Mis pequeños demonios
Capítulo 10: Múltiples novedades.
-¿Quien ha metido helado dentro de la lavadora? –preguntó Esme entrando en el salón donde estaban todos sus hijos haciendo las tareas o mirando el televisor.
Todos en la sala levantaron la cabeza, pusieron cara de circunstancias y señalaron a Emmett al unísono que intentaba poner cara de angelito mientras que con unas tijeras recortaba un tanga rojo muy sexy de Carlisle, que por cierto, era el tanga favorito de Esme.
-¿Por qué lo has hecho Emmett? –preguntó Carlisle desde un lado del salón en el que leía sin mucha atención un libro sobre psicología moderna.
Pero todos sabían que a Emmett no lo reñirían ni le impondrían ningún castigo. Esme había tomado esa decisión y mimaba mucho a Emmett desde que Rosalie se fué.
Oh, claro, todavía desconocéis los hechos que han tenido lugar estos dos meses. Los hechos se remontan a la fatídica noche que Carlisle trajo el brebaje de los Vulturis. Hacía solo dos meses pero esa noche cambiaron muchas cosas en la familia Cullen y sus miembros prefieren no hablar de ello cuando Emmett está delante.
Debéis entenderlo, a él es a quien más le afecta. Esa noche, Edward se estuvo retorciendo de dolor en su cama mientras todos los huesos de su cuerpo se estiraban, una cosa que como imaginaran, no es muy agradable. Pero a la mañana siguiente, tan solo tenía un pequeño mareo y un ligero dolor que cabeza que por la tarde había desparecido completamente.
Además de problemas para manejar su "nuevo" y a la vez antiguo tamaño, Esme consintió que tanto él como Bella hicieran novillos y se pasaran el día en casa. De hecho, fue un día muy estresante para Esme porque amaneció muy nublado, con perspectivas de lluvia pero sobre el mediodía salió un sol radiante muy fuerte, así que tuvo que ir al colegio para recoger a sus hijos semivampiros. Ese instante en que Esme estuvo fuera fue muy bien aprovechado por Bella y Edward...
De hecho, si antes eran inseparables, ahora parecía que los hubieran pegado con pegamento extrafuerte. Por los acontecimientos de la fiesta de Halloween, todo el mundo en el este de Alaska pensaba que Jacob le había puesto los cuernos a Bella en su propia fiesta.
Pero por suerte, Alaska es muy grande y los vampiros conducen muy rápido, así que la primera medida que adoptó Esme para la comodidad de su familia fue buscar otro instituto para Bella y Edward, para que pudieran ir juntos a clase sin que nadie les hiciera pasar un mal rato.
Les buscó un instituto privado al norte de la ciudad y, como era una ciudad muy grande, por suerte pocos sabían quienes eran. Eso si, era un instituto muy estricto que exigía unas notas muy altas a los alumnos, cosa que exigía a Edward y Bella muchas horas de estudio, pero a pesar de eso eran muy felices.
Otro caso era Rosalie. Después de aquella noche, nadie de la casa le dirigía la palabra, ni siquiera el bueno y comprensivo Carlisle. Una mañana, cuando se despertaron, se encontraron la cama de Rosalie vacía y una nota explicando que se iba y que, por favor, no la buscaran. Tomó prestado el jeep de Emmett y de eso ya hacia dos meses.
Como consecuencia, Emmett se había convertido en un pequeño demonio. En estos dos meses, Esme había recibido treinta y cinco cartas del director del colegio. Esme, entendiendo la situación por la que pasaba Emmett, no lo riñó ni una sola vez y simplemente tiraba a la basura las cartas sin abrir.
-Siempre con lo mismo, Emmett –dijo Alice desde el sofá con Jasper- Deja de hacer rabiar a Esme.
-¡Eso! O te enviará a un internado de esos que salen por la tele. –le amenazó Bella.
-Ningún internado querrá un monstruito como este –contestó Jasper.
-¡Cállate Jasper! –Gritó Emmett- o meto tu conejo en la batidora.
Jasper, alto, rubio y adolescente se levantó del sofá y miró enfadado a Emmett.
-¡Cálmate Jazz! –Le pidió Alice- Ven a sentarte.
-¡Emmett! –Dijo Jasper enfadado- ¡No seas un crio impertinente!
-Mira quien habla, -contestó Emmett- quien hasta hace dos meses también era un niño.
Ese es otro acontecimiento que desconocéis, la transformación del dulce niño Jasper, amante de los animales, al adolescente Jasper, el rey del instituto.
A Jasper no se le olvidará en toda su larga (o eterna) existencia, lo que ocurrió esa noche. El brebaje tenia que ser para él, pero Rosalie, su hermana, a quien quería muchísimo le traicionó. Jasper, ofendido y furioso, subió a su habitación a llorar y desde allí arriba podía oír los gritos desesperados de Alice y Rose que provenían del piso de abajo.
Jasper no durmió en toda la noche, entre ofendido, frustrado y abatido. No quería ser un niño por más tiempo, lo único que quería era estar con Alice. Por la mañana, Esme tampoco lo despertó para ir al colegio, aunque se despertó igualmente porque Emmett entró en su habitación sin hacer ruido y le tiró un trozo de pastel al resplandeciente pelo rubio.
Jasper se despertó, se duchó y se puso ropa limpia. Cuando salió del baño pasó por el dormitorio de Edward y abrió la puerta.
-¿Cómo está? –le preguntó a Bella sin casi hacer ruido.
-¡Jazz! –dijo un Edward de diecisiete años desde la cama. -¡Estoy despierto!
-Me alegro de que estés bien –le dijo Jasper.
-Siempre tan caballeroso –se mofó Edward- como se nota que eres el sur.
-Oye Jasper –dijo Bella con cara de circunstancias- Edward y yo... queremos decirte que nos sabe mal. Sentimos lo que pasó con Rosalie.
Jasper sonrió y recibió de Bella unas palmaditas de ánimo en la espalda.
-¡No te vayas! –Le pidió Edward levantándose de la cama.- Tengo algo para ti.
Edward se fue al armario y sacó una botellita con apenas unas gotas de antídoto.
-¿Para que mes das eso? –contestó Jasper entre divertido y ofendido.
-Bella y yo hemos estado pensando –dijo Edward arrodillándose ante el pequeño Jasper- y aún quedan unas gotas.
-Es poco –dijo Bella- pero tal vez, con un poco de suerte puedas... llegar a la edad de Alice
-Sabemos que es descabellado, pero no debes perder la esperanza –le dijo Edward poniendo su mano sobre el hombro de su pequeño hermano.
Jasper estuvo unos días deprimido y contrariado, sin saber exactamente que debía hacer. No podía correr riesgos porque ahora era humano... ¿y si le sentaba mal y enfermaba, o moría? Pero para Jazz estar lejos de Alice era peor que enfermar.
Así que un día, un viernes por la mañana decidió que, cuando volviera del colegio de primaria, se tomaría el brebaje pasara lo que le pasara porque no podía pasarse la eternidad pensando ¿qué hago?
Fue el colegio medio dormido después de haber pasado una mala noche. Llegó tarde a clase por culpa de Emmett, que tardó media hora de más en despertarse, pero Esme no le riñó. El día fue largo y aburrido (excepto en clase de ciencias naturales que hablaron del aparato digestivo de los conejos). Su pobre conejito naranja, desde que se rompió los dientes, solo comía puré de zanahoria.
Emmett, por su parte, pegó a una niña y tiró su comida por la ventana. Cuando Alice fue a recoger a Jasper y Emmett, el segundo corrió a pegarle una patada al coche de una profesora que le había puesto un cero en lengua.
-¿Lo meterá Esme en un internado? –le pidió el tierno Jasper sujetando con fuerza la mano de Alice.
-Lo dudo, Jazz –dijo Alice abrazándolo y colocándole mejor el abrigo, pues en diciembre, Alaska estaba helada.
-¡EMMETT! –Gritó Alice.-Ven aquí. Tenemos que tomar el bus para ir al hospital con Carlisle y el luego nos llevará a casa.
Evidentemente perdieron el autobús y el próximo pasaba dentro de una hora. Los tres se sentaron en la parada del bus esperando mientras hacía una temperatura de tres grados bajo cero. Cuando estaban allí, un grupo de chicos adolescentes pasaron al lado de Alice.
-¡Cullen! –Le gritaron- Creo que John te quiere invitar al baile.
El susodicho John enrojeció y se fue con sus amigos riendo como un loco. Jasper se puso muy celoso por esta muestra de afecto por parte de los compañeros de Alice. Cuando llegaron a casa, tres horas más tarde, Jasper estaba helado hasta los huesos y solo necesitaba una ducha bien caliente.
Pasó la cena, aunque Emmett insistiera en comerse a Blit y Jasper volviera a llorar cuando Emmett trajo a su conejo y lo metió dentro de una olla.
Jasper subió pronto a su habitación con la excusa de estudiar para un examen.
-¡Empollón! ¡Empollón! –le gritaba Emmett mientras subía la escalera.
Jasper entró en su habitación y cerró la puerta con pestillo. Sacó de entre sus calcetines el brebaje y se lo bebió. Por la mañana despertó bastante dolorido. Lo primero que vio es que Alice estaba a su lado muy alegre.
-¡Buenos días Jazz! –Le dijo y le besó tiernamente en los labios- Ya he hablado con Esme y lo tengo todo planeado.
-¿Perdona? –le dijo Jasper despertándose. ¿Alice le había besado?
-Oh, supongo que todavía no te has visto...
Alice levantó forzadamente a Jasper de la cama y lo llevó hasta el baño, donde Carlisle estaba metido en la bañera tomando un relajante baño de burbujas.
-¡No pasa nada! –Dijo Carlisle ante esta invasión de su intimidad.- ¡Solo me estoy bañando! Ah, si, y estoy desnudo.
Alice ignoró a Carlisle y puso a Jasper delante del espejo. Jasper, rubio, un poco más alto que Alice con unos preciosos ojos azules y un cabello alborotado que cubría su angelical rostro. Pero ante todo, seguía siendo humano. Miró a Alice a sus ojos color ámbar y, de repente, comprendió mejor a Bella de lo que nunca antes hubiera podido hacer.
Estaba allí, con su padre desnudo dentro de una bañera contemplando a Alice, la mujer a la que amaría por toda la eternidad. Una vampiro que podía matarlo en cualquier momento, una auténtica locura.
-¿Me pasáis la esponja? –preguntó Carlisle un poco enojado desde la bañera.
Toda la familia estaba muy contenta de tener un nuevo Jasper adolescente entre ellos. Esme se las habia arreglado para que Alice y Jasper fueran al mismo instituto que Edward y Bella. Así, Alice y Jasper, Edward y Bella irian a un instituto y Jacob y Nessie seguirian en el mismo.
Alice parecía bastante triste y a media tarde, mientras Esme se llevó a Jasper a comprar ropa nueva, Alice subió a pensar al tejado.
-¿Molesto? –preguntó Edward.
-No, sabia que vendrías –contestó Alice mientras su piel brillaba a causa del atardecer.- Y también sé que vienes a decirme.
-Bueno, -comenzó Edward- yo también estuve enamorado de una mortal.
-¿Y como pudiste soportarlo? –le preguntó Alice frustrada- Cuando era solo un niño olía bien, pero mi instinto maternal me contenía. Pero esta mañana cuando lo he besado y he olido su sangre... Creía que perdía el control, Edward.
-Eso es lo que necesitas Alice, control –le bromeó Edward- Pero tu hermanito mayor está aquí para ayudarte. Y ahora ¿te apetece ir a cazar un poco?
-Me convendrá para cuando Jasper vuelva. –Contestó Alice- Esme le va a comprar unos vaqueros nuevos que hará que esté muy sexy, y no se si podré resistirme a eso...
Pasaron las semanas y todo iba bien en casa de los Cullen, se acercaba la navidad y, con ella, los regalos. Alice había pedido "ropa, ropa, ropa, ropa, ropa, ropa, ropa y más ropa". Bella, evidentemente no quería nada. Edward una docena de discos nuevos y Jasper una compañera para su conejo, que estaba solito.
En cuanto a Emmett, había hecho su lista en un rollo de papel de baño.
-¿Emmett? –Pedía Esme mientras la iba leyendo- No te podemos traer un dinosaurio. No existen, se extinguieron.
-Ya bueno –contestaba Emmett muy perspicaz- lo mismo se dice de los vampiros.
-Tampoco te vamos a regalar una espada- le dijo Carlisle revisando la lista.
-Ni un helicóptero, ni una moto...
-Tampoco te podemos regalar un coche volador del futuro.
-¿Palomitas, Emmett? –Preguntó Esme descartando el regalo número 56 de la larga lista de Emmett- Eso está en la despensa, no es un regalo de navidad.
-¿Perfume de mujer? –Pidió Carlisle- No te has tomado en serio hacer la lista Emmett.
-Eso no es para él –dijo Jasper bajando las escaleras con Blit, el conejo naranja sin dientes, en las manos.
-Es para su novia –dijo Edward malicioso.
-¡Ed, no seas malo! –le dijo Bella ocultando una risita.
-¿Su novia? –Pidió Jacob – ¡Así me gusta campeón!
-No tomes ejemplo de Jacob –le pidió Edward- No juega limpio.
-¡OYE! –se quejó Jacob.
-¿Cómo se llama? –Quiso saber Nessie- ¿Es guapa Emmett?
Emmett, se levantó y le pegó una patada en las piernas a Jasper.
-¡Deja a Jazz! –le dijo Alice enfadada mostrando sus colmillos.
-¿Desde cuando tienes novia? –le preguntó Carlisle.
-¿Y está contigo? –pidió Esme extrañada- Pero si eres... quiero decir, no destacas por tu comportamiento ejemplar.
-Le gustan los tipos duros como yo –dijo Emmett, dándose importancia. Ante esto, todos los presentes de la sala se rieron con ganas.
-Se llama Lucy –dijo Jasper vengándose de la patada de Emmett- y tiene ocho años. Rubia y el pelo le huele a fresa.
-No te contaré nada nunca más, rubio repelente –le gritó Emmett a su hermano mayor. Jasper le sacó la lengua y fue a dar de comer a su conejo con Alice.
-¿Cuanto tiempo hace de eso? –se interesó Nessie.
-Dos semanas y tres días.
-¿Es guapa, eh? –pidió Jacob- Ah, los Cullen siempre arrasan. Pero yo, que soy Black, me llevé la más guapa de todas.
-Es guapa –contestó Emmett concentrado en sus manos y con el rostro rojo de vergüenza- no tan guapa como Rosalie, pero bueno.
Carlisle y Esme se miraron significativamente. Era la primera vez que Emmett nombraba a Rosalie en estos dos meses. ¿Significaba eso que lo estaba superando?
-Bueno –dijo Esme, animada porque Emmett estuviera superando su pena- Tráela a comer el domingo.
-Será divertido –se mofó Edward.
Continuará…
