—Traicionero, cobarde —insultó el pelirrojo al momento que aparecían en el bosque de nuevo — ¿Qué no podemos confiar en nadie? —se preguntó harto de todo eso.

—La raptaron porque él me apoyaba —informó Harry tomando sus pertenecías del suelo —. Estaba desesperado —agregó entendiendo el estado del padre de la rubia.

Harry y Ron se miraron entre sí. Pasaron unos segundos en silencio y después, el pelirrojo decidió hablar.

—Haré los hechizos —susurró resignado al instante que se alejaba de su amigo y pasaba de largo al lado de la castaña.

La Gryffindor mantenía su vista lejos de él. Quería hacerle notar al ojiazul que su odio no había disminuido ni un milímetro. Ron se detuvo detrás de ella y se giró para hablarle, pero la ojimiel sacudió su gabardina y emprendió paso lejos de la cercanía del pelirrojo. Ron no tuvo otra opción más que suspirar y dirigirse a su antiguo objetivo.

De pronto, los pasos del pelirrojo se detuvieron al observar como varios hombres vestidos de negro bloqueaban su paso. Harry imitó al ojiazul al ver también como le hacían lo mismo. La voz del líder, de esa misión, habló haciendo que la castaña se detuviera en seco frente a él.

—Hola…bonita —espetó Sciabor recargado sobre un tronco de árbol al mismo tiempo que limpiaba sus uñas.

Hermione retrocedió varios pasos hacia tras para regresar con sus amigos. Pero, en ningún momento desvió su mirada miel de la negra del mortífago quien le sonreía en un tipo de elegancia. La castaña sintió como su brazo rozó con el de Harry. No tuvieron que decir en voz alta nada para comprender lo que a continuación harían.

El trío dorado emprendió una rápida carrera lejos de los seguidores del señor oscuro.

—Atrápenlos —ordenó Sciabor muy quitado de la pena al saber que ese trío iluso no llegaría muy lejos de ellos.

Los hombres de negro salieron disparados tras los pasos de los Gryffindors.

Harry corría un poco alejado de sus amigos. Ron y Hermione corrían muy cerca uno del otro. No sabían exactamente hacia donde se dirigían; solo querían alejarse de ellos y escapar para encontrar un lugar seguro donde esconderse.

El primer hechizo por parte de los mortífagos dio directo sobre un tronco de árbol.

El trío se protegió al no saber dónde había impactado el conjuro.

—¡Harry! —gritó Hermione al ver como el azabache se desviaba del lugar y se perdía entre los matorrales más grandes del bosque. Varios mortífagos siguieron los pasos del joven y otros varios, los suyos —¡Ah! —exclamó la castaña al sentir como escombros de tallo de árbol impactaban sobre su rostro. Conjuró un silencioso hechizo que impactó sobre dos mortíos lográndolos derribar.

Ron bajo su rostro al sentir como un hechizo sobrevoló por su cabeza provocando que cabellos pelirrojos se despendieran de esta. Quiso aumentar la velocidad de sus pasos, pero un hechizo lo impactó haciendo que cayera al suelo y lo apresara en forma de cadena.

El niño que vivió conjuró un hechizo que dio directo en el pecho de un mortío dejando a solo uno en pie. Aumentó la velocidad de su rápida caminata y se emparejó con su amiga unos metros más adelante. La castaña lo observó aliviada y el ojiverde extrañado de no ver a Ron tras ella.

—¿!Dónde está Ron! —preguntó corriendo tras de la leona.

Esta frenó en seco su carrera al ver como otro montón de mortíos aparecían frente a sus ojos. Respiraba agitadamente debido a su rápida caminata. Se giró hacia el moreno quien ya se había detenido al verla frenar. Hermione regresó su mirada a los seguidores de señor oscuro y vio como estos estaba a escasos centímetros de ellos. Se giró de nuevo hacia Harry y apuntó su varita hacia él: Una idea había venido a su mente.

—¡Her…!—pero el azabache no tuvo tiempo de terminar la frase y sintió como el silencioso hechizo de su mejor amiga impactó sobre su rostro obligándolo a caer al suelo.

Una extraña visión vino a su mente.

Grindwald —susurró Tom Ryiddle al instante que sus negros ojos hicieron contacto visual con los apagados del longevo quien se encontraba arrinconado en una esquina.

Voldemort —hablo el anciano fingiendo demencia por su enfermedad —. Sabía que vendrías. Tarde o temprano —espetó soltando una carcajada entre cada palabra.

Un rubio permanecía tras de Voldemort alejado de toda escena. Sus ojos grises como la noche observaban cada detalle del longevo. No intervendría hasta que su amo se lo ordenara.

Dime…¿Dónde está la varita de…sauco? —pidió saber el señor tenebroso al momento que se arrodilló frente al Grindwald y acercaba su varita hacia el rostro envejecido del hombre.

Este sonrió hundido en sus memorias.

Es obvio, está enterrada con él, en su tumba —informó no teniendo noción del tiempo ni de lo que respondía.

¿Quién es el dueño? —preguntó de nuevo Tom harto de que no le dijera lo que quería oír.

Dumbledore —finalizó el anciano sumiéndose en una carcajada mortal que hizo aturdir tanto a Voldemort como al platino que estaba tras él.

Tom sonrió de lado. Echo un último vistazo al longevo al momento que se colocaba de pie y se alejaba de él. Caminó hasta llegar a su mano derecha y susurrar algo sobre el hombro de este. Al finalizar, desapareció del lugar dejando al blondo con la víctima.

El rubio se posesionó de su varita y la apuntó contra el cuerpo débil del anciano. Este le sonreía con alegría de saber que la muerte pronto lo llevaría con él.

¡Avada Kedavra! —conjuró Draco Malfoy, cometiendo, su segundo asesinato.

Harry abrió sus ojos esmeralda al sentir las manos de la castaña sobre su rostro. Se enderezó y se recargo sobre sus brazos respirando agitadamente por la visión que acababa de tener. Hermione le quitó sus lentes y se los guardo en el interior de su gabardina.

—Las reliquias existen —informó el azabache con su rostro desfigurado por el hechizo que la castaña depositó en él —. Está en busca de la última; la varita de sauco — prosiguió su relato ante la mirada desviada de la castaña —. La tendrá esta noche, sabe dónde está —decía al obtener la mirada de su amiga sobre él —. Hermione…Malfoy…—La ojimiel prestó toda atención al oír nombrar al rubio pero no pudo terminar de escuchar ya que unos fuertes brazos la apresaron por sus hombros y la elevaron del suelo lejos del azabache.

—¡Suéltenla! —gritó Ron enfadado al ver lo rudo que la estrujaron. Golpeó al mortío que lo tenía apresado para liberarse, pero otro rápidamente reaccionó y lo golpeó fuerte en el estómago.

—¡Déjenlo! —exigió la castaña atemorizada ante el rostro de dolor que expresó el ojiazul.

—A tu novio le ira muy mal si no aprende a comportarse — hablo Sciabor llegando al lugar.

Hermione sintió una carga eléctrica recorrer sus venas ante el sustantivo que utilizó ese mortío. Novio. Eso jamás sucedería entre Ron y ella. El pelirrojo observó la pequeña alteración que sufrió la mirada de la castaña al oír ese adjetivo.

Harry luchaba contra su opresor.

—¿Qué te paso, feo? —preguntó Sciabor aproximándose hasta un Harry desfigurado — No, tú no —agregó el seguidor del señor oscuro al mortío que tenía al moreno prendado de sus manos —¿Cómo te llamas? —le preguntó mirándolo con desagrado.

—Odrid —contestó el león inertemente —Odrid Dursley —completó con el apellido de sus tíos.

—Revísalo — ordenó alejándose del elegido para llegar hasta la castaña.

—Y tú, preciosa —halagó el mortío ante una castaña quien se resistía al agarre de su opresor —¿Cómo te llamas? —preguntó lo más cerca posible de la joven.

Hermione bajo su mirada un poco presionada por el acercamiento del mortío.

—Penélope Grandwell — mintió al momento que alzó su mirada miel y la posesión sobre la mirada fría del mortío —. Mestiza —agregó con temor.

Sciabor tomó el rostro de la castaña con su mano derecha al momento que acercaba el suyo. Ron se removió de su lugar con rabia y celos al ver como ese maldito mal nacido acosaba a la castaña. El mortío se quedó a escaso centímetros de distancia del rostro de la joven al momento que hundía su puntiaguda nariz entre los rizos de Hermione. Aspiró una bocanada y cerró sus ojos al comprobar la teoría de la joven. Era mestiza. Su olor era inconfundible.

—Aquí no hay ningún Odrid Dursley —habló un mortío revisando una lista.

—Oíste, feo, no estás en la lista —espetó Sciabor regresando sobre sus pasos y llegando al desfigurado Harry — ¿Por qué no quieres que sepamos quién eres?

—La lista debe de estar mal —desafió el azabache.

El líder de la misión acercó su varita hacia la frente del león y removió un mechón de este. Se quedó helado, al igual que Hermione y Ron, al observar algo sobre su piel.

—Cambio de planes —ordenó Sciabor esperanzado —No llevaremos a estos al ministerio —finalizó ante la mirada atónica del trío dorado.

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El trío dorado caminaba forzado por los mortíos.

Observaron cómo los conducían hacia una gran mansión que causaba escalofríos para quien la viese.

Y fue en ese momento que Hermione Granger sintió al rubio. Sabía que esa era la mansión de la familia Malfoy.

Harry fue detenido bruscamente ante las enormes rejas de acero que adornaban la entrada principal de la propiedad. Pudo distinguir a una mujer de cabello rizado la cual mostró sus ojos ante las pequeñas rendijas de las barras. Sintió como su opresor removió el mechón de su frente y mostró su cicatriz sin forma.

La mortia sonrió de lado.

—Llamen a Draco — ordenó con un tono susurrante y amenazador.

El aliento de Hermione se cortó al oír ese nombre atravesar sus oídos.

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El rubio se encontraba sumido en sus pensamientos en la biblioteca de su mansión.

Necesitaba hablar con su padrino. El haber acompañado al señor oscuro a cazar y asesinar a Gellert Grindelwald fue atemorizante. Ya tenía una pista de lo que su amo estaba buscando, pero con esa inesperada visita, confirmó su sospecha.

Lord voldemort quería ser el único y autentico poseedor de la varita de sauco. La varita más poderosa jamás creada en la historia.

Había escuchado rumores sobre las reliquias de la muerte, pero nunca imaginó que en verdad existieran.

Y algo, vino a su mente.

Tensó su rostro al pensar en ello: Sí, Dumbledore, fue el último dueño de la varita de sauco, y se supone, que la varita pasa a manos de quien desarme al dueño…entones…él…no podía ser.

Su hipótesis fue interrumpida al sentir como su corazón se aceleró y sintió una presencia muy cerca de él.

—Hermione…—susurró horrorizado al saber lo que se vendría a continuación.

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Caminaba como alma que llevaba el mismito Voldemort.

Podía sentirla en la sala principal de su mansión. Esquivó a un par de torpes mortíos que se atrevieron a cruzarse por su camino. Sentía como su visión se nublaba al no poder bloquear el temor que la castaña le transmitía ante la posibilidad que Voldemort se presentara y asesinara a San Potter frente a ella.

Llegó a su objetivo e hizo acto de presencia en la sala.

Y la vio. Tratándose de zafar de los asquerosos brazos de un maloliente mortifago. Como él.

Sintió como las miradas de los presentes recaían sobre él. Especialmente la de los estúpidos de Weasley y Potter. Pero, a él solo le importaba la de cierta castaña quien lo observaba con desespero. Suplicándole con la mirada que no los delatara. ¿Estaba ella tan segura que así sería?

—¿Qué sucede aquí? —habló haciendo resonar con fuerza su estremecedora voz por toda la habitación.

Bellatrix observó a su sobrino hipócritamente.

—Draco, querido —espetó arrodillada sobre el costado de un desfigurado Harry al momento que tomaba al joven por el cabello y tiraba de él para mostrar mejor el rostro del muchacho —. Creemos que es Potter —informó sonriente — ¿Y, bien? —preguntó Bella un poco desesperada por la respuesta de su sobrino.

El Slytherin echó un rápido vistazo al joven tumbado sobre el suelo. Podía sentir el ritmo cardíaco de su otra mitad, Hermione. La respiración acelerada de la comadreja. El temor de sus padres. El desespero de su tía y la impaciencia de los mortifagos. Todos esperando su respuesta.

—Draco, hijo —habló Lucius acercándose a él. Dejó reposar una mano sobre su hombro —. Si lo logras identificar, sería un logro más para ti, como su mano derecha —alentó el rubio mayor orgulloso de su hijo.

El platino giró su rostro y clavó su mirada gris en la miel de la castaña. Sentirla y verla sufrir era lo peor que le podía pasar. Odiaba sentir su tristeza, ya sea, por la culpa de los ineptos de sus amigos o…la propia suya. No le gustaba verla débil e indefensa. Siempre la recordaba como la fuerte e inteligente Hermione Granger de la cual él se impregnó el primer día que la vio cruzar el andén 9 ¾. Ya no podía seguir engañándose como lo estuvo haciendo durante los últimos siete años. Y cuando esa pócima penetró la palma de su mano fue…como un alivio. Un alivio al ya no tener que utilizar palabras para expresar lo que ella provocaba en él. En su vida, su persona y en el resto de sí mismo. Y lo más tentador es que…ella…era prohibida para él. Y eso…hacia aferrarse y quererla como lo hacía.

Hermione cerró sus ojos miel al oír como los pensamiento del rubio resonaban en su mente. No le extrañaba en nada ya que esa maldición nunca dejaría de revelar efectos secundarios. Pero ¿El rubio podría oír los suyos? Escuchó atenta cada palabra que él pronunció en su mente. Sintió como algo en su interior estalló de alegría al leer la palabra "querer" en su mente. Y fue ahí donde descubrió sus verdaderos sentimientos hacia él. Abrió sus ojos y se topó con su mirada gris sobre ella.

También, yo, Draco…—susurró en su mente y observó como el platino se alteró dándole a entender que la podía escuchar como ella a él.

—¡Contesta, Draco! —gritó la mujer de cabello rizado al borde del precipicio.

El rubio endureció su rostro.

—No —respondió —. No es él —finalizó sin dejar de ver el rostro mal formado del azabache.

—Hijo ¿Estás seguro? —Preguntó Lucius un poco decepcionado —Vamos. Dele un vistazo más profundo. Así el amo te retribuirá con halagos —dijo un poco desesperado.

—No olvidaremos quienes en realidad lo atraparon ¿Verdad señor Malfoy? —intervino Sciabor un poco molesto por los comentarios del padre del rubio.

—¡Silencio, que no tengo ganas de retribuirme nada ante el Lord! —gritó Draco provocando que los presentes, incluyendo a Bella, temblaran con un poco de temor.

Cosa que fue detectada por el trío dorado.

En ese momento, a la mente del azabache, vinieron fragmentos de la conversación que sostuvo con Lupin sobre el nuevo cargo del platino la noche que Alastor Moody murió. Y comprobó que todo lo que dijeron sobre el mortío era verdad. Draco Malfoy era…de cuidarse.

—¿Qué le sucedió en el rostro? —preguntó el rubio un poco confundido por lo que acaba de escuchar en su mente.

—Sí ¿Qué le sucedió? —cuestionó la tía del Slytherin al momento que se colocaba de pie y observaba a Ron y Hermione.

—No lo sabemos…así lo encontramos en el bosque —respondió Sciabor sin despegar su fría mirada de la mujer de cabello rizado.

El mano derecha de Lord Voldedmort se arrodilló frente al desfigurado Harry observándolo a detalle. Era inconfundible. Ese joven no podía ser nadie más que no fuera San Potter. Pero ¿!Por qué demonios no podía solo llamar a su lord y entregárselo para que todo eso terminara de una vez! ¡Ah, claro! Porque Hermione estaba primero que nadie. La castaña jamás se lo perdonaría ni aun estando muerto.

—O le hicieron un embrujo punzante…¿Fuiste tú, linda? —preguntó Bella señalando con su varita a la castaña.

Harry mantenía su vista fija en los ojos grises del rubio. No tenían que emitir palabra alguna para saber lo que pasaba por la mente de cada uno. El azabache por un momento temió que el sucio de Malfoy lo descubriera ante los cientos de mortíos que esperaban carnada fresca. Como ellos.

—¡Ah, te descubrí, ¿eh? — Bella se burlaba al momento que caminaba hacia el par de Gryffindors que no les quedaba más remedio que aguantarse. Se detuvo en seco al soltar un suspiro de sorpresa— ¿Dónde conseguiste eso? —preguntó en un increíble estado de sorpresa.

—Estaba en su bolsa cuando la registramos —confesó un mortífago observando la espada de Gryffindor en sus manos —. Pero ahora es mía.

Bella enfureció en demencia.

De pronto, el rostro del mortío fue impactado con la varita de Bella en forma de látigo que marcó su rostro. Con ello, tomó la espada y la acercó a su posesión. Se giró para atacar a Fenrir Greyback al momento que enredaba su látigo en su cuello y tiraba con fuerza de él.

—¿!Estas loca! —gritó Sciabor espantado al ver el estado de demencia que adoptó la eterna enamorada de su Lord. No obstante, su cuello fue prensado con el látigo mortal de la mortia.

—¡Basta, Bella! —ordenó Draco al percatarse del alboroto que armó su tía. Se alejó del azabache y se giró para ver a la mujer de cabello rizado quien se quedó quieta ante el grito de su sobrino —¡Suéltalo! —volvió a ordenar como el líder que le ordenaron que fuese.

Bellatrix le dedicó una mirada de odio al rubio y le mostró su amarillenta dentadura fingiendo hipocresía.

—Lo siento, Draquito —espetó la mortia aflojando el agarre de su látigo —¡Ahora, largo! —ordenó a Sciabor como la maldita que solía ser.

La manada de mortíos que atrapó al trío dorado fue desapareciendo uno por uno ante una mujer loca de remate. Esta al verse alejada de esos imbéciles, observó la espada en sus manos la cual debería estar en su bóveda de Gringotts. ¿Cómo demonios había llegado a manos de ellos?

—Bien…quiero que los lleven a las celdas de prisioneros y los dejen ahí, hasta encontrar la utilizada que tienen —espetó Draco mirando a su tía —. ¿Entendido, Bella? —le preguntó desafiante.

—Perfectamente, sobrino —contestó Bella en un tono fingidor.

El príncipe de Slytherin echo un último vistazo a la castaña antes de desaparecer por completo de su vista. Y de la vista del resto. Si pasaba un segundo más en esa habitación, solo lograría confundirse más de lo que ya estaba. No quería actuar a causa de un impulso involuntario y arrepentirse por el resto de su miserable vida. Antes de desaparecer por completo de la vista miel de su otra mitad; sintió como esta se alteró al verse desprotegida sin él dentro del área.

Hermione sintió como su corazón comenzó a golpear fuertemente sobre su pecho dándole a entender que tarde o temprano, por un descuido, terminaría por salir de ahí. Cerró sus ojos al mismo tiempo que dirigía su rostro hacia el suelo y se maldecía por ser una tonta, y confiar en ese rubio de pacotilla. De pronto, los abrió al sentir como algo, dentro de ella, se disparaba desde su interior y comenzaba a recorrer todo su cuerpo tranquilizándola. Y pudo sentirlo. Comunicándole que todo estaría bien. Y sin meditarlo, creyó en él. De nuevo.

Bella, al hallarse sola, se dirigió hacia Ron y Hermione, y cegada por el odio, tomó al primero y lo alejó de la castaña aprisionándolo por el cuello. Lo guió hasta llegar a un desfigurado Harry y lo lanzó contra él. No supo cómo demonios, pero el azabache, se colocó de pie y amortiguó la caída del pelirrojo sobre él.

—¡Ya oyeron a Draco! —Gritó enfurecida al no saber cómo demonios habían obtenido SU espada —¡Enciérrenlos! —Ordenó mirando a los inútiles de sus aliados —Esta jovencita y yo, tendremos una conversación de mujer a mujer —expresó acerándose, lo más posible permitido por la física, al cuerpo de la leona.

Hermione sostuvo el aliento por unos segundos al sentir el aliento de la mortia muy cerca de su rostro. Había oído sobre las torturas que Bellatrix Lestrange amaba utilizar con sus prisioneros; especialmente con…muggles. Y no eran…para nada buenas.

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Draco llegó hasta su habitación y se introdujo en ella.

¡Demonios! Ahora todo se encontraba pendiente de un hilo. Sabía de antemano que el rostro de San Potter fue desfigurado por un hechizo punzante. Obviamente, por Hermione. No tenía conocimiento sobre la duración de ese tipo de encantamiento. ¡Maldita sea! En esos momentos era cuando se arrepentía de no haber puesto atención ni un maldito segundo a esa clase en particular. Tenía que hacer algo y pronto.

No obstante, los recuerdos de la escena protagonizada apenas hacia unos minutos atrás, vinieron a su mente. ¿Cómo demonios había logrado escuchar la voz de la castaña respondiendo a sus preguntas? Aunque sonara tonto, aun no se acostumbraba a esa maldita poción que recorría sus venas a cada día que pasaba dentro de su cuerpo. Y ahora…tenía otro grande problema encima: La varita de sauco.

Se posesionó de su varita al momento que la detallaba. No podía creerlo. Si Voldemort se llegará a enterar…sería su fin. Y el de Hermione Granger, también.

De pronto, un tremendo dolor atacó su antebrazo derecho. No pasaron ni unos segundos, cuando el dolor se tornó insoportable. Algo sobre su piel comenzaba a quemarle con intensidad. Se quejó levemente al instante que arremangaba su túnica y observaba el área que estaba siendo afectada.

Y sus ojos grises…se incendiaron como el mismo fuego del inframundo.

La palabra sangresucia estaba siendo escrita en su antebrazo izquierdo, encima de su marca tenebrosa.

—Hermione…—pronunció con temor.

La imbécil de Bellatrix había desobedecido sus órdenes.

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—¿Qué vamos a hacer? —Preguntó Ron con un terror expresado en sus ojos azules —No podemos dejar a Hermione con esa loca —confesó golpeando las barras de acero con odio —. ¡Podría matarla!

—¡Tranquilízate! —gritó Harry exasperado por el estado de su mejor amigo. Lo comprendía. Si Ginny estuviese en el lugar de la castaña; él reaccionaría igual —. Encontraremos una forma de salir de aquí —Finalizó temiendo lo peor.

De pronto, unos ruidos provenientes del final de la celda llamaron la atención de los jóvenes. Se giraron para observar de quien se trataba. Se llevaron una grata sorpresa al distinguir a un pequeño hombre acompañado de un longevo de cabello gris.

—¿Señor Ollivander? —se preguntó Harry extrañado —¿Señor Gobbling?...

No obstante, unos gritos aterradores se hicieron resonar por la enorme celda. El par de leones se miró entre sí al momento que pronunciaban un nombre al mismo tiempo.

—Hermione…—susurraron tristemente.

—Harry…tenemos que encontrar la forma de salir de aquí y ayudarla —espetó Ron con su voz pendiente de un hilo. No podía borrar de su mente la escena que seguramente la ojimiel estaba protagonizando en las garras de Bellatrix.

—No hay salida —intervino Ollivander en un tono desesperado —. Ya intentamos todo. Está encantado—agregó observando al par de jóvenes.

Harry lo observó por unos segundos. Ladeo su vista y la colocó encima de su mejor amigo quien también lo observaba. Y de nuevo, los aterradores gritos de la castaña inundaron la apagada celda. El azabache se arrodilló y sacó de su calcetín izquierdo una especie de espejo.

—¿Qué es eso? —preguntó Ron al observar el extraño objeto en las manos del ojiverde.

El niño que vivió miró a través del cristalino objeto. Se percató de una persona al otro lado del pedazo de espejo.

—Por favor, tienes que ayudarnos —suplicó en un estado de desespero.

De pronto, el desiluminador del pelirrojo actuó dejándolos en penumbras.

Se percataron de unos pasos que provenían escalera abajo.

—Déjenla —musitó Ron con sus dientes apretados al momento que se acercaba al mortífago que tenía frente.

—Apártate —exigió Colagusano apuntado su varita al rostro del Gryffindor —¡Tú! —Desvió su dirección al pequeño hombrecillo situado cerca de Ollivander —. Ven conmigo —ordenó haciendo callar al resto de los presentes.

Al pequeño duende no le quedo de otra más que obedecer.

Colagusano dejo pasar al hombrecillo para después, seguirle el paso.

Harry y el resto solo observó como el par de hombres desparecían escalera arriba. Y fue en ese momento que el desiluminador de Ron volvió a actuar iluminado el lugar. No obstante, un pequeño estruendo captó la atención de todo.

—¿Dobby? —preguntó Harry extrañado a más no poder —¿Qué haces aquí?

—¡Harry Potter! —exclamó el pequeño elfo domestico —. Dobby viene a rescatarlo —contestó a la pregunta del moreno.

—¿Puedes aparecerte? —le preguntó sabiendo la respuesta.

—Claro. Dobby es un elfo —espetó la pequeña criatura.

—Excelente —exclamó Ron alegrado — ¿Podrías llevarte al señor Ollivander primero? Hay una cabaña a las afueras de bosque —sintió la mirada de su mejor amigo —. Descuida, es segura —agregó seriamente.

—Claro, Dobby hará todo lo que pidan — dijo el elfo llegando hasta el longevo y tomándolo de la mano —.Nos vemos en diez segundos en las escaleras —finalizó al momento que desapareció de la vista de los presentes.

Harry y Ron se miraron entre sí al instante que oyeron regresar los pasos de Colagusano hacia ellos. Se disparcieron y se escondieron tras los muros de concreto que adornaban las rejas del lugar.

El mortío se abrió paso y descubrió la celda vacía.

Harry estaba a punto de golpearlo al estilo muggle cuando observó como un hechizo impactó en la ancha espalda de la antigua rata de Ron Weasley. El par de Gryffindors solo miró cuando el cuerpo del mortío cayó sobre el suelo dejándolo inconsciente. Salieron de las penumbras y buscaron al causante de la escena protagonizada hacia unos segundos atrás.

Dobby se encontraba escalera arriba muy seguro de su posición.

—¿Quién tomara su varita? —preguntó con pausa.

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—Ahora si…—habló Bella encima de Hermione quien se encontraba tumbada sobre el suelo con ella arriba—. Me vas a decir como consiguieron la espada y que más tomaron tú y tus amigos ¡De mi bóveda! —Gritó posesionada de la quijada de una chillante castaña —¡Contéstame! —ordenó desesperada.

—¡Yo no saqué nada! —contestó la leona en un mar de lágrimas. No podía defenderse sin varita. Esa mujer era más alta y fuerte que ella —¡Por favor, yo no saqué nada! —decía con sus ojos cerrados.

—¡No te creo nada! —susurró la mortía sobre los labios de la joven.

La castaña solo lloraba desconsoladamente. Y su llanto aumentó más al sentir como los filosos dientes de Bellatrix se enterraron en su antebrazo izquierdo.

—¡Ahhhhh! —Expresaba la joven muerta del dolor que comenzaba a recorrer todo su cuerpo —¡Basta, basta! —suplicaba a más no poder.

Las carcajadas de la mortía se expandían con fuerza por el resto de la habitación.

—Será mejor que me digas la verdad, reinita…—aconsejó Bella regresando sobre el rostro en llanto de la castaña —sino no lo haces…te irá muy mal —aseveró sin parar de reír como una loca desquiciada.

—¡Ya le dijo todo…yo no saqué nada de su bóveda! —repetía Hermione como disco descompuesto.

—Aun no te creo nada…— cantó como una niña quien se divertía con su primer juguete de navidad.

La leona ya no sabía que más agregar para convencer a la eterna enamorada del Lord que ella no había tomado la espada fuera de alcance.

—¡Te estoy esperando! —la apresuró al tope de su paciencia —. Bien, creo que no me quedará de otra más que asesinarte —confesó ante el rostro de pánico que la castaña adoptó—. Al cabo, una sangresucia menos en este mundo, no afectara en nada.

—¡Ahhhh! —volvió a gritar Hermione al sentir como Bella ejercía presión sobre su marca con desdén provocando un insoportable dolor que recorrió su brazo hasta llegar a la punta de sus pies.

No obstante, Bellatrix sintió como unas fuertes manos la tomaban de su cabello rizado al mismo tiempo que tiraba de él y la lanzaba con fuerza contra el muro de concreto más cerca. Se cubrió su rostro al ver como impactaría contra el pedazo de lleno. Segundos después, se enderezó con elegancia y descubrió al culpable de su tropiezo.

Draco Malfoy la miraba con odio desde el costado de una Hermione apenas consiente. Sus poros nasales rebosaban con rabia al mirarla. La mortía lo desafiaba con su negra mirada como la noche y como la maldita que solía ser. Le regaló una asquerosa sonrisa demostrándole al rubio que ella no obedecía órdenes ajenas que no fuera de su Lord.

Grave error.

El rubio bajó su mirada gris y su odio hacia la estúpida de su tía creció sobre el cien al observar como la hermosa piel del ante brazo de la castaña se encontraba marcada por la estúpida palabra con la cual el la apodó hacía tiempo atrás: Sangresucia.

Hermione alzó su mirada y la conectó con la gris del platino.

El Slytherin se sintió el hombre más miserable sobre la tierra al observar como una silenciosa lágrima salada resbaló por el hermoso rostro de su otra mitad. Su cabeza estalló como un globo al cual lo pinchaban con algo filoso y explotaba descontroladamente. Con rabia y odio, se acercó hasta llegar a su tía. La mujer solo mantenía su macabra sonrisa, pero esta desapareció al sentir como su sobrino, unos cuantos centímetros más alto que ella, la sostuvo por el cuello con rudeza y la privó del suelo por unos largos segundos.

Los padres del rubio soltaron suspiros de sorpresa. No por el acto que su hijo ejecutó contra su propia sangre; sino por el odio y rabia que su acción desbordaba por doquier. Nunca habían visto a su primogénito reaccionar de esa manera y mucho menos, por una simple sangresucia.

Bella abrió sus ojos más de lo habitual al sentir como la respiración no alcanzaba a invadir sus pulmones. Sentía que de un momento a otro se desvanecería. Tomó el antebrazo de su sobrino y lo apretó con fuerza avisándole a éste que ya no soportaba el dolor. Emitió un gemido desesperante.

—¡Draco, basta! —ordenó Lucius Malfoy un poco atemorizado por resultado de ese acto tan violento.

El Slytherin hizo caso omiso a las suplicas de su padre. Ejerció un poco más de fuerza en su agarre que obligó a su tía a elevar el temor en su negra mirada. Quería asesinarla en ese momento y privar al mundo de una escoria más como lo era su tía Bellatrix Lestrange. Y fue en ese momento que deshizo ese mortal pensamiento al oír la débil voz de la castaña en su cabeza.

Draco…suel…suéltala…por favor…—suplicó Hermione al momento que cerró sus ojos debido al esfuerzo que uso para comunicarse con el rubio telepáticamente.

Con todo su odio; obedeció las suplicas de su otra mitad. Deshizo su agarre y al momento, el cuerpo sin fuerza de la mortía azotó contra el frío suelo. Le dedicó una última mirada de odio y regresó sobre sus pasos para llegar hasta el cuerpo caído de la ojimiel. Se arrodilló sobre ella y con delicadeza la tomó sobre sus brazos ante las miradas atónicas de sus padres y su desquiciada tía.

—Dra…co…—chilló la mujer de cabello rizado sorprendida por la escena y llevándose sus manos hacia su cuello para calmar el ardor que el agarre de su sobrino había dejado sobre este —¡Es una sangresucia! —chilló Bella usando la poca fuerza que le quedaba.

El príncipe de Slytherin no musitó nada. Solo tenía en mente el alejar a la castaña de la maldad de tu tía Bellatrix. En ese preciso momento, no le importaba el qué dirán. Su único propósito era establecer a la ojimiel que llevaba en sus brazos.

—¡Draco! —Insistía la morocha mortífaga hundida en rabia.

—Desobedeciste mis órdenes, Bella —habló el rubio atravesando el umbral de la habitación —. Atente a las consecuencias cuando se lo comunique al Lord…—finalizó sin despegar su mirada gris del camino.

Y fue en ese momento que Bellatrix sonrío de lado al descubrir el talón de Aquiles de su sobrino preferido.

.

Sintió como su cuerpo descansó sobre una cómoda superficie.

No tenía fuerzas para abrir sus ojos miel e identificar en donde se encontraba. La tortura de esa mortía la dejo exhausta. No podía creer la cantidad de maldad que podía habitar en el corazón de una persona. Los recuerdos de su tortura vinieron a su mente. Verse bajo las garrar de esa mujer fue lo peor que le pudo haber pasado. Verse desprotegida y a la merced de ella fue aterrador. Nunca, en el resto de sus días, olvidaría ese feo capítulo en su vida.

No obstante, una leve punzada en su antebrazo izquierdo la obligó a regresar en sí. Abrió sus ojos miel lentamente al mismo tiempo que iba recuperando su visión. Se descubrió dentro de una elegante habitación con detalles bañados en color verde y plata. No tenía que quebrarse la cabeza para reconocer a quien pertenecía esa enorme habitación. Pero…¿Qué había sucedido después de haber perdido la conciencia? No recordaba nada. De pronto, una cantora y gruesa voz, respondió a su pregunta mental.

—No sucedió nada, solo te tomé en mis brazos y te traje a mi habitación —mintió Draco de pie junto al marco del gran ventanal que permitía el acceso de la hermosa luz de la luna. Hermione ladeó su rostro y lo pudo observar de frente al ventanal; muy serio y pensativo —¿Cómo te encuentras? —le preguntó al mismo tiempo que regresaba su mirada gris a ella.

La leona parpadeó repetidas veces al instante que se acomodaba sobre la cama del rubio y recargaba su espalda sobre la cabecera de esta.

Draco se acercó a ella y tomó asiento a un costado.

La castaña contuvo la respiración por varios segundos al sentir el relajante calor que desprendía el cuerpo del platino. Sin poderlo evitar, partes específicas de su cuerpo reaccionaban al calor que este le brindaba. Hermione se sonrojó evidenciándose frente al engreído del ojigris.

El Slytherin sonrío de lado al leer los pensamientos de la castaña.

—Estoy…bien —contestó Hermione apenada por su estado. De pronto, un par de jóvenes vinieron a su mente —¡Harry, Ron ¿Están bien? —formuló rápidamente al sentir como su débil corazón golpeaba su pecho con fuerza.

—Descuida, ellos están bien —alentó Draco arrastrando las palabras —. Están seguros en la celda.

Hermione Granger no espetó nada más. Bajo su mirada hasta depositarla sobre sus piernas. No obstante, algo sobre el antebrazo izquierdo del rubio captó toda su atención. Rápidamente se posesionó de la extremidad del ojigris.

—¿Estás bien? —le preguntó observando la tela de esa zona bañada en sangre.

—No es nada —contestó el rubio sin darle la mayor importancia.

Hermione no pudo evitar examinarlo. Arremangó la tela de su brazo y pudo percatarse de la palabra sangresucia escrita sobre la piel pálida del platino. Fue en ese momento que a su mente vino el dolor que experimentó bajo las garras de Bella al perforar con sus filosos dientes su piel. Con disimulo, dejo de lado el brazo del joven y llevo su vista hacia el suyo: La misma palabra se encontraba escrita con fuego sobre su canela piel.

—¿Por qué no nos delataste? —cuestionó la bruja más inteligente de toda la historia. Alzó su mirada miel y la penetró sobre la gris del platino — Somos tus…enemigos —musitó confundida. Palabras de las memorias del rubio invadieron su mente.

Draco sonrió de lado.

—Ah, ya sé —expresó Hermione un poco desanimada —.Se me olvidaba que mientras yo esté en peligro, tú también…! Claro! ¡Como pude ser tan tonta!...pero esto me pasa por ser…—pero sus palabras fueron interrumpidas por unos pálidos labios que se posesionaron de los suyos.

La leona abrió más sus ojos por el sorpresivo acto. Amaba cuando el imbécil del Malfoy hacia eso. Sintió como todo su cuerpo se relajaba al sentir la lengua del rubio dentro de su cavidad bucal. Tenerlo muy cerca de ella; era como…visitar el bendito infierno. Lo abrazó por el cuello y lo pegó lo más posible a ella. No quería que ese beso fuera uno más de la lista. Quería que ese fuera especial; tanto para ella como para él. Quería confesarle que ella lo quería como él lo hacía. Pero esta vez en voz alta y de frente.

Draco amaba cuando ella adoptaba ese estado de histeria y demencia. Amaba sus gestos, su manera de morder su labio inferior cuando se encontraba nerviosa, su extraño tip de ceja, y por último; su mirada tierna e inocente que le dedicaba cada vez que sus ojos miel se conectaban con los suyos…fríos y grises. Así que, cuando la castaña comenzó a dar señales de histeria, decidió besarla hasta tranquilizarla, cometido, que logro. Rompió el ósculo observando el hermoso rostro de la ojimiel con sus ojos aun cerrados. No podía creer que ella se hubiese fijado en él…un momento…eso solo era efecto de la pócima.

—¿Más tranquila? —le preguntó a la joven quien abrió sus ojos al oír su voz.

Hermione se topó con su perfecto pálido rostro. Se quedó en silencio por unos largos segundos. Así que esa fue su manera de tranquilizarla ¿No? Ladeó su rostro fingiendo molestia. El rubio sonrió de lado.

—¿Cómo los capturaron? —preguntó Draco mirando a la castaña aun con su rostro de lado.

—Estábamos en la casa de Luna…—fue en ese momento que su amiga rubia se le vino a la mente —¡Luna! —exclamó Hermione regresando su mirada al platino —¡¿Se encuentra bien? —le preguntó un poco atemorizada.

—Descuida, está en la habitación contigua —le informó serio.

—Bien…creo que ya es tiempo de salir de aquí —confesó la Gryffindor colocándose de pie lista para ir por Luna, Harry y Ron.

El rubio impidió su avance al intercederla en su camino.

—Que ingenua eres, Granger —insultó Draco exasperado —¿Cómo demonios piensas salir de aquí con vida?

—De la misma manera que he salido de las otras —contestó penetrándolo con su mirada miel.

—Recuerda que un embrujo punzante tiene muy poca duración —le dijo leyendo un fragmento de la mente de la leona.

—Lo sé, por esa razón, tengo que salir de aquí cuanto antes —insistía la Gryffindor buscando con su mirada algo. Lo encontró al otro extremo de la habitación. Emprendió camino hacia el objeto ante la mirada de pesar que le proporcionó el blondo.

—¿A dónde vas?

—Por Luna…—respondió segura de sus palabras y pasos.

Draco rodó sus ojos con exasperación y sin pedirle permiso, la tomo del brazo y la acorraló entre sus brazos.

—Suéltame —ordenó la castaña tratando de zafarse de los brazos de su opresor. El ojigris no agregó nada —¡He dicho que me sueltes! —insistía como una loca dentro de un manicomio.

—No pienso dejar que arriesgues tu vida por esos imbéciles —confesó Draco mirándola con desagrado.

—¡Ya te lo dije, se cuídame sola!…

—De eso no tengo la menor duda…

—No pasara nada que exponga tu vida en peligro…

—Otra vez con eso…

—Son mis amigos y no pienso dejarlos ahí fuera con un montón de mortifagos que solo quieren ver muerto a Harry…

—Que se las arregle solo. Ya está bastante grandecito para hacerlo ¿No crees?

La castaña se rindió. Sabía que sus esfuerzos serían en vano. Draco no la dejaría ir tan fácil.

El mano derecha de Lord Voldemort se posesionó de la barbilla de su alma gemela. Esta obedeció a su acto involuntariamente. Observó como el rubio le sonreía sinceramente. Hermione le correspondió sin pensarlo.

—Por favor, ven conmigo…—suplicó la Gryffindor ante la mirada atónica del blondo —. Si le pido a Lupin que te de protección…lo hará.

—No insistas…ya tomé mi decisión —le dijo acariciando su mejilla —. Además, nunca estaría tranquilo con San Potter y la comadreja molestándome —agregó haciendo reír a la joven por un instante.

—Vamos…de cuando acá te interesas por Harry y Ron…nunca lo has hecho —recordó Hermione hundiendo sus dedos entre los hermosos cabellos del rubio—Además ¿Qué hay de mí?

Draco no pudo contenerse más.

La besó de nuevo. Pero esta vez con pasión y desespero.

La castaña pudo percibir su alterado estado. Lo necesitaba junto a ella. Para siempre…

No obstante, un tremendo estruendo interrumpió su ósculo.

—Bellatrix…—susurró el ojigris al momento que se separó de los labios color carmín de la leona —Quédate aquí y no se te ocurra moverte —le ordenó como el líder que solía ser.

Hermione no agregó nada más. Solo depositó un rápido y tierno beso en los pálidos labios de Draco Malfoy.

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—Piensa muy bien y cuidadosamente antes de contestar porque solo lo haré una vez —la rastrera voz de Bellatrix se oía amenazadora ante los oídos del par de leones quienes caminaban cautelosamente hacia la escena — ¿Quién tomó mi ¡espada! —gritó desesperada imitando la altura del pequeño duende.

—No lo sé —contestó el pequeño hombrecillo muy seguro de sus palabras.

—No lo sabes…—espetó la mortia fingiendo lástima en su voz —…no lo sabes porque obviamente no hiciste bien tu trabajo —prosiguió amenazadoramente.

Harry y Ron asomaron sus rostros evitándolos exponer ante los mortifagos presentes. Observaron como la tía de Malfoy apuntaba con su varita al rostro del duende.

El pelirrojo se extrañó al no ver a la castaña en la escena. ¿Dónde demonios estaría?

—¿Quién entró a mi bóveda? ¿Quién la robó? —Bella preguntaba al momento que se enderezaba y caminaba en círculos.

—Deje el banco de Gringotts hace semanas; la espada estaba ahí —confesó Gobbling con su mirada fija sobre un lugar específico del área.

—Ah, entonces la espada debió salirse caminando ¿Eh? —preguntó sarcásticamente.

—No hay mejor lugar seguro que Gringotts —defendió el ex empleado del banco.

—¡Mientes! —gritó la eterna enamorada de Lord Voldemort marcando el rostro del pequeño duende con su daga —. Considérate afortunado, duende —finalizó la mortifaga caminando en dirección contraria a la del pequeño hombrecillo. Detuvo su andar al soltar un pequeño suspiro de sorpresa al percatarse de la presencia de su sobrino en la habitación —. Draco —nombró intentando mostrar su mejor sonrisa.

—Llegaste a mi límite, Bella…—susurró el rubio recargado sobre el marco de la gran entrada —…el Lord sabrá ahora mismo sobre esto —finalizó alertando al par de Gryffindors aun escondidos.

Harry le dedicó una mirada alarmante a su amigo y esté entendió al instante.

—¡Ahora! —gritó el azabache mostrándose antes los ojos curiosos de los presentes.

Draco y Bella adoptaron su forma de combate.

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Malfoy tenía razón.

Un embrujo punzante no duraba el tiempo suficiente como para idear un plan. Se maldijo por no ser tan inteligente en esos momentos.

Suspiró intentando relajar su mente para pensar mejor. Sonrió de lado al recordar los apasionados besos que el rubio y ella protagonizaron apenas unos minutos atrás. ¡Por Merlín! Sí que lo quería y mucho. Se sentía como la niña más estúpida del mundo mágico cuando estaba cerca de él. Su pasado se borraba y su presente se aferraba a él. Ya no le importaba nada; solo quería estar junto a él por el resto de sus días.

¿Pero qué demonios estaba pensando?

Era obvio que el rubio jamás pensaría de ella en esa forma.

¿En qué momento se enamoró de él? ¿En qué momento le permitió entrar en su corazón y posesionarse de una parte de él?

—Basta, Hermione…—se regañó al momento que se jalaba su cabello con desespero.

—¿Hermione? —preguntó una tierna y dulce voz al final de la habitación.

La leona dirigió su vista hacia ese lugar y pudo identificar a una joven rubia con sus ropas un poco sucias.

—¿Luna? —preguntó la castaña asegurándose primero.

—¡Hermione! —expresó la Ravenclaw emocionada corriendo hacia ella al momento que se aventó sobre los brazos de la ojimiel

—Luna, estás bien —soltó Hermione alegre aceptando el abrazo al ver que la ojiazul se encontraba en perfecto estado —¿Cómo llegaste hasta aquí? —preguntó al momento que se separaba de ella y le acariciaba su largo cabello rubio.

—Iba de regreso a mi casa cuando me interceptaron en el bosque y me trajeron aquí —relató sin dejar de sonreír —¿Y tú que haces aquí?

—Harry, Ron y yo fuimos capturados en el bosque al momento que regresábamos…de tu casa —confesó un poco tímida por la reacción de la rubia ante la noticia.

—No te preocupes, mi padre no tenía más opción. Espero y lo disculpen —espetó Luna muy quitada de la pena.

Hermione sonrió tiernamente.

—Bien, tenemos que salir de aquí —ordenó posesionándose de la frágil mano de la Ravenclaw al momento que la guiaba fuera de la habitación.

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¡Expelliarmus! —conjuró Ron hacia la mujer de cabello rizado quien esquivaba el hechizo con burla.

¡Desmaius! —conjuró Harry haciendo que el hechizo impactara sobre el pecho de Lucius Malfoy y saliera volando por los aires.

Hechizo tras hechizo entre el par de Gryffindors y los mortifagos presentes.

—¿Es todo lo que tienen? —Bella se burló deshaciendo los débiles hechizos de sus oponentes con facilidad y sin esfuerzo alguno.

Ron se desvió de su oponente y se dirigió amenazadoramente hacia un rubio quien solo observaba la escena de duelo entre los presentes.

—¿Dónde está Hermione? —le preguntó con desespero queriendo saber el paradero de la castaña.

¡Crucio! —conjuró Draco sin querer dar explicaciones de donde la ojimiel se encontraba.

Harry contrarrestó el conjuro del ojigris haciéndolo desvanecer antes de tocar el cuerpo de su mejor amigo.

—¡Tú no te metas! —gritó el Slytherin enojado por el atrevido movimiento por parte del azabache.

—¡Me meto porque es mi amigo! —espetó Harry apuntando su varita hacia el líder de la manada. Y esté, lo desafiaba de igual manera.

—¡Alto ahí! —ordenó Bellatrix al captar toda la atención de los presentes.

El corazón de los tres jóvenes se paralizó al observar como la mortía tenía a Hermione apresada entre sus brazos y bajo amenaza de cercenarle el cuello si ellos no se detenían. Harry pudo identificar a Luna en los brazos de Narcissa Malfoy.

—Vaya, vaya, miren a quien tenemos aquí; es Harry Potter —habló Bella al percatarse de como el embrujo había desaparecido del rostro del azabache permitiéndole revelarse con claridad— .Suelten sus varitas —ordenó la mujer.

Harry y Ron obedecieron al segundo.

Draco se acercó a ellos y se posesionó de sus varitas.

Hermione mantenía su vista sobre el techo. No quería ver en los ojos de sus amigos el sufrimiento por ella.

El rubio mantenía su vista sobre su tía y la castaña entre los brazos de está. Se maldijo por estúpido.

—Draco…—llamó Bella posesionado su vista en su sobrino —…¿Qué esperas? —preguntó impaciente —. Recuerda que ya cometiste un error; dos ya no son de perdonarse. Así que decide —le aconsejó ejerciendo un poco de fuerza sobre el cuello de la castaña.

El Slytherin bajo su mirada gris al oír el quejido que soltó la Gryffindor.

Draco…—llamó Hermione en su mente.

El platino alzó su mirada de nuevo y la colocó encima de la joven.

No lo hagas, por favor —suplicó la leona al borde de las lágrimas.

—¿!Qué esperas! —gritó la tía el rubio al borde del precipicio.

Lo siento, Hermione…—la dueña de ese nombre se alteró al oír por primera vez, de los labios del platino, su nombre —…pero tengo que hacerlo.

—Hijo…—alentó Lucius tomándolo del hombro.

Harry y Ron sostuvieron el aliento por unos segundos.

—Llámenlo —ordenó Draco Malfoy resignado.

Hermione cerró sus ojos tristemente.

Bellatrix y Lucius sonrieron de lado. Este último alzó su manga exponiendo la marca tenebrosa sobre su antebrazo izquierdo.

No obstante, un chillido captó la atención de los presentes. Alzaron su vista hacia la grande bola de cristal que adornaba el techo. Bella ladeó su rostro un poco confundida al lograr identificar a un pequeño elfo sobre ella.

—¿Pero qué demonios…? —la mujer no pudo terminar de formular su pregunta ya que el gran candelero se desprendía del techo e impactaba sobre el suelo.

En un acto de salvarse, Bella liberó a Hermione y esta corrió en dirección a sus amigos. Ron la recibió en sus brazos. Harry aprovechó y se acercó hasta Draco para posesionarse de nuevo de las varitas. El azabache se paralizó al ver como el platino extendía su brazo hacia él y le hacía entrega del par de objetos.

—No tengo porque pelear por ellas —le dijo al momento que el ojiverde tomaba las varitas y regresaba con sus amigos aturdido por el comportamiento del rubio.

El padre del platino regresó a su postura normal ya que debido al impacto perdió toda su concentración.

¡Desmaius! —conjuró Harry al ver como el rubio mayor intentaba llamar al Lord.

—¡Estúpido elfo! —insultó Bella enfurecida —¡Pudiste matarme!

—Dobby no quería matar —habló la pequeña criatura —. Dobby solo quería mutilar o herir de gravedad.

Narcissa se preparó para atacar al grupo cuando el elfo la desarmó con facilidad.

—¡Te atreves a desarmar a una bruja! —gritó Bella más enfadada —¡Son tus amos!

—Dobby no tiene amos —contraatacó la pequeña criatura —. Dobby es amigo de Harry Potter y viene al rescate de sus amigos —finalizó el elfo desafiando la fría mirada de la mortia.

Está estaba que se la llevaba el mismito Voldemort.

—No tan rápido —avisó Sciabor llegando al lugar de los hechos acompañado por una manada de mortíos bien armados.

Esto hizo que a Bella se le bajará un poco el odio por ellos.

El rubio se maldijo de nuevo; ahora si no habría salida fácil para San Potter y sus amigos.

Tenía que tomar una decisión y pronto.

Draco mantenía su vista fija en la castaña. Está solo se aferraba con fuerza al abrazo de su mejor amigo. La castaña alzó su mirada miel y la colocó encima de la gris de su otra mitad. Un duelo de miradas se hizo presente entre ellos; ninguno quería perder la conexión primero. Hermione puedo descifrar, en la mirada del rubio, una especie de ¿Miedo? Cerró sus ojos al escuchar la voz del rubio en su mente.

Hermione…perdóname, por favor —le dijo haciendo que la leona reaccionará al instante. Conocía ese tono de voz y sabía…que de nuevo la traicionaría.

—¡NO! —gritó la castaña zafándose del agarre del pelirrojo.

—¡Hermione, no! —exclamó Ron al ver como la joven se le escapaba de las manos.

—¡Bella, ahora! —ordenó Draco haciendo que la mortia reaccionará al mandato y conjurara una maldición imperdonable.

¡Avada Kedavra! —conjuró Bella apuntando hacia el grupo de presos.

Harry y los demás lograron desviar el hechizo.

Hermione llegó hasta los brazos del rubio quien la capturó con agilidad.

—¡Por favor, aun estás a tiempo de venir conmigo! —suplicó la Gryffindor aferrada al cuerpo del platino.

—Basta, tienes que irte, pronto —ordenó como el líder que tenía que ser —. Es su oportunidad —la castaña entendió todo. No quiso herirlos; sino ayudarlos a escapar.

Ya no quedaba duda en su corazón. Ninguna.

No se pudo contener y capturo los pálidos labios del platino entre los suyos. Se besaron como si fuera la última vez que estarían cerca uno del otro y…no se equivocaron.

Un par de ojos azules se quedaron muy abiertos debido a la escena que estaba transcurriendo frente a sus ojos. No podía creer lo que estaba mirado. Hermione…Hermione Granger fundida en un apasionante beso con Draco Malfoy, su enemigo desde la infancia.

En otro lugar, un par de ojos negros comprobó su teoría.

—¡Hermione! — llamó Harry extendiendo su brazo hasta su amiga para que está lo tomara y pudieran desaparecer de ahí.

—Tienes que irte —finalizó Draco conduciendo a la castaña fuera de su alcance.

—¡Draco, no! —fue lo último que Hermione puedo articular al momento que sintió como unas brazos la tomaron por la cintura y tiraron de ella para introducirla dentro de una bola de humo.

—¡No se irán sin nada! —espetó Bella al momento que lanzó su daga contra la esfera de humo por la cual el grupo de jóvenes escapaba.

Draco solo puedo alcanzar a ver como la daga de su tía Bellatrix lograba introducirse por el conducto y desaparecía junto con Hermione, y sus amigos.

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Hizo que los bloques de concreto se partieran al conjurar un hechizo. Con un movimiento de varita, los hizo de lado y se introdujo con cuidado dentro de la tumba de Albus Dumbledore. Se detuvo a unos cuantos centímetros de distancia del cadáver del antiguo director de Hogwarts.

—Siempre te quise ver así —confesó sonriendo de lado como el monstruo en el cual se había convertido—. Ahora la varita de sauco es mía y yo reinaré por siempre en este infeliz mundo —le decía como si estuviese manteniendo una conversación a viva voz con él —. Ah, y pronto, tu querido Harry Potter morirá bajo mis manos.

Soltó una carcajada que hubiese hecho estremecer a cualquiera que estuviese presente.

Acarició la varita entre sus manos sintiendo como el poder recorría sus venas con brutalidad. La alzó hacia el cielo al momento que un tremendo rayo de luz impactó sobre la superficie bañada con polvos negros.

—¡Por fin tendré todo lo que siempre deseé! —finalizó con solo una imagen en su mente: Harry Potter.

Continuara…

.


.

¡Lo sé! ¡Lo sé! Está primera parte ha llegado a su fin.

Espero y les haya gustado como termino. Y de una vez les aviso que no tengo escrito ningún capítulo de la segunda parte. Así que, creo que tendrán que esperar unas semanas más para seguir leyendo está hermosa historia que hago para ustedes, mis nenas!

Sin nada más que agregar, me despido.

Atte.

Damián Malfoy