Capítulo 10

Regina se despertó con el sonido irritante de su móvil informándole de la llegada de un nuevo mensaje de texto. Al coger el aparato, se dio cuenta de que eran más de las cuatro de la mañana, pero lo que la asustó de verdad fueron las más de quince llamadas de la madre.

«Mierda…» murmuró, intentando zafarse del abrazo de Emma, sin tener que despertarla, sin embargo, su esfuerzo fue completamente inútil, ya que al primer movimiento, Emma la empujó de vuelta hacia su cuerpo.

«¿A dónde vas?» preguntó

«A casa… duerme, mi ángel. Aún es temprano» dijo Regina

«Lo sé…todavía está oscuro y por eso, tú te quedarás conmigo»

«Emma…¡dentro de poco tengo que levantarme para ir a trabajar, y mamá me ha llamado unas mil veces!»

«Regina…¿qué edad tienes? Pareces una niña pequeña con miedo de la madre…»

«No es eso, Emma…solo…»

«Solo nada. Quédate aquí, duerme un poco más y te prometo que te haré el desayuno» dijo ella, envolviéndola de nuevo entre sus brazos.

«¿Qué estás haciendo?» preguntó Regina, en cuanto Emma se colocó sobre su cuerpo

«De momento no estoy haciendo nada, pero lo haré…» dijo, mordisqueándole el mentón «Ahora que me has despertado, quiero hacer el amor otra vez» añadió, llenándole el cuello con sus besos.

«Mi amor…»

«Olvídate del mundo, olvida todo, Regina…¡olvida todo y vamos a aprovechar!»

«¡Eres una muchacha irresponsable!» murmuró Regina, tomándole los labios con los suyos, y una vez más, hicieron el amor.


«¿Me puedes decir dónde pasaste la noche?» preguntó Cora, en cuanto Regina entró por la puerta

«Mamá, con todo respeto…no tengo por qué darte explicaciones de mi vida»

«Mientras vivas en esta casa, ¡sí las darás!»

«¡Si aún vivo en esta casa es por la enfermedad de papá! ¡Pero que por eso no quede, hoy mismo me buscaré un apartamento!»

«Hija, eso no es necesario…por favor» se pronunció Henry «Cora, Regina es lo suficientemente adulta para saber qué está bien y qué no»

«¡Pero no es adulta para entender que solo nos preocupamos por ella!»

«No hay motivos para preocupaciones, así que no me atormentes, mamá. Voy a tomar un baño para ir para la empresa, con permiso»

Mientras el agua caliente bañaba su cuerpo, Regina dejó que su mente viajara por el mundo de los recuerdos donde solo existían ella y Emma. Los momentos vividos la noche anterior invadían su mente a cada instante, provocándole risas y reacciones que su cuerpo jamás había experimentado antes.

De la misma manera se encontraba Emma, destilando sonrisas como hacía mucho tiempo que no hacía.

«¿Qué cara de idiota es esa? ¿Has visto un pájaro verde?» preguntó August, en cuanto Emma abrió las puertas del taller.

«¡Vi algo mucho mejor!» dijo ella, esbozando una sonrisa una mayor «Regina y yo estamos saliendo juntas» añadió, sin poder contener su felicidad.

«No confío en esa mujer» dijo él

«Quién tiene que confiar soy yo, así que…»

«¡Se cree la dueña del mundo! Solo va a jugar contigo y…»

«¡Basta, August! ¡Si te vas a poner a decir tonterías es mejor que te quedes callado!»

«Está bien, disculpa. Solo quiero que…» antes de que pudiera proseguir, el sonido del coche de Regina se hizo presente, y al momento, Emma corrió a su encuentro.

«¡Qué sorpresa más agradable!» dijo Emma, inclinándose para darle un beso «Creí que te iban a castigar por haber llegado de mañana a casa» añadió recibiendo una palmada en el hombro

«¡Payasa!»

«¡Ay! ¡Eso está bien! Duele, pero está bien»

«¡Emma, eres una idiota!»

«Y aun así me amas»

«Solo un poquitito…bueno, me tengo que ir. Solo he pasado para darte un beso de buenos días»

«Voy a querer beso de buenas noches también»

«Lo pensaré» dijo ella, dándole un rápido beso en la boca «¡Compórtate!»

«Si no vienes, entraré en tu cuarto por la ventana» dijo Emma, y tras otro beso, Regina se marchó

De lejos, August observaba toda la escena nada satisfecho. Desde la adolescencia, cuando conoció a Emma en un evento de Motocross, August pasó a nutrir sentimientos por ella, incluso después de saber la orientación sexual de su amiga. Los años pasaron y aun así, August se decía enamorado, aunque nunca le hubiese declarado su supuesto amor. De cualquier forma, según él, era suficiente tenerla cerca como amiga y compañera de juerga, aunque se muriese de celos cada vez que ella lo dejaba con los otros amigos de mesa para irse con alguna muchacha que acabara de conocer. Pero, a final de cuentas, era con él con quien Emma volvía a casa, era a su lado que veía películas en el cine o salía a conducir la moto de su padre a escondidas de su madre. Pero ahora, era con Regina con quien compartía su tiempo y eso empezaba a robarle la tranquilidad.

«¿Todo bien, August?» preguntó Emma, interrumpiendo sus pensamientos

«Sí, solo tengo algo de dolor de cabeza» dijo él

«Si quieres irte a casa, vete tranquilo. Yo me encargo de todo por aquí»

«Estoy bien, vamos a trabajar…»


En cuanto entró en su despacho, Regina fue sorprendida con un maravilloso ramo de rosas encima de su mesa. Mientras aspiraba el aroma que desprendían los pétalos, abrió la tarjeta e instintivamente, su sonrisa creció al encontrarse con el contenido.

«Para mi Diosa Coronada.

Con amor, Emma»

La jornada de trabajo en la Mills Export nunca había sido tan agradable como esa, ni siquiera los errores cometidos por algunos empleados fueron capaces de arruinar el día de Regina. El recuero de sus momentos con Emma, el perfume de las rosas invadiendo el despacho, y la tarjeta que varias veces leyó y releyó parecían protegerla de los disgustos que generalmente tenía, especialmente en una mañana de lunes.

«¿Ya te marchas, hermanita?» preguntó Zelena, al cruzarse con Regina en el aparcamiento

«¡Estoy aquí desde las nueve de la mañana!»

«Pero nunca te vas a las cuatro de la tarde»

«Hoy lo haré, ¿puedo?»

«Claro que puedes, eres la presidenta de la empresa, ¿no? ¡Solo que creo que a Cora no le gustará para nada saber que su hijita inocente está saliendo más temprano para fornicar con cierta mecánica!» dijo, sin contener la risa

«¡Habla bajo, loca!»

«¿Fue ella la de las flores?»

«Sí…»

«¿Ya os acostasteis? ¿Es buena en la cama?»

«¡Vete a la mierda, Zelena!»

«¿No puedo saberlo?»

«¡No! ¡Mis intimidades solo me conciernen a mí!»

«Ahora hablando en serio…¿estáis juntas? ¿De verdad?»

«Sí, lo estamos y…me siento feliz»

«Felicidades, Gina…te lo mereces. Pero aquí viene la pregunta del millón…¿les contaras a nuestros padres que estás saliendo con alguien?»

«No quería contarlo porque, ¿ya sabes? Andan metiéndose donde no deben, sobre todo Cora. Pero se lo contaré lo más pronto posible porque…bueno, algunas veces dormiré con Emma y no quiero que mamá me coma la cabeza con los horarios»

«¿Quieres saber? Ya es hora de que te compres un apartamento para que tengas algo más de privacidad»

«Ya pensé en eso, pero con la enfermedad de papá…En fin, me tengo que ir…»

«Entiendo…Bueno, nos hablamos después. ¡Cuídate y juicio!»

Tras su breve conversación con Zelena, Regina se dirigió a ver a Emma como había planeado. Aunque no quisiera mostrarse demasiado interesada y ansiosa delante de su amada, Regina contaba los minutos para verla y tirarse a sus brazos. Cuando su coche fue estacionado frente al taller, Emma soltó todo lo que estaba haciendo para darle su total atención.

«Creo que he llegado demasiado temprano…» dijo Regina, bajando del vehículo

«Pensé que solo vendrías a la noche, pero no te preocupes, cerraré el taller ahora mismo»

«Puedo venir más tarde si quieres»

«Quiero ahora…» dijo ella, guiñándole el ojo izquierdo de forma cómplice «August, puedes irte…cierro yo» dijo Emma, caminando hacia dentro del taller acompañada de Regina

«Emma, tenemos que entregar este coche mañana temprano y sabes que la señora Blanchard es…»

«Deja, yo me entiendo con la señora Blanchard, vete tranquilo» dijo ella, y sin argumentos, él se marchó «¡Al fin solas!» dijo Emma, bajando las puertas del taller para enseguida rodear a Regina con sus brazos.

«Hueles a grasa» dijo Regina, girando su rostro cuando Emma iba a besarla

«¿Y…?»

«La grasa me recuerda a los hombres y no me gustan los hombres»

«Estás viendo que no soy un hombre»

«Pero hueles a grasa»

«¿Y por eso no me vas a besar?»

«No, no te voy a besar»

«Pero yo sí, ¡voy a besarte! A fin de cuentas, tengo pase libre para tomar lo que ya pertenece, ¿no es así, señorita Mills?» dijo ella, alzándola, para enseguida sentarla en el capó del coche.

«No puedes usar mis palabras en mi contra» dijo Regina, aunque estuviera adorando ese comportamiento de Emma

«De momento, quiero usar otra cosa…» murmuró Emma, tomándole los labios con los suyos

Regina no protestó, tampoco hizo amago para apartarla, todo lo contrario, sus piernas envolvieron la cintura de Emma mientras sus manos recorrían los hombros parcialmente cubiertos por la camiseta blanca que llevaba.

«¡Espera!» dijo Regina, empujándola levemente «No me vas a tocar con esas manos sucias»

«¡Regina, eres una finolis!»

«Me da igual…»

«Ok, mi lengua está limpia»

«¡Emma!»

«¡Está bien! Vamos a subir y mientras preparas la cena, yo tomo un baño» dijo, ayudándola a bajar del capó

«No voy a cocinar para ti»

«¿Por qué no? Yo puedes ir ensayando para cuando nos casemos»

«¡Sigue soñando!»

«Eres una novia muy mala»

«Y tú una novia muy abusona»

«Me lo tomaré como un elogio. Ahora voy a bañarme, siéntete como en casa»

Mientras Emma seguía en el baño, Regina recorrió toda la sala con su mirada, demorándose en un portarretrato sobre la barra americana. No contuvo la sonrisa al ver la pose que Emma ponía al lado de la que imagino sería la familia al completo.

«¿Husmeando mis cosas, señorita Mills?» preguntó Emma, abrazándola por detrás.

«Solo un poquito» dijo, girando el rostro para recibir un rápido beso en los labios «¿Es tu familia?»

«Sí, mis dos hermanos y mis padres»

«¿Eres la mayor?»

«¿Tengo cara de ser la más vieja?»

«Tienes cara de ser la más problemática»

«Las apariencias engañan»

«¡Deja de ser tonta!» Regina dijo riendo, poniéndose frente a ella «¡Hum, ahora sí…limpita y sin olor a grasa!»

«¡Eso merece una celebración, preferentemente, en la cama!» dijo Emma, besándola con pasión, al mismo tiempo en que la iba empujando en dirección al cuarto.

Emma agarró los cabellos negros y cortos, y aumentó la presión de los labios para acomodar mejor el beso. En respuesta, Regina gimió y sintió cómo sus cabellos eran tironeados con algo más de fuerza.

«¿Te gusta esto…?» susurró Emma, interrumpiendo el beso para arrastrar su lengua por el cuello de Regina

«Sí, me gusta…» respondió Regina, interrumpiendo el beso durante uso segundos mientras pasaba las manos por los laterales del esbelto cuerpo, agarrándose al vuelto de su camiseta, alzándola y sacándola por la cabeza «Tu cuerpo me vuelve loca…» dijo Regina, deslizando las palmas de sus manos sobre el musculado abdomen de Emma.

Sin previo aviso, ella se arrodilló y fue desabotonando lentamente los vaqueros que Emma llevaba. Los labios, cada cierto tiempo, tocaban el descubierto abdomen, dejando besos y pequeños mordiscos, provocándole escalofríos de placer. Emma llevaba un sujetador negro y unos boxers de mismo color, el contraste perfecto con el tono claro, casi pálido, de su piel. El contacto de los labios sobre la suave piel fue roto cuando Emma la atrajo hacia ella, invadiéndole la boca con su lengua, mientras las manos temblorosas por la excitación intentaban desabotonar la blusa de mangas largas. Impaciente ante la falta de éxito en aquella tarea, Emma la rasgó de forma violenta haciendo que los botones se desperdigaran por el suelo. Regina no hizo otra cosa sino gemir ante aquel gesto bruto e impaciente, sin embargo, ella misma decidió bajarse la cremallera de su falda para que esta no acabara recibiendo el mismo destino que la blusa.

Cuando la falda de Regina se deslizó por sus piernas desvelando su cuerpo parcialmente desnudo, Emma dio unos pasos hacia atrás y sus ojos la admiraron con tanto devoción que, si fuera posible, la colocaría en un altar solo para contemplarla.

«De una cosa estoy segura…te amo, Regina» dijo Emma, acercándose otra vez. Sus manos se movieron buscando el cierre del sujetador, y su boca la besaba a lo largo del cuello mientras los dedos desabotonaban la prenda íntima, y bajaban las asillas. Emma retrocedió unos centímetros para permitir que el sujetador cayese entre ellas y una vez más, enloqueció con la visión completa de los pechos perfectos y bien moldeados completamente desnudos.

«¿Quieres saborearme?» preguntó Regina, y en respuesta, Emma avanzó, y enterró su rostro entre sus pechos, mientras que las manos de la morena agarraban sus cabellos atrayéndola más cerca.

Regina gimió, inclinándose y permitiendo que Emma le chupase uno de los erectos pezones, que estaban ansiosos por ser tocados. Después de degustar el primero, su boca se ocupó del segundo, y posteriormente siguió alternando entre chupadas, pequeños mordiscos y masajes con ambas manos. Regina jadeaba, enloquecida de placer, temiendo que en cualquier momento sus rodillas flaquearan y cayera al suelo. Aunque no fuera el plan, no descartó la posibilidad de ser poseída por Emma en el suelo o en cualquier otra parte de la casa. Aquella visión la excitó de una forma que jamás imaginó que fuera posible, y cuando los dedos se acercaron a retirarle las braguitas, su sexo repentinamente palpitó.

«Venga, rómpelas…sé que quieres hacerlo» Regina dijo, pegando sus labios al oído de Emma para enseguida, morderla sensualmente. Un segundo después, la prenda íntima no era más que un pedazo de tela rasgada, tirado en cualquier esquina del cuarto.

Agarrándole las caderas, Emma la levantó y sin ceremonia, Regina le abrazó la cintura con las piernas, al mismo tiempo que le quitaba el sujetador para que sus uñas pudieran ocuparse de su espalda sin ninguna barrera. Al darse cuenta de que estaba siendo conducida a la cama, Regina le aferró con fuerza los cabellos, y le susurró

«En el suelo…fóllame en el suelo…» ordenó, y por una fracción de segundo, Emma casi sintió que se podría correr ante aquella petición.

Sin cuestionamientos, Emma la acomodó en el suelo frío de su cuarto, cubriéndole el cuerpo con el suyo. Las manos de Regina se deslizaron hasta su trasero y sus dedos empujaron las bragas hacia abajo. Un gemido de satisfacción se escapó de su garganta al sentir la humedad del sexo de Emma en su muslo, contra el que ella comenzó a presionar, arrancándole gemidos descontrolados a la mujer que tenía sobre su cuerpo.

«¿Te gusta provocarme, eh?» preguntó Emma, y antes de que Regina pudiera responder, Emma la penetró con sus dedos «También te gusta esto, ¿verdad?» indagó, empujando hacia dentro lo más hondo posible.

«Sí…sí…más rápido…» susurraba, presionando la rodilla entre los mulos de Emma «Con fuerza…con fuerza, Emma…» decía, casi en una súplica

«¡Tus expresiones me matan de placer…me obnubilan los sentidos!» murmuró Emma entre dientes, extasiada con la manera en que Regina se mordía el labio insinuando una falsa inocencia.

«No aguanto más, Emma…córrete conmigo…» dijo ella, sustituyendo el muslo por su mano, embadurnándose los dedos en el placer de la mujer amada.

Aunque deseara prolongar al máximo aquel momento, Emma, así como Regina, no tendría fuerzas suficientes para aguantar el orgasmo ni un minuto más. Ambos cuerpos se encontraban cubiertos por una fina capa de sudor, lo que parecía facilitar los movimientos que hacían la una en la otra. Como imaginaban, el orgasmo llegó de una forma desenfrenada y arrebatadora.

«¡Por los dioses, Regina…!» murmuró Emma, jadeante «¡Me dejas loca!» añadió, enjugando con sus besos las pequeñas gotas de sudor en la frente de su amada.

«¿De verdad? Quiero contribuir un poco más a esa locura…» susurró mordisqueándole el mentón «Ahora sí, llévame a la cama y hazme tuya otra vez…» añadió, y como respuesta, recibió aquella sonrisa que le encantaba.