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Ohayou!

¡Cumpliendo con lo prometido! Espero que hayan tenido una cómoda semana, aunque algunos la tienen difícil, pero la vida tiene sus bajas y altas. Cambiando de tema, a medida que escribía esta historia, venían a mí nuevas escenas y como he prometido cumplir la petición de agregar ciertas situaciones, he cumplido, por lo que, espero que les estén gustando los capítulos hasta ahora. Y sin agregar más, les comparto el capítulo 10... (*.*)


Le Début d' une Nouvelle Vie

X

Asumi…– la nombrada recupera la postura y toma de la mano a Airi. – Conversaré con el abuelo para que podamos estar más tiempo con Airi. – Asumi aprieta la mano de Airi, quien le mira confusa. – Pero tendré que pedirte que aceptes mi sugerencia. – ahora es él quien intensifica el agarre de mano con Airi. – Y es…– posa los ojos en ella. – Convivir los tres juntos. – ella abre sus ojos como platos, desconcertada ante tal sugerencia.

¿Convivir juntos? – repite, desconcertada.

Haruki mira a Airi, quien mantiene esos ojitos llenos de confusión. Ahora a Asumi. – Estoy dispuesto a mudarme a tu apartamento, donde resido en estos momentos está un poco distanciado del jardín de infantes. – dice, seguro de sus palabras.

Etto…– desvía la mirada. – ¿Cuándo piensas mudarte? – pregunta, un poco desorbitada, pues después de tantos años volver a vivir junto a su gemelo, a quien lloró como estúpida por el hecho de haber tomado la decisión de irse a estudiar al extranjero, le emociona la idea y a la vez le inquieta.

En unos días. – responde Haruki, pensando seriamente cuándo podría ser el momento indicado.

Eso dijo onii-chan, pero ese mismo día…

Llegada la noche…

Asumi corta las zanahorias en rodajas mientras el aceite en el sartén empieza a hervir. Echa un vistazo hacia la sala donde se supone estaría Airi, pero no la ve ahí. Parpadea, apaga el sartén y va a buscarla. – ¡Airi-chan! – se dirige al baño, toca la puerta. Nada. Entonces, decide abrir la puerta, más no había nadie. ¿Dónde habrá ido? – se pregunta, extrañada. Decide ir a la recámara, antes de abrir la puerta, ésta se abre sola. Airi sale de la recámara sosteniendo una caja de crayones y corre hacia la sala, toma asiento y apoyándose contra la mesa sigue coloreando sus dibujos. Espira, calmada.

Da media vuelta para ir a la cocina a continuar cocinando, pero tocan el timbre. Airi levanta la cabeza, rápidamente se pone en pie y corre hacia la puerta. – ¡Airi-chan, espera! – la sigue para detenerla. – No debes abrir la puerta a extrañ…– Airi abre la puerta. –…ños. – parpadea, puesto la persona que está parada en el pasillo es la que menos esperaba. – ¿Onii-chan? – frunce el entrecejo.

Hola. – saluda como si nada. Agacha la mirada, ve a Airi sonreírle. La toma en brazos, cargándola. – ¿No me invitas a pasar? – pregunta inocente mientras entra al apartamento.

Ojos entrecerrados. – Ya estás dentro. – resopla.

Huele delicioso. – musita, dejando caer su bolsa deportiva en un rincón mientras sostiene a Airi. Asumi ve la abultada bolsa, debería preguntarle si adelantó los planes de convivir juntos, pero no se atrevía. – Es lo que piensas, así que deja de torturarte. – añade, sonriente. – He decidido vivir con mis pequeñas hermanas a partir de esta noche. No vaya a ser que un lobo feroz se aproveche de mis indefensas hermanitas. – Asumi abre su boca ligeramente, incrédula. Él entrecierra los ojos, serio. – No cabe duda. – susurra.

¿Eh? ¿Qué? – atina a decir sin comprender a dónde quiere llegar con esas raras palabras.

Nada. – responde como sin darle importancia al asunto. Deposita a su pequeña hermana en el suelo y se encamina a la recámara. – Ese tipo durmió aquí. – dice para sí mismo, mirando la cama. – ¡Asumi! – ella corre apresurada en su dirección. – ¿Futones? – ella desvía la mirada. – Eso creí. – sonrisa cínica que le puso a ella la piel de gallina. – Podré soportarlo. – gira sobre sus talones y se dirige a la cocina.

Suspira, estresada. – ¡Onii-chan! – camina hacia la misma dirección que él tomó y para su sorpresa, él estaba condimentando a una habilidad impresionante. – Oh… increíble. – Airi veía entusiasmada a su hermano mayor moviendo sus manos todo un experto. Asumi no se queda atrás, sus ojos estaban simplemente maravillados. – ¿Cómo aprendiste…? – pronto, Haruki toma en unos palillos un poco de pescado y lo lleva a la boca de Asumi. Saborea y degusta de tan exquisito sabor. – Delicioso. – ojos encantados.

Sonríe con aire de suficiencia. – Lecciones de cocina. – él mismo afirma, con aires de superioridad. – También sé preparar todo tipo de almuerzos. ¿Qué te parece? – ella sonríe satisfecha. – Ahora comamos. – Asumi le ayuda a servir los platos. Ambos estaban coordinados en la cocina, sin embargo, ellos no notaban la mirada ilusionada de Airi, quien les veía sonrojada y feliz, viendo en ellos la imagen de sus verdaderos padres. Haruki vuelve la cabeza hacia atrás. – Airi, ¿Por qué no nos esperas en el comedor? – después de asentir, ella marcha. – Ella…– Asumi presta atención. – ¿No ha tenido alguna transformación recientemente? – interroga, preocupado.

Ahora que lo preguntas, no. – contesta Asumi, también preocupada. – No ha tenido ninguna reacción. – pose pensativa.

Debe de ser porque se ha criado existiendo como humana. – sisea Haruki, pensando en las posibilidades del porqué su pequeña hermana no se ha transformado.

Asumi sacude su cabeza. – ¿Crees que okāsan…? – se cubre la boca, procurando no hablar de más.

Él niega la cabeza. – No. – toma dos platos servidos con un poco de arroz en el centro, pescado glaseado y vegetales decorando el arroz. – Pero tengo una idea. – Asumi toma el tercer plato. Caminan hacia el comedor y colocan los platos sobre la mesa tradicional, enseguida toman asiento sobre los cojines. Los tres juntan sus manos. – Gracias por la comida. – dijeron al unísono. Empiezan a degustar la comida gourmet mientras observan a Airi tomar los palillos y prueba el primer bocado, el cual le pareció sabroso. – Airi, ¿Has oído hablar de seres místicos? – la pequeña levanta la cabeza. – ¿Algo así como… vampiros? – ella baja la mirada centrándose en comer. – ¿Airi?

Papá y mamá son. – Haruki y Asumi intercambian miradas entre sí. – Oji-sama dijo Airi no. – Airi se levanta y corre hacia la cocina. Ellos se quedan mirando cada uno de sus movimientos. Airi se pone de puntillas, agarra un vaso del fregadero, abre la puerta del refrigerador y vierte agua en el vaso. Cierra la puerta del refrigerador y regresa al comedor. – Airi no puede. – toma asiento. – Airi ser buena niña, no mala. – se lleva un pedazo de pescado a la boca.

Airi…– susurra él, extiende una mano hacia ella, pero la pequeña se estremece. – ¿Puedo ver tus colmillos? – ella abre su boca. Se aproxima y, posando una mano debajo de su mentón y la otra en su nuca, le ladea la cabeza. No los puede ver o sentir. Ladea la cabeza un poco más. Entrecierra los ojos. ¡Los ve! – Son tan pequeños. – sonrisa. Le acaricia la mejilla.

Asumi suspira aliviada, le alborota el pelo a su hermana. – Buena chica. – Airi sonríe feliz. Continúan degustando. De vez en cuando vuelven a contemplar a su pequeña hermana. – Onii-chan…– él centra sus ojos en ella. – N-Nada. – sacude sus manos a la altura de su pecho. Sigue comiendo. Desearía preguntarle cuándo podrán dejar el mundo humano, no es que esté tan mal, pero a veces se siente una extraña, una residente no deseada. Y es normal, pues ellos y otras criaturas pasaron a vivir en ese mundo debido a la inestabilidad del suyo. Lo incómodo de todo esto, no es convivir con los humanos ya que no usan la energía vital de éstos para sobrevivir, sino ocultarles quienes son en realidad por temor a ser repudiados.

Todo estará bien. – dice Haruki, convencido de que algún día todo se resolverá y podrán regresar a su mundo. – Es necesario ocultar nuestra existencia. – cierra sus ojos.

Levanta el puño. – ¡No leas mi mente! – grita Asumi, golpeándolo en la cabeza, provocando una repentina risa en Airi y dejando a su gemelo inconsciente. Enojada, se levanta sosteniendo el plato, entonces se dirige a la cocina. Airi deja de reír al percibir que su hermano mayor no reacciona. Se aproxima y le acaricia el chichón. – Airi-chan, déjalo para que aprenda la lección. – venita palpitante.

Haruki recupera la compostura. – Como duele…– dice en voz baja, acariciándose el chichón. – Si me pides que no lo haga, no lo volveré a hacer. – se levanta imitando la acción de su gemela. – Lo prometo, pero deja de golpearme, me saldrá contusiones cerebrales. – dice Haruki, sorprendiéndola.

Se cruza de brazos. – Eso te pasa por entrometido. – resopla. De repente, tocan a la puerta. – Iré a abrir. – empieza a caminar.

Haruki la agarra de la muñeca. – Lo haré yo. – responde soltando su mano. – Estoy esperando una entrega de suma importancia. – dirigiéndose hacia la puerta. Inhala, la abre. Enarca una ceja, más le observa de abajo arriba.

Buenas noches. – saluda Ishida, extrañado por la presencia de ese joven. – Tú eres…–chasquea los dedos. – ¿El hermano mayor de Asumi? – sonríe, puesto el parecido entre ambos es extraordinario, pero él se ve tener más madurez. – Creo que no nos presentamos antes, vivo en el apartamento de al lado y soy compañero de Asumi. Ishida Ukitake. – extiende su mano derecha, símbolo de amistad.

Entrecierra los ojos. ¿Asumi? ¿Qué confianza es esa? Extiende la mano derecha. – Si te mantienes al margen, podremos ser buenos amigos. – acepta su mano, sonriente. Ishida siente un sudor escalofriante correrle por la espalda. Le suelta la mano. – ¿Ukitake, verdad? – él afirma. – Pasa. – se aleja de la puerta para que él arribe al apartamento. Nota que Airi duerme con la cabeza apoyada en la mesa. Una divertida sonrisa surca sus labios. La carga en brazos y se retira en dirección a la recámara.

Asumi sale de la cocina. – Ishida…– susurra. – ¿Q-Qué haces aquí? – un leve sonrojo aparece en sus mejillas, al recordar la confesión del chico.

Rostro serio. – ¿Podemos hablar? – pregunta Ishida, mirándola fijamente a los ojos, los cuales ella desvía. – Quiero que me escuches por última vez. – Asumi asiente. Ambos salen al pasillo, Asumi cierra la puerta a su paso. Él alza la mirada al cielo… Las estrellas brillan en conjunto, muy hermosas. – Me gustas, Asumi. Realmente me gustas. – ella agacha la cabeza. – Está bien, comprendo. – Asumi alza la cabeza, sorprendida. – Sé que no estás en condiciones de tener una relación, tampoco te estoy obligando. – sonrisa melancólica. – ¿Sabes? Me quedé esperándote en la azotea del instituto.

Abre sus ojos como platos. – Lo lamento mucho. Lo olvidé por completo. – se cubre la boca, estupefacta. – En verdad, yo…

Debes de estar feliz por tu hermano. – añade él, interrumpiéndola, con cierto tono de melancolía. – Sé que es muy pronto para pedirte una respuesta a mi declaración, por eso te pido que lo pienses con calma. Y cuando lo hayas considerado y tomes una decisión… Estaré esperando ese momento. – de perfil, le regala una sonrisa. – Era todo lo que tenía por decir. Buenas noches. – gira sobre sus talones y se despide con un movimiento de mano.

Una respuesta…– dice para sí misma, pensativa.

¿Insegura? – pregunta una voz conocida a la perfección. Asumi dirige su vista hacia la entrada de su apartamento, él está apoyado del marco de la puerta. – Buena decisión habría sido el aceptar, pero no puedes sólo decir sí a la primera persona que se te declare, sino de quien estés enamorada. – ella deja escapar un sonoro suspiro. – Considera el hecho de gustarte alguien. Todo depende del sentir cuando estás con esa persona. Y el hecho de que es un humano. – entra al apartamento.

El hecho de gustarme alguien...– susurra pensativa. – Pero Ishida me gusta...– agacha la cabeza. –…Creo. – alza la mirada al cielo.


...

El fascinante sonido del despertador se escucha por todo el pequeño apartamento…

Sobre la cama, se puede distinguir un bulto debajo de las sábanas. Ese bulto se remueve. Asumi descubre su cabeza y, sin abrir los ojos, tienta la mesa de noche en busca de sentir el reloj que no para de sonar. Exasperada, extiende su mano, pero un objeto cae al suelo ocasionando un leve chirrido como si se tratara de un juguete. Abre sus ojos, agarra el reloj indicando las 6:10 A.M. y deja escapar un largo suspiro. Iba a levantarse, pero siente unos brazos rodeando su cintura. Observa debajo de las sábanas. Airi duerme junto a ella con la cabeza pegada en su vientre y sus pequeñas manos rodeándole la cintura. Hermosa.

Ágilmente, aparta esas pequeñas manos de su cintura y la acomoda en la cama. Con parsimonia, se levanta de la cama. Ahora que rememora los sucesos del día anterior, su gemelo empezó a residir con ellas, sin embargo, optó por dormir en un futón acomodado en la sala. Echa un vistazo fuera de la recámara y allí estaba, dormitando plácidamente. Eso le recuerda, una vez leyó un manga que le había prestado su amiga Árika, el cual trataba sobre vampiros, en él los vampiros no eran más que criaturas malignas que podían dormir colgando de los techos y se alimentaban de la sangre humana. ¡Qué estupidez!

Una leve risilla escapa de su boca. Los vampiros son seres hermosos, parecidos a los humanos, a diferencia de que poseen habilidades extraordinarias y pueden ser fieles y leales. No atacarían a los humanos para beber de su sangre, ya que ésta es débil y no los satisface, además, es una regla prohibida; ellos sólo beben de las de su misma especie; sin embargo, únicamente los de sexualidad masculina son perseguidos por esa insaciable sed, pues las del sexo femenino, una vez que beben obtienen una sorprendente resistencia física y pueden durar cierto período de tiempo sin volver a degustar una gota de sangre, pero las de poca resistencia deben tomar píldoras constantemente para calmar la sed. Cuando ellas ofrecen su sangre, necesitan recibir alguna clase de recompensa para restablecer su energía, la decisión queda a disposición de las partes.

Están divididos en jerarquías o clases: vampiros clase A (los puras sangres provenientes de familias aristócratas, raza más poderosa, ambigua y quedan muy pocos); vampiros clase B (los nobles, los segundos del rango, raza exuberante, obligados a controlar vampiros de su clase inferior); vampiros clase C (los normales); vampiros clase D (ex humanos). Así como humanos malignos, los hay vampiros, quienes beben la sangre de humanos y los convierten en nivel D para sus planes destructivos.

Una regla extremadamente importante entre los de clase A, es que los jóvenes al cumplir su mayoría de edad deben desposarse con alguien de su misma especie y rango, tienen libertad para elegir su compañero o compañera durante un lapso de tiempo; pero concluido ese lapso y no han decidido, deberán aceptar un matrimonio arreglado por sus padres o abuelos. No obstante, los de clase B anhelan desposarse con alguien de la clase aristócrata para adquirir mayor jerarquía. Además de la restricción hacia atacar a los humanos y beber de su sangre, es delito grave asesinar a un pura sangre y quien se atreva será castigado con la muerte, así como un tabú el enamorarse de un humano.

Media hora más tarde. Totalmente arreglada: mini-falda marrón tachonada, blusa blanca, más corbata roja y, por encima, el chaleco amarillo. Ya se había puesto sus medias y zapatos. Su pelo recogido en un par de trenzas mientras su flequillo está aprensado con un pasador. Todo listo. Sonriente, está terminando de preparar los almuerzos. Pues ahora debe preparar un tercer obento. – Despertaste temprano. – escucha a su gemelo decir a su espalda. Vuelve la cabeza, mirándole de pie a cabeza. Descalzo, pantalón marrón con el botón desabotonado, cabello violeta despeinado y camisa abierta dejando a la vista su fornido abdomen. ¿Abdomen a la vista? Posa sus ojos en ese marcado, cálido e irresistible abdomen y esos pectorales bien formados… Desearía tocarlo. No sería malo hacerlo, después de todo es su gemelo y él no se negaría, ¿Verdad? Sacude su cabeza. ¿Enserio es su hermano? ¿Tanto tiempo ha pasado desde la última vez que lo vio? ¿Por qué es más guapo que ella?

Haruki enarca una ceja. – ¿Hm? – musita, sospechando de ella.

Repentinamente, Asumi se endereza y continúa con la preparación de los almuerzos, sin embargo, un leve rubor cubre sus mejillas. El rubor aumentó cuando siente un extraño peso apoyarse en su espalda, la cual se estremece. Mueve los ojos hacia el lado derecho para observar mejor y… ¡Vaya sorpresa! Su pecho desnudo está bien pegado a su espalda y podía sentir la calidez del mismo, además el botón del pantalón lo sentía en su espalda baja. La voz no le salía y esto era malo, muy malo para su salud. Procura seguir en su labor, pero los brazos de él rodear sorpresivamente su cintura le hizo detenerse en seco. Más, él apoya la frente en su hombro derecho. No pasa nada. Suspira. Aún así, él no se aleja de ella.

Una leve sonrisa escapa de los labios de él. Asumi frunce el entrecejo, preocupada por la salud mental de él. – ¿De verdad creíste que succionaría tu sangre? – pregunta Haruki, divertido. Los ojos de Asumi se tornan X, ella no pensaba eso, al contrario. – O…– aproxima su boca a escasos centímetros del oído de ella. – ¿Por un momento deseaste tocarme? – ella se estremece bruscamente, nerviosa. Haruki abre sus ojos, sorprendido. Luego él baja la mirada. – Onee-chan… eres una pervertida. – Asumi se queda de piedra. Leve risa. – No puedo creer…– se aleja unos centímetros y contempla su esbelta espalda. –…que pienses…– pasa el dedo índice derecho por toda la línea de su espalda hasta la región lumbar, haciéndole gemir. Haruki abre sus ojos desmesuradamente, además un rubor carmesí abarcó todo su rostro. – Asumi...– Ella se cubre la boca con ambas manos mientras un intenso sonrojo cubre su rostro. – Yo...– no sabía qué decir en un momento así, pues era una broma que desde niños hacían, pero ahora... escucharla gemir... es incómodo.

Silencio incómodo que ella rompe. – Necesito que...– se descubre la boca. –...abroches tu camisa. – se muerde el labio inferior, nerviosa y sintiendo escalofríos debido a que él la oyó gemir de ese modo.

Haruki desvía la mirada, al instante avanza un paso para tocarla. – Creo que he sido un poco...– extiende su mano derecha para posarla en su hombro, pero ella rápidamente se aleja. – ¡Espera! – Él la agarra de la muñeca de la mano. Ella se suelta bruscamente y sale corriendo. Oye la puerta cerrarse con presión. Alza la cabeza, cierra sus ojos. – Soy un idiota. Ya no somos unos niños. – dice para sí mismo. – ¡Asumi! – corre apresurado hacia la puerta principal, la abre. – ¡Asumi! – Para su sorpresa, ella se encuentra parada con las manos apoyadas en el barandal y mirando el horizonte. – Himek...– sacude su cabeza. – Asumi...– se posiciona detrás de ella. – Realmente, lo siento. – percibe su femenino cuerpo temblar. – Sólo que...– cejas fruncidas, ojos entristecidos. –...estoy feliz de poder tenerte a mi lado. – ella ni se inmuta. Él agacha la cabeza. – Desde que marché aquella vez, no he dejado de pensar que fue un error. Ya no eres la pequeña Asumi que siempre protegía, eso ya lo sé. Sé que la pequeña Asumi ha cambiado mucho… a la pequeña Asumi que conocía. – se muerde el labio inferior. – Pero no me acostumbro a verte convertida en una adolescente. No sé cómo tratarte. Me sentí desorientado porque estabas muy linda… Lo siento de verdad... Me comporté como un idiota.

Hablas como un anciano. – murmura Asumi, intentando sonreír un poco. Silencio. Una suave brisa sopla meciendo sus cabellos. – Tampoco sé de qué manera debo verte. – él parpadea confuso. – ¿Como mi onii-chan? ¿Como un extraño que acaba de incluirse en mi vida? – agacha la cabeza, provocando que los flequillos cubran sus ojos. – Estás aquí, pero no sé qué estuviste haciendo todos estos años. – aprieta el barandal con sus manos. – ¡Estuve esperando por mi onii-chan! ¡Pero no volviste por mí! – su voz empieza a entrecortarse. – Dijiste que regresarías... Dijiste que me protegerías... Dijiste...– algunas lágrimas escapan de sus ojos. – Por más que quiero ser fuerte ante onii-chan, siempre dependo de onii-chan. – se limpia los luceros de lágrimas, pero ellas siguen saliendo. – Me prometí no llorar ante onii-chan. – traga saliva con fuerza, pues siente un terrible nudo en su garganta.

Entristecido y culpándose consigo mismo por haberle hecho sufrir de ese modo, avanza dos pasos más para quedar a pocos centímetros de ella y apoya el mentón sobre su cabeza. – ¿Cuánto daño le he hecho? – se pregunta a sí mismo, dolido. Entrelaza sus manos y con ellas cubre los ojos de su gemela. – Onii-chan no verá nada. – le susurra.

Asumi se cubre la boca, procurando no darle el gusto de verla llorar. No llorará ante él, porque él no tiene derecho de hacerlo. Soportará las lágrimas, lo hará, pero ellas continúan escapando solas. No puede detenerlas. No esta vez. – ¿Por qué? ¿Por qué? – se muerde el labio inferior. – ¿Por qué? – gemido ahogado. – Deseaba que onii-chan me abrazara por las noches, pero...– ya no puede más. Empieza a sollozar. –...la cama de onii-chan estaba vacía. – llora con impotencia. Llora desconsolada. Mientras Haruki sólo está ahí, cubriendo sus ojos y escuchándola sollozar. – No quiero que onii-chan me deje. – ella se da vuelta y esconde su rostro en el pecho aún desnudo de su gemelo.

Entrecierra los ojos, entonces rodea sus varoniles brazos alrededor de ella abrazándola con fuerza. Ella sigue llorando desconsolada. Él intensifica el abrazo y acomoda su mejilla sobre la cabeza de ella. – Onii-chan no se irá de tu lado...– un pálido sonrojo aparece en sus mejillas. –...nunca más. – de pronto, siente la presencia de alguien aproximarse. Piensa cómo calmarla rápido y llevarla dentro del apartamento. Pero ya es tarde para huir. Los pasos se detienen. Haruki abre los ojos desmesuradamente al ver a dicha persona parada, mirándolos con la boca abierta.

Asumi presiente que alguien los mira. Aparta el rostro del pecho de su gemelo y mira a esa persona. – Oh, Hiroshi...– se limpia los luceros de lágrimas. – Eres tú. – musita desganada.

Venita palpitante en su frente. – ¿Qué significa eso de "Eres tú"? – pregunta el Sarutobi, irritándose. – ¿Acaso soy tan poca cosa para ustedes? – los gemelos intercambian miradas interrogativas. – ¡No se miren así! – grita enfurecido. – Además...– se aclara la garganta. – Ese acto fue conmovedor, no comprendo qué pasó aquí. – Asumi desvía la cabeza hacia el lado izquierdo, evitando que vea sus ojos irritados. – Pero alégrense que haya sido yo, y no otra persona que los vea en esa situación comprometedora. – Haruki desvía la cabeza hacia el lado derecho, procurando que Hiroshi no descubra sus mejillas sonrojadas. – Como sea...– espira. – Se nos hace tarde.

Iré por Airi-chan. – dice Asumi, enseguida arriba al apartamento.

Hiroshi observa la camisa abierta de su amigo, quien se rasca la nuca. – Me reservaré las palabras. – Haruki le lanza una mirada cortante, la cual se interpreta "Entrometido. En mal momento vienes a aparecer". – Deben ser más cuidadosos. Si esto se sabe, se armará un problema serio. – coloca una mano sobre el hombro, niega la cabeza. – Pero también comprendo. – suspira. – Y es que tu hermana está como se desea. – Haruki le mira furioso. Hiroshi rápidamente aparta su mano. – Sólo bromeo. – alzando las manos a la altura del pecho. – Deja de ser un controlador idiota. – enojado, Haruki entra al apartamento y cierra la puerta de golpe. – Uy, qué carácter. – sonrisa satisfecha. De repente, la sonrisa desvanece y su mirada se vuelve frío. – Pero debes tener mucho cuidado. – abre la puerta y entra al apartamento.

Asumi le pone las medias a Airi, quien está sentada sobre la cama y tiene puesto una blanca larga, una yompa (falda y breteles) de color verde oscuro, una chaqueta azul marino y un lazo rojo adornando el conjunto. Enseguida le pone los zapatos negros. – ¡Lista! – le ayuda a descender de la cama. Agarra de sobre el bureau, un sombrero tejido de color negro con una flor rosada en crochet en el lado derecho. La toma de la mano y salen de la recámara. Para su alivio, Haruki ya estaba vestido correctamente con el distinguido pantalón marrón, camisa blanca y corbata roja; por encima, el chaleco amarillo y luego una chaqueta verdosa desabotonada con el logo distintivo del instituto bordado en el lado izquierdo. Lleva además, tenis blancos. Una leve sonrisa surca sus labios mientras sostiene el manual del instituto.

Haruki le entrega el almuerzo de Airi a Asumi, quien lo sostiene. – Arigato. – lo guarda en el bolso color negro que tiene el alza mayor y se lo cuelga a Airi. La pequeña sonríe. Luego toma su propio obento y lo guarda en su maletín. – Vamos o llegaremos retrasados. – le extiende la mano derecha a Airi mientras la izquierda sostiene el maletín. Airi alza su mano y la agarra. Salen del apartamento y espera a su gemelo, quien cierra y asegura la puerta.

Hiroshi les espera al final de las escaleras. – ¡Rápido! – exclama con presura.

Sí, sí. – sisea Haruki, desganado. Enseguida toma la mano derecha de Airi con su mano izquierda. Descienden las escaleras del edificio. El camino hacia el jardín de infantes se tornó cómodo y animado, pues Hiroshi y Haruki conversaban de sus días cuando se conocieron, entretanto Asumi sonreía nerviosa.

Airi observa a Haruki y Asumi con admiración, pues es la misma imagen de una pareja que lleva a su hijo a clases. En especial, la de sus padres cuando ellos la llevaban al parque. Es un sentimiento nostálgico, debido a que esos rostros alegres son los mismos, es como ver a sus padres biológicos otra vez. Comprende que ellos son sus hermanos mayores y el cariño no es igual, aunque parecido… Aún así, ese sentimiento llamado nostalgia poco a poco se convierte en amor. – Mamá. – dice para sí misma. Ve a su hermana sonreír alegremente. Airi cierra sus ojos en una hermosa sonrisa.

Detienen sus pasos frente a la entrada del jardín de infantes. Los padres entran y salen dejando a sus hijos en la entrada al cuidado de las maestras, sin embargo, algunas madres se quedan conversando en las calles sobre temas irrelevantes. Asumi se agacha. – Airi-chan, te recogeremos más tarde. – musita, acomodándole el uniforme.

Pórtate bien, ¿De acuerdo? – dice Haruki posando una mano sobre su cabecita.

Airi ve en ellos las figuras de su padre y madre, quienes le sonríen. Él con su mirada despreocupada y ese cabello brillante plateado. Ella con esa sonrisa cálida mientras el largo pelo violeta se mece al compás del viento. Sacude su cabeza, volviendo a ver a sus hermanos. Haruki conversando con Hiroshi, Asumi poniéndose en pie. Asiente. – Hai! – responde, feliz.

Buena chica. – murmura Asumi, sonriéndole. Airi ve a su maestra Sakura y corre hacia ella, pero se detiene, gira sobre sus talones y agita su pequeño brazo en el aire en señal de despedida. Ellos tres agitan sus manos y se marchan. No obstante, los ojos de Airi parecieran estar maravillados al ver las espaldas de sus hermanos mayores, en las cuales podía percibir unas hermosas alas de ángeles color negra.

¡Airi-chan, ven aquí! – exclama Sakura, animada.

La pequeña retrocede sin dejar de contemplar esas alas negras detrás de las espaldas de sus hermanos mayores. Mejillas sonrosadas. Por más que desea ver a sus hermanos, la imagen que ellos transmiten es la de sus padres. Cierra sus ojos en una cálida sonrisa. – Mamá… Papá…– oye a la maestra aclamar su nombre. Gira sobre sus talones, entonces cinco plumas blancas se esparcen a su alrededor. Pues en su espalda, espiritualmente, aparece un par de alas blancas.


...

Konoha High School…

Clase 3-D…

Asumi extiende sus brazos, estirándolos. Entonces se pone en pie, mientras Árika, Kimi y Nanami se aproximan a ella. Sus compañeros de salón las observan con admiración, sin embargo, ellas están concentradas en su mundo hablando del trabajo grupal que les asignó el maestro Iruka. Árika se pasa el dedo índice en su largo cabello, cual recogido en dos coletas, y se riza las puntas. Kimi se quita sus lentes al aire libre y los guarda en su respectivo estuche que guarda en el bolsillo de la falda evitando que éstos sufran alguna ruptura o rayado. Nanami sonríe, cubriéndose la boca mientras un leve rubor cubre sus mejillas. La imagen que daban esas cuatro, son ángeles caídos del cielo, según ellos.

Asumi-san es atractiva, ¿No lo creen?– pregunta uno de los estudiantes del salón, observándole reír con alegría.

Es una diosa. Desearía pedirle que sea mi enamorada. – responde uno de sus compañeros, con corazones en los ojos.

¿Por qué no lo haces? Quizás tengas oportunidad. – pregunta meramente curioso, un tercer compañero inmiscuido en la conversación. Ven a Asumi voltearse y apoyar las manos en el pupitre de su gemelo, quien está sentado. Él arquea una ceja y enseguida le sonríe.

Los corazones explotan como burbujas. – ¿Estás bromeando? Es todo una belleza, imposible que salga conmigo. – musita el segundo chico.

¿Qué tal Kimi-san? – pregunta el tercero.

Los cuatro chicos piensan seriamente en la posibilidad de declararse a Kimi shiranui. Parpadean, suspiran enamorados, pero luego sienten una extraña vibra a sus espaldas. Hiroshi Sarutobi, quien pasaba por el salón, les mira cortante. A ellos se les desliza una gota estilo animé. – No, no. – sacuden sus manos en negación. – Definitivamente, no. – niegan la cabeza.

¿Y qué hay de Árika-chan? Es hermosa y simpática. – vuelve a preguntar el cuarto inmiscuido.

No, aunque sería un sueño hecho realidad. Pero Yamaki-sempai de la clase 3-A está enamorado de ella. Bueno, es lo que dicen los rumores. Han estado juntos desde el jardín de niños. – responde el primero. – Y… hablando del demonio…– ven a Chad arribar al salón y caminar hacia las chicas, en especial hacia Árika, quien le saluda con un gesto cálido y luego con una bofetada. – Linda. – musitan los cuatro, aspirando.

Chad acaricia su mejilla. – No preguntaré del porqué me golpeaste. – musita, apesadumbrado.

Puño a la altura del pecho. – ¿Te parece poco venir al instituto sin mi preciada compañía? – pregunta Árika, irritada.

Él suspira. – Tenía actividades en el club. – contesta Chad sin darle la menor importancia.

¡Oigan! ¡Oigan! – exclama Hiroshi arribando al salón, acompañado de Takashi y Genji. – ¿Van a iniciar con las peleas maritales? – desliza sus manos dentro de los bolsillos del pantalón. Las chicas empiezan a murmurar, sonrojadas de ver a más chicos guapos. – Deberían ser como nosotros. – rodea un brazo alrededor del cuello de Kimi. – ¿Ven? Sin problemas. – siente la mirada asesina de Kimi sobre él. Traga saliva sin siquiera mirarla.

Sólo deberías decirle lo mucho que te gusta. – sisea Takashi, mirando fijamente a Árika y tomando asiento encima de la mesa del lugar de Ishida.

Yamashiro ruboriza al instante. – ¡A mí no me gusta él! – señalando a Chad.

Es lo que ella dice. – agrega Chad, suspirando.

¿Qué? – atina Árika a decir entre dientes.

Siempre lo niega. – prosigue Chad, alzando las manos a la altura de los hombros. Niega la cabeza, sonriente. – Pero es obvio que me ama. – se cruza de brazos, asiente. – ¿A que sí, Ari-tan? – la mira directo a los ojos. Árika ruboriza con intensidad, más desvía la mirada. – Está avergonzada. Que linda.

Ella aprieta las manos en puños, lo enfrenta con la mirada. – ¡¿Y qué si me gustas?! – Chad abre sus ojos desmesurados. – ¡¿Está mal que te ame?! ¡Sé que no sientes lo mismo, pero al menos…! – cierra los ojos con fuerza. – ¡Cuida tus palabras! – sale corriendo.

Chad se rasca la nuca, nervioso. Sus amigos le observan sorprendidos, pues es la primera vez que se pone nervioso. – Supongo que iré tras ella. – suspira. Empieza a correr y cuando atraviesa la puerta, pasa entre Taisuke e Ishida quienes iban entrando al salón. – ¿A dónde habrá ido? La azotea. – se pregunta y responde a sí mismo.

Ishida parpadea, confuso. – ¿Qué sucedió? – pregunta, interesado.

Árika se confesó. – responde Kimi, sin dar detalles a lo sucedido.

Oh...– atinan a decir Taisuke e Ishida. Asumi mira a Ishida, pero al instante vuelve la cabeza con sus mejillas sonrosadas. Ishida baja la mirada, incómodo por la situación, si hubiera pensado con anticipación que entre los dos existiría esta incomodidad y distanciamiento, se evitaría el haberse confesado aquel día.

Hiroshi percibe la incomodidad entre esos dos. Conoce a Asumi desde el vientre de su madre y sabe que ella está insegura de responder sí. Ella piensa en la posibilidad de asustarlo si le confiesa que es una vampiresa y para rematar de Clase A, que tiene prohibido enamorarse de un humano. Espira, desganado. Enseguida se pone en pie, desliza sus manos dentro de los bolsillos del pantalón y empieza a caminar en dirección a la salida del salón. – Ella vendrá a mí en 3... 2... 1...– musita para sí mismo.

¡Espera, onii-chan!– exclama Asumi. Corre hacia él.

Una leve sonrisa atraviesa sus labios. Se pone serio. – Sólo iré al sanitario. ¿También quieres ir? – le pregunta Haruki a su gemela, quien sonrojada asiente. – Como quieras. – ambos salen del salón.

Nanami parpadea desconcertada, luego entrecierra los ojos. – ¿Estás bien, Nanami-san? – pregunta Taisuke, preocupado por la observación de ella.

Ella abre sus ojos, sacude sus manos en negación. – E-Estoy bien, Taisuke-kun. – responde, un poco nerviosa por la incesante mirada del chico.

Kimi mira a Hiroshi cortante. – ¿Cuánto tiempo piensas mantener tu brazo en mis hombros? – le pregunta con una voz tan seria que le intimidó.


Asumi apoya el cuerpo contra la pared al lado de la ventana y observa a través de ella. – Onii-chan, ¿Crees que si le digo quién soy en realidad, él seguirá teniendo esos sentimientos por mí? – pregunta, con la voz temblorosa.

Haruki inclina el cuerpo y apoya las manos en el alféizar de la ventana. – No puedo asegurarlo. – responde él, mirando seriamente a los estudiantes que caminan sobre el pasto de la escuela. – Recuerda que es un humano y no será aceptado en nuestra sociedad. – espira. – ¿Estás enamorada de ese chico? – su gemela agacha la mirada. – ¿Estás o no estás segura?

Me… gusta…– atina a responder, un tanto insegura.

Te gusta, ¿Eh? – sisea más para sí mismo que para ella. – Con esa pausa, dudo que sea real. – piensa. – Supongamos que estés enamorada de él…– Asumi le mira sin comprender. – ¿Eres lo bastante convincente como para convertirlo en vampiro? – Asumi abre sus ojos como platos, no puede creer que él hable de ese modo. – Sé lo que piensas en este momento, pero aunque decidas estar a su lado muchas personas intentarán separarlo de ti. – se vuelve para quedar frente a ella. – Ahora respóndeme con honestidad, ¿Eres capaz de defender tu amor a pesar de que yo esté en tu contra? – entrecierra los ojos.

¿Qué? – Asumi agacha la cabeza mientras muerde su labio inferior. – Onii-chan, tú…– sacude su cabeza en negación. – ¡Yo no puedo ir en contra de onii-chan! ¡No podría! ¡Definitivamente, no! – exclama asustada, llamando la atención de los alumnos que estaban en el corredor y otros pasaban caminando.

Haruki posa mano derecha sobre la cabeza de Asumi. – Es sólo una suposición, no tienes que alterarte. – sonrisa.

L-Lo siento. – susurra avergonzada.

La imagen que esos gemelos dan ante los demás, es como una pareja de hermanos que se llevan bastante bien, pues las facetas de Asumi siendo considerada, tímida, avergonzada, entre otras, sorprenden cada día más al alumnado. Es distinta a como era o es con Ishida, ella lo enfrentaba sin temor, pero ante su gemelo Asumi se ha vuelto… vulnerable.

Asumi se aleja de la pared y estira los brazos. – Casi es momento de regresar al salón. – retrocede. – La campana sonará dentro de cinco a ocho minutos. – en ese instante, recuerda un dato sumamente importante. – ¿Onii-chan? ¿No te dirigías al tocador de hombres? – pregunta, sorprendida.

Haruki le lanza una mirada cómplice. – A causa de cierta persona no he podido. – suspira. – De todas formas, no tenía tantas ganas de ir. – sonríe, dándole a entender que inventó dicha excusa por ella, con el objetivo de que no se sintiera presionada cerca del Ukitake. Al instante, tres estudiantes pasan corriendo por el pasillo y sin querer, uno de ellos se iba a caer por culpa de otro y, tocó la espalda de su gemela haciéndole perder equilibrio. Ella cae hacia delante y, en un acto impulsivo, la sostuvo contra su pecho.

Rostro apoyado en el pecho de su gemelo, ojos cerrados. Lo que recuerda es que caía hacia delante y ahora está apoyada contra algo suave y cálido. Poco a poco abre sus ojos. No bien se da cuenta de la situación y los abre completamente. – ¿Onii-chan? – alza la cabeza y lo que ve le impresiona. El rostro apacible de su hermano y esa mirada aliviada taladran su alma, le veía con ojos de ternura única e inigualable. El corazón de Asumi dio un repentino vuelco, pues lo siente latir tan fuerte como la potencia de un tambor. Agacha la cabeza y retrocede un par de pasos.

Escucha el sonar de la campana, indicando término del receso. – Regresemos. – dice Haruki, posando mano derecha sobre la cabeza de ella y se marcha.

Asumi se lleva las manos al pecho, pues no comprende el significado de ese repentino palpitar o quizás sí. – Hace un instante… ¿Qué fue eso? – siente sus manos temblorosas. – No lo entiendo. – su rostro ruboriza. – Me pregunto si no será el olor del shampoo de onii-chan. – está agitada.

Todo esto me ha puesto un poco nerviosa…

Abre sus ojos desmesuradamente. – ¿Yo? ¿Nerviosa? ¿Por culpa de onii-chan? – se pregunta inquieta. – Pero… ¿Por qué? – su corazón palpita cada vez más fuerte, tanto así que siente como si deseara salirse del pecho. – Cálmate… cálmate…– dice para sí misma mientras aprieta su pecho. – Cálmate…– sus mejillas se intensifican y las siente arder cada vez más intensa. Cierra sus ojos con fuerza. – Onii-chan…– echa un vistazo hacia la ventana. Parece un buen día.

Haruki, por su parte, de pie sobre el sexto escalón de las escaleras, cubre su sonrojado rostro con su mano derecha. – Eso me sorprendió y estuve cerca de…– susurra, consciente de lo ocurrido, más bien de lo que iba a hacerle. Besarla.

(*/*)


Jojojo! No sé si a ustedes les gustó, pero a mí sí y lo que viene en el próximo capítulo será más emocionante. Nos seguimos leyendo. Ahhh! Ya me olvidaba, gracias por seguir éste y otros escritos. Me mantendré actualizando, pero me tomará más tiempo Desenterrando el Pasado II porque las actualizaciones estaban en mi segunda laptop y la Bios dijo adiós. Hasta no repararla, no podré subirla pero haré lo posible de digitarla de nuevo.

Tal vez se preguntarán cuántas computadoras tengo jojojo, ya que si no es una es la otra. Gomennasai! (^,^)' Tengo dos laptops (una la uso para digitar y guardar archivos de mi profesión de Abogacía, y la segunda es para diseños gráficos porque estudio Agrimensura), y dos PC (una la tengo en casa y la segunda en mi oficina). Escribo en cualquiera que esté usando en ese momento. (*.*)' Pero prometo actualizar pronto.

Au Révoir!