Lo mío no merece perdón, pero igual lo voy a pedir hasta que las yemas de los dedos se me gasten.
Perdón! En serio, perdón! Si supieran lo frustrada que me siento, quizás se apiadarían de mí. Tengo este problema que no sé por qué pero tengo muchas ideas para escribir pero no tengo las ganas de escribir :/
Ya sé, pera matarme... pero por favor sepan comprender u.u Espero que puedan perdonarme y seguir leyendo mis historias aunque me tome décadas terminarlas... bueno décadas no, tampoco la pavada ^^' Pero algunas cuantas semanas sí, o al menos hasta que me vuelvan las ganas de escribir u.u
Gracias si siguen ahí leyendo ^^' Nos veremos cuando la vida quiera!
PD: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son obra y gracia de Masashi Kishimoto.
Disfruten.
10- Recuerdos.
El sonido del timbre que anunciaba el tan esperado final de clases retumbó en sus oídos por largo tiempo hasta que logró entender lo que significaba, terminando con todas las locas ideas e hipótesis sobre el extraño comportamiento de su cuerpo ante cierta persona.
Suspiró pesadamente sintiéndose frustrada al no encontrar nada que la dejara satisfecha y que no implicara que ella sentía atracción por esa cierta persona, y saludó vagamente a Ino y Hinata quienes se despedían con alegres sonrisas para luego acercarse a sus novios que las esperaban fuera del salón.
Tenía que admitir que en cierto modo las envidiaba. No por Naruto y Shikamaru, solamente Hinata e Ino podrían salir con el hiperactivo rubio y el aburrido Nara, sino porque ellos las hacían sonreír como ella jamás las vio… y como ella jamás sonrió.
Un suave suspiró abandonó sus labios mientras lentamente guardaba sus cosas dentro de la mochila... ¿qué era aquello que hacía sonreír con tanta luz a sus amigas? Pensándolo mejor… ¿algún día ella sonreiría así también?
Cerró su mochila negando levemente con la cabeza, mientras sus labios se curvaban con ironía al pensar aquello. ¡Por supuesto que no! Ella jamás sonreiría así, porque ella jamás encontraría a alguien que cause eso en su patético ser.
Un nuevo suspiro se escapó de su boca, aunque esta vez era un poco triste. Aceptar que jamás tendría la chance de ser tan feliz como sus amigas, era triste. Y el corazón se le oprimía de dolor al pensar en eso.
-Sakura… es aburrido esperarte.- dijo una vaga y tranquila voz, que desafortunadamente ella conocía demasiado bien.
Su verde mirada se desvió de la mochila entre sus manos hasta toparse con aquellos opacos y despreocupados ojos negros que la miraban irradiando esa característica paz de ellos que a ella un poco la desesperaba.
-No puedo creer que te acordaste de llamarme por mi nombre, mugroso.- le dijo ella con burla, levantándose de su asiento.
-Y yo no puedo creer que no te acuerdes el mío. Debes tener un grave problema acá arriba.- le devolvió él en igual tono, señalando su cabeza.
La pelirosa rodó los ojos con diversión y comenzó a caminar hasta la salida, percibiendo al insufrible peligris acompañándola a su lado… escuchando su relajada respiración, sus suaves pasos, y aquella fragancia típica de él.
¿Por qué de repente se sentía tan nerviosa?
Sólo era él. Sólo era Kakashi Hatake. Sólo era el indiferente peligris que la 'ignoró' toda su infancia. Sólo era el exasperante muchacho que la volvía histérica cada vez que abría la boca.
(Su sexy boca, cabe aclarar) comentó su Inner, lo cual ella pasó por alto.
Sólo era él respirando de la manera más pausada y seductora que escuchó jamás. Sólo era él caminando a su lado demasiado cerca, tan cerca que sus manos se rozaban dándole una cálida caricia. Sólo era él y su embriagante aroma que la tentaba a posar su nariz en aquel blanco cuello y disfrutar de ella completamente.
¡Sólo era él! ¡Él! ¡¿Por qué tantas locas sensaciones por él? ¡Por un simple y común muchacho! ¡Por un estúpido peligris que la confundía a cada segundo que pasaba a su lado!
El cálido aire del medio día chocó contra su rostro una vez que estuvieron fuera de Konoha, dándole la calma que necesitaba para aliviar su confundido y nervioso ser, y aprovechando el enorme patio delantero de la institución se alejó sutilmente del peligris.
"Mejor. Mucho, mucho mejor" pensó Sakura mientras los nervios abandonaban su cuerpo, y sus pulmones respiraban el denso aire del verano.
¡El olor a humedad nunca le gustó tanto como ahora!
-Sakura…- escuchó entonces una fría voz llamarla.
Sus ojos verdes se encontraron de golpe con los oscuros y serios ojos de Sasuke que parado junto a las enormes rejas de Konoha la miraba fijamente, terminando con el agradable alivió que sentía.
-Sasuke…- musitó a modo de saludo, incómoda ante esa mirada.
-¿Por qué tardaste tanto? Te estaba esperando para acompañarte a casa…- le dijo el morocho en su típico tono arisco.
-Oh… no sabía…- contestó ella, asombrada por el inusual acto de cortesía.
-Tsk, vamos, sabes que odio perder el tiempo.- masculló impaciente el Uchiha.
Estaba por alcanzar la muñeca de su novia cuando cierta persona que había ignorado desde que lo vio bloqueó su camino, impidiéndole si quiera rosar la mano de la pelirosa.
-Lo siento, Uchiha, pero Sakura y yo tenemos que practicar.- le avisó el peligris, con claro sarcasmo en sus palabras de lamento.
Los orbes negros y fríos de Sasuke chocaron al instante con aquellos vagos y burlones, dedicándoles la más atemorizante mirada que poseía pero que en ese insufrible Hatake no provocaba ni la más ligera cosquilla.
Frustrado y molesto desvió sus ojos a la chica detrás del peligris. –Cuando termines podrías llamarme, al menos.- le dijo sin emoción, perforando esos pozos verdes.
Y Sakura asintió tímidamente con la cabeza, sintiendo pequeña y débil ante tan profunda mirada. –Nos vemos…- se despidió en voz baja.
-Tsk…- se quejó el morocho. –Nos vemos.- le devolvió tajante, comenzando a alejarse.
Un largo y pesado suspiro escapó de sus resecos labios al ver a su novio desaparecer tras una esquina, sintiendo la tensión en su cuerpo irse con él.
-Ummm… no entiendo cómo podes estar con alguien como Sasuke…- comentó vagamente Kakashi.
Levantó lentamente su mirada para posarla en el muchacho a su lado, sintiendo un extraño cosquilleo en su interior al ver esos tranquilos ojos negros.
-Yo tampoco lo entiendo…- murmuró desviando su mirada, tratando de escapar de aquella sensación.
Aunque esa respuesta sonaba más para aquellas raras reacciones que su cuerpo tenía con respecto al peligris y que todavía no tenían una valida explicación.
-Bueno… vamos…- suspiró vagamente Kakashi, emprendiendo el camino a su casa.
Sakura por su parte lo siguió en silencio, procurando dejar una prudente distancia entre ellos para evitar cualquier cosa rara que pudiera pasar y traerle aquellas raras sensaciones otra vez…
… Aunque por alguna inexplicable razón no le gustaba estar tan alejada del insufrible peligris. Es más, sentía como que algo le faltaba.
Tendría que ir y sacar turno para el psicólogo, ¿no? Sí, definitivamente eso sería lo primero que haría cuando volviera a casa.
(Mentirosa, lalala…) canturreó su Inner, clara indirecta.
Ella simplemente masculló por lo bajo, preguntándose qué había hecho para merecer tener una parte así en su ser. Una parte que no la ayudaba en nada.
Ni a entender ni a encontrar una explicación razonable para todo lo que sentía. Sólo se sentaba en el medio de su mente a taladrarle la cabeza con esa insana frase que repetía las 24 horas del día: "¡Te gusta Kakashi!"
Y para colmo con un insoportable tono burlón…
Sin lugar a dudas, ella no tenía ni una sola partícula de buena suerte… si es que la suerte pudiera estar constituida de partículas, claro.
¡Ah! ¡¿Pero qué sentido tenía darle tanta vuelva al asunto? ¡¿Por qué hacerse tanta mala sangre de la nada? La solución era sencilla: ignorar a su Inner y a lo que Kakashi le provocaba.
Era eso. ¡Eso y nada más que eso! Tan claro como el agua, y tan sencillo como decir 'hola'. Sólo tenía que mentalizarse, tener convicción, y su problema se esfumaría en un abrir y cerrar de ojos…
Todo hubiera resultado a la perfección si después de ese pensamiento no hubiera sentido el fuerte brazo del Hatake abrazarse a su cintura y pegarla protectoramente contra su cuerpo, dejándola sentir su calor y su inconfundible aroma.
-No sé qué será tan importante, pero si estás caminando sería mejor que le prestes más atención a la calle.- dijo él con cierto humor, sonriendo de lado.
Y fue entonces que sintió sus mejillas arder de un rojo apenado. No por el hecho de estar distraída mientras cruzaba la calle, sino porque la cercanía y esa sonrisa le rogaban por besarlo.
Sí tan solo todo fuera tan fácil como había pensado segundos atrás…
Desvió la mirada de aquel tentador rostro y se separó rápidamente de ese cálido cuerpo, arreglando su ropa en un claro acto nervioso.
-Gracias…- masculló con vergüenza y con el orgullo por el piso.
-Está bien…- musitó él despreocupado. –Quizás tenga que llevarte de la mano como los chicos chiquitos, Haruno-san.- se burló, tomando la pequeña mano de la pelirosa entre la suya.
Un fuerte estremecimiento la recorrió de punta a punta al sentir la gran y suave mano del peligris, rechazando el contacto al instante al sentirse tan sorprendida… porque nunca, nunca sintió eso antes.
Sus ojos verdes parpadeaban asombrados mientras miraba los oscuros y confundidos del peligris, hasta que sus mejillas ardieron un poco más en aquel rojo y desvió la mirada sin saber muy bien qué hacer.
-E-es Sakura, mugroso…- le dijo fingiendo molestia, mirando las luces del semáforo cambiar.
-Ummm…- musitó Kakashi. –Vamos…- musitó simplemente, guardando sus manos en los bolsillos del pantalón mientras retomaba la marcha.
Sakura no dijo nada. Solamente lo siguió en silencio, procurando dejar bastante espacio entre ellos… porque si volvía a sentir aquel estremecimiento, no sabía qué sería de su sanidad mental.
(¿En serio? ¿Me vas a decir esa casi descarga de electricidad no significa nada?) inquirió incrédula su Inner.
Pero ella no estaba para discutir con su otra parte. La confusión y el asombro que nublaban su mente y hacían temblar su cuerpo eran más importantes.
¿Por qué sintió ese fuerte estremecimiento al unir su mano con la de Kakashi? ¿Era eso acaso 'normal'? Seguramente no lo era, puesto que con Sasuke jamás sintió tal sensación.
Entonces, ¿por qué? ¿Por qué le pasó eso justo cuando el Hatake tomó su mano? ¿Por qué al sentir la calidez, la suavidad, y la protección de la mano de aquel peligris? ¡¿Y por qué su estúpido corazón no dejaba de latir desaforado?
¡¿Por qué? ¡¿Por qué? ¡¿POR QUÉ?
¡No entendía nada! ¡Estaba tan enojada! ¡Tan frustrada! Y tan cansada… quizás tendría que hablarlo con Ino y Hinata. Sí, seguramente sus amigas podrían ayudarla un poco.
Un pesado suspiró se escapó de sus labios, sintiendo su cuerpo y su mente un poco más aliviados ante aquella idea. Sin lugar a dudas, toda esa retorcida situación la estaba empezando a estresar.
-Haruno, ¿a dónde vas?- le preguntó, de repente, la aburrida voz de Kakashi.
Entonces Sakura paró inmediatamente girando un poco para ver al muchacho parado a unos cuantos pasos de distancia frente a unas negras rejas.
-Esta es mi casa.- dijo el peligris señalando las rejas.
Y ella rió nerviosamente, sintiéndose estúpida, acercándose a él. –No me di cuenta.- contó con algo de humor.
-Ummm…- fue todo lo que el Hatake 'dijo' antes de abrir las rejas.
Tras pasar aquella estructura de metal Sakura reconoció el hermoso patio delantero donde solía jugar cuando era niña, mientras sus padres y los de Kakashi hablando de cosas que a ella jamás le interesaron.
El verde pasto estaba dividido por un camino que llevaba directamente a la puerta de entrada de la casa Hatake, mientras algunas pequeñas florecillas emergían de la tierra adornando el natural color del suelo.
A la derecha podía verse claramente ese árbol parecido al que tenía ella en su propio patio, y la sombra del cual se sentó al lado de Kakashi intentando sacarle alguna palabra… demás está decir que nunca lo logró.
Y exactamente bajo aquella sombra se encontraba ese juego de mesa y sillas de hierro, pintadas de blanco con unos cómodos almohadones, donde su madre y la señora Hatake tomaron entre risas el té.
Su verde mirada se desvió ahora a la imponente casa de madera, que era tan acogedora y agradable como parecía, y no pudo evitar pensar que después de tanto tiempo seguía igual como cuando tenía 6 años.
El aroma de aquellas flores no había cambiado en lo absoluto, tan dulce como la misma señora Hatake que siempre la dejaba ayudarla cuando las plantaba.
Entonces su mente se llenó ahora de los recuerdos de aquella mujer que siempre sonreía con calidez y amabilidad. Que siempre le decía que le hubiera encantando tener una hija como ella. Que siempre le preparaba algo dulce cada vez que iba a esa casa.
Cierto es que no fueron tantas veces las que estuvo allí, puesto que casi siempre era Kakashi y el señor Hatake quienes iban a su casa, pero las veces que fue la señora Hatake siempre la recibía como si fuera una princesa.
¡Ah! ¡Tenía tantas ganas de volver a ver a esa mujer! Siempre la sintió como una segunda madre, y hacía tanto tiempo que no sabía nada ella.
-Podrías seguir recordando adentro…- comentó aburrido el peligris, que hacía tiempo había cerrado la reja.
-Perdón…- musitó ella apenada, maldiciéndose por ser tan tonta.
Sin decir nada ambos caminaron ese caminito hasta llegar a la puerta de entrada del hogar Hatake, que Kakashi abrió con toda la vagancia del mundo que a ella tanto irritaba.
Tras pasa aquella puerta de madera tallada la escena se pintaba ante ella otra vez como hacía tiempo atrás. El impecable piso de porcelanatos reflejaba los rayos del Sol que entraban por las claras ventanas.
A la derecha podía verse el encantador living, con unos sillones de estilo antiguo de color bordó. Contra la pared, el hogar apagado que en invierno parecía tan real sostenía la televisión y un fino equipo de música a sus costados.
En el centro una adorable mesa de café de madera oscura y brillosa completaba el acogedor ambiente, esperando a cualquiera que quisiera disfrutar allí.
A la derecha se encontraba una pequeña biblioteca, repleta de libros tantos nuevos como viejos; y en el centro, un escritorio tallado reflejaba la luz del medio día que se colaban por la ventana cercana.
Un poco más allá del pequeño espacio de estudio se encontraba la escalera, de madera como casi todo en esa casa, que llevaba el segundo piso que jamás conoció en las veces que estuvo allí.
Sus ojos se dirigieron a la cocina-comedor que quedaba frente a ella cruzando los anteriores ambientes, donde una mesa redonda con un mantel cuadriculado blanco y negro ocupaba el centro del lugar.
A la lejanía podía ver claramente una frutera con diversos frutos en ella, y detrás de tal tentador panorama podía divisar la mesada de la cocina y los anaqueles.
Y por último, a la izquierda de la mesada, podía ver las puertas corredizas que daban al patio trasero. Ese enorme patio donde recordaba haber corrido a Pakkun porque quería cambiarle el shampoo.
Una suave sonrisa se dibujó en sus labios en ese recuerdo, se preguntaba cómo estaba esa bolsa de pulgas ahora. ¿Todavía tenía el mismo olor que ella? Esperaba que no, o tendría que cambiar el shampoo que usó toda su vida y que tanto le gustaba.
-Ummm… papá…- escuchó entonces la voz vaga de Kakashi, mientras caminaba delante de ella dejando la mochila sobre el escritorio.
-Oh, Kakashi, ya volviste.- contestó una suave y tranquila voz.
Los ojos verdes de Sakura se posaron sobre la fina escalera, donde veía como un clamo Sakumo Hatake bajaba hasta saludar a su hijo con un abrazo.
Y ella no pudo evitar pensar lo iguales que eran aquellos dos, tanto en los rasgos de la cara como en el cabello plateado y la altura. Sólo que los ojos del mayor irradiaban esa agradable amabilidad que la pelirosa tan bien recordaba.
-No me dijiste que ibas a traer a tu novia, Kakashi.- comentó con una sonrisa Sakumo.
Y la pelirosa sintió sus mejillas arder levemente con vergüenza, aún parada cerca de la puerta.
-No es mi novia…- suspiró con pesadez el joven peligris. –Es Sakura, ¿te acordas?- le preguntó a su padre.
-Sakura…- murmuró el hombre mirando a la pelirosa. Y entonces sus ojos negros brillando con nostalgia, recordando a esa niña que su mujer siempre quiso como una hija.
-Por supuesto que me acuerdo.- dijo con una suave sonrisa.
Se acercó con pasos tranquilos hasta la muchacha que con pena estaba parada en la entrada de su casa, jugando nerviosamente con sus manos.
-Cómo pasa el tiempo…- suspiró Sakumo al verla más de cerca. –Cambiaste tanta desde la última vez que te, Sakura-chan.- comentó con humor.
La pelirosa sonrió con algo de timidez. –Usted no ha cambiado en nada, Sakumo-san.- le dijo con una suave sonrisa.
Entonces el Hatake rió por lo bajo. –Es bueno volver a verte, Sakura-chan.- mencionó mientras acariciaba los rosados cabellos de la muchacha, como solía hacer cuando era pequeña.
Y ella sintió esa calidez y amabilidad tan característica del mayor en ese gesto que demostraba que la quería como si fuera su hija, como la señora Hatake solía decirle.
El recuerdo de aquella dulce mujer volvió a golpear su mente, y estaba por preguntar por ella cuando la voz de Kakashi la interrumpió.
-Vinimos a ensayar… Jiraiya-sensei lo sugirió.- comentándole a su padre.
-Oh, es verdad… ustedes están en una obra juntos.- recordó Sakumo. –Espero que el vago de mi hijo no te esté dando muchos problemas.- le dijo con diversión a la pelirosa.
"Me está dando problemas, pero no con la obra" pensó Sakura, mientras sonreía negando educadamente con la cabeza.
-Ummm… ¿podrías dejarnos ir? Son muchas escenas…- contó aburrido Kakashi.
-Y me imagino que con Kakashi habrá que repetirlas mil veces hasta que salgan bien.- se burló el hombre en voz baja, para que sólo Sakura escuchara.
-Te escuché…- le avisó el peligris, quien ya estaba en el primer escalón.
El mayor volvió a reír, decodificando algo de molestia en las palabras de su hijo.
-Sera mejor que vayas, Sakura-chan.- dijo mirando a la muchacha. –Me alegró mucho verte.- le sonrió, con nostalgia nuevamente.
-Lo mismo digo, Sakumo-san.- le devolvió ella con una sonrisa amigable, sintiendo la mano de Sakumo acariciar sus cabellos una vez más.
Cuando el contacto terminó hizo una pequeña reverencia ante el mayor de los Hatake y con pasos algo avergonzados se acercó a Kakashi, siguiéndolo escalera arriba hasta el segundo piso.
Fue entonces que el mayor de los Hatake soltó un melancólico suspiro, recordando todas las veces que escuchó a su mujer decir lo mucho que quería a Sakura y lo mucho que le gustaría que fuera parte de su familia…
Entonces una sonrisa surcó sus gastadas facciones, se acercó a una de las impecables ventanas y miró el despejado cielo azul.
-Creo que eso que siempre deseaste puede convertirse en realidad…- musitó, aún con aquella sonrisa.
Porque su hijo no podía engañarlo, y Sakura siempre fue tan fácil de leer.
