Capítulo 9.

La batalla terminó al cabo de más de tres horas, y Silvain en ningún momento había aparecido. Aunque en ese momento Izuki sólo pensaba en las cosas que había descubierto que no habían llegado a salir en la caricatura; como el hecho de que Keiko había entrenado con Genkai en el tiempo que Yuske estuviera ausente y era toda una experta manejando la energía en su estado puro, podía hacer de todo, desde usarla para dar un golpe, crear escudos, hasta curar. Genkai les ayudaba en lo que podía, aún habiendo cedido sus poderes a Yuske. Botan y Yukina se tenían que quedar dentro del templo, pero en cuanto los demás entraban estaban listas para usar sus poderes curativos.

Aunque en esa ocasión a la que no dejaban de molestar era precisamente a Izuki; en especial Yuske, él parecía estar demasiado asombrado con las habilidades que había demostrado Izuki como para dejarla en paz tan fácilmente.

-Te lo advierto Yuske. –le dijo Izuki cuando finalmente se hartó. –Si no dejas de molestarme en éste instante te voy a tirar de las escaleras del templo tan duro que si regresas en dos horas será un milagro.

-Como si fueras capaz de eso… -murmuró Yuske acercándose a ella.

-Yo retrocedería si fuera tú detective. –para sorpresa de todos los presentes fue Hiei quien hizo la advertencia.

-Escucha a Hiei. –le aconsejó Izuki. –Él sabe de lo que estoy hablando.

-Pero ella no se atrevería a hacerle eso a Yuske, digo, él es el líder del Reikai Tantei… -comentó Keiko, tratando de defender a su novio.

-Yo no estoy seguro… -murmuró Kurama. –Considerando lo que le hizo a Hiei el día que apareció en la puerta de la casa.

Esto llamó la atención de prácticamente todos, aún en la semana que había pasado ni Hiei ni Kurama habían querido revelar más que sólo lo esencial de lo que había sucedido durante su estadía en el mundo de las dos chicas. Aunque sospechaban que algo había sucedido en ese tiempo, algo grande.

Justo en ese momento Yuske trató de tocar a Izuki, finalmente colmándole la paciencia a ella; ni siquiera tuvo tiempo de gritar cuando con un violento movimiento Izuki lo mandó directo a las escaleras, de donde lo escucharon caer duramente.

-Él será lo que quieran pero no es mi jefe. –dijo Izuki recalcando las últimas dos palabras. –No tiene autoridad alguna sobre mí.

-También una vez le dijiste a Hiei que no tenía autoridad sobre ti. –comentó Kurama. -¿Hay alguien que la tenga?

-Sólo una. –respondió Izuki sin dudar ni un instante. –Silvain.

-Hablando de ella¿no se suponía que nos iba a ayudar con sus flechas? –preguntó Genkai.

Fue justo en ese momento que llegaron al interior del templo. Yukina de inmediato fue a curar las heridas leves de Kuwabara, mientras Botan reía divertida al oír de la boca de Keiko lo que había pasado con Yuske.

-Botan. –llamó Izuki. -¿Dónde está Silvain?

-Ahora que lo mencionas, no la he visto. –dijo Botan pensativa. –Lo último que supe fue que fue a su habitación, pero nunca salió. Creí que quizá había salido por alguna ventana para ayudarlos o algo así.

Los demás negaron con la cabeza.

-¡Maldición! –exclamó Izuki y echó a correr al interior del templo.

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Cuando Izuki ingresó en la habitación Silvain aún estaba en el suelo, sentada sobre sus talones y completamente doblada con la cara al suelo, no dejaba de llorar las mismas tres palabras una y otra vez:

-En Siete Días…Siete Días…

-¿En siete días qué onee-san? –preguntó Izuki muy preocupada.

La voz de Izuki pareció finalmente hacer reaccionar a Silvain, al menos lo suficiente para que la chica de ojos azul-verde alzara la cabeza para ver a Izuki, quien no pudo menos que sentir como si un gran peso hubiera caído sobre su espalda en ese momento, el cual sólo se afianzó aún más a ella con lo que le dijo Silvain después.

-El Destino… -respondió Silvain en un murmullo.

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Esa noche todos estaban cenando, o mejor dicho todos excepto las dos 'invitadas de otro mundo', que por alguna razón no habían salido del cuarto desde que Izuki fuera a buscar a Silvain, justo después de la batalla.

-¿No debería alguien hablarles? –preguntó Yukina preocupada. –Quizá tengan hambre.

-Pues si tienen entonces ni eso las está haciendo salir de esa habitación. –dijo Botan llegando. –Estuve tocando en su puerta y llamándolas por casi diez minutos, lo único que obtuve fue un: 'Ahora no Botan.' Y 'Estamos cansadas, queremos descansar.'

-Quizá dicen la verdad. –opinó Keiko. –Después de todo Izuki gastó mucha energía en la batalla, y quizá Silvain no se siente todavía del todo recuperada.

-Yo también creería eso si no fuera por el tono en que hablaron. –dijo Botan. –Sonaban casi como si llevaran mucho tiempo deprimidas, llorando.

-Quizá extrañan su hogar. –sugirió Kuwabara.

-¿Si fuera sólo eso no crees que se hubieran deprimido en el transcurso de la semana? –preguntó Botan.

-Hn. –murmuró Hiei desde una esquina. –Se preocupan demasiado por las onnas.

-¿Qué tiene de malo preocuparnos por ellas? –preguntó Keiko. –Son nuestras amigas.

-Ni siquiera las conocen. –puntualizó Hiei.

-No, no las conocemos mucho, pero nos caen bien. –dijo Keiko seriamente. –Lo que yo me pregunto es cómo te aguantaron a ti en su casa. Digo, tan sólo por esa atención que tuvieron deberías preocuparte tú también por ellas¿no?

-Eso es algo ridículo. –replicó Hiei.

-Se llama gratitud Hiei. –le dijo Keiko seriamente. –Está junto a un par de cosas llamadas amor y amistad; aunque yo dudo que conozcas alguno de los tres.

Eso fue suficiente, Hiei le lanzó un par de palillos con suficiente energía para convertirlos en pequeñas navajas, aunque ella ni se inmutó, simplemente se movió ligeramente hacia un lado y luego hacia el otro, esquivando ambos tranquilamente.

Hiei gruñó por lo bajo y sin una sola palabra más salió de la habitación.

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Al día siguiente Izuki y Silvain finalmente salieron de la habitación aunque había algo en su humor, parecía algo sombrío.

Izuki no tardó en desaparecer en la espesura del bosque, bajo la excusa de que quería estar sola y además tenía que entrenar para así estar lista para la próxima batalla.

Silvain había obtenido el permiso de Genkai para hacer flechas nuevas de algunas ramas de los árboles.

En cierto momento Botan se le había acercado con la excusa de ayudarla, pero Silvain no había tardado en persuadirla de que se marchara.

Silvain estaba para frente a un árbol murmurando algunos rezos en un idioma antiguo, tras un rato hizo una caravana y después procedió a cortar una de las ramas del árbol con un hacha que le prestara Genkai. Luego procedió a repetir los rezos, la caravana y finalmente se sentó y con una navaja procedió a trabajar con la rama para crear las flechas.

-¿Siempre rezas cuando vas a cortar la rama de un árbol? –preguntó una voz acercándosele.

Silvain alzó el rostro apenas lo suficiente para reconocer la presencia de Genkai y después volvió a lo que estaba haciendo.

-Siempre he pensado que todos los seres vivos, las plantas incluidas, tienen alma, tienen vida y derecho a vivirla. Nada me parece más justo que presentar mis respetos cuando me ayudan al brindarme los tan necesarios materiales para mis armas. –replicó Silvain con sencillez.

-¿Y si por alguna razón el árbol se niega a darte los materiales? –preguntó Genkai. -¿Cómo sabrías que no te quiere ayudar¿O igual lo tomarías?

-Si el árbol no quisiera ayudarme, yo simplemente no podría cortar la rama. –le respondió Silvain sin llegar a perder el ritmo en lo que hacía. –Como Izuki bien les dijo ya, yo no resalto precisamente por mi fuerza física, a diferencia de ella; si el árbol no quisiera cooperar de ninguna manera podría yo cortar las ramas.

-Ya había sospechado que había algo diferente en ti. –comentó Genkai observando a Silvain atentamente. –Cuando hablaron de tus 'presentimientos', el simple hecho de que hayas podido sobrevivir a una herida como la que sufriste justo antes de llegar aquí, lo que ahora haces con los árboles; y especialmente algo que me dijo Botan, de que le habías transmitido un fuerte sentimiento de tristeza y dolor cuando sus ojos se habían encontrado. Todo lo confirma.

-¿Puedo saber qué es lo que todo eso le confirma?

-Tú no eres una ningen; al menos no por completo.

-No, no lo soy.

-¿Qué eres entonces?

-Eso es algo que no puedo decirle. No es el momento, no aún.

Y eso fue lo más que Genkai logró sacarle a la chica.

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Por otro lado, en un claro del bosque Izuki practicaba movimientos de diversas disciplinas de las artes marciales y las combinaba con el manejo de sus sais.

-Luchar, siempre luchar. –se repetía ella como un mantra. –Mientras haya sangre en mis venas y voluntad en mi espíritu, nunca dejaré de luchar.

Izuki siguió sus movimientos con el mismo ritmo hasta que sorpresivamente escuchó un golpe metálico y notó que sus sais habían chocado con algo. Fue entonces que se percató que ahí frente a ella se encontraba Hiei, su espada en mano, y era ésta la que estaba bloqueando las sais de Izuki.

-Así que por fin decidieron tu hermana y tú dejar de esconderse del mundo. –comentó Hiei empujando las sais de ella con un brusco movimiento.

-Cállate Hiei. –dijo Izuki agitando las sais contra él, molesta.

-¿Por qué? –preguntó él al tiempo que bloqueaba el ataque de ella. -¿Te molesta que te recuerde tus debilidades shoujo?

-No tienes idea de quien soy Hiei, no me conoces, no te atrevas a hablarme de debilidades. –replicó Izuki atacando repetidamente, sus ataques aumentando su fuerza al tiempo que su furia también aumentaba.

-Yo sólo digo lo que veo shoujo. –le replicó Hiei bloqueando todos los ataques de ella y sin aparentes dificultades.

-¿Y qué es lo que ves? –los ataques siguieron, pero no tenían efecto alguno.

-A una baka shoujo que se contradice a sí misma. Que un día muestra el mayor autocontrol y poder que he visto en una ningen al momento de enfrentar a un ejército de youkais, aún siendo la primera vez que lo hace; y unos días después va y se encierra en su cuarto a llorar toda la noche. –Hiei sólo desviaba los ataques de ella, sin molestarse por contraatacar.

-¿Cómo sabes eso? –preguntó Izuki, deteniendo sus movimientos por un momento.

-El que no pueda leer la mente de ustedes dos no significa que no pueda oír sus sollozos y gemidos desde los árboles. –respondió Hiei como si nada. –Después de todo, aún tengo los sentidos de un youkai.

-Lo que oíste, o crees que oíste, significa nada. –dijo ella volviendo al ataque

-¿En serio¿Entonces por qué percibo éste coraje cuando me atacas? No eres buena para ocultar tus emociones shoujo.

-No tienes idea de lo que me pasa. –dijo Izuki, harta, tirando las sais al suelo. –No me entiendes, no me conoces. ¡No hables como si supieras lo que estoy sintiendo!

-¿Entonces por qué no me lo dices?

-¿Qué…? –La pregunta fue tan inesperada que Izuki estuvo a punto de caer al suelo.

-¿Por qué no me dices qué es lo que te pasa que aún sin poder leer tu mente siento que te estás volviendo loca a ti misma? –insistió Hiei parándose frente a ella, su espada también había quedado olvidada atrás.

-No lo entenderías. –dijo Izuki mirando hacia otro lado, por alguna razón el tener a Hiei tan cerca la ponía demasiado nerviosa.

-Pruébame. –insistió Hiei sujetándola del brazo.

Izuki respiró profundo, tratando de convocar la energía necesaria para lo que iba a decir, sabía que era una locura, pero no quería mentirle a Hiei, no creía poder hacerlo de todos modos.

-¿Qué harías si para poder salvar a todos los que te rodean te dijeran que tienes que matar a la persona a quien más quieres? –preguntó Izuki.

-Les diría a todos los demás que se cuiden solos y me dejen en paz. –replicó Hiei en un tono neutral, al tiempo que se preguntaba si hablaba en serio.

-¡Hiei! –exclamó Izuki. –Sabía que era una tontería tratar de razonar esto contigo, no lo entiendes, es imposible que…

Izuki trató de marcharse, pero la manera en que la sujetaba Hiei la detuvo.

-Quizá no te agrade como suena. –le dijo Hiei con calma. –Pero es lo más lógico. Si realmente me conoces tan bien como has asegurado debes saber que yo jamás levantaría un solo dedo contra Kurama, Yuske, o incluso Kuwabaka, por muy mal que me puedan caer a veces; mucho menos contra mi hermana.

-Hiei… -Izuki no sabía qué replicar.

-La pregunta aquí debería ser¿Por qué eres tú la que tiene que sacrificar algo¿Por qué eres tú quien debe cargar con esa responsabilidad?

-Porque es el destino. Así está escrito.

-También estaba escrito que el 'Niño Prohibido' sería desterrado y moriría en la soledad; y si no moría aún así estaría condenado a vivir entre el odio y el rechazo por siempre. Sin embargo aquí estoy, cuidando a mi hermana desde las sombras, ayudando a un grupo que por increíble que parezca puedo considerar como amigos, y tratando de consolar a una baka shoujo que insiste en preocuparse por todo el mundo antes que por sí misma.

Izuki hubiera querido replicar algo, hacer algún gesto al menos, pero el tono de voz tan suave y hasta en cierta forma 'cariñoso' que Hiei había usado para expresarse la había dejado simplemente sin palabras.

-Pero… -comenzó Izuki.

-Sin 'peros' shoujo. –la interrumpió Hiei. –Deja de poner al mundo entero primero siempre; sé egoísta por una vez en tu vida y piensa en ti. Olvida el destino o cualquier otra cosa que te hayan dicho, nosotros nos podemos cuidar por nosotros mismos.

-Oh Hiei… -murmuró Izuki abrazándolo.

Sorprendentemente Hiei no se apartó de ella, sino que correspondió al abrazo, un poco vacilante al principio y más seguro al final.

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En los siguientes días Izuki pasó mucho tiempo con Hiei, unas veces entrenando juntos; otras tantas ella sentada al pie de un árbol y él en la rama más baja de éste, se ponían a platicar de cualquier cosa. Aunque nunca se volvió a mencionar la conversación que tuvieran esa primera tarde que entrenaran juntos. Era como algún silencioso acuerdo entre ellos, se llevaban de maravilla, como si hubieran sido los mejores amigos desde siempre, tras unos días llegaron a contarse toda la historia de sus vidas, pero ese tema específico estaba vetado.

Quizá en otras circunstancias Silvain se hubiera percatado de lo que sucedía entre los dos, los hubiera molestado al respecto por un par de días y finalmente hubiera felicitado a su hermana al mismo tiempo que le advertía al youkai de fuego que por ningún motivo se le fuera a ocurrir lastimar a Izuki; porque tan sólo el pensarlo le costaría más que su vida.

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Una semana más tarde Silvain estaba sentada recargada en un árbol poniéndole las puntas de metal a las flechas que había hecho. Las puntas se las había conseguido Genkai con un viejo conocido suyo que hacía armas. La maestra aún no se rendía y seguía tratando de averiguar quien era exactamente esa chica de ojos azul-verde, pero no había obtenido más información que la de aquel día.

Estuvo trabajando por un par de horas, hasta que ya tenía treinta flechas listas; las plumas se las había conseguido Yukina, de las plumas que dejaban caer los pájaros con los que ella se había encariñado ahí en el templo.

-Parece que ya estás lista. –comentó Kurama acercándose a ella.

-Eso parece. –asintió Silvain observando las flechas terminadas. –Aunque me temo que en una verdadera batalla treinta flechas realmente no lograran mucho.

-Treinta flechas pueden llegar a matar el mismo número de youkai. –remarcó Kurama. –En especial con la puntería que tú tienes.

-No si se trata de youkais poderosos. –replicó Silvain. –Conozco mis limitaciones Kurama, he vivido lidiando con ellas toda mi vida.

-Sabes Silvain, a veces me parece que le pones demasiada atención a tus limitaciones; cuando en lo que deberías de pensar es en todas las cualidades que tienes.

-¿De qué hablas?

-Desde que te conozco en más de una ocasión has repetido el hecho de que no tienes habilidad física, ni en el manejo de armas. Pero pareces olvidar todas las cosas buenas que tienes, tu inteligencia, tu dulzura, tu compasión; eres una persona muy hermosa, por dentro y por fuera, pero pareciera que tú misma no te das cuenta.

Silvain estaba tratando de pensar algo que contestar cuando fueron interrumpidos por Botan. Silvain no sabía si agradecerle o gritarle que era una inoportuna.

-¡Adivinen qué! –exclamó la chica de cabello azul con su usual ánimo.

-¿Qué sucede Botan? –preguntó Silvain.

-Hay un festival esta noche en el templo Mirai, dicen que va a estar muy bonito. –dijo Botan. –Hay que ir todos.

-Pues no sé. –dijo Silvain. –Nunca he ido a un festival.

-Te gustará. –le aseguró Kurama. –Creo que así tendremos todos la oportunidad de relajarnos un poco, hemos estado muy tensos últimamente.

Silvain tuvo que coincidir con eso.

-De acuerdo. –dijo ella finalmente. -¿Por qué no?

-Pues entonces vamos ya. –dijo Botan tomando a Silvain de la mano y jalándola. –Disculpa Kurama pero me la voy a tener que llevar por un rato. –volteó a ver a Silvain. –Ahora tenemos que encontrar a Izuki, y luego nos veremos con las demás en casa de Keiko.

-¿Por qué tanta movilización? –preguntó Silvain aún mientras seguía a Botan.

-¿Cómo que por qué? –preguntó Botan sin dejar de moverse. –Pues les tenemos que conseguir los más hermosos kimonos.

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Tardaron alrededor de una hora en encontrar a Izuki, y después alrededor de quince minutos en convencerla de ir al templo, ella se la pasaba insistiendo que el enemigo podía atacar en cualquier momento y el sitio de un festival no era precisamente el lugar más recomendable para que una batalla como la que ellos esperaban se desencadenara.

De hecho, y para gran sorpresa y hasta confusión de la Diosa de la Muerte, fue Hiei quien al final logró convencer a Izuki de que lo del festival no era tan mala idea. Algo de que 'habían estado entrenando demasiado últimamente' y que 'fuera egoísta por una vez en su vida'. Por alguna razón esas frases habían sido suficientes para que Izuki aceptara seguir a Botan y Silvain a casa de Keiko.

Una vez en casa de Keiko ellas pasaron cerca de dos horas repasando uno tras otro todos los kimonos que ella, Botan y Shizuru tenían. Y finalmente las chicas hicieron sus elecciones.

El de Keiko era amarillo oscuro con un diseño de lirios y un obi naranja, su cabello castaño largo lo tenía sujeto en dos trenzas recogidas atrás. Shizuru eligió un kimono beige con un sencillo diseño de trigo al viento y obi marrón, su cabello en una trenza francesa. Botan usó un kimono lila con pétalos de cerezo blancos y rosas flotando y un obi púrpura, su cabello en dos coletas. Yukina vestía uno verde mar con pequeños delfines estampados y un obi azul, su cabello recogido con una pinza. Izuki se decidió por un kimono negro con un estampado de estrellas plateadas y un obi que combinaba plateado con dorado, su cabello en una coleta alta. Silvain optó por uno parecido al de su hermana, excepto que era blanco, con las estrellas en dorado y un obi idéntico, su cabello sujeto hacia atrás con unos pasadores.

Los chicos estaban en la planta baja de la casa de los Yukimura, la parte que conformaba el restaurante, esperando a que las chicas bajaran.

Yuske y Kuwabara llevaban jeans, zapatos negros y playeras polo sencillas, el primero verde oscuro y el segundo azul marino. Hiei llevaba un pantalón y camisa negros, encima una túnica de cuello redondo y sin mangas color gris con la orilla en plateado que Kurama de alguna manera lo había convencido de usar, su banda blanca igual que siempre. Mientras que Kurama vestía algo muy diferente a lo que usaba normalmente: un pantalón y una camisa de botones sin mangas, ambos en blanco, con las orillas y los botones en dorado, así como un cinto que parecía combinar el dorado con platinado, su cabello suelto.

-¿Cuánto más se irán a tardar las chicas? –preguntó Yuske aburrido.

-Calma, Yuske. –le dijo Kurama volteando a la escalera. –Ya verás que la espera…

Todos voltearon a ver que era lo que había dejado a Kurama mudo, y no pudieron menos que coincidir, incluso Hiei se había quedado sin palabras ante la imagen que se les presentaba.

-…vale la pena… -finalizó Kurama.


Y éste fanfic está llegando a la recta final! Espero que les guste lo que tengo planeado para el enfrentamiento final: una batalla complicada, y finalmente todos los secretos de Izuki y Silvain revelados. (Las cosas no son lo que parecen).

No olviden dejar review y prepárense. Les aseguro que lo que viene no se lo esperan.