Epílogo

—Tal como lo ordenó, señor Case —dijo un soldado, quien sostenía una caja etiquetada como "Alto Secreto"—. Lo que quedó del Proyecto Wonderland.

Hace un par de semanas atrás, un equipo de la CIA, en conjunto con un destacamento del ejército norteamericano en Inglaterra, se había infiltrado en el domo, el cual había sido convenientemente acordonado. El interior estaba totalmente destruido, pero algunas cosas habían sobrevivido al desastre. Y todas ellas estaban en esa caja.

—Solamente esto —inquirió el señor Case.

—Sólo eso.

Pero Joseph Case creía que "sólo eso" era más que suficiente después de abrir la caja. En ella había un par de electrodos, un chip de alta tecnología rotulado "moderador cuántico de pensamiento", y un disco duro SSD, también rotulado. Decía "patrones neurales de acciones mágicas".

—¿Revisaron si los equipos estaban en buen estado?

—Sí, señor. Los electrodos no sirven, pero el chip y el disco están intactos y con información.

Joseph Case sólo podía reír. Le había tocado la lotería en ese momento. En esa caja estaba depositado el conocimiento para cambiar el mundo. El atrevimiento de Kenneth Wilson había dado sus frutos, aunque era desafortunado que tuviera que pasar por semejante vergüenza en un juicio de magos en Inglaterra.

—Sella la caja y envíala a Washington —ordenó Joseph Case al soldado—. Hay gente en la Casa Blanca a la que le va a interesar mucho esto.

El soldado obedeció y se llevó la caja con él, dejando a Joseph Case solo con sus pensamientos. El conocimiento que encerraba ese disco duro tenía la capacidad de poner a cualquiera a sus pies, literalmente. Podía ganar guerras sin necesidad de librarlas, resolver el problema de la energía e incluso abaratar los costos de las misiones espaciales. Las posibilidades estaban limitadas sólo por la imaginación humana. Claro que había otras personas que querrían ese conocimiento para beneficio propio, para ganar poder sobre los demás, para hacer sus propias reglas. Eso no lo podía permitir. La magia, en manos equivocadas, podía destruir el mundo. No estaba en los intereses de Joseph Case que el mundo se acabase por culpa de la egolatría.

Pero tampoco lo estaba que los magos le pusieran las cosas difíciles.

Ese conocimiento, esa bendición que había llegado a sus manos, debía estar al servicio de la humanidad en general, no solamente de unos pocos. Joseph Case parecía ser el tipo que quería ganar poder a toda costa. Bueno, lo era, pero también quería beneficiar a la gente haciéndolo.

¿Qué había de malo en ello?