No os voy a mentir, la inspiración de este capítulo ha salido mientras escuchaba la BSO de ME2 y ME3. Me parecía lo más apropiado dado el contenido que presento. Espero que disfrutéis muchísimo con ello. Me he esmerado lo mejor que he podido, dando hechos a un simple dato del códice del juego. El final de esto está cerca y si he tardado tan poco en actualizar es por algo tan simple como que en general lo tenia bastante bien visualizado en mi mente. Disfrutad tanto como leyendo como yo escribiendo, pues es satisfactorio ver un poco de la ya cercana Comandante Elissa Shepard.
—Bueno chicos, nuestra máxima prioridad es contactar con la Alianza para que manden refuerzos.
—¿Y cual es el plan Elissa?
—Intentar desactivar lo que hayan traído estos malditos animales. Y si no lo logramos tengo un plan de contingencia. Pero primero buscaremos.
—Jefa, ya he sacado todo lo que podemos usar de las lanzaderas.
—Muy bien, contar la munición, vuelvo en un momento.
Elissa se marchó en dirección a las naves, mientras sus amigos se miraban confusos. Aún seguían sin asimilar que le había ocurrido a su amiga.
—¿Crees que realmente está bien, Mel?
—No estoy segura, pero mientras no haga nada raro, confío en ella.
—Creo que deberíamos preguntarle, al menos. Estoy seguro que se sincerará con nosotros.
—No sé si deberías, Sam. Pero no te diré que no lo hagas.
Pasados unos minutos Elissa regresó, con una leve sonrisa en los labios.
—Hala, ya está. Si vuelven a ver que ha pasado se llevaran una desagradable sorpresa.
—Jefa, ¿Qué has hecho?
—Trampear la lanzaderas. Usando lo que tenia a mano.
Algo cabizbajo y con en un tono serio se acercó a su amiga, tenia dudas y necesitaba saber que había ocurrido, pues adoraba a Elissa y estaba especialmente preocupado por ella.
—Elissa. Se sincera. ¿Qué te ha ocurrido? ¿A que se debe este cambio tan repentino en tu actitud?
Elissa lo miró, aunque intentó que no fuera así, reflejaba una intensa preocupación por ella. Su mirada y expresión lo decían todo. Suspiró y lo dijo sin tapujos, sin mentiras. Eran su familia y necesitaban saberlo.
—Justo cuando Gregor habló, reconozco que me sentí como si tuviera otra vez 16 años. Tenia miedo, de que me volviera a hacer daño o que os lo hiciera a vosotros. No sabia que hacer, estaba completamente bloqueada.
Elissa paró un instante mientras suspiraba y se relajaba todo lo posible. No quería hacer un uso incorrecto de sus palabras para que sus amigos entendieran correctamente lo que intentaba explicarles.
—No sé muy bien por qué, pero me vino a la mente algo que me dijo alguien hace ya mucho. En aquél entonces no supe realmente su significado, pero ahora lo entiendo perfectamente: 'Cuando tu vida peligra no importa lo que hagas. Si te proteges a ti y los que quieres nada de lo que hagas será juzgado como malo. Es duro, pero piénsalo. O mueren ellos, o mueres tú.'
Sus amigos la miraban con sorpresa. Pero también con orgullo. Seguía siendo su jovial amiga, pero en tan corto espacio de tiempo su madurez creció. Ahora la veían como la líder que necesitaban, como la mujer que estaba encerrada en su interior y que luchaba por salir, pero que el miedo había retenido durante tanto tiempo.
—Jefa. Vamos a hacerles pagar por todo. No solo por lo de ahora. También por tus padres.
No había necesidad de hablar más sobre el tema. Acto seguido comenzaron a prepararse, con el equipo que recogieron. Samuel recargó el fusil Mattock y un rifle Mantis. Melissa agarró una escopeta Eviscerator y por último, Elissa tuvo la suerte de encontrar un subfusil Tempest y una pistola Carnifex.
—Veamos chicas, dejadme un segundo... Y ya está. Munición incendiaria de grupo.
—No está mal. Pero yo prefiero la disruptora Sam.
—Lo que la jefa ordene. Listo, munición disruptora para Elissa.
—Gracias por el gesto Samuel, pero yo ya tengo la mía propia —Mel hizo un pequeño retoque en su escopeta, y el microprocesador relució en morado. —Munición de alteración.
—Había olvidado que mi chica es una letal Centinela.
… … … … … … … …
—Señor, Gregor no informa desde hace rato.
—Ese desgraciado humano, que no sabe respetar a sus superiores. Si no responde marchar donde aterrizó e investigar.
—Si señor. En caso de que haya ocurrido algo, cuales son las órdenes.
—No me importa por que no ha informado como se le ha ordenado. Hacerle recordar que ocurre cuando su líder no está contento.
—Así se hará señor.
… … … … … … … …
—Vaya, esta totalmente frita. No se puede hacer gran cosa.
—¿De verdad está tan mal?
—Si Mel, es totalmente irrecuperable. Con este núcleo de energía no se puede hacer nada. Pero eso nos da una oportunidad. Es poco probable que vuelvan por aquí.
—¿Crees que es prudente jefa?
—No te preocupes Sam, los conozco un poco. Será el sitio perfecto para montar el transmisor en caso de necesitarlo. Solo debemos reunir las piezas apropiadas. Ahora os estoy enviando unos esquemas para luego. Si veis alguna de esas piezas, traedla aquí.
Melissa y Samuel se miraron, algunas piezas eran muy especificas y no estaban seguros de poder encontrarlas, sobre todo con los piratas registrando la colonia en busca de cualquier fuente de créditos.
—Bueno. Guardemos los suministros que hemos reunido. Ahora a lo que sabemos hacer.
—Muy bien, asquerosos esclavistas, Samuel el destructor va a por vosotros.
—¡Jajaja! Hay cariño que gracioso eres.
—Al menos no hemos perdido el buen humor. Pero riamos cuando hayamos vencido.
… … … … … … … …
—Muluk, esto es muy raro. No hay rastro de Gregor ni de su equipo.
—Registrar la naves, puede que se hayan quedado ahí dormidos, no sería la primera vez.
El mercenario seleccionó a un par y se acercaron rápidos a las lanzaderas, que estaban cerradas, dando más pie a la suposición del líder del grupo. Las abrieron y de nuevo observaron que no había ni rastro de Gregor ni de sus hombres.
—Garez, aquí no hay nadie. No puede ser que hayan desaparecido sin más.
Entonces uno de los que registraban miró algo que le llamaba la atención en una de las pantallas.
—Señor, aquí puede que haya una pista.
El mercenario tecleó una de las habituales contraseñas, y acto seguido salió en todas las pantallas de las dos naves un mensaje explícito.
'¡Que os jodan!'
—¡ES UNA TRAM...!
¡BAUUUMMM!
Las dos naves explosionaron casi a la vez, haciendo que Muluk y sus hombres que se encontraban en las inmediaciones salieran despedidos por el aire, mientras restos ardiendo de las lanzaderas y de los mercenarios les rodeaban conforme iban cayendo.
Pasaron unos minutos, y con el sonido de su omniherramienta recibiendo un mensaje, el malherido Muluk se despertó, abrió sus cuatro ojos y observó a su alrededor. Los 14 hombres que habían bajado a investigar incluido su lugarteniente yacían muertos y destrozados a su alrededor. Solo él que se quedó cerca de su propia lanzadera, recogiendo su equipo de un contenedor había sobrevivido.
Aún así tenia un fortísimo dolor de cabeza, acrecentado por el interminable pitido de su omniherramienta. Justo en el momento que comenzaba a recuperar el sentido y a contestar, sintió el reconocible toque de un arma en su espalda.
—No hagas nada raro, o te juro que te reventaré las tripas de un tiro.
Melissa no vaciló lo más mínimo con su amenaza, mientras Elissa y Samuel se colocaban frente a él.
—Vaya tenemos unos rebeldes. Muy ingenioso lo de trampear las lanzaderas. Supongo que ha sido idea tuya asqueroso humano —el batariano levantó el brazo señalando a Samuel.
—Pues mira. Te equivocas sucia araña de dos patas. Ha sido nuestra jefa.
—Eso es imposible. Las hembras humanas solo sirven para dos cosas. Como recipientes sexuales, y para limpiar. Si pretendéis interrogarme no os molestéis, moriré antes de revelaros nada.
Elissa se le acercó. Tener a uno de ellos tan cerca hizo que el ritmo de su corazón se disparara. Pero no le tenia miedo. Ya no. Le miraba con una mezcla de desprecio y compasión, pues no deseaba acabar con su vida, pero si la situación lo requería no dudaría ni un instante.
Comenzó a registrar sus bolsillos, en busca de algo. Un pequeño pad de datos, una agenda. Lo que fuera. Dada su habilidad, no necesitaba que aquél despojo viviente hablara.
—Si continuas un poco más abajo puedes encontrar algo con lo que te haré disfrutar de verdad, sucia perra humana.
Samuel iba a darle un golpe con la culata de su fusil, pero Elissa le detuvo.
—No te preocupes, tampoco ha dicho nada que pueda ofenderme. Es de esperar en seres de tan bajo nivel cultural.
Samuel rió con pasión por el comentario de Elissa. Ella se acercó de nuevo y activó la omniherramienta del sujeto, entonces comenzó a teclear en la suya propia.
—¡Ja! No te molestes humana, no podrás descifrar nuestros códigos. Malgastas tu tiempo. Es totalmente imposible que lo consigas, dado tu intelecto inferior y...
—Listo. Ya tenemos lo que necesitamos para avanzar. Gracias amable señor por su cooperación.
Muluk, abrió con inusitada sorpresa sus cuatro ojos. Aquella criatura inferior había desbloqueado todas las claves sin apenas esfuerzo. De inmediato se le pasó la idea de llevarle ese apreciado botín a Lurz.
Los tres amigos se fueron alejando de él sin dejar de mantener el contacto visual, ni dejar de apuntar sus armas. En cuanto escaparon de la visual, Muluk bajó los brazos e introdujo su código personal de seguridad para contactar con Lurz. Pero entonces la IV de la omniherramienta le interrumpió.
'Idiota, sabía que harías eso en cuanto nos fuéramos. Lo siento, pero hoy no es el día.'
—¡Maldita humana!
Una potente descarga recorrió su cuerpo en su totalidad, hasta el punto de que pudo sentir como su corazón dejaba de latir, poniendo fin a su despreciable vida.
… … … … … … … …
—Señor, nos llegan continuos informes de altercados contra nuestras tropas. Ya hemos perdido a más de 80 hombres. Los pocos que han sobrevivido el tiempo suficiente, balbuceaban algo de un chico y un par de hembras humanas.
—Me estoy cansando de vuestra incompetencia. Primero matan a mi hermano Muluk, y ahora estos desgraciados e inútiles son incapaces de hacer entender a estos humanos quién es la verdadera potencia en la galaxia. Encontrarme a esos humanos y traerlos.
—Señor, acaba de llegar un nuevo informe. Hay un pequeño grupo en el distrito 54.
—Enviad a nuestros mejores hombres, va siendo hora que entiendan que somos superiores y como tales han de ser subordinados bajo nuestro gobierno.
… … … … … … … …
—Bien chicos. Vamos a un ritmo excelente. Tenemos un nuevo blanco. Estas son la coordenadas. Llegaremos en unos 25 minutos.
—¿Estás segura que no los descubrirán?
—Aunque así sea, con lo que he trampeado la entrada muy duros tienen que ser para llegar hasta los refugiados. Y si eso no funciona, siempre quedan los guardias que hemos rescatado.
Lo tres amigos corrían todo lo rápido que su fuerzas les permitían. Llevaban ya casi cuatro días de pequeños pero intensos combates. Gracias a los datos del mercenario, pudieron pinchar las comunicaciones de los esclavistas, y por ello se enteraron de todas las bolsas de resistencia que abundaban en los diferentes distritos de la inmensa ciudad.
Además, ya habían descubierto que lo que tenia bloqueadas las comunicaciones era uno de los cargueros que permanecían en la órbita del planeta. Por ello se pusieron de inmediato con el plan 'b'. Construir su propio transmisor, cosa que costaba bastante, pues entre los rescates, los combates y la falta de componentes propiciada por la codicia de los piratas hacía difícil su conclusión.
… … … … … … … …
—¡Humanos! ¡Soltar las armas ahora!
—¡Nunca sucio y repelente batariano!
El guardia soltó una pequeña ráfaga de su fusil Avenger, haciendo que los mercenarios se cubrieran. Entonces una lanzadera aterrizó cerca de ellos, y en cuanto tomó tierra y se abrió descendió el equipo especial mandado por Lurz.
—¿Quién está al mando aquí?
—Yo señor, estamos cerca de conseguir que se rindan y...
—Lurz ya está harto de vuestra incompetencia. Si no podéis convencerlos lo haremos nosotros.
—Señor, creo que es importante no dañar la mercancía, pues...
'¡BLAM!'
El líder del grupo reventó de un disparo la cabeza del mercenario turiano sin dejar que acabara su estúpida frase, mientras el resto allí apostados se quedaban atónitos.
—¿Alguien más quiere discutir? ¿No? Pues ahora estoy yo al mando.
Se estaba girando para dar órdenes a sus hombres cuando algo llamó su atención, el sonido metálico de un objeto que rebotaba, giró la cabeza cuando vio rodando una granada que brillaba en un tono púrpura.
—¡Granada biótica!
No tuvo tiempo suficiente para avisar, la granada hizo explosión, haciendo que uno de sus hombres reventara en un destello azul, y el resto, además de los daños recibidos por la onda expansiva salieron despedidos por el aire, cayendo con brusquedad contra el duro suelo.
No hubo tiempo de reacción, un dron apareció frente a él atacándole de inmediato, una sobrecarga desactivó sus escudos y una precisa ráfaga de fusilería le reventó el estómago, los hombres que no habían sido alcanzados por la explosión, dudaron unos instantes pues apenas pudieron ver de donde provenían los disparos.
Los ataques del dron, lejos de ser sutiles eran intensos, desestabilizando los escudos de los allí presentes, y para colmo las descargas saltaban de soldado en soldado si estaban demasiado cerca. El mercenario, se sujetaba como podía sus tripas, mientras se administraba una dosis de medigel, al menos para reducir el dolor.
Entonces entre el polvo y la confusión, hicieron acto de presencia los tres jóvenes. Sus ataques parecían más una sutil danza perfectamente acompasada. Estaba absorto mientras los veía acabar con cada uno de sus hombres, con precisión. Ya había visto algo parecido. No eran simple civiles intentando defenderse. Ese pequeño grupo, eran sin duda soldados de la Alianza. Como habían llegado hasta allí era algo que se le escapaba.
Vio como el último de sus hombres caía frente al fuego de la humana que portaba el mono ya sucio por los múltiples días pasados. Elissa en cuanto hubo acabado se acercó a él, pero se mostraba tranquila, algo que ni él mismo se esperaba, pues creía que le miraría con desprecio y odio.
—Ahora tienes dos opciones —dijo Elissa en tono duro pero tranquilo—. Morir con dignidad ayudándonos o...
—No os diré nada. Lurz tiene razón. Nunca aprenderéis a respetar a vuestros superiores. Pero tarde o temprano os haremos pagar por todo lo que habéis hecho, malditos humanos.
En un último esfuerzo, se levantó gritando hacia una sorprendida Elissa, empuñando un extraño machete con la clara intención de cortarle el cuello, pero un cercano disparo de Melissa hizo que cayera, mientras sus vísceras se desparramaban por el suelo y horrorizado notaba como su vida se le escapaba.
… … … … … … … …
—Muchas gracias por vuestra ayuda. No sabemos como pagaros lo que habéis hecho.
—No es nada. Es nuestro trabajo.
—¿Vuestro trabajo? ¿Sois soldados? Por vuestro aspecto no lo habría dicho.
—Si señor. Estábamos aquí de vacaciones. Quien hubiera dicho que un permiso se convertiría en una misión.
—Jefa, ya he recogido la munición y he desactivado todas las omniherramientas apara evitar el rastreo.
—Gracias Samuel.
Los tres amigos escoltaron al pequeño grupo de refugiados hasta la base que habían improvisado. Tuvieron un pequeño enfrentamiento extra, pero nada que no pudieran manejar. Solo les interesaba mantener con vida a la mayor cantidad de gente. Elissa se preocupaba especialmente por los niños.
Una vez llegaron, el pequeño grupo se sorprendió. Había mucha gente, más de los que podían haber imaginado. Los allí presentes agradecieron el gesto de Elissa, Melissa y Samuel. Hubo pequeños encuentros, abrazos y sollozos. Los tres amigos se miraban sonrientes, pero sabían que aún quedaba trabajo por hacer.
… … … … … … … …
—Malditos inútiles. Ya empiezo a hartarme, sean quienes sean me veo en la obligación de recurrir a todos nuestros recursos.
—Según el último informe señor, incluyendo tres grupos de élite, hemos perdido ya cerca de 200 hombres y... ¡ahg!
Lurz, agarró con fuerza la garganta del salariano, estaba ya harto de escuchar su voz, harto de oír que no paraban de perder hombres y recursos pero sobre todo, mercancía. Apretó con fuerza mientras veía con cierto placer como le arrebataba su insulsa vida, dejándolo caer finalmente contra el suelo.
—El próximo que me diga que hemos vuelto a perder a hombres en el terreno, acabará en la esclusa de aire. ¿QUEDA CLARO?
Los hombres presentes en el puente de mando lo miraban con más miedo que otra cosa. Pero era imposible ignorar los interminables mensajes de los equipos que estaban en tierra. Fuera quién fuera, pues nadie que hubiera sobrevivido había podido identificarlos, estaban diezmando sus fuerzas. Si seguían a ese ritmo, pronto no quedaría nadie para repartir las ganancias. Lurz se relajó por un momento, se sentó en su silla y reflexionó brevemente. Decidió que era hora de tomar la iniciativa.
—Bueno. Creo que la única solución viable es bajar yo mismo. Preparar mi lanzadera, voy a encargarme personalmente de esa escoria.
… … … … … … … …
Así siguió la rutina durante los siguientes días, rescataban a todos los que podían creciendo el numero de refugiados, pero también el de las fuerzas de seguridad de que disponían. En una de sus últimas escaramuzas, y tras rebuscar entre los mercenarios, pudieron encontrar alguno de los componentes que necesitaban.
Comieron algo rápido y se dirigieron al pequeño recinto donde Elissa estaba montando el transmisor, para aprovechar las piezas recientemente adquiridas. Samuel vigilaba la puerta que daba al exterior, cuando Elissa en un largo suspiro soltó las herramientas.
—¡Buf! Ya está listo. Ahora solo queda encenderlo y cruzar los dedos.
—Ya sé de sobra que eres muy hábil con estas cosas Eli pero, ¿Estás segura de que funcionará?
—Estoy más que segura. La he programado con una frecuencia muy especifica. Una que no se usa desde el siglo XX.
Melissa y Samuel la miraron con algo de ignorancia. Elissa les sonrió con dulzura y aclaró su confusión.
—A finales del los años setenta del siglo XX, la por entonces Agencia Espacial Americana lanzó dos sondas para explorar el sistema solar. Usaban una frecuencia muy concreta, para diferenciarla de otras misiones y para compensar la potencia dada la lejanía a la que debían transmitir, pues por aquélla época no se conocían aún las señales MRL.
Realizó una pequeña pausa, pues la cara de sus amigos era de risa, completamente atolondrados por su explicación.
—¿Qué pasa? Me gusta la historia. En fin, la señal que enviaremos llevará un mensaje codificado. Si hay alguien escuchando no le resultara muy difícil descifrarlo, y solo nos quedará esperar.
—Bueno llevamos ya 8 días. Lo que me extraña es que no hayan venido ya, aunque fuera por curiosidad.
—¿Recuerdas al mercenario ese de hace 4 días Sam? Descubrí que están mandando informes falsos tras piratear la señal de salida. Así que la Alianza cree, que aquí no está pasando nada malo.
—¿Y no podrían impedir que usemos este transmisor entonces?
—Mel, como ya he dicho voy a usar una frecuencia muy especifica. Antigua se puede decir. Y no coincide con ninguna que use la hegemonía. Así que al menos en principio no hay peligro.
—Pero jefa, ¿Cómo sabrán que somos nosotros quienes enviamos el mensaje?
—Samuel, en el mensaje incluyo mi nombre, rango y numero de escalafón. Sabrán a la perfección quién les envía el mensaje.
Los tres amigos se miraron esperanzados. Esta era su oportunidad de salir con vida. Estaban sucios y algo cansados. Y sabían que arriba orbitando el planeta había 5 cargueros con muchos hombres, mujeres y niños ya capturados. Ellos eran la única esperanza de evitar que sufrieran una vida llena de horror. Elissa tecleó en su omniherramienta, el transmisor se encendió e informó que el mensaje había sido enviado. Ya solo quedaba esperar. Y seguir ayudando a la gente de Elysium mientras tanto.
