Hola! Al parecer hay un problema con los reviews, no puedo leerlos completos en mi mail ni tampoco responderlos, pero de todas maneras, muchas gracias :)
Y aquí está el final de Stay (with me)
Capítulo 10. El Regreso.
La pequeña familia cruzó la entrada de ladrillos que se reacomodaban para dar paso al Caldero Chorreante. La taberna, a esas horas, estaba casi vacía, pero ellos sólo estaban de paso.
Su primera parada era, en realidad, el Callejón Diagón.
Para una de ellos, el lugar traía muchos recuerdos de su propia infancia y adolescencia, mientras veía a otros padres con sus niños recorrer las tiendas seguramente buscando completar sus listas para Hogwarts.
Habían llegado en agosto, después de todo.
- ¡Wow! Esto es fantástico. – dijo el niño, de cabellos rubios y ojos azules, una copia idéntica de su padre, mientras miraba embelesado a ¿Eso que es, mamá?
Desde la vitrina de un negocio, se ponían ver las muchas jaulas de lechuzas, kneazles y otros pequeños animales a la espera de encontrar dueño.
- Una tienda de mascotas mágicas.
- ¿Podemos ir?
- No podemos tener mascotas en casa, Anthony – le recordó su padre. – No de este tipo, al menos.
- Pero…
- Tu padre tiene razón. Ahora, vamos por allá. Tenemos que conseguirte una varita, eso es lo más importante.
Después de todo, esa era la razón de estar allí. Anthony tenía casi diez años y estaba en edad de comenzar a aprender cómo controlar y utilizar su magia. Era por eso que estaban allí, la primera vez desde que se había ido, en que Ginny volvía a su propio mundo, incluso si no fuera para quedarse.
Pero se trataba de un niño pequeño, con mucha energía. Las luces, los colores, y sobre todo los estrambóticos objetos volando frente a la vitrina llamaron su atención, y fue corriendo.
- ¡Una tienda de juguetes!
Pero no se trataba de una tienda de juguetes.
- ¡ANTHONY BUCHANAN ROGERS! – el niño se detuvo en cuanto oyó a su madre llamándolo por su nombre completo. - ¡Detente allí mismo!
Steve se fijó en el nombre de la tienda. Sortilegios Weasley.
Comenzó como un sentimiento, que se convirtió en una esperanza
- Creo que sería una buena idea entrar.
- Luego – dijo Ginny. No se sentía lista aun, había pasado demasiado tiempo…
- ¿Segura?
Ella suspiró.
- Volveremos luego. Vamos por la varita primero.
No tomó mucho para que Anthony encontrara la suya.
- Madera de manzano, rígida, 12.5 centímetros, pluma de fénix. Excelente, de verdad excelente. – dijo el mago encargado de la tienda de Ollivanders. – Las varitas de madera de manzano son bastante raras, y junto con las plumas de fénix, creo que tenemos aquí a un mago con mucho talento. Felicitaciones.
- ¿Escuchaste eso, papá? – dijo Anthony cuando salían de la tienda de varitas. – Dijo que tengo talento, ¿cómo puede saber eso si ni siquiera me conoce?
- Bueno, yo estoy seguro de que serás un gran mago, justo como tu madre.
Que luego se convirtió en un silencioso pensamiento
- ¿Y ahora a dónde vamos?
- A comprar algunos libros que necesitaremos, – dijo Ginny, y luego le sonrió a su hijo – después podemos ir a tomar un helado.
Pociones quedaba descartada. No era posible conseguir los ingredientes en donde no existía la magia, de la misma manera en que Anthony no conocería de criaturas mágicas y todo aquello que sólo podía verse allí, en su mundo. Pero al menos Encantamientos, Transformaciones y Defensa, Ginny podría enseñarle todo aquello que podía utilizar y que le sería útil en un futuro.
En realidad, Ginny no lo sentía tanto por los aspectos de la magia que su hijo no tenía la oportunidad de ver, sino por la familia que aún no conocía más que por historias.
Claro, tenían a Natasha y a Buck, a Laura y sus chicos, a los Stark, a todo el equipo de los vengadores. Ellos eran, también, su familia. Y tenían una vida perfectamente feliz.
Pero aún así…
Que se convirtió en una silenciosa palabra
- … el tío Buck dice que puedo ir con ellos y Lena en sus vacaciones a Tailandia. ¿Puedo ir, papá?
- Hmm. Veremos eso cuando volvamos a casa, pero no creo que haya ningún problema. Es más, nosotros también deberíamos tomarnos unas vacaciones.
- Papá, tú nunca puedes tomar vacaciones.
Ginny rió ante la sinceridad de su hijo.
Y entonces llegaron de nuevo frente a la tienda de Sortilegios Weasley.
Y esa palabra creció más fuerte y fuerte
Hasta que fue un grito de batalla
- Anthony, ¿recuerdas que te hablé del tío George? – preguntó ella, mirando al niño.
- Sí. Está el tío Bill, luego Charlie, Percy, George y Ron. – recitó él.
- Bueno, esta es la tienda del tío George.
- ¡Genial!
- ¿Qué te parece si entramos a saludar? – sugirió Steve.
Volveré, cuando me llames
Un momento después, los tres estaban cruzando las puertas de la tienda, los ojos de Steve y de Anthony recorrieron el lugar, maravillados.
- Wow.
- Esto es de verdad asombroso.
Un hombre alto, delgado y pelirrojo se acercó a ellos, mientras leía una revista que cubría su rostro.
- Gracias, siempre es bueno oír que nuestro trabajo… - bajó la revista y vio entonces a la familia, deteniéndose en seco – Ginny.
Ella sonrió.
- Hola, George.
No hay necesidad de decir adiós
Sólo después de un largo abrazo, Ginny pudo hablar.
- Este es mi esposo, Steve, y nuestro hijo, Anthony.
- Harry nos dijo pero… vaya… wow. – extendió el brazo para estrechar la mano de Steve – Mucho gusto, George Weasley.
- Ginny me ha hablado mucho de ti. De todos ustedes, en realidad.
- ¡Un sobrino más! ¿Cuántos años tienes? Pareces de la edad de mi Roxanne.
- Cumplo diez en abril. ¿Tú haces todo esto?
- Bueno, mayormente, sí. – George sonrió – Ron también contribuye con varias ideas.
Una hora después, Ginny volvía a pisar la Madriguera por primera vez en lo que para ella habían sido quince años. Toda la familia se había reunido, en cuanto el mensaje de George les había llegado: sus hermanos, sus esposas, y un puñado de niños que Ginny veía por primera vez. También Daphne Greengrass estaba allí, con una niña de cabellos castaños y un niño de ojos verdes que no dejaba lugar a dudas quién era el padre. Ginny sonrió, contenta de pensar que Harry había logrado construir una familia, a pesar de todo.
- ¡Ginny querida! Pensé que no volveríamos a verte nunca – dijo su madre, abrazándola - ¡Y un nieto! Ah, y tú debes ser Steve.
Anthony enseguida estaba jugando con Roxanne, Louis, Rose y los otros primos de su edad, mientras que Steve estaba charlando con sus hermanos, contándoles sobre Nueva York y los Vengadores en su mundo, mientras preguntaba con curiosidad cómo se las manejaban los magos para seguir ocultos de los muggles después de todo ese tiempo.
Sólo porque todo está cambiando,
No significa que no haya sido de esta manera antes
- Lo siento mucho, mamá, papá. – se disculpó Ginny, como había querido hacer todos esos años – Harry quiso traerme, pero… yo simplemente no pude hacerlo.
- Estuvimos desconcertados cuando Harry dijo que te encontró y que elegiste quedarte en donde estabas – dijo su padre, con calma – tu madre casi lo mata tratando de que la llevara a ella misma para que te trajera.
- De verdad, perdónenme. – volvió a decir ella. Es que, conocí a Steve. – miró a su esposo, que en ese momento examinaba una de las invenciones de George con cierto cuidado. – Él cambió mi vida, y creo que yo también he cambiado la suya.
- Eso es lo que Harry dijo, más o menos – dijo su madre – con el tiempo sólo lo aceptamos y esperamos a que alguna vez pudieras volver.
Ella había tardado en hacerlo, por las constantes amenazas que enfrentaban, el peligro de lo que pudiera suceder si alguien descubría esa manera de viajar entre dimensiones también les había prevenido de hacerlo, y finalmente el miedo de Ginny a la reprobación de todos.
- Gracias, mamá, papá.
Todo lo que puedes hacer es tratar de conocer quiénes son tus amigos
Mientras te encaminas a la guerra
- ¡Ginny, no me lo pude creer cuando Ron me lo dijo! – dijo Harry, llegando acompañado de Ron y Hermione - ¡Qué bueno verte!
- Finalmente logramos tener un pequeño descanso, y era hora de que Anthony tuviera su varita.
- ¿Anthony? – preguntó Hermione.
Ella señaló a su hijo.
- Vengan, Ron, Hermione, les presentaré a Steve…
Si alguna vez se había guardado rencor, ya no existía frente a la alegría de estar reunidos de nuevo, aunque fuera por un momento fugaz.
Toma una estrella en el oscuro horizonte y sigue la luz
Volverás, cuando haya terminado
No hay necesidad de decir adiós.
Unos abrazos, más besos, y una gran provisión de comida de la matriarca Weasley les despidió.
Cuando llegó la noche, y con ella la hora de llegar a casa, Anthony miró a sus padres y preguntó esperanzado:
- ¿Volveremos?
Le gustaba tener abuelos, tíos y primos (claro que Ethan y Lena contaban también como primos, pero aun así…) Además, allí todos sabían de magia y parecía ser algo normal para ellos.
- Definitivamente – dijo Ginny.
- ¿Cuándo?
Esa era una pregunta difícil.
- Eso todavía no lo sabemos, Anthony – contestó su padre. – Pero podemos decirte que esta no es la última visita.
Activaron el traslador.
Ahora estamos de vuelta al inicio
Es sólo un sentimiento y nadie lo sabe aún
- ¿Mamá? ¿Por qué estás tan lejos de los abuelos y los tíos? ¿No los extrañas?
Él, de seguro, no querría vivir lejos de sus padres.
- Por supuesto que los extraño. Pero si no estuviera aquí, entonces no les tendría a tu padre y a ti, y ustedes son lo mejor que me ha pasado en la vida. Además, la distancia no importa mucho cuando de verdad amas a alguien. – dijo ella, sonriendo – aquellos que en verdad te aman, nunca te abandonan.
- ¿Cómo?
- Se quedan aquí – apuntó con un dedo al corazón del niño.
- Mamá…
- ¿Si?
- Te quiero.
Ella le dio un beso de buenas noches.
- También te quiero, amor. Descansa.
Pero sólo porque el resto no lo puede sentir también,
No significa que tengas que olvidar
- ¿Cómo te sientes? – preguntó Steve, abrazándola mientras ella se miraba en el espejo del baño.
- Un poco triste, pero también muy feliz. ¿Cómo se pueden sentir las dos cosas al mismo tiempo?
- Es una familia maravillosa, por supuesto que te sentirás triste de dejarlos, y feliz de haberlos visto de nuevo, – dijo él, besando su cabeza – Gracias.
- ¿Gracias por qué?
- Por quedarte conmigo. Por nuestra familia. Por todo.
Deja que tus recuerdos crezcan más fuertes y fuertes
Hasta que estén frente a tus ojos
Ginny sonrió.
- Te amo, Steve.
Incluso en las circunstancias en que se habían conocido, a pesar de todos los contras que pudieron haberle hecho desistir de esa travesía en la que se habían embarcado juntos tantos años atrás, nunca se había arrepentido de elegir ese mundo, de elegir a Steve. Él había hecho que valiera la pena cada segundo.
Volverás, cuando te llamen
No necesitas decir adiós.
Además, si en algún momento ella debía volver a su mundo y a la magia, ellos lo harían nuevamente juntos. Como una familia.
FIN.
