Cáp. 10: Reacciones

-¡Hermione! ¿Qué diablos hacías hablando con Malfoy?-preguntó Harry a sus espaldas.

-¿Y voluntariamente?-añadió Ron.

-No os importa.

-Ey, Hermione. No te pongas borde. –dijo Ron con el entrecejo fruncido.

-Yo no me pongo borde.-contestó ella altiva.

-En realidad así era cuando la conocimos…-le susurró Ron a Harry.

-Bueno, si no os importa, tengo que ir a hablar con Ginny.-y se marchó de allí con la cabeza bien alta, dejando a Harry y Ron totalmente confundidos.

-Cada día entiendo menos a las mujeres.-masculló Ron.

-Esto no me gusta nada… Hermione se trae algo entre manos… y Malfoy está de por medio.

-Harry, deja de pensar cosas raras.

-Aquí el único que piensa cosas raras eres tú.

-¿Yo? ¿Cosas raras? No me hagas reír…-murmuró el pelirrojo.

-No, ya en serio. Todo eso de las profecías del Ángel me da mala espina. ¿Qué se supone que hará Hermione? Y más aún, ¡¿para favorecer a Voldemort!-Ron se estremeció.

-No vuelvas a hacer eso.

-Ya va siendo hora de que digas su nombre.

-No soy sólo yo, ¿sabes? Todo el mundo mágico teme decir su nombre, exceptuando a un par de chalados. Y no te ofendas.-Harry y Ron seguían discutiendo acerca de Voldemort mientras Hermione caminaba hacia su habitación. No se creía todo lo que había pasado ese día, primero Draco la salvaba de un Ángel Negro que quería hacerla trizas y después se acercaba a él para hablar… Como si nunca antes hubiesen sido enemigos. Todo era demasiado extraño. Y a la vez le producía una sensación de paz que no sentía desde hacía tiempo.

-Hola Ginny.-saludó al entrar en la Sala Común y encontrarse con Ginny haciendo los deberes junto a la chimenea.

-Hola Hermione.-le contestó sin apartar la vista del pergamino.

-Vaya, pero si acabamos de terminar las clases, ¿y ya estás haciendo deberes?

-Sí. Es una manía que me has pegado tú.-dijo la pelirroja dirigiéndole una sonrisa.

-Es extraño, ¿no crees?-dijo Hermione repentinamente.

-Sí, nunca llegué a pensar que harías los deberes nada más salir de clase.

-No me refería a eso.-Ginny se volteó para mirar mejor a Hermione. Ella se acercó a la mesa y se sentó. La pelirroja la miraba fijamente. Hermione había conseguido atraer su atención.

-¿Estás bien?

-Perfectamente. Mejor que nunca, me permitiría añadir.

-¿Y a qué se debe?-preguntó Ginny, aunque ya se hacía una ligera idea.

-No te vas a creer todo lo que me ha pasado hoy.-Hermione comenzó a contarle a Ginny lo que había ocurrido, comenzando desde e encuentro con el Ángel Negro en Clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, las profecías que había realizado, lo que Draco había hecho por ella y por último, cómo habían hablado sin que él la insultara ni una sola vez. Ginny escuchaba asombrada el relato de Hermione. Parecía mentira que todo aquel esfuerzo estuviese dando tan pronto sus frutos.

-¿No te insultó?-preguntó sin apenas creérselo.

-No. Bueno, me miró con esos ojos suyos tan… no se. Ya me entiendes.

-Sí, supongo… Hermione, ¡eso es genial!

-¡Lo sé!-dijo ella casi gritando, con una sonrisa de oreja a oreja.

-Pero me cuesta creer que Draco haya cambiado tan deprisa, ¿no? Quiero decir, hace unos días te insultaba, incluso llegó a pegarte, y ahora, de repente, arriesga su vida para salvar la tuya. Que quieres que te diga pero a mí eso no me entra en la cabeza.

-Ni a mí… Bueno, tal vez sí. Verás. Puede ser que en realidad Draco siempre… no quiero parecer egocéntrica.

-Puede que siempre haya estado enamorado de ti, pero ha tenido que disimular para mantener su reputación de Slytherin.-terminó Ginny triunfante.

-Me has leído el pensamiento.

-Soy la mejor.-dijo Ginny riendo.

-Ya lo creo que sí.-le dijo la castaña dedicándole una dulce sonrisa.- ¿Te ayudo con eso?

-Te lo agradecería. No entiendo nada.-la chica se sentó junto a Ginny y comenzaron a trabajar al calor del fuego mientras la Sala Común iba llenándose de alumnos que parecían fatigados después de las clases.

Draco estaba sentado en uno de los mullidos sofás de cuero negro que llenaban la Sala Común de Slytherin. Tenía las manos cruzadas sujetándose la barbilla, y los fríos e inexpresivos ojos grises estaban clavados en el crepitar de las llamas que ardían con calma en la chimenea.

-¡Maldita sea!-gritó levantándose repentinamente y dando una patada a un cojín que había en el suelo. Se llevó las manos al rostro y cayó abatido de nuevo en el sofá. Sentía su sangre palpitar en las sienes y decenas de imágenes recorrían su mente. Apartó las manos y las observó. Estaban húmedas de un líquido salado. Lágrimas. Sonrió con amargura. ¿Un Malfoy llorando? ¿Dónde se había visto eso? ¡Nunca! ¿Pero qué diablos le estaba pasando? Maldita Granger… Se enjugó las lágrimas con la palma de la mano y volvió a observar las llamas. Parecían formar curiosas siluetas… ¡Olvídate de ella! ¡No es más que una sangre… una impura y tú estás como un idiota pensando todo el día en ella! Sabes que tus padres nunca la aceptarán, ni ellos ni tu maldito ego. Aquella vocecita estúpida le estaba sacando de quicio.

-¡Cállate ya!-los alumnos que lo rodeaban se quedaron mirándolo como si estuviese loco. Crabbe y Goyle se acercaron a él desde el otro lado de la sala.

-¿Te ocurre algo?-preguntó Crabbe con voz profunda.

-¡Sí! ¡Todo me ocurre!

-Nosotros te escuchamos.-dijo Goyle.

-Deja de decir sandeces. ¿Escuchar? ¡Ja! No entenderíais ni la mitad…-los dos se le quedaron mirando con cara de no entender nada. Como siempre.-Todo es por Granger… ¡No sé que diablos me está pasando por la cabeza!

-Draco, tenemos que hablar.-dijo una fría voz femenina. Crabe y Goyle se voltearon, se apartaron un poco y dejaron paso a Pansy Parkinson.

-¿Hablar? No estoy en condiciones de hablar.

-Pues debes. No soy idiota, ¿sabes?-masculló apuntándolo amenazadoramente con el dedo índice.

-Mierda Pansy, ¡¿a qué diablos te refieres!

-Sabes muy bien a qué diablos me refiero. Esa asquerosa sangre-sucia lleva mucho tiempo rondando por tu cabeza, ¿verdad?

-Pansy…

-¡¿Verdad! ¡Maldita sea, Draco! ¡¿Me equivoco o no!

-¡A mí no me grites!

-¡Te gritaré si me da la gana! ¡¿Cuántas veces me has besado pensando en ella! ¡¿Cuántas! ¡¿Cuántas veces has estado junto a mí mientras imaginabas que era ella la que estaba a tu lado!

-Pansy, no dices más que tonterías.

-Crees que soy una ilusa, ¿verdad? ¡Una estúpida que está junto a ti sólo por tu dinero! ¡Yo no soy así! ¡Yo te quiero de verdad! ¿Cómo puedes pensar que Granger está realmente enamorada de ti? ¡Si lo único que has hecho a lo largo de tu vida ha sido humillarla! ¡Sólo te quiere por quién eres, no por cómo eres!-los Slytherin guardaban silencio. Todos observaban atónitos la escena. Nadie entendía nada. ¿Malfoy? ¿Granger? Aquello no tenía ni pies ni cabeza.

-Mira, Pansy.-comenzó Draco con ira contenida.-Tú no eres nadie para controlar mi vida. Haré lo que me apetezca. ¡Si yo quiero a Hermione no es problema tuyo!-dicho esto, apartó a los curiosos a empujones y salió de la Sala Común de Slytherin dando grandes zancadas, sin mirar atrás. Ignorando los cuchicheos que se habían formando e intentando no ver cómo todos lo señalaban.