MOSHI MOSHI! :3
PERDONEN EL RETRASO (OTRA VEZ) ESTOY EN SEMANA DE EXAMENES Y PUES LA VIDA DE LA ESTUDIANTE NO PERMITE AVANZAR NI TENER INSPIRACION. ASI QUE SOLO DEJARE ESTO POR AQUÍ Y ME ALEJARE LENTAMENTE.
Capítulo 10: Brais Middeford
Por cuestiones que desconocía, Alicia se había encontrado rumbo hacia Crimson Sea en un lujoso carruaje dorado con incrustaciones de piedras preciosas tirado por dos caballos blancos con plumas en la cabeza cada uno. Tampoco sabía cómo es que había terminado en un vestido de verano color azul con escote de corazón con gruesos tirantes de tul blanco.
Demasiado elegante para ella.
La sonrisa en su rostro había desaparecido cuando abrió la caja número cuatro y encontró aquel vestido de seda azul con bordados en la falda, encaje en el escote y tirantes de tul, un collar de plata con terminaciones en diamantes como accesorio al igual que unos pendientes. Unos guantes y un abanico complementaban el atuendo.
Era una lástima que el vestido llevara un corsé implementado, ya que fuera de eso, era precioso. Aunque demasiado para ella, no le gustaba tener tanto encima de ella, prefería sus ropas cómodas, informales, lejos de ese mundo de elegancia inglesa que había evitado estos últimos años.
Otra cosa que no esperaba fue el carruaje vacío en frente del castillo. Las instrucciones era que subiera y disfrutara el viaje hasta Crimson Sea en donde la esperaba el barco del Barón en donde almorzarían y pasarían la tarde navegando. Le había gustado la idea. El mar. Todo lo que ella amaba, pero estaba nerviosa de pasar toda la tarde con un hombre que apenas conocía y — después de su experiencia con Drac Laisser — ahora se sentía nerviosa con cualquier hombre a su lado.
El carruaje atravesó la ciudad costera de Crimson Sea, Alicia podía escuchar las exclamaciones de las personas cuando veían la lujosa carroza y no pudo evitar sentirse avergonzada. Hubo un nudo en su garganta cuando sintió que el carruaje dejaba de moverse. Miro por las ventanas y podía ver la costa, así como también oler la brisa marina, el olor salado del agua, el sonido de las olas en la orilla.
Alicia bajo de la carroza ayudada por un paje y miro hacia el horizonte en donde el tranquilo mar rojizo se extendía por toda su vista e incluso más allá. Sus ojos castaños se maravillaron y sus pulmones se llenaron con el aire salado. Se sentía como en casa.
El paje la guio hasta el puerto y entraron en el muelle número cinco en donde los esperaba un espléndido barco blanco que era el doble del tamaño del Wonder, con hermosas velas blancas, con sus cubiertas doradas como el sol, totalmente magnifico. En la cubierta, un hombre alto estaba parado mirando en su dirección. El sol bloqueaba su vista y no le dejaba verlo completamente ya que la cegaba, así que espero a subir para poder ver bien a Brais Middleford.
Alicia subió y fue recibida por cinco marinos, el maestre, el piloto, el oficial de cubierta y por último el capitán. Todos en fila, saludando a la joven campeona. Finalmente, llegó hasta el Barón quien la tomo de la mano para besarle los nudillos y dedicarle una preciosa sonrisa.
—Bienvenida a bordo, Srta. Kingsleigh. Espero que disfrute su tarde aquí.
—Muchas gracias, Barón Middleford.
—Déjeme decirla que se ve muy encantadora el día de hoy.
—Muchas gracias. — La sangre invadió sus mejillas haciéndola sonrojarse. Tomó su mano y la guio por el barco hasta la cubierta en donde habían instalado una mesa circular adornada con un florero de rosas blancas sobre un mantel, también blanco.
Al Barón le gusta el color blanco, pensó.
—Estaba muy ansioso por esta cita, después de todo, no es común salir ni con la campeona de Infratierra ni con una sobreterrana. Tengo muchas preguntas. Sentí mucha satisfacción cuando mi nombre fue anunciado por Robert Anglou, había apostado un viaje en barco con George mientras jugábamos bádminton a que yo ganaría esta cita. Por supuesto, me sentí aliviado con gane, hubiese odiado perder esta oportunidad contra él.
—¿George? ¿El Vizconde? — Preguntó mientras se sentaba. La mesa ya estaba puesta, tenía puestas los tres platos, los cuchillos, los tenedores, las cucharas, las servilletas, las cucharas de postres, las copas de vino y las de agua, etc. Totalmente elegante y confuso al mismo tiempo.
—Así es. Estaba interesado en ganar una cita pero me alegro de decir que el mejor ganó.
Un hombre vestido de mayordomo se acercó con una bandeja con los platos de entrada que consistían en una ensalada para ambos.
—Gracias, puedes retirarte. — El mayordomo hizo una reverencia y se dio la media vuelta. Al cabo de unos segundos llegó otro con una botella de vino y sirviendo las copas para el vino. A continuación un pequeño grupo de músicos se acercó con sus violines y chelos y empezaron a tocar una tonada que Alicia pudo reconocer pero de la cual no podía recordar el nombre.
—Tiene un barco muy grande, Vizconde. — Comentó mirando a su alrededor. Veía a los marineros recoger las amarras y prepararse para la partida del muelle y recorrer las costas de Infratierra. Se sentía un poco extraña al no ser ella quien diera las órdenes, tal vez sería la costumbre.
—Es un premio. Cuando fue el campeonato de tenis de Marmoreal, resulte ganador por dos set de una reñida competencia con el Duque Sallow y después de la entrega del trofeo recibí este maravilloso barco —Algo que podía destacar del Vizconde era su extraña forma de hablar tan aristócrata, como la mayoría de las personas inglesas a las cuales estaba tan acostumbrada a tratar.
Brais Middleford era un hombre de unos 34 o 35 años de unos impresionantes ojos celestes y unos finos labios rosados. Poseedor de una piel nívea como los demás integrantes de la nobleza de Marmoreal, también de cabello ondulado negro con un mechón rubio adelante, de las pequeñas pecas sobre su nariz perfilada y esos divertidos y delicados movimientos que no perdían su masculinidad.
—Cuénteme sobre usted, por favor. — Pidió mientras se preparaba para comer.
—Pues tengo 34 años, nací en Cotswolds y actualmente sigo residiendo ahí. Adoro el tenis pero tengo una debilidad por las carreras de caballo…
Podríamos decir que Alicia estaba interesada en todo lo que Brais podía decirle, pero sería mentir. Alicia no podía concentrarse en esa voz aristócrata, al menos no lo haría mientras estuviese en la cubierta de un barco que se desplazaba tranquilamente por las costas.
—Creo que estas más interesada en mi barco que en mí.
—Perdone, no quise parecer grosera. — Comentó la joven un tanto avergonzada volviéndose a centrar en su plato y picando lo que había en él evitando el contacto con esos intensos ojos azules y sonrisa de autosuficiencia.
—Supongo que debe estar acostumbrada a tratar con personas mucho más "peculiares", como sus amigos: La Liebre y el Sombrerero… Hightopp ¿Verdad? Creo que una vez me hizo un sombrero de copa para uno de los tantos bailes del castillo… Es un sujeto un tanto extraño.
—Pues a veces es un poco alocado pero es muy buena persona. En realidad, es mi mejor amigo, es una persona digna de admirar.
—Pues créame que tengo por entendido que no solo usted lo admira, creo que es muy popular entre las damas.
—No más que yo. — Bromeó.
—Pues tengo una amiga que estaría encanta de conocerlo.
—Si es tan hermoso como usted, supongo que George no tendrá problema en conocerla, tal vez podamos arreglar una salida doble, claro que eso significaría que ganaría este concurso. — Sonrió con petulancia.
—O no y solo podríamos salir como amigos.
—Usted, Srta. Kingsleigh, me tiene intrigado. Normalmente cuando ofrezco una propuesta como esta, ninguna mujer se lo piensa dos veces antes de aceptar desesperadamente.
—Espero que sepa que no soy cualquier mujer.
Esta cita, seria larga, muy larga; pensó la campeona mientras se dedicaba a degustar su plato.
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Hattie Hightopp estaba preocupada. Mirana de Marmoreal también estaba preocupada, pero la diferencia entre estas dos preocupaciones era que la primera estaba tan preocupada por su hermano que no paraba de dar vueltas alrededor del estudio de la Reina quien estaba preocupada por la menor de los Hightopp y sus constantes vueltas.
—Hattie, si sigues así harás un hoyo el piso. — Dijo apenas apartando la vista de unos documentos que parecían importantes.
—Le rugo me disculpe, Majestad, pero estoy tan nerviosa. Me cuesta creer que Tarrant tratara de sabotear las citas de la campeona… Bueno, en realidad no me sorprende, ese Hightopp es tan molesto como un sombrero apretado. Le dije claramente que debía concentrarse en su cita, no en las demás. — Chilló sentándose frente a la Reina. — Le agradezco tanto Majestad que no descalificara a mi hermano.
—Se supone que debo ser parcial, pero es mi amigo y en serio lo veo enamorado… Aunque su forma de demostrarlo deja mucho que desear. Aunque puedo entender el porqué de sus celos. Siempre ha estado enamorado de Alicia desde que ella volvió por segunda vez. Le tomo un tiempo darse cuenta y cuando lo hizo pensó que una volvería y se deprimió, luego ella volvió de nuevo y pues… conoces lo que pasó después.
—Sí. Pero en todas las veces que Alicia estuvo aquí, él jamás se le declaró… Ay, a veces creo que mi hermano es un tonto — Exclamó volviendo a levantarse para dar vueltas.
—Debes entender que todas esas veces, Tarrant era el único chico junto a Alicia. Siempre ha sido inseguro así que no se atrevía a decírselo, pero ahora él compite contra otros cinco que si están dispuestos… Es normal que sienta celos e intente sabotearlos… Pero pensé que era más listo y no se dejaría notar.
—No sé si lo sabe, pero Tarrant no es el sujeto más listo que conozco. — Mirana evitó soltar una risa y volvió su atención a sus papeles. Hattie siguió dando vueltas y vueltas perdida en sus pensamientos.
—¿No cree que el castigo que se le impuso a mi hermano es demasiado?
—Por supuesto que no, ¿Qué tan difícil puede ser…? — La pregunta de Mirana quedó inconclusa porque en ese momento as puertas del estudio se abrieron en par en par dejando ver a un jadeante, cansado, desaliñado, despeinado y sudoroso Sombrerero Loco.
—¡Listo! ¡Termine! — Exclamó entrando y dejándose caer en una de las sillas blancas.
—¿Estas bien? ¿Qué fue lo que pasó? — Preguntó Hattie arrodillándose junto a él viendo con preocupación a su hermano mayor.
—No seas exagerado, Tarrant. Solo te mande a ordenar los libros de la biblioteca del castillo, nada fuera de lo común y te tomó cuatro horas.
La Reina solo podía mirar a Tarrant con cara de reproche. Después que descubrió a Tarrant haciendo trampa en el concurso (Otra vez) tuvo que aplicarle más castigos de los que había pensado. Uno de ellos fue ordenar la biblioteca real, que era tan solo un poco más pequeña que la biblioteca pública de Infratierra. Cientos y cientos de estantes repletos con todo tipo de libros que podía imaginar, todos desordenados. Su trabajo seria ordenar todos por tipo, el único problema que no sabía de qué trataban la mayoría así que también tuvo que leer para saber de qué hablaban lo cual era un problema ya que primero, algunos eran muy aburridos y segundo, algunos estaban en otro idioma que era desconocido para él.
—Sigo sin entender por qué vienes así.
—Es que tú no has estado en ese lugar… Es demasiado grande y prácticamente tuve que escalar cada estante para guardar los libros.
—Sí sabes que hay escaleras en cada uno de ellos ¿Verdad?
—¡¿TENIAN ESCALERAS?!
—Por supuesto que sí. Y no creas que por hacer este teatrito te libras de tus siguientes obligaciones. Ahora tienes que ir a limpiar los establos y debo avisar que los caballos acaban de comer.
—Eso te pasa por idiota — Comentó Hattie con los brazos cruzados mirando hacia la ventana — Cuando mamá se entere de lo que pasó…
—Nadie se enterara de nada, Hattie, Tarrant está aprendiendo su lección. Y tú — Habló dirigiéndose al sombrerero esta vez — Más te vale que estés en los establos limpiando antes de que diga "Frabulloso Día".
A regañadientes y murmurando palabras con su extraño acento, el Sombrerero salió dando zancadas del estudio de Mirana con dirección a los establos en donde tendría que ponerse a limpiar las gracias de los tontos caballos. Maldecía por dentro por haberse dejado atrapar por la Reina y el Tiempo.
Dando pisotones terminó en el establo con su escoba, rastrillos, trapos y los demás implementos para la limpieza, pero había un problema, primero tenía que sacar a los caballos… El problema era que estos animales eran demasiado tercos para obedecerlos y salir de inmediato. Cuando por fin lo logró, se dio cuenta de que por más que lo intentara, no terminaría nunca de limpiar los establos, simplemente eran demasiado.
Las personitas empezaron a trabajar en su mente ideando cualquier cosa para lograr limpiar más rápido los establos.
"Usa las palas"
"Usa una manguera"
"No hay mal que el agua no cure"
"Pero no tenemos mangueras ni tomas de agua"
"¿La lluvia es una opción?"
A pesar de que podía sonar como una locura, no era tan mala idea. Podría retirar la parte de atrás del techo para que la lluvia pasara a los establos y se llevara todos los desperdicios, luego podría limpiar todo muy bien. Aunque el problema ahora radicaba en cómo conseguir lluvia.
"Antiguamente, durante las épocas de verano, las antiguas comunidades de Infratierra solían hacer invocaciones a los dioses para que la época de sembrío empezara. Para hacer este ritual se debe hacer lo siguiente…."
¡BENDITOS LIBROS! Pensó mientras corría en dirección al castillo por las cosas que necesitaría para su ritual de lluvia. Al poco rato estaba Tarrant con el pecho pintado de espirales azules, unas ramas en las manos y recitando en voz alta canticos en un antiguo dialecto infraterrense.
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—¿Por qué le dicen Crimson Sea? Yo lo veo muy azul. — Comentó Alicia sacándole una risa educada al hombre a su lado.
—Pues le dicen así porque en determinadas horas del día y con ayuda de la refracción de la luz solar, las aguas se convierten en carmesí. Por supuesto, solo es en apariencia, sigue siendo la misma agua cristalina.
—Sí, entiendo.
—Generalmente sucede en la mañana, al anochecer y por estas horas. Es un fenómeno muy interesante de ver, créeme, te encantara.
—Esto me recuerda un poco a las celestes aguas del caribe, claro que el color es diferente — Bromeó aunque no obtuvo el resultado esperado.
—Usted es una mujer de mucho mundo, por lo que escuche. Sería interesante recorrer toda la costa con usted, podría aprender mucho y viceversa. Pues, como vera, nosotros los nobles estamos acostumbrados a realizar todo tipo de viajes con la intención de conocer y maravillarnos con la vista que nos proporcionar las diferentes maravillas de Infratierra, generalmente son expediciones de un mes que supongo que no deben ser muy diferentes a las de Sobretierra...
De pronto, Brais detuvo su fluida palabrería y se llevó la mano a la frente. La retiró y descubrió que había una gota de agua en ella. Que extraño, no estaba sudando ni nada parecido.
Otro más.
Otra.
Y otra.
Alicia también sintió como las gotas caía sobre ella. Repentinamente, el cielo se oscureció por la gran cantidad de nubes grises que habían llegado de la nada, todas cargadas de agua y dispuesta a mojar todo debajo de ellas.
—¿Lluvia? Pero hace un minuto estaba tan soleado.
— A veces el clima de Infratierra puede ser caprichoso, pero esto es demasiado extraño. — Comentó quitándose el saco y cubriéndolo a ambos con él. — Tal vez debamos entrar.
— No... Espera — Alicia se alejó del hombre y se quedó parada en la cubierta sintiendo como las gotas golpeaban su rostro. Se sentía tan bien, como cuando ella capitaneaba su barco. Era una ligera llovizna, no había nada de qué preocuparse.
— ¡Aseguren las velas!
¿Asegurar las velas? Eso solo se hacía cuando habría tor...
Un relámpago cruzo el cielo seguido de un trueno que retumbó en los oídos de todos. El viento había aumentado de manera extraordinaria, podía ver a los marineros trepado en los mástiles tratando de sujetar las velas.
— ¡Alicia, vamos! — Gritó Brais tomándola del brazo y llevándola hacia abajo tratando de no caer en el intento ya que la cubierta estaba totalmente mojada.
—¡TRES GRADOS A ESTRIBOR Y MANTENGA EL RUMBO, TIMONEL! — gritó el capitán y todos los que estaban a bordo sintieron como giraba bruscamente mientras era sacudido por las fuertes olas.
Alicia y Brais cayeron por las escaleras en cuanto bajaron para resguardarse de la tormenta dejando a los marineros arriba. Apenas si podían levantarse ya que el barco se movía demasiado y el agua se filtraba desde la escalera.
Brais la sujetó de la cintura y la empujó hasta la pared para que ella se sujetara de una lámpara antes de que volviera el barco a moverse, aunque era una pena que él no hubiese corrido con la misma suerte y volviera a terminar en el suelo.
—¡SUJETEN ESE CABO!
—¡MANTENGAN EL CURSO!
— ¡CAPITAN, A ESTRIBOR!
Alicia podía escuchar los gritos de los marineros y como caían cada vez que trataban movilizarse. Su mirada se posó en la asustada de Brais Middleford al otro lado de ese pasillo, recostado en la pared. Ambos estaban empapados de pies a cabeza con el agua resbalando por sus rostros, sujetándose a la pared como si sus vidas dependieran de eso.
Estaban asustados.
—¡Tenemos que ayudarlos!
—¡¿Estás demente?! Nos caeremos al agua —Gritó negando con la cabeza.
— Si quieres quédate, yo no me quedaré aquí a esperar que la tormenta pasé — Respondió tomando impulso y usando el balance del barco para llegar a la escalera, sujetarse de la baranda y subir.
—¡ALICIA! ¡ALICIA! ¡ALICIA!
La rubia salió a cubierta y la voz del barón despareció de su alcance, apenas sí podía escuchar las voces de los marineros, todo era truenos, olas rompiendo y el viento. Se quitó el agua que le impedía ver y descubrió a los marineros haciendo acrobacias tratando de no resbalar ni caer del barco.
—¡MY LADY! ¡TIENE QUE VOLVER! — Gritó el Capitán sujetándola de los hombros y empujándola de nuevo abajo, pero Alicia se soltó de su agarre y se sujetó del borde.
—¡VINE A AYUDAR, TAMBIEN SOY CAPITANA, TENEMOS QUE BUSCAR TIERRA AHORA! — Antes de que el Capitán pudiera replicar, el vigía gritó que había tierra firme o al menos le había parecido verla.
—TRATE DE NO CAERSE AL AGUA.
Con eso, decidió a hacerse cargo de su tripulación mientras Alicia se deslizaba en dirección al mástil para gritarles a los marineros que desataran las velas. No se percató que Brais había salido de su escondite y se había unido a ella.
Una ola rompió con fuerza con el casco del barco y este se sacudió haciendo que tres cayeran, entre ellos el timonel que perdió el agarre, se soltó y cayó a un lado del timón que empezó a dar vueltas completas hacia la derecha. El barco giró bruscamente haciendo que todos cayeran sobre la cubierta mojada.
Alicia se soltó se los brazos del Barón y corrió sujetándose de donde sea para no caer y llegar hacia la popa en donde el timón giraba desolado.
—¡CAPITÁN! ¡AYUDÉ A LA CAMPEONA! — Ordenó el Barón Middleford mientras se sujetaba del mástil. El uniformado asintió retirándose las gotas de agua de la cara y corriendo hacia la popa para ayudar a Alicia a estabilizar el timón.
Alicia sujetó el timón pero este giraba tan rápido que terminó golpeándola y derribándola. Una mano amiga se presentó frente a ella y sin titubear la tomó levantándose y descubriendo que era el capitán.
Juntos tomaron el timón y con todas sus fuerzas lograron detenerlo. Alicia tomó el control del barco enfrentándose a las embravecidas olas ahora carmesí.
—¡CAPITAN! ¡HOMBRE AL AGUA!
Alicia apretó con más fuerza el timón y miró en dirección al capitán que estaba casi te asustado como ella.
—¡¿DÓNDE ESTÁ?!
— NO LO VEO.
—¡A ESTRIBOR, CAPITÁN!
Alicia giró el timón todo a estribor gritando a todo pulmón a los marineros que estuvieran listos para arrojar un salvavidas con una soga. La lluvia le caía en la cara y no podía ver bien así que esperaba que ellos si pudieran porque la vida de un hombre dependía de ello.
—¡SUBANLO! — gritó el oficial de cubierta sujetando la soga junto con otros tres marineros. El hombre subió jadeando y tiritando de frío, empapado completamente.
Un empapado Brais Middleford se acercó hacia la campeona casi resbalando por las escaleras en el intento cuando el barco giró brutalmente a babor. Se sujetó con fuerza de la baranda de la cubierta miró a Alicia.
A pesar de estar en una situación complicada y peligrosa, ella se veía increíble. Las gotas caían sobre su lozana piel, decorando su rostro hasta caer por sus labios rosados, su cabello despeinado marcado su rostro con esos indomables rizos, esa pose imponente que sujetaba con fuerza el timón y lo giraba para resguardar al navío de las colosales olas rojizas.
—¡ALICIA!
—¡SUJETATE, BRAIS! ¡DEBEMOS LLEGAR A TIERRA!— El casco del barco rompió con una ola y la remontó pasando sobre ella. Brais estaba sujetó a la cintura de la capitana poniendo contrapeso en ella para que tampoco se soltara.
— ¡ADELANTE! — El vigía bajo del mástil gritando a todo pulmón señalando en una dirección. Los tripulantes alzaron la vista asustados al ver la gigantesca ola que de seguro engulliría la nave.
— ¿Alicia? — Brais se aferró más al cuerpo de ella. Alicia observó con pánico la enorme masa de agua que se alzaba sobre la, ahora, pequeña nave.
—SEÑORES, HA SIDO UN HONOR NAVEGAR CON USTEDES.
— Este no es el fin, no en mi guardia. —Alicia sabía que detrás de esa ola había tierra y esa era su única escapatoria por el momento. —¡TENEMOS QUE SUBIRLA ANTES DE QUE ROMPA!
—¡ES UNA LOCURA!
—¡CAPITANA, NO LO LOGRAREMOS!
—¡QUIERO QUE HAGAN EXACTAMENTE LO QUE DIGA! — La tripulación estaba sobre la cubierta sujetándose a lo más cercano que tenía a su alcance ya resignados al hecho de que morirán en el mar, pero la determinación de Alicia les dio un rayo de esperanza.
—¡YA LO OYERON, SEÑORES! ¡A SUS PUESTOS!
El barco que en su momento Alicia pensó era la nave más grande que había visto, ahora era un pequeño punto blanco en las embravecidas aguas carmesí. Se encomendó a todos los dioses que conocía y a los que no y dio rienda suelta su loco plan.
—¡SUJETENSE BIEN, SEÑORES!
El barco empezó a ascender por la enorme ola que parecía no tener fin. Los marineros hacían sus mayores esfuerzos para sujetarse y no caer, Alicia hacia lo suyo para poder mantener el curso y no caer por la inercia que ejercía sobre ella la gravedad. La lluvia seguía cayéndole en la cara y no le permitía ver, pero estaba confiada en lo que hacía. Con un movimiento totalmente brusco, el barco logro pasar la ola justo antes de que esta rompiera y uso ese impulso para aventurarse hacia la isla cercana.
Alicia solo pudo escuchar los millones de aplausos acompañados del llanto y grito de felicidad por haber sobrevivido antes de caer desmayada en los brazos del Middleford. Había sido un momento de mucha tensión, la dejaría descansar.
—¡CAPITAN! ¡SAQUENOS DE AQUÍ!
—¡A SUS ORDENES, SEÑOR!
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El Sombrerero se limpió el sudor de su frente y admiró su trabajo con una sonrisa llena de satisfacción. Los establos estaban relucientes y brillaban tanto que los ojos le dolían de solo verlo. Ahora solo le quedaba asegurar el techo y meter a los caballos a sus respectivos lugares.
La Reina estaría muy orgulloso de él. Solo esperaba que no le dejara otro trabajo más.
Guardó al último de los caballos justo a tiempo para recibir a Mirana y a Hattie que llegaban a ver e trabajo del Hightopp. Ambas llegaban con un paraguas en sus manos debido a que, a pesar de que la lluvia había cesado hacia una media hora atrás, aún quedaba algunas gotas de roció cayendo por ahí.
—Wow, sí que estoy impresionada. Nunca pensé que vería el día en que mis establos relucieran de limpio, pero al parecer hiciste un buen trabajo, Tarrant, muy bien hecho.
—Gracias, Su Majestad — Respondió haciendo una exagerada reverencia que le sacó una sonrisa a la joven gobernante.
—Aunque eso no explica — Intervino Hattie — ¿Por qué estas sin camisa y con la cara y el torso pintado? — Ella señaló hacia él y solo así, nuestro sombrerero se dio cuenta de que estaba dando todo un espectáculo ante esas dos damas tan importantes. Avergonzado, tomó rápidamente su camisa que estaba doblada sobre una de las puertas de madera de los cubículos del establo y se cubrió con ella.
—Oh, pues, verá… Su Majestad… eh, estoy muy apenado.
—Perdónelo, Su Majestad, pero a mi hermano se le suele apagar el cerebro en el peor de los momentos y solo atina a tartamudear — Dijo avergonzando aún más al sombrerero.
—Vera, se me hizo mucho trabajo limpiar los establos por mi cuenta, entonces se me ocurrió una idea. Mientras limpiaba la biblioteca, encontré un libro sobre rituales arcanos en el cual, había uno para hacer llover. Mi apariencia era parte del ritual, y como pudo ver hace unos minutos, funcionó y la lluvia me ayudó a limpiar sus magníficos establos, gracias al cielo que cesó porque para serle sincero, no tenía ni idea de cómo pararlo, en el libro decía como iniciarla pero nunca pararla y de no haber parado hubiese sido una verdadera tragedia y no me refiero a que mi trabajo se hubiese arruinado, no señor, me refiero a que Infratierra hubieses estado sumergida en lluvias por días como pasó hace cuatro veranos atrás…
—¡SOMBRERERO! — Gritaron las dos mujeres a la vez.
—¡Fez! — Chilló el Hightopp. — Estoy bien.
—Espera, Tarrant, ¿Estas tratando de decirme que tu provocaste esa lluvia?
—Sí — La pequeña brecha entre sus dientes se hizo ver cuando sonrió orgulloso de lo que había hecho.
—¡¿Sabes que tu pequeña llovizna provocó una gran tormenta en el litoral?! Para ser más específicos, Crimson Sea. — Dijo la Reina abriendo sus ojos como un búho haciéndola mucho más pálida de lo que ya era y sin agregar nada más, salió corriendo de los establos con dirección desconocida.
—¿Qué pasa en Crimson Sea? — Preguntó el Sombrerero, preocupado.
—¡LA SEÑORITA ALICIA TIENE UNA CITA EN CRIMSON SEA CON EL BARON MIDDLEFORD, TONTO! — A continuación, su hermana también salió corriendo detrás de la Reina. Contrario a ellas, él tuvo que tomarse un tiempo para entender que era lo que estaba pasando.
¿Alicia estaba en Crimson Sea? ¿En un barco? ¿Tormenta? ¡DIOSES! ¡SU TONTA IDEA HABIA MATADO A ALICIA! Las millones de voces en su mente se descontrolaron y gritaban a todo pulmón lo estúpido que había sido al tratar de invocar una tormentosa lluvia que solo le había generado problemas a su amada.
Se sujetó con fuerza los cabellos gritándole a las voces que se cayeran y sintió sus emociones revolverse en todo su cuerpo, sobre todo, en su estómago. Con los ojos de un pálido color amarillo salió corriendo detrás de las féminas esperando que ellas pudieran solucionar lo que había hecho.
Perdóname, Alicia, perdóname, pensó.
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Alicia sentía la calidez de algo suave debajo de su rostro. Algo suave y mullido. Una almohada, fue lo primero que pensó en cuanto su cerebro pudo formular algo coherente.
Abrió los ojos y se encontró a ella misma en, lo que supuso, era uno de los camarotes del barco.
¡El barco!
¡La tormenta!
¡Tierra firme!
Se levantó de la cama y esperó unos minutos para poder mantener el equilibrio. No estaba con su vestido, de seguro se lo habían quitado cuando la llevaron ahí y la recortaron sobre la cama. Ahora llevaba su enagua y una camisa grande sobre ella.
Un ligero sonrojo apareció en sus mejillas al pensar que un grupo de hombres desconocidos la habría visto en prendas tan íntimas. Se acercó a la silla que estaba al otro lado de la habitación y recogió su vestido que estaba secándose en él. Estaba mucho más seco que mojado así que no tuvo problemas para ponérselo.
Cuando se sintió lista, salió de la habitación con dirección a la cubierta. Cerró los ojos con fuerza cuando la luz del sol le cayó directamente, lastimándola.
—¡Alicia! — Brais Middleford le llamaba agitando los brazos desde la proa. Ella avanzó en su dirección escuchando murmullos de los marineros que la elogiaban.
Ahora sí que estaba avergonzada. De seguro hablaban de ella y de su ropa interior. Sus orejas estaban rojas y avanzó más rápido.
—Me alegra que despertaras.
— Brais... ¿Qué pasó? — Preguntó acercándose a la barandilla.
— Te desmayaste después de la tormenta. Estuviste magnífica, pusiste a buen recaudo el barco y cuando estuvimos a salvo solo te desplomaste en mis brazos.
—Me refería a mi ropa... — Susurró bajito con vergüenza. El barón al notar lo que decís también se sonrojó y no pudo evitar mirar a otro lado.
— Ordene al capitán que te llevará a mi camarote además supervise todo, puedes estar tranquila, no vimos nada. — Por supuesto, Alicia sabía que era una mentira total, pero no podía hacer nada, todo ya había pasado.
— Querrás ver esto — Dijo cambiando de tema y señalando había el horizonte. Alicia se dejó guiar por el noble y viró en dirección a donde señalaba con el índice.
— Crimson Sea — Susurró ella mirando hacia el atardecer donde el sol apenas tocaba el mar que ahora por efectos de la luz se veía de un hermoso e intenso escarlata. Podía ver a las aves marinas volando en la misma dirección que ellos, acompañándolos por el mar. Había algunos delfines que decidieron asomarse y saludar con sus saltos al enorme barco, Alicia se divirtió mirándolos bailar.
—Es sin duda hermoso.
— Sin duda. — Alicia volteó a ver al Barón creyendo que también lo encontraría hipnotizado mirando hacia el océano al igual que ella, pero se encontró con sus ojos celestes fijos en ella.
AL darse cuenta de que incomodaba a la campeona retiró su mirada e inició una halagadora conversación sobre sus destrezas como capitana.
No pudo evitar agachar la mirada y volver su atención al océano mientras una pequeña sonrisa aparecía en sus rosados labios y el sonrojó volvía a sus mejillas.
"—Seremos dueños de los siete mares, ya lo verás — Dijo la joven capitana a su joven y enamorado abogado mientras corrían por la cubierta con dirección a la proa.
— Desembarcaremos en todos los pueblos, exportaremos desde el Asia hasta América.
— Llevaremos productos exóticos a esos aburridos y pomposos países y quedaran maravillados.
—Y pronto, Kingsleigh & Kingsleigh se convertirá en el dueño del mercado — Gritó sujetándola de la cintura y elevándola un poco sin soltar en el agarre para que ella pudiera apoyarse en la proa y ver como el casco del barco cortaba las olas abriéndose pasó por el océano.
El viento le caía en la cara y jugaba con su cabello largo que le hacía cosquillas a la nariz de James, sus manos se unieron y dejaron de hablar cuando el par de ojos se enfocaron en el gigantesco sol que tocaba con delicadeza las calmadas aguas del océano Atlántico.
—Señorita Kingsleigh, permítame sonar descarado, pero usted es una ladrona.
— ¿Del tiempo?
—De mi corazón. — Corrigió apresando sus rosados labios con los suyos".
—¿Está todo bien? ¿Alicia? — Ella salió de su ensoñación y volvió su atención al Barón que seguía mirándola.
—Sí… solo estaba pensando. ¿Qué me decías? — Preguntó sacudiendo la cabeza como si tratara de alejar esos tristes pensamientos de su cabeza.
—Decía que llegaríamos en unos treinta minutos, el vigía dice que ya vio el puerto. — El hombre de mirada celeste se apartó de ella y caminó por la cubierta. Se veía tan distante a ella, completamente diferente. Elegante, pomposo, perfecto, inalcanzable. Contrario a ella y contrario al humilde James Harcout del que se había enamorado por esa misma razón, su humildad.
Sonrió para sí. Al menos podría descartarlo de sus futuros pretendientes.
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Ya en el puerto, una preocupadísima Helen Kingsleigh miraba por todos lados mientras el barco desembarcaba en el muelle cinco. Su mirada gritaba desesperación y miedo por su menor hija que no aparecía en el muelle. Detrás de ella venían la Reina Blanca y los hermanos Hightopp. Las cuatro personas corrieron hacia el muelle cinco en cuanto vieron el enorme barco y a sus tripulantes arribando.
—AHÍ ESTA — Gritó Hattie señalando a la rubia que descendía del barco.
—¡Alicia! — Gritó Helen en cuanto pudo encontrar a su hija con la mirada. Los otros dos miraron en la dirección indicada y encontraron a la campeona acompañada del Barón.
Los cuatro corrieron a su encuentro. Tarrant nunca había agradecido tanto que las mujeres tuvieran que usar vestido, ya que las faldas de estos impedían que las tres féminas corrieran más rápido que él, logrando sacarle una gran ventaja.
— ¡Alicia! — Exclamó rodeándola con sus brazos en cuanto la tuvo frente a él, elevandola con sus brazos apartándola del alcance de Brais Middleford. — Estás bien, estás bien. Estaba tan preocupado. — Le llenó de besos las mejillas y la frente y no la soltó hasta que Helen se interpuso entre ellos para también abrazar a su hija.
—La tormenta fue terrible. Estábamos tan preocupados. ¿Te encuentras bien? ¿Te lastimaste? Tu ropa sigue algo mojada.
— Estoy bien, madre. Estamos todos bien — Dijo abrazándola con fuerza.
— Su hija estuvo increíble, Sra. Kingsleigh, ella piloteo la nave por su cuenta, cuando pensamos que todo estaba perdido, ella puso nuestro barco a buen recaudo en una de las islas cercanas. Gracias a Dios no hubo ningún herido ni perdida. Todo se lo debemos a ella, debe sentirse orgullosa.
— Por supuesto que lo estoy, es mi hija.
— Mamá — Susurró Alicia algo avergonzada.
—Estamos muy agradecidos de que estén todos a salvo de nuevo en casa — Dijo la Reina acercándose a abrazar a su campeona — Quiero agradecerle personalmente de cuidar de mi campeona.
— Al contrario, Su Majestad, soy yo el que debo agradecerle por otorgarme la compañía de tan valiente campeona, sin ella, nuestro barco jamás hubiese llegado a puerto. — Brais hizo una reverencia hacia su monarca y miró en dirección a Alicia que se encontraba conversando con Hattie y su madre.
— Lamento que su cita se halla arruinado.
— No puede culpar a la naturaleza, aunque es extraño, el sol estaba en lo alto de cielo y las aguas tranquilas, de repente todo se nubló y empezó la tormenta.
— Sin duda, es extraño — Respondió Miraba entre dientes sin poder darle una mirada furtiva a Tardar quien también comentó lo extraño que era ese suceso.
— Bueno, supongo que debemos irnos.
— Fue un placer verla, Su Majestad. No olvide nuestro próximo almuerzo dentro de dos días, con los demás miembros de la nobleza. — Comentó volviendo al tono aristócrata.
— Jamás lo haría. Buenas tardes — Se despidió y se llevó a Tardar antes de que nuestro sombrerero logrará escapar de su agarre.
— Muchas gracias por cuidar a mi hija, Barón Middleford.
— Descuide, fue un placer— La mujer asintió y partió con Hattie a alcanzar a la Reina y al Sombrerero.
— Muchas gracias por la cita.
— Es una lástima que se arruinara de esa forma. — Agregó Brais besando los nudillos de la joven.
— Digamos que solo tomó un rumbo diferente a lo esperado, pero no negare que es lo más interesante que ha pasado hasta ahora — Dijo soltando una risilla.
— Disfrute nuestra salida, espero que volvamos a tener otra, aunque esta vez sería mejor que fuese en tierra firme.
— Yo también lo creo.
El silencio incómodo del no saber despedirse los invadió. ¿Apretón de manos? ¿Un beso? ¿Un simple adiós? ¿Qué hacer?
Los suaves labios de Brais se posaron con delicadeza sobre sus nudillos al igual que sus ojos celestes los avellanados de ella. Estaba tan hipnotizada en esos pozos celestes que no se percató cuando los labios subieron al mismo nivel de su boca y que le robaron un fugaz beso.
—Buenas tardes, My Lady.
— Buenas tardes. — Susurró llevándose los dedos a la boca y alejándose del puerto rumbo al carruaje que tomaría con su madre y Hattie.
En el otro, se encontraba la Reina que miraba a un distante Tarrant, ambos habían sido testigos del fugaz beso entre la campeona y el barón. El sombrerero solo cerró los ojos y se mantuvo en silencio todo el trayecto hasta el castillo.
REVIEWS?
ESPERO QUE LES GUSTARA, NOS VEMOS EN OTRO CAPITULO (SI ES QUE NO DESAPAREZCO OTRA VEZ EN EL PROCESO DE ESCRIBIRLO XD) BESOS!
