Los libros de Harry Potter no me pertenecen, son de J.K Rowling y de quienes sean sus derechos. Escribo esto por puro gusto personal, y para alegrar a otros fans, y no quiero ni busco nada a cambio. Gracias.

Advertencia: Esta historia contiene yaoi, es decir, amor entre hombres. Así como tortura, non-con, m-preg, canibalismo, criaturas sobrenaturales, drama, y escenas de índole sexual. Temática muy dura, queda advertido.

Sumario: De la muerte de Harry Potter, se alzó el esqueleto de un imperio. La caída de los gobiernos muggles, trajo su carne. La sangre, el hambre, y el sufrimiento de millones, crearon un alma negra y cenagosa para la malformada carcasa. Ahora, tras una década de existencia, Draco Malfoy, espía de la orden del fénix, sacrificará su cuerpo, su corazón, y su alma, para demolerlo. (Harry y Draco acromántulas)

Y ahora…

Bienvenidos a:

TELA DE ARAÑA

Capítulo 10- Cayendo.

Draco gimió y jadeó, y cuando creía que ya no podría soportarlo más, su orgasmo estalló devorándolo por dentro, y encerrando a la bestia en lo más hondo de su mente satisfecha y lánguida.


La mayoría de habitaciones del castillo no tenían un lavabo propio, y dependían de los aseos comunes más cercanos. La estancia de Draco no era una excepción.

O

Era noche cerrada, y los baños de la casa slytherin estaban desiertos. Techos cavernosos y lisas paredes de baldosas negras le dieron la bienvenida, resbaladizos de la tenue luz ámbar de los faroles, la humedad del agua oscura, y el reflejo, verde místico, del lago tras las ventanas. Suavemente cerró la puerta a su espalda, dejando al elfo que había insistido en acompañarle, fuera.

Respiró profundamente el aire húmedo, el perfume del jabón y de la menta picante de pasta de dientes. Intentando evocar esa parte de su vida estudiantil, quizás la época más feliz que podía recordar, que a menudo ejercía un efecto tranquilizador sobre él.

Pero hoy solo lograba captar la soledad del espacio vacío.

Estrechó la brazada de ropa en sus brazos. Ni siquiera recordaba que prendas había cogido, apenas conservaba la vaga noción de haber abierto el armario desvencijado, y de su interior semi abandonado.

Se adentró unos pasos más, dejando las prendas caer en el banco más cercano. La túnica que pobremente se había echado encima, las siguió enseguida, desabrochada torpemente por dedos que temblaban como briznas de hierba.

Tenía la mente en blanco.

Se metió bajo una de las duchas, un frasco de loción genérica y una esponja común, estaban ya esperando en la pequeña repisa de porcelana verde oscuro, listos para ser usados. Cogió los objetos tratando de no pensar. Se sentía fino como un pliegue de papel de seda. Vagamente translucido y francamente frágil. Quizás porque sus ojos estaban cansados, su cabello lacio, sus músculos agotados. Puede que a causa de no haberse dejado dormir aún, a pesar del sobreesfuerzo lijando cada nervio de su cuerpo. Pero a lo mejor tenía más que ver la sensación húmeda del semen del otro, todavía adherida a las paredes del interior de su cuerpo, y a las curvas de sus muslos…

No había sido capaz de permanecer un instante más en la misma habitación que él.

Apenas separarse, con la piel aún cálida de la epidermis del otro, se había deslizado sin una mirada, y con una simple brazada de ropa limpia, fuera de allí. El viuda negra no lo había detenido, ni siquiera lo había intentado. Recordaba en la prisa ciega, como sus ojos verdes le habían seguido por la habitación, observándole mientras se retiraba, como si supiera lo que corría por su mente. Como si el dolor, y la confusión, que estaban creciendo en él como malas yerbas, fueran hermanos conocidos.

Porque Draco acababa de comprender, lo que Raksa había intentado decirle tantas veces…

El cambio, el rugido de la bestia en su interior, le había atrapado como una trampa para animales, con un conocimiento que Draco había podido ignorar mientras no había habido nada real, que lo respaldara, pero del que ya no podía huir.

La revelación había sido demasiado para soportarla bajo la mirada del otro.

Lo dejó en su cama, donde había subido tras su desesperado encuentro en el suelo frío, mirando mientras corría a alejarse de él.

Giró los mandos de la ducha. Y el agua ardiente resbaló por su cuerpo despejando los últimos vestigios físicos de lo sucedido; la sensación pegajosa de sudor y fluidos, el agarrotamiento de músculos que habían estado a punto de cambiar, el olor de la piel del otro… todo fue arrastrado por el aroma familiar del jabón y el calor del agua amable sobre su amoratada piel, pero… el conocimiento contenido en su cabeza no podía ser arrastrado por el agua, ni borrado con jabón.

"No soy… humano." El dolor le arrebató el aliento. Lejanamente pensó que era bueno que su cerebro empezara a funcionar de nuevo, pero dolía demasiado para poner auténtico sentimiento en la noción.

Cerró los ojos, la esponja resbaló de sus manos al suelo, sus palmas apoyándose en las baldosas húmedas, apenas sosteniéndose contra la pared negra de las duchas.

"No soy humano… No…" Sintió que le temblaban las piernas. Tragó convulsamente. Toda su inteligencia, toda su habilidad para la manipulación, no eran suficientes para engañarse así mismo. Había podido sentir la evidencia bajo su propia piel, y ahora no sabía qué hacer con ella. ¿Significaba eso que alguno de sus padres era también un monstruo? ¿O solo era él? ¿Una anomalía en su sangre, algún resto de un ancestro perdido? ¿O simplemente nunca había pertenecido a su familia?

"No lo sé."- Su voz interna temblaba, dolida, rota, perdida como nunca se había sentido. Ya no sabía qué era. Ni quién era.

No sabía nada.

La falta de conocimiento, la falta de nada a lo que agarrarse, lo hicieron tiritar. Se estremeció rodeándose con los brazos, tratando de agarrarse a algo. De un modo distante sabía que aquello no serviría de nada, que tenía que asumirlo y seguir adelante, que aún tenía mucho que hacer antes de poder derrumbarse. Pero ya había soportado demasiado los últimos días, su mente estaba fragmentada, sobrecargada de sufrimiento y presión. Y estaba… asustado.

Se meció apenas, bajo el agua ardiente de la ducha.

-¡BOUMMMM!

El suelo tembló violentamente. Draco se desequilibró en la onda que vibró por la piedra como un terremoto, resbaló en las losas húmedas, y cayó al suelo con un gruñido, derrumbado de costado.

"¡¿Qu-?!"

Antes de que los chillidos del elfo fuera llegaran a sus oídos, ya estaba poniéndose en pie. Instintos combativos largo tiempo en uso, activos con la amenaza. La pequeña criatura entró saltando histéricamente, medio tropezándose en la prisa por llegar a él, y chillando con voz aguda una cantidad de sin sentidos, que Draco no tenía tiempo para intentar descifrar.

-¡CALLATE!- El rugido silencio a Gyngy, (creía recordar que se llamaba), al instante. Pero no hizo que dejara de botar de un lado a otro, ojos enormes y llorosos, y manitas retorciendo orejas como si quisiera arrancárselas. La mente de Draco inmediatamente alerta, presionó a un lado el dolor de lo sucedido que amenazaba obligarlo a encogerse en un rincón, y permitir que todo se derrumbara a su alrededor, con una voluntad que era demasiado fuerte para sucumbir ahora. Concentrando toda su atención en lo que estaba sucediendo.

El castillo volvió a temblar, estremecido como si algo inmenso lo hubiera golpeado. Polvo calló de la piedra negra del techo. Pero esta vez Draco estaba preparado y logró mantenerse en pie, el elfo en cambio tropezó y trastabillo golpeándose con la pared sin llegar a emitir un sonido de queja, respetando la orden del aristócrata, mientras manoteaba inútilmente.

El nuevo seísmo se detuvo.

Arrancó la ropa limpia del banco donde la había dejado, vistiéndose rápidamente, sin importarle si aún estaba mojado o no. Mientras Gyngy se frotaba la cabeza, aturdido por el golpe. Se dio cuenta vagamente de que la tela se sentía incómoda contra su piel húmeda, de su pelo goteando agua en el cuello de la túnica, empapado, pero un nuevo estremecimiento de la enorme estructura relegó la sensación a un segundo plano.

Se volvió al elfo que lo miraba implorante.

- Y ahora habla. ¿Qué está pasando?- su tono firme y controlado. Por experiencia, estas histéricas criaturas, reaccionaban con más coherencia bajo una mano dura.

Gyngy gimoteó como si estuviera a punto de llorar, y Draco sintió su paciencia tambalearse bajo la presión de demasiado.

-…N…nos….no….- grandes lagrimones empezaron a formarse en los vidriosos ojos saltones.

Draco tomó aire, forzándose a no agarrarlo y sacudirlo. Sus nervios a punto de romperse. Apretó los dientes.

-Habla con propiedad, Gyngy. – la severidad en su expresión logró calmar al pequeño elfo, que asintió violentamente mientras se sorbía los mocos.

-…Están… Nos están atacando.

Draco cerró los puños. No era la primera vez que atacaban Hogwarts, pero si la primera en que el castillo temblaba. Al menos una de las barreras debía de haberse roto. Y sin embargo, era imposible que nadie fuera del castillo hubiera logrado quebrarlas sin hacer saltar todas las alarmas. Solo podía haber sido alguien ya dentro.

"El espía." - La ira encendió sus venas haciendo burbujear todo su torrente sanguíneo, y convirtiendo la palabra en metal fundido.

Sacó la varita del bolsillo de su túnica.

-Muy bien Gyngy. Ahora vuelve con los demás elfos.- comandó.

El pequeño tragó angustiosamente. Sus orejas temblando.

-Gyngy no puede marcharse. El amo Dumbledore le ordenó que vigilara a Draco Malfoy. – la vocecilla, totalmente irritante. Draco apuntó con la varita. Su paciencia agotada.

-Imperius.- Los enormes ojos saltones se dilataron aún más, a la espera de sus órdenes.- Gyngy, vuelve con los demás elfos y ayúdales. El uso de un imperdonable sobre el elfo, sabía que advertiría a Dumbledore, pero en estas circunstancias no creía que a la cabeza de la orden le importara.

-Sí amo.- Y se desapareció con un pop, en el momento exacto en que la pesada estructura se estremecía de nuevo, crujiendo ominosamente. Esta vez el temblor demasiado potente para permanecer en pie. Draco se tambaleó… y la puerta se abrió con un golpe que hizo crujir la madera, al ser golpeada contra la pared por una fuerza demoledora.

-¡Malfoy!-Los brazos de Raksa estaban en torno a él antes de que pudiera derrumbarse de nuevo, fuertes y seguros. Brevemente bajo la sombra de la capucha que lo cubría, pudo ver que había acudido en su forma híbrida. Los colmillos empapados de veneno asomando entre los labios carnosos, piel negra cubierta de placas de reluciente quitina, los ojos verdes de ninfa clavados en él con una intensidad violenta que lo hizo sentir... menos solo.

Parpadeó tratando de comprender el sentimiento. Era extraño. Como sí de algún modo no le perteneciera, y al mismo tiempo, fuera suyo más profundamente que ningún sentimiento que jamás hubiera tenido.

"¿Qué hace aquí?"

Raksa debía haber corrido en su busca nada más comenzar el primer temblor.

-¿Estás bien?- la profunda voz siseante, cargada, sin desearlo, de la preocupación del viuda negra que se había levantado en lo profundo de la mente de Harry, nada más percibir el peligro, sorprendieron momentáneamente al rubio… Hasta que recordó la razón detrás del sentimiento, la cría que cargaba. Sus irises se enfriaron.

El nuevo seísmo se detuvo, y Draco aprovechó para liberarse de sus brazos forzosamente. Buscando poner una distancia entre los dos, que su mente necesitaba desesperadamente. Harry le permitió alejarse, observándole seriamente por vez primera.

Draco parecía al borde de su resistencia. Tanto mental como física. Empapado, con la ropa húmeda adhiriéndose a sus delgadas formas, la palidez ceniza de su piel, y el cansancio casi roto de los enormes ojos grises. La respiración agitada… parecía que finalmente había comprendido.

-Malfoy…

-Estoy bien.- Las palabras salieron duras y planas, creíbles. Pero no lo estaba. No estaba bien. Y Harry pudo oler la mentira en el sudor de su piel helada. Aún así, decidió no insistir, ahora tenían un problema mayor.

Para Draco era demasiado duro. Mirar al viuda negra solo había levantado de nuevo el conocimiento de su propia inhumanidad. Se estremeció de dolor. Aún así forzó de nuevo el sentimiento a un lado, porque Hogwarts estaba siendo atacado y no podía permitirse esa debilidad en un momento de necesidad.

Fuera empezaron a escucharse gritos.

Draco abrió la puerta y salió al pasillo. La gente había sido despertada de golpe por el ataque, y ahora empezaba a salir de las habitaciones, a correr por los pasillos de los sótanos hacia las escaleras que daban a los pisos superiores. En camisón y pijamas, las varitas en las manos. Los aterrados padres gritaban histéricamente a sus hijos que huyeran, mientras varios miembros de la orden se apresuraban a recoger a los pequeños en grupos que poner a salvo. Hermanos mayores agarraban a sus hermanos pequeños, que lloraban desconsoladamente. Madres asustadas despedían a sus esposos mientras corrían con los miembros de la orden, sus hijos en los brazos. Mujeres y hombres subían apresuradamente las escaleras, y fuera a lo lejos, se escuchaban a penas los rugidos de la batalla.

Draco y Harry salieron al pasillo, el rubio decidido a llegar al combate. Pero a medida que avanzaban la marea de gente fue creciendo, cada vez más personas salían de sus habitaciones, hasta ser ahogados por el gentío. Empujados, arrollados, y lanzados, por todas aquellas personas tratando de escapar. Aún así Malfoy no parecía notarlo, estaba luchando por llegar a las escaleras, tratando desesperadamente por hacer algo por ayudar a repeler las fuerzas del señor tenebroso, por salvar a las personas que quería, y que no sabía en qué lugar de toda aquella locura podían estar; Su padrino Severus, su mejor amiga Mione, sus pequeños, Rose y Hugo, que eran como sus propios sobrinos, y también, el único familiar en quién aún confiaba y quería, Sirius, y el amigo que había confiado en él cuando nadie más lo había hecho, Remus, y su hijo Teddy… Todos ellos estaban en alguna parte de aquella jauría de carne. Y Draco estaba comprendiendo lo realmente peligroso de la situación. Dentro de él su corazón comenzó a latir frenéticamente a medida que avanzaba, y cada vez era más evidente lo grave del ataque. Se forzó a ir aún más deprisa, pero era casi imposible avanzar, y las escaleras parecían a una eternidad.

Aún así continuó empujando hacia adelante. Determinado a llegar a ellos. Harry lo seguía de cerca, no permitiendo que los separaran las olas de gente. Arrollando a quienes se interponían entre él y Malfoy, sin importarle quien fuera.

El castillo tembló de nuevo, mucho más violentamente que antes, toda la estructura crujió, y varios fragmentos del techo cayeron. Enormes pedazos de roca que aplastaron a la gente bajo ellos, crujidos horribles. Los gritos crecieron hasta hacerse insoportables. Sonidos de horror, pánico y agonía. Todo se descontroló. La gente solo quería escapar, y no le importaba quien estuviera delante de la salida. Draco fue empujado violentamente, trastabillo, si caía sería aplastado por la muchedumbre. Alguien golpeó sus piernas, perdió completamente el equilibrio. Jadeó sabiendo que iba a caer bajo los pies de la marabunta rugiente, y estiró el brazo tratando de agarrarse a algo en un último gesto desesperado… las garras de Raksa se cerraron entorno a su muñeca, tirando de él hacia el refugio de su cuerpo. Chocó contra el poderoso torso masculino, y los brazos del viuda lo rodearon protectoramente. La musculatura cubierta de placa quitinosa, dura como acero, haciendo de pantalla contra todo el gentío a su alrededor.

Jadeó, mareado, estaba hiperventilando, la ansiedad de toda la situación golpeándolo con violencia. ¡Tenía que encontrarlos, tenía que encontrar a Sirius, Severus, Mione, Remus, a Hugo, Teddy, Rose, antes de que fuera tarde!

Todo tembló de nuevo, más gritos, chillidos, más pedazos del techo desprendiéndose sobre ellos. Toda la estructura retumbó como si hubiera sido golpeada por un monstruo gigantesco. Enormes fragmentos de roca empezaron a despedazarse sobre el gentío, aplastando a los desgraciados que intentaban escapar. Toda cordura se perdió.

Harry atrapó a Draco contra la pared, a refugio de la lluvia de piedra, su cuerpo como una mampara contra el infierno desatado.

Algunos intentaron para las rocas con magia, pero casi de inmediato se hizo patente que no servía de nada. El señor tenebroso parecía querer derrumbar el castillo sobre ellos. Y de algún modo había encontrado la manera de lograr detener toda magia protectora. Un trabajo que debía haber llevado meses realizar, años planear. Una tarea que solo podía haberse completado con ayuda. Draco lo supo sin asomo de duda.

"El espía." – la palabra rota y ahogada en su cabeza, mientras veía por encima del hombro de Raksa, como la gente se pisaba unos a otros, se empujaban, se MATABAN en su intento por huir. Escuchó los gritos de los moribundos. El rugido de la muchedumbre caída en la locura. Era como pisar el infierno. Un infierno en el que solo Raksa lo mantenía en pie. Protegiéndolo con su cuerpo. Refugiándolo de los golpes y empujones, con todo lo que tenía.

El shock lo paralizó un instante…

-¡Draco!- el grito apenas sobresalió de toda la marabunta de sonido a su alrededor, pero lo sacudió como una chispa eléctrica. Giró la cabeza, tratando de ver a quien le había llamado -¡DRACO!- esta vez más fuerte.

Y lo vio.

Su padrino, Severus, estaba luchando por llegar a él. Abrió la boca para llamarlo… Y todo Hogwarts se inclinó de lado, parte de las bases habían dado de sí, finalmente, bajo el ataque. Todo el mundo fue arrastrado por el hundimiento del castillo, en una ola que los lanzó contra la pared en la que habían estado Raksa y él refugiados, con la violencia de un seísmo de nivel 7. Draco se quedó paralizado viéndolo venir a cámara lenta, su mente ralentizada de puro horror. Sabiendo que serían aplastados. Cerró los ojos, no queriendo ver el impacto. Y sintió como el guardián se curvaba a su alrededor, cubriéndolo con su cuerpo, antes de que la ola les diera de lleno.

El impacto fue brutal.

Todo tembló, gritos, aullidos. El golpe lanzó a Raksa contra Draco casi aplastándolo con su musculatura, los poderosos brazos anclados en la roca lo único que consiguió evitarlo, dándole al rubio un espacio mínimo donde refugiarse. Fueron tragados por la marea de carne.

Toda la estructura del edificio continuó temblando, esta vez imparablemente. Hogwarts de estaba derrumbando sobre ellos. Sangre los salpicó a ambos cuando más roca empezó a desprenderse sobre la gente que los atrapaba. Un crujido ominoso amenazo ensordecerlos, y todo el piso superior empezó a caer. Raksa rugió bestialmente.

En aquello pequeña forma humanoide, no podría proteger a Draco si el castillo se derrumbaba sobre ellos. El instinto le abraso por dentro. Y ya le dio igual si lo veían por lo que era, porque en cualquier caso estaban muertos si no cambiaba. Las personas aún conscientes a su alrededor gritaron de puro horror al ver aquello. Harry rugió de nuevo, su cuerpo destrozó la túnica mientras cambiaba, crecía y se expandía hasta la enorme acromántula que era su forma animal. Su corpachón abarcando casi toda la anchura del pasillo. El techo se derrumbó del todo. Y él se curvó tan prietamente como le era posible, atrapando a Draco bajo su cuerpo, rodeado por la jaula protectora de sus patas.

Con un último crujido todo Hogwarts cayó sobre ellos.

Continuará