Capitulo 10.
Hacia un buen rato que terminaron de cenar. Estaban sentados en el sofá, viendo una película malísima de vaqueros del año de la polka y Dean estaba mosqueadisimo.
Entre las palabras de la demonio y que Sam se había sentado en el extremo opuesto del sofá, a medio kilometro de él, tenia un rebote que no se aguantaba.
Odiaba darle la razón a un demonio, pero era obvio que su hermano estaba dolido porque pensaba que no había disfrutado lo de aquella noche. Ridículo. No era eso. Es que Dean necesitaba algo de tiempo para asumirlo. Iba a tener que hablar con el sobre el tema, con lo que él odiaba hablar…
- Sam…
- Voy a por agua. – Dean parpadeó sorprendido. Su hermano acababa de hacer mutis por el foro descaradamente. Hasta ahí podíamos llegar, vamos…
Sam apoyó las manos en la encimera y dejo escapar un suspiro angustiado. Dean le odiaba. Estaba clarísimo. Su hermano le odiaba por haberle forzado en el sofá. Dios… seguro que ahora estaba ahí, sentado en el salón, pensando la mejor manera de deshacerse de él para estar con Castiel y continuar por donde lo habian dejado en el patio. Jodido plumifero sobrealimentado con ojitos de modelo…
Un fuerte empujón y un cuerpo duro y caliente pegado a su espalda le sacaron de sus pensamientos de golpe.
- ¿Dean? ¿Qué haces? – gimió cuando el mayor le saco la camiseta a tirones y le mordió en los hombros.
- Nada… es que me aburría allí solo… - Sam soltó una risa excitada mientras su hermano le desabrochaba los vaqueros sin dejar de lamerle la espalda.
- La peli no era tan mala…
- No. Mala, no. Patética, mas bien. – le bajó los pantalones de un tirón y se desabrocho los suyos. – Hay un tío… - gruñó en el oído de su hermano. A Sam se le puso la piel de gallina. - …que se ha caído antes de que sonara el disparo. Y otro… - su mano se deshizo de los boxers del pequeño y empezó a masturbarle. - …que se ha muerto dos veces…
- ¿Ah, si? No me había… - Sam se mordió el labio para no volver a gemir. - ¡Joder! No me había dado cuenta de que era tan mala…
- Sammy…
- ¿Qué? – gemido ahogado por parte de Sam, gruñido ronco por parte de Dean. El pequeño podía sentir la erección de su hermano rozándose descaradamente contra su culo.
- No hagas eso… - le gruñó el mayor, obligándole a inclinarse, pegando su pecho a la encimera y haciéndole separar las piernas, colocándose entre ellas.
- ¿El que? – Sam volvió a morderse el labio para no emitir un gemido dolorido al sentir la invasión del dedo de su hermano. Se estremeció cuando Dean se apoyo en su espalda, aplastándole, para susurrarle al oído.
- Contenerte. Quiero oírte gemir, Sammy. No sabes como me pone. – con dos dedos ya dentro de su cuerpo, Sam no necesito mas incentivos para gemir. Tres y ya lo hacia sin control. Cuando Dean sacó los dedos para reemplazarlos por su miembro, recibio una mirada asesina del pequeño que le hizo carcajearse divertido. Volvio a empujar al pequeño, haciéndole quedar cara a la encimera y entró despacio en su cuerpo, soltando un gruñido de placer al enfundarse por completo en su interior.
Dean empezó a moverse y ambos gimieron a la vez. Embistió fuerte, duro y profundo sin dejar de acariciarle y susurrarle incoherencias al oído.
Estuvieron así segundos, minutos, horas… daba igual. El tiempo dejo de tener importancia y lo único que oia era al uno gruñendo y jadeando el nombre del otro mientras terminaban.
Dean salio despacio de su hermano para no hacerle mas daño y le ayudo a darse la vuelta, mientras Sam le miro sonriendo, con los ojos brillantes y las mejillas rojas.
- Joder, ahora no podre entrar más a la cocina sin ponerme cachondo. – el mayor rió y le dio un leve beso en los labios.
- Mejor. Así no entras. Porque con los destrozos que haces cada vez que intentas cocinar…
- Tarado…
- Perra…
A la mañana siguiente, Sam se estaba duchando, el agua caliente calmando zonas de su cuerpo que jamás imagino que le dolerían, aliviando un poco los mordiscos y arañazos que tenia en su espalda y que no provenían de ninguna cacería.
Estaba agotado. Lo hicieron durante toda la noche y Dean le tuvo al límite del orgasmo por horas. Ahora le dolía todo el cuerpo y no le extrañaba.
Tal vez fuera por el agotamiento por lo que no le oyó entrar al baño, sigilosamente. Dean se colo en la ducha, bajo el chorro de agua con una media sonrisa que el pequeño no vio, ya que ni le dio tiempo a darse la vuelta. Su hermano lo acorralo, dejandole pegado a la pared mientras le recorria el cuerpo con las manos, encendiendoselo.
- Dean… estoy cansado. – gimio con la poca voluntad que le quedaba. Estaba demasiado agotado como para pelear. Ironicamente, su cuerpo respondio solo. No tardo ni medio segundo en estar empalmado.
- Tranquilo, tigre, yo me hago cargo… - Sam se estremecio entero al oir el susurro del mayor, con una voz tan oscura y cargada de sexo que ni parecia suya. Las manos de Dean le masajearon la espalda, relajandole lo bastante como para que bajara la guardia. Cuando su hermano le metio dos dedos de golpe, Sam gimio tan alto que se le tuvo que oir hasta en Nebraska.
Arqueo el cuerpo, buscando mas contacto con los dedos que le penetraban y le estaban volviendo loco.
Dean le mordio en la nuca a la vez que se introdujo de una sola estocada, quedandose muy quieto en su interior. Sam intento darse la vuelta para averiguar porque su hermano no se movia pero no tuvo oportunidad. El mayor le mantuvo pegado a la pared, apoyando su peso e inmovilizandole.
- ¿Dean?
- Quedate quieto. – gruño el mayor, empezando a moverse a un ritmo lento que les hizo estremecer a ambos.
Cuando Sam se quiso tocar para aliviarse un poco, Dean le inmovilizo las manos, poniendoselas en la espalda. Un leve clic y el tacto frio del acero en sus muñecas le hizo tensarse.
- ¡Dean! ¡No seas cabron! ¿Te has traido las esposas al baño? – la risa de su hermano le acaricio cerca de su oido.
- Asi me aseguro que te estas quieto. – el mayor volvio a embestir, esta vez mas rapido y mas brusco.
Dean le estaba torturando. Seguro. Vamos… no habia otra manera de describir lo que su hermano le estaba haciendo. Ponerle asi de cachondo, que no le dejara ni tocarse y que encima el tampoco hiciera nada para aliviarle… eso era mala leche y lo demas son cuentos.
De hecho, no le toco hasta que el mayor se vio cerca de acabar. Sadico.
- Eres una mala bestia, tio. – gruño enfurruñado el pequeño mientras su hermano le enjabonaba. Se froto las muñecas, haciendo una mueca. Las tenia doloridas y arañazos de las esposas. Dean le dedico una sonrisa traviesa cuando le enjuago el pelo.
- Lo siento. Era algo que siempre quise hacer.
- Tio… ves demasiado porno.
- Sam… nunca se ve demasiado porno.
Continuara…
