Hola: pues he aquí una nueva entrega, después del capi anterior que fue más movido en esta como que no hay mucha acción. El capi que sigue ya lo tengo casi listo y espero subirlo el próximo fin de semana. Por cierto la mayoría de los nombres que aparecen en la historia son estrellas para una referencia extra. Y cuando Dohko dice "ya era negra cuando entré en ella" se refiere a la ciudad.
… RECUERDOS
Fomalhaut recibió al pueblo de Algieba como la madre que se revela para proteger a sus hijos, más sólida que el castillo de Cefeo, hecha de ladrillos negros, abandonada, parecía el lugar perfecto para que anidaran las sombras. Estaba rodeada de un muro alto que no servía de defensa pues carecía de puertas, en su interior las casas de los antiguos moradores permanecían de pie, algunas paredes ajadas, la mayoría sin techos; la ciudad se constituía en círculos de construcciones, al centro se levantaba un edifico, una pequeña citadel, ni siquiera un castillo, de aspecto más tosco que el resto de la ciudad; Aiolia se aposentó en ese lugar junto con la corte, ordenó al pueblo ocupar las casas del primer círculo que rodeaba la citadel. El descontento era visible en cada uno de los rostros que el rey vio antes de entrar a su nueva morada
– quizá éste no sea el lugar más adecuado para vivir – murmuró Marin una vez que hubieron recorrido la nueva sede del poder de cabo a rabo y se hubieran decidido por un espacioso salón para realizar ahí su primer concilio en Fomalhaut, todos de pie
– muy cierto – apoyó el anciano consejero de Alnast – no hay comida, las provisiones que logramos traer son mínimas, no quedaba mucho después del sitio al que fuimos sometidos – Aiolia miró a Dohko el cual para su alivio sonrió
– cerca tienen el paso del suroeste, hay varios pueblecitos ahí que pueden socorrerlos
– Desdemona nos pisa los talones no tardará en cercarnos – contradijo uno de los nobles
– los sapuris no pueden cercarlos en este lugar – añadió misteriosamente, se volvió a Aiolia – su majestad debemos hablar a solas, Marin, Shion usted y yo – el rey accedió entre miradas reprobatorias por parte de lo nobles, los cuales no tuvieron otra opción más que retirarse
– me parece que le odian – comentó Marin, dirigiéndose a Dohko
– no me importa, no quiero que sepan la estrategia por que no confío en ellos, me atrevería a decir que siguen al león dorado mas por temor a su fuerza que por verdadera lealtad – Dohko se sentó en el suelo sin más, los otros tres lo imitaron
– ¿cuál es el plan ahora? – inquirió Aiolia, la sonrisa del antiguo maestro se ensanchó aún más, en verdad apreciaba la confianza que el joven rey le brindaba
– conocí esta ciudad en mi vida anterior – empezó el senescal – fue durante una misión de la orden, vine aquí junto con Erato, no entraré en más detalles pero en esa ocasión los gobernantes de esta región nos revelaron los secretos de Fomalhaut, hay doce túneles que corren bajo nosotros, cuatro van hacía el paso del suroeste, cuatro más simplemente son rutas de escape de la ciudad que terminan en el bosque que la rodea, uno corre rumbo a Rubbat, termina cerca de Regulus, dos van rumbo a Algedi, otro, el más largo de ellos va hacía Zuben Elgenubi
– eso es increíble – dijo Marin
– no sé en que estado se encuentren, habrá que buscar las entradas, explorar y verificar que no haya derrumbes, lo haremos Shion y yo
– podremos traer provisiones desde paso del suroeste – añadió Marin
– no sólo provisiones también hombres – dijo el rey, Dohko asintió complacido
– no creo que accedan a involucrarse en la guerra – comentó la dama de Algieba
– les ofreceremos protección a cambio de una alianza – concluyó Aiolia, finalmente vislumbraba una esperanza.
Shion y Dohko pasaron los siguientes días bajo tierra, afortunadamente para ellos todos los túneles que iban hacía paso del suroeste eran transitables, y espaciosos, cuatro hombres hombro con hombro podían circular a través de ellos de pie, de los túneles de escape cuyas dimensiones eran similares dos se habían derrumbado pero los otros dos cuyas entradas estaban ocultas en las paredes de la citadel terminaban a medio kilómetro del muro exterior, el que marchaba a Regulus era bastante estrecho, apenas cupieron ambos caballeros y en partes tuvieron que avanzar encorvados, los que iban a Algedi habían sido destruidos y el último, el que marchaba rumbo a Zuben Elgenubi era transitable también sin embargo había que hacer el recorrido de noventa kilómetros casi a gatas, Dohko se preguntó en que demonios estaban pensando cuando crearon aquel calvario de túnel y que uso le darían, volvían a la citadel entrada la noche, cubiertos de polvo, la primer tarea de la dama de Algieba fue conseguir una fuente de agua, en el último círculo de Fomalhaut había dos pozos, ambos servían y la dama hizo que excavaran un tercero. Poco a poco la ciudad volvía a recuperar vida
– lo que no entiendo – quiso saber Marin durante la cena muy austera, que sostenían todas las noches entre caballeros – ¿por qué fue abandonada esta ciudad, su defensa es muy poderosa, tiene buenos recursos a su alrededor y parece que fue edificada con mucho cuidado
– hasta donde sé – respondió Aiolia mientras contemplaba su porción de carne seca – fue víctima de una epidemia, la gente moría por docenas sin que nadie supiera cual era el origen de aquella extraña enfermedad, lo atribuyeron a algún castigo divino – el antiguo maestro sonrió irónicamente – cuando quedaba menos de la mitad de la población decidieron dejar este lugar y fundaron varios pueblos, lo que ahora es el paso del suroeste – la cena terminó y cada cual se retiró a sus habitaciones, Shion y Dohko compartían alojamiento como siempre, había algo que inquietaba al primero entre los iguales y se lo hizo saber a su amigo en cuanto se quedaron a solas
– nuestra misión se atrasa por causa de esta empresa que insistes llevemos a cabo; mientras jugamos a ser salvadores de Algieba el sello se debilita – Dohko lo miró azorado mientras se acomodaba en el suelo entre las mantas que constituían su lecho, nunca habían tenido un desacuerdo antes
– no podemos dejarlos caer
– para eso tienen a su rey
– Aiolia es poderoso pero no sabe en que dirección ir, ten paciencia, no me olvido del semidiós y el sello, sólo quiero asegurarme de que puedan encarar a los sapuris – Shion ocupó su lugar en la habitación
– ¿con que fin?
– son caballeros Shion y aunque se rehúsen a seguir a la orden, los enemigos de nuestros enemigos son nuestros aliados – el primero entre los iguales guardó silencio, Dohko deseó que esa máscara que le impedía ver la expresión de su amigo desapareciera, ninguno dijo una palabra más esa noche.
Al día siguiente Shion supo cuan serias eran las intenciones de Dohko, lo encontró entrenando a Marin, la cual portaba su armadura y la máscara blanca
– ya era negra cuando entré en ella hace doscientos cuarenta y siete años – le decía Dohko mientras la atacaba
– el intimidar es parte de la guerra¿no es así? – la dama esquivó los golpes con efectividad
– así es, en ese entonces la primer guerra contra los sapuris comenzaba – Dohko hizo una pausa – atacaré con más seriedad
– ¿es qué nunca ha tenido un poco de paz en su vida? – al tercer golpe el águila yacía en el suelo, Libra la ayudó a levantarse
– alguna vez, cuando la diosa era apenas una niña y su santuario era el centro del mundo – Shion nunca había oído a su amigo hablar así
– aquí viene mi primo – dijo Marin, en efecto, Aiolia, disfrazado por su cosmos con la figura de un león ser acercó hasta ellos y recobró su aspecto normal
– vengo de paso del suroeste, la situación parece segura, mandaremos una embajada hoy mismo – Shion le escuchó pedir a Marin y a Dohko lo acompañasen, el antiguo maestro accedió, aunque eso no tomó por sorpresa al primero entre los iguales, Dohko quería que esa ciudad fuera un auténtico frente de combate, pues bien, haría una contribución a ese deseo si con eso podían marcharse cuanto antes. Se dirigió de vuelta al interior de la citadel sin que ninguno de los tres caballeros lo vieran.
La embajada de Algieba, regresó desde paso del suroeste al caer la tarde, llevando consigo buenas noticias; una nueva alianza había sido forjada y la esperanza renacía; el anciano consejero esperaba a su señor con otra noticia importante
– majestad, tiene que ver esto – le dijo en cuanto lo tuvo enfrente; Marin y Dohko lo acompañaron también, temían se tratara de Desdemona pero no era así, un corro de curiosos se había formado en torno al muro exterior cerca de una de las entradas, los tres caballeros y el anciano consejero se abrieron paso hasta la fuente de aquella sorpresa colectiva, Shion era la causa del alboroto, había pasado la mañana derribando árboles y reduciéndolos a troncos, en ese momento hacía uso de su telequinesis para colocarlos en su sitio y luego unirlos con pesados remaches, el poder de la mente y sus habilidades como herrero se fundían para forjar las nuevas puertas de Fomalhaut
– esto es increíble – comentó Aiolia asombrado
– Algieba tiene la protección de la constelación de Aries – añadió Marin con una sonrisa – antes protegidos por el sello de Hamal, ahora por el arte de Shion.
Le tomó una semana levantar las siete pesadas puertas que requería el muro exterior, trabajaba arduamente, alejado de Dohko el cual por su parte se ocupaba de entrenar al rey y a la dama, aunque pasaba más tiempo con ésta última que con el soberano. En ocasiones Shion los escuchaba conversar sobre la orden, a diferencia de su familiar, el caballero del Águila parecía genuinamente interesada en seguir el camino de la diosa de la sabiduría, inclusive tomaba notas durante aquellas peculiares lecciones
– el antiguo círculo de protectores estaba conformado por el patriarca Hamal de Aries, Erato de Sagitario, Ifitos de Géminis y yo, aunque la diosa a menudo recurría también a Calíope de Virgo
– ¿qué función tenían?
– Ifitos era él general de los ejércitos de la diosa, Erato era su guardián personal, en cuanto a mí yo era su consejero
– como ahora lo eres de Aiolia
– se trataba de algo muy diferente
– ¿cómo era la diosa?
– era la mujer más hermosa del mundo, apenas una niña cuando libramos la primer guerra, tenía once años
– ¿sabe algo antiguo maestro, puedo percibir algo en su cosmos que lo hace diferente al cosmos del rey y al mío, algo de lo que incluso Shion carece
– eso es porqué tuve la dicha de estar en presencia de la diosa, aquellos que pueden percibir su cosmos aunque sea una sola vez quedan marcados, guardan aunque sea una pequeña mota de aquella luz divina – y así podían pasar horas embebidos en su charla ajenos al desarrollo de Fomalhaut.
– No sabía nada acerca de la bendición de aquellos que contemplaron a la diosa – admitió Shion unos días después, estaban en la citadel, en la nueva habitación de la dama, a donde habían ido a dar la mayoría de sus libros, los cuales se ocupó de rescatar del castillo de Cefeo, Marin había insistido en hablar con Shion acerca de Hamal y el santuario para tener un registro de lo ocurrido en aquel lugar, los dos amigos se habían quedado a solas un momento mientras la dama buscaba pergamino y tinta
– supongo que la desolación de Hamal le impidió contarte algunas cosas de la anterior orden
– tu tampoco me dijiste nada al respecto, tal vez la desolación también hace presa de ti – una nota agria en la voz de Shion
– hablar de esos tiempos cuando todo a mi alrededor me recuerda que aquello que amé ha sido arrancado del mundo es un sendero a la desesperación, quizá es la misma razón por la que Hamal evitaba las memorias de esos días
– con ella si hablas de esos días – la dama entró en esos momentos, se acomodó frente a los dos caballeros, Dohko no pudo comprender el significado de las palabras de Shion, la citadel ya tenía muebles traídos desde paso del suroeste con quiénes ya tenían un intercambio constante
– estoy lista – anunció. Shion no tenía mucho que contarle, la historia de la caída de la orden no le parecía un relato agradable por lo cual no se molestó en dar detalles; Dohko en cambio tenía mucho de lo cual hablar. Describió lo mejor que pudo el blanco santuario de mármol a través del cual circulaban todos los días peregrinos que llevaban tributos a la deidad, embajadas de distintos países que buscaban su consejo, jóvenes deseosos de unirse a la orden y los ochenta y ocho caballeros. Les habló de la belleza de la diosa blanca cuyos ojos no tenían un color definido, a veces parecían azules, a veces verdes, a veces negros; nadie podía acceder a ella fácilmente, aún los mismos caballeros de plata y bronce sólo podían verla una vez al año durante su festividad principal, cuando el pueblo entero se congregaba para contemplar su silueta desde lejos, los caballeros dorados hablaban con ella mediante audiencias o con mayor frecuencia a través del patriarca, sin embargo el círculo de protectores la atendía directamente, les bastaba presentarse para saludarla por las mañanas para poder estar en su presencia, Dohko había sido muy feliz durante ese tiempo. La amaban con todo su corazón, y la defendieron con toda su alma cuando el dios de la muerte y los infiernos cayó sobre ellos, los ochenta y ocho caballeros de la diosa contra los ciento ocho espectros del inframundo; esa guerra había sido una genuina pesadilla. La dama se mostró interesada en la suerte que había sufrido el círculo de protectores en particular así que Dohko hizo para ella una breve reseña. Ifitos fue el primero en morir, tuvieron que atacarlo en conjunto los tres jueces del inframundo para lograr abatirlo, aniquiló más espectros que ningún otro caballero por lo que los dioses lo condenaron a portar en su sangre la semilla del demonio. Calíope se sacrificó para evitar el paso de los sapuris resucitados hasta las doce casas, había hecho arder su cosmos a la magnitud de una estrella imitando la luz del sol que terminaba con la seudo vida que aquellos guerreros poseían, Erato fue asesinado por el mismo dios de los infiernos en persona, logró herirlo con sus flechas por lo que fue condenado a nunca ver de nuevo a su amada diosa, en cuanto a Hamal y a Dohko, el consejero había peleado hasta agotar su cosmos para impedir el paso del dios de la muerte pero había fallado, el Patriarca interceptó la espada de los cielos que el dios de la muerte lanzó en contra de su adorada. Las maldiciones que cayeron sobre ambos ya las conocía de sobra la dama.
Finalmente Fomalhaut estuvo listo para enfrentarse a los sapuris, tanto Aiolia como Marin mantenían una postura sólida en el trono de Algieba , no había nada más que los dos últimos miembros de la orden pudieran hacer por ellos así que Dohko tuvo a bien anunciar el 24 de Junio que partirían al día siguiente
– quédate – le pidió Aiolia – tus poder y tus habilidades estarían mejor empleadas a mi lado que vagando con el primero entre los iguales – Shion se mostró muy ofendido con ese comentario
– lo lamento su majestad pero mi deber es primero con la diosa y la orden – se desató una discusión entre ellos, en la cual Aiolia dejó muy en claro que la susodicha orden nunca tendría su respeto; Dohko por su parte renunció al título de senescal, cosa nunca antes vista, bendijo al rey en nombre de la diosa, sólo para irritarlo aún más y luego se marchó junto con Shion del nuevo salón del trono.
La despedida entre Marin y Dohko tuvo un matiz completamente distinto
– en lo que a mi respecta siempre tendrá mi lealtad – había afirmado la dama
– si la ocasión fuera diferente y la enemistad causada por Aiolos no cegara a tu primo nuestro camino a seguir tomaría otro rumbo – dijo Dohko, se giró para ir donde Shion el cual lo esperaba
– ¿qué rumbo elegiría? – inquirió la dama de pronto
– vendrías conmigo – fue la respuesta, Marin se mostró turbada – tienes un gran poder – se apresuró a aclarar Dohko – también Aiolia, desearía que marcháramos juntos – Marin le sonrió; ninguno de los dos supo que el primero entre los iguales los había escuchado.
A la mañana siguiente Shion y Dohko dejaron la nueva capital de Algieba, Fomalhaut, llevando consigo provisiones para su viaje y la armadura de libra, Marin de Águila acudió a despedirlos en nombre de Aiolia de leo, se bendijeron unos a otros, antes de separarse Shion se plantó frente a aquella mujer con la cual su amigo se había entendido muy bien, le tendió las manos y entre ellas apareció una llama de tonos aguamarina
– un regalo de despedida – dijo el primero entre los iguales – es
– un fuego de Anur – interrumpió una voz atrás de Marin, se trataba del rey, la dama se apartó para que el soberano tomara aquel obsequio de Lemuria
– durará hasta nuestro siguiente encuentro, te ayudará en la guerra
– les agradezco a ambos – dijo Aiolia, su respeto era hacía dos hombres, dos personas reales y presentes en aquel lugar y momento, no hacía una fantasía romántica acerca de una niña a la cual el rey del olimpo le había obsequiado la Tierra como su reino.
Continuará...
