Ni la historia, ni los personajes me pertenecen.
Capitulo 9
Bella estaba de pie, pálida y temblorosa, con un sencillo camisón de seda rosa que daba cierto tono rojizo a sus cabellos. Se mordía el labio inferior y lo miraba a los ojos. Edward miró en dirección a la habitación al otro lado del pasillo. Ahí estaban sus maletas. El vestido de novia se extendía sobre la cama, con los zapatos blancos.
—Harry ha debido confundirse de habitación, nuestro dormitorio es este otro.
—No, pensé que no te gustaría compartir el dormitorio, como... —Bella se interrumpió, bajando la vista. Al ver que él no decía nada, añadió—: Por eso preferí este, si no te importa.
Edward la miró con la mente en blanco. ¿Qué podía decir?, ¿que quería que ella ocupara su cama todas las noches? Bella habría pensado que se mostraba excesivamente exigente e insensible. Por eso contestó:
—Está bien —al ver que ella no se movía, Edward se acercó y la tomó de la mano. Bella no opuso resistencia, de modo que él la atrajo hacia sí—, pero... vendrás a mi cama. Mi hijo será concebido en mi cama, ¿de acuerdo?
Para alivio de Edward, ella no se negó. Sin embargo, tampoco demostró entusiasmo. Edward no comprendió por qué. Era posible que lo distrajera su propia reacción cada vez que la tocaba, pero estaba seguro de que ella reaccionaba de igual modo. De hecho, era precisamente el modo de reaccionar de Bella lo que más lo excitaba.
Había amado a Tanya con toda su alma, pero lo cierto era que a ella no le había interesado excesivamente el lado físico de la relación. Cumplía con su obligación, pero le causaban más placer muchas otras cosas.
Inconsciente de todos aquellos pensamientos, Bella entró en el dormitorio de Edward. Enseguida se fijó en la enorme cama y se detuvo. Edward frunció el ceño, sin saber qué hacer. ¿Acaso le daba miedo hacer el amor?
Edward tocó su brazo y lo encontró helado. Como si... como si ella fuera virgen. De pronto, la idea lo asaltó igual que un terremoto.
—Bella, ¿no serás...? Quiero decir, tú has... maldita sea... ¿no será tu primera vez, verdad? —Bella se ruborizó y asintió levemente—. ¿Lo eres? —preguntó Edward, incapaz de creer que ninguna mujer mayor de veinte años pudiera ser tan inexperta.
—Lo siento.
—No tienes por qué disculparte, Bella. Yo no sabía que... pero no importa.
—Yo... yo no sé cómo... —comenzó a decir Bella tragando saliva convulsivamente, interrumpiéndose y apartando la vista.
De pronto, Edward comprendió todo su nerviosismo, toda su preocupación, y respiró aliviado. Entonces sonrió, y añadió:
—No importa, yo sí sé. Todo saldrá bien, Bella —ella asintió sin decir palabra, sin mirarlo—. Me gusta tu camisón —comentó él en voz baja, acariciando su brazo desnudo y metiendo la mano por debajo del tirante. Bella tembló, lo miró brevemente y bajó la vista de nuevo. Edward se aproximó—. ¿Es nuevo?
Edward comenzó a acariciar sus dos brazos. Hacía mucho tiempo que no seducía a una mujer. Y menos aún a una inexperta. No era corriente tropezar con ninguna. Y él siempre pasaba de largo. Sin embargo, la necesidad de seducir a Bella le resultó increíblemente atractiva. Además, Edward no podía olvidar del todo la satisfacción que le producía ser el primero. El primero y el último. Edward se inclinó y la besó en los labios, suavemente.
—Hueles muy bien.
—Y... y tú también.
—Aún no me he duchado. No te marcharás si me ducho, ¿verdad? —Edward se sintió molesto al ver que ella respiraba aliviada. Su tímida forma de sonreír casi lo hizo cambiar de opinión. Pero aquella era la noche de bodas de Bella, y todo debía ser perfecto—. Estás en tu casa. No tardaré nada.
Edward se dirigió a la puerta del baño y se sintió aliviado al verla sentarse al borde de la cama.
Bella había estado a punto de derretirse.
Cuando él la tocó, tuvo que luchar para no arrojarse en sus brazos y rodearlo por el cuello, presionando el cuerpo contra el de él y rogándole que la besara. Gracias a Dios había sido capaz de controlarse, de evitar demostrarle lo necesitada que estaba. Iban a concebir a un niño, no a hacer el amor. Y él se habría sentido violento de saber que ella deseaba aquella relación íntima, de saber que anhelaba sus caricias. Aún seguía sin poder creer que reaccionara de ese modo ante él.
Bella cerró los ojos y se concentró en mantener el control. En fingir naturalidad acerca de lo que estaba a punto de ocurrir. En fingir. Fiel a su palabra, Edward no tardó en volver. Bella tragó al verlo de pie, ante ella, con una sencilla toalla enrollada a las caderas. El pecho, ancho y cubierto de vello, se iba estrechando al llegar a las caderas para acabar en dos torneados muslos. Isabella no podía dejar de mirar. Había sido hija única, y su limitada experiencia con su novio, para su desgracia, no incluía verlo desnudo.
—¿Te pongo violenta? —preguntó él con una sonrisa, acercándose—. Podría haberme vestido, pero tendría que quitarme la ropa después. Me pareció que no merecía la pena.
Era una novedad la forma relajada de comportarse en Edward. Desvaneció en parte la tensión. Ella no tenía ni idea de que los amantes pudieran también divertirse, además de buscar la pasión. Bella sonrió vacilante, y contestó:
—Sería una lástima que malgastaras tanta energía.
—Eso justo pensé yo. Es mucho mejor utilizar esa energía para otras cosas —Bella abrió inmensamente los ojos y tembló—. Pareces Caperucita Roja cuando el Lobo Feroz está a punto de comérsela. ¿Te doy miedo?
—No, claro que no —respondió Bella, más asustada de sí misma que de él.
—Bien —dijo él alcanzando la cama—, ¿quieres que la abra?
—Ah, yo... yo puedo hacerlo.
Bella se puso en pie, contenta de tener algo que hacer, y tiró del embozo. Al enderezarse, unos fuertes brazos la rodearon por la cintura, mientras labios dulces posaban besos sobre su hombro. Bella se quedó quieta, insegura acerca de cómo reaccionar. Al ver que él no hacía nada más, torció la cabeza y miró por encima del hombro.
—Escucha, Bella, hagamos un trato —ella se volvió para mirarlo, esperando a que se explicara. ¿Acaso había cambiado de opinión?, ¿iba a sugerirle que le pidieran ayuda a Doc, tal y como ella había propuesto al principio?—. Esta situación es violenta para los dos, así que creo que deberíamos ser sinceros el uno con el otro. Si yo hago algo que no te guste, que te haga sentirte incómoda, me lo dices.
—¿Y tú me lo dirás a mí si yo cometo un error? —preguntó ella, aliviada.
Edward tiró de ella y la estrechó contra sí. Bella notó con sobresalto que él estaba excitado bajo la toalla.
—Creo que es poco probable. Hace mucho tiempo que no estoy con ninguna mujer, cariño, yo mismo podría ponerme violento sin querer, en cualquier momento.
A Bella no se le había ocurrido pensar que Edward pudiera estar nervioso o preocupado por su propio comportamiento aquella noche. Inmediatamente sintió deseos de tranquilizarlo, y comenzó a posar leves besos en su rostro, tal y como había soñado hacer.
E inmediatamente, igual que si hubiera detonado una bomba, la pasión entre ambos estalló. Los labios de Edward devoraron los de ella mientras las manos acariciaban todo su cuerpo. Bella colocó las suyas sobre el pecho de él, disfrutando de sus fuertes músculos.
Antes de que ella pudiera darse cuenta, el camisón, la ropa interior y la toalla yacían en el suelo, y ellos dos tumbados en la cama. El cubrió su cuerpo colocándose encima, acariciando íntimamente toda su piel.
Cuando la penetró, sus labios buscaron los de ella urgiéndola a unirse en aquel loco frenesí de placer. Sin embargo, no hacía falta que él la animara. Bella jamás había sentido tal felicidad, tal unión, a pesar del dolor inicial. Jamás habría creído que hacer el amor pudiera ser tan placentero.
Todo pareció estallar de golpe. Bella ni siquiera supo si había perdido la conciencia o no. Cuando abrió los ojos, inundados de increíble felicidad, Edward los tenía cerrados. Su cuerpo se deslizó sobre el de ella, para tumbarse a su lado. Sus labios se movieron, musitando algo que ella no pudo entender. Entonces él se quedó dormido.
Bella estaba tendida a su lado, contemplando su fuerte cuerpo. Entonces se le ocurrió que, de haberle preguntado, jamás habría permitido que él le hiciera el amor con la luz encendida. No obstante, había sido completamente inconsciente de todo nada más sentir el primer contacto.
¿Se habría dado cuenta él?, ¿le habría demostrado con excesiva claridad que hacer el amor con él le resultaba embriagador?
Extrañamente, Bella comenzó a pensar en Tanya, en su mujer. Pobre Tanya. Ella había tenido a Edward por marido, había compartido su cama, había concebido a su hijo y había sido dueña de su corazón. Y de pronto todo eso era de ella, excepto el corazón. Aquello la hizo sentir remordimientos y lástima de sí misma. Porque de pronto poseer el corazón de Edward parecía un premio inalcanzable. Pero no debía pensar ese tipo de cosas, se dijo. No debía sentir compasión de sí misma. Había hecho planes de futuro, y por fin se realizaban. Además, él le había hecho un increíble regalo. Bella había descubierto que no era frígida. De hecho, había tenido que controlarse para mantener las distancias con respecto a él. No tenía razón para quejarse.
Pero, para asegurarse de que mantenía el control, tenía que marcharse a su dormitorio. De otro modo habría sido incapaz de apartar las manos de él. Incluso en ese momento no quería más que acariciarlo, aprenderse de memoria su cuerpo, cada detalle, cada músculo, tropezar con sus labios. Pero él prefería dormir. Bella echó un último y largo vistazo, y salió de la cama. Recogió el camisón y la ropa interior, y volvió a su santuario. Y soñó con Edward.
Edward abrió un ojo con una sonrisa. ¿Por qué se sentía tan maravillosamente bien? Entonces recordó. Bella. Y la forma increíble en que habían hecho el amor. Edward alargó una mano para tocar su cálido cuerpo. Pero no encontró nada. Abrió ambos ojos y se sentó. Las luces seguían encendidas. Era fácil ver que estaba solo.
Salió de la cama a toda prisa y miró por el pasillo. Abrió la puerta que estaba frente a la suya. En la oscuridad, podía ver la débil silueta del cuerpo de Bella bajo las sábanas. Estaba dormida. Frunció el ceño y cerró la puerta. No quería que ella ocupara esa habitación. La quería en su cama. ¿Acaso la había molestado?, ¿había hecho algo mal?, ¿la había disgustado con su incontrolable pasión?
Los últimos minutos con ella en brazos habían transcurrido increíblemente deprisa. Apenas había pasado tiempo desde que la había abrazado hasta que había sentido un enorme y satisfactorio alivio. Pero su intención no había sido ser egoísta. No obstante, había pasado tanto tiempo desde que no hacía el amor, que apenas había podido controlar su cuerpo. Estaba convencido de que Bella también había gozado, porque recordaba haber oído un dulce gemido que lo había excitado terriblemente. Y recordaba sus labios besándolo, mientras él también la besaba por todo el cuerpo.
Edward volvió a abrir la puerta, observando de nuevo la silueta. Deseaba tomarla en sus brazos, llevarla de vuelta a su cama y decirle que no debía abandonarla jamás. Incluso dio un paso, dispuesto a hacerlo. Pero se detuvo. El acuerdo era concebir un hijo. Él mismo la había advertido que los sentimientos no tendrían lugar en su relación. Y ella había decidido ocupar una habitación separada de él. Quería tener intimidad.
Edward la deseaba, pero volvió a cerrar la puerta. Bien, le concedería esa intimidad. Durante una temporada. Entrarían en el matrimonio lentamente. Quizá incluso pudieran hacerse amigos. Siempre y cuando siguieran siendo amantes. Por alguna razón, Bella le procuraba más placer del que había experimentado nunca. Un placer que anhelaba repetir en cuanto fuera posible.
Pero Bella no quería despertar a su lado, no quería volver a hacer el amor aquella noche. No quería que la tocara, que la estrechara contra su cuerpo. Solo el hecho de pensarlo lo excitó. Edward volvió a su dormitorio y cerró la puerta. Era el único modo de asegurarse de que no lo echaba todo a perder.
La próxima vez que le hiciera el amor se lo tomaría con más calma, proporcionándole a ella placer antes de obtener el suyo. Apenas podía esperar.
A la mañana siguiente, después de la ducha, Bella se vistió y reunió coraje para bajar a la cocina. No estaba muy segura de poder enfrentarse a Edward aquella mañana. Pero no tuvo que esperar mucho. Él estaba apoyado sobre la encimera de la cocina, hablando con Harry mientras este fregaba platos.
Nada más verla, Edward atravesó la habitación para darle los buenos días. La besó brevemente y, de inmediato, señaló en dirección a Harry.
—Harry ha pensado que te gustaría desayunar rollitos de canela esta mañana.
Bella comprendió al instante. Gracias a Dios no se le habían quedado los labios pegados a los de él, como le hubiera gustado. Edward la besaba solo para que Harry lo viera. Bella se aclaró la garganta.
—Eres muy considerado, Harry, pero de verdad, no es necesario que te tomes tantas molestias.
—No es ninguna molestia. ¿Quieres café también?
—Me encantaría.
Para su sorpresa, fue Edward quien le sirvió el café nada más sentarse ella a la mesa.
—No deberías servirme, Edward, yo misma podría haber...
—Eh, es tu primer día en esta casa. Creo que te mereces unos pocos mimos —contestó él sentándose a su lado.
Harry llevó una fuente de rollitos de canela a la mesa y luego un frutero con fruta fresca. Nerviosa, Bella sonrió.
—¿No quieres tomarte un descanso y desayunar con nosotros, Harry? Debes haberte levantado muy pronto para hacer los rollitos.
—Pues no me importaría. Jefe, ¿quieres café antes de que me siente?
Por toda respuesta, Edward alzó su taza. Tras servirle café, Harry se sentó con ellos. Bella hizo esfuerzos por tragar bajo dos pares de ojos vigilantes, mientras los hombres no vacilaban en comerse el resto de rollitos.
—Cuando termines, iremos a abrir los regalos —dijo Edward—. Esta mañana han traído algunos más de la iglesia. Según parece, mucha gente los dejó allí. Vas a tirarte meses mandando notas de agradecimiento.
—¿Qué quieres decir con eso de que voy a tirarme meses, tonto? Creía que estábamos juntos en esto —respondió Bella.
—¿A qué te refieres?
—Me refiero a que los dos escribiremos notas de agradecimiento, no solo yo —sonrió Bella al ver su reacción.
—Pero eso es tarea de mujeres —protestó Edward reclinándose en el respaldo.
—Estamos en los años noventa —contestó Bella.
—Bella... es decir, la señora Cullen tiene razón, Edward. Hoy en día los hombres también deben realizar tareas femeninas. Lo pone en las revistas —aseguró Harry.
—¿Y desde cuándo lees tú revistas femeninas? —preguntó Edward mirando de mal humor al cocinero.
—Desde la primavera pasada, en la consulta del médico. No podrías creer las cosas que ponen en esas revistas, jefe.
—Gracias por tu apoyo, Harry, pero, por favor, llámame Bella. Me costaría bastante acostumbrarme y responder al nombre de señora Cullen —objetó Bella, parpadeando al ver cómo la miraba Edward.
—Está bien, lo haré, pero tú tienes que ayudar también, Harry —dijo Edward de pronto.
—¿Yo? No sé escribir notas de agradecimiento.
—No, pero puedes ayudar con los regalos. Tú y yo haremos el trabajo duro, Bella puede hacer una lista para saber quién nos regala cada cosa.
Bella dio el último sorbo a su café y se puso en pie, diciendo:
—Es una buena idea. Deja que friegue primero estos platos y luego...
—Eh, Bella, ese es mi trabajo —protestó Harry—. No estarás pensando en echarme, ¿verdad?
—Claro que no, Harry. Yo jamás lo haría ni la mitad de bien que tú. Pero no es necesario que me lo sirvas todo.
Harry pareció contento con la respuesta de Bella, pero Edward la miró con el ceño fruncido. Ella no sabía qué había hecho para ponerlo de mal humor aquella mañana, pero se alegraba de que Harry fuera a colaborar con ellos. Eso relajaría en parte la tensión. Nada más entrar en el salón, Bella comprobó que la pila de regalos que había visto la noche anterior se había multiplicado.
—¡Dios mío! No esperaba... ¡esto es demasiado!
—Sí —convino Edward, restregándose la nuca—. Parece que la gente está contenta de que me haya casado.
—Toma, aquí tienes papel y lápiz —dijo Harry entrando en el salón.
—Bueno, comencemos —ordenó Edward.
Estuvieron abriendo regalos durante unas cuantas horas, riendo y comentando algo sobre cada uno de ellos. Al ver una colcha hecha a mano, Bella casi se deshizo en lágrimas acariciando la tela con suavidad sobre su regazo. Edward observó aquellas manos recordando cómo lo habían acariciado a él, sediento de esas sensaciones otra vez. Su instinto no se había equivocado: Bella sería una madre maravillosa. Aquellas suaves manos podían consolar y amar a un bebé.
El calzador mecánico, con forma de rana, produjo en ella una reacción muy distinta. Entre risas sofocadas y nerviosismo, Bella contempló aquella creación de metal.
—Enséñame cómo se utiliza —insistió, tirando del brazo de Edward.
—¿Es que nunca has usado uno?
—No, no tengo botas.
—Pues eso hay que remediarlo inmediatamente —afirmó Edward mirándole los diminutos pies.
—¿Y para qué las necesito?
—Cariño, ahora vives en un rancho. Eres la mujer de un ranchero. Por supuesto que necesitas botas —añadió Edward, resuelto.
Bella lo miró sin decir nada. Edward puso una bota sobre el calzador, el tacón de la otra sobre una muesca, y tiró. La bota se deslizó suavemente fuera de su pie.
—Ah, me gusta —comentó Bella dando palmadas.
Edward enarcó una ceja, pero sonrió. A Bella le gustaban un montón de cosas. Y esperaba que una de ellas fuera su forma de hacerle el amor.
Tras la comida, organizada por Harry con las sobras del banquete de la noche anterior, Edward puso fin a la tarea de abrir regalos.
—Ya terminaremos esto más tarde. Necesito descansar.
—Pero podemos...
—No —negó Edward—. Necesitas una siesta, ayer fue un día agotador.
—¿Una siesta? Pero si yo jamás...
—Iré a echar un vistazo a los barracones —comentó Harry abandonando el salón.
Al menos había una persona que había comprendido sus intenciones. Por desgracia, no era quien Edward hubiera querido.
—¿Crees que hemos ofendido a Harry? —preguntó Bella mirándolo con curiosidad.
—No, simplemente se ha quitado de en medio.
—Quitarse de en medio, ¿por qué?
—Porque vamos a la cama.
—Pero... —Bella estaba atónita, eso era evidente— pero si es pleno día —terminó al fin, con el labio inferior temblando.
—Lo sé, pero para concebir un hijo hace falta mucha dedicación. Día y noche —explicó Edward. Bella pareció vacilar, así que añadió—: ¿Quieres llamar a Doc para preguntárselo? Estoy seguro de que en eso no me equivoco.
—¡Claro que no! —exclamó ella, ruborizada—. Es solo que... no sabía que...
—Demonios, cariño, si tan violenta te sientes, podemos limitarnos a hacerlo en la oscuridad, pero eso podría llevarnos bastante más tiempo.
Edward se sintió dolido al comprobar que ella no parecía tan ansiosa como él, pero eso no impidió en absoluto que siguiera adelante con sus intenciones. Estaba sediento de ella. Y la tendría, a menos que ella dijera que no.
—No, claro, estoy dispuesta a... es que no sabía que... quiero decir...
Bella se interrumpió, como si no supiera qué decir. Edward la tomó de la mano y tiró de ella para ponerla en pie, dejando que la lista de regalos cayera al suelo. Entonces la tomó en brazos y se dirigió hacia las escaleras.
—Edward, peso demasiado. Te vas a hacer daño.
—Como me haré daño es si no consigo llevarte a la cama —aseguró él mientras subía las escaleras.
Cuando llegó arriba, su respiración era agitada. Edward no sabía si se debía al ejercicio, o a que había llevado contra sí el cálido cuerpo de Bella. Tras abrir la puerta, la miró a los ojos. Para su alivio, ella sonreía.
—No quisiera que te hicieras daño —aseguró ella en voz baja, alzando el rostro para que la besara.
Otro capítulo más! Espero que les haya gustado, me encanta leer sus comentarios :D Estamos casi en la parte final de la historia solo nos queda 4 capítulos más. Les recuerdo que esta es una adaptación de la historia escrita por Judy Christenberry y no me pertenece, yo solo la adapto con nuestros hermosos personajes de Twilight, una chica me dijo que busco el libro en internet y no lo encuentra disponible, pues si la verdad que algunos libros de esta autora son difíciles de conseguir, este fue el primer libro de ella que leí y me resulto bien difícil de descargar, si alguien quiere el libro original solo déjenme su correo en un review o envíenmelo en un PM y se los mandare :D. Estoy adaptando otro libro de esta misma autora que se que lo amaran tanto como yo, estaré subiendo el prologo en estos días Wow esta es la nota más grande que he escrito, no las aburro mas,
Pero antes mil gracias a las chicas que dejan sus comentarios: D
Gracias: Alimago, eddieIlove, Cristina, Ananime, The rainbowGirl, JoselinaMadera.
