Hola, hola! si! volví rápido, no se pueden quejar (?). O sí, si quieren. Quiero agradecer por los reviews que recibí en el anterior. Me alegro que les haya gustado el beso 1. jeje Sobre todo esos comentarios que me ayudan a ordenarme para lo que viene. Gracias de verdad!

Ahora sin aburrirlos más con mis cositas, les dejo el capítulo. Espero que este tambien les guste. Nos leemos abajo.

Desde que te vi

Capítulo 10

Un día especial

Me vuelvo loco, loco, nena, me vuelvo loco

Me encandilas

Y luego te vas

Sí, me vuelves, loco, loco, loco por ti, nena.

Harry y Ginny salieron del ascensor. Tal como Harry había pronosticado el parquímetro de PotterAndPotions, los esperaban varias personas, con expresión preocupada. Draco, Neville, Seamus, Hermione y la recepcionista llamada Myriam Rogers. Para sorpresa de Harry, también estaba Ron, pero Ginny no se asombró de verlo allí.

-¡Qué suerte que estén bien! – dijo Hermione preocupada, abrazándolos.

-¡Amigo, nos preocupamos por ti! –Neville le palmeó el hombro.

-No exageren –Dijo Harry incómodo. Estaba nervioso, como si el resto pudiese saber que él y Ginny habían estado besándose impunemente segundos antes.- Sólo fueron unos minutos. ¿Qué paso con el ascensor?

-Hubo un desperfecto con la magia, pero ya está solucionado…-informó Draco, quién parecía divertido con esa escena que presenciaba.

-¿Qué haces aquí, Ron? – musitó Harry mirando a su hermano.

-Es su trabajo…-le contestó Ginny, pero no se atrevió a mirarlo. Harry tampoco lo hizo, era mejor no tener ningún contacto visual delante del resto.

-Me llamaron por el desperfecto, pude solucionarlo al instante.-sonrió con orgullo.

-Me resulta un poco extraño que siempre manden al mismo operador cada vez que hay algún problema en PotterAndPottions …-protestó Hermione. Ron no se ofendió, solo le hizo una sonrisa galante, sin importarle que Myriam estuviera allí.

-Estoy seguro que Weasley lo hace por ti, Granger – intervino Draco.

-Tú eres muy intuitivo, seguramente sabes muchos de negocios – Draco y Ron chocaron las manos. Hermione negó con la cabeza, murmurando algo de los hombres estúpidos.-¿Cuándo saldrás conmigo? Me debes una cena.

-No te debo nada, ridículo.

Ginny largó una carcajada.

-Deja de reírte cuando me rechazan, enana.

-Parece que tu noviecito es bastante mujeriego -observó Hermione mirando a Myriam. Harry frunció el seño ante la pelea del triángulo amoroso. Draco rió, y codeó a Neville, susurrándole algo en el oído, los dos rieron. –Será mejor que vuelvas a tu puesto de trabajo los líos con este sinvergüenza – señaló a Ron una mirada gélida.- los arreglas en tu casa ¿queda claro?

Myriam se retiró, enojada, con la nariz en alto. Ron enseguida acechó a Hermione, murmurando en su oído una explicación.

-No es mi novia, entre Myriam y yo no hay nada.

-¡Cállate!

-Viendo que Harry y Ginny están en perfectas condiciones, será mejor que sigamos trabajando – intervino Neville.- Nuestro proyecto no puede perder un solo minuto con estas chiquilinadas

-Hace dos minutos casi te haces pis cuando tu mejor amigo estaba en peligro- se burló Draco sonriendo

-Eres un idiota Malfoy…

Los dos se fueron hablando cosas entre ellos y riéndose.

-Estoy apurado, debemos irnos a una reunión o llegaremos tarde -anunció Harry a Ron y Hermione – Vamos, Ginevra.

Tomó su mano, y Hermione observó este gesto. Su amigo al parecer, se había animado a dar un paso. Ron, se acercó con cautela.

-Hermione…

-Déjame en paz. Basta, ya está. Entre tú y yo nunca pasará nada.

-¿Por qué?

-Porque no tengo en mis planes ser cornuda…

Y lo dejó parado en el parquímetro, solo. Ron lanzó un alarido de bronca.

*0*0*

Mientras se retiraban de la empresa, adentro del habitáculo del Audi8, Ginny estaba nerviosa. ¿qué podría acotar ahora? Era como si el tiempo se hubiera detenido, como si aquel beso exquisito hubiera profanado su habilidad para procesar lo ocurrido. Instintivamente llevó una mano a sus labios. Estaba muerta de miedo, para qué iba negárselo. Los labios de Harry Potter eran sabrosos, tenían un aura peligrosamente adictiva, y el aroma natural piel mezclado con su perfume, eran obsesionantes. El dominio con el que se apoderó de su cuerpo, inmovilizó sus sentidos, el modo de apropiarse de su boca, el furioso impulso de dejarse llevar que recorría sus venas, su sangre. Estaba asustada… no podía estar sintiendo todo eso en tan poco tiempo, con tan solo un beso.

Respiró entrecortado, ahogada en todas aquellas sensaciones.

¿Cómo se supone que debía reaccionar después del beso? ¿Y si la despedía por considerarla tan zorra como Carol y Sophie? Después de todo, ella también había caído en los encantos del exitoso y millonario Harry Potter. Desde esa perspectiva, estaba arrepentida. No podía darse el lujo de perder el trabajo. Se sentía nerviosa, asustada, aterrada; tal como Harry le había dicho a Sophie, era una muchachita inexperta frente a ese hombre adinerado y con miles de relaciones e historias por contar.

Después de ese beso, Harry ya no era un jefe mañoso al cual podía desafiar… ahora Harry Potter era el hombre que le gustaba… tanto, tanto que ansiaba volverlo a besar. Sacudió la cabeza, y frunció el seño. Tenía que contener ese impulso en particular.

-Llevas quince minutos callada - la sobresaltó su voz ronca.- Estás empezando a preocuparme, Ginevra.

-Estoy bien… sólo pensaba -respondió.

¿En qué diablos estarás pensando, Ginevra? Harry estaba abrumado, y paralizado. Sin embargo la adrenalina por haber besado a semejante mujer (por fin) no se visualizaba en su expresión. Con un solo beso ya estaba seguro que la piel que tenía con Ginevra, superaba cualquier expectativa. Yo sabía, lo sabía…con ella podré tocar el cielo con las manos. Naturalmente sus ganas de llevarla a la cama se habían multiplicado exponencialmente. Ginny era una exquisitez que no podía dejar pasar. Al mismo tiempo, por ser menor que él, Harry sentía una especie de ternura, mezclada con unas ganas locas de protegerla, de cuidarla, de mimarla. Esas sensaciones eran algo nuevo para él, si bien lo alarmaban en cierto punto, pero era el condimento que hacía de Ginny una mujer que estaba catalogada en otro rango, diferente a las otras con quienes se venía acostando. Quizá después de follar con ella, todo ese espejismo mengüe, se consoló.

-No te creo nada, estás muy extraña…-replicó Harry.

Ginny se animó y lo miró. Harry le estaba sonriendo de un modo tan sensual, que se sentía arrasada por el gesto. Cada vez lo encontraba más lindo, ¿qué le sucedía? Como si la belleza fuese garantía de algo, qué pensamiento tan frívolo. Segundos después, explorando sus sensaciones otra vez descubrió que disfrutaba de estar con él, de sentirse así… fascinada por ese hombre. Y de robarle sonrisas cada vez que podía.

-Estoy nerviosa…-reconoció por fin, desviando la vista.

-¿Por la reunión? – dijo riendo.

-¡No, Harry! –Parecía muy preocupada.- Tú sabes bien por qué.

-No lo sé, dímelo tú – se hizo el tonto.

-Lo que pasó en el ascensor…

-A mi me encantó que nos besemos– le dijo Harry, sin sentir pizca de vergüenza.- ¿Qué piensas al respecto?

Pienso que me estoy metiendo en una que no voy a poder salir. Pienso que me gustas demasiado. Pienso que no eres el tipo de hombre que puede hacerme feliz, más bien lo contrario. Aún así, me gustas. Entonces finalmente pienso que estoy en problemas.

-¿Puedes hablar de una vez, Ginny?

-Lo siento…no paro de pensar.

-¿En qué? Dime lo que piensas. ¿Acaso estás arrepentida? –no se le notó que le importaba el asunto. Harry era experto ocultando sus emociones. Ginny suspiró, incómoda.

-Es difícil de explicar.

-No te gustó el beso…

-Ay, no seas idiota Harry –Se sentó de costado, apoyó la cara en una mano y lo miró - ¿A quién podría disgustarle un beso tuyo?- el empezó a reírse por la franqueza con la que lo dijo.

-Eres tan natural…-puso una mano en su pierna, y Ginny la miró con desconfianza.- Está bien, no te toco…-dijo rodando los ojos y retirando la mano. Qué mujer extraña… no le gusta que haga eso. Harry se sintió un poco rechazado. -Llegamos.

-No es eso, Harry…-Harry la miró, serio.-Es más complicado.

-Tenemos una reunión ahora, lo hablaremos más tarde –el cinturón emitió chasquido cuando se lo quitó, Ginny hizo lo mismo.

-Me parece bien - Harry no se bajaba del carro, solo la miraba.- ¿Qué pasa?

Harry sonrió, giró su cuerpo y agarrando el rostro de Ginny, para besarle la boca con ansias. Con gran habilidad la sentó arriba suyo, estirando sus piernas hacia el asiento donde antes estaba reposada. Ginny no se opuso, o bien, la agarró desprevenida. Y lo que estaba pasando le gustaba, por mucho miedo que tuviese.

-Eres muy hermosa…-susurró entre besos- Eres tan hermosa…

-Y tú también…-dijo ella, más tímidamente.-Pero nos ven de afuera, Harry…

El rió.

-Es cierto…-pasó su nariz por el cuello, Ginny se estremeció.- Eres comestible.

Se bajaron del auto, acalorados. Entraron en un edificio espejado, se trataba empresa tan lujosa como PotterAndPotions. Su nombre era Fragancias Magic. Harry miró a la chica de administración, quien tenía el pelo castaño y los ojos marrones.

-Hola, tengo una reunión con el presidente de Magic Fragancias, el señor Lewis.

-Sí, el presidente ya está en su oficina, le aviso que llegó el señor…-lo miró fijo.- ¿Potter, no?

-El mismo – Harry le sonrió, galante.

Ginny frunció el seño. ¿Cuántas posibilidades de tener relaciones sexuales tenía Harry Potter en un día? ¿Cómo podía causar ese efecto en las mujeres? Desgraciadamente, eso le provocaba celos, pero claro, no iba a decir nada simplemente porque no tenía sentido hacerlo. Además ese era el menor de sus problemas; después de besarlo se sentía insegura y vulnerable ante su jefe. Ella jamás había tenido relaciones sexuales, y Harry era un hombre que estaba acostumbrado a desnudar a las mujeres con sólo mirarlas. Si, sentía que la desnudaba con la mirada. ¡Y qué forma de llevársela encima de él, adentro el auto! ¿Qué tendría para ofrecerle? Pensó en Ian de forma inesperada… era milagroso, pero la culpa había desaparecido. Besar a Harry Potter, no le daba culpa como sí le había sucedido cuando otros hombres quisieron acercarse, como Michael hacía dos noches. ¿Por qué? ¡Hasta esa suerte tenía el maldito!

-¡Ginevra! –La llamó una voz que parecía provenir desde muy lejos.- Entra de una vez al ascensor, nos está esperando Richard Lewis.

-Lo siento, me distraje.

Entró en el ascensor, estaba angustiada…el cúmulo de emociones vividas en los últimos minutos era difícil de procesar. Por un lado quería alejarse de Harry y por el otro no separarse nunca más. Apenas las puertas plateadas se cerraron, Harry se acercó y la tomó por la cintura para abrazarla. Ella se dejó abrazar.

-Estás muy extraña… me preocupas.-le dijo, mirándola como si estuviera enferma.- Dime qué te pasa...

-Nada – mintió.

Sin decirle nada, le sonrió y le pegó sus labios a los de ella con un corto beso, la tomó de la nuca, y el contacto se intensificó. Los pensamientos de Ginny fueron reemplazados por efusivas ráfagas de placer intenso; instintivamente, ubicó sus brazos por encima de los hombros de Harry, él bajó las manos por su espalda y la sostuvo de la cintura, muy cerca. Ginny movió más la lengua, tomando un poco el protagonismo de la situación. Harry la separó de golpe.

-Te estás desinhibiendo un poco, ¿no? – dijo guiñándole un ojo.-Era hora…

-¡Estúpido! – los dos rieron y se abrazaron.

Harry otra vez colocó su nariz en su cuello, Ginny cerró los ojos… se dio cuenta cuánto lo deseaba, lo deseaba… ¿cómo podía desearlo tanto? lo prematuro de ese deseo la estaba aterrando.

-Tienes una piel… increíble Ginny…eres perfecta.-Ella, quién todavía estaba absorta en sus conjeturas, apenas sonrió. - ¿Qué es lo que te preocupa tanto?

-Nada – volvió a mentir. Harry frunció el seño, preocupado.

-Ya hablaremos tú y yo.

Llegaron al piso y se separaron, listos para disimular. Las puertas se abrieron y una secretaria los hizo pasar a la sala de reuniones. Richard Lewis era un hombre de cuarenta y cinco años, pionero en la industria del perfume en el mundo mágico. Quería hacer negocios con PotterAndPotions para incluir al mercado femenino en los perfumes. Apenas entraron en la sala, se puso de pie.

-Harry Potter, por fin asocio su nombre a un rostro – dijo el accionista mayoritario de MagicFragancias. –Ese decreto suyo de no mostrar su rostro hace que todos sintamos más curiosidad por usted

-Gajes del oficio, Lewis – dijo Harry sonriendo.- Es un gusto…- se dieron la mano.

Lewis miró a Ginny y se quedó unos segundos sin habla. Harry sintió una punzada de fastidio. ¿Por qué todos la miraban sin disimulo de esa forma lasciva? ¿Acaso no había hombre que no quisiera follársela? Lo fastidiaba sobremanera el efecto que Ginevra tenía en los hombres.

-¿Es tu secretaria? – inquirió, sorprendido.

Ginny se aclaró la garganta.

-¡Hola señor Lewis! Efectivamente, soy la secretaria del señor Potter…-estiró una mano que Richard tomó.- Lindo castillo tiene…-agregó mirando alrededor, el rió.

-Me alegro que te guste, Ginevra.- Richard besó la mano que Ginny le ofreció. Harry enseguida los separó, cortando el contacto. Ginny se limpió la mano, un tanto fastidiada.

-¿Comenzamos con la reunión? – dijo serio.

-Si, por supuesto…

-¿Puedo ir al baño? –preguntó Ginny.

-Sí, claro, ve al mío personal es en esa puerta -dijo amablemente Richard.

Ginny se fue caminando con dificultad por los zapatos altos, una vez allí, se apoyó en la puerta, decidida a escuchar la conversación.

-Qué hermosa es –escuchó afirmar a Richard Lewis.- Tiempo sin ver semejante belleza cerca de mí…

Harry respiró hondo, quería matarlo por viejo verde, pero no le convenía.

-Sí, es muy linda –Dijo cortante, como dando por zanjado el asunto.- He leído tu propuesta, Richard, y me interesa hacer negocios con usted. Quizá había que pulir un poco el contrato, pero me gustó en términos generales.

-Trátame del tú, no hay problema, estamos entre amigos, ¿no?

Nadie que quiera follarse a Ginevra Weasley puede ser amigo mío Lewis, pensó Harry.

-Sí, por supuesto Richard. –Le contestó sobriamente.- Como te decía, la propuesta es interesante y beneficiosa para PotterAndPotions.

-Me estás dando una gran noticia Harry, una gran noticia -respondió pomposamente Richard.- ¿Tienes infraestructura para fabricar perfumes?

-Tengo todo lo necesario -asintió Harry.- Neville Longbottom es el mejor preparador de pociones y está de nuestro lado.-sonrió con suficiencia- También el aparato de publicidad de Charly Corner Publicidades.

-Vaya, vienes muy bien equipado Potter. Me gusta eso…-lo miró fijo y Harry le hizo un gesto de que vaya al grano.- Buscamos fabricar nuestro primer perfume femenino, y tiene que ser un aroma especial.

-Entiendo… pero dime algo más sobre el tema, así adelantamos trabajo -pidió Harry. Preferiría evitar reuniones contigo.- Sería bueno que le vaya proveyéndole las coordenadas a Neville y al resto del equipo, para que sepan el camino que queremos recorrer con este nuevo producto.

-A ver, buscamos un aroma especial y único, algo desconocido para el mercado. Ni hablar de la estética del envase; buscamos algo robusto, de invierno. Lo imaginamos en un frasco visualmente demoledor, atractivo, sexual…

-¿Sexual?- repitió Harry alzando las cejas.

-Sí, así como lo oyes – respondió Richard.- Como tu secretaria –El estómago de Harry dio un vuelco. Iba a meterlo en una picadora de carne al viejo pelotudo de Lewis.- De hecho, me atrevería a decir que debe ser la fuente de inspiración para la fragancia.

Harry frunció la boca, con desagrado. Sólo un condicional rondaba su cabeza…Si no le partía la boca de una trompada, ganaría millones. Si no le partía la boca de una trompada, ganaría millones de galleons… Lo cierto era que la repetición de ese pensamiento apenas lo ayudaba a controlarse.

-Me quedó claro lo que están buscando…-dijo serio- Lo hablaré con Neville y luego te mandaré el informe por email, ¿te parece?

-Buena idea. Espero ese informe rápidamente, Harry…-Richard hizo una pausa y lo miró, indagador.- ¿De dónde la sacaste?

-¿De qué me hablas?

-De Ginevra Weasley.

-¿Seguimos hablando de mi secretaria? – saltó, ya en un tono crispado.

-De negocios ya hablamos lo suficiente, ¿no, Potter?

-Entonces no tenemos nada de qué hablar – dijo secamente-Los plazos y el pulido de contratos se tratarán con mis representantes legales y los tuyos…no así y de esta forma.

-Bien, me parece bien…pero recuerda que deben estar lo antes posible, no quiero demorarme con eso. Para Navidad quiero el perfume. – le recordó Richard con exigencia.

-Es buena idea lanzarlo en diciembre – convino Harry.

Se hizo un silencio hasta que Richard habló por fin.

-Me gustaría tener el número de teléfono de esa joven, ¿puede ser?

¡Era el colmo! ¿Acaso pretendía que lo golpee? ¿No captaba indirectas ese señor? Su temperamento estaba por explotar.

-¿El teléfono de quién? –inquirió, ya harto de Lewis. No iba a ayudarlo a llegar hasta allí tan fácilmente, no.

-No te hagas el idiota, te hablo de Ginevra.

-Olvídalo, no podrá ser posible Richard – dijo de mal modo, y se puso de pie.

-¿Por qué? – dijo imitándolo.

-Ginevra tiene novio.

-¿Crees que me importa? –dijo Richard, arrogante.

-Mira, Lewis si tú…

Ginny salió del baño, interrumpiendo el enunciado de su jefe.

-Lamento la demora – dijo con frescura.- es que encontré unas revistas de perfumes que me encantaron y me entretuve hojeándolas. Son hermosos los productos, Lewis.

-Puedes llevártelas, si así lo deseas – dijo Lewis.

-El señor Lewis y yo, hemos concluido la reunión. Vamos…

-Sí, así es Ginevra…-dijo Lewis admirándola. – Le estaba comentando a Harry lo maravillado que me tienes…

Ginny no podía creer que alguien fuera tan baboso y desvergonzado.

-¿Ah sí? ¿Y por qué? Si usted apenas me conoce…-le dijo con buen tono.

-No hace falta conocerte mucho para estar maravillado contigo – la sedujo.

-Richard, te ruego que…-Lewis lo interrumpió.

-Y le preguntaba a Harry si puedo tener tu número de teléfono o algún contacto para llamarte y que vayamos a almorzar.

Ginny le sonrió, dulcemente. Después miró a Harry, con resignación.

-Ya está, digamos la verdad.

-¿Qué verdad? –Repuso él, sin entender.

-No disimulemos más Harry, ya está…

-¿De qué hablas? – quiso saber Richard Lewis, mirándolos alternativamente a ambos.

Ginny bufó y largó todo el aire, con incomodidad.

-Estoy en pareja, señor.

-¿Y? Harry me dijo eso pero… – Ginny miró a Harry, como señalándolo con la cabeza.

-Mi jefe es mi novio…-Harry se sorprendió mucho pero Richard se puso tan incómodo que no lo notó.- Harry no quiso decírtelo para no ser descortés, pero creo que no hay necesidad de fingir contigo, ¿verdad Richard? -tomó la mano de Harry, y la entrelazó. Él le siguió el juego o quizá se dejó llevar por ese contacto tan cálido con su pequeña mano.-Después de todo, tú podrías ser un padre para Harry…

Richard quería que la tierra se lo tragase. Ginny disfrutó su incomodidad. Eso te pasa por desubicado.

-Yo… no..no sabía que era tu novia, Harry -balbuceó avergonzado.-¿Cómo no me dijiste?

-Bueno… yo tampoco sabía…-Richard alzó las cejas.- quiero decir, yo tampoco me imaginé que tú te fijarías en ella, y temí hacerte sentir incómodo.

-Lamento esta situación horripilante, es un bochorno –dijo el presidente de MagicFragancias, negando con la cabeza.

-Descuide, Harry está tan acostumbrado a que me miren… sufre muchísimo, pobrecito.

Harry la miró como para matarla, sobre todo porque lo afirmado era cierto.

-Tú también sufres bastante, mi amor…-Ginny le sonrió falsamente.

-Mi secretaria los acompañara a la salida…cualquier novedad me llamas, Harry. ¡Adiós!

Cuando ya estaban lo suficientemente lejos, Harry explotó mientras caminaban hacia el Audi.

-¡Te volviste completamente loca! - la regañó, molesto.

-No te preocupes, tengo muy en claro que no somos novios de verdad – dijo divertida, descartando con la mano.

-¡La próxima vez que te entrometas y hagas algo semejante, voy a…! – empezó a amenazarla.

-¿Tienes el descaro de quejarte? –se indignó Ginny.- ¡Te saqué de un gran aprieto!

-¿Debo estar agradecido? ¡Por favor!

-Te dije que no quiero casarme contigo, y sé que no es real –recalcó Ginny con vehemencia.

-No entiendes nada. ¡No me preocupa que hayas dicho que somos novios!

Ginny se sorprendió. A Harry Potter no le preocupaba que alguien tan importante como Richard Lewis lo asocie con ella, que era una mujer humilde, y sin estatus social. Respiró hondo intentando sosegar sus emociones descontroladas, ese hombre era capaz de cautivarla con el mismo estupor con el que a veces la hacía enojar. Lo más seductor es que ni se daba cuenta que esos detalles pequeños la conmovían y la atraían aún más.

-¿Entonces, cuál es el problema?- se subió al auto y abrochó el cinturón. Otra vez, el chasquido interrumpió el silencio.- ¡Salvé un negocio millonario! Deberías felicitarme, jefecito.

-¡Cómo se te ocurre hacer eso sin avisarme, ni darme ningún tipo de señal, soy muy malo mintiendo!–exclamó bufando. Ella rió.

-Eres un caradura…-observó Ginny irónica.

-¿Por qué?

-A Sophie le mentiste muy bien en la fiesta de Aniversario…-Lejos de enojarse, Harry cambió completamente la expresión, y le sonrió.

-Debo deducir entonces que sí me crees que a Sophie le estaba mintiendo…-afirmó orgulloso.

-Sí, creo que te creo…es decir…-sonrió.- Tú me entiendes.

-Te veo más relajada…y me gusta.-naturalmente, acortó la distancia que los separaba para apoyar sus labios en los de ella, con un beso dulce, sin pretensiones. Le besó la nariz y encendió el auto.-De todos modos…debiste haberme avisado lo que ibas a hacer delante de Richard.

-¿Para qué?

-Para interpretar mejor mi papel.

-¿Crees que nací ayer?

-Y casi…-ella le pegó en el hombro.

-Sólo querías presumir que eres mi novio… – encomilló la palabra haciendo un gesto con los dedos.- delante de Lewis.

Harry la miró con curiosidad.

-Eres demasiado linda para ser tan inteligente.

-Tomaré eso como un cumplido…-refutó ella, sonriendo.

-Es un cumplido, Ginevra.

-En definitiva, tuve que actuar rápido o perdíamos el negocio –musitó Ginny, sobreactuando un poco su enunciado. A Harry le hacía reír su histrionismo.- Estoy harta de ser imprescindible en tu empresa…no sé qué harían sin mí, no lo sé.

Harry rió con ganas. Ginny sintió un hormigueo en el estómago, como si se hubiera salteado un escalón. Le encantaba ser la causa de su risa.

-¿Cómo se te ocurrió semejante improvisación?

-No tuve alternativa, era eso o decirle que me gustaban las mujeres, y no me habría salido bien…-dijo Ginny.

-Eres de lo peor…-dobló a la izquierda por una avenida.- ¿'Perdíamos' el negocio, dijiste?

-Sí, pertenezco a tu empresa y velo por sus intereses – dijo jactanciosa. Harry sonrió mientras manejaba.- Sigo haciéndote reír.

-Sí…-admitió con los ojos brillosos.

-¿Por qué doblaste por ésta calle? La empresa queda para el otro lado.

-Te voy a llevar a un lugar…te va a encantar…-le prometió, sonriendo.

-¿Dónde? – dijo asustada.

-Tranquila, no te pasará nada malo.

-Harry, espera –El la miró, sorprendido.- Tenemos que hablar…frena aquí. ¡Frena aquí, es en serio!

-¿Qué te pasa? – Dijo estacionando el Audi cerca del cordón.- ¿Te sientes mal?

-Tú tenías razón…-Harry la miró, sin comprender.-Cuando hablaste con Sophie…

-¿A qué te refieres?- un trueno sonó, pero no fue el protagonista de la conversación.

-No sé donde planeabas llevarme, pero imagino cómo son los primeros encuentros con tus mujeres. Imagino que las miras con esos ojos que tienes, y ellas se sienten tan bien, tan…-sacudió la cabeza, como para no desconcentrarse en lo que decía.-Ellas se pierden en ti y en todo lo que tú les das…

-Ginevra, ¿qué estás diciendo?- Las gotitas empezaron a caer sugestivamente.

-…sé cómo es la secuencia: les haces regalos costosos y lujosos, las adulas, eres dulce, o finges ser dulce y quererlas, y las llevas a un fino restorán, le compras lencería erótica, y esperas que se desnuden y…

-Ginevra…

-¡No, déjame terminar! Necesito sincerarme contigo, Harry, o voy a volverme loca ¿entiendes? -respiró por fin.- Yo no puedo hacer todo eso, Harry, no puedo ofrecerte lo que te da Sophie o Carol o cualquier otra. No puedo acostarme contigo ahora, yo…-no iba a decirle que era virgen, le daba mucha vergüenza confesar eso, además pertenecía a su intimidad.-Lo cierto es que no sé ir tan rápido, tú tenías razón: no tengo demasiada experiencia, soy casi inexperta, creo que no podemos seguir avanzando en…

El se quedó de piedra, Ginevra era virgen. Se le notaba el miedo, tenía la suficiente experiencia hablando con mujeres, como para intuirlo. ¡Ginevra Weasley es virgen! Nunca había estado antes con una virgen, jamás. Parpadeó, estaba en shock. Era virgen. Si bien no tenía pensado llevarla a un hotel transitorio porque imaginó que no accedería. Y eso lo pensaba aún convencido de que ya tenía experiencias sexuales (tiene suficientes ex como para experimentar algo así) nunca hubiera podido pensar que era virgen.

Ninguno de los dos se dio cuenta que las insistentes gotas de aquel chaparrón otoñal hacían un ruido en su amortiguación con el capó del Audi.

Ante el silencio de su jefe, Ginny se sintió una estúpida, y en un impulso se quitó el cinturón de seguridad y se bajó del coche. Harry reaccionó recién en ese segundo cuando la vio bajarse y se bajó también para perseguirla. La lluvia, caía a baldes.

-¡Ginevra, ven aquí…! – ella no lo escuchó.

-¡Harry, por mi parte todo está claro, entiendo tus motivos! – siguió corriendo, empapada.

-¡Espera por favor! – dijo cuando la alcanzó y logró hacerla girar.

-¡Lo siento! No puedo ofrecerte nada de lo que esperas de mí…

-Escúchame un momento…

-¡Entiendo que te sientas decepcionado! –Suspiró, estaba roja como su pelo, pese a la lluvia y a que no hacía demasiado calor.- ¡Estoy muerta de vergüenza!

-¿Qué dices? ¡No me decepcionas! –Dijo, aunque estaba asombrado.- Además no tienes por qué avergonzarte, yo no te pedí nada.

-Pero…

-Ginny, no iba a llevarte a un hotel, tú pensaste cualquier cosa...-le acarició la cara, para quitarle los mechones pelirrojos pegados a ella.- A mi me gustas muchísimo, pero tú eres diferente que las otras mujeres, y lo tengo en claro.

-¿Por qué?

-Eres bastante más insolente, para empezar –los dos rieron.- Jamás te apuraría para que tengamos sexo, ¿qué clase de animal piensas que soy?

-Lo siento, me dio un poco de vergüenza… -dijo con pudor.

-Si tiene que suceder eso entre nosotros, sucederá sin presiones - dijo con simpleza. Ojala suceda muy pronto.

-¿En serio?

-Claro… ¿qué pensaste?-Dijo riendo- ¿Qué te iba a obligar?

-Pero… ¿con todas haces esto, de tenerles paciencia y…?

-Ginny, es la primera vez que beso a una mujer siete años menor que yo, y no te puedo pretender de ti que te acuestes conmigo de buenas a primeras.

-Gracias por entenderme, lo lamento…-dijo con tristeza.

-Tranquila. No te presionaré con nada - le tomó la cara y la besó debajo de la lluvia.

-Como puedes ser tan… tan…

-¿Tan qué? –dijo mirándola.

-Tan dulce…-El sonrió y volvió a besarla.

-Volvamos al auto, nos estamos empapando…

-Me gusta la lluvia…-le sonrió ella.

-La lluvia nos persigue.

-Es cierto -lo miró y tomó la iniciativa y lo besó con ansias. Harry sintió un tirón en su entrepierna por el arrebato y el ritmo del beso. Me pone duro como una piedra y es virgen… es virgen.

-Te estás soltando…-le dijo, y ella sonrió, colorada.

-¿Dónde ibas a llevarme?

-Al centro comercial…-respondió, mientras volvían hacia el auto.

-¡Dijiste que me iba a encantar!

-Estaba siendo irónico…

-¿Para qué? Otra vez saldrás de compras, eres obsesivo, Harry.

-Sí, debo comprar unas cosas.-dijo sin avergonzarse- pero también quería regalarte ese ridículo antifaz que tanto te gustó…-Ginny lo empujó.

-Oye, no es ridículo.

-Es infantil.

-No quería ese antifaz para mí, Harry, era para mi sobrina.-le aclaró.

-¿De verdad?

-Sí, y ya se lo he comprado -dijo vivaz.

-Como sea, tengo que ir al centro comercial.

-Si no queda otra…-se resignó.

*0*0*

Hecha una furia Hermione corría a hacia su carro del parquímetro de PotterAndPotions pensando, como de costumbre, en el imbécil de Ronald Weasley. Acababa de verlo hablando melosamente con la zorra de Myriam. No pudo escuchar ni una palabra, pero uno podía deducir claramente la conversación a tres metros de distancia. ¡Insistía en que ella le interesaba y después la cagaba mezclándose y acostándose con esa zorra! ¿Acaso quería estar con todas?

Le daba la cara para insistir con ella, para mentir de forma descarada, que se sentía tan lejana y diferente a una mujer como Myriam… ese hombre no merecía nada y Hermione temía ceder y darle paso a algo que a la larga le haría mal y la lastimaría. Bueno, ya la estaba lastimando, para qué negarlo. Justito cuando iba a mandar todo al diablo para decirle que sí, verlo con Myriam la salvó de tomar esa decisión errónea. Ron no era un hombre por el cual Hermione debía dejarse atrapar y seducir, no debía perder el norte, de un hombre como Ron no se vuelve, era su frase cabecera. Era un mujeriego y le gustaban todas y para colmo en un abrir y cerrar de ojos se había acostado la zorra de la recepción de entrada. Respiró hondo, hundiendo su cabeza en el volante, alterada por sus propios deseos…porque pese a todo eso lo deseaba, como nunca había deseado a otro hombre en su vida. Estúpida.

Si aflojo mi la distancia terminaré mal, si cedo el me lastimará… se repetía, pero ya nada funcionaba para darse fuerzas, lo odiaba, quería que esté lejos de ella, se sentía tan celosa por verlo cerca de esa mujer. Quería dejarse llevar, el azul intenso de su mirada le trituraba su compostura, y nunca se había fijado en esas cosas tan superficiales como el color de los ojos, pero en esta ocasión la belleza de Ron y las cosquillas que sentía en su estómago cuando apenas se rozaban, le hacían percibir que se estaba perdiendo mucho al negarse…

Estaba confundida…

-¡Mierda! – Dijo en voz alta, enojada consigo misma y encendió el auto - ¡No, no! - Moría de ganas de suspender a Myriam por zorra, pero no encontraba ningún motivo suficiente para hacerlo. Motivos administrativos que valieran una suspensión, claro. De los otros, le sobraban. Cada vez que Ron incurría en la empresa para hacer diligencias, Hermione se daba cuenta que no dejaba de perseguirlo ni un minuto. Recordó la horrible imagen de la zorra rodeando a Ron, tomándole la cara, regalándose… ¡y el no se oponía, no la rechazaba! ¡Después pretendía hacerle creer que Myriam, no le importaba! Eres un mentiroso, Ronald Weasley.

Tenía que huir de allí, Ron seguramente la vendría a buscar, sabía que se había retirado. Por supuesto, te encanta estar con todas… asqueroso mujeriego, te odio! Los celos se apoderaron de sus impulsos justo cuando daba marcha atrás, calculó mal la distancia y… el estruendo fue morboso. El baúl del carro quedó incrustado en una columna, abollado como acordeón. Por el impacto, la cabeza de Hermione se golpeó violentamente contra el espejito provocándole una herida cortante en la frente. Sintió algo caliente en la cara, que llegaba hasta su cuello. El airbag de su Passat no funcionó.

Hermione apenas parpadeó sintió que algo caliente se deslizaba por su rostro. Quedó semi inconsciente, sin poder configurar el entorno con claridad.

-¡Señorita Granger! – Gritó una voz de mujer, desesperada- ¡Llamen a San Mungo! ¡Está herida!

-¿Qué pasó aquí? –Reconoció su voz aunque no se sintiera bien.-¡Dios mío!Hermione, Hermione…

-¡Señor Weasley, qué bueno que está aquí! – decía la portera.-Hermione Granger tuvo una coalición, no sé cómo pudo chocar…

Ella quiso enunciar palabra pero no pudo, veía todo borroso y no entendía bien lo que sucedía… percibió que alrededor suyo había muchas personas y sintió cómo unos brazos la sacaban de su coche con facilidad. No lograba enfocar la vista, estaba mareada.

-Ron…-alcanzó a susurrar.

-Tranquila, te llevaré urgente al Hospital.

-No veo bien, estoy mareada.

Ron la subió a su coche y le abrochó el cinturón; el rostro de Hermione estaba lleno de sangre, le colocó un pañuelo en la frente. Parecía muy alterado.

Apenas llegaron los doctores la curaron enseguida, y le dieron analgésicos para el dolor. Hermione tenía una pequeña venda chica en la frente y estaba sentada en una cama, con la ropa ensangrentada.

-¿Cómo te sientes?

-Mejor…-dijo Hermione con debilidad.

-Me alegro- ella lo miró.

-Gracias…

-Me asusté mucho cuando te vi así, herida.-le confesó Ron sentándose a su lado.

Hermione lo miró y vio rastros de sinceridad y honestidad en su mirada. Pero lo odiaba, minutos antes había coqueteado con Myriam.

-¿Qué quisiste hacer?

-No lo recuerdo – repuso susurrando.

-Es extraño que te hayas chocado una columna…

-Me distraje…estaba pensando en otra cosa – solo explicó.

-¿Se puede saber en qué?

-¿Eres detective? – Ron sonrió, negando con la cabeza.- No lo sé, no me acuerdo, pensaba en otra cosa y no presté atención. –suspiró y se hizo un silencio demoledor.-Ya estoy bien, Ron. Gracias, puedes irte.

-Me gustas un montón Hermione. –respondió Ron, sin prestarle atención.- Me gustas de verdad… soy un mujeriego, pero no pretendo lo mismo contigo, a ti quiero conocerte. ¿Tan difícil es que me creas?

-Ahora no, Ron… no tengo ánimos para tus discursos, siempre dices lo mismo.

-Es la verdad- dijo agónicamente.

-Te vi hablando con Myriam, vi como ella…te vi hace un rato en la empresa…-Ron respiró hondo.

-No significa nada, te lo juro. Ella es una más, sólo fue sexo, no me interesa verdaderamente…

-No parece tenerlo en claro la rubia, eh? – dijo irónica.

-Myriam insiste, y no quiero ser grosero con ella, pero solo fue una vez hace meses. –Tragó saliva, y le hizo una caricia- Quien me interesa de verdad eres tú.

-Me da terror que me lastimes…-dijo casi lamentándolo.

-Déjate llevar, arriésgate, la vida se trata de eso también – dijo acercándose peligrosamente.

-Pero…

-Supongamos que soy un señor de la aristocracia multimillonario, que te lleva a grandes restoranes, que te hace regalos caros y te corteja todo el tiempo… ¿eso sería una garantía de mi fidelidad?- Hermione parpadeó.

-No, no hay garantías con ningún hombre.

-Ni con ninguna mujer – agregó Ron, sonriendo.- Simplemente, no hay garantías, y yo también puedo salir lastimado de esto que nos pasa…-ella sonrió, como si fuese un chiste.- En serio, ¿crees que no me afecta tu rechazo?

-Pareces tan indolente, que a veces pienso eso...-reconoció muy a su pesar.

-Tengo sentimientos, aunque me cueste exteriorizarlos… las cosas me afectan de todos modos.-dijo un poco ofendido.

-Lo siento, no quise…Lamento esta situación.

-Hermione, ¿yo te gusto? –No esperó una respuesta y chascó la lengua.- No voy a insistir más, me cansé. Ya son ¿cuánto? ¿Tres meses? Pierdo muchas energías rogándote para que cedas, y me di cuenta que nunca sucederá, estoy harto de que me rechaces.

-Ron…

-En serio que ya lo entendí, entendí muy bien que no te intereso, que…

-Sí

-¿Sí qué?

-Sí me gustas, me gustas un montón…-él se quedó helado, escucharlo de sus labios le resultó emocionante.

-¿Estás segura? – se sentó otra vez, cerca de ella y le hizo una caricia en la cara.

-Sí, pero…

Ron la besó, sin dejarla terminar, la besó inocentemente al principio y después aceleró el ritmo hasta llevarlo a un beso más pretencioso e invitante, la besó como hacía meses venía aguantándose las ganas, en cada llamado, en cada encuentro. La besó con las ansias guardadas, como una promesa infinita, y quiso más, quiso quitarle la ropa y recorrer cada parte de su piel. Si Hermione Granger lo fulminaba con su belleza de modelo, sin haber probado sus labios, ese sentimiento de atracción se había duplicado, triplicado…iba a volverlo loco… introdujo su lengua, jugó con la de ella, la hizo gemir y acrecentar su respiración…la miró fijo.

-Cuántas ganas tenía de hacer esto…eres…eres deliciosa…

Hermione sonrió con timidez.

-También quería besarte–dijo en susurro

-¿Si? – besó en la comisura de los labios y ella se estremeció.

-Señorita Granger –Un sanador casi anciano, de pelo blanco, entraba distraído mirando la planilla- ¡Oh, lo siento…!

-Está bien- dijo Ron, colorado.

-¿Cómo salió la tomografía? – preguntó Hermione.

-Muy bien hija, puedes irte a casa, está todo en orden. Debes descansar…y cuidar esa herida.

-No se preocupe, yo me encargaré de eso.-le prometió Ron.

-Me parece bien que su novio la cuide, señorita.

-El no es mi novio – aclaró Hermione enseguida.

-¡Ah! Pensé que… lo siento, no tiene importancia. Debo irme, toma los analgésicos y cuídate mucho, ¿sí?

-Si, por supuesto. Gracias por todo. -le sonrió y el sanador se fue.

Ron y Hermione se miraron y sonrieron.

-Ha sido mucho por hoy, creo que me iré a mi casa –musitó.

-Te llevo y me quedo a cuidarte…-dijo enseguida Ron.

-No…

-¿Por qué no?

-Quiero estar sola ahora. Luego… luego hablaremos ¿sí?

-Pero no tienes carro.

-Me tomaré un taxi – tomó sus cosas.- Tranquilo.

-Hermione, ¿no crees que…?

-Después te llamo – La incipiente promesa lo descolocó. Ron alzó las cejas, y sonrió.

-¿De veras lo harás? ¿Me llamarás?

-Sí…

Se acercó y le dio un beso en el cachete.

*00*00*

Harry y Ginny caminaban por el centro comercial, con un aspecto mucho más distendido del que tuvieron aquella primera vez que fueron juntos. Ginny hacía bromas todo el tiempo y Harry en esta ocasión le festejaba cada frase con creces, riendo y divirtiéndose con sus ocurrencias. Eso era lo que más le gustaba de Ginevra, que era tan espontánea, que podía salirle con cualquier cosa en cualquier momento. Por supuesto, las frutas no faltaron salvo que esta vez eligió cerezas compradas en la misma verdulería. Cabe destacar que no permitió que Harry le pagase las cerezas, alegando que ahora ella tenía un buen pasar y podía darse sus gustos.

Ese día Ginny tenía una camisa color celeste, y su falda tiro alto marcaba sus impresionantes curvas, era una mujer del infierno. Menuda, y a la vez con tanta carne para disfrutar, sus enormes senos lo desquiciaban, podía imaginarse haciéndole todas las poses sexuales, pasando su lengua por su zona…Harry sacudió la cabeza. Es demasiado joven, no puedo pensar en estas cosas, ella no está preparada….No recordaba haber deseado a alguien de ese modo.

-¿En qué piensas? – Dijo ella riendo- Estás muy serio.

-En nada -Ginny sonrió, incrédula, y se comió una cereza tirando el tallo en cesto.

-¿Siempre comes frutas cuando vas por la calle? – inquirió Harry con curiosidad.

-Algo tengo que hacer mientras te espero, ¿no?

-Siempre estás haciendo algo, Ginny –afirmó, mirándola con la misma curiosidad que aún no lograba saciar. Le encantaba esa sensación ilimitada que le producía.

-¿Recuerdas cuando me metí en tu probador el primer día de trabajo? –Recordó con nostalgia.- Pusiste una cara…

-Te metiste en mi probador, en mi ducha, en mi piscina…-Los dos rieron a carcajadas.

-Pero ese día en el probador estabas particularmente enojado...tan "caracúlico"-dijo riendo.

-¡Por supuesto que tenía cara de culo! Recuerda que Charly y David me habían obligado a contratar a la loca del auto como secretaria…

Ginny alzó las cejas, y sonrió, bromista. Harry la encontró hermosa, una vez más, y le correspondió la sonrisa. Reprimió el impulso de tomarle la mano, el cual no supo bien de dónde vino.

-Sí, pero ahora no te escucho quejarte por besar a la loca del auto…-apuntó divertida.

-Claro que no – reconoció sin sentir pudor.-Nadie podría quejarse de besarte a ti…mira lo que eres…

Ginny se puso roja, y se frenó, mirándolo. Harry también lo hizo, entonces ella se acercó y se besaron de nuevo. Harry se dejó llevar, la atrajo hacia él y la abrazó, atrayéndola a sí mismo. Se besaron con fervor.

-¿No estábamos apurados? –el negó.- ¿Qué vinimos a comprar? – lo besó de nuevo.

-Sacos y corbatas -dijo riendo.

-¿No tienes suficientes, jefecito? – siguieron caminando por esa arteria del shopping, que era una especie de galería; iban esta vez tomados de la mano, y ninguno se dio cuenta, hasta que hicieron varios pasos. Harry se sintió extraño en ese contexto, nunca tenía esas costumbres con las demás, pero se sintió bien y se relajó, dejando sus reglas de lado. -¡Harry, te hice una pregunta!

-Sí, lo siento, me distraje… ¿qué me preguntaste? –ella rió.

-Si tienes suficientes corbatas… el placard de tu habitación es enorme, Harry.

-¿Y? Puedo darme el gusto de tener más -dijo despreocupado.

-Comprador compulsivo -separó las palabras en sílabas- Pero tan lindo que me derrito…-Harry sonrió intensamente.

-En serio… ¿siempre eres tan auténtica?

-¡Y si! –dijo con orgullo.

La canción de fondo que sonaba en el shopping terminó y empezó otra.

Fuiste mi fuerza cuando estaba débil,

Fuiste mi voz cuando no podía hablar,

Fuiste mis ojos cuando no podía ver,

Tú viste lo mejor había en mí…

-¡Me encanta este tema! –Se emocionaba Ginny –Amo a Celin Dion. Hace mucho tiempo no lo escuchaba.

Harry asintió.

-Tiene buena voz -reconoció.

Me ayudaste a avanzar cuando no llegaba,

Me diste fe, porque tú creías.

Soy todo lo que soy, porque me amaste.

-Es una canción perfecta…perfecta.-dijo Ginny con fervor, canturreando.- ¿Te gusta?

-Sí, es un gran tema – concedió Harry- Un poco triste, ¿no? La melodía es triste, al menos.

-Me recuerda a Ian –Harry se estremeció. Sus ojos brillaron al nombrar a su exnovio.

-¿Ian? – fingió no saberlo.

Ginny volvió a ponerse roja y nerviosa.

-Tranquila, sino quieres no estás obligada a responder.

-Es una persona que quise mucho -dijo débilmente.-Murió hace un año.

-Ah… lo siento…-dijo serio.

-Lamento haber…-dijo Ginny.-No debí…Yo no quise incomodarte.

-No me incomodaste– Harry solo podía pensar en cuánto había sufrido al perder a Ian. ¿Sentirá culpa de estar conmigo aquí mientras suena esa canción que le recuerda a Ian?, Se preguntaba.

Ginny sonrió.

-Gracias -dijo abrazándolo.-Muero por un par de zapallitos rellenos, esta noche me haré eso.

-Eres tan histriónica…

-¿Es una afirmación o una pregunta?

-No importa, tú siempre me contestaras con otra pregunta…-dijo resignado.

-Si ser histriónica es ser yo misma, pues sí, soy histriónica…-respondió con franqueza.

-¿Capuchino antes de ver las corbatas? – se detuvo en el puesto de cafés.

-Chocolatada – le sonrió Ginny.

-Eres fanática de llevarme la contra.

Ginny lo besó de lleno en su boca y Harry la atrajo hacia sí mismo. Que deliciosa era Ginevra Weasley…

-¡Se pusieron de novios!- dijo el vendedor.

-¿Nos recuerdas? –dijo Harry asombrado.

-Como para que no, Ginny viene siempre a saludarme, desde que vino a comprar su costosísima camisa para la empresa…-le comentó, confianzudo. Harry arqueó la cejas- Ya sabía yo que se iban a poner de novios, ustedes dos.

-No somos novios –le aclaró Harry, serio. El vendedor se puso rojo.

-Ah, disculpen…yo creí que…

-Tranquilo Ricky, solo fue un beso – dijo Ginny, restándole importancia. En el fondo se preguntaba cómo rayos iba a sostener todo lo que Harry le generaba y cómo iba a tolerar la presencia de Sophie y las demás mujeres en su vida. Era demasiado prematuro pretender responderse esos interrogantes. No se podía adelantar, su jefe no tenía idea de cómo era su vida en realidad, de la existencia de Liz y Thiago, sus chiquitos. Seguramente huiría espantado cuando lo supiera. Pero no quería pensar en eso ahora, no tenía sentido. Estornudó enseguida, la lluvia a esa hora no era saludable.- Quiero uno de esos chocolates calientes, Ricky.

-Si, por supuesto hermosa.

Harry tragó saliva. ¿Hermosa? ¡Hermosa!

-Para mí un café…-dijo Harry serio.

-¿Por qué estás tan serio, jefecito?

-Le diste a entender que nos besamos por placer… – la pregunta que hubiese querido hacer "¿cómo te haces amiga de un hombre que quiere acostarse contigo?" Después pensó que cualquier heterosexual querría acostarse con ella.

-¿Qué pretendes que le diga? –Dijo riendo.- ¿Qué nos casaremos mañana?

Harry parpadeó, asombradísimo con su respuesta. Era la primera mujer que no parecía fantasear con una relación seria, pese tener apenas veintitrés años. Ginny era una mujer inexperta, y sin embargo mantenía los pies en la tierra, a diferencia de Sophie y las demás. No se había ofendido cuando le aclaró al vendedor Ricky que no eran novios; su secretaria aparte de ser extraordinariamente hermosa, era inteligente y perceptiva. Él era el que estaba inquieto –y celoso, para qué negarlo, por la facilidad con la que Ginny entablaba relaciones con los hombres, de manera tan inocente y tan fluida.

-¡Harry! –lo sobresaltó su voz- Hace un rato que te noto muy extraño.

-Lo siento…estoy un poco estresado – mintió.

-¿Qué pretendías que le diga a Ricky?

-No lo sé.

-Se muy bien que a ti no te gusta exponerte con ninguna mujer y yo no soy la excepción…-afirmó convencida, tomando su chocolate caliente, con el tono de voz teñido de una inexistente superación. No pudo evitarlo, para Ginny esa especie de distancia era un mecanismo de defensa; si exteriorizaba lo mucho que le atraía ese delicioso hombre que despedía aroma francés, y seducción por la mirada, se sentiría más expuesta.-Para tu alivio, quédate tranquilo que no voy a ponerte en ese lugar.

-¿Y así te lo tomas, como si fuera chocolate? – añadió Harry, igual de asombrado.

Es un poco más amargo que el chocolate… pensó ella de repente sintiendo un poco de miedo por dónde se estaba metiendo.

-¿Qué quieres que haga? –Respondió, resuelta- Si te digo que quisiera algo serio, sales corriendo hasta Perú. Fui desde el norte hasta el Polo sur, no encontré ojos así como los que tienes tú…-canturreó, despreocupada, el tema que sonaba de la cantante colombiana Shakira.

-Pero...¡Basta, deja de cantar! – ella rió- ¿tú no quisieras algo serio con alguien como yo? – le preguntó ligeramente preocupado, buscando sus ojos. Ginny por fin quitó la mirada del chocolate y lo miró, seria.

-¿Me preguntas en serio?

-Sí, claro -Harry quiso leer esa mirada, pero no pudo, no pudo, no sucedía muy seguido pero ella cuando quería era hermética.

Qué ingenuo eres Harry Potter, si así me besas, el resto debe ser para quedarse a vivir, al menos si pensamos en el sexo.

Le gustó verlo un tanto preocupado, y decidió probarlo.

-No te ofendas por lo que voy a decirte…-el corazón de Harry se aceleró- Es que tú no eres un buen partido para casarse y tener hijos.

El rió con franqueza.

-¿Quieres tener casarte y tener hijos? – dijo casi espantado.

Ya tengo dos. Uno más no sería nada.

-Sí, algún día.

-Vamos, eres joven para pensar en eso.

-Quiero tener hijos, no ahora, pero más adelante, dentro de unos años sí. ¿Qué tiene de malo?

-A tu edad estaba divirtiéndome y no pensando en formar una familia…

Ginny sabía con certeza por la fotografía que había encontrado en los ficheros antiguos, que Harry Potter a la edad de veintitrés, empezaba su relación amorosa con Ayleen Foster. ¡Y decía que había estado divirtiéndose! Era tremendo mintiendo. Como Hermione le pidió reserva, decidió no exponerlo con un tema tan hiriente para él.

-La gente con hijos se divierte igual, eh.-apuntó sonriendo, pensando los mágicos momentos vividos junto a Liz y a Thiago.

-Si tú lo dices – dijo escéptico.

-¿Te puedo pedir un favor, jefecito? -dijo tirando el vasito plástico en el cesto.

-¿Cuál? – Ginny se sentó encima de él, y le sonrió.

-¿Me das un beso? –Lo besó sin esperar respuesta y Harry lo sintió dulce, y caliente como el chocolate, mezclado con su perfume, que era de segunda mano, pero que le encantaba. La separó de repente, teniendo una gran idea.

-Quiero hacerte un regalo, Gin -dijo en un susurro, corriendo su flequillo detrás de la oreja.

-No quiero regalos costosos- respondió a la defensiva.

-Es un perfume. Por favor, acéptalo.

-Harry, me incomoda que quieras malgastar tu dinero en mí.

-Te prometo es lo único que te regalaré -le sonrió.- Además, recuerda todo lo que me pediste en tu primer día, en ese momento no te incomodaba pedirme cosas.

-¡No es lo mismo! –Se atajó sonriendo- Sabía que me dirías que no… pero tenía que hacer el intento.

-¿Aceptas el perfume, entonces?

-¿Por qué tienes que regalármelo? –Planteó, circunspecta.- No hay ocasión, que yo sepa no es mi cumpleaños – Harry sacudió la cabeza, como si tuviera un as en la manga.- ¿Y entonces?

-¿Crees que olvidé que hoy cumples tres meses en PotterAndPotions? –Ginny abrió la boca grande, de sorpresa.

-¡Lo recordaste!- dijo asombrada.

-¿Cómo olvidarlo? Mafalda te envió tu carta para avisarte que quedaste efectiva en tu puesto…-Ginny quedó tan sorprendida con ese beso en el ascensor, que olvidó por completo la carta de Mafalda.

-Y pensar que me despediste tantas veces, Harry Potter –comentó con nostalgia. Ambos sonrieron.

-Vamos a elegir tu perfume, ¿sí?

Después del centro comercial, Harry estaba muy atareado en una reunión muy importante y reservada con su accionista Draco Malfoy y con Neville Longbottom; ni Ginny, ni ninguna otra secretaria participó, ni siquiera Hermione, lo que fue un tanto sorpresivo. La pelirroja sospechaba que algo tenía que ver con aquel comentario que el rubio le hizo a su jefecito en la fiesta de aniversario. ¿Qué nuevo proyecto tenían en mente? ¿Alguna poción poderosa? Estaba muerta de curiosidad, pero sabía que era mejor no preguntar, era evidente que se trataba de un proyecto confidencial de la compañía.

Por otra parte, se sentía inmersa en una burbuja, que separaba ese día con el resto de los que iba a vivir, ese día había sido hermoso y diferente a todos. Tres meses en PotterAndPotions y Harry Potter había logrado conmoverla con ese regalo tan lindo. Un perfume importado, pero n era el precio lo importante, sino que el gesto de recordar su 'aniversario'. Durante veinticuatro horas, vivieron una especie de fantasía, de que aquel vínculo laboral, podría transformarse en otra cosa, en algo que a Ginny le inyectaría una dosis de vida, después de tantos malos momentos. Ginny sabía que era hora de despertar y era mejor hacerlo por las buenas…pero le dolía, le dolía cortar el hilo pequeño y débil que la unía a ese sueño imposible.

Eran casi las cinco y lánguidamente, empezó a recoger sus cosas, de forma lenta y prolija, como si no quisiera hacerlo. Harry Potter, radiante de felicidad entró en su despacho, sonriendo.

-La reunión fue un éxito…

Ginny levantó la cabeza y lo miró. Hizo una sonrisa poco efusiva, apagada.

-Cuánto me alegro.

-Lo estoy… la que no está feliz eres tú – dijo él - ¿Me perdí de algo?

-No, sólo estoy cansada- mintió.

-Está bien. ¿Qué te parece si nos vamos juntos?

-Bien…

Cuando bajaron al parquímetro estaba vacío, para alivio de ambos. Harry le tomó la mano y, luego la cara y la besó.

-Tenía muchas ganas de besarte –le confesó sonriendo.- ¿Quieres ir a cenar?

Ginny parpadeó, seria y negó con la cabeza.

-No puedo.-evitó mirarlo a los ojos.

-¿Qué pasa contigo? No me digas que nada porque sé que algo te ocurre.

-Sí, estás en lo cierto, ocurre algo.

-¿Puedes mirarme? Es difícil hablar contigo en estas condiciones.

-Harry, lo que pasó hoy…

-¿A qué te refieres? Ve al grano de una vez...

-Está bien, tienes razón…-respiró hondo, para darse valor.- Lo que pasó hoy entre nosotros, todo eso de besarnos, de ir agarrados de la mano en el centro comercial.

El metió las manos en los bolsillos.

-¿Qué pasa con eso? – dijo exasperado.

-No debe volver a suceder, Harry. -El alzó las cejas, sin comprender.

-¿Por qué no?

-Porque tú y yo somos dos personas diametralmente opuestas -explicó con paciencia.- No tenemos ningún tipo de futuro juntos…

Harry sintió un frío en el estómago, sin comprender la actitud de Ginevra. ¿Le estaba cortando lo que ni siquiera había empezado? Parpadeó varias veces.

-¿Qué idioteces dices? –Por su tono de voz ya estaba enojado.- ¿Qué sabes tú lo que puede suceder?

-No nos engañemos – le dijo Ginny amargamente- Tenemos vidas distintas, y sobre todo, tenemos gustos diferentes. Nunca podríamos congeniar, solo conseguiríamos lastimarnos.

-No estoy de acuerdo con lo que dices… es ridículo anticiparse a los hechos Ginevra.

-Avanzar contigo es poner en riesgo mi trabajo – se excusó, con una fingida indiferencia.- Es un lujo que no puedo permitirme.

-¿Por tu puesto es que no te das la oportunidad de volver a querer? ¿O es por otro motivo? – dijo enojado. La maldita culpa, seguro es eso. ¡Mierda!

-Es por muchos motivos, ya te expliqué que tú y yo no…

-¡Que somos diferentes, sí! ¿Y qué? Los polos opuestos se atraen, nos gustamos Ginny, - le soltó con vehemencia- ¿qué más motivos necesitamos para vivirlo?

Ginny recordó a Ian y se estremeció. No supo si de culpa o de placer. Quizá más lo segundo que lo primero… pero lo segundo la llevaba a sentir lo primero inexorablemente.

-No es tan simple, Harry. Tú tienes determinadas costumbres que no vas a cambiar por mí, y yo soy una persona que tengo responsabilidades, y no puedo en este momento. Hay otras cosas que están primero y tú no lo entenderías.

-¿Qué cosas?

-Tampoco puedo decírtelas.

-¿Sabes qué? No te entiendo Ginevra.

-Lo siento. Lamento no poder decirte más – lo miró por fin – Estoy siendo honesta, lo juro.

-¿Y entonces qué? –dijo él crispado.- ¿Pretendes hacer como que nada pasó?

-Sí, supongo que es lo mejor.

-¿Crees que podremos fingir tanto? – Ginny parpadeó.

-¿Qué es lo que vas a fingir?

-Que no me gustas, que no tengo ganas de tocarte…-Los latidos de Ginny se aceleraron.- Que no me interesas, que no me importa si…

-Harry… por favor, no me lo hagas más difícil.-El chascó la lengua, enojado y apartó su mano.

-¡Tu actitud no tiene sentido, Ginevra! ¡Es irracional! ¡Dime al menos un motivo!

-Tienes que saber que es lo mejor para todos.-replicó ella con tristeza.- Hagamos de cuenta que esto nunca pasó, que no pasó nada en ese ascensor, que nunca nos besamos…Créeme, es lo más sano. Algún día entenderás que lo hice por una buena causa…

-Yo no soy un maestro del cinismo como tú, tampoco me interesa serlo…-le espetó con la voz teñida de enfado.

-No me agredas, Harry…esto lo hago por ambos, por el bien de ambos y de todos.

-¿De todos? ¿Por qué no dices la verdad de una jodida vez?

-¡No me levantes la voz, yo te estoy siendo sincera, te digo la verdad! ¡Es lo mejor para todos y punto! – dijo dolida.

-¡Deja ya el apocalipsis de lado, no seas inmadura! – la remendó con gesto hiriente.- ¡Estamos hablando de dos personas adultas, en este caso tú y yo, que tienen ganas de conocerse y me sales con toda esta pelotudez de que lo olvidemos porque es lo mejor!

-Te juro que lo que hago por…

-¿Por qué mierda lo haces, a ver? ¡Porque eres una histérica! ¡Porque no sabes qué mierda quieres hacer!

-No seguiremos hablando así, en estos términos –dijo Ginny con tristeza.

-¿Ahora te haces la ofendida?

-No, yo…

-¿De qué manera quieres hablar entonces? ¿Con la verdad? ¡Entonces dila de una puñetera vez! ¡Deja de ponerte una careta y dime verdaderamente el motivo de esto!

Se hizo un silencio demoledor. Ginny sabía que estaba fuera de la empresa si le contaba de Liz y Thiago. Pero no era solo ese el motivo de su proceder. Había otros más importantes, y no eran algo para decir en esas circunstancias.

-Te juro que no puedo – dijo Ginny seria.-No te enojes.

-No estoy enojado, no te confundas…-dijo con aspereza.- Pero tampoco voy a rogarte, ni iré atrás de tus caprichos…si quieres que lo olvidemos, ¡así será Ginevra! –Giró sobre sus talones y camino a zancadas hacia su AudiR8.

A Ginny se le empañaron los ojos.

-¡Harry!- corrió hacia a él, quién se había girado, dejando la puerta abierta de su carro.

-¿Qué?

Ginny lo besó suavemente y le dio un corto abrazo.

-No me odies, por favor. Lo siento tanto.

Harry estaba visiblemente molesto, la apartó bruscamente.

-Basta de drama Ginevra – dijo cínico- solo nos dimos un par de besos, nada del otro mundo.

Las palabras atravesaron a Ginny bien en el centro de su corazón.

-No me hables así, por favor.

-Será mejor que no vuelvas a besarme ¿me oíste?- dijo severo.- Nunca más te acerques de ese modo, porque te echaré sin miramientos. Aunque tenga que indemnizarte por miles de galleons.

Acto seguido se subió a su lujoso automóvil y dando marcha atrás, derrapando, salió a toda velocidad.


Nota: La canción de arriba es una parte de Crazy de Aerosmith, traducida. Nunca lo digo porque doy por sentado que ya lo saben, y cualquier cosa si googlean la letra aparece seguro ;)

La otra canción es un temazo de Celin Dion, también traducida.

Bueno, quiero saber que opinan del capitulo, ¡ron y hermione se besaron! y de la decisión que tomó Ginny.

Y si, lamento decir que imposible que haya adelantos porque está crudisimo el 11. Le falta mucho, pobrecito! jaja

Gracias por estar del otro lado! se los quiere.

Joanne