Lo que siempre había deseado

Dame un beso de despedida

"¿Has tomado ya la medicina?" Preguntó Signum mientras sorbía su taza de café. Había cambiado el horario de trabajo en la tienda para poder estar más tiempo con su protegida. Nanoha asintió. Hacía ya tres días desde que les dieran la noticia de su próxima defunción y las cosas habían cambiado. Vita había querido quedarse a vivir con ellas el tiempo que les quedaba, pero sus padres no quisieron exponerla reduciendo sus visitas a las mañanas. Eso provocó una buena rabieta por parte de la pelirroja, pero la encolerizada Vita pronto accedió tras una charla con Signum que la hizo razonar.

Fate y Hayate se presentaban cada mañana sin falta para escoltarla hasta la escuela. Allí intentaba proseguir la rutina, pero últimamente tenía altibajos y a menudo se quedaba en la enfermería durante las clases cuando se encontraba demasiado débil. Shamal le hacía buena compañía y no cuestionaba nada. La rubia de bata blanca sabía.

Suzuka y Arisa, aunque empezaron a preocupase por el notorio declive en la salud de la recién conocida amiga, no sospechaban de la gravedad de la enfermedad.

Nanoha había observado que Hayate parecía más cansada últimamente, por lo visto no desistía en su búsqueda de una solución y se pasaba hasta altas horas de la noche leyendo e investigado como volver a sus cuerpos.

Fate por su parte, estaba más unida a ella que nunca. Por una parte adoraba esa atención extra que recibía de ella, pero por otro lado le inquietaba que la chica se estuviera apegando tanto.

Sonó el timbre y Nanoha levantó la vista sonriendo risueña, esas debían ser Fate y Hayate.

"Voy yo" se ofreció Vita que como habitual se había presentado extra temprano.

"Buenos días" sonrieron a la vez las chicas en la puerta. Signum sonrió y Vita simplemente hizo un gesto con la mano. Ella devolvió el saludo.

"Ahora voy, un momento" les dijo ilusionada mientras maniobraba la silla por la salita. Fue a recoger el bento que Signum había dejado preparado al borde de la mesa. Al recogerlo resbaló entre sus dedos, por suerte, cayendo sobre su regazo y sin sufrir más percance.

"Cuidado" le avisó Vita.

Todas la miraban con preocupación y Nanoha se sintió mal por ello, quiso pasarlo como un accidente tonto sin importancia.

"Nyaja ja ja. Casi me quedo sin comida" bromeó, pero el pequeño detalle la preocupó. No había sido un desliz tonto, había perdido la fuerza de la mano por un momento. Para asegurarse abrió y cerró el puño varias veces, todo parecía normal, pero una sombría y fría nube de duda y temor sobrevoló sobre ella el resto del día.

/

El día transcurrió rápido. Últimamente Hayate tenía la sensación que alguien había acelerado el tiempo y eso la molestaba, porque necesitaba más horas, más días. Estaba cerca de descubrir una manera de salvar a Nanoha, aunque eso significara su propia muerte. Era el orden de las cosas y estaba mal cambiarlo por un capricho egoísta. Ya había cumplido su sueño, su deseo se había hecho realidad. Aunque hubiese sido un periodo corto, le bastaba.

Al acabar las clases el grupo de amigas se había reunido en casa de Suzuka para estudiar, su corazón no estaba mucho en la labor, pero esos momentos de costumbre y ingenuidad en un entorno normal para las adolescentes, eran como un oasis en el basto desierto de la angustiosa desesperación que la consumía.

Arisa bromeó sobre algún profesor y todas rieron. Comieron tarta para merendar y mientras la amena conversación se distendía, Fate le llamó la atención con unos golpecitos en el brazo.

"Nanoha ¿podemos hablar un momento?" le pidió. Ella por supuesto accedió poniéndose en pie y siguiendo a la chica de ojos de rubí, no sin antes echar un vistazo al resto del grupo. Arisa miraba curiosa al igual que Suzuka, más discreta; Nanoha le guiñó el ojo y le levantó el pulgar como muestra de ánimo. Ánimo que por mucho que sonriera, no acababa de verse sincero en sus ojos. Vocalizó algo y señaló a Fate para que la siguiera.

Viendo que Fate ya estaba a una buena distancia, Hayate aceleró el paso para alcanzarla mientras descifraba que le había dicho Nanoha. "Pro-e-za". No. "Promesa" cayó de repente la chica. Acercándose a Fate, tragó saliva.

"Dime" alentó a Fate a iniciar la conversación, a pesar de conocer que Fate tenía problemas para ser asertiva. Simplemente ella tampoco sabía por dónde empezar.

"Nanoha" dijo tras tomar aire y soltarlo de forma dramática. Era obvio que el tema le resultaba incómodo. La rubia desvió la mirada sonrojándose, cambió el peso de pierna varias veces, nerviosa.

"Lo que pasó el otro día, lo que dijo Hayate. Bueno, lo cierto es que no era la manera en que había planeado expresártelo, pero, esto ¿cómo decírtelo?" Fate se enredó con sus propias palabras. Hayate sonrió por un momento enternecida por lo adorable que se veía Fate abochornada de esa manera, su lado pícaro resurgiendo de su interior.

"¿Era mentira?" le preguntó inocente mientras decidía divertirse un poco a costa de su querida amiga.

"No" contestó Fate con rapidez creyendo que Nanoha se sentía ofendida "Sí" dijo seguidamente provocando una mueca de confusión por parte de Hayate. "Esto no es fácil" musitó finalmente, más para sí que para la otra chica.

Finalmente Fate le tomó de las manos "Verás, hace tiempo que me gustas. Deseaba poder acercarme a ti y aunque jamás imaginé llegar tan lejos, soñaba con poder salir contigo"

Hayate se sintió conmovida por la declaración. La seriedad y sinceridad de Fate le habían tocado el alma. Se ruborizó y el corazón le dio un saltito en el pecho. Después tuvo que recordarse cual era la realidad del asunto. Ella no era Nanoha, era Hayate, aquella confesión no era más que una pantomima, una farsa de la que Fate no sabía que estaba formando parte. Era todo teatro, una actuación. El valor que su amiga había acumulado y aquella patosa pero preciosa confesión se perdían cayendo en saco roto. La primera impresión de Hayate que había sido alzar el puño mentalmente felicitando a su mejor amiga, se convertía en un agridulce pensamiento.

Fate soltó un suspiro.

"Pero esta no es la manera" Prosiguió de repente fijando sus ojos borgoña en los azules orbes de Hayate. "No quiero que te sientas obligada por Hayate. En realidad ella lo hace con buena intención, pero quiero que si sucede algo entre nosotras, sea porque tú lo quieres, que sea algo sincero..."

Hayate se mordió la lengua. Aquello ahora iba a ser imposible, de alguna manera, nunca podría ser algo sincero tal y como seguían las cosas. La joven tragó saliva dispuesta a seguir mintiendo medias verdades. Miró de reojo a Nanoha que jugaba con un gatito en su regazo a unos metros de ellas.

"Lo comprendo. Nos lo tomaremos con calma. Iremos despacio, sin presiones" le dijo conociendo ambos bandos y actuando como creía que era lo más compasivo y lógico.

Esa situación era dolorosa pero Hayate aguantó. Sabía que el amor de Nanoha y Fate por ahora estaba abocado a un final próximo y oscuro, pero no podía evitarlo, imaginaba una luz en toda aquella fatalidad. Iba a cambiarlo, iba a darles a sus dos amigas un futuro. Debía conseguirlo. Se lo debía a ambas.

Fate le sonrió agradecida y asintió.

Hayate se abrió de brazos"¿Siguen estando permitidos los abrazos?"

Fate soltó un par de risas ante aquella gracia y Hayate se sintió mejor al saber que aún era capaz de hacer reír a Fate y que Fate todavía era capaz de reír.

Seguidamente Fate la tomó en sus brazos con fuerza y ella rodeó la espalda de la más alta con los suyos.

El súbito grito de Suzuka las apartó del tan agradable contacto.

/

Lo primero de lo que fue consciente fue un intermitente y suave pitido que se repetía una y otra vez. Seguidamente respiró profundamente, el aire era húmedo. Sentía el cuerpo extraño y la mente densa.

Abrió los ojos lentamente y se dio cuenta de que se encontraba en el hospital de nuevo. Moviendo la cabeza con pesadez, Nanoha distinguió la molesta máquina que contaba sus pulsaciones con ese 'bip bip' tan molesto. Los médicos no habían perdido el tiempo en inyectarle una vía intravenosa en la muñeca.

Sentada junto a la cama, Signum se distraía acariciando con el pulgar la mano que tenía asida con ternura. La mujer de pelo rosa no se dio cuenta de que Nanoha estaba despierta. Nanoha frunció el ceño ya que apenas notaba el tacto en su mano. Quiso llamar a Signum, pero solo salió un ronroneo ronco de su garganta.

Fue suficiente para llamar la atención de la guardiana de Hayate.

Nanoha tosió débilmente y entonces se percató de la mascarilla de oxigeno aportando a sus pulmones ese extra que necesitaban.

"Shhh. No hables" la silenció Signum apartando mechones de cabello de su rostro "Tuviste otro ataque, pero ahora ya pasó. Descansa y pronto te sentirás mejor" le susurró.

Nanoha parpadeó tontamente. No recordaba qué había pasado. Lo ultimo que sabía era que estaban merendando en casa de Suzuka, pasando un buen rato, empezó a encontrarse mal y antes de que pudiese coger su medicación le faltó el aire, luego aquel dolor punzante y todo se había vuelto oscuro.

¡Suzuka! Recordó la espantada expresión de su vieja amiga, Arisa también debía haberse llevado un susto de muerte. Y Fate y Hayate. Ah, qué inoportuno era ese condenado cuerpo. Fate y Hayate parecía que estaban por fin empezando a intimar, con suerte ya eran novias oficiales, y ahora ella había estropeado el momento.

Intentó suspirar, pero incluso eso le costó horrores, parecía como si alguien le sujetara las costillas para inmovilizar los pulmones. No sabía cuanto tiempo había pasado desde el nuevo traspiés en su salud y no encontró en la habitación ninguna pista. No tenía ganas de preguntarle a Signum y como de todas formas se sentía muy cansada, decidió hacer caso a su nueva figura materna y cerró los ojos con la intención de descansar la vista y recuperar fuerzas. Quedó dormida casi al instante.

Signum le dio un beso en la frente y sentándose de nuevo retomó su misión de velar por aquella vulnerable criatura.

/

Habían pasado horas desde que Nanoha cayera inconsciente en el jardín de la mansión.

Tras todo el jaleo que se formó después, con ambulancia incluida, las cuatro amigas se acercaron hasta el hospital para saber sobre el estado de la convaleciente. Arisa y Suzuka estaban nerviosas y visiblemente asustadas, pero no era ni comparación con lo que ella y posiblemente Fate sentían en esos momentos. Por un segundo, sólo por uno, Hayate temió que Nanoha hubiese expirado ahí mismo. El terror que corría por sus venas era con diferencia más poderoso.

La doctora no les dejó visitarla, pero Signum les informó de que todo estaba bien y que podrían visitarla pronto. De este modo las mandaron a casa, y a pesar de las protestas, tuvieron que obedecer a pesar de que las benévolas palabras de Signum no habían disipado su angustia.

Al día siguiente las cuatro volvieron para visitarla y de nuevo recibieron una negativa a verla. La preocupación crecía a pesar de la afirmación de Signum de que su protegida estaba mejor y pronto podrían verla.

Hayate no sabía que pensar, ¿eran esas largas protocolo del hospital, cosa de Signum o petición de Nanoha?

Las oscuras ojeras de Fate indicaban que la chica no había dormido mucho esos días y Hayate misma estaba llegando a su límite. Al tercer día entre las dos arrinconaron a Signum para que les contara la verdad.

Finalmente consiguieron que les dejara ver a su amiga. Hayate tomó de la mano a Fate que además de cansada parecía terriblemente asustada. Dándose valor la una ala otra, atravesaron el marco de la puerta tras Signum.

Nanoha dormía. Pálida y inmóvil bajo una sábana blanca. Algunos cables y tubos enganchados a su cuerpo. Ese famoso pitido intermitente les indicaba que su débil corazón aún luchaba por vivir. Sobre su boca la mascarilla se nublaba con vaho con cada aliento de la postrada. Así el pequeño cuerpo de Hayate parecía aún más pequeño y frágil. La imagen, aunque lastimera, impactó a las dos chicas. Una punzada de tristeza se apoderó de Hayate. Verla así lo hacía todo más real, la muerte más temible y la culpa más pesada. También una contradicción hizo mella en su consciente.

"Hayate" llamó Signum con suavidad. Nanoha reaccionó a su nombre prestado y abrió los párpados cansadamente.

Tuvo que parpadear varias veces para estar del todo despierta y ser consciente de las visitas. Movió los labios pero su voz fue tan leve que apenas se escuchó un sonido. Apartándose la mascarilla sonrió levemente. "Ey"

Fate sonrió levemente. El teléfono de Signum empezó a sonar y ésta se disculpó saliendo con premura de la habitación.

Hayate tragó saliva y preguntó "¿Cómo te encuentras?"

Nanoha quiso reír pero no fue capaz "He tenido días mejores" respondió sincera. Más seria confesó "Ya apenas siento las piernas, los brazos han empezado a fallarme y dicen que pronto lo harán los pulmones también. El corazón resiste pero..."

Un pesado silencio se paseó por la habitación.

"No quería, no quería que me vierais así" bajó la mirada Nanoha avergonzada de repente por su estúpido pensamiento.

"Tonta" la recriminó dulcemente Fate acercándose. Nanoha sonrió ante el insulto y un sano rubor coloreó sus mejillas.

Fate se acercó más y se inclinó sobre ella. El "bip bip" del electrocardiógrafo se aceleró. Tras darle un fugaz beso en la frente, Fate se incorporó como por resorte, alarmada por el cambio de ritmo del corazón de su amiga.

"¿Qué pasa?" se asusto a punto de salir corriendo a por un médico. Hayate tuvo que hacer un esfuerzo por no reír mientras el rostro de Nanoha se encendía como una bombilla de color rojo.

Signum volvió y miró alrededor inquieta por la preocupada expresión de Fate. Su protegida sin embargo parecía tener mejor color y ánimo. Y la chica Takamachi parecía estar divirtiéndose, así que se calmó al ver que no era nada serio.

Para asegurarse vociferó sus dudas "¿Estás bien?" se dirigió a Nanoha en el cuerpo de Hayate.

"Un" asintió al fin con más energía de la que había mostrado desde hacía días.

"Me encuentro mucho mejor" comentó con una sonrisa, y esta vez Signum se alegró de la sinceridad de su sonrisa. Estar con sus amigas le hacía bien.

"Pero..." Fate aún parecía una gallina sin cabeza correteando por la habitación, observando atenta el monitor junto a la cama y a la paciente sobre ella.

Hayate observó como espectador; de forma inconsciente Fate cogió la mano de Nanoha con la suya y el rostro de Nanoha se iluminó un poquito más aunque ella parecía no darse cuenta de cómo le afectaba tener a Fate a su lado.

De nuevo le arrolló aquel agridulce sentimiento de envidia. Aunque en el fondo acabó por reforzar su determinación.

Aquella noche se quedó dormida ante el ordenador mientras buscaba la manera, el segundo milagro que le permitiera volver las cosas a su lugar.

/

"Quiero volver a casa" fue la decisión de Nanoha en cuanto Fate y Hayate abandonaron el hospital.

Signum quedó inmóvil durante unos instantes.

"Quiero ir a casa" repitió Nanoha con resolución.

"Eso no puede ser" se negó Signum, pero Nanoha era cabezota y no iba a dar marcha atrás.

"Los médicos ya no pueden hacer nada" habló como si morir no tuviese importancia "Si he de morir prefiero hacerlo en mi habitación que en la cama de un hospital"

Signum lo comprendía, pero era difícil aceptarlo con naturalidad. "Hayate, he de volver al trabajo. No puedo dejarte sola toda la noche mientras estoy fuera. ¿Quién cuidará de ti, entonces? ¿Y si pasa algo?"

"Yo puedo quedarme con ella" la fina voz de Fate las sobresaltó a las dos.

"Testarossa" parpadeó Signum al ver a la rubia con semblante serio y responsable parada frente a la puerta. "¿Qué haces aquí?"

"Olvidé mi cartera" señaló bajo la silla donde efectivamente se encontraba el objeto. Nanoha sospechó que Fate lo había olvidado a propósito, pero no quiso comentar.

"No era mi intención espiar. Piqué en la puerta, pero como no recibí respuesta..." excusó penosamente su intromisión "Yo puedo quedarme con ella, si volvéis a casa. Puedo ir después del instituto y quedarme a dormir si no es inconveniente. Yo la cuidaré" se ofreció a ser el guardián nocturno de Nanoha.

Signum debatió consigo misma, su mirada turnándose entre la esperanzada mirada de Fate y la de Nanoha. Finalmente suspiró derrotada. "Hablaré con la doctora".

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Nanoha no podía creer que hubiese salido bien. Había conseguido que el hospital le diera la libertad. Libertad para morir dónde ella gustase. Y Fate. Fate también se había salido con la suya, podría pasar más tiempo con su mejor amiga, apurar los últimos días que les quedaban juntas. La rubia había conseguido el beneplácito de su madre para la tarea y esa misma noche las dos se encontraron en la casa de los Yagami.

"Me voy ¿seguro que estaréis bien?" preguntó Signum por enésima vez. Las dos chicas asintieron al unísono.

"Cualquier cosa, me llamáis enseguida ¿de acuerdo?" dijo más severamente. Las dos chicas volvieron a asentir. Finalmente Signum se despidió y las dejó solas en la casa.

Nanoha rió levemente "Espera a que Vita sepa que estoy en casa" recordó a la pelirroja con cariño, esperando recibir su visita.

Fate no le hacía mucho caso, estaba concentrada revisando la lista de medicamentos organizando en su cabeza cada uno por si resultaban necesarios.

"Fate-chan" la llamó desde la silla de ruedas. La rubia no pareció oírle.

"Fate-chan" repitió dulcemente. Fate parpadeó y se giró hacia ella.

"Estás cansada" susurró la rubia viendo como Nanoha parpadeaba pesadamente, recriminándose no haberse dado cuenta antes. La condujo hasta el dormitorio y le ayudó a cambiarse. Nanoha tenía tanto sueño que no le prestó importancia al hecho de que fuese Fate la que la estaba desvistiendo.

Pronto Fate la tomó en sus brazos, no con tanta experiencia como lo hacía Signum, pero con el mismo cuidado y cariño. La acostó en la cama y cuando iba a irse al futón se volvió hacia Nanoha.

"Hayate ¿puedo dormir contigo?" le preguntó en un susurro. Nanoha la miró y asintió sin decir nada más. Ambas necesitaban la cercanía, el contacto de otro ser humano. Ambas se necesitaban.

Una vez a oscuras, compartiendo la cama y el silencio, Nanoha se desveló. Observando la negrura de la habitación se preguntó si morir sería algo parecido. De repente sintió la desesperación de sobrevivir. Se sentía perdida en un torbellino de emociones.

Hasta ahora había podido resistir. Frente a los demás era más fácil sonreír y afrontar el cruel destino que le esperaba con brazos abiertos. Una vez acostumbrada la vista a la oscuridad, Nanoha podía distinguir las facciones de Fate a su lado. Su amiga tenía los ojos cerrados pero no dormía. Habían sucedido tantas cosas, Nanoha no pudo mantener las barreras alzadas por más tiempo, aunque no quería, su cuerpo reaccionó.

Fate notó el leve temblor del cuerpo de Hayate y se acurrucó más contra ella, intentando darle calor. Pero no era por frío que tiritaba su amiga. A solas con Fate, Nanoha no era capaz de contener sus verdaderas emociones.

"Fate-chan" la llamó cohibida. Fate la miró con los ojos más compasivos que Nanoha hubiera visto "tengo miedo" confesó susurrando débilmente. Fate la vio llorar, comprendía su aprensión y la compartía, la abrazó fuertemente contra sí en un piadoso abrazo. Su objetivo era dar consuelo, ofrecer fortaleza, pero en cuanto Nanoha sintió a Fate enterrar la cara en su cuello, supo que la rubia también sufría, también necesitaba consuelo y fortaleza.

Fate también estaba llorando. La forastera en aquel cuerpo moribundo lo supo incluso antes de sentir la fría humedad de las lágrimas mojando el cuello de su pijama.

Ambas lloraron hasta cansarse, Nanoha con leves hipos descontrolados, Fate en silencio pero con la misma amargura.

/

Hayate se tragó un bostezo mientras ayudaba a Suzuka a preparar la merienda.

"Casi nos da un infarto" explicaba Arisa exageradamente cómo ella y Suzuka habían ido el hospital para encontrarse que la paciente a la que visitaban estaba desaparecida.

"Lo siento" se disculpó Fate que había olvidado comunicarles el cambio de residencia de Nanoha. Nanoha rió levemente.

"Te echamos de menos en clase ¿cuándo podrás volver?" preguntó Arisa inocente. Fate se puso tensa y a Nanoha se le escapó una mueca. Hayate que a causa del sueño andaba algo lenta de reflejos, tuvo tiempo de disimular y observó impasible la respuesta.

Arisa y Suzuka seguían en las sombras en lo referente al futuro de Nanoha.

"Aún no estoy al 100%, pero pronto, espero" mintió Nanoha. "Contadme que tal va todo en clase" desvió el tema hacia materia más segura.

Y así pasaron la tarde. Y los días se sucedieron siguieron una rutina similar.

Hayate se desvivía por encontrar una alternativa. En el instituto, fiel a su promesa con Nanoha, la mantuvo en lo más alto en las clasificaciones de los exámenes. La visitaba a menudo, pero apenas volvió a hablar con ella de forma seria respecto al tema del cambio de cuerpos o referente a la relación que compartían con Fate. No era capaz, no hasta que encontrase un sistema de devolver la normalidad a sus vidas.

Fate parecía encerrarse un poco más en sí misma, y aunque los demás creían que se trataba de su peculiar e introvertida manera de enfrentarse a la preocupación por el estado de su amiga, Hayate sabía que había algo más.

Nanoha fingía cada día que era un día normal y corriente en vez de un milagroso aplazamiento en su indeseado contrato con la muerte. Hacía las tareas que sus amigas le traían de la escuela, miraba películas junto a Vita cuando la visitaba-cada vez más a menudo-, disfrutaba de su tiempo con Signum, de las meriendas con Arisa, Suzuka, Hayate y Fate. Dormía largas siestas ya que aquel cuerpo se cansaba cada vez con más frecuencia, pero seguía ahí.

Y a las noches aunque a menudo el cansancio la podía y la confortable presencia de Fate la acunaba al sueño, otras veces yacía desvelada y se entretenía viendo dormir a su amor secreto.

A cada día que pasaba, Hayate daba gracias porque Nanoha siguiera con vida. Estaba apunto de encontrar algo, seguro. Sólo necesitaba un poco más de tiempo.

A cada día que pasaba, Hayate daba gracias, pero aumentaba su miedo al mañana.

/

No había pasado todavía una semana, cuando el timbre de la puerta llamó la atención de Nanoha y Signum, que estaban jugando a cartas en un momento de ocio poco habitual. Signum consultó su reloj y al comprobar que eran horas lectivas se extrañó, pero se levantó a atender de todos modos. Al abrir la puerta Shamal saludó con una gran sonrisa.

"Shamal" saludó confusa Signum.

"Signum, tengo buenas noticias, creo." Dijo la rubia, que a ojos de Nanoha se veía extraña sin su atuendo de bata blanca. Entró en la casa y empezó a explicar con porte serio pero con un brillo entusiasta en los ojos como había encontrado a un médico que trataba aún de forma experimental casos como el Hayate con buenos resultados. "La doctora Ishida y yo hemos estado hablando con él y hemos conseguido que nos envié un nuevo medicamento que quizá..." comentaba, pero el escepticismo en el rostro de Signum era comprensible. "Quiero decir, que vale la pena probarlo, si el guardián del paciente nos da su consentimiento, claro" prosiguió Shamal finalizando su noticia con una suplicante mirada.

Signum se sentó en el sofá masajeándose las sienes. Aquello era su última esperanza, pero había habido tantas antes de aquella y todas con anterioridad habían sido aplastadas sin piedad.

"Esta bien" accedió cuando Nanoha la animó con un asentimiento. Ya no tenían nada que perder.

"Estupendo. Llamaré a Ishida para que prepare para mañana la primera dosis."

"Quieres quedarte un rato. Estabamos jugando a cartas, un jugador más no nos iría mal" la invitó Signum al ver que Shamal se recogía para irse.

"Oh, no. Yo... Me encantaría, pero debo volver al instituto. Estoy trabajando" confesó. Nanoha parpadeó.

"¿Estás haciendo novillos?" preguntó la chica a lo que la sanitaria sacó la lengua encogiéndose de hombros.

Nanoha entendió que el vínculo que Hayate Y Shamal habían forjado con el paso de los años, era algo más que una simple relación médico-paciente. Era como una más de la familia.

"Me alegra verte Hayate. Cuidate, ¿eh?" le guiñó un ojo y dio media vuelta.

"Shamal" la detuvo la llamada de Signum. La de pelo rosa la miró a los ojos y llena de gratitud murmuró "gracias"

La rubia sonrió y se marchó.

Nanoha ganó la partida de cartas y se sintió alegre y aliviada. Quizá aún no era hora de rendirse. Había tanta gente que estaba luchando por y junto a ella. Debía seguir viviendo. Un día más. Un día más.

/

No había terminado de sonar el timbre que señalizaba el fin de las clases cuando Fate ya se puso en pie, mochila preparada a su espalda y todo.

"Hoy no podemos ir a visitar a Hayate-chan, dale recuerdos de nuestra parte" la despidió Suzuka recogiendo sus cosas más pausadamente. Arisa secundó la petición.

Fate asintió y se fue corriendo. Hayate corrió tras ella "Fate-chan. Espera" intentó llamarla. "Hasta mañana chicas" se despidió de las otras dos a medio camino de la puerta.

No consiguió atraparla hasta pasada la entrada del instituto. Fate aminoró la marcha a un trotecillo suave que Hayate no tuvo problemas en seguir.

"Oye" le dijo Hayate tras una calle o dos sin mediar palabra entre ellas. "Fate-chan, deberíamos hablar" le dijo entre inspiración y espiración.

Fate detuvo sus zancadas y se puso a andar con expresión contrariada. Hayate se detuvo un momento y caminó a su lado extrañada.

"Fate-chan ¿estás bien?" se preocupó Hayate. Era una pregunta estúpida cuyo significado real era 'dime qué te pasa'. "Llevas días esquivándome. No soy tonta, me he dado cuenta." Añadió.

Llegaron a la casa de Fate y ésta aún no le había dado una respuesta.

"Bienvenida, Fate" la saludo Precia "¿hoy también vas a pasar la noche en casa de Hayate?" le preguntó tras darle un beso.

Hayate sonrió levemente al ver que la mamá de Fate volvía a ser esa mujer dulce y amable que conocía. Cuando la mirada violeta se posó en ella curiosa, Hayate recordó que ahora era Nanoha. Hizo una pequeña reverencia presentándose.

Fate le dio a Precia unas pocas explicaciones y se fue a su cuarto a recoger un poco de ropa limpia y algunos libros. Hayate la siguió. Fate estaba esquiva. Y le resultaba incómodo.

Tras tenerlo todo apunto, reparó en Hayate que esperaba paciente una respuesta.

"¿Fate-chan?" preguntó temerosa.

Suspirando Fate la miró a los ojos.

"He estado algo contrariada últimamente, han estado pasando muchas cosas y yo no sabía que hacer" confesó al fin.

"Nanoha" dijo su nombre con sumo cuidado "créeme cuando te digo que mis sentimientos siempre fueron sinceros. Pero, las cosas han cambiado" pronunció con vergüenza.

"¿Qué quieres decir?" se interesó Hayate sin comprender la súbita declaración.

Hubo un silencio en el que Hayate comprendió. "Se trata de Hayate ¿verdad?"

Fate le evitó la mirada antes de asentir.

"Debo decírselo antes de que sea demasiado tarde" murmuró Fate en voz alta sin percatarse del rostro angustioso de Hayate.

"Quizá sea por su estado, pero algo ha cambiado. Me necesita, y yo, me he dado cuenta que la quiero, que la quiero más, que la quiero diferente. Nanoha, una vez me pediste que te tratara como la trato a ella, y lo hago. De verdad lo hago. Te has convertido en una amiga muy preciada, aunque los sentimientos por ti han estado confusos últimamente. No te conocía. Ahora, he estado pensando. Me he dado cuenta de algunas cosas. Creo que en realidad, estoy enamorada de Hayate, lo siento."

Hayate tuvo ganas de reír, una risa sin humor. Soltó un bufido cáustico y sonrió tristemente.

"Entonces, te diste cuenta ¿cuándo?. Déjame adivinar" dijo señalándola con un dedo, como el detective apunto de señalar al culpable "Tras la visita al museo" exclamó efusiva y mordaz.

Fate no entendía el comportamiento de su amiga, pero estaba asombrada de algún modo. Asintió.

Esta vez Hayate sí soltó un par de débiles carcajadas. Miró fijamente a su mejor amiga, tan ilusa e inocente aún. Le sonrió, pero no había felicidad en esos labios curvados.

¿Cuan cruel se podía ser? No había justicia en el mundo. Era como dar un trago de agua al sediento para desparramar ante sus ojos el resto de la jarra. Tan cerca y tan lejos.

El peso de la culpa volvió a recaer sobre ella, la responsabilidad era demasiado grande.

Nadie podía comprender su verdadero sufrimiento. Algo por dentro le mordisqueaba persistente las entrañas. La angustia se había instalado en su pecho de forma permanente. Iba a perder a su mejor amiga, iba a dejar morir a otra. Las emociones tiraban de ella con fuerza, todas a la vez y en diferentes direcciones. No sabía que hacer. ¿Qué era lo correcto, qué no?. ¿Debía guardar silencio, cumplir promesas que de poco iban a valer mañana? No podía soportarlo más. Era demasiado peso. Demasiado dolor.

Cogió una de las manos de Fate y con rostro oculto y expresión grave susurró "Le hice una promesa, de que cuidaría de ti. Lo hubiera hecho aunque ella no me lo hubiese pedido" le confesó "Me hizo prometer…" se hundió de hombros dejando la frase inacabada.

"No hagas esto, Fate-chan. Te harás más daño. Y le harás sufrir más a ella" le suplicó con ojos vidriosos.

"No entiendo" murmuró Fate confusa. Hayate se sintió frustrada consigo misma.

Hayate sintió que si no se mordía la lengua acabaría por confesar, pero llegados a este punto, sentía como perdía el control. "No dejes que su sacrificio sea en vano, Fate-chan. No sabes lo significas para ella y lo que esto supone. No le digas la verdad. Déjale al menos irse con la conciencia limpia, creyendo que ha hecho lo correcto. Imaginando que eres –o serás- feliz" probó por última vez.

Fate frunció el ceño. Seguía sin entender.

"¿Me estás pidiendo que le mienta? ¿Qué haga como que no ha pasado nada? Eso no sería justo. Hayate y yo siempre hemos sido sinceras la una con la otra, ya no hay secretos entre nosotras y no puedo traicionar esa confianza" contestó Fate con ímpetu, sin darse cuenta del paso atrás que dio su amiga ni de cómo su rostro se compungía herido ante esas palabras, "Se lo debo. No puedo ocultarle lo que siento. Creía que lo entenderías, Nanoha. Ya no voy a huir más de mis sentimientos por dolorosos que sean" concluyó.

El valor de Fate era admirable y sus intenciones honestas, Hayate se sintió ruin y despreciable. Sintió que no estaba a la altura. Fate siempre la elevó más alto de lo que ella fuera capaz de alzarse por sí sola

Se oyó un hipo y Hayate se dio cuenta, demasiado tarde, que había sido ella quien lo había producido. Las emociones surcaban demasiado intensas, era demasiado tarde para detener las lágrimas. Era cierto, todo. Nanoha merecía morir al menos sabiendo que era amada, pero esa misma verdad podía destruirla. No era el momento.

"Ahora no" murmuró en un hilillo de voz.

"Nanoha," la llamó Fate con la voz llena de emoción "se muere" casi gritó. "Hayate se muere" gimió intentándole hacer ver que no le quedaba mucho más tiempo para declararse.

"No" le dijo Hayate escueta secándose las lágrimas con la mano. "Nanoha se muere" corrigió. Al carajo con las consecuencias, ya no podía soportarlo más. Tenía que sacarse ese zarzal de espinas llamadas secretos que se había formado alrededor de su corazón y no dejaban de desgarrarlo.

"Es Nanoha, siempre fue Nanoha" explicó con un lánguido suspiro. Fate la miraba como si estuviera loca, pero eso no la detuvo, finalmente se serenó y le contó la verdad. Le narró cómo habían intercambiado los cuerpos el día del museo, cómo desde entonces habían vivido la vida de la otra, y cómo Nanoha había descubierto sus verdaderos sentimientos por Fate.

A cada palabra, los ojos de Fate se fueron abriendo más y más a medida que comprendía y rememoraba los hechos. Hayate supo que no le haría falta probar nada. Fate la creía, la chica se había dado cuenta del cambio, en los pequeños detalles, pero no les había dado más importancia, hasta ahora. Todo parecía nuevo, no había sido su imaginación.

Cuando terminó la historia, la expresión de Fate era difícil de describir.

La había visto dar un respingo de realización, abrir la boca con espanto, cerrarla con tristeza, se sentía traicionada en lo más profundo, era de esperar. Pero se repuso y optó un porte sin emoción, casi indiferente.

"Entonces, todo este tiempo..." murmuró.

Hayate corrió a disculparse, no era necesaria una afirmación "Perdónanos, Fate-chan. Perdóname. Todo se complicó y después...Nanoha y yo pensamos que..." no encontraba las palabras para describir lo afligida y arrepentida que se sentía por todo. No habían excusas que pudieran justificar tal delito.

Si eso hiciera que Fate la perdonase, Hayate se tiraría de rodillas ahí mismo, pero sabía que aquel gesto iba a ser inútil en cuanto volvió a cruzar miradas con la más alta.

Los ojos de Fate estaban vacíos, desposeídos de alma en ese mismo instante. Hayate se percató de lo que acababa de destruir. "Fate-chan..."

La rubia no le contestó, la miró a los ojos por postrera vez antes de dar media vuelta y marcharse con hombros derrocados.

En cuanto la puerta se cerró y Hayate se encontró sola en la habitación, rompió a llorar.

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Abriendo sus cansados ojos, Nanoha los entornó por un momento intentando adaptarse a la tenue luz. Seguidamente volteó levemente la cabeza hacia la fuente de aquella agradable brisa que refrescaba el ambiente. La ventana estaba abierta dejando ver un hermoso cielo azul. Junto a la ventana una figura observaba de pie el paisaje en silencio, apoyada sobre el marco lateral de forma distraída y taciturna. Alta y esbelta, sus dorados y largos cabellos caían libres sobre su espalda ondulando levemente con el frecuente soplo de aire. La muchacha se quedó mirando ese agraciado ser. Fate estaba preciosa. Era hermosa, se rectificó Nanoha en sus pensamientos. No dijo nada, simplemente siguió observando a la rubia intentando grabar en su memoria aquella imagen. Se iría llevando con ella los más bellos recuerdos. Lo único que la turbaba era la suma tristeza que se reflejaba en esos ojos carmesí que miraban el firmamento como suplicando perdón. Ver esa mirada llena de pena le rompía el corazón.

Fate se giró para descubrirla despierta.

"Hola" la saludo Nanoha con la voz aún ronca después del sueñecito. Fate simplemente le sonrió.

"Te he traído los deberes" le comentó Fate. Nanoha bufó.

"La verdad es que no me encuentro con fuerzas ahora mismo para hacerlos"

Fate no la reprimió, ni le dio la razón, ni se alarmó, no se movió de su sitio junto a la ventana. Nanoha sintió que la miraba de forma especial, diferente, como viéndola por primera vez. Había un brillo en esos profundos ojos carmesí que hablaban volúmenes. Había una nueva tristeza en ellos.

Nanoha frunció el ceño levemente.

"Fate-chan" la llamó y la susodicha respondió acercándose con paso dubitativo.

"Me gustaría poder volver a la azotea" le susurró mirando por la ventana. Aquello no iba a poder ser. No hoy, ni mañana, al menos.

Fate se sentó en la cama y apartó a Nanoha hasta colocarse en el cabezal, levantando a la inválida hasta su regazo.

"Mira por la ventana" le dio instrucciones "Mira este cielo tan hermoso que tenemos hoy" le indicó suavemente susurrándole al oído.

"Ahora cierra los ojos y siente la brisa" escuchaba la aterciopelada voz de Fate y ella la obedecía a pies juntillas.

"¿Lo sientes?" le preguntó. La comisura de los labios de Nanoha se ensanchó y alzó con jovialidad. Mientras, la grieta en el corazón de Fate crecía junto a esa sonrisa.

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Momoko miró a sus dos hijos con preocupación, la pequeña de la familia había vuelto a casa con ojos rojos y sin mediar palabra se había encerrado es su habitación toda la tarde. La matriarca empezaba a temer realmente por la salud de su hija.

Hayate por su parte había hecho sus deberes apáticamente, se había dado un baño de forma autómata, había jugado con el hurón de Nanoha pero sin ninguna alegría. Su sonrisa y farsa había sido tan evidente que ningún miembro de la familia se había atrevido a preguntar ya que la respuesta obvia iba a ser otra mentira. Hayate había empezado otro libro polvoriento en busca de formas de anular el deseo. Encantamientos, ritos y antiguas leyendas.

Esta vez su corazón no estaba en la tarea y la lectura le pareció un cúmulo de palabras y supersticiones vacías, cuentos de hadas para niños bobos.

Hayate se fue a dormir pronto y el sueño la encontró entre lágrimas.

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Las dos se recostaron en la cama, una junto a la otra, como ya lo habían hecho antes. La cercanía les reconfortaba. Se acomodaron y Nanoha buscó la mano de Fate quien por su parte encontró la suya a medio camino. La rubia se recostó de lado encarándola y le dedicó una tierna sonrisa. El débil corazón de la moribunda pareció recuperar vitalidad y golpeó animoso contra la caja torácica de Nanoha. La chica quedó ensimismada observando a su amor secreto con devoción.

Cara a cara, Nanoha intentó no parpadear. Si cerraba los ojos quizá no volvería a abrirlos, aunque al menos su último recuerdo sería aquel rostro que había aprendido a amar como a la vida misma.

"Fate-chan" dijo con voz sumamente suave, una inusual calma y valentía se apoderó de ella.

"¿Mm?" le contestó su compañera simplemente. Con la misma expresión de seriedad, Nanoha pidió su deseo, qué bien podía ser el último.

"Bésame" dijo con serenidad. Fate obedeció de inmediato dándole un suave beso en la mejilla. Todo el acoplo de Nanoha no había servido de nada. Aquel afectuoso gesto no era lo que ella había estado buscando. Sabía que no estaba bien, pero no podía evitar querer llevarse al menos eso a la tumba. Sólo uno, un simple beso de la persona a la que quería. Fate frunció el ceño levemente reconociendo la decepción brillar en los ojos de la otra chica. Su amiga no estaba bromeando. Sus cejas se arquearon y su boca dibujó una graciosa o cuando entendió.

"¿Qué te bese?"

La expresión de Fate era confusa, una mezcla de emociones se acopiaron en ella. Aunque la más predominante era el miedo.

Nanoha se sonrojó por un momento, dándose cuenta de lo raro que había sonado su deseo. "No quiero irme sin saber lo que es que alguien te bese." Improvisó una excusa que fue del todo creíble porque era verdad. Ojeó a Fate que estaba tiesa en su sitio y muda.

"Sé que es egoísta que te lo pida..." susurró avergonzada "...por favor" siguió insistiendo, aquello sólo se lo podía pedir a ella. Intentó ser sensible con Fate "sólo por una vez" continuó mirándola a los ojos.

Sonriendo levemente ante el cruel humor del destino probó "Si te es más sencillo, imagina que soy Nanoha" le dijo.

Y al soltar esas palabras los ojos de Fate brillaron y una expresión de horror cruzó su semblante. ¿O había sido un pesado golpe de tristeza? Nanoha no supo describirlo. ¿Cómo podía? Ella no sabía que Fate conocía la verdad y que acababa de asestarle una profunda puñalada, una cruda herida que sangraba sin consuelo.

La chica de ojos de rubí permaneció inmóvil, incapaz de reaccionar mientras intentaba controlar sus emociones. Nanoha pensó por tal reacción que quizá había pedido demasiado.

"Ja ja ja. Olvídalo. Es una tontería" quiso cambiar el tema y dejar atrás esa fría sensación de rechazo.

Dio un pequeño respingo cuando encontró de repente los labios de Fate pegados a los suyos.

Fue el turno de Nanoha de no saber como reaccionar. La mente se le quedó en blanco por unos pocos segundos que duró el beso. Al separarse vio como Fate la miraba con intensidad.

Apretó los labios con fuerza y volvió a relajarlos, luego se llevó dos dedos que apoyó sobre ellos aún sin creer lo que el cálido cosquilleo significaba.

"Oh" dijo simplemente. Apartando la mirada fingió indiferencia, pero en el fondo estaba sonriendo de par en par llena de gozo. Ojeó a Fate por el rabillo del ojo y para su sorpresa la chica la estudiaba con descaro y con ese brillo en los ojos, su expresión totalmente seria.

Aunque de repente se sentía cohibida e incluso algo incómoda, algo la atraía hacia la rubia. Volteó para encararla de nuevo. Esta vez sin pretensiones ni mentiras, con una expresión abierta, expuesta y vulnerable.

Fate no se había burlado, ni había actuado por pena, su acción había sido sincera. Con esa misma sinceridad volvió a acercar su rostro al de Nanoha, que no se apartó.

Los labios de ambas chicas se unieron de nuevo por dos segundos, seguidamente otros dos, finalmente se pegaron y empezaron a moverse. Fate pellizco con suavidad el labio inferior de Nanoha que abrió la boca instintivamente. Y ese tierno beso fue más allá, escalando con la necesidad, con la pasión, con una profunda agonía por absorber el alma de la otra. Fate tomó el rostro de Nanoha con una mano, apoyándose sobre su mejilla y jugando con los mechones que se enredaban en sus dedos. Mientras las lenguas danzaban y exploraban nuevos horizontes, Nanoha se perdió en la sensación, sus manos encontrando el cuello de Fate, asiéndose con desesperación en la blusa de la rubia, colgándose de su pechera. La emoción le pudo, mientras el beso se prolongaba, y aunque tenía los ojos cerrados saboreando el momento, lágrimas errantes escaparon de su control mojando la piel a su camino.

Ya nada más importaba.

/

El despertador sonó y Hayate volvió de entre una espesa niebla. Le costó despertarse, pero se apagó el ofensivo aparato y se sentó en la cama.

Al bajar a la cocina, Momoko la recibió con una sonrisa. "Buenos días" le saludo Miyuki también.

"Nanoha, si no te encuentras bien te llevaré a ver al doctor. No sea que aquel golpe en la cabeza te esté afectando de algún modo"

Hayate enarcó las cejas y sonrió enternecida. Tomó una tostada y le dio un mordisco.

"Estoy bien" intentó tranquilizar a su familia adoptiva.

Miyuki la acompañó un trama del camino pero en cuanto se separaron Hayate empezó a preguntarse qué pasaría hoy en el instituto.

¿Cómo estaría Nanoha? Y Fate ¿podría mirarle de nuevo a la cara? ¿Qué habría pasado entre ellas? No sabía que iba ha hacer, pero tenía que hacer algo.

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"Ding dong" sonó el timbre y Vita corrió a abrir la puerta. Hayate y Fate estaban ahí de pie "Buenos días, Nanoha"

Hayate era Hayate, la pequeña joven de pelo corto y castaño que siempre adornaba con clips de colores, ojos azules y sonrisa fácil.

Nanoha se vio a si misma, en su propio cuerpo, pero todavía anclada en esa silla de ruedas. "Vamos, Nanoha" le dijo Fate, y ella y Hayate le alargaron una mano cada una. Ella las tomó y se puso en pie.

"Nanoha" escuchó la dulce voz de Fate reclamar su atención. Ya no estaban frente a la casa de los Yagami, sino en la azotea del instituto. Hayate había desaparecido.

Estaban en una ladera verde, un ancho cielo se extendía frente a ellas hasta el infinito. Anduvo unos pasos sin soltar la mano de Fate. Sus pies se despegaron del suelo.

Soltó un gritito asustado, pero la risita de Fate la tranquilizó. Estaban volando. Libres, alto. Tomando aire Nanoha se sintió crecer, soltó la mano de Fate y voló por su cuenta, más alto, más rápido.

Se sintió llena de gozo y rió como un niño. Fate suspendida en el aire la miraba con cariño, una tierna sonrisa adornando sus labios. Sin darse cuenta, Nanoha surcó una nube y siguió volando alejándose cada vez más de Fate.

Siguió volando, jugando con el aire.

"Hayate"

El sueño se rompió y Nanoha despertó en el cuerpo de Hayate otra vez, sus miembros pesados la anclaban a la tierra.

Signum le sonrió. "Hora de la pastilla de la mañana" le indicó la guardiana ayudándola a incorporarse.

"Estaba soñando" murmuró Nanoha medio dormida.

"Apuesto a que sí" sonrió Signum acercándole la medicina junto a un vaso de agua "Y si la sonrisa de tonta que hacías sirve como pista, debía ser un buen sueño" bromeó mientras Nanoha tomaba la píldora.

Nanoha miro de lado a lado con expresión perdida.

"Fate acaba de irse" le comunicó la de pelo rosa adivinando lo que la joven buscaba "se despidió, pero estabas profundamente dormida. No te preocupes volverá esta noche"

Nanoha apenas disimuló su desilusión. Pero casi inmediatamente recordó la noche anterior. El beso. Aquel recuerdo la hizo sonreír como una colegiala.

"Voy a preparar el desayuno. ¿Te apetece algo en especial?" le preguntó Signum.

Nanoha bostezó. "Cualquier cosa estará bien. Gracias" sonrió mientras se recostaba otra vez dejándose mimar. Hoy se sentía bien.

Mientras Signum desaparecía, Nanoha estiró sus entumecidos músculos golpeando algo con la mano. Parpadeó al ver qué había sido. Volvió a sonreír. Era el muñeco de Fate.

Algo ausente tomó el peluche en sus brazos y lo estrechó contra su pecho con cariño. Ese pequeño mapache de peluche era un símbolo. Un guiño de Hayate, un gesto de afecto de Fate. Era un conjunto lo que significaba. El recuerdo de esas dos chicas, sus íntimas amigas.

Sonrió con ternura abrazándolo y cerrando los ojos se recostó de nuevo con un ligero sentimiento en su pecho.

/

El grupo estaba reunido y charlaba animosamente durante la comida. Arisa alzó la cabeza curiosa para ver a alguien entrar en el aula. Hayate estaba de espaldas a la puerta, la plática se interrumpió y ella giró la cabeza para ver de quién se trataba. La leve sonrisa de sus labios se congeló por un momento. Fate estaba tiesa como una estatua, su semblante aunque intentaba ser neutro, lleno de temor. Era Shamal.

La enfermera de la escuela se acercó al grupo despacio, casi arrastrando los pies. El leve temblor en sus manos la delató antes de que pudiese dar ninguna noticia.

A Hayate se le congelaron las entrañas. "No" susurró Fate en un hilillo de voz. Ambas supieron instintivamente que desgracia venía a comunicarles.

Entonces todo se volvió borroso. Hayate recordaba vagamente a Fate poniéndose en pie y afrontando a Shamal. La mujer de bata blanca dijo algo con voz suave, Fate negó con la cabeza. Pudo oír el pequeño grito de Suzuka, a pesar de tenerla justo al lado sonó como en la lejanía.

Su mundo parecía correr como un reloj de arena, granito a granito, en una marea de confusión. Estaba en shock.

Fate parecía derrumbarse por momentos, Shamal intentó consolarla, pero no era posible. Fate rechazó a Shamal y la terrible verdad que traía con ella empujándola con fuerza, salió corriendo de la clase y desapareció.

Hubo un momento de silencio en el que nada ni nadie se movió, como si el tiempo se hubiese detenido.

Posteriormente Shamal se acercó e inclinó sobre ella, pero para Hayate era como si la rubia no estuviese frente a ella. Los llantos de Suzuka se sofocaban en el abrazo de Arisa que apretaba los dientes para contenerse. Algunos alumnos curiosos las observaban sobrecogidos. Pero Hayate restó inerte. No era capaz de reaccionar.

Finalmente se dejó llevar de la mano por Shamal hasta la enfermería y al rato la vino a buscar una afligida Momoko que la abrazó contra sí con compasión.

La matriarca de los Takamachi le susurró palabras reconfortantes intentando aliviar la gran pena en la que se había sumido su supuesta hija, pero los sonidos revoloteaban en el subconsciente de Hayate y se iban sin ser atendidos.

Momoko se la llevó a casa y finalmente se separó de ella. "Nanoha ¿estarás bien?" le preguntó cuando los pies de Hayate la condujeron de forma automática a su habitación.

"Voy ha hacer unas llamadas. En seguida estoy contigo, cariño" le acarició preocupada la mejilla antes de que se fuera.

.

Hayate entró en la habitación de Nanoha y al cerrar la puerta tras de sí, fue como si esas cuatro paredes se derrumbaran sobre ella. Cada mueble acusándola. Impostora, asesina parecían gritarle. Las lágrimas empezaron a brotar. Las rodillas le fallaron y cayó al suelo dando rienda suelta al llanto.

No sabía cuánto había llorado estos pasados días, cuando creía que ya no le quedaban lágrimas, ellas acudían de nuevo interminables. A menudo sentía que le faltaba el aliento y esa angustiosa opresión en el pecho le hacía sentir que se estaba ahogando. Nanoha había muerto, era un hecho. Una parte de sí misma había muerto con ella. No era capaz de soportarlo. Su cuerpo se sentía débil, pesado, como si cada extremidad estuviese hecha de plomo.

Había fracasado.

Gritó. Soltó un alarido lleno de dolor, de culpa, gritó a pleno pulmón. Un miserable aullido proveniente de su alma rasgada.

Nanoha había muerto.

Lloró y gritó hasta que no le quedó voz. Hasta que su ronca y irritada garganta fue incapaz de expresar más su sufrimiento.

Tan sumida en su desgracia estaba que no recordó a Momoko. La mujer tras las llamadas, había cogido un vaso de agua y se disponía a entrar en la habitación para consolar a su niña cuando los desgarrados sollozos la detuvieron. Aquellos gritos le partían el alma. Tras una dura batalla consigo misma decidió dejarla sola hasta que hubiese descargado todo ese dolor que llevaba dentro y estuviese más calmada. A veces en presencia de otros, Nanoha no era capaz de dejar ir sus verdaderos sentimientos. Lo sabía y respetó el íntimo duelo de la joven.

Mientras, tras un largo período de tiempo, los gemidos de Hayate se habían ido debilitando. Yuuno que había permanecido inmóvil por la fuerza de las emociones expresadas por su actual dueña, asomó acercándose cauteloso. Hayate parpadeó intentando apartar las lágrimas de su visón y dedicó al animalito una sonrisa sumamente triste. "Yuuno" lo llamó con voz ronca y afónica. El hurón se acercó y la chica lo acarició distraídamente mientras hipo tras hipo intentaba controlarse. Encontró un sádico consuelo en el gesto.

Suspiró trémula y alzando la vista miró en rededor. Esa habitación que no era suya, esa vida que no le pertenecía, pero que ahora le había sido encomendada.

De repente los ojos de Hayate se abrieron como platos. Se incorporó tan rápido que Yuuno se asustó y volvió a esconderse bajo la cama y ella misma tropezó y cayó a cuatro patas. Eso no le impidió arrastrarse a gran velocidad hacia el escritorio. Un objeto sobre la mesita brillaba clamando su atención. Hayate entornó los ojos y agarró el pedrusco con rabia. La semilla de la joya. Esa maldita piedra que había obrado el milagro, la tragedia.

Todo el dolor, la ira, la desolación, el sufrimiento, la rabia ... Todo volvió de golpe a Hayate que alzó su puño bien alto con furia y aporreó con violencia contra el suelo. La piedra se quebró y aquello le produjo una perversa satisfacción.. Observó como las grietas crecieron con un suave sonido de cristal roto, alargándose como raíces en tierra fértil. Pronto atravesaron la joya de un extremo a otro.

"Crack" sonó.

La semilla de la joya se partió en tres trozos bruscamente y una luz cegadora invadió la habitación.

Continuará...


En el próximo capítulo:

Fate se mantuvo en pie, firme, tan alta como era. Su mirada fija y seria clavada en la de aquel hombre. Jail esbozó una sonrisa. "Todo deseo tiene un precio" comentó


AACK! No sé que pasó con el documento que al guardarlo me perdió más de dos páginas de historia, aparecieron cuadrados, cachirulos y saltos de página de la nada. ¿Alguien sabe qué pasó? Sea como sea he tardado una semana más de lo previsto en actualizar, tuve que volver a escribir gran parte del capítulo con la frustración que ello conlleva. También cogí un resfriado del que ya me he recuperado, he estado de mudanzas y con salidas de emergencia por la muerte de la lavadora...menudo desastre, cuando el destino decide tomarte el pelo, se ceba o. LO SIENTO.

Aún así creo que el remake se parece bastante al original. Espero no defraudar por la espera. Este capítulo fue algo deprimente de escribir, pero al mismo tiempo me encantó intentar transmitir toda la ternura, ambivalencia y nervios del amor adolescente (aunque salió más maduro de lo que pensé. Dadas las circunstancias supongo que es normal)

Ojalá dejen review y sepa que les pareció. Aww la cosa esta llegando al final. Echaré de menos esta historia, pero tengo otras a medio camino y muchas ideas y proyectos, así que no me sentará tan mal terminarla. Gracias por todo

Akairo: Muchas gracias por el review. Como viste este capítulo salió algo largo y bueno, espero sea de tu agrado. Nanoha es valiente, pero es humana. Intenté transmitir el mensaje de que no estamos solos y debemos apoyarnos en los demás también. Dejarnos querer. En fin, ya no molesto más. Si por favor tienes tiempo comentame este capitulo tambien. Gracias