrá alguien que sí lo haga. —Lucius se descubrió el brazo para mostrar la Marca Oscura y llamar a su amo.
Para esperarle fueron llevados a las mazmorras, donde descubrieron a Luna y al duende Griphook. Los gritos de Hermione enloquecían a Harry, que estaba dispuesto a dejarle un bello recuerdo a la bruja por haber marcado a su amiga de esa forma. La primera vez no lo hizo porque estaba más preocupado por sobrevivir pero en esta segunda oportunidad deseaba lastimar y hacer pagar a los culpables de su terrible futuro.
Cuando Peter Pettigrew llegó a la mazmorra fue arrastrado por la maldición de Harry. Ron le lanzó una mirada de reproche sin saber bien qué decir.
—¿Por qué? —fue la pregunta incrédula de Ron. Hasta ese momento Ron no lo había visto mancharse las manos de sangre.
—Sólo escucha lo que le están haciendo a Hermione. Se lo merecen. Nunca dudes cuando tengas la oportunidad de hacerles pagar. —Ron tragó saliva y negó.
—Prefiero no ser uno de ellos…
Potter se giró para encontrarse con los enormes ojos de Dobby, que no le juzgaban pero que tampoco entendían sus acciones.
—Vámonos, Dobby…
Se aparecieron en la sala y Harry le arrebató la varita a Draco sintiéndola suya. Quería sonreírle pero lo evitó para no causarle más problemas. Esa lucha sólo le dejaba a Harry una idea, salvar a Dobby como había salvado a Hedwig. Después de desarmar a Draco, desmayó a Lucius y dejó fuera de combate a Narcissa.
—Expelliarmus. —La varita de Bellatrix salió volando—. Eres una perra terrible. —Harry movió la varita como si fuera el mango de un látigo invisible que golpeó el rostro de Bellatrix—. Voy a dejarte algo para que recuerdes no volver meterte jamás con mi amiga. —Harry buscó entre la ropa de Bellatrix el cuchillo y se lo arrebató—. Creo que esto me servirá. —Le hizo en la frente una profunda cicatriz con forma de rayo y en la mejilla izquierda le trazó unos profundos cortes formando una L—. Salúdame a tu amo.
Desaparecieron en el momento justo en el que Voldemort llegaba a la mansión. Harry pudo sentirlo, como también sintió la euforia por haber salvado a Dobby.
Cuando llegaron a casa de Bill casi no podía mantener la compostura pero evitó decir nada cuando vio a Hermione sumamente consternada, igual que Ron, quien parecían no creerse que él fuera el Harry que conocían.
Esa noche se permitió disfrutar la cena y sentirse feliz sin poder decírselo a nadie. Cada vez que salvaba a alguien de la muerte era como si las cosas tuvieran sentido de nuevo para él. A la mañana siguiente les dijo que tenían que entrar al banco y ni Ron ni Hermione le dijeron nada durante unos segundos. Sin embargo, pronto empezaron las preguntas. Y Harry por fin tenía respuestas que darles.
—Severus dejó en esa cámara una réplica de la espada de Gryffindor. Estoy seguro de que le pidió que guardara más cosas importantes. Y entre esas cosas importantes puede haber un pedazo de su alma. —Hermione aún lo miraba con recelo aunque no dijo nada. Ron, en cambio, empezó con el interrogatorio.
—¿Qué te está pasando? —Ron se le plantó cuan largo era. Harry no quería enfrentarse a él, a Ron no.
—No te entiendo… —respondió. Ron enrojeció de puro enojo.
—¡Por favor! Pese a lo que Hermione y tú creen, no soy idiota. Cada día eres más sanguinario y hay días en los que te la pasas pensando sin hablar con nadie. Te ocurre algo. ¿Qué demonios es? No eres el Harry de antes, no tienes esa… Es… ¡Coño, que no eres tú! ¡Que asustas y no sé qué demonios te pasa!
—Yo… —Harry lo analizó. Podía contarles la verdad en ese momento, allí, en una habitación de la casa de Bill con el mar de fondo y con la intensidad de los sentimientos que le estaban brotando del pecho—. Hemos sido amigos durante años. Ustedes han sido mi familia. Mis motivos para ser diferente de… —Harry suspiró. Aún no podía contarles todo, todavía no—. Los necesito. Crean en mí, por favor. Crean en este nuevo Harry que parece implacable pero que sólo quiere el bien para todos. Por favor, no me dejen solo, no ahora…
—Bien. —Hermione se limpió las lágrimas de los ojos y se abrazó a Harry un momento para susurrarle—: Pronto tendrás que decirnos qué te pasa. —Harry asintió casi imperceptiblemente.
—Entonces eso quiere decir que vamos a arriesgar el pellejo para entrar donde los duendes. —Harry asintió y Ron dejó escapar un suspiró frustrado y trémulo—. Ustedes me van a matar antes de que ningún morty me alcance. —Harry le hizo una mueca como de una sonrisa.
Esos días planeando su entrada al lugar más seguro de todo el mundo mágico serían interesantes.
—Hoy vamos a practicar la maldición Cruciatus. —Neville empuñó las manos. Quería lanzarse sobre ese idiota y patearlo. Su odio aumentó cuando vio al pequeño alumno de primer curso temblando y llorando en silencio al saber para qué estaba destinado—. Aquí les tengo un alumno dispuesto a aprender del modo más terrible.
Neville ya lo había notado antes, cuando había estado a solas con el pervertido de Amycus Carrow: le excitaba ver el dolor. Y en ese momento lo estaba comprobando al darse cuenta de cómo acariciaba lentamente el hombro del pequeño niño mientras miraba a todos en el salón. Aunque Neville sabía a quién escogería el primero. Por lo tanto, cuando los ojos de Amycus se concentraron en él, no fue una sorpresa.
—Señor Longbottom, usted estrenará esta lección. —Le animó a levantarse pero Neville no movió ni un músculo—. ¿Pasa algo, señor Longbottom? —El asco se le escapaba por cada uno de los poros.
—Sí, pasa que no puedo sentir más asco por usted. Si quiere que practique la maldición suelte a mi compañero y deje que lo haga con usted, cobarde de mierda. —Amycus arrojó al niño y apuntó su varita hacia a Neville.
—¡Crucio! —Neville cayó de su silla y se retorció de dolor, pero no gritó. Nada, ni un solo sonido, ni un jadeo… Nada. No quería darle la maldita satisfacción. Amycus bajó la varita sintiéndose más enojado que nunca—. ¡Largo! —gritó a los alumnos—. La clase ha terminado. Y el señor Longbottom tiene castigo desde este momento. —Como pudo, aturdido y débil, Neville se levantó para que sus compañeros lo vieran de pie y enfrentando a Amycus Carrow.
Draco intentó parecer indiferente pero su corazón iba a mil por hora. Neville había sido un imbécil. Amycus Carrow le mataría en esa maldita aula. Tenía que hacer algo. Cuando salieron se escabulló de entre sus compañeros evitando que nadie lo siguiera con la mirada y se fue casi corriendo a la oficina del director. Esperaba que Severus estuviese allí; él era el único que podía parar a Amycus sin levantar sospechas.
—Salazar —dijo a la gárgola de la entrada, que se movió de inmediato. Severus no era un hombre que perdiera el tiempo en trivialidades tales como cambiar la contraseña cada cinco segundos.
—¿Malfoy? ¿Qué hace aquí? —Severus se levantó de su sillón. Draco pudo notar la preocupación en su rostro. Snape debía de intuir que lo que le traía no era cualquier cosa.
—Neville insultó a Amycus Carrow. Quería que usáramos la maldición Cruciatus. —Los ojos negros resplandecieron por un segundo—. Neville le llamó cobarde y ahora están en el aula, solos, y Amycus no se ve muy contento.
Severus salió del despacho con su capa ondeando tras él. Draco le siguió para luego desaparecer por los pasillos del castillo esperando a que todo saliera bien o a que, al menos, Longbottom terminara vivo y un estado de salud aceptable. Sin necesidad de usar un tubo para respirar por lo menos.
Neville se esforzó por no caer, por no mostrar dolor a pesar de que todo su cuerpo quería derrumbarse. Amycus caminaba alrededor acercándosele más pero Neville no se movía, sólo intentaba respirar pausadamente para que el dolor no se apoderara de sus sentidos. Amycus se colocó tras de él y le habló al oído.
—¿Duele? —Neville no dijo nada—. Sí, duele. —Amycus se acercó a su cuello y aspiró—. Puedo percibir el dolor en tu piel. —Neville se estremeció de asco —. A tus padres les volvieron locos con esto pero a ti no, tú te creces con cada castigo. Mírate entero, fiero, sin ceder ni un poco ante el dolor. —La voz de Amycus se volvió más baja—. Me encanta eso. —De pronto, Amycus lo empujó con fuerza contra el escritorio—. ¡Accio daga! —Una daga brillante llegó a las manos del loco—. Es de plata y la hoja es afilada. —La pasó por la camisa de Neville cortando los hilos de los botones y luego le abrió la camisa de par en par—. Joven, muy joven… —El cuerpo de Amycus sobre el suyo le provocaba arcadas—. Te voy a dar algo para que me recuerdes. —Le cortó la mejilla haciéndole sangrar pero Neville sólo apretó los dientes para no gritar de dolor—. Sí, vamos, resístete. Así será mejor cuando te quiebres. Toda esa resistencia se irá… —Lamió la sangre que bañaba la mejilla de Neville—. Y aprenderás a obedecerme sin chistar.
Amycus iba a hacerle otro corte cuando la puerta del salón se abrió y Neville vio un hechizo golpeando el cuerpo de Carrow, que terminó rebotando contra la pared del otro lado del salón. Quiso levantarse pero aún estaba aturdido y el cuerpo se le empezaba a adormecer. Sintió unos brazos atrayéndole y luego se encontró con el rostro de Severus Snape. Neville se le abrazó como nunca.
—¿Le hizo algo además de lo evidente? —le preguntó Severus sin separarse de él.
—No… —Su voz sonaba pastosa—. Llegó justo a tiempo. Es un verdadero loco. —Severus asintió permaneciendo en esa posición hasta que Neville pudo soltarse.
—Tiene que marcharse del castillo. Vaya a la sala de los menesteres y busque el retrato de una niña. Sígala y llegará al Cabeza de Puerco. Si se queda un día más aquí corre peligro. —Neville asintió pensando en el futuro que le esperaba.
Harry tenía un plan. Iría por la copa y la destruiría con la espada. Regresaría al castillo para terminar con los horrocruxes que aún le quedaban en el camino: Nagini, la diadema de Rowena Ravenclaw y él mismo. La guerra contra Voldemort terminaría pronto…
Estamos casi por entrar al verdadero conflicto de esta historia. Dumbledore pronto regresara y Harry… bueno, el pobre se pondrá más loquito, ya saben cómo lo quiero pero no puedo negar que esta historia cada vez se pone más oscuro y eso es parte importante. Saben, cada vez me siento mejor explotando ese lado oscuro de todos y escribir esta historia ha sido un gran deleite. También porque tengo la oportunidad de explotar temas que no había tocado porque todas mis historias de HP empezaban con los personajes ya con una sexualidad definida y con Neville me estoy pegando una divertida en escribirlo.
En otras notas finales les escribía sobre lo bordados que tengo a Dave Karofsky (de Glee) y a Neville. Son dos personajes a los que abrace y no los he soltado porque los adoro, es un reto mostrar una cara nueva de sus historias y cuando lo logro me siento bastante feliz.
Ya sé, les debo las respuestas del capítulo pasado y el último, pero les prometo que este fin de semana sin falta me pongo al corriente respondiendo sus comentarios pero sobre todo agradeciéndoles el tiempo que se toman para hacerlos. Es gratificante pensar en sus comentarios cuando sigo escribiendo, cuando una idea de desvela y no paró hasta escribirla. Mil gracias.
Winter y yo les agradecemos el esfuerzo. Yo en lo particular, le agradezco a Winter tanto cariño. Y les invitamos a leer otra cosita que publicamos, sólo por el placer de divertirse:
Distrito Diez (pueden buscarlo en mis historias publicadas)
Un abrazote, nos vemos el viernes.
