Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling y la Warner Bros. Esta historia es sin fines de lucro.
La partida del Maestro de la Muerte
Lessa Dragonlady
"El escorpión"
No puedo dormir. Saber que Harry está en St. Otterpot me vuelve loca de curiosidad. Me siento como en un sueño donde todo está conectado y tiene un doble significado, donde la respuesta se burla de mí por no saber la pregunta que le corresponde.
Junto a mí, Crookshanks ronca con suavidad, agitando las canas de su hocico. Acaricié su pelaje para tranquilizar mi corazón. De niña funcionaba eso, ahora ya no causaba un alivio tan fuerte. Supongo que crecer te complica las emociones.
Bueno, complica todo.
Desvelarme esa noche fue el preludio de un terrible inicio de curso escolar. El profesor Greenwood no solo es reemplazo para el puesto de DCAO, sino también para Jefe de Casa de Gryffindor. Me citó la mañana siguiente para explicarme que era imposible continuar con el ritmo de clases extras que yo tenía..
—¿A qué se refiere? Hasta ahora he conseguido ser la mejor en todos los cursos oficiales y jamás he fallado en una de las materias extras.
Greenwood, un hombre de cuarenta y tantos (aunque es difícil saberlo con exactitud por su sangre mágica), cabello castaño y ojos grises, me miró condescendiente, como si fuera más inteligente que yo. Honestamente...
—Señorita Berkley, no sé de qué favores goce, pero es momento de terminar las extraordinarias consideraciones que el profesorado ha tenido con usted.
—¿Cuáles favores? Explíquese.
Levantó una ceja —¿No está enterada? El antiguo Jefe de su Casa...
—Harry —aclaré para que no pasara por alto su nombre.
Frunció el ceño —Sí, el señor Harry Potter, diseñó el plan de estudios que usted tomó fuera del currículo oficial de Hogwarts. Parecía determinado a que usted cubriera las materias en la mitad del tiempo que se requiere. Para eso convenció a los profesores de dedicar tardes enteras a usted, a cambio de que él los ayudara con ciertos... Favores. Lo cual me parece despreciable. A todos los alumnos se les debe tratar igual, sin excepciones.
Apreté mis manos en la falda. Desde el principio Harry me ayudó en Hogwarts, a pesar de que no fuimos amigos hasta casi mediados del segundo grado. ¿Por qué?
—Es por esa razón que sus clases extras serán canceladas —terminó el profesor.
Me levanté furiosa, arrastrando la silla con un horrible chirrido —Si su plan era exclusivamente notificarme, hubiera enviado una lechuza, profesor, en vez de hacerme perder el desayuno para escucharlo regurgitar su pedantería.
Su rostro se volvió blanco del coraje —Cuarenta puntos menos a Gryffindor por faltarle al respeto a su Jefe de Casa.
—Supongo que señalar lo obvio ahora se comprende como una grosería, lo tendré en cuenta.
Agarré mi mochila y salí dando un portazo.
El siguiente inconveniente fue Francis. En cuanto mi hermanito enseñó su escoba nueva, un montón de alumnas comenzaron a atosigarlo para que saliera con ellas. Era como si de pronto si hubieran dado cuenta de lo guapo y atrevido que era. Yo no comprendía cómo rayos mi hermano, el más fastidioso y pesado, era tan absurdamente popular, y fue Victoire quien tuvo que explicarme las razones.
—Puede que Michael sea el mayor y el más inteligente, pero Francis tiene un sonrisa matadora, su cabello largo y rizado le dan un aspecto salvaje, y de verdad es divertido. En serio, Hermione, tu hermano es irresistible.
El problema es que Victoire lo dijo enfrente de Teddy. Desde ese momento mi mejor amigo me evita si Francis está conmigo, lo cual últimamente es casi todo el tiempo, ya que soy la única que puede mantener a raya a las brujas acosadoras. Creo que Francis también lo hace para llamar la atención de Abbie, pero ella parece ciega a las atenciones de mi hermano, y está más al pendiente del enojo de Ted.
Y yo en medio del caos. Típico.
Por otro lado el equipo de Quidditch tenía nuevo capitán, esta vez Carly Kent, la guardiana. Necesitábamos llenar los puestos de más de la mitad del equipo, porque la mayoría se graduó el curso anterior. Carly fue elegida capitán porque era la mayor del equipo original, pero carecía de la organización y vena de liderazgo necesarios, así que de alguna manera convenció a Emma, la otra integrante original, que yo me quedara con el puesto.
—¿Por qué? Ustedes saben mil veces más que yo de Quidditch —me resistí, nerviosa, en los vestidores.
Emma alzó las manos en señal de paz —No te dejaremos sola, cualquier cosa que necesites te asesoraremos. Por favor comprende que es lo mejor. Yo presento mis EXTASIS este año, no tengo tiempo para más, apenas podré seguir en mi puesto del equipo. Y Carly será pulverizada a los dos minutos de que el equipo esté completo. Sólo quedas tú.
Carly me sonrió apenada —Además me dijiste que ya no tienes clases extras, ¿no? Te sobra tiempo.
Tuve que aceptar.
Esa noche me senté con Abbie a planear cuándo serían las pruebas para el equipo y las citas con los otros capitanes para apartar el campo. Intente convencer a Abbie de meterse al equipo, pero igual que yo no era tan asidua a volar.
—Por lo menos no serás el capitán más joven —sonrió Abbie—. John me dijo que Slytherin está en una peor situación. Todo el equipo será nuevo. Los únicos tres jugadores que quedaban del curso anterior fueron suspendidos por robar un examen al profesor Vector. Así que tienen que organizar todo de la nada.
—¿John te dijo eso? ¿Ya no estás enojada con él por robarte el beso?
Abbie se encogió de hombros —Me pidió una disculpa y prometió que su siguiente beso sería cuando yo se lo pidiera.
Comencé a reír —Alguien está muy seguro, eh.
—Ya sabes cómo son. Slytherin...
Miré de nuevo a la hoja donde tenía apuntado lo que sabía de los equipos contrarios —¿Y sabes quién es el capitán de su Casa?
—Un chico de tercer grado, Scorpius Malfoy.
—Pobre, ¿en qué estaría pensando su padre cuando lo nombró?
Un par de días después me crucé con un nuevo problema. O más bien, mi gato me lo trajo.
Melissa gritó como loca cuando vio a Polly acurrucada en mi cama junto a Crookshanks.
—Hermione, tira a esa bestia de la Torre —chilló pálida—. No puedo creer que el profesor Potter la dejara en el castillo, qué irresponsable. Podría matar a alguien. O peor, morderme y dejarme una cicatriz.
Abracé a Polly —Es vegetariana. Además Polly jamás se rebajaría a entrar en contacto contigo.
Sentí la lengua de la serpiente besar mi mejilla, en la cicatriz. Melissa me advirtió que si no sacaba a Polly del cuarto le diría al profesor Greenwood. Me negué, así que de nuevo me encontré en la oficina que antes le pertenecía a Harry. Hubiera querido conocerla antes de que se marchara, seguro era un desastre como su cuarto, en cambio ahora estaba organizada con precisión atómica. Era fría y triste.
—Lechuzas, ratas y sapos. Esas son las mascotas que se permiten dentro de Hogwarts, para cualquier otra se debe pedir una autorización especial —decía el profesor Greenwood—. Una autorización que usted carece, señorita Berkley, para ambas bestias que posee.
Crookshanks, en mi regazo, bufó. Polly le sacó la lengua.
—Entonces la voy a tramitar —dije intentando controlar mi carácter—. Hablaré con la directora McGonagall.
—No sea absurda. Es innecesario molestar a la directora con un asunto tan trivial, para eso estoy yo, su Jefe de Casa.
—¿Usted aprobará a Crookshanks y a Polly?
—No.
—Hablaré con la directora —repetí—. No puede impedirlo, es mi derecho como alumna.
—Entonces la escoltaré, y ambos hablaremos con ella.
El recorrido hacia la oficina principal fue cargado de fricción. No entendía por qué rayos el profesor Greenwood era tan desagradable conmigo. Cuando la directora McGonagall escuchó de qué se trataba nuestra discusión, casi gira los ojos.
—Crookshanks es bienvenido en el Colegio. Y Polly tiene sus aposentos aquí. El señor Potter no la abandonó, este es su hogar.
Sonreí satisfecha al profesor Greenwood —Gracias, directora.
Ella me miró curiosa —Señorita Berkley, he tenido casi ninguna oportunidad de hablar con usted. Créame, ser directora es más trabajo de lo que alguna vez pensé. Me gustaría saber si se encuentra feliz en el Colegio.
—Mucho —respondí sincera—. Aunque... Extraño al profesor Potter.
Su rostro se volvió dulce —Claro que lo extrañas... Por cierto, si no me equivoco ya se encuentra en cuarto grado. Usted nació el dos de mayo, ¿cierto? Eso quiere decir que se van a cumplir quince años de la derrota de Tom Riddle.
Asentí.
—Creo que hay que celebrarlo —dijo casi conspiradora.
Eso me metió en el siguiente conflicto.
—¿Un baile? —dijo Teddy con gesto de horror. El resto de nuestros amigos me miraron sin creerlo. Estábamos todos sentados en la mesa de Hufflepuff.
—La directora dijo que lo anunciaría hoy en la noche —expliqué mientras rascaba lo que quedaba de pudín en mi plato—. Dijo que sería de gala.
Victoire sonrió emocionada —¡Será fantástico!
Abbie miró a Ted. Francis a Abbie. Ted a Victoire.
Nadie me miró a mí. Oh, sí... Fantástico.
En la primera junta de capitanes de Quidditch conocí a Scorpius Malfoy. El chico era demasiado alto para su edad, delgaducho, de nariz afilada y facciones angulosas. Rubio platinado y ojos grandes entre grises y azules. Hubiera pensado que era de mi generación o de la de Francis, definitivamente no menor. Vamos, era un bombón. Los otros capitanes eran Gale de Ravenclaw, el idiota que se la vive molestando a Michael; y Ferdinand de Hufflepuff.
Cuando Gale soltó un par de comentarios de cómo Ravenclaw iba a masacrar a los otros equipos, Scorpius le replicó un par de líneas muy ingeniosas, y así de fácil me cayó bien.
Al salir de la junta me adelanté para hablar con él.
—No puedo creer que no te conociera antes, eres el tipo de personas que me gusta.
Malfoy alzó una perfecta ceja —¿Me estás declarando tu amor?
Sonreí —No seas presuntuoso. Tal vez eres guapo, pero definitivamente no tan guapo como el hombre que me gusta.
Por supuesto, ¿qué posibilidades tenía un mocoso de trece años contra Harry?
—¿Ah, no? A menos que estés hablando de un dios, no veo cómo es más guapo que yo.
Noté su tono bromista, así que sonreí, continuando la broma —¿Conoces El David de Miguel Ángel? Fue inspirado en mi hombre.
Soltó una carcajada —No es verdad, El David es de mármol, igual que mi piel nívea.
Seguimos bromeando hasta que llegamos al cruce donde debíamos separarnos.
—Dile a Robbie y John que te inviten un día a comer con nosotros. Creo que a Abbie, mi mejor amiga, le caerías muy bien.
Malfoy inclinó el rostro, remarcando la diferencia de estaturas —¿La famosa Hermione Berkley me invita a su círculo social?
—¿Soy famosa?
—La consentida del profesor Potter, la mejor bruja de su generación y la única capaz de crear llamas eternas.
Lo miré sospechosa —¿Cómo sabes eso?
—En serio eres popular. Además tus hermanos se la han pasado asustando a cualquier mago que no sean los gemelos o Ted Lupin de ti. Creo que eso ha causado que seas más... Atractiva.
Para ignorar mi sonrojo le dije —¿Me estás declarando tu amor?
Sonrió —Nos vemos después... Hermione.
—Adiós, Scorpius —acepté el trato informal.
La mañana siguiente me crucé con Francis antes del desayuno.
—¿Es cierto que Michael y tú alejan a magos de mí?
Intentó no verse nervioso, pero lo conozco demasiado —¿Quién dijo eso?
—Scorpius Malfoy. Mi nuevo amigo. Hombre.
Entrecerró los ojos —Con que Malfoy...
Le puse un dedo en el pecho —No me gusta ese acto de hermanos sobre protectores. Quiero hacer los amigos que se me dé la gana. Detén eso antes de que Michael y tú terminen sin cejas por un año.
Tragó pesado —Solo fue una vez. Un rubio de Ravenclaw. Jeremy Nott.
Me crucé de brazos —Que sea también la última vez.
Ingresamos al Gran Comedor solo para ser asaltados por un montón de brujas que buscaban ser la pareja de mi hermano para el baile. Desde que la directora lo anunció los alumnos estaban histéricos intentando conseguir una cita.
Francis se negó caballerosamente, buscando con los de ojos azules a Abbie.
Mi mejor amiga, sentada en Hufflepuff, se reía de lo lindo de algo que dijo Teddy.
Del otro lado, en la mesa de Gryffindor, Victoire declinaba la que parecía ser la petición número mil para el baile. Ser la bruja más hermosa de Hogwarts no era tan bueno ahora.
El curso continuó entre tropiezos. Para mi sorpresa sí recibí invitaciones, no quise aceptar alguna. Sé que es absurdo siquiera soñar con esa idea, pero el único que me gustaría para que me acompañara era Harry.
Cuando tenía oportunidad y juntaba valor, revisaba su localización. No paraba de moverse por el mundo. Rumanía, Japón, Perú, Sudáfrica. Sus ubicaciones eran tan extraordinarias que comenzaba a preguntarme si no había alucinado que en algún momento estuvo en St. Otterpot.
Las pruebas para el equipo de Gryffindor fueron muy exitosas. Esta vez era mixto, lo cual nos convenía por el lado de los bateadores. Las estrategias las planeé con Kevin, un alumno de séptimo súper obsesionado con el Quidditch. El primer partido fue contra Ravenclaw. Mi escoba brilló por su velocidad y precisión. Tuve que desacelerar en varias ocasiones para pasar la Quaffle. Ganamos 320 – 190.
En sus tiempos libres Scorpius se unió a nosotros. Era tan ingenioso y sarcástico que siempre hacía llorar de risa a Abbie. Teddy lo recibió en el grupo muy feliz, porque Francis prefería evitarnos cuando él estaba con nosotros. Supongo que no aguantaba su vanidad, porque vaya que Scorpius es vanidoso, pero más que nada adinerado.
—Vengo de dos familias muy acaudaladas. En su momento los Malfoy fueron la punta de la élite purista de los 1900's, luego vinieron a pique con la derrota de Voldemort. Mi padre hubiera terminado en Azkaban de no ser por Harry Potter, quien abogó por él en su juicio. Mamá es heredera de los Greengrass, otra familia purista. Me da gusto haber nacido después de la guerra, no quiero imaginar mi vida bajo el régimen de Voldemort. Papá todavía tiene la Marca, y a veces, cuando el clima es malo, le duele horrores. En esos momentos siempre me dice: "Lo único que me permite resistir este dolor, hijo, es saber que tú eres libre de decidir lo que quieras en tu vida".
Me gustaba escuchar a Scorpius hablar de esas cosas. En su vida cotidiana seguía muy presente el daño de Voldemort. Era como una pequeña ventana al pasado.
—Papá tiene una deuda con Harry Potter, por eso lo está ayudando en esta misión.
Teddy y yo lo miramos incrédulos.
—¿Sabes de qué se trata la misión de Harry? —preguntó Ted.
Scorpius sonrió presumido —Por supuesto. Estuve escondido casi cinco horas en la oficina de papá esperando a que Harry Potter llegara. Mencionaron algunas cosas interesantes, quizá a ustedes les parezcan más lógicas que a mí.
Abbie me tomó de la mano, frenando mi desesperación. La miré agradecida, no quería que Ted viera mi preocupación por Harry. No todavía.
—Habla, por favor —pidió mi mejor amigo.
—Hablaron de los cinco puntos cardinales, de la vida eterna encerrada en agua, del sacrificio de millones y de Albus Dumbledore.
Abbie frunció el ceño —¿Cinco puntos cardinales?
Me eché en el pasto —Eso me deja más dudas que respuestas.
Teddy tampoco parecía satisfecho —¿Por qué crees que tu padre puede ayudar a Harry?
—Eres un tejón muy listo —dijo Scorpius—. Esa esa la verdadera pregunta. Fácil. Porque papá tiene negocios en todo el mundo. Harry Potter está usando las fábricas y compañías Malfoy para moverse sin ser rastreado. Parece como un asunto de negocios entre él y mi padre, y no una misión súper importante.
—Espero que el profesor Potter regrese pronto —murmuró Abbie.
Ted y yo asentimos, tristes.
Nos acercábamos a diciembre y de alguna manera mis amigos y yo continuábamos sin pareja para el baile. Teddy estaba decidido a ignorar siquiera el tema, repudiando la idea de bailar. Abbie seguía esperando que la invitara, algo que no iba a pasar porque en todo caso Teddy se lo pediría a Victoire. Francis todavía era acosado por sus admiradoras. Por otro lado los gemelos de alguna manera convencieron a una Hufflepuff para que fuera con ambos. Y Michael, quien tenía a Rachel segura.
El siguiente partido fue contra Slytherin. Scorpius era guardián. Su equipo, debo reconocerlo, era mucho más firme que el mío, pero no tenían la misma comunicación. Para el medio tiempo íbamos empatados.
—Te propongo una apuesta —me dijo recargado en su escoba. El sudor hacía que su frente brillara más bajo el sol. Su cabello platinado estaba hecho un desastre por el viento.
—¿Cuál? —respondí ajustando de nuevo mis guantes.
—Si Slytherin gana me invitarás al baile enfrente de todo el Gran Comedor.
Solté una carcajada —¿Por qué rayos aceptaría algo así?
—¿Tanto dudas de tu equipo?
Lo miré molesta —Somos mejores que ustedes.
—Entonces acepta.
—¿Y si Gryffindor gana?
—Tú pon el precio.
Me mordí el labio inferior —Si Gryffindor gana invitarás a Teddy al baile enfrente de todo el Gran Comedor.
Sus lindos labios de fruncieron —¡Qué dura eres! Si tú pierdes yo seré el premio, en cambio si yo pierdo seré ridiculizado...
—¿Tan poquito confías en tu equipo?
Entrecerró los ojos —Hecho.
Nunca había celebrado tanto una victoria de Quidditch. Cuando Carly atrapó la Snitch, casi caigo de mi escoba por la risa.
Scorpius tardó un par de días en agarrar valor. Finalmente, haciendo honor a su palabra, esperó una tarde a que el Gran Comedor estuviera casi lleno para levantarse y caminar directo hacia Teddy. Ese día estábamos en la mesa de Gryffindor.
—Ted Lupin —dijo muy serio, completamente sonrojado. Sus ojos gris-azules me echaron odio por un segundo antes de enfocarse de nuevo en mi confundido mejor amigo.
—¿Qué pasa, Scor?
Sonreí malévola —Habla fuerte y claro, Scor, porque hay mucho ruido.
Tragó pesado —Ted Lupin, ¿me concederías el honor de ser mi pareja en el baile de gala por el decimoquinto aniversario de la Batalla de Hogwarts?
Las carcajadas estallaron en el comedor. Yo las inicié.
Teddy lo miró incrédulo. Tardó un segundo en girarse para verme enojado, adivinando que yo tenía algo qué ver ahí.
Se levantó, haciendo relucir su corbata amarilla y negra —Me encantaría, Scor. Acepto.
—¡¿Qué?! —chilló Abbie.
Yo estaba sin voz.
Scorpius abrió la boca, sin creer lo que escuchó.
Teddy siguió hablando —Nada mejor que ir con tu mejor amigo a una fiesta, ¿verdad?
—Oh, maldita fidelidad Hufflepuff —mascullé.
El rubio le devolvió la sonrisa a Teddy —Sí... Mejores amigos.
Eso era mucho. Se acababan de conocer, pero de alguna manera me pareció cierto. Teddy no había conseguido hacer un verdadero amigo varón en su Casa, por eso se la pasaba con Abbie y conmigo. Scorpius estaba en la misma situación, siendo un poco rechazado en Slytherin por ridiculeces sobre quién es su padre. Y ahora van a un baile juntos.
Victorie, muy cerca de nosotros, se giró hacia Francis con los ojos llenos de lágrimas —¿Quieres ser mi pareja para el baile?
Francis se iba a negar, lo sé, pero no consiguió sobreponerse del rostro dolido de Victoire, a quien varias veces le dijo que la apreciaba como otra pequeña hermana —Me encantaría.
—Eso nos deja como las últimas sin pareja —le dije a Abbie.
Mi mejor amiga estaba pensando en otra cosa —Creo que a Victoire le gusta Scorpius.
Era probable. Por eso lloró.
Llegaron las vacaciones navideñas. En cuanto estuve en mi cuarto en St. Otterpot escondí la canasta donde traía a Polly bajo la cama. La dulce serpiente no había querido que la dejara sola en las fiestas, y no se despegó de mí hasta que prometí traerla conmigo. Crookshanks ya estaba llenando mi cama de bolas de pelo, feliz de regresar a su territorio. De inmediato me puse con mamá a hacer las galletas que les prometí a Ted, Abbie y Scorpius como regalo de Navidad. Era extraño que los cuatro ahora seamos tan amigos.
Michael desarrolló un problema en la espalda por vivir arrodillado en la chimenea, hablando con Rachel. No querían estar separados, pero la familia de ella insistió que suficiente fue dejarla ir todo el verano y que además era la última Navidad antes de que Rachel se gradúe de Hogwarts.
Francis enfermó de gripe de mandrágora. La pasó en cama todos los días, tosiendo y vomitando. Fue terrible. Ni siquiera pudo probar una de mis galletas. Polly lo consoló acurrucándose en su cuello, dándole calor.
Eso me dejó disponible para hacer lo que quisiera. Cocoa y yo lográbamos saltos cada vez más largos y peligrosos. Volví a revisar el bosque, en busca del jugador de ajedrez. También preparé mi siguiente excursión al pico de la montaña, para intentar obtener respuestas sobre mi nacimiento. La mayoría de las tardes estuve con la señora Grimes, revisando los libros nuevos que agregó a su biblioteca.
—¿Un baile de gala? ¿Ya le dijiste a tu madre?
Asentí, acariciando el lomo de piel de uno de los libros —Sí. Dice que va a reparar su viejo vestido de boda. Si lo pintamos de rosa quedará decente para la ocasión.
La señora Grimes soltó un bufido —Qué ridiculez. El vestido de tu madre nadará en tu cadera. Y por Merlín que si lo ponen rosa estará terrible. Ven, acompáñame al ático.
Subimos las escaleras hasta el último nivel. Me di cuenta que ya estaba más alta porque antes cabía parada en el ático, ahora necesitaba encorvarme para caminar por ahí. La señora Grimes me señaló un baúl en el fondo y me pidió que lo bajara.
—Tiene un hechizo peso pluma, así que no tendrás complicaciones.
Lo levanté con una mano, y regresamos a la sala donde la chimenea ofrecía un poco de calor.
—En el baúl hay varios vestidos de mis años de juventud. Créeme, tenía buen gusto y bastante dinero. Algo ahí debe quedarte con un par de ajustes.
Revisé cada vestido, sorprendida por la calidad de la tela y los hilos. Todos eran hermosos, como de mujeres de la corte del siglo XVIII.
—Están muy exagerados los vuelos de las faldas. Ya no se usan así —dijo la señora Grimes—. Pero eso solo necesita un buen modista y será corregido.
—¿Puedo escoger el que quiera? —pregunté ilusionada.
—Son todos tuyos. Por ahora elige el que desees para el baile. Después modificaremos los otros.
La abracé conmovida —¡Gracias!
La cena de Navidad fue terrible. Francis insistió en que se sentía lo suficientemente bien para sentarse con nosotros y terminó vomitando el pavo. Mamá apenas pudo salvar el pan y el queso. Papá, por supuesto, recogió las botellas de vino. Yo sólo me quité para evitar la cascada de comida descompuesta que venía de la boca de mi hermano.
—¡Francis Berkley! —chistó mamá— Hubieras intentando vomitar en el piso, por Merlín.
Para fortuna de mi hermano, alguien llamó a la puerta.
—¿Quién será? —masculló papá levantándose.
Todos nos asomamos. La señora Grimes iba a pasar la Navidad con la señora Lawrie, así que no podía ser ella. El resto del pueblo mantenía la costumbre de celebrar en sus casas sin molestar a nadie.
—Buenas noches, lamento la hora y el día —dijo un joven mago con el uniforme de la paquetería MagicShipping—. Tuve en un retraso en las órdenes y apenas conseguí llegar al pueblo. Traigo un paquete para la señorita Hermione Marie Berkley.
Me coloqué junto a papá —¿Para mí?
Me sonrió —Firme aquí, por favor.
La familia estaba igual de curiosa y emocionada por el paquete. Cuando el mensajero me lo entregó sentí mis dedos enfriarse. Lo pusimos en la barra de la cocina, lejos del vómito.
—Ábrelo —apuró Michael.
Rompí el sello y extraje otra caja —Tiene un hechizo de congelamiento. Debe ser algo perecedero.
—Hay una nota —dijo mamá pasándomela.
Feliz Navidad a la familia Berkley. Un abrazo especial a Hermione. Atentamente, Wyatt Lawrie.
Papá se puso morado —¿Qué? ¿Qué significa esto, Hermione?
Mamá sonrió complacida —Creo que todos sabemos lo que significa. Wyatt está siguiendo los protocolos para cortejar a Hermione.
Francis quiso decir algo, muy enojado, pero volvió a vomitar. Quedó en los hombros de Michael despotricar contra mi amigo.
—Qué ridiculez —dije sonrojada—. Esas costumbres son barbáricas. Wyatt solo es amable conmigo y con ustedes.
Papá casi arrancó la tapa del paquete. Adentro habían tres conejos.
—Oh, la cena está salvada —dijo mamá muy feliz—. Es una excelente selección para iniciar el cortejo. Tres conejos. Nada mal, Hermione.
Me cubrí el rostro —No hay cortejo.
Mamá siguió hablando —Recuerdo cuando tu padre me regaló su primera caza. Fue un pequeño antílope. En esos momentos yo no sabía nada de las costumbres de St. Otterpot, hasta me pareció salvaje que hubiera matado a ese pobre animal. Luego entendí su significado. Es muy halagador.
Michael giró los ojos —Esto es absurdo. Yo también fui criado en esas costumbres, y no le estoy enviando un animal muerto a Rachel.
Papá lo miró enojado —Porque no quisiste ir de caza conmigo hace un año, cuando te dije que era el momento adecuado. Como heredero de la casa Berkley eres muy rebelde, Michael. Aunque me moleste que Wyatt haya fijado su interés en la zanahoria, me da cierta satisfacción saber que él sí desea continuar con las tradiciones de nuestro amado pueblo. En St. Otterpot no ha habido mujer sin cortejo desde hace generaciones. El valor de la mujer depende del valor de la primera caza. Los conejos representan agilidad, belleza y delicadeza, virtudes que describen bien a Hermione. Es lo mínimo que merece.
Empujé lejos de mí la caja —Basta, papá. Te digo que Wyatt solo es amable. No hay otra intención...
Mamá me interrumpió —Estás en tu derecho de negarte al cortejo, cariño, pero piénsalo, Wyatt es un buen muchacho. Su oficio es muy noble y pronto regresará para hacerse cargo de su apellido, su casa y su madre.
—No quiero eso, no deseo ser cortejada ni nada. Wyatt es mi amigo, nada más.
Papá soltó un suspiro —Wyatt es ahora la cabeza de su familia. Tendré que hablar con él directamente para arreglar la dote.
—¡No habrá dote! —chillé a punto de perder la razón.
Tocaron de nuevo la puerta.
Mientras papá fue a abrir y mamá se puso a preparar los conejos, yo odié por primera vez en mi vida ser de St. Otterpot con sus retrógradas reglas y costumbres. Voy a matar a Wyatt cuando lo vea...
—¡Hermione es otro paquete para ti!
Mamá puso las manos en sus mejillas, llenando su rostro de harina —¿Otro pretendiente?
Me acerqué preocupada a la puerta. Era el mismo mensajero.
—Lo lamento de nuevo, señorita Berkley —me dijo apenado—. Tengo tantos encargos que no me doy abasto. Aquí hay otros dos para usted. Feliz Navidad.
Papá cerró furioso la puerta.
Dejé las dos cajas junto a la otra de Wyatt.
—¿Por qué ahora?
—Es normal —me respondió mamá—. Es una Navidad antes de que cumplas quince años. Los muchachos quieren adelantarse. Eres la bruja más especial del pueblo.
"Vaya honor" pensé frustrada. Una caja tenía la piel de un oso. La otra tenía lana recién esquilada.
—Son de parte del hijo del carnicero y del hijo del pastor —mascullé.
Mamá miró atónita la piel del oso —Este es el regalo más valioso, sin duda.
Cerré las cajas —Creo que me voy a volver vegetariana.
Me fui a mi cuarto, decidida a no probar bocado de los conejos, ni usar la piel del pobre oso ni la lana. Qué horrible Navidad.
Al día siguiente recibí lechuzas de Ted, Abbie y Scorpius, además de otra que no reconocí. Teddy me regaló un libro de pociones que se especializan en el sistema nervioso. Fue perfecto, Abbie me mandó una medallita de oro para colgarme en el cuello que decía Hermana, ella tenía una igual según explicó en su carta. Ese regalo casi me hizo llorar. Scorpius mandó una bufanda muy elegante, que obviamente costaba muchos galeones, y una pluma de águila para escribir. Qué presumido.
La última lechuza esperó paciente su turno. Ya que la vi bien reconocí sus enormes ojos naranjas.
Casi me eché sobre ella al saber de quién era.
Traía un pequeño cilindro de cartón. Al abrirlo extraje una flor con una nota: Feliz Navidad desde... H.P.
Dejé de respirar. Abracé el tulipán rosa, llorando por la emoción. Él estaba pensando en mí. No solo eso, sabía que yo podía localizarlo. Hice el hechizo de ubicación: Holanda.
—Feliz Navidad, Harry —susurré.
Es oficial. Antes me gustaba. Ahora estoy enamorada de él. De un hombre mayor, que es mi profesor, que está comprometido.
Qué frustración.
El resto del día me llegaron paquetes de parte de los jóvenes de St. Otterpot. Al parecer yo soy algo así como el premio gordo del pueblo. La bruja poderosa, de familia honesta y trabajadora, que es la mejor de su generación y además tiene la bendición de las nutrias mágicas.
Tras la octava caja con restos animales, terminé por decidir ser vegetariana.
Se acercaba Año Nuevo y quería conseguir algo especial para Teddy, Abbie y Harry. Monté a Cocoa y subí la colina hacia el pico de la montaña. Por suerte ese invierno era mucho más tranquilo que el último que pasé en ese camino. Incluso el riachuelo no estaba por completo congelado. Al llegar a la cascada volví a entrar en contacto con la magia natural del lugar.
¿Por qué estoy viva?
La naturaleza susurró a mi alrededor. Sentí que quería decirme algo. Caminé con cuidado por la orilla congelada del lago que rodaba la cascada. Algo me llamaba por ahí.
Me recargué en el hielo puntiagudo, escuchando con atención. Incrementé mi magia. De pronto sentí el collar de los Peverell calentarse. Un crujido me alertó de que el hielo estaba quebrándose. Puse las manos en la cascada, intentando agarrarme, justo cuando el piso desapareció. Al mismo tiempo que el agua helada tragó mi cuerpo, escuché a Cocoa relinchar.
La corriente me alejó muy rápido del hueco por el que caí. Golpeé la superficie congelada, pero lo que conseguía romper quedaba lejos de mí en cuestión de segundos. Enterré las uñas para frenar el movimiento. El frío y las ramas del río me estaban haciendo pensar muy lento. Saqué la varita, dispuesta a todo por escapar de ahí antes de que la falta de aire me matara.
Algo golpeó mi cabeza.
No.
Solté la varita.
En contraste con el horrible frío, algo caliente se deslizó por mi cuero cabelludo.
Saqué lo último de aire que tenía en los pulmones.
La corriente me giró bocabajo.
Tragué agua.
Mis pulmones ardieron.
Voy a morir.
.
Voy
A
Morir.
.
¡No!
.
Abrí de nuevo los ojos.
No me puedo dejar vencer.
Jalé mi magia.
Piensa en un lugar seguro.
Piensa en un lugar seguro.
Piensa en un lugar seguro.
.
Desaparecí.
.
Lo primero que hice fue regurgitar el agua y toser desesperada. Mi nariz y mis pulmones me dolían terrible. Me encogí, temblando. Lloré hasta que estuve segura de que podía respirar con normalidad y que seguía viva. Entonces un delicioso aroma me llegó desde el cobertor debajo de mí.
Abrí los ojos, encontrando un desorden monumental.
Estaba en la recámara de Harry.
Notas: Sí, apareció Scorpius Malfoy. No me maten si las cuentas del canon y el fic no tienen sentido. ¿Qué pasará entre él y Hermione? Nada terrible, es más una amistad con pequeñas bromas pesadas y egos grandes. Otro personaje nuevo, el suplente de Harry, tenía que hacerlo especialmente molesto para que contrastara peor la ausencia de nuestro mago favorito. Hermione lo extraña horrores, obviamente. Habrá baile de gala. ¿Quién será la cita de Hermione? ¿Y de Abbie? Ya hay muchas revolturas de emociones aquí. La adolescencia les cayó duro. No sé por qué me imagino a Francis como un mago muy popular y atractivo. Ted y Scorpius irán juntos. Victoire y Francis. También averiguamos un poco más de la misión de Harry (no es relleno, en su momento será importante). Y Wyatt y el resto de los chicos de St. Otterpot quieren cortejar a Hermione. Las tradiciones de un milenario pueblo pequeño y exiliado del mundo mágico son barbáricas, pero legales para ellos. Aunque a nuestra castaña no le hizo gracia. El regalo de Harry no podía fallar, y por supuesto que él siempre supo que Hermione lo puede localizar, pero es incapaz de quitarle un gusto a la pequeña bruja, así que se lo permitió. Mientras ella está cada vez más enamorada de su profesor, no lo puede evitar, hay algo ahí que la mueve más allá de lo normal. Y al final Hermione casi muere (de nuevo, pobre Harry!), por suerte se fue a un lugar seguro, pero soltó su varita antes de eso...
Lo sé. Lamento mucho la tardanza. Debo decir que el ingenio que tienen en sus reviews me saca varias sonrisas al día. La atención que le han brindado a este fic es asombrosa, no sé cómo pagarlo. Gracias de verdad. Sus comentarios son hermosos, divertidos, constantes y cargados de emoción. Para la terrible semana que tuve, fue como un bálsamo mágico.
Gracias.
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