10...
-Muy bien-. Dijo Jim, con una sensación de recelo por lo que iban a discutir. Para él, la mayoría de los asuntos ya habían sido tratados: se habían intercambiado disculpas y no parecía que Spock fuera a salir corriendo, y él sabía que, definitivamente, él tampoco planeaba salir corriendo...-¿Va a ser largo?- Preguntó, esperando contra toda esperanza, que no se tratase de ese 'momento antes la pared'. -Porque, tú sabes, probablemente debería lavarme...
Bueno, tal vez, estaba dándole largas, pero era una excusa válida...si su aliento olía la mitad de mal al gusto que tenía en la boca, era asombroso que Spock no haya migrado al rincón más lejano del cuarto. La mirada de Spock lo recorrió, y Jim creyó captar un dejo de disgusto en su expresión.
Auch.
-Por supuesto-. Aceptó su primer oficial. -Podemos continuar nuestra conversación una vez que hayas atendido tus necesidades.
Con una inclinación agradecida, Jim tomó su bolso y rápidamente entró a la habitación siguiente. Sus nervios hervían. ¿Realmente, Spock iba a… bueno, rechazarlo, más o menos? ¿Tal vez trataría de explicarle educadamente que él no tenía interés en una relación física con él? Mierda, eso sería humillante.
¿Quién, yo? No, no, pensó, mientras se lavaba, haciendo una mueca dolorosa a la cara desliñada, y vagamente enferma en el espejo. ¿Qué tú me atraes? Pssh. Eso es falso, te lo estás imaginando, completamente. Deber ser toda esa cosa loca en tu cabeza, sabes, esos cables cruzados...puede pasar...
…Sí. No había modo de que zafara de ésta, ¿y si se disculpaba? ¿Y si lo convencía de que estaba luchando contra eso, de que era capaz de resistir cualquier compulsión y que no lo molestaría? Porque, en verdad, lo hacía; al menos en eso podía ser honesto.
¿No era algo irónico que él debiera reprimirse a causa de un vulcano?
Jim suspiró, decidiendo que era mejor no pensar en eso, por ahora, en cambio, se concentró en sus tareas físicas. Cuando se encontraba en medio del bienvenido proceso de limpiar su boca, descubrió que, aparentemente, la pasta de dientes y el remedio andoriano para la resaca, no eran una buena combinación. Su lengua ardía. Escupió en el lavabo, y desesperadamente se lavó la boca con agua para aliviar la quemadura. Se ahogó, tosió y le sobrevino una desagradable ola de náuseas; rápidamente, se deshizo del contenido de su estómago. Vomitó algo efervescente, azul y alienígena, y aunque él no lo observó detenidamente, parecía retorcerse voluntariamente –lo que, no era un buen signo-, pero él había visto cosas más raras.
Realmente, Jim recién comenzó a sospechar que algo estaba muy mal, cuando inició la salida del baño y el mareo y el ardor empeoraron. Se sentía…mal; la piel fría, a pesar de la ducha caliente; las reacciones adormecidas e incoherentes. Cuando abrió la puerta, la palabra 'mareado' ni siquiera comenzaba a describir su estado; con un impulso, cayó hacia adelante, en la habitación contigua. Golpeó el suelo, con los dientes dolorosamente apretados y desorientado.
-¡Jim!- Escuchó que decía, Spock. La voz le sonaba extraña, como si hablara por un largo túnel.
-Nnrrngg- Respondió Jim. Trató de levantarse, pero el suelo se inclinaba desagradablemente, reconsideró el movimiento y decidió que era mejor quedarse quieto. Cerró los ojos con fuerza, y apretó los dientes, bajo otra ola de náuseas.
Con cuidado, un par de manos lo giraron, y no fue la mejor idea. Trató de manejar la desorientación que lo golpeó de lleno. Spock le preguntó algo; rápido, áspero, importante; pero él no pudo concentrarse en las palabras ni encontrar la presencia de ánimo para responderle. En cambio, envolvió los brazos alrededor de sí mismo, comenzó a quemarse por dentro: primero su boca, luego, rápidamenete, su garganta, su pecho, sus entrañas. Podía sentir el golpe sordo de su propio pulso, casi con exacerbada conciencia. Sin embargo, su piel seguía demasiado fría, una inevitable paradoja de sensaciones. Calor y frío. Tan simple como arriba y abajo, blanco y negro, izquierda y derecha. Humano y vulcano. La combinación le resultaba una yuxtaposición terrible, de una manera que parecía partirlo al medio o darlo vuelta, como a una media. Frío que quemaba y calor que paralizaba. Jadeó, desesperado, tratando de respirar.
Cuando perdió la conciencia, lo agradeció.
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Jim volvió en sí, y su primer pensamiento fue que alguien debió haberlo agarrado por los tobillos, girado y sacudido, con todas las fuerzas. ¿Se había peleado con un gigante?, se preguntó, desorientado. Qué mala idea. A la distancia, se las arregló para escuchar la voz de Spock. Sonaba enojado. Espero que Spock no se haya peleado con un gigante, pensó. Pero, de inmediato, decidió que no importaba, era probable que Spock ganara, de todos modos. A menos que el gigante fuera realmente muy, pero muy grande y no tuviera cuello; algo así como una enorme patata, tal vez, excepto que las patatas no tienen brazos, y el gigante necesitaría los brazos.
-Patatas con brazos-. Murmuró, para sí mismo. Luego rió, pero nada de eso sonó bien, porque tenía la boca y la garganta adormecidas.
La voz de Spock se detuvo; Jim se hubiese preocupado, pero comenzaba a sentirse un poquitito más ubicado, así que la amenza de la una patata gigante comenzaba a parecerle menos y menos posible. Trató de abrir los ojos; le tomó un minuto, y una vez que lo logró, inmediatamente los volvió a cerrar porque la luminosidad del cuarto le lastimó los ojos.
-¿Jim?- Preguntó Spock, esta vez, sonando mucho más cerca y más nítido. -¿Recuperaste la conciencia?
-No-. Replicó Jim, deseando que fuese cierto. Luego, porque seguía un tanto confundido y porque le pareció educado preguntar, agregó: -¿Y tú?
Hubo una pausa.
-La desorientación es un efecto secundario normal en este tipo de casos-. Insistió una voz desconocida, que sonó nerviosa y ansiosa. –Debería pasar en una hora, más o menos. Como ya le dije, él va a estar bien, señor Spock.
Curioso, Jim decidió intentarlo nuevamente, y abrió los ojos. Se las arregló para que uno se abriera apenitas -suficiente para vislumbrar la figura distintiva de Spock- y no mucho más. Era difícil de asegurarlo, pero parecía que su primer oficial estaba mirando a alguien con lo que Bones había nombrado, la 'asquerosa mirada vulcana', una expresión que Jim conocía, pues fue destinatario de unas cuantas.
-Dadas las circunstancias, no creo que mi escepticismo sea inmerecido-. Dijo Spock, en su tono de voz distante, frío y que decía: 'Yo soy mucho más inteligente que tú'. –Ya han demostrado que este centro no observa los protocolos y procedimientos con propiedad. A menos que usted tuviera la intención de envenenarlo, y en ese caso, el escepticismo sería una reacción insuficiente de mi parte.
Alguien tartamudeó y trató de articular alguna palabra; Jim se sintió un poco mal por quien sea el que recibía los 'gritos' de Spock. Pero, él también lo disfrutaba, porque era agradable ver a otro bajo fuego, aunque en verdad, no podía verlo. Trató de abrir el otro ojo, para ver mejor, pero la luz brillante aún le causaba problemas.
-¿Quién lo envenenó?- Preguntó Jim, confundido, con la sospecha de que ese 'quién', era él. Quién, él...Rimaba...Debería contarle a Spock. -Spock, escucha Spock, rima-. Se las arregló para decir, alegremente, antes de que alguien le contestara la pregunta. Trató de mirar en la dirección en que estaba su primer oficial.
Otra vez, hubo una larga pausa.
-Si no recobró sus facultades mentales en el lapso de una hora...
-¡Lo hará, lo hará!- Aseguró la voz desconocida. –Estamos haciendo algunos exámenes en este momento, para estar seguros; pero créame, señor Spock, su amigo estará bien. Estas cosas suceden …especialmente con jóvenes descuidados.
Otra pausa.
-Mm, obviamente, no me refiero a la inesperada reacción alérgica a la medicación. Nosotros tratamos de evitarlo en lo posible, pero fue un error honesto. La enfermera responsable será reprendida formalmente.
Oh, pensó Jim, Pobre enfermera. Las reprimendas formales son horrorosas. Él tuvo que reprender a un par, como capitán –una vez a un miembro del personal de seguridad que lo doblaba en edad, y otra vez a un oficial muy verde-, y siempre se sintió como un imbécil. –Debería dejar que lo haga Spock-. Le aconsejó a la dueña de la voz desconocida. –A veces, yo lo hago-. Probablemente eso no sea muy justo con Spock, pero él era mucho mejor en la materia, realmente. Las personas se sentían como si hubiesen quebrado las reglas cuando el medio vulcano las reprendía.
-Eso no sería apropiado, Jim-. Replicó Spock, y algo de dureza abandonó el tono de voz, retornando a su cadencia más familiar, más neutral, dirigida hacia él. –Yo no estoy en una posición de autoridad sobre el equipo médico de este hospital.
-Eso no lo detuvo, diez minutos atrás...- Murmuró la extraña, en voz baja.
Jim trató de mirarla, y sólo obtuvo una impresión borrosa de un uniforme médico y unos rasgos humanos. –Él puede oirla-. Le informó al globo que parecía una profesional; luego trató de levantar la mano para señalarse las orejas, pero por alguna razón, lo mejor que pudo hacer fue una especie de gesto desganado. Spock tenía buen oído, a causa de sus orejas vulcanas. A Jim le gustaban sus orejas, eran curvilíneas y puntiagudas; pero algo le indicaba que no debería decirlo en voz alta. No, era un secreto; como cuando Spock hablaba sobre los vulcanos, nunca decía él o yo, porque él era medio humano, pero quería ser un buen vulcano. Todo se arruinaría si ellos no fingieran que no se daban cuenta, no, así era mejor.
-Es un secreto-. Murmuró, para sí mismo, sin procesar las palabras que intercambiaban Spock y la extraña. De pronto, se oyó el sonido de unos pasos alejándose.
-¿Qué es un secreto, Jim?- Preguntó Spock.
Jim frunció el ceño; él no quería tener secretos con Spock, lo hacía sentirse mal. Pero no podía contárselo, eso sería peor; ¿tal vez podría contárselo al otro Spock? No, porque eso también sería malo, ¿y si el otro Jim guardaba el mismo secreto? Entonces estaría delatándolo, aunque el otro Spock delató a su Spock, así que tal vez así haría justicia...
La luz ya no lo lastimaba tanto; abrió los ojos completamente: Spock estaba a su lado, observándolo. -¿Tú crees que al yo que es el otro yo le agrada el otro tú, como tú me agradas a mí? Porque eso es mejor que si al yo que es el otro le agradaras tú como a mi, pero él está muerto, sería muy raro. A mi me gusta el otro tú, no de la misma manera que me gusta este tú, ¿tal vez sería diferente y no raro?- Preguntó, en una casi incomprensible chorrera de palabras. Parpadeó y recordó que que eso también era un secreto. Maldición. -Esperaunminuto. Olvídalo- Instruyó.
Spock elevó una ceja. Ese gesto le salía bien. Jim quería tocar esa ceja con su pulgar y recorrerla a lo largo de la línea oscura, pero no creía que Spock apreciara el impulso. Las cejas de Jim nunca se comportaban tan precisamente, eran unas desprolijas hijas de puta.
-Tal vez sería mejor que no hables-. Sugirió Spock. Probablemente, esa era una buena idea, por lo general, Spock las tenía...pero...
-Tú dijiste que teníamos que hablar más-. Arguyó. Aunque, por alguna razón, parecía que eso era malo. No podía recordar por qué...a él le divertía hablar con Spock.
-Si tus recuerdos recientes están volviendo, entonces es probable que no permanezcas mucho tiempo en silencio-. Respondió Spock en tono tranquilo. -Sin embargo, charlar contigo va a ser poco fructífero, hasta que puedas organizar tus pensamientos coherentemente.
-Ah...- Bueno, ese era el problema: Spock no quería hablar con Jim. -...Aah...bueno.
Bueno, igual estaba bien, le resultaba difícil que las palabras pasen por la garganta y la boca adormecidas. Algo le decía que la culpa la tenía la pasta de dientes, aunque no podía recordar si anteriormente la pasta de dientes lo había adormecido. ¿Tal vez la pasta de dientes estaba envenenada? Pero, ¿por qué la enfermera envenenaría su pasta de dientes? Eso no tenía ningún sentido. Podría preguntarle a Spock, pero Spock le pidió que no hable. ¿Tal vez podría usar lenguaje de señas?
Probablemente sería una buena idea si él supiera lenguaje de señas, y pudiera mover sus manos apropiadamente...y pudiera recordar qué era lo que quería preguntar, porque al parecer lo había olvidado, como un sueño al despertar.
-¿Los vulcanos saben hablar por señas?- Preguntó, y después recordó que se suponía que no debía hablar...Ay...
Spock inclinó la cabeza levemente, pero no protestó por la pregunta de Jim, y no pareció molestarse. En cambio, respondió, en un tono de voz bajo, tranquilo, de una manera que debería ser aburrida, pero no lo era. Realmente, de verdad, no lo era.
-Los vulcanos tienen muchos gestos complejos y señales; así que en algún sentido sí tenemos un lenguaje de señas, pero sería insuficiente para una comunicación detallada-. Explicó. Jim escuchaba mientras Spock trataba de describir y mostrarle varios gestos. La mayoría de la información pasó de largo por su cabeza, y en su estado borroso y adormecido no importaba tanto, como la cadencia gentil de la voz de Spock y la esbelta línea de sus dedos que se movían frente a Jim.
Un largo rato después, mientras observaba cómo Spock le explicaba varias posiciones de sus manos en la meditación, la niebla de su mente comenzó a disiparse completamente, y él comenzó a darse cuenta de su estado. Allí estaba, acostado en una cama de hospital, obvio. Parecía ser una especie de partición, una entre muchas, aunque sólo unas pocas estaban ocupadas. Ahora podía sentir los efectos del tratamiento médico: una extraña rigidez en los miembros, y reconoció que el adormecimiento en la boca, en la garganta y en el pecho había sido inducido. Experimentalmente, flexionó algunos de los dedos de la mano derecha, y descubrió que algo de su destreza también había vuelto.
Aún así, no quería interrumpir a Spock con preguntas más coherentes; para su sorpresa, el vulcano tenía un buen trato con el paciente, aunque poco ortodoxo.
El truco acabó pronto. -¿Jim?- Preguntó Spock, deteniéndose en medio de una demostración y clavándole una mirada observadora. -¿Recobraste la coherencia?
Maldición. Ah, bueno, suponía que no podía evitar el regreso a la realidad, tarde o temprano.
-Sí-. Confirmó. -Creo que sí.
Hubo una pausa. Spock esperó, a ver si algo más salía de su boca; cuando no pasó nada, se relajó de una manera muy sutil.
-Y entonces, ¿qué me pasó?- Preguntó Jim, aunque lo sospechaba.
Spock lo miró. -Ingeriste una sustancia desconocida y luego intentaste remover los residuos con otra sustancia incompatible, eso creó una reacción química adversa que podría haber disuelto la mayor parte de tu sistema digestivo si no se trataba. Yo busqué ayuda médica para prevenirlo. Una de las enfermeras, entonces, mostró su falta de competencia administrándote una medicación que previamente había sido catalogada como inadecuada para ti. Casi tienes una falla cardíaca-. Explicó Spock, con la voz invariable y directo al punto; además, volvió a ponerse rígido.
-Mm- Respondió Jim, pasándose la lengua por el interior de la boca. Bueno, no parecía que hubiera perdido nada, ese era un buen signo. -¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
-Una hora y treinta y ocho minutos.
-¡Ey, no fue tan malo!- Declaró Jim, alegremente, agradecido porque no había perdido un día; hacía mucho tiempo que le había pasado lo mismo y no era una experiencia para recordar.
-Mi valoración de la situación difiere de la tuya-. Replicó Spock, luciendo para nada impresionado y bordeando la frustración.
Viendo que se avecinaba una tormenta, Jim retrocedió con admirable diplomacia. -Sólo quise decir que podría haber sido peor-. Volvió a construir la frase. No le complacía haber caído desmayado, -casi derritiéndose en parte-, hasta el punto de preferir quedarse con lo que no pasó en vez de con la idea de lo que podría haber pasado.
Spock apoyó una mano en el material sólido del jergón. -Jim…- Dijo...y eso fue todo, su voz se apagó, incapaz de seguir, vaya a saber por qué razón. Jim se dijo a sí mismo que no encontraba tan atrapante la mirada intensa de esos fríos ojos cafés.
Pero, de verdad, a Jim le gustaba el café.
Por supuesto, eso era algo irrelevante, que no venía al caso, ni remotamente.
Jim se sintió casi aliviado cuando la médica regresó e interrumpió la escena. Se dejó distraer por entero, mientras soportaba el siempre incómodo proceso del examen médico, observando la luz suave del tricodificador, mientras ella comparaba los resultados de unos cuantos exámenes que le habían sido tomados mientras él estuvo inconsciente. Técnicamente, el examen no era incómodo, pero a él siempre le resultaba raro pensar en que lo evaluaban completamente, y desde muy pequeño evitaba los tricodificadores.
-¿Cómo está su garganta?- Preguntó la médica.
-No la siento-. Respondió Jim, con honestidad. Ante la mirada impasiva, él corrigió. -Adormecida-. Luego miró a Spock. -¿Por qué nadie se ríe de mis bromas cuando estoy en algún centro médico?
-Yo no me río de tus bromas, sin importar nuestra ubicación, Jim-. Apuntó, razonablemente.
-Yo tomo mi trabajo con seriedad-. Ofreció la doctora, en un tono profesional.
Jim puso los ojos en blanco. Así que ese era el problema: la audiencia; excepto que Spock sí se reía, a su modo, en un manera 'es gracioso pero trato de no demostrarlo'; sus ojos reían. Claro que Jim jamás se lo diría, sonaría como una desesperada línea para ligárselo. ¿Cuántas veces halagó los ojos de una chica con esa intención? Tal vez, ésta era una extraña forma de venganza divina.
Spock no tiene bellos ojos, se dijo a sí mismo. Ni bellas orejas, ni bellas manos...ni piernas agradables, ni bella piel...y no me gusta el color verde, y no tuve debilidad por seres verdes en el pasado.
Ajá. Parecía que mentirse a sí mismo no ayudaba mucho.
Spock es mi amigo.
Así era. Jim giró hacia Spock, una vez que sus controles terminaron, y le sonrió. -Qué interesante-, dijo; -así que ahora aprendimos que los remedios andorianos para la resaca y la pasta de dientes son una combinación letal (¡!). Es bueno saberlo.
-¿Eso fue lo que tomaste?- Preguntó Spock, y sus cejas se elevaron levemente. La doctora los despidió, aconsejándole a Jim que bebiera mucha agua y se reportara a un centro médico si sentía ardor en la garganta o en el pecho.
Con cuidado, Jim se deslizó de la cama, evitando los movimientos rápidos, al menos hasta que la cabeza dejara de darle vueltas. Después de un breve momento de desorientación, descubrió que podía pararse y caminar sin problemas.
-Sí-. Confirmó. -La conserje me lo dió; estoy casi seguro que ella no sabía nada de la pasta de dientes-. Al parecer, Jim le agradaba, le había conseguido un vehículo, y eso la descalificaba como una 'asesina potencial'.
-Jim, el sistema digestivo andoriano y su metabolismo, son muy distintos a los humanos-. Dijo Spock, mirándolo con una expresión que sugería: '¿cómo sobreviviste hasta la adultez?'
Jim se encogió de hombros. -¿Ves? Ahora aprendí algo más. Al final, todo salió bien.
-Tu frivolidad al considerar tu bienestar es inapropiada-. Insistió Spock, sin espetárselo, sino como si resistiera la necesidad de hacerlo. -Tú eres un capitán ahora, no eres fácilmente reemplazable. Varias veces tú me recordaste mi obligación para con la Flota Espacial, ahora debo recordarte tu deber: tu salud y seguridad son importantes. Debo pedirte que te esfuerces, al menos para usar el sentido común, y evitar la ingesta de sustancias desconocidas. Creo que la mayoría de los humanos aprenden que eso es muy poco recomendable alrededor de los tres años.
Jim dio un respingo. -Pero...mi cabeza me dolía...realmente, me dolía...- Dijo, en voz muy baja. Spock lo miró y entonces pareció ablandarse un poquito, sutilmente, y algo de la tensión de su figura y de sus ojos, cedió.
Caminaron en silencio por un rato, Jim no quería comprobar el actual nivel de control de Spock, y Spock lucía como si estuviese a un millón de millas de allí. Estaban tranquilos.
Jim recordó el vehículo.
-Ah, cierto-. Dijo, en voz alta, haciendo chasquear los dedos. -Hay un bloc de datos que llevé a nuestra habitación, tiene los códigos de acceso a un vehículo privado. Nos lo consiguió la conserje; pensé que sería una mejor idea que tomar el transbordador.
Spock lo miró. -¿La misma conserje que te envenenó?- Confirmó.
Jim asintió, alegremente. -Seguro, pero técnicamente, sólo me dio la mitad del veneno.
Eso no pareció apaciguar mucho a Spock, que tenía el aspecto de alguien que acababa de descubrir que Santa Claus y Hitler eran la misma persona. Y como era de esperarse en semejante situación, lo malo sobrepasó a lo bueno por un amplio margen.
-Eso fue...servicial de su parte-. Dijo, finalmente. -Pero, creo que sería mejor para nosotros, tomar el transbordador. Sólo nos quedan dos días completos de vacaciones y la nave será sustancialmente más rápida.
Jim frunció el ceño, un tanto decepcionado porque Spock rechazaba su brillante plan de 'vayamos conduciendo hasta allí'. -Bueno, ¿y cuál es el apuro?- Inquirió, preguntándose de esa manera horrible y molesta, si acaso su primer oficial no quería estar con él a solas en un automóvil por un considerable período de tiempo.
El paso equilibrado, típico de Spock, vaciló un momento, antes de volver a la normalidad. -Sería prudente regresar a la base de la Flota Espacial lo más pronto posible...Yo...quise discutirlo contigo, más temprano...antes de tu emergencia médica.
Ah.
Mierda.
Así que no quería estar metido en un automóvil con él. Era eso. Esa era la gran discusión, la parte en que Spock le decía que él había notado lo que él Jim sentía y, ciertamente, no le correspondía.
-Mi estabilidad mental no está garantizada-. Dijo Spock, sorprendiendo a Jim, porque él, realmente no esperaba que comenzara con ese tema. -Hasta que sea capaz de conseguir un razonable nivel de control de mis emociones, soy peligroso. Tú me dejaste claro que pretendes seguir en mi compañía, a pesar de lo desaconsejable de esa acción...y considerando esos factores, te solicito que te armes en mi presencia-. Explicó, como si fuera el camino más razonable.
Jim se quedó mirándolo con la boca abierta.
-Será simple conseguirte un phaser adecuado, legalmente, una vez que lleguemos a las instalaciones de la Flota Espacial-. Continuó Spock. -Hasta entonces, tendrás pocas maneras de defenderte si yo pierdo el dominio de mis emociones. Es un período de tiempo peligroso, y sería lógico acortarlo lo más posible.
Hablaba en serio, ciento por ciento, absolutamente. Lo que no debería sorprender a Jim. Spock, realmente, no era del tipo de 'te atrapé'; pero Jim tenía enormes dificultades para reconciliarse con las palabras que acababan de salir de su boca.
-¿Quieres que me arme?- Pidió que se lo aclare.
Spock asintió con una ligera inclinación.
-¿Contra ti?
-Es lógico-. Repitió.
-Yo no quiero dispararte, Spock-. Objetó Jim, con la certeza de que en medio de la multitud de conflictivos impulsos que tenía, al menos eso era algo seguro. Luchaba contra la urgencia de hacerle un montón de cosas muy distintas, a Spock, y un phaser no estaba presente en ninguna de ellas.
Hubo algo parecido a un silencio incómodo después de esa afirmación, Jim se dio cuenta del énfasis que había puesto en 'dispararte', dejando abierta la posibilidad de que había otra cosa que le gustaría hacerle a Spock. Se aclaró la graganta y miró a su primer oficial, cuya mirada estaba fija en algún punto distante y para nada en Jim.
Pero él no quería, en verdad, hacerle...bueno, sí quería...pero ya se le pasaría porque podía encontrar con bastante facilidad, gente atractiva con quienes hacerlo... ¿Pero, encontrar otro Spock? Muy poco probable.
-Yo soy consciente de tu preferencia por las soluciones no violentas-. Le informó Spock, rígidamente, después de un minuto. -Además, me esforzaré para no ponerte en la posición de tener que dispararme. Será una mera precaución.
Jim hizo una pausa, debatiendo consigo mismo. En primer lugar, porque todo esto era raro, pero había algo de sentido en tener la posibilidad de someter a Spock, en un sentido mórbido...en segundo lugar, porque nunca nadie había afirmado que él prefería 'soluciones no violentas'. No creyó que alguien lo notara; los ojos de Spock se dirigieron hacia él por un instante.
-Me...ayudaría...a mantener la concentración-. Agregó, con algo de incomodidad.
La mirada de Jim se clavó en él. -¿Qué?- Preguntó, sin comprender cómo un phaser podía ayudarlo a meditar.
Spock explicó. -Si tú estás armado, entonces yo no tendré que preocuparme porque mis fallas resulten en consecuencias excesivamente negativas, como el innecesario estrangulamiento de un asaltante. Es importante que intente minimizar el número de emociones a las que soy susceptible, hasta que mis prácticas de meditación sean más estables.
Jim reflexionó.
-Entonces...en otras palabras, si yo tengo un phaser, ¿ tú no necesitarás preocuparte tanto?
Hubo otra pausa.
-La preocupación es una emoción-, replicó Spock, en un tono que decía 'sí, exactamente, así que cállate ahora'.
Obedientemente, Jim dejó el tema. Siguió un silencio contemplativo entre ambos, aún incómodo, hasta que llegaron a la estación de transporte cercana al hospital y tomaron una nave de vuelta al alojamiento para viajeros. Rodeado de muchas personas, Spock se tensó visiblemente, poniéndose rígido como Jim no lo había visto jamás. Una pequeñísima gota de sudor apareció en su sien; ese fue el único signo visible de estrés.
-Muy bien-, dijo Jim, al final, después de desembarcar.
Spock lo miró, inquisitivamente.
-Comenzaré a armarme-. Explicó, no del todo seguro de las emociones que pasaron velozmente por los ojos de su primer oficial. -Pero...- Agregó, levantando la mano para adelantarse a cualquier idea de que allí terminaba todo. -Tomaremos el automóvil.
Los labios de Spock, por un momento, se curvaron hacia abajo. -Un vehículo de ese tipo nos llevará a San Francisco, por lo menos en un día-. Apuntó, con desaprobación.
Alegrándose un poco, Jim le sonrió, amplia y encantadoramente y le guiñó un ojo.
-Sólo piensas así porque nunca viajaste conmigo conduciendo-. Luego, se preguntó porqué las orejas de su primer oficial se tornaron un poco más verdes de lo habitual.
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