CAPITULO 10
Edward torció el gesto.
-Era la única manera, Bella- aseguro tratando de razonar con ella. Parecía angustiada. –Tu madre había muerto. Comprobé la cobertura de tu seguro cuando le dije a Seth que te pusiera en la nomina como ayudante. No tenía una opción médica mejor. Le dije a Seth que pensara en algún plan, pero tu madre se puso peor antes de que pudiéramos dar con algo-.
Bella era consiente de que le corazón le latía demasiado fuerte.
Nunca podría devolverle a Edward lo que había pagado. Había sido pobre toda su vida, pero nunca se había sentido tan humillada como en ese momento.
-Ahora son parte de mi vida- le dijo el con dulzura. –Tu madre, Ángela y tú. Por supuesto que iba hacer todo lo que pudiera por ustedes. ¡Por el amor de Dios, no trates de reducir lo que sentimos el uno por el otro aun puñado de dólares!-.
-No puedo devolvértelo- gimió.
-¿Te lo he pedido?-.
-Pero…- protesto Bella, preparándose para una larga batalla.
La puerta se abrió tras ellos y Theodore Graves, el jefe de policía entro. Tenía el ceño fruncido. Asintió mirando a Edward y se acerco a Bella.
Se hecho el sombrero atrás.
-El ayudante del fiscal de distrito. James, dice que has accedido a acusar a Newton de un delito menor- aseguro. –No quiere hablar conmigo del tema, y me gustaría que tu me dieras una explicación-.
Bella suspiro. Se sentía culpable.
-Es por mi madre- confeso. –El- dijo señalando a Edward. –Es muy conocido. Si el caso llega a los tribunales, aparecerán los periodistas para averiguar por que esta relacionado aun caso de acoso sexual. Mi madre se estresara mucho, el cáncer volverá y tendremos que enterrarla.
Graves torció el gesto.
-No había pensado en eso- murmuro frunciendo el ceño. -¿A que te refieres cuando dices que es muy conocido?- pregunto señalando a Edward. –Es un capataz de rancho-.
-No- dijo Bella con un suspiro. –Es Edward culle-.
Graves alzo sus obscuras cejas.
-¿De los Cullen de Phoenix?
Edward se encogió de hombros.
-Me temo que si-.
-Oh, Dios mío…-.
-Pero al menos tendrá antecedentes policiales- repitió Bella.
-De acuerdo- suspiro el jefe de policía. –Me conformaría con que pasara un tiempo en la sombra-.
-Bien- intervino Edward. –Yo soy el más decepcionado, pero no quería ver a mi futura suegra morir por culpa de esto-.
-¿Suegra?- Graves lo miro asombrado.
-Bueno, tenemos que hablar de ello- protesto Bella sonrojándose.
-Ya lo hemos hablado- replico Edward. –Prometiste que te casarías conmigo-.
-Eso fue antes de que supiera quien eres- le espeto con dureza.
-Me gustan las bodas- comento Graves con una sonrisa.
-Agradezco tu interés- le atajo Bella. –Me gustaría enviar al señor Newton yo misma a prisión si el precio no hubiera sido tan alto-.
-Que coincidencia- murmuro Graves entornando los ojos. –Durante las dos últimas semanas yo no he pensado en otra cosa que en enviarlo a la cárcel. De hecho, nunca viene mal recomendar la prisión del fiscal del distrito- aseguro.
-El señor James dice que es poco probable que ingrese en la cárcel, ya que es su primer delito- dijo Bella con tristeza.
-Que curioso- respondió el jefe con una sonrisa malévola. –Ayer pase un rato delante del ordenador y me tope con una condena anterior por acoso sexual, donde el señor Newton estuvo trabajando hace dos años. Estuvo en libertad condicional por ello. Lo que lo convierte en reincidente- Graves sonrió de modo angelical. –Se lo acabo de contar a James-.
-¿De verdad?- Bella contuvo el aliento.
-Pensé que te gustaría saberlo- aseguro el jefe de policía. –Imagine que un hombre así debería tener una condena en algún sitio. Así que empecé a buscar por los estados adyacentes. Comprobé el historial de delitos, se me encendió una luz y llame al fiscal del distrito en que se puso la denuncia. ¡Menuda historia me conto! Así que esta mañana a primera hora fui a hablar con James-
-Ahora me siento mejor por haber accedido a llegar a un acuerdo- aseguro Bella. –Su historial delictivo afectara la sentencia, ¿verdad?-.
-Sin duda- le aseguro Graves. –Y, además, el juez que se va a encargar de su caso es famoso por su severidad ante los delitos sexuales. Es una mujer-.
A Bella se le iluminaron los ojos.
-Pobre señor Newton-.
-Que bueno que haya venido a traernos las últimas noticias- dijo Edward encantado.
Graves se calo el sombrero hasta los ojos.
-No se olviden de mi invitación para la boda- les pidió sonriendo.
-Gracias otra vez- dijo Bella.
-Me gustan los finales felices- se despidió Graves.
Cuando se hubo marchado, Edward se giro hacia Bella con mirada escrutadora.
-Voy a venir a buscarte después de la cena- le informo. –Tenemos mucho de que hablar-.
-Edward, soy pobre- comenzó a decir.
El se reclino en el mostrador y la beso con dulzura.
-Yo seria pobre si no te tuviera a ti- le dijo tiernamente. Saco una cajita recubierta de terciopelo del bolsillo y se la puso en las mano. –Ábrela cuando me haya ido-.
-¿Qué es?- pregunto ella en un susurro.
-Algo de lo que tenemos que hablar, por supuesto- Edward le guiño un ojo y le sonrió de oreja a oreja. Salió por la puerta y cerro despacio tras de si.
Bella abrió la cajita. Era una alianza de boda de oro y un precioso anillo con un diamante. Se les quedo mirando hasta que las lágrimas le quemaron los ojos. Un hombre compraba un juego de anillos como esos cuando quería que se heredaran, que pasaran de generación en generación. Bella los estrecho contra su corazón. A pesar de sus diferencias, sabia lo que iba a decir.
La señora Swan tardo varios minutos en entender lo que Bella le estaba diciendo.
-No, cariño- insistía. –Edward trabaja para el señor Cullen. Eso fue lo que nos dijo-.
-Si, pero no menciono que Masen era su segundo apellido- replico Bella con paciencia. –Su hermano Emmett y el son ganaderos muy famosos-.
Su madre se reclino hacia atrás exhalando un suspiro.
-Que hermosura- dijo acariciando la alianza antes de alzar la mirada asía su hija con los ojos empañados en lágrimas. –Va enserio, ¿verdad?-.
-Si, creo que si- Bella suspiro y se sentó al lado de su madre. –Todavía no me lo puedo creer-.
-La cuenta del hospital…- comenzó a decir la señora Swan. –No había ningún fondo, ¿verdad?-.
Bella negó con la cabeza.
-Edward dijo que no podía quedarse mirando como te morías. Te tiene cariño-.
-Yo también se lo tengo a el- replico la señora Swan. –Y quiere casarse con mi hija- sus ojos adquirieron un brillo extraño. –Es curioso. ¿Recuerdas que te conté que mi abuela que yo seria pobre pero que mi hija viviría como una reina?- se rio. -¡Dios mío!-.
-Quiza fuera clarividente de verdad-. Bella tomo loa anillos de mano de su madre y se les quedo mirando. Al parecer, los sueños podrían hacerse realidad.
Edward fue a buscarla justo cuando se puso el sol.
Se tomo un tiempo para saludar con un beso a la señora Swan y a Ángela para asegurarles que no pensaba llevarse a Bella fuera del pueblo cuando se casaran.
-Voy a llevar este rancho yo mismo- la tranquilizo con una sonrisa. –Bella y yo viviremos aquí. La casa tiene sitio de sobra, así que pueden venir a vivir con nosotros-.
La señora Swan parecía preocupada.
-Tal vez no sea mucho, Edward, pero yo naci en esta casa. He vivido aquí toda mi vida, incluso después de casarme-.
Edward se inclino para volver a besarla.
-De acuerdo. Si quieres quedarse aquí, haremos algunos arreglos y le buscaremos a alguien que le haga compañía-.
-¿Harías eso por mi?- los ojos de la señora Swan se iluminaron.
-Todo es poco para mi segunda madre- le aseguro el, y lo decía enserio. –Ahora Bella vamos a hablar de los detalles. Nos veremos luego-.
Edward la llevo al rancho. La cuadra estaba ya levantada, los establos, apunto de terminarse, y la casa, completamente reformada. Guio a Bella hasta la cocina, sonriendo ante su entusiasmo.
-Podemos tener cocinera si lo prefieres- dijo. Ella lo miro mientras deslizaba las manos por el horno lleno de botones relucientes.
-Oh, me gustaría encargarme yo- vacilo un instante. –Edward, en cuanto a mi madre y a Ángela…-.
El se aparto del quicio de la puerta en la que estaba apoyado y la estrecho entre sus brazos. Tenía una expresión seria.
-Se que estas preocupada por ellas. Pero hablaba enserio cuando dije lo de l acompañante. Necesita una enfermera, pero esa pare no se la contaremos a tu madre todavía-.
-Todavía no esta completamente recuperada. Se que una enfermera cuidarla de ella, pero…-.
-Me gusta como te preocupas por los tuyos- Edward sonrió. –Se que no esta lo suficientemente fuerte como para quedarse sola y que no lo admitirá. Pero estamos muy cerca y puedes ir todos los días a verla-.
-De acuerdo- Bella sonrió. –Es que me preocupo-.
-Esa es una de las razones que mas admiro de ti. Tu gran corazón-.
-Tendrás que viajar mucho a las ferias de ganado, ¿verdad?- le pregunto ella, recordando lo que había leído en una revista sobre los Cullen antes de saber quien era Edward.
-Antes lo hacia- dijo el. –Tenemos un capataz que ahora esta exhibiendo los toros del rancho de Emmett. Lo traeré aquí para que haga lo mismo con los nuestros. Ahora no quiero estar fuera de casa a menos que sea absolutamente necesario-.
-Y yo no quiero que te vallas a menos que me lleves contigo- sonrió ella.
-Pensamos lo mismo- dijo Edward. –No le he dicho nada a tu madre, pero ya he entrevistado a varias mujeres que podrían estar interesadas en ser internas. También he comprobado sus referencias. Cuando supe que iba a casarme contigo empecé a pensar en como se la iba a arreglar tu madre sin ti-.
-Eres una caja de sorpresas- aseguro Bella sin aliento.
-Si, lo soy- reconoció el con una sonrisa. –Las candidatas empezaran a llamar a la puerta sobre las diez de la mañana del viernes. Tu madre será más feliz en su propia casa, Bella-.
-Creo que tienes razón- murmuro ella alzando la vista para mirarlo.
-Podemos comprarle más comodidades y arreglar lo que esta mal en la casa-.
-Hay muchas cosas que están mal- aseguro Bella preocupada.
-Soy rico, como tu me has recordad- respondió Edward con naturalidad. –Puedo cubrir los gastos de todo lo que ella y Ángela necesiten. Después de todo, son mi familia-.
Ella lo abrazo con calor y coloco la mejilla sobre su pecho.
-¿Quieres tener hijos?- le pregunto.
Edward alzo las cejas y sus ojos verdes brillaron.
-Por supuesto. ¿Quieres que empecemos ahora mismo a encargarlos?- miro a su alrededor. –La mesa de la cocina es un poco pequeña pero… ¡Ay!-.
Bella le retiro el puño del estomago.
-Ya sabes a que me refiero. De verdad, ¿Qué voy hacer contigo?-.
-¿Quieres que te de alguna pista?- se ofreció Edward sonriendo con malicia mientras ella se sonrojaba violentamente.
-Mira por la ventana y dime lo que ves- le pidió ella.
Edward obedeció. Había gente entrando y saliendo de los establos sin terminar, trabajando en el interior.
-Te aseguro que si se te ocurre aun que sea besarme, estaremos en todas las páginas de sociedad de Internet- le dijo. –Y no solo por ser quien eres-.
Edward se rio a carcajadas.
-De acuerdo. Esperaremos- miro hacia fuera otra vez y torció el gesto antes de guiarla hacia un pasillo oscuro. –Necesitaran visión nocturna para vernos aquí- aseguro mientras se inclinaba para besarla con deseó.
Ella lo beso a su vez, sintiendo un calor explosivo por dentro tan intenso que pensó que iba arder. Se estremecía cuando Edward la besaba así, con la boca y con todo el cuerpo. El le deslizo las manos por la blusa y por los pechos. Sintió sus duros pezones y gimió, besándola todavía con más fuerza.
Bella no sabia nada sobre encuentros íntimos, pero de pronto deseaba vivir uno desesperadamente. Se alzo encima de el, tratando de acercarse todavía mas. Edward la apretó contra la pared y apoyo su cuerpo contra suyo, besándola mas y mas hasta que Bella gimió en voz alta y se estremeció.
Aquel sonido atravesó la mente de Edward. Se aparto de ella y dio un paso atrás, aspirando con ella el aire para recuperar el control que había estado apunto de perder.
-¿Te paras?- pregunto Bella sin aliento.
-Si, me paro- respondió ella tomándola de la mano y llevándola de nuevo a hacia la cocina. Tenía las mejillas sonrojadas. –No volveremos a estar solos hasta la boda- añadió con firmeza mirándola a los ojos. –Vamos hacerlo todo del modo convencional, ¿de acuerdo?-.
Ella sonrió con todo su corazón.
-De acuerdo-.
-De todas maneras, no tenemos cama todavía- suspiro Edward.
A Bella le brillaron los ojos. Edward era muy divertido, y cuando la besaba veía fuegos artificiales. Su matrimonio iba a ser magnifico, de eso estaba segura. Dejo de preocuparse por ser pobre, cuando se abrazaban, el dinero no importaba en absoluto.
El siguiente obstáculo fue el más duro. Edward anuncio una semana después que su familia iba a llegar a conocer a su futura esposa. Bella no pudo dormir aquella noche por la preocupación. ¿Qué pensaría aquella gente tan rica cuando viera donde vivían, lo pobres que eran? ¿Creerían que solo iba tras el dinero de Edward?
Todavía seguía preocupada cuando aparecieron la tarde siguiente por la puerta con Edward. Bella apareció ante ellos en el porche con su mejor vestido, que tenia dos años y estaba pasado de moda. Pero al hombre alto y a la esbelta mujer de cabello rubio no parecía importarles como iba vestida. La mujer, que no parecía mucho mayor que ella, la abrazo con cariño.
-Soy Rosalie- se presentó sonriendo de oreja a oreja. –y el es Emmett, mi marido-.
Emmett sonrió y le estrechó la mano con calor.
-Y estas son nuestras niñas, Bess y Jenny- continúo Rosalie señalando a las dos niñas rubias que llevaba tomadas de cada mano. –Digan hola, es la prometida del tío Edward-.
Bess, la as alta, miro a Bella con los ojos muy abiertos.
-¿Vas a casarte con el tío Edward? Es muy simpático-.
-Si, lo es- reconoció Bella agarrando a Edward de la mano. –Les prometo que cuidare muy bien de el. Vamos pasen- les dijo. –Lo siento, es un sitio muy… - añadió avergonzada.
-Bella, a nosotros nos crio nuestro tío, que odiaba las cosas materiales- le dijo Emmett con dulzura. –El creció en un sitio como este. Nos gusta pensar que eso nos forjo el carácter-.
-Lo que quiere decir es que no te disculpes- dijo Edward en un susurro.
Bella se rio. Más tarde se entero de que Rosalie había crecido en condiciones mas duras, en una zona de África que estaba en guerra. Sus padres, misioneros, fueron asesinados allí.
La señora Swan, con Ángela a su lado, los saludo un poco tímida.
-Deja de poner esa cara- la reprendió Edward abrazándola. –Esta es mi futura suegra, la mujer más dulce que he conocido además de Rosalie-.
-¿Y yo?- pregunto Bella haciendo un puchero.
-Tú no eres dulce. Tu eres una maravilla- le dijo con una sonrisa.
-De acuerdo, me conformo con eso- se giro ella girándose hacia los demás. –Entren y siéntense ¿Hago café?-.
-No, por favor- protesto Emmett. –Ya me he tomado como cinco cafeteras de camino aquí. Anoche nos acostamos tarde tratando de recolocar la valla tras una tormenta. Rosalie ha conducido casi todo el camino hasta aquí. No creo que pueda volver a tomar café en mi vida-.
-¿Saliste con tus hombres a arreglar la valla?- pregunto la señora Swan sorprendida.
-Por supuesto. Siempre lo hago- respondió Emmett con naturalidad.
La señora Swan se relajo. Y su hija también. Aquella gente no era como habían esperado. Incluso Ángela se sintió cómoda, con lo tímida que solía ser con los desconocidos. Fue una visita maravillosa.
-Bueno, ¿Qué te parece?- le pregunto Edward a Bella mas tarde, cuando se preparaba para regresar al rancho.
-Son estupendos- respondió acomodándose contra su pecho en el porche obscuro. –No son ningunos esnobs. Me gustan-.
-Y tú a ellos también- añadió Edward con una sonrisa. –Ya no hay más obstáculos. Ahora lo único que tenemos que hacer es casarnos-.
-Pero yo no se como organizar una gran boda- dijo Bella.
-No te preocupes. Conozco a alguien que puede hacerlo-.
La boda organizo maravillosamente una profesional que Edward contrato. Era una mujer joven y dulce, y al parecer muy discreta e interactiva. Bella estaba fascinada con las bodas que había organizado por todo el país, entre ellas la de su cantante favorito.
-¿Tu organizaste esa boda?- exclamo Bella.
-Así es. Esa es la razón por la que me ha contratado tu futuro marido- admitió la joven. –Soy la discreción personificada. Y ahora dime que colores te gustan y nos pondremos a trabajar-.
Se decidieron por una combinación de rosa, amarillo y blanco. Bella había pensando en un sencillo vestido blanco, pero Mari Alice Brandon le enseño un traje de alta costura con los tonos bordados en seda. Era el vestido de novia más bonito que Bella había visto en su vida.
-¡Pero se podría comprar una casa con ese dinero!- exclamo al enterarse del precio.
Edward, que acababa de entrar en el salón de su casa, se detuvo en la puerta.
-Solo nos vamos a casar una vez- le recordó.
-Pero es muy caro- protesto ella.
Edward se acerco al sofá y miro por encima del hombro a la fotografía del vestido.
-Cómpralo- le dijo a Alice.
Bella abrió la boca. El se inclino para callarla con un beso y volvió a salir. Alice sonrió.
Edward tenía otra sorpresa para ella metida en una cajita. Era un regalo de boda anticipado. Se había enterado de que había empeñado el reloj y la pistola de su abuelo para pagar las facturas y los había recuperado. Bella lloro como una niña. Lo que significo que Edward tuvo que consolarla a besos.
Ella insistió en seguir trabajando a presar de las protestas de Edward. Quería ayudar más en la boda y se sentía culpable por no hacerlo, pero Alice lo tenía todo organizado. Se enviaron las invitaciones y se hicieron arreglos florales. Se contrato a una pequeña orquesta para que tocara en la fiesta.
La ceremonia iba a celebrarse en le rancho familiar para asegurarse la privacidad. Emmett ya había dicho que se iba a contratar más seguridad para la ocasión que la que tenía el presidente de Estados Unidos. Nadie iba a estropear aquella boda. Y nadie podría entrar sin invitación y carnet de identidad.
-¿Eso es realmente necesario?- le pregunto Bella a Edward cuando se quedaron solos.
-NI te imaginas lo conocidos que son nuestros padres- suspiro el. –Ellos también vendrán a la boda, y mi padre no puede mantener la boca cerrada. Emmett y Rosalie le han hablado de ti y ya le están hablando a todo el que quiera escucharlo de su nueva nuera-.
-¿Yo?- Bella estaba asombrada. –Pero si no tengo ninguna habilidad especial, y ni siquiera soy guapa-.
-Tienes el corazón mas grande que he visto en mi vida- le aseguro el sonriendo. –Lo que te hace especial no es lo que haces o lo que tienes, si no lo que eres, Bella-.
Ella se sonrojo.
-¿Y tu madre?-.
Edward la beso en la punta de la nariz.
-Esta tan contenta de tener acceso a sus nietas que nunca monta ningún escándalo por nada. Pero esta encantada por que haya alguien en la familia que sepa hacer punto-.
-¿Cómo sabes que se hacer punto?-.
-¿Crees que no me he fijado en las mantas y en los tapetes que hay por toda la casa?-.
-Podría haberlos hecho mamá-.
-Pero no es así. Ella me conto que puedes hacer incluso jerseys. A mi madre le encantaría aprender. Quiere que le enseñes-.
-Por supuesto, es facilísimo. ¿No le importa que sea pobre? ¿Y los demás? ¿No piensan que me caso contigo por el dinero?-.
-Bella- le dijo Edward muy serio-, tu no sabias que tenia dinero hasta que te pedí en matrimonio. Y ellos lo saben-.
-De acuerdo entonces- suspiro ella.
Edward se inclino para besarla.
-Solo quedan unos días- murmuro. –No puedo esperar-.
-Yo tampoco- confeso Bella. –Es muy emocionante. Aunque implica mucho trabajo-.
-Alice esta haciendo casi todo para que tu no tengas que molestarte. Bueno, tendrás que buscar los vestidos adecuados para tu madre y Ángela-.
-Eso no es trabajo- se rio ella. –Les encanta ir de compras. Me alegro de que mamá haya terminado ya con la quimioterapia. Cada día esta mejor. Me preocupaba que estuviera débil como para venir a la boda, pero dice que no se la perdería por nada del mundo-.
-Tendremos a una enfermera profesional en la boda- le aseguro Edward. –Por si acaso. No te preocupes-.
Por fin llego la boda. Bella se había mordido la uñas hasta la raíz por la preocupación de que algo saliera mal. Edward le aseguro que todo iría sobre ruedas, pero ella no era capaz de relajarse.
Aun que una vez que estuvo en la puerta del gran salón de baile de la mansión de los Cullen, donde se iba a celebrar la boda, estaba menos nerviosa. La visión de Edward vestido de esmoquin delante del altar la tranquilizo. Espero a que sonara la música y entonces agarro con fuerza el ramo de flores y empezó a caminar despacio por el pasillo. El corazón le latió locamente cuando llego hasta Edward y el sonrió. Era el hombre más guapo que había visto en su vida. ¡Y se iba a casar con ella!
El sacerdote les sonrió a ambos y comenzó la ceremonia. Todo fue rutinario hasta que le pregunto a Edward si tenía los anillos. Edward comenzó a rebuscarse en los bolsillos y no los encontró. torció el gesto, asombrado.
-Tío Edward ¿no te acuerdas?- murmuró Jenny a su lado alzando un cojín de seda. –Los anillos los tengo yo-.
Edward los tomo de la almohadilla y se inclino para besar a su sobrina en la frente. La niña se rio y corrió a ponerse al lado de su hermana Bess.
El sacerdote termino la ceremonia he invito a Edward a besar a la novia. El levanto el precioso velo bordado que le cubría el rostro y lo hecho hacia atrás. Sus ojos buscaron los suyos. Le sujeto el rostro con sus grandes manos. Se inclino para besarla con tanta ternura que las lágrimas rodaron por las mejillas de Bella.
Volvió a sonar la música. Bella tomo a Edward de la mano y juntos recorrieron el pasillo para subir por la puerta. La fiesta iba a celebrarse en un gigantesco comedor del que se habían retirado los muebles para la ocasión. Mientras comían la tarta nupcial y se hacían las fotos, sonaban los acordes de Debussy interpretados por la orquesta. Bella vio que había estrellas de cine, políticos y al menos dos multimillonarios entre los invitados. Se estaba codeando con gente que solo había visto en las revistas. Era fascinante.
-Un obstáculo mas, señora Cullen- le susurro Edward-, y entonces podremos irnos una semana entera a Cancún-.
-Sol y playa-.
-Y tú y yo. Y una cama- Edward alzo las cejas.
Bella se rio y escondió la cara contra su pecho para disimular el sonrojo.
-Bueno, no ha estado mal la boda- dijo una voz familiar detrás de ellos-.
El jefe de policía Graves llevaba puesto un traje muy bonito y tenia un plato con un trozo de tarta en la mano.
-Pero no me gusta la tarta de chocolate- señalo. – Y no hay café-.
-Si hay café- aseguro Edward alzando una taza. –Yo no voy a bodas en las que no sirvan café-.
-¿De donde lo has sacado?- pregunto el policía.
Edward señalo hacia una esquina del fondo, donde había una cafetera medio llena detrás de un jarrón con flores.
Graves sonrió.
-Espero tengan una vida larga y feliz juntos-.
-Gracias, jefe Graves- le dijo Bella.
-Me alegro de hayas podido venir- aseguro Edward.
-Les he traído un regalo- dijo de pronto. Rebusco en sus bolsillos y saco un paquetito. –Es algo muy útil-.
-Gracias- dijo Bella conmovida tomándolo de sus manos.
El policía le dirigió a Edward una mirada cómplice, sonrió y fue en busca del café.
-Me pregunto que será- murmuro Bella abriendo el paquete.
-¡Vaya!- exclamó Edward cuando vio lo que había dentro.
Bella miro por encima de su hombro y sonrió con afecto. Eras dos DCs dobles de música romántica.
Miraron hacia la esquina donde estaba la cafetera. Graves alzo su taza en su honor. Ellos se rieron y lo saludaron con la mano.
Bueno pues aquí esta el capitulo final, espero que le haya gustado y no se preocupen que pronto actualizare mi otro fic.
Espero no tardar mucho en subir el epilogo.
Besos y abrazos no se olviden de dejarme un reviews.
