holaaaa! volví (bueno creo que ya se dieron cuenta de eso :D)
no saben cuantas ganas tuve de abrir fanficion y actualizar las historias, y tuve que regañarme internamente varias veces ya que tenia que terminar mi trabajo pero bueno ya el viernes pasado termine y hoy lo entregue al parecer esta bien por lo tanto vuelvo con mis actualizaciones (de hecho tengo una nueva historia pero todavía no la voy a publicar hasta que ya la tenga un poco mas solida, la historia nació de un lemmon que estaba creando al parecer no quiso quedarse como "solo lemmon" y quiso convertirse en historia trate de detenerlo pero no ni modos mi mente siguió dándome ideas para que lo convirtiera en historia e) así que ya tendrán que volverme a soportar (el lemmon si lo publicare pronto quizas el viernes aun no lo se tiene que pasar por revision :))
§:§:§:§:§:§: Capitulo 9 §:§:§:§:§:§:
Mientras se dirigía a una de las habitaciones de invitados, Kagome cambió de opinión.
¿Por qué esperar a la mañana? Si se iba a marchar, era mejor hacerlo inmediatamente. Inuyasha no estaba precisamente suplicándole de rodillas que se quedara. Aparte de la formalidad del divorcio, ese matrimonio había terminado.
La verdad era que el silencio de él, su completa indiferencia era deprimente. Entró en la habitación que había estado compartiendo con Inuyasha y empezó a recoger todas las cosas que le cupieran en una bolsa de viaje. El resto podía quedarse allí, no le importaba.
Luego, bajó las escaleras y estaba en la calle cinco minutos después de haber dejado a Inuyasha . Pero le pareció como si tuviera los pies pegados al suelo, como si el esfuerzo físico de marcharse de allí fuera superior a ella.
Ya casi era de noche, una noche cálida de junio, y no había demasiado tráfico, así que, por fin, empezó a caminar.
Sin darse cuenta, se encontró delante del edificio de apartamentos donde su padre se había ido a vivir con su nueva esposa.
Como atontada, pensó que necesitaba un sitio donde pasar la noche. En ausencia de una madre, se estaba yendo a casa de su padre, tratando de volver a la existencia que había llevado antes de la proposición de Inuyasha.
Cuando su padre le abrió la puerta, llevaba un batín ligero sobre el pijama a rayas, y unas zapatillas viejas.
Y además tenía una expresión de extrañeza en el rostro.
— ¿Puedo quedarme aquí a pasar la noche? — le preguntó ella.
Ginta la hizo pasar mientras seguía mirándola con estupor. Ya había ido a visitarlos otras veces, pero nunca vestida de fiesta, con una bolsa de viaje colgada del hombro y las huellas de las lágrimas que le habían corrido por el rostro.
— Por supuesto que puedes quedarte —dijo su padre—. Te puedes quedar todo el tiempo que quieras. ¿Pero puedo saber por qué?
Ella se volvió y dejó la bolsa en el suelo.
— He dejado a Inuyahsa. No ha funcionado. Nunca funcionaría.
— ¿Por qué no te sientas antes de que te caigas al suelo? ¿Quieres beber algo? ¿Café o algo más fuerte?
Ella ignoró esa pregunta.
— ¿Dónde está Emily?
— Se ha acostado pronto. Pensábamos ir a York mañana. Para quedarnos unos días. Pero lo podemos dejar para más adelante, no es importante. Lo que sí parece que lo es, es lo que te está pasando a ti.
— ¡No!
De repente, Kagome pensó que no tenía ningún derecho a alterar los planes de su padre y Emily.
— Me quedaré solo esta noche —añadió—. Mañana me marcharé también de Londres. No quiero que cambiéis de planes por mí. Además, no serviría de nada. Me gustaría tomarme un té, ¿y tú?
Se dirigió entonces a la cocina sin esperar la respuesta de su padre. Ahora se sentía extrañamente tranquila, casi como si nada pudiera tocarla Mientras se preparaba el té, su padre dijo desde detrás:
— Si no quieres, no tienes que decirme qué eslo que ha ido mal. Puede parecer una pregunta tonta conociendo a Inuyasha como lo conozco, ¿pero te ha hecho daño? ¿Ha sido grosero?
—No.
Su padre se refería daño en el sentido físico y sí que había sido una pregunta tonta, ya que Inuyahsa no era nada violento, salvo en lo que se refería a la apasionada profundidad de sus sentimientos hacia Kikyo.
— Es solo que la cosa no funciona. Y no debes preocuparte por ello, ni permitir que afecte a la buena relación que tienes con Inuyasha.
Cuando estuvo el té, sirvió dos tazas y Ginta tomó la suya y se sentaron a la mesa de la cocina.
— ¿A dónde irás? ¿Qué vas a hacer? —le preguntó a su hija.
— La agencia me encontrará algún trabajo. Y ya sabes que puedo trabajar en cualquier parte. Con respecto a dónde iré, ya te lo haré saber cuando lo sepa yo misma.
— Vas a necesitar ayuda. Kaede y yo estaremos encantados...
— No. Estoy bien económicamente, como ya sabes. Con suerte encontraré algo para alquilar. Me mantendré en contacto con vosotros y, como ya te he dicho, no tenéis que preocuparos por mí.
— ¿Y cómo puedo evitar hacerlo? Admito que al principio tenía algunas dudas sobre vuestro matrimonio. Pero cuando volvisteis de esa luna de miel retrasada, supe que todo iba bien. Inuyasha había perdido un poco de su dureza y nunca antes te había visto a ti tan radiante.
Le tomó las manos por encima de la mesa y añadió:
— Y ahora parece que lo estás tirando todo por la borda, Kagome. Todos los matrimonios pasan por malas rachas. El caso es que uno no se marcha así porque sí. Cuando se produce una mala racha, hay que quedarse para solucionar las cosas. ¿Por qué no vuelves mañana a tu casa, te sientas con Inuyasha y lo habláis para tratar de resolver el problema que tenéis? Por lo menos, prométeme que te lo pensarás, ¿quieres?
Kagome apartó las manos y se levantó. Su padre parecía muy preocupado. No debería haber ido allí a molestarlos.
— Lo pensaré —le prometió.
Si se pasara el resto de su vida pensándolo, tampoco serviría para nada, las circunstancias no cambiarían, pero él no debía saber eso. Por lo menos había sido lo suficientemente discreta como para no contarle la verdad de la situación.
— Me lo pensaré, pero solo si tú me prometes otra cosa.
— ¿Cuál?
— Que Kaede y tú se marcharan mañana como habíais planeado y se olvidaran de mi, lo solucionaré de una u otra manera... Ya sé que crees que no tengo nada de sentido común, pero créeme, he cambiado. Y ahora, ¿cuándo volveran?
— El viernes que viene como muy tarde.
— Entonces los llamaré esa misma tarde, ¿de acuerdo?
— Muy bien — dijo Ginta y se puso en pie — Ya es hora de que nos vayamos a dormir. Y recuerda tu promesa, te lo pensarás mucho antes de hacer algo drástico.
Kagome mantuvo su promesa. No le haría ningún mal pensar en ver a Inuyahsa, sentarse con él y hablar. Pero eso era todo lo que haría. Trasladar el pensamiento a la acción sería una pérdida de tiempo. La verdad era la verdad y nada la podía cambiar.
Se despertó cuando oyó andar por la casa a su padre y a Kaede, Eran las seis y parecía que iba a hacer otro día caluroso.
Recordó lo preocupado que estaba su padre la noche anterior y se levantó de la cama. Seguro que él ya se lo había contado a Kaede y ahora ella estaba preocupada también, y no quería fastidiarles el viaje a Nueva York. Se lavó y se puso unos vaqueros y una blusa amarilla sin mangas.
En la cocina, su padre y Kaede ya estaban sentados a la mesa, tomándose un té. Kagome recordó el día que se casaron. Kaede estaba preciosa y su padre muy orgulloso y contento. Hacían una gran pareja y la vida les iba muy bien juntos, así que ella no tenía ningún derecho a introducir en ella ningún motivo de preocupación.
Por supuesto, podía contarles la verdad de su matrimonio de conveniencia, y ellos entenderían su punto de vista. Y se preocuparían más aún. Era mejor no decir nada al respecto hasta que las aguas se hubieran calmado un poco.
— ¡Kagome, querida! — dijo Kaede, se levantó y la abrazó— Ginta me lo ha contado. ¿Qué podemos hacer para ayudarte?
— Nada — respondió ella tan alegremente como pudo mientras le devolvía el abrazo— Salvo prepararsen para el viaje mientras yo hago el desayuno.
— ¡No podemos! No mientras tengas ese problema.
— Sí que pueden. Esta mañana me siento mucho más tranquila. No debería haber venido aquí, sino a un hotel para no preocuparlos.
— Tienes mejor aspecto —dijo su padre—. ¿Mantendrás tu promesa de pensar en arreglar las cosas con Inuyahsa?
— Sí. Volveré a casa cuando se hayan marchado. ¿Y tú? ¿Recuerdas la promesa que me hiciste a mí? Es domingo, así que Inuyahsa debe estar en casa.
Mientras se vestía debía haber decidido subconscientemente que no podía dejar así a Inuyasha, sin darle la oportunidad de que él le contara su opinión. Y ella no le había dicho que no esperaba ninguna clase de pensión o que mantuviera a un hijo que él no quería. Que se las podía arreglar perfectamente sola y que, si él quería ver a su hijo, solo tenía que decirlo. Seguramente él no querría saber nada al respecto, pero tenía que ofrecérselo.
Y también se disculparía por las cosas que le había dicho, lo cierto era que había sido muy cruel al decirle que estaba enfermo y que era un retorcido y un amargado. Por encima de todo, siempre habían sido amigos. Su matrimonio había estado condenado desde el principio, pero no quería que terminara con dolor y amargura.
— Bueno — dijo Ginta mirando a su esposa — Hice una promesa. ¿Y tú estás segura de que te sentarás a hablar tranquilamente con Inuyasha?
— Muy segura. Y ahora, ¿se quieren ir a vestir de una vez?
Los diez minutos andando que separaban la casa de su padre de la de Inuyasha le parecieron una eternidad. Trató de apresurar el paso, pero las piernas no la obedecieron. ¿Y si a él no le había importado que se fuera? ¿Y si había aprovechado el domingo para trabajar en la oficina sin que le molestaran los teléfonos y faxes? Y hablando de teléfonos, ¿por qué no la habría llamado? Debía haberse imaginado que había ido a casa de su padre. Ni se había molestado en llamar para ver si era así.
Aunque hubiera pensado que se había quedado en una de las habitaciones de invitados de la casa y no se hubiera molestado en ver si lo había hecho, a esas horas seguro que ya habría visto que ella no estaba allí. Cuando llegó a la casa, se dio cuenta de que no tenía la llave, así que llamó al timbre esperando que la señora Urasue estuviera ocupada y fuera Inuyasha mismo el que contestara. Mientras esperaba, cada segundo que pasaba se iba poniendo más nerviosa y, por mucho que lo intentara, no pudo evitar la esperanza completamente irracional de que sucediera un milagro y todo terminara bien.
Se abrió la puerta y ella logró sonreír. Pero esa sonrisa desapareció inmediatamente cuando se encontró con Kikyo, dijo secamente:
—¿Qué quieres?
Kagome se quedó sin respiración.
¡Él ya había hecho que Kikyo se instalara en la casa! La garganta se le secó. Esa mujer no había perdido el tiempo.
Y estaba extremadamente sexy. Una minifalda escarlata revelaba la perfección de sus interminables piernas y el top que llevaba no ocultaba que no llevaba sujetador.
Kagome trató de decir algo, como que quería ver a su marido, de hacer algún intento de entrar para buscarlo, pero no pudo.
— Mira, no te quedes ahí como una idiota — dijo Kikyo — ¿No te dije que se libraría de ti en cuanto yo quisiera? Me ha dicho que volverías y que, cuando lo hicieras, te dijera que sus abogados se pondrían en contacto contigo. No te queremos aquí, así que vete.
Y con eso le dio con la puerta en las narices. Kagome se volvió lentamente, llena de dolor. No tenía nada que hacer allí. No quedaba nada de su breve matrimonio, ni siquiera la amistad. Estaba claro que a Inuyasha no le importaba lo que fuera de ella y de su hijo.
Nunca se habría imaginado que el hombre al que conocía y amaba desde hacía tantos años pudiera ser tan despiadado. La verdad era que no lo conocía en absoluto. Pero ella era fuerte y no se iba a dejar amedrantar por el hecho de que Inuyasha no la quisiera a ella ni a si bebé, ella era fuerte y no lo necesitaba. Sin mas dio la vuelta y se fue dispuesta a enfrentar todo solo por su bebé, por que era suyo y de nadie mas.
Como la pasaron en navidad y año nuevooo?
que propósitos se pusieron?
yo de hecho me propuse estudiar ingles y frances realmente me encantan los idiomas y quiero aprender
y también me propuse lo que muchos nos proponemos bajar de peso pero estavez lo voy a cumplir por que? aposte con unos compañeros y no pienso perder mi dinero jejeje :)
y ustedes cuales son sus propositos :D
