Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer aunque yo haya cambiado los roles y apellidos en esta historia que sí es toda mía.
Perdonen que me tarde tanto con las actualizaciones, pero la vida real no ayuda.
Y por favor, no me manden a nadie a que corte mi cabeza.
Capítulo beteado por Kelly Escobar (Beta FFAD)
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"La mente es como un paracaídas, sólo funciona si se abre" Albert Einstein
Advertencia: Abrid sus mentes. Pueden encontrar escenas fuertes o subidas de tono. Algunos de los personajes de Twilight han cambiado de rol y hasta de apellido, es mi culpa.
Capítulo 9
Querer y no poder hacerlo
Volveré de nuevo,
No, este no es el fin.
He fallado esta vez, pero ahora no me venceré.
Quiero al mundo para saber que no te dejaré olvidar
Las lágrimas que arrojas
Haré lo imposible para dejarlas ir.
Losing my mind
Maroon 5
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Tomar decisiones no es fácil, pero tomar decisiones que impliquen sentimientos es una tarea titánica, más aún cuando somos capaces de predecir las consecuencias de dichas decisiones y nos damos cuenta de que muchos serán lastimados por nuestra causa.
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Edward salió de la casa de Bella hacia donde su abuela cuando finalmente la lluvia cesó; dejó a su Bella durmiente en su cama una vez esta se quedó dormida en el sofá, donde habían pasado la tarde hablando mientras intentaba que ella se olvidara de la lluvia y de los truenos, tardó un poco en hacerlo pero lo logró; Bella se abrió a él, le contó sobre sus sueños, sus gustos musicales, se enteró que ella hablaba perfectamente español, gracias a que el padre de esta le había enseñado desde pequeña e incluso Bella le contó que mucha de la música que escuchaba era en ese idioma precisamente. Edward quedó impresionado, Bella estaba resultando para él toda una caja de sorpresas.
Cuando Edward llegó a casa de su "Ita" esta estaba sentada en la cocina tomándose una taza de té, en cuanto vio a Edward corrió a su encuentro.
— ¡Mi niño! —Le abrazó—. Has venido a verme, ¡qué guapo estás Edward! —exclamó Marie.
Un sonrojo se hizo presente en las mejillas de Edward por el cumplido de su abuela.
—Hola, Ita —le saludó él, correspondiendo su tierno abrazo—. Extrañaba tus deliciosas galletas y un vaso de leche, y como estaba cerca no pude evitar venir a visitarte —anunció Edward, soltándose del abrazo de su abuela.
— ¡Eres un pillo! Yo pensé que venías a verme y solo vienes por galletas y leche —dijo juguetonamente la anciana.
— ¡Ita! Claro que vengo a verte —protestó Edward—, pero tus galletas son más que un aliciente —se explicó.
—No creo que mis galletas sean tan buen aliciente como la hija de Kate Allen. —Edward se quedó sorprendido—. Mis galletas no hacen que tus ojos brillen y que esa sonrisa se quede plasmada en tu rostro, eso solo lo hace Isabella —comentó Marie.
—Ita… yo… —Edward tartamudeaba—. ¿Cómo… te…? ¿Cómo lo sabes? —preguntó Edward suspirando.
—Mi niño, los años y estas canas que hoy tengo no han sido gratis, son experiencia, experiencia que solo da mi edad y pues… sé que vienes de allí, te vi entrar cuando empezaba a llover —Marie manifestó con una sonrisa divertida en su rostro.
Los ojos de Edward se ensancharon y su corazón se aceleró, ¿tan obvio era lo que Bella provocaba en él?
—Veo que no me equivoco —afirmó Marie.
—No, Ita, no te equivocas —aceptó Edward caminado hacia la cocina y abriendo el refrigerador, sacó la leche y se sirvió un vaso.
Marie le siguió, fue hacia el recipiente de las galletas que estaba en la alacena, puso varias en un plato que llevó a Edward y sentó a su lado.
— ¿Y si es cierto, por qué sigues con Bree? Edward, uno debe estar con quien quiere de verdad —le cuestionó Marie, mientras él comía en silencio las galletas.
— ¿Por qué? Porque no quiero hacerle daño a nadie, Ita. No quiero que nadie sufra por mi culpa —habló Edward algo nervioso.
—Edward… —le llamó Marie atrayendo la atención de él—, ¿no te das cuenta? Esa idea tuya solo te está haciendo sufrir a ti y tu felicidad es primero.
—Pero… —Edward intentó refutar a su Ita.
—No, jovencito. No me vengas con excusas, ya he visto muchas veces a personas en esta situación y no pienso quedarme callada cuando veo que te mueres por mi vecinita Isabella, que por cierto es un amor de chica —expresó Marie haciéndole callar.
Edward se sumió en sus pensamientos, sabía que su Ita tenía la razón; él sufría por no poder acercarse a Bella como deseaba, pero él estaba con Bree y no quería que Bella se convirtiera en la tercera en discordia y que no solo Mike se interpusiera sino que Bree reaccionara de manera adversa; por otra parte, no tenía claro si Bella le correspondía, si sus sentimientos hacia él eran igual a los de él hacia ella, aunque ella siempre se había mostrado tan cariñosa con él y tan fuerte y vulnerable a la vez, como hace unas horas atrás cuando entre furiosa y feliz, le dio a conocer que sabía que él había sido el artífice de todo su vestuario para la presentación en el auditorio.
— ¿Entonces te fue muy bien? —preguntó Edward a Bella, refiriéndose a su interpretación en el auditorio del Saint Patrick.
—Sí, me traje todos los premios —respondió Bella tímida, jugando con el borde de su vestido.
—Bonito vestido —dijo él tomando la mano de Bella entre las suyas para que dejara de juguetear con el vestido.
—Es bonito porque lo hiciste tú —declaró Bella mirándole a los ojos y de inmediato Edward se sonrojó.
— ¿Quién te dijo eso? Yo no… —quiso refutar Edward, pero un destello de furia en la mirada de Bella le hizo callar.
—Sé que fuiste tú, no lo niegues —gritó Bella al tiempo que le señalaba con el dedo índice de manera acusatoria—. No me tomes por tonta, yo vi el bosquejo ese día que nos encontramos en el autobús —declaró Bella.
Edward se quedó con la boca abierta, Bella se había dado cuenta de todo, sabía que él había sido quien en realidad le había hecho esos regalos.
—Está bien, no lo niego —dijo Edward dándose por vencido—. Pero… ¿Te gustó? —Edward sonrió ladinamente. Bella sonrió de vuelta.
—Me encantó —exclamó Bella aún sonriente—. Muchas gracias, Edward. —Bella corrió y abrazó a Edward de manera efusiva.
Edward la apretó contra él, se sentía bien tenerla así, cerca de él, sintiendo el olor de su cabello, el calor de su piel y la manera tan férrea en la que lo aprisionaba en sus brazos, como si ella también sintiera algo parecido a lo que él sentía por ella.
—Planeta tierra llamando a Edward Anthony Cullen —exclamó Marie divertida, mientras veía a Edward mirando hacia la nada y sonriendo con ese brillo en sus ojos—. Planeta tierra llamando a Edward Anthony Cullen —repitió ella zarandeándolo un poco.
—Dime, Ita —habló Edward pestañeando varias veces.
— ¡Caray! Mi niño, esa chica te tiene en las nubes —dijo riendo Marie.
—La quiero, Ita. Quiero a Isabella —expresó Edward sonriendo.
—Eso ya lo sé, solo haz lo que tienes que hacer —le aconsejó Marie.
—Eso haré —aseguró Edward, poniéndose de pie y dándole un beso en la mejilla a Marie, su Ita; salió corriendo como si su vida dependiera de ello en dirección a su casa, para recoger su moto y luego ir a ver Bree.
Terminaría con Bree; lo haría por su Bella durmiente, pero sobre todo, lo haría por él.
Llegó a su casa fatigado, Edward había corrido 15 minutos sin descansar, su corazón estaba a punto de salirse de su pecho; una combinación entre la emoción y el frenesí por haberse estado comportando como un tonto en todo ese tiempo. Justo cuando se dirigía al garaje para tomar su moto su celular sonó, anunciando que tenía un mensaje en espera de ser leído, Edward sacó el celular de su bolsillo y abrió el mensaje de texto, de inmediato vio que se trataba de un mensaje de Bree.
"¿Podemos hablar?
Te estaré esperando en la cafetería.
Besos.
Bree"
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Al entrar a la cafetería, Edward vio a Bree sentada en la mesa que se encontraba al final del pasillo, parecía cabizbaja, ella levantó la mirada en cuanto sintió a Edward acercándose y fue entonces cuando él se dio cuenta que no se había equivocado, los ojos de Bree estaban rojos e hinchados, ella había estado llorando.
—Hola, Bree —saludó Edward dándole un beso en la mejilla, evitando que ella intentara besarlo en los labios.
—Hola, cariño. —Sonrió falsamente Bree. Edward se sentó frente a ella.
—Dime, Bree, ¿qué pasa? —preguntó Edward preocupado al ver el estado de tristeza en el que estaba ella sumida.
— ¡Ohh! Edward —dijo Bree entre hipidos—, mi padre ha sido diagnosticado con SIDA. Edward, mi padre tiene SIDA —explicó Bree llorando.
Edward tomó una de las manos de Bree entre las suyas y le dio un apretón, como un gesto de apoyo.
—Tranquila, Bree, todo va a estar bien —trató de tranquilizarla Edward.
—No, Edward, nada va a estar bien. Mi padre ha discutido con mamá, casi le pega, cuando me interpuse me gritó que yo no era su hija, que… mi… —Bree empezó a hipar de nuevo—. Él dijo que mi madre era… una zorra, que ella lo había engañado y que yo era hija de otro hombre —Bree se echó a llorar.
Edward se levantó de su lugar, se sentó al lado del Bree y la abrazó; ella escondió su rostro en el pecho de Edward y más lágrimas se deslizaron por su rostro.
—Seguro estaba angustiado y dijo las cosas sin pensar —comentó Edward.
—Edward, mi madre me dijo que era verdad, él no es mi verdadero padre. —Bree levantó la cabeza y clavó su mirada en los ojos de Edward—. Tú eres lo único bueno que tengo, eres el único que de verdad me quiere —afirmó Bree sin dejar de mirar a Edward.
—Bree, no digas cosas así. Vas a ver que todo mejora con el tiempo, tus padres te adoran —replicó Edward con ternura.
— ¡Ay, Edward! —Bree bajó la mirada por un momento y luego volvió a posar sus ojos en Edward—. Por favor Edward, no me dejes —pidió Bree con lágrimas desbordándose de sus ojos—. Edward, bésame… quiéreme —suplicó esta vez Bree y el corazón de Edward se encogió.
—Bree… yo… —Edward trataba de inventar una excusa para no besarla.
—Por favor, Edward, bésame… quiéreme —repitió Bree una y otra vez, como una plegaria.
Edward suspiró y acercó sus labios a los de Bree hasta que estos se rozaron de manera tímida, Bree cerró los ojos y entreabrió los labios en espera de que Edward profundizara el beso; Edward la observó unos segundos y luego él también cerró los ojos, tomó el labio superior de Bree entre los suyos y unos segundos después profundizaba el beso, aunque su mente y su corazón pensaban en otra persona… en Bella. Edward siguió besando a Bree a pesar de que sentía un sabor amargo en ese beso, unos minutos después Bree recostaba su cabeza en el pecho de Edward y sonreía un poco más tranquila.
—Edward, te quiero —dijo Bree.
—Y yo a ti —respondió Edward y justo en ese instante su corazón y su mente decían otra cosa…
Perdóname, Bella, perdóname, amor, pronunció Edward de manera silenciosa.
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Edward llegó a casa cuando ya había caído la noche, había deambulado en su moto por todo Forks, después de que dejó a Bree en casa; se detuvo cuando vio que estaba a punto de quedarse sin gasolina, fue entonces cuando decidió ir a casa luego de pasar por la gasolinera y llenar el tanque de su "consentida". Al entrar a casa notó que su madre aún no había llegado, pasó por la cocina, pero no tenía ganas de comer nada, así que se fue directo a su habitación; en cuanto abrió la puerta un retrato que había hecho de Bella cayó a sus pies como si la vida quisiera recordarle que la estaba perdiendo sin haberla tenido aún.
Bree y su tristeza habían desecho los planes de Edward, verla así le había dolido; Bree era una chica maravillosa, no se merecía todo aquello, no podía creer que el padre de ella llegara a ese punto, no solo había herido a la madre de Bree, también la había destrozado a ella con esa revelación. Edward sabía que el padre de Bree no era un santo, Adam Tanner era conocido en Forks por sus aventuras, mientras que la madre de ella, Elena, era la típica ama de casa, un amor de señora, pensaba Edward.
Los padres son peor que armas de doble filo, aman y hieren a sus hijos con la misma intensidad, pensó Edward y luego se dejó caer en la cama; de un momento a otro él empezó a llorar. Edward se odiaba por haber sido capaz de besar a Bree mientras pensaba en Bella, se sentía como el ser más falso sobre la faz de la tierra.
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Renée se bajó de su auto y caminó hasta la entrada a casa, notó que la moto de Edward estaba estacionada en frente, por lo que se dio cuenta de que su hijo estaba en casa. Al entrar notó que Edward no estaba ni en la sala, ni en la cocina, así que decidió subir su habitación para saludarlo; cuál sería la sorpresa de Renée al ver a su hijo hecho un ovillo sobre su cama mientras lloraba. Ella se acercó a él y lo acunó en sus brazos como cuando era un bebé.
— ¿Qué pasó, Edward? —preguntó Renée preocupada.
—Nada —respondió entre sollozos Edward.
— ¿Nada? No se llora por nada, Edward. Cuéntame que pasó —pidió Renée a su hijo.
—Bella… —Edward logró pronunciar entre sollozos.
— ¿Te hizo algo? ¿Pelearon? —cuestionó Renée a su hijo.
—No… yo… Bree —balbuceó Edward sin poderse explicar.
—Edward, respira profundamente y dime con calma que es lo que sucede —sugirió Renée.
—Iba a dejar a Bree y no pude —explicó Edward a su madre.
— ¿Por qué, Edward? ¿Por qué no pudiste hacerlo si tú sabes que no la quieres, por lo menos no como quieres a Bella? —le increpó Renée.
—Ella tiene muchos problemas, mamá, yo no soy tan malo… pero solo quiero estar con Bella —y dicho eso Edward rompió a llorar.
Renée lo abrazó fuerte y le dijo palabras de aliento hasta que él se quedó profundamente dormido, a ella le dolía mucho la situación de su hijo, quien se enamoraba por primera vez y ya empezaba a sufrir; en ese sentido, consideró Renée, o la vida era demasiado injusta o el pasado estaba burlándose de ella de manera cruel, a través de su hijo, de su pequeño Edward Anthony Cullen, quien en realidad debía ser Edward Anthony Masen, pero su orgullo no le permitía comunicarse con Anthony, de quien había visto una foto esa semana en una de las revistas de National Geographic, donde resaltan su trabajo y compromiso por la ciencia; Renée aún lo amaba, pero no se creía capaz de aparecer diecisiete años después en la vida de él, ella pensaba que seguramente Anthony había hecho su vida con alguien más; pero que equivocada estaba, puesto que un amor como el de ellos dos jamás se supera, se olvida o desaparece; un amor tan intenso como ese sólo se detiene en el tiempo o simplemente se fortalece cuando tiene los medios para hacerlo.
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Londres.
—Bienvenidos al espectáculo más grande del universo… ¡Anthony Masen, el hombre que se hunde en sí mismo! ¡Bravo! —gritó irónicamente Marco, el hermano de Anthony al entrar al apartamento de este.
— ¡Cállate, Marco! —exclamó furioso Anthony mientras veía a su hermano entrar a su apartamento.
—Lo siento, querido, pero no me pienso quedar callado mientras tú te hundes a pesar de que han pasado 17 años —replicó Marco de manera seria.
—Se fue y se llevó todo, Marco —dijo Anthony llorando.
—Tú sabes que eso es mentira, Renée no se llevó nada, eres tú el que sigue en el limbo —le regañó Marco.
—Yo la amo todavía —expresó Anthony con vehemencia.
—Yo sé que sí, hermano —aseveró Marco—. Búscala, busca a Renée —sugirió.
—No puedo, Marco. Le prometí a Renée que no la buscaría —explicó Anthony con tristeza.
— ¿No puedes o no quieres? —cuestionó Marco a Anthony.
—No digas eso —gritó furioso a Marco—. Tú no sabes lo que es querer y no poder hacerlo —susurró Anthony al tiempo que las lágrimas descendían por su rostro.
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¿Qué les pareció el cap? ¿Cuántas se acordaban de Anthony? ¿Qué piensan? Pobre Edward, pobre Renée y pobre Anthony; ellos no pueden estar con la persona que aman, ¡qué mal!
yolabertay, EriM, Maru-Li Tsukiyomi, Elaine Haruno de Uchiha, Karina Castillo, Luna Sanz, Karel Gutierrez D L, Liz PattStew, Nia; mil gracias por sus rr y a las lectoras silenciosas.
Me dan más que un simple aliciente para continuar.
Gracias a quienes me agregan a sus alertas y favoritos.
Pronto tendrán capítulos con mayor frecuencia.
Besos y buena vibra a todas.
