SOSPECHAS
Tlaxcala de noche es una de las pocas cosas que me han gustado desde que llegue aquí. Las estrellas se ven a más no poder y las montañas… ¡Las montañas se veían más grandes que nunca! Me puse a imagina que de repente dejaba de ser tan pequeña y fuerte, tan fuerte que podía mover las montañas con un solo dedo. Creo que nadie fuera capaz de hacer eso… nadie excepto Eduardo.
-¿Qué tanto piensas?- Me preguntó Jacobo del otro lado del carro, manejando, se me quedo mirando un rato sonriéndome. Pero tuvo que volver la vista a la carretera.
Toda la tarde me la pase con Angélica, él y sus amigos. Pero las únicas personas a las que le hable fueron a ellos dos. Nos caímos bien. Y por suerte, el se la paso hable y hable. Apenas me dio tiempo de decir unas cuantas cosas de mí. ¿Qué podía contarle de mi vida que fuera interesante? ¿Qué casi no salgo por que no tengo amigos? ¿Qué odio la escuela, el pinche frio que me cala hasta los huesos, la lluvia que nunca deja que mi ropa este seca por mas de unas horas? O que era tan pendeja que un carro casi me iba a dejar hecha plastilina regada por el suelo. De plano prefería no hablar.
-En nada. Estoy viendo el paisaje- le conteste devolviéndole la sonrisa.
- ¿No es el mismo que el del DF? –
¡JA!
-Para nada-
-¿Esta más bonito allá?-
-no, pero prefiero el DF-
-ah-
Nos quedamos callados mucho tiempo. El sin saber que contestar y yo imaginando que le contaba todo lo que extrañaba de mi ciudad.
-¿y te llevas con mucha gente?-
Le dije que no mucha. Me preguntó que por que mirándome extraño. La verdad ni se que pensó.
-Soy tímida-
-¿bueno y con quienes te llevas?-
-pues con Angelica y…-
-¿y…?-
- Olvídalo el último no cuenta. Ni siquiera me llevo con el-
Me siguió insistiendo que le contara, sonriéndome cuando lograba verme .Total que termino convenciéndome.
-Hay un chavo que se llama Eduardo. Es de mi salón. La neta no me llevo mucho con el –mas bien nada - pero pues, me ha ayudado un buen.
-¿Eduardo? – me pregunto muy serio, como pensando algo - ¿Eduardo que?-
-Casares-
No me dijo nada.
-¿Qué tienes?, te ves como sorprendido.
-pus estoy sorprendido- me dijo casi a gritos.
- ¿pero por que?-
-por que te habla-
"¡Oh chinga!" Pensé enojada " ¿Qué es un milagro o que?. Y ahora fui yo la que se quedo mas callada que antes.
-No lo tomes a mal, pero si es muy raro que te lleves con uno de esa familia.-
-¿PERO POR QUE?-
-Es que a esa familia no la quieren mucho por aquí, bueno no la quieren nada-
-¿y eso? ¿Que hicieron o que?-
-eso no te lo puedo decir- me dijo sonriendo, diciéndome en tono burlón que era un secreto-
-si ya se ya se. Todo mundo lo sabe pero nadie lo platica-
-exacto-
-pero yo no se de que chingados hablan-
- ¿para donde le doy?-
Ya habíamos llegado a Santa Ana. Y no pudimos hablar otra vez. Tuve que decirle a donde darle vuelta en el carro, en que calle meterse. Y cuando llegamos me tuve que bajar rápido por que estaba empezando a llover –como siempre-
-Gracias- le dije cuando me sali
-Isabel- me dijo antes de cerrar la puerta. –No hagas caso a lo de que no quieren a los Casares. Son puras leyendas.. No mas que aquí las leyendas las toman muy enserio.
Ya no le conteste. Le sonreí y me metí corriendo a la casa. Mi papa todavía no estaba. Le deje una nota diciéndole que tenía mucho sueño y que no iba a cenar. Y no tenia ganas de esmerarme en su cena. Le hice una carne asada, calenté los frijoles y las tortillas, saque el agua de Jamaica que había quedado de la otra noche e hice un poco mas.
Cuando acabe me fui corriendo a mi recamara. Estaba haciendo un frio que chingaba hasta al más caliente. No me había dado cuenta en la mañana y había dejado la puerta del balcón abierta, y ahora todo el piso y mi cajonera de madera. Cerré la puerta y ni siquiera hice corajes. Me puse la pijama y me metí a la cama.
Me había emocionado conocer a Jacobo. La verdad me gusto un poquito pero también Eduardo me había hablado y eso no tenía comparación con nada. La verdad yo misma me asuste. Ya no era solo curiosidad lo que sentía por el. Estaba obsesionada por verlo, por escucharlo hablar aunque solo fueran unas palabras por todo él
"ya duérmete" pensé " así se te pasa mas rápido el tiempo"
Por primera vez estaba desesperada por ir a la escuela.
¿Pero y si no iba?
El miedo me entro como fuego por la garganta. No lo conocía mucho pero si lo suficiente como para saber que ese tipo era capaz de un día ir y cinco faltar ¿y ahí que iba a hacer yo? Sin nadie a quien hablarle mas que a Ángela como siempre y odiando el clima y todo
"No importa, arriésgate"
MI mente tenia razón, a la chingada los que no me hablaran, a la chingada el mundo.
Solo una persona me importaba en esos momentos.
Trate de dormirme, cerré los ojos lo mas fuerte que pude. Me puse los audífonos y busque en el ipod mis canciones favoritas y cuando ya me estaba relajando, me llegaba la imagen de Eduardo con las palabras de hace un rato. Se me encogía el corazón, sentía como mis cachetes se ponían rojos, hasta me reí solita de la emoción y me tuve que tapar la cara con la colcha como niña chiquita.
Algo crujió en mi cuarto y me sobresalto
-¡YA!- me grite a mi misma
Tampoco era muy bueno emocionarse por algo tan insignificante.
Me agarre las rodillas y empecé a tararear y a cantar lo poco que me sabia del vals de Alejandra, el que tanto me habia gustado.
Y seguí con la imagen de Eduardo. Solo que profundamente dormida …
