Hey, hey, ya estoy aquí. Bueno, el capítulo anterior no ha tenido muchos reviews, solo 3, supongo que será por los estudios… Nadie tiene tiempo para nada y en eso me incluyo… Pero bueno, haremos que la cosa crezca jejeje Nos vemos abajo.

Y como siempre, iCarly no me pertenece.

Eran las 7 de la mañana, y las alarmas de millones de estudiantes en todo el mundo, les avisaban de que se tenían que levantar para ir a clase... pero a Freddie Benson le indicaba que se le había acabado el tiempo para estudiar para su examen de historia.

No, no había dormido en toda la noche, y apenas se sabía el temario de historia, pero al menos no tendría que soportar la ira de Ashley, ya que sus deberes sí que estaban hechos.

Movió el ratón de su ordenador para encender la pantalla e imprimir el trabajo de Ashley, cuando apareció un recuadro en su pantalla indicándole que tenía un correo nuevo. Un correo nuevo de Sam.

-Seguro que es para insultarme o para quejarse del examen de historia. – Se dijo a sí mismo en voz alta.

Idiota, no te acostumbres a que te trate así, pero hoy me pillas de buenas.

Me preocupas. Ahora rueda los ojos, llámame pesada y elimina el correo… si quieres que te rompa todos los huesos del cuerpo y te golpee en partes que no deben ser golpeadas. Si quieres seguir con vida y con todos los huesos enteros, sigue leyendo.

¿Qué te pasa? No comes casi, tienes unas ojeras que parece que te hayan dado dos puñetazos, no traes los deberes hechos (y no me vengas con la excusa de que no entiendes los ejercicios que sabes que eso conmigo no funciona, eres el chico más inteligente de la clase, el más nerd de todos, es imposible que no lo entiendas). ¿Qué te pasa?

Te odio y lo sabes, pero si te pasa algo o necesitas hablar o algo, puedes… puedes… contar conmigo (Ni te imaginas las ganas de vomitar que me están entrando mientras escribo esto).

Lo dicho. Te odio a muerte idiota.

Sam

P.D.: Odio los exámenes.

-Vaya. Me ha insultado, se ha quejado de los exámenes y… ¿se preocupa por mí? ¿Sam? Bueno, al menos no sospecha nada de lo de Ashley, aunque me está empezando a dar asco que se lleven tan bien. En fin…

Tras su charla consigo mismo, puso a imprimir todas las tareas de Ashley y se fue a darse una ducha de agua helada, con lo que consiguió despejarse mucho y que el sueño desapareciera. Al final iba a resultar que lo que hicieron aquella vez que querían superar el récord del programa emitido en directo durante más tiempo iba a funcionar de verdad.

Salió de la ducha y se miró al espejo mientras se pasaba la mano por su pelo empapado haciendo que salpicara un poco la superficie de cristal. Parecía que lo de ir al gimnasio estaba empezando a surtir efecto. Ya no era el niño pequeño, flacucho y bajito que le tenía más miedo a Sam que a cualquier otra cosa del mundo. Ahora era un chico de casi 18 años, alto, fuerte, con músculos, que podría vencer con mucha facilidad a Sam en muchas de las peleas que tenían… pero prefería dejarla ganar.

Prefería ver esa chispa en sus ojos azules y esa sonrisa victoriosa que cualquier otra cosa en el mundo.

Echaba de menos esa chispa y esa sonrisa de triunfo en la cara de su amiga después de cada pelea, pues, desde que Ashley había entrado en sus vidas, ya no se peleaban. Discutían, pero no peleaban como antes.

Apretó los puños con rabia y volvió a mirar su reflejo.

Tenía la piel de gallina por culpa de lo helada que estaba el agua con la que se había duchado, y, a pesar de que se la había ido el sueño, los círculos mirados que adornaban sus ojos seguían ahí. Demostrando que no había dormido decentemente en días. Eso no lo quitaba el agua fría; y tampoco se podía poner maquillaje para taparlo porque…

Uno, no pensaba ponerse maquillaje de su madre para ir al instituto, ni para ir a ningún sitio. Y dos, Carly lo notaría. Detectaba el maquillaje a quilómetros de distancia.

Salió del cuarto de baño, se vistió, fue a la cocina y se preparó un café bien cargado para prevenir el sueño y se preparó una tostada.

Pero, al darle un mordisco a esta, le dieron nauseas. Le dieron verdaderas ganas de vomitar al tragarla, y no era que la tostada estaba mal hecha, era que no se la podía comer. Probó a darle otro bocado y la sensación fue peor todavía, por lo que dejó la tostada encima de su plato y se terminó el café justo en el momento en que su madre entraba en la cocina.

-Buenos días, Freddiebear.

-Buenos días mamá.

-¿Cómo has dormido?

-Bien.

Fue entonces cuando sus ojeras le delataron.

-Freddie. ¿Por qué tienes esas ojeras? ¿Has dormido mal? ¿No te encuentras bien? ¿Quieres quedarte en casa? Te vas a quedar en casa y vas a dormir. ¿Y esa tostada no te la comes? – Empezó a decir Marisa sin respirar entre frase y frase, algo típico en ella.

-Mamá frena. Estoy bien, es solo que tengo un examen de historia y no he dormido mucho porque estaba repasando. Y no, no me apetece comerme la tostada.

-Pero Freddie ayer no cenaste, y ahora no desayunas… Definitivo, hoy no vas a clase.

-Tengo el examen tengo que ir.

-Tu salud es más importante que nada. Llama a… Carly… - Dijo el nombre de la morena con un poco de asco, como siempre le pasaba – y dile que hoy no vas a clase. Yo voy a…

-¡NO! ¡Deja ya de tratarme como un niño pequeño! – Dijo perdiendo los papeles - ¡Dejad de tratarme todos como un niño pequeño! ¡No tengo hambre porque tengo exámenes y estoy nervioso! ¡Soy humano aunque sea inteligente! ¡Me puedo poner nervioso, perder un poco el apetito y no dormir bien cuando se acerca un examen importante como el de hoy! ¡No por ello hay que poner el grito en el cielo y tratarme como si tuviera un cáncer en fase terminal joder! ¡Dejad de agobiarme!

-Pero Freddie… - Dijo en todo triste. Pero no pudo terminar la frase, pues el castaño cogió su mochila y cerró la puerta de un portazo.

-Wow, ¿y esos humos? – preguntó Carly que justo salía de su apartamento.

-Nada. Vámonos, si llegamos tarde no nos dejarán hacer el examen de historia.

-Como mandes.

Llegaron al instituto y allí vieron a Sam vestida con unos shorts, unos botines de tacón de aguja negros y una camiseta roja hablando felizmente con Ashley.

-¿Sam? ¿Cómo vienes así vestida al instituto? – le preguntó Carly al ver a su amiga.

-¿Qué tiene de malo? Es sexy y femenino como vosotros queríais.

-Yo diría que demasiado sexy. Parece que te vayas de fiesta.

-Pero, ¿voy guapa o no?

-Sí pero… - Respondió la morena en tono dudoso.

-Eso es lo que cuenta. Vamos a clase que si no nos quedamos sin sitio al final de todo.

-Ahora voy yo chicas – Dijo Freddie mirando de reojo a Ashley.

-Vale, te guardo sitio. – Le respondió la morena.

Freddie vio como sus dos amigas se alejaban poco a poco, y cuando se metieron en la clase se volvió hacia Ashley.

-Toma – Dijo sacando un montón de folios de su mochila – al menos uno de nosotros sacará buena nota.

-¿Qué quieres decir?

-Que gracias a ti no he podido estudiar para el examen de historia y si puedo escribir algo más que mi nombre y la fecha será un milagro.

-Tú te metiste solito en esto, ahora atente a las consecuencias. – Le dijo con una sonrisa maliciosa.

-Como sea.

Se dio la vuelta y se fue.

-No te imaginas el gran trabajo que estoy haciendo con Sam.

El chico se paró en seco.

-Dentro de poco será una mini yo.

-Cambia a Sam solo un poco, cámbiale una sola cosa y te juro que te arrancaré hasta el último pelo de la cabeza – Dijo con voz amenazante acercándose a ella.

-¿Por qué te preocupa tanto que Sam cambie? Sería mejor para ti, dejaría de maltratarte y de insultarte.

-Me da igual que me pegue, ya es costumbre.

-No has respondido a mi pregunta.

-Porque es mi mejor amiga, por eso no quiero que la cambies – Dijo mirándola a los ojos.

-¿Seguro que solo es eso?

-Claro.

-Tu boca dice una cosa Freddie… pero tus ojos te delatan.

Mantuvo la miranda unos segundos más y se dio la vuelta poniendo rumbo hacia la clase con paso rápido y echando humo por las orejas.

Entró en la clase, arrojó la mochila sobre la mesa y se sentó.

-Frena Benson, casi me das con la mochila. – Se quejó Sam.

-Deja de quejarte de una vez. Y por cierto, odio como vas vestida no eres tú.

-A mí me gusta, desde mi punto de vista eso es lo que importa.

-Tú haz lo que te dé la real gana yo solo te estoy diciendo que no me gusta cómo vas hoy vestida, parece que te vayas a cualquier otro sitio menos a clase.

-Tu tampoco eres el rey de la moda Benson, encima vas de rayas.

-Prefiero eso a que la gente lea la palabra desesperación en mi frente.

-Solo… déjalo.

Había metido la pata hasta el fondo, lo sabía.

Estaba sobrecargado por toda la presión a la que estaba siendo sometido esos días. No comer, no dormir, no tener tiempo de estudiar, saber que iba a suspender, Ashley, su madre empeñada en que se quedara en casa… pero… ¿cómo explicarle a Sam que la causa de todo aquella era la chica que tan bien le estaba empezando a caer?

-Silencio todos y sacad los libros – Dijo el profesor entrando en la clase.

Todos obedecieron y cuando la clase quedó en silencio empezó a explicar.

Sin embargo Freddie no se podía concentrar, se le estaban empezando a cerrar los ojos. Así que para no dormirse, intentó hacer las paces con Sam, vía notitas.

Siento haberte dicho eso.

Deslizó el papel por la mesa con disimulo hasta que lo puso delante de la rubia.

Déjame.

No te enfades conmigo por favor.

Me has llamado desesperada, ¿cómo no quieres que me enfade?

Ya te he dicho que lo siento. Es que estoy muy agobiado estos días.

Eso no te da derecho a pagarla conmigo Freddiefer.

Lo sé, lo siento. Tú me mandas un mail diciéndome que estás preocupada por mí y yo te trato como a un trapo usado.

Vaya… lo has leído.

Claro. Quería conservar mis huesos enteros.

La última frase hizo sonreír a Sam, lo que hizo que Freddie se sintiera un poco mejor y sonriera también.

Sabes que te odio ¿verdad?

Nunca he dudado de ello Princesa Puckett.

Y… ¿sabes que lo que he dicho… ya sabes… que puedes contar conmigo, es verdad?

Ahora lo sé más todavía.

Bueno saberlo es.

Acabas de hablar como Yoda el de La Guerra de las Galaxias.

Ya te dije que me gustó, no me obligues a repetirlo.

Sam se quedó unos minutos pensativa con la punta del bolígrafo rozando el papel pero sin escribir nada.

Finalmente se decidió, escribió algo rápidamente y le pasó la nota a Freddie.

¿Vas a contarme la verdad?

¿Qué verdad?

¿Por qué tienes esas ojeras, por qué no comes? La lista es muy larga Fredalupe.

¿Se lo cuento? Fue la pregunta que cruzó la mente de Freddie durante unos instantes antes de desaparecer.

Ya te lo he dicho. Estoy un poco agobiado entre iCarly, exámenes y de más. Soy listo, pero me puedo poner nervioso, soy humano.

No es algo muy común en ti eso de ponerte nervioso antes de un examen.

Sí que me pongo nervioso, pero lo disimulo. Soy genial disimulando las cosas.

¿Por ejemplo?

Algún día las descubrirás, ahora tenemos que ir a hacer el examen de historia.

Justo entonces sonó el timbre y Freddie salió disparado de la clase. Se apoyó un momento en la pared, pues al levantarse deprisa se había mareado un poco, y retomó su camino hacia la clase.

-Tenías que haber visto a Freddie esta mañana – le contaba Carly a su amiga – parecía que se fuera a comer a alguien.

-¿Enserio?

-Sí, está tan raro últimamente, no sé qué le puede pasar.

-Está agobiado eso es todo… o eso es todo lo que me ha dicho.

Sam agachó la cabeza y tuvo una sensación de opresión en el pecho. Nunca pensó que llegaría a decir eso, pero estaba muy preocupada por Freddie.

Era su mejor amigo y su peor enemigo a la vez, y eso no era fácil de encontrar. No le gustaba verle así, pero si él decía que solo eran nervios, debía creerle y debía confiar en él. Debía relajarse y centrarse en sus estudios, en el concurso y en escoger la canción adecuada para el sábado. Y también debía concentrarse en el examen que estaba a punto de empezar.

-Muy bien, separad las mesas que va a empezar el examen – Dijo el profesor.

Repartió el examen y todos empezaron a escribir excepto Freddie, que como sospechaba, no se sabía ni una respuesta. Leyó todas las preguntas mil veces, pero no le salía ninguna respuesta. Así que, viendo que por más que leyera no iba a escribir nada, se levantó tambaleándose pues el mareo volvió más fuerte que antes, y le entregó el examen al profesor.

-Freddie, está en blanco – Le susurró.

-Lo sé, ¿puedo ir a la enfermería? No me encuentro muy bien.

-Sí claro ve. ¿Necesitas que te acompañe alguien?

-No.

Se cargó la mochila al hombro y salió lentamente de la clase.

Todo le daba vueltas, el suelo se volvió de gelatina, ¿o fueron sus piernas? La verdad, no le importaba. Todo giraba a su alrededor, y el pasillo se alargaba a medida que el avanzaba, como si no tuviera fin. Se apoyó en la pared, y sintió que le venían ganas de vomitar, pero se le fueron enseguida. Avanzó de nuevo unos pasos y más y abrió la puerta de la enfermería.

-¿¡Chico te encuentras bien? ¡Estás muy pálido! – Se alarmó la enfermera al verlo cruzar el umbral de la puerta.

-No.

Entonces, todo se volvió negro. Lo último que oyó fueron los pasos de la enfermera y la sensación del frió suelo en su cuerpo.

Hasta aquí. A ver hay un par de cosas que tengo que aclarar. No voy a convertir a Sam en una fulana, es solo para dar un poco de acción a la historia. Así que no os preocupéis. Después, ya he decidido que dos canciones voy a utilizar, eso sí, no os voy a decir cuales muahahaha tendréis que esperar un poco más.

Por último, espero que os guste el capítulo, que digáis en los reviews lo que queráis, si no os ha gustado decidlo, quiero críticas constructivas. A todo eso, siento que mi modo de narrar las historias, mi modo de narrar, de escribir, ha cambiado un poco bastante, ¿vosotros lo habéis notado? ¿Os gusta o no? Hacédmelo saber jajajaja

Creo que ya está. Nos vemos en el próximo capítulo.

Besos ^^