Hola. Yo de nuevo. Les traigo el siguiente capítulo de esta historia, el penúltimo de hecho. u.u Se que muchas estarán decepcionadas de que ya casi termina y una personita por ahí me amenazo con darme un regaño o al menos un largo sermón de porque la historia estaba tan corta (Si Ishtar4 eres tu) n.n y sabes que espero ese comentario porque me encanta lo que dices, también agradezco todos los demás comentarios ya que a muchas les ha hecho el día y les a sacado del aburrimiento esperando a que una tienda abra n.n A algunas personas no les gustaba la idea de ver sufrir a Fate pero por desgracia no puedo prometer nada u.u, pero no se preocupen al final todo saldrá como ustedes esperan n.n y por cierto este capítulo esta un poco mas largo. Bueno las dejo leer, diviértanse y espero sus comentarios n.n Bye, bye.
Magical Girl Lyrical Nanoha y Vuélveme Loca son propiedad de sus respectivos autores.
Capítulo 10
Los 20 minutos siguientes fueron un auténtico caos. Todo el mundo hablaba a la vez sobre la resolución del caso, y en más de una ocasión me palmearon la espalda a modo de felicitación, pero apenas me enteré.
Finalmente, lo había resuelto. Pero no me sentía muy lista, si no más bien muy tonta. Había tenido siempre las pistas delante de mi nariz, y no habría tenido más que centrarme en ellas. Pero nunca lo había hecho. ¿Y qué decía eso de mí como persona?
Por fin veía con claridad por qué había sido tan territorial con mis amigas respecto a Fate, por qué sentía que formaba parte de mí. Y sólo había necesitado 20 años para darme cuenta.
Había sido una estúpida por no haber querido verlo, por haber permitido que sucediera…
Subaru y Quattro estaban revoloteando en torno a Fate, preguntándole cómo se las había arreglado para engañarlas todo el fin de semana. Incluso Signum le estrechó la mano. Luego quisieron saber cuál había sido el motivo. Resultó que mi supuesta hermana había descubierto que su querida hermana era el producto de una aventura de su tía con su madre. Al parecer lord Edna Southerby se había vuelto un tanto sentimental en los últimos meses, se había arrepentido de haber negado su maternidad y había decidido cambiar su testamento. Harriet estaba preocupada por Constanza y había tratado de proteger a aquella joven que quería pasar su vida ayudando a los demás de un escándalo que le impediría hacerlo. ¿Qué sociedad misionera habría enviado al extranjero a la hija ilegítima de una conocida canalla como ejemplo de buena moral cristiana? Harriet había actuado por amor, rabia y venganza.
Salí brevemente de mi estado de aturdimiento.
― ¿Cuándo supiste que eras tú? ― Pregunté a Fate.
― Casi desde el principio ― contestó con un encogimiento de hombros ―. Estaba en mi segundo sobre, el que nos dieron justo después del asesinato.
Levi nos dedico una mirada de desprecio.
― No sé… ― dijo en un tono un tanto presumido ―. Creo que esta joven ha tenido una ligera ventaja sobre nosotras a la hora de resolver el caso.
Yo sabía que estaba pensando en el incidente de la despensa, pero se equivocaba. En la situación en la que me encontraba no tenía ninguna clase de ventaja. Ninguna en absoluto.
Me escabullí en cuanto pude con la excusa de que debía empezar a recoger el vestuario.
Estaba descolgando el precioso vestido rojo del armario cuando alguien llamó a la puerta con suavidad. Fui a abrir suponiendo que sería Fate, pero me quedé sorprendida al ver que se trataba de Signum.
― ¿Puedo pasar? ― Preguntó, seria.
Me aparté para dejarla pasar.
― ¿Sucede algo malo? ― Pregunté mientras ella se ocupaba de cerrar la puerta.
La seria expresión de Signum se relajo con la sonrisa más bonita que había visto nunca en una mujer, la clase de sonrisa que debía hacer que incontables damas de la alta sociedad se derritieran por dentro. Pero yo no sentí nada parecido.
― Quería darte las gracias por todo lo que has hecho este fin de semana.
― Tampoco ha sido tanto. Además, Rein va a pagarme por eso.
― No me refiero sólo a eso. También quiero agradecerte lo bien que te has portado con Rein ― Signum hizo una pausa y, tras mirar en dirección a la puerta, añadió en voz baja ―: Sé que da la impresión de ser indestructible. Rein tiene muchas "amigas", aunque yo las considero más bien parásitas, que merodean a su alrededor para ver qué pueden obtener de ella ― bajo su mirada ―. Me avergüenza reconocer que cuando te conocí pensé que eras una de esas personas que se aprovechan de la sociabilidad y generosidad de mi hermana. Ahora sé que no es así.
Llegó mi turno de mirarme los zapatos. Había sido culpable de aquel pecado, al menos al principio. Cuando alcé la mirada vi que Signum me observaba atentamente.
― Has demostrado que estaba equivocada ― añadió.
― No ― murmuré ―. Creo que no comprendes ― dije, a pesar de que no tengo por costumbre interrumpir a alguien cuando me está halagando.
― Creo que entiendo los suficiente ― replicó Signum con una sonrisa.
Me volví hacia la cama y tomé el vestido que acababa de descolgar. Necesitaba hacer algo para ocultar mi rubor.
― Es un vestido precioso ― dijo Signum.
― Sí ― contesté mientras empezaba a guardarlo en una bolsa.
― Tal vez podrías ponértelo una tarde… Si aceptas salir a cenar conmigo.
Me quedé momentáneamente muda. ¿Signum Laevatein Wolkenritter me estaba pidiendo una cita?
― ¿Por qué yo? ― Balbuceé ―. He visto el mundo en el que vives, la gente con la que te relacionas. No encajaría.
Signum permaneció un momento pensativa.
― Lo sé… Pero puede que ésa sea la clave. Siempre parezco ir tras la misma clase de chica…
― Preciosa, rica, delgada ― interrumpí.
― Tú eres preciosa ― dijo Signum sin rodeos.
Antes habría disfrutado con aquel comentario, habría exigido más, pero me tomé el cumplido con la misma sencillez con que había sido pronunciado.
― Gracias.
Signum se acercó a mí.
― No deberías subestimarte.
Reí mientras terminaba de guardar el vestido. Estaba claro que no me conocía.
― Oh, no creo que tengas que preocuparte por eso. Pero si hace que te sientas mejor, puedo añadir una cosa más a la lista.
Signum apenas reprimió un gesto de diversión y alzó una ceja.
― No tengo cara de pato ― dije, y de inmediato pensé que me había pasado.
Signum permaneció un momento pensativa.
― No me había dado cuenta, ¡pero creo que tienes razón! ― Dijo finalmente con expresión de sorpresa.
Ambos reímos. Signum era aún más atractiva cuando reía. Era una lástima que le faltaran un par de hoyuelos, que sus ojos no fueran rojos y que no tuvieran el brillo adecuado.
― En cualquier caso, he decidido que todo lo que hay en esa lista es muy aburrido. Prefiero una mujer más dinámica, más chispeante… Así que, ¿qué te parece? ― Señaló el vestido con un gesto de su cabeza ―. Tú, yo, el vestido rojo y una mesa para dos el próximo sábado…
Se produjo un incómodo silencio y Signum pareció interpretar de inmediato mi expresión de confusión, porque sonrió resignada.
― Llego tarde, ¿no?
Me mordí el labio mientras descolgaba la siguiente prenda, pero no dije nada. Todavía no estaba preparada para enfrentarme a lo que sentía por Fate, menos aún para admitirlo ante alguien más. En cualquier caso, daba igual, porque mi traidor rostro lo había dicho por mí.
Signum asintió lentamente. Luego fue hasta la puerta y se volvió antes de salir.
― Llámame si cambias de opinión…
Me limité a sonreír débilmente. Tras dedicarme una última sonrisa, Signum salió del dormitorio.
El domingo por la tarde, durante el viaje de regreso, Fate estuvo civilizada, pero sus hoyuelos habían desparecido y condujo aún peor de lo habitual. Yo no dije nada, claro.
Cuando llegamos a la tienda, me ayudó a guardarlo todo y luego me llevó a mi apartamento. También me llevó la maleta hasta la puerta.
― El jueves me voy a Malasia para dar los toques finales al proyecto del hotel ― dijo antes de irse.
Parpadeé y sonreí.
― ¿Cuánto tiempo estarás fuera?
― Dos semanas.
Asentí. No porque estuviera de acuerdo, sino porque necesitaba hacer algo.
― Qué bien ― añadí tras asentir innumerables veces.
Fate me dedicó una larga mirada antes de decir:
― Ven conmigo.
― ¿Qué ha pasado con lo de que no ibas a presionarme? ¿Con lo de que me ibas a dar tiempo para pensar? ― Dije bruscamente.
El brillo en la mirada de Fate parecía atenuado. Tenía aspecto de estar cansada.
― Puede que lo que necesitemos sea pasar un tiempo juntas. Te quiero en mi futuro, Nanoha ― añadió, confirmando mis peores temores.
Un futuro. Largos e interminables días y años a lo largo de los cuales envejeceríamos y nos cansaríamos la una de la otra. No quería cansarme de Fate, y nunca me había pasado mientras habíamos sido amigas.
― Siempre estaré en tu futuro, Fate ― dije con toda la serenidad que pude ―. Pase lo que pase entre nosotras.
Vi que su mandíbula se tensaba y supe que había interpretado correctamente mi tono de despedida. Lo horrible era que sabía que se lo tomaría con calma si se lo pidiera. Pondría mis deseos y necesidades por encima de las suyas.
― ¿Tratas de decirme que no ves la posibilidad de que las cosas cambien entre nosotras?
― Ayer éramos tan sólo buenas amigas ― contesté, irritada ―, y ahora parece que todo se ha vuelto al revés. No quiero sentirme presionada. Necesito ser libre para tomar mis propias decisiones.
― Lo que quieres decir es que necesitas controlar la situación.
― ¡No! ¡Eso no es cierto!
― Sí lo es ― Fate pasó al interior del apartamento en dos zancadas y yo la seguí. Si íbamos a tener una buena pelea, más valía que fuera en privado. Mis vecinos ya me consideraban los suficientemente rara ―. Necesitas tener el control. Por eso haces bailar sobre sus patas traseras a todas esas infelices que se dedican a seguirte. Mientras tengas el control te sientes a salvo. Pero el amor no es así, Nanoha. El amor significa entregar una parte de ti, confiársela a otra.
Me crucé de brazos.
― Estás hablando de amor, pero creo que olvidas que aún no sé con claridad lo que siento por ti.
― Ah, ¿no?
De manera que estábamos de vuelta con aquel jueguecito, ¿no? Ambas sabíamos lo qué sentíamos la una por la otra, y ambas sabíamos que lo sabíamos… No resultaba sólo pesado. Era directamente peligroso.
De pronto, Fate se acercó a mí y me rodeó con los brazos por la cintura.
― Dime que pare si no quieres esto ― murmuró.
Cerré los ojos y traté de pensar cómo decirle que parara, pero, al parecer, las palabras "no" o "para" habían abandonado repentinamente mi vocabulario.
No hice nada cuando Fate acercó sus labios a los míos. Y cuando empezó a besarme, tuve que corresponderle. El problema residía en que no era yo la que controlaba el beso. Normalmente yo impongo el ritmo, controlo hasta dónde llegar. Pero no Fate. Fate no estaba besando a Nanoha la "picara"; me estaba besando a mí. Sentí pequeñas oleadas de placer que llegaban hasta mi alma. Y también sentí que empezaba a generarse un maremoto en el horizonte.
Me aparté de Fate y di un paso atrás. Ella alargó una mano para sujetarme, pero no trató de atraerme de nuevo hacia ella. Ninguna de las dos dijimos nada, pero, por la expresión de Fate, supe que, una vez más, me había vuelto transparente.
― Puedes confiar en mí ― dijo enfáticamente.
Yo ya sabía que podía confiar en ella. A pesar de que en los últimos días me había visto deslumbrada por un aspecto más sexy y peligroso de su personalidad, sabía que seguía siendo tan leal y sincera como siempre. Era de mí misma de quien no me confiaba.
― Sé lo que estas pensando ― continuó Fate ―. Sé de qué tienes miedo. Pero el amor no es una rendición total a otra persona. El auténtico amor es un camino de dos sentidos.
Quería creerlo con toda mi alma, pero seguro que había cosas en las que Fate no había pensado… Cuando entregabas esa parte de ti a otra para que la ponga a buen recaudo, ¿cómo sabe una cuándo parar de entregarse? Yo conocía de primera mano lo destructiva que podía ser una relación desequilibrada en aquel aspecto. Lo había visto de primera mano.
Di otro paso atrás, al menos mentalmente, y luego dejé escapar una risa seca. Aquello era de lo que estábamos hablando, ¿no? De la chica que manipulaba a la gente, las situaciones, cualquier cosa para conseguir lo que quería. La chica que lo sabía todo sobre recibir y nada sobre dar. Sin duda, si alguien estaba a salvo del destino de mi madre era yo.
Pero aquello planteaba otro problema.
Fui hasta el sofá y me dejé caer en él.
― ¿Por qué diablos me quieres, Fate? ― Pregunté mientras me quitaba los zapatos de dos patadas y hundía los pies en la mullida alfombra ―. Me gusta juguetear, soy exigente y egoísta… Lo cierto es que ni siquiera sé si soy capaz de experimentar la clase de amor del que estás hablando.
Fate se sentó a mi lado, tomó mis manos en las suyas y me hizo mirarla.
― Es la chica que se disfraza con ropa de época la que hace todas esas cosas. La chica que practica su forma de andar y contonear las caderas, la que nunca sale sin pintarse los labios de rojo… ― Alzó una mano y deslizó el pulgar por mis labios desnudos ―. Pero yo no estoy enamorada de esa chica. No necesitas ser esa chica conmigo.
Una lágrima se deslizó por mi rostro. Y luego otra, y otra. Fate hablaba enserio. Me amaba de verdad, y yo no la merecía. Un espacio en mi interior que ni siquiera sabía que estaba dolorosamente vacío empezó a llenarse. Y con la plenitud llegaron más lágrimas.
No sé cuánto tiempo estuve llorando, pero Fate se limitó a abrazarme y a susurrarme que creía en mí, que sabía de qué era capaz… Y era mucho más de lo que yo misma creía. Finalmente, cuando las lágrimas cesaron, me sentía tan agotadaque empecé a dormirme. Apenas fui consciente de que Fate se levantaba a buscar el edredón de mi cama y me envolvía en él antes de besarme con ternura en la frente. La tomé de la mano.
― No te vayas ― murmuré ―. Quédate. Te necesito.
Ya estaba. Era la primera vez que decía aquellas dos palabras a un ser humano.
Fate no dudó. Se sentó a mi lado, tomó una esquina del edredón, y se tapó con él. Yo quería sentir su calor en la mayor superficie posible de mi cuerpo y, cuando el sueño empezó a nublar mi mente, enlacé mi mano con la suya.
Luego me quedé profundamente dormida.
Calidez. Caricias. Aquéllas fueron las primeras sensaciones que experimenté cuando desperté a la mañana siguiente. Aún tenía mis dedos entrelazados con los de Fate. Sentí su cálido aliento en la parte trasera del cuello. Me llevé su mano a los labios y le besé los nudillos.
Debía haber estado despierta mucho más tiempo que yo, porque dormía plácidamente. Me aparté de ella cuidadosamente para no despertarla. Se movió un poco y murmuró algo cuando me levanté, pero siguió durmiendo. En lugar de salir del cuarto de estar de inmediato, permanecí allí de pie, observándola. De pronto volví a sentir el cosquilleo de las lágrimas en la punta de la nariz, aunque no supe por qué. Tal vez tenía algo que ver con el hecho de que me sentía como si me vaciara de todo lo que era, de todo lo que sería, para verterlo sobre Fate.
Estaba equivocada sobre mi supuesta incapacidad para amar a Fate como ella quería que lo hiciera. Mientras la miraba, supe que era la hija de mi madre.
Antes de salir de puntillas del cuarto de estar, tomé la foto de mi madre de la repisa y la apreté con fuerza contra mi pecho. Fui a mi cuarto y dejé la foto sobre la cama antes de entrar en el baño para darme una ducha. Cuando salí, envuelta en una toalla roja, tomé la foto de la cama. La sonriente y despreocupada expresión de mi madre se nubló. Yo no la había conocido así. Había visto su sonrisa y la había escuchado reír, por supuesto, pero yo era demasiado joven como para recordar la época en que mis madres estuvieron juntas. Cuando mi otra madre se fue, las risas de mi madre siempre acababan con un matiz de profunda tristeza.
"Ojalá estuvieras aquí, mamá. Ojalá pudieras decirme qué hacer".
Pero no estaba allí, y mi deseo de contar con ella sólo era una fantasía. Mientras vivió, apenas estuvo presente en mi vida, tanto física como emocionalmente. Besé la foto.
"Te quiero, mamá, pero no puedo ser como tú. Lo siento".
Dejé la foto y empecé a vestirme. Elegí mi falda tubo negra favorita y una blusa rosa. Sujeté mi pelo en una cola alta ladeada, pero dejé algunos rizos sueltos para que cayeran sobre mi frente como una cortina. Con cada toque de maquillaje, sentí que mi poder regresaba.
Cuando terminé y me miré de cuerpo entero en el espejo, no vi la versión frívola y desenfadada de mí misma que esperaba. El brillo de diversión de aquella Nanoha se había endurecido hasta perecer de acero.
Tomé mi bolso negro y eché un último vistazo al cuarto de estar antes de salir. Era demasiado temprano para abrir la tienda, pero yo necesitaba pasear y despejarme.
Lancé un beso a la dormida Fate y salí del apartamento con mi brillante bolso negro balanceándose al unísono con mis caderas.
Colgué el cartel de "cerrado" en la puerta de la tienda y suspiré. Sentí la tentación de apoyar la frente en el cristal, pero Hayate me estaba observando. Llevaba observándome todo el día. Estaba tras el mostrador, haciendo el corte de caja.
― Desembucha ― fue todo lo que dijo.
Puse los ojos en blanco. A pesar de su embarazo, mi compañera de negocios aún era capaz de inmovilizarme con su mirada.
― Hablo en serio ― añadió ―. ¿Cómo fue el fin de semana?
― Ya te lo he contado ― murmuré.
― Me has hablado de los trajes que llevabas. Ahora quiero que me hables de cómo fue el fin de semana.
― Oh ― dije mientras me encaminaba despreocupadamente hacia la caja ―. Signum Laevatein me pidió que saliera a cenar con ella. Eso se todo.
En lugar de ponerse a dar botes y empezar a bailar conmigo por la tienda, Hayate se cruzó de brazos.
― ¿Y?
― Estoy pensando en eso ― dije con un encogimiento de hombros.
― Ahora ya sé con certeza que algo va mal.
Apoyé el trasero contra el mostrador y suspiré. Fijé la mirada en la chaqueta plateada que vestía Cinque, nuestra maniquí de un solo ojo.
― Creo que estoy enamorada.
― ¿De Signum?
No contesté. No podía. ¿Cómo iba a expresar mis sentimientos en palabras sabiendo que estaba a punto de comportarme vilmente?
Alguien llamó a la puerta en aquel momento.
Vi a Fate tratando de ver el interior de la tienda por encima del cartel de "cerrado". Contuve el aliento para no salir corriendo a abrirle y abrazarla. Pero mi trasero parecía pegado al mostrado y fue Hayate la que se acercó a abrir la puerta. Su mirada era de auténtico acero cuando se volvió hacia mí. De acero y de reconocimiento.
La había molestado.
― Me voy ― dijo alegremente a la vez que tomaba su bolso. Besó a Fate en la mejilla y, antes de salir, se volvió de nuevo hacia mí ―. Pórtate bien.
Sonreí débilmente sin prometer nada, porque sabía que estaba a punto de portarme muy, muy mal.
