HORIZONTES DE LUZ
Por Evi
O o O
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UN NUEVO COMIENZO
Eran las 0747 hrs. en Ciudad Macross; era una mañana fría pero el cielo azul pronosticaba un día benigno por delante. En el hangar del escuadrón Skull Rick Hunter se ajustaba sus guantes de vuelo mientras trataba de suprimir un bostezo.
- ¿Seguro que podrás volar¡Te ves cansado, jefe¿Qué has estado haciendo?
Aquella voz que se había escuchado tan de improvisto sobresaltó a Rick, cortándole su bostezo y haciendo que sus ojos se abrieran desmesuradamente mientras se daba la vuelta.
- ¡Max! – el capitán protestó. - ¿Qué haces aquí?
- Tenemos vuelo en 10 minutos¿no es así? Oye… te ves muy delgado… ¿Has estado comiendo bien en estos días¿Has estado haciendo mucho ejercicio?
Rick se sonrojó profundamente y Max se rió. Disfrutaba el hacer desvariar a su amigo. Se acercó a él y le palmeó la espalda, mientras le sonreía alegremente.
- Mi siquiera me voy a molestar en preguntarte cómo les fue, Rick… ¡Tienes todas las respuestas escritas en el rostro!
El capitán Hunter sonrió y fue por su casco.
- La cabaña era increíble y el paisaje… ¡es un bosque hermoso! Lisa disfrutó bastante de su cumpleaños. Eso es lo que más importa.
- ¿Y tú? – Max le sonrió insolentemente.
- ¿Yo qué?
- ¿Lo disfrutaste?
- Oye, no era mi cumpleaños… era de ella.
- ¡Vamos Rick! – Max fue a su lado, para impedirle que abandonara el hangar. - ¡Se te ve en los ojos¡Eres un demonio, jefe!
Rick se había sonrojado profundamente una vez más, pero ahora una sonrisita bastante expresiva había aparecido en sus labios. Se pasó la mano por el cabello y luego se frotó nerviosamente la base del cuello.
- ¡Fue un viaje maravilloso! – fue lo único que atinó a decir.
Max sonrió con sincera felicidad y puso su mano en el hombro de su amigo.
- ¡Ya era hora, Rick¡Se habían tardado demasiado!
- No lo sé, Max… - Rick se recargó en una pila de neumáticos de VT. – Pienso que… que esperamos el tiempo correcto y que las cosas no hubieran podido ser más perfectas de lo que fueron.
- ¿Cómo está Lisa?
- ¡Tan hermosa como siempre! – Rick respondió espontáneamente.
- Bueno… no es precisamente a lo que me refería, pero—
- Ella está bien. – Rick sonrió. – También está muy contenta y… Max… hay algo más que me gustaría decirte… algo que—que sucedió…
- ¿Todo está bien, Rick? – Max lo observó con cuidado, súbitamente alarmado por las palabras de su amigo.
- ¡Oh, sí! Por supuesto, todo está bien… ¡No podría estar mejor! Es que Max… yo—cuando estábamos en el bosque y después de que estuvimos juntos… ya sabes…
- ¿Sí¿Qué sucedió?
- Pues… - Rick tomó aire y miró a su amigo. – Max, le pedí que viviéramos juntos.
Max lo miró por unos segundos, incapaz de reaccionar, como si las palabras de Rick no acabaran de ser registradas por su cerebro. Parpadeó varias veces y abrió su boca para decir algo, pero ningún sonido acudió a sus labios.
- Y ella aceptó. – Rick desvió su mirada, pero no pudo ocultar la enorme sonrisa que tenía en los labios.
- ¿Lisa y tú…? - Max balbuceó. – Pero—pero… Rick, eso es…
Max no pudo continuar, antes bien, se rió alegremente y se acercó a Rick, soltándole un puñetazo amistoso en el estómago para luego abrazarlo y levantarlo del piso mientras el capitán se reía emocionado.
- ¡Eres un demonio, Hunter¡Eso no lo vi venir¡Oooh, cuando Miriya se entere de esto! Pero… ¿Cómo…? Es decir… tú… jamás me dijiste nada al respecto… ¡Fue realmente una sorpresa, Rick!
- Fue una sorpresa para mi también… quiero decir, no fue una sorpresa porque ya lo había pensado y sabía que se lo pediría pronto pero—al estar ahí con ella… sobre todo después de esa primera noche que pasamos juntos… y al verla a mi lado, tan bella, tan maravillosa… Max¿Para qué estar separados, si lo único que quiero es estar a su lado?
- Pero Rick… yo sé que sobre el corazón no se manda y tú sabes que yo soy el primero en felicitarlos y en sentirme feliz por ustedes pero— ¿No crees que esto pudiera tener efectos negativos en el consejo… para Lisa? Es decir, no que me importe mucho, pero ya sabes que a esas personas les gusta guardar las apariencias y todo eso…
- Lo sé, créeme que lo he estado pensando mucho, Max… pero esto es sólo una condición temporal. No tengo dudas sobre esto… quiero pasar el resto de mi vida al lado de Lisa… y quiero pedirle que sea mi esposa.
Max sonrió radiantemente.
- ¿Lo harás pronto?
- Tan pronto como sea posible… sólo necesito encontrar el anillo adecuado y el momento preciso… quiero hacer las cosas bien con ella, Max… ¡la amo!
- El cazador ha sido cazado. – Max suspiró emocionado. - ¿Quién lo hubiera dicho? Hace tan sólo unos meses… ambos traían unas caras que daban lástima… y ahora mírate nada más… ¡No puedes con esa sonrisa que traes en el rostro! Y no es difícil imaginar que Lisa anda por las mismas. Se nota que les fue muy bien… y supongo que no hubo ningún problema en ese departamento¿eh?
- Todo en orden… desempeño perfecto. – Rick le guiñó el ojo.
Max soltó una carcajada y le palmeó la espalda a Rick.
- ¡Me da gusto verte tan feliz, jefe! Lisa y tú se merecen lo mejor… ¡y te felicito por la decisión tan valiente que ambos tomaron¿Te mudarás pronto a su casa?
- Hoy que salga de la base voy a ir por mis cosas a mi casa… mañana mismo la pienso entregar a Recursos Materiales. De todas maneras todo lo que tengo cabe en una cajita, no creo que haya mayor problema… la verdadera sorpresa es que Lisa va a solicitar la casa del almirante y—quiere que vivamos en ella.
- ¿La casa del almirante? – Los ojos de Max se abrieron con la sorpresa. - ¡Vaya que tienes suerte, Rick!
- ¡No te imaginas cuanta! – Rick suspiró. – Las cosas materiales no me importan, Max… es ella, todo se resume a ella y a lo que siento por ella.
Max lo miró, sonriéndole con alegría, pero no le dijo nada, simplemente lo dejo continuar.
- Es que… esto que siento, Max… yo ya no puedo decirle que la amo porque esto es mucho más que solo amor… siento esta necesidad de demostrarle las cosas de cualquier manera que se pueda… las palabras ya no sirven, ya no son suficientes… a veces me gustaría simplemente consumirme en ella¿me comprendes?
- Sí… absolutamente.
- No tuve que pensarlo demasiado… Lisa me ama y yo a ella… pero hay mucho más que solo eso. Con ella siento una paz que jamás había experimentado antes en mi vida… siento que finalmente pertenezco a alguien… a veces, inconscientemente, he llegado a comparar a Lisa con Minmei…
- Rick eso es—
- ¡No! – Rick lo detuvo. – Max… mientras anduve detrás de ese espejismo llamado Minmei, yo viví en un estado constante de angustia, de miedo, de temor… a veces me despertaba a media noche pensando en ella y el estómago me dolía… la veía y sentía que mi cuerpo… no sé… la relación que tuve con ella, a pesar de ser platónica en su mayoría, siempre me provocó desesperación y un dolor fuerte y profundo… era como si lo que sentía por ella me estuviera matando, me estuviera envenenando la sangre a tal punto de que a veces sentía que yo ya no era yo.
- ¿Cómo pudiste soportar eso durante tanto tiempo?
- ¡Porque soy un maldito estúpido! – Rick se desesperó. – Ahora todo es diferente, Max... con Lisa… con ella siento una paz y una tranquilidad que jamás había sentido… me siento feliz, relajado… satisfecho… siento que hay algo dentro de mi que es más fuerte que yo mismo¿sabes? Siento que el amor de Lisa me sana, me purifica… ¡No lo sé! El amor de Lisa no duele… el amor de Lisa me da vida… ¡La amo, Max! Jamás pensé que fuera a amar a alguien con la intensidad, con la pasión y con la ternura con la que la amo a ella… me siento optimista otra vez… ella me ha devuelto una alegría que hacía mucho había perdido… ella… Max, ella… ¡ella es mi todo!
Rick suspiró profundamente y se puso de pie, sonriendo satisfecho mientras miraba al Skull Uno esperándolo en la pista de despegue. Max asintió con la cabeza y le puso la mano en el hombro.
- ¡Estoy muy feliz por ti, Rick! – le habló sinceramente. – Creo que ambos se merecen esa felicidad… ¡ambos se merecen mutuamente! Y para serte sincero, últimamente incluso tu mirada se ha suavizado. ¡Estoy muy contento por ustedes, jefe!
Rick le sonrió a su amigo y le asintió con la cabeza.
- ¡Vamos, Max! Es hora de volar…
- ¿Seguro que podrás hacerlo? – Max lo siguió bromeando mientras caminaban hacia la pista de vuelo. – Es que veo que caminas raro.
- ¡Yo no camino raro! – la voz de Rick sonaba indignada mientras se alejaban del hangar. – Estoy un poco cansado, pero eso es todo… ¿Qué te hace pensar que no podré volar?
- Es que parece que ya estás en el aire, aún antes de que se nos dé pista para el despegue. Tengo la impresión de que hoy no necesitas un VT para volar, jefe.
- ¡Ni una palabra más! – Rick lo reprendió. - ¡A su nave, comandante Sterling! Lo veo allá arriba… ¡Buena cacería!
Max se cuadró ante Rick e hizo un formal saludo militar antes de correr a su nave. No podía esperar por contarle a Miriya lo que Rick le acababa de decir. Rick suspiró profundamente y subió a su Skull Uno.
- ¡Lisa Hayes! – sacó su placa militar y la besó, mientras miraba la fotografía de Lisa que tenía en su consola. - ¡Mira cómo me tienes, hermosa¡Te amo!
La carlinga de su aparato se cerró y Rick comenzó a tomar pista, seguido del escuadrón Skull. Recibieron las ordenes de la torre de control y en pocos minutos todo el escuadrón estaba en el aire… ¡un nuevo día había comenzado en Ciudad Macross!
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Lisa contemplaba el paisaje de Ciudad Macross cómodamente instalada en su sillón y a pesar de la pila de documentos que tenía sobre su escritorio, ella no parecía tener prisa aquella mañana. Tenía una sonrisa en el rostro y no podía evitar el suspiro ocasional que escapaba de sus labios de vez en cuando, mientras jugaba distraídamente con sus placas de identificación.
- ¿Almirante Hayes? – la sargento Hickson entró a la oficina.
- ¡Adelante, Kelly! – Lisa se guardó sus placas debajo de su uniforme y giró su sillón para quedar de frente a su asistente. - ¿Qué sucede?
La sargento colocó tres carpetas sobre el escritorio y trató de disimular su sonrisa cuando se percató de que la siempre eficiente almirante Hayes no había hecho nada en toda la mañana más que mirar a la ventana.
- Trajeron esos documentos… uno viene de la oficina del coronel Maistroff, el otro acaba de llegar de las Industrias Stonewell Bellcom y uno más de Recursos Materiales.
- ¿Si? – Lisa se apresuró a abrir esa carpeta. - ¡Gracias Kelly! Yo los reviso…
- ¿Necesita algo más, almirante? Tal vez yo pueda hacerme cargo de estos papeles y traerle a firmar los que se tengan que firmar…
- No te preocupes, - Lisa le sonrió. – Me pondré al día, tú ya has hecho suficiente cubriendo por mí durante el fin de semana.
- Fue un placer, almirante. – Kelly sonrió satisfecha. - ¿Cómo estuvo su cumpleaños?
Lisa se sonrojó un poco pero sonrió de todas maneras.
- ¡El mejor cumpleaños de mi vida! Ah, por cierto, muchas gracias por el regalo que me mandaste… ¡Me encanta el té! Y sé que en estos días es muy difícil de conseguir, así que—
- ¡Ni lo mencione, almirante! Y me alegra que se la haya pasado bien… bueno, si me necesita, estoy afuera.
La sargento le hizo un saludo militar que Lisa correspondió y salió, cerrando la puerta detrás de ella y pensando en que cuando había sido asignada como la asistente personal de Lisa Hayes, todos sus amigos en la base le habían dicho que la almirante le arrancaría la cabeza a la primera oportunidad que tuviera. El carácter estricto e incluso explosivo de Lisa no era un secreto para los soldados de la RDF… no podía negar que los primeros días había tenido mucho miedo cada vez que veía a Lisa aparecer en la oficina, tan formal y profesional como siempre. Pero Kelly sentía que todos esos rumores eran infundados. Jamás había trabajado con un superior más agradable o considerado que Lisa… aunque quizás su cambio de actitud se debiera a cierto piloto que solía rondar por la oficina de la almirante. Kelly suspiró, sintiéndose emocionada y feliz por ellos… la historia de amor de la almirante y el capitán Hunter era muy motivante e inspiradora para las tropas.
Dentro de la oficina, Lisa sonreía emocionada mientras leía el oficio que acababa de recibir de Recursos Materiales, en donde le informaban que se había recibido su petición para ocupar la casa del almirantazgo y que se solicitaba un plazo de 5 días para llevar a cabo la inspección correspondiente y darle mantenimiento de rutina para entregarla en perfecto estado. El oficio le decía que la casa estaría lista para ser entregada el siguiente lunes, mientras tanto se llevaría a cabo el papeleo y se le invitaba a la almirante a pasar a revisarla el día que ella así lo dispusiera. Inmediatamente, casi por reflejo, Lisa levantó el intercomunicador.
- ¡Kelly!
- ¿Sí, almirante?
- Comunícame con el capitán Hunter… no¿sabes qué? Mejor localízalo y dile que necesito verlo en mi oficina.
- Claro almirante. – Kelly sonrió.
- No, Kelly… - Lisa pareció percatarse de todo el papeleo que tenía sobre el escritorio. – No le digas nada… lo veré durante el almuerzo.
- ¿Entonces no lo contacto, almirante?
- No… olvídalo.
- Bueno, me acaba de librar de un gran problema almirante, porque el capitán está volando sobre el sector VII en estos momentos al frente del Skull a 800 Km. de Ciudad Macross… hubiera sido un poco difícil comunicarla con él… pero ¿Sabe una cosa? Pienso que de haberlo hecho, él hubiera regresado de inmediato a la ciudad… para atender su llamada, almirante.
La ingenuidad y sencillez de las palabras de Kelly hicieron sonreír a Lisa, quien le agradeció la atención y cerró la comunicación, mientras tomaba la carpeta con el escudo de las Industrias Stonewell Bellcom de encima de su pila de documentos y se obligaba a sí misma a comenzar el trabajo del día.
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Habían pasado varias horas desde que Lisa había comenzado a trabajar. No había tenido tiempo ni de levantarse de su escritorio a estirar las piernas. Había documentos que revisar, autorizaciones que firmar, llamadas que contestar… después de cuatro días de ausencia las cosas se habían amontonado. Pero con todo, Lisa no podía quitarse la sonrisa de los labios mientras trabajaba.
Afuera de su oficina, Kelly sonrió de oreja a oreja cuando vio aparecer al capitán Hunter quien, al igual que la almirante, se veía particularmente feliz ese día.
- ¡Buenas tardes, sargento! – él la saludó con familiaridad. - ¿Está la almirante?
- Sí señor… y desde temprano quería hablar con usted.
- ¿En serio? – Rick sonrió arrogantemente. - ¿Puedo pasar a verla?
- Claro que sí, capitán… aunque en estos momentos está en videoconferencia con los cuarteles generales del GTU, pero no creo que tarde mucho.
- ¡Esa abejita trabajadora! – Rick sonrió. – Kelly, quiero aprovechar para agradecerte todo lo que hiciste por nosotros en estos días… sin tú ayuda y la de los Sterling yo jamás hubiera podido sacar a Lisa de aquí durante cuatro días.
- Para mi fue un honor, capitán. Usted sabe lo mucho que aprecio a la almirante Hayes.
- De todas maneras, gracias. Y te debo una… así que no dudes en acudir a nosotros si necesitas cualquier clase de favor¿está bien?
- ¡Gracias señor!
- Por cierto… ¿Podrías comunicarme con David Stonewell en Nueva Montreal? Tengo que agradecerle por todas sus atenciones.
- ¡En un segundo, capitán!
La sargento tomó el teléfono y mientras ella lo comunicaba con David, Rick observó la puerta cerrada de la oficina de Lisa y sonrió soñadoramente, sintiendo que su corazón se le aceleraba sólo al pensar que la mujer a la que amaba estaba justo detrás de esa puerta. Pasaron un par de minutos antes de que la sargento Hickson le extendiera el auricular del teléfono.
- El señor Stonewell, capitán.
- ¡Gracias Kelly! – Rick tomó la bocina. - ¡Hey David¿Cómo estás?
- Me imagino que no tan bien como tú, Rick. – David se rió. - ¿Cómo les fue?
- ¡Excelente! Sólo quería agradecerte por todo… la cabaña es increíble, el paisaje hermoso… y todos los detalles que tuvieron con nosotros…
- ¡Ni lo menciones, Rick! Y recuerda que si quieren volver a usar la cabaña, pueden hacerlo con toda confianza.
- ¡Gracias David!
- Les enviamos el nuevo programa del simulador para tu siguiente vuelo de pruebas que está programado para dentro de dos semanas. ¿Ya lo revisaste?
- No… todavía no. – Rick sonrió. - ¡Pero me emociona pensar en ese segundo vuelo!
- Será un simulacro de combate… pero conociendo tu historial y tus habilidades como piloto de combate, sabemos que será un vuelo perfecto.
- ¡Gracias! Daré mi mejor esfuerzo.
Kelly le hizo una señal a Rick con la mano, dejándole saber que Lisa había terminado su videoconferencia. El capitán sonrió de oreja a oreja y se apresuró a terminar su conversación con David.
- ¿Entonces los veremos aquí en Ciudad Macross en dos semanas?
- ¡Cuenta con ello, Rick!
- ¡Excelente! David, muchos saludos a tú familia y una vez más, gracias por todo.
- ¡Hey, capitán Hunter! – David lo detuvo.
- ¿Sí?
- Esa chica… la que habló… es la asistente de la almirante Hayes¿cierto?
- Sí… - Rick respondió lentamente, clavando su vista en Kelly, que le sonreía.
- Bueno… sólo quería… confirmar el dato… eso es todo. ¡Gracias! Y dale mis saludos a la almirante Hayes por favor.
- ¡Así lo haré!
Rick terminó la llamada y le sonrió casi traviesamente a Kelly.
- La almirante está desocupada, capitán.
- ¡Gracias sargento! – Rick casi cantó esas palabras.
Lisa acababa de terminar su videoconferencia y decidió darse un respiro. Se puso de pie y se sirvió un vaso de agua. Estaba bebiéndola ávidamente, percatándose de lo sedienta que estaba, cuando escuchó la puerta de la oficina abrirse y cerrarse suavemente. Una sonrisita tierna apareció en sus labios, sin siquiera tener que darse la vuelta para ver quien era el que había llegado a invadir su territorio. Ella había llegado a un punto en el que podía captar la presencia de Rick… incluso su aroma en la distancia.
Sin embargo, cuando sintió los brazos fuertes de él cerrarse en torno a ella, el calor de su cuerpo abrazando al suyo y sus labios al plantarle un beso suave pero apasionado en la mejilla, ella no pudo evitar el sentir que sus piernas se debilitaban.
- Me informaron que la almirante ha querido verme desde temprano. – Rick le susurró al oído.
Lisa se acurrucó contra su cuerpo y sonrió. Rick frotó suavemente su mejilla contra la de ella, provocándole cosquillas.
- Hay dos cosas que tengo que informarle, capitán.
- Una de ellas tiene que ver con el segundo vuelo de pruebas.
- ¿Cómo lo supiste?
- Porque ahora puedo leerte la mente, Hayes.
- ¡Mentiroso! – Lisa se dio media vuelta para quedar de frente a él. - ¡No es cierto, tú no puedes leerme la mente!... ¿O sí?
Rick la miró a los ojos, sonriendo hasta que finalmente soltó una risita y se inclinó para besar a Lisa suavemente en los labios.
- A veces si puedo… - le guiñó el ojo. – Hablé con David, para agradecerle sus atenciones y me dijo que habían enviado el programa de simulador para el siguiente vuelo.
- Así es… - Lisa miraba a Rick insistentemente a los ojos. – Entonces supongo que con que revises el material, podemos dar por terminado ese punto de esta reunión. Hay cosas más importantes que debemos de discutir en estos momentos.
- ¿Y cuáles serían esas cosas, almirante?
Rick la observaba con fuego brillándole en los ojos y una sonrisa que hacía que el corazón de Lisa se derritiera.
- ¡No tengas ideas raras, Rick Hunter!
Lisa se soltó de él y caminó a su escritorio.
- ¿Ideas raras? Max me dice que camino raro, tú me dices que tengo ideas raras… ¡soy una rareza andando!
- Lo eres… y ahora que lo mencionas, sí caminas un poco raro… – Lisa le sonrió traviesamente y le arrojó una carpeta. - ¿Qué te parece esto?
Rick la abrió y sus ojos literalmente volaron sobre el texto que aquel documento contenía. Una enorme sonrisa comenzó a aparecer poco a poco en su rostro y sus ojos se iluminaron.
- ¿El lunes¿El próximo lunes?
El capitán levantó la vista para encontrarse con la de Lisa, que en silencio le sonreía casi tímidamente mientras se frotaba las manos con anticipación. Rick arrojó la carpeta sobre el escritorio y puso sus brazos en torno al cuerpo de Lisa, abrazándola con fuerza.
- Lisa, no creo poder explicarte lo emocionado que estoy con todo esto… hoy, mientras volaba, no podía dejar de pensar en ti… en lo que vivimos juntos, en lo que todavía está por venir…
- ¡Yo también estoy muy contenta, Rick! – Lisa lo abrazaba y lo besaba suavemente en la línea de su mentón mientras hablaba.
Rick la separó de sí, para mirarla a los ojos. Ella lo miró interrogativamente, pues de pronto se notaba un tanto preocupado.
- Hay algo que quiero hablar contigo, Lisa… quizás sea un mal momento, pero… lo pensé antes y hoy en la mañana Max me comentó lo mismo… yo—yo quisiera saber si tú estás completa y absolutamente segura de que quieres hacer esto… mudarte conmigo, vivir conmigo… como pareja.
- ¡Jamás he estado más segura de nada en mi vida entera, Rick! – Lisa le respondió vehementemente, mirándolo directamente a los ojos con una mirada que pareció traspasar el corazón del piloto.
- Yo también estoy absolutamente seguro de esto, Lisa… sólo me preocupa… tú sabes, lo que puedan decir en el consejo… - Lisa iba a hablar, pero Rick levantó su mano para impedírselo y seguir con su razonamiento. - ¡Te amo, Lisa! Y como te dije, quiero que algún día nos casemos, formemos una familia… quiero estar a tú lado para siempre y no me importa lo que otra gente diga o piense… pero tampoco quiero que esto vaya a causarte conflictos o problemas.
- Creo que nuestras vidas privadas con eso, privadas. – Lisa le respondió con una sonrisa. – Eso lo aprendí de un teniente que tenía una boca demasiado grande. – Rick se rió. – Después de todo lo que hemos pasado en estos años he aprendido a valorar las cosas realmente importantes de la vida… Rick, te amo… y creo que mientras hagamos nuestro trabajo con eficiencia y profesionalismo, nadie tiene porque cuestionarnos nuestra relación de pareja. Además, creo que ambos tenemos el derecho de amar, de ser amados, de vivir en pareja… de simplemente ser seres humanos normales y estar enamorados.
- Lisa… - Rick le sonrió con ternura. - ¿Realmente no te importa compartir tu vida con un piloto de circo?
- ¿De qué está hablando, capitán? – Lisa le sonrió con cariño, mientras le acariciaba el rostro. – A como yo veo las cosas, tengo a mi lado al héroe más condecorado de la Guerra Robotech… al mejor piloto de la RDF, al legendario líder del Escuadrón Skull… un héroe de guerra… alguien que ha salvado mi vida más veces de las que puedo contar… ¡Tú, Rick Hunter eres mi héroe!
Rick sacudió la cabeza. Su vista se había nublado un poco al escuchar a Lisa hablar de esa manera. Lo único que pudo hacer fue atraerla contra sí, de una manera casi posesiva y besarla profundamente en los labios, tratando de poner en aquel beso todo lo que tenía… tratando de que ella sintiera, con aquel beso, todo lo que él sentía por ella, sentimientos tan fuertes que eran imposibles de poner en palabras.
Cuando se separaron, Rick entreabrió sus ojos y se encontró con los ojos esmeralda de Lisa mirándolo con tanto amor que sintió cómo su corazón se enternecía por ella.
- ¿Cuándo quieres que vayamos a ver la casa, Rick?
- ¿La casa? – él todavía no podía enfocar del todo sus pensamientos. - ¡Oh, la casa! Bueno… no sé cómo andes de tiempo hoy, amor.
- Un poco apretada. – Lisa suspiró. – Pero es mi culpa porque todo el día me la he pasado con la cabeza en las nubes en lugar de—no, espera… en todo caso es TÚ culpa, Rick Hunter.
- ¡Vaya! – Rick se rió, divertido. – Jamás puedo ganar contigo, Hayes… creo que contigo siempre soy culpable, aunque se demuestre lo contrario.
- ¡Claro que sí! – Lisa se rió y lo besó suavemente en los labios antes de volver al escritorio. – Supongo que voy a estar aquí hasta tarde… no lo sé… en todo caso, te entrego el programa de simulador. Estuve revisando el plan de vuelo y los protocolos. Ya los autoricé… así que capitán, espero un reporte de por lo menos 70 horas de vuelo en simulador antes de que efectúe este vuelo de prueba.
- ¡Eso no será problema, almirante! Voy a estudiar los protocolos y hoy mismo comenzaré con el simulador. Estaba pensando en ir hoy a recoger mis cosas a mi casa. – Rick se pasó la mano por el cabello nerviosamente. – Si no te molesta que viva contigo… esta semana, antes de que nos mudemos a la otra casa.
- ¿Molestarme? – Lisa se rió. - ¡Rick¿Realmente crees que te dejaría ir a tú casa? No señor, usted se queda conmigo.
El capitán sonrió y se inclinó a través del escritorio para besarla suavemente en medio de los ojos, tan suave que hizo que ella sintiera cosquillas y una sensación estremecedora que le recorrió el cuerpo.
- Tal vez podríamos ir a ver la casa mañana… tenemos que tomar algunas medidas y todo eso, para poder comprar los muebles… ¿Te parece que vayamos a comprarlos el fin de semana?
- ¡Excelente! – Lisa sonrió.
- ¡Otra cosa, almirante! Usted puso la casa, me corresponde amueblarla… ¡Y no acepto un no por respuesta! – Rick le puso el dedo índice a Lisa en los labios para acallarla.
Ella miró a Rick a los ojos y una sonrisa apareció lentamente en sus labios. Sabía que Rick había estado gastando mucho en esos días… sin embargo sabía que eso significaba mucho para él y lo hacía sentir importante… por otro lado, ella también sabía que ese mes Rick recibiría un bono extra por el vuelo de prueba que había llevado a cabo.
- Solo iba a decir que tú los comprarás, pero yo los voy a escoger. – Lisa bromeó.
- De acuerdo… pero me reservo el derecho de elegir el sofá y la cama. – Rick sonrió casi provocativamente.
- No hay problema. – Lisa le sonrió. – Después de todo deben de ser cómodos, para que estés a gusto mientras te dedicas a ver el techo.
El capitán Hunter gruñó y estaba a punto de atacar a Lisa, cuando ella, sin siquiera darle tiempo de decir o hacer nada, siguió hablando.
- Hay otra cosa, Rick… no sé cuando vayas a ir a Recursos Materiales a entregar tu casa.
- Quizás mañana mismo… ¿Porqué¿Hay algún problema?
- No, pero te quería comentar algo. – Rick se sentó frente a Lisa, escuchándola con atención. – Esta mañana cuando le pedí a la sargento Hickson que me llevara el oficio solicitando la casa de almirante, ella me dijo que quería aprovechar para solicitar una casa para ella… está viviendo en las barracas. Estaba pensando que quizás podríamos traspasarle tu casa. Pienso que se la merece.
- ¡No se diga más! – Rick sonrió. – Es una casa pequeña, pero uno vive cómodamente ahí. Además acaban de darle mantenimiento, los paneles solares son nuevos y… pienso que Kelly se sentirá muy cómoda viviendo ahí.
- Entonces mañana que vayas a entregarla dile a Kelly que te acompañe y hagan el papeleo correspondiente.
- ¡Así lo haremos¿Sabes algo, amor? Pienso que a David Stonewell le gusta Kelly.
Lisa parpadeó un par de veces, siempre sorprendida por los pensamientos tan imprevistos de Rick.
- ¿Por qué lo dices?
- Intuición masculina. – Rick se encogió de hombros.
Lisa soltó una carcajada y se puso de pie, yendo a donde Rick estaba sentado. Él abrió sus brazos para recibirla y la abrazó por la cintura, recargando su mejilla en el abdomen de ella, que lo abrazaba alrededor de los hombros.
- ¿Por qué no vamos a comer algo, Rick? Es tarde y todavía hay mucho que hacer.
- De acuerdo. – Él la miró soñadoramente a los ojos. - ¿Me das un beso?
Lisa sonrió y se inclinó para besarlo suavemente en los labios. Ambos se sonrieron cuando Lisa se separó de él y le acarició el cabello. Enseguida se puso de pie pasó su brazo por los hombros de Lisa, atrayéndola contra su costado mientras se dirigían a la puerta de la oficina. El día iba a ser todavía muy largo, pero la sonrisa que ambos traían en sus rostros hacía obvio el hecho de que aquello no parecía importarles… en esos momentos nada podría nublar su felicidad.
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Eran casi las 1800 hrs. y la almirante Hayes estaba poniendo algunos documentos dentro de su bolsa de mensajero, disponiéndose a ir a casa mientras tarareaba suavemente alguna canción para sí misma. La puerta de su oficina se abrió de golpe y antes de que Lisa pudiera siquiera reaccionar, sintió como Miriya la abrazaba tan fuertemente que la dejó sin aire, y literalmente la levantó del suelo.
- ¡Ya supe lo de tú y Rick! – Miriya casi le gritó en el oído. - ¡Estoy muy contenta!
- … Gracias… Miriya… - Lisa respondió sin aliento, intentando soltarse de aquel abrazo tan mortal.
- Max me lo dijo esta mañana cuando salimos a patrullar. ¡No lo podía creer! Aunque yo pensé que era necesario celebrar un ritual de matrimonio primero… él me explico que a veces las cosas pueden pasar de otras maneras… aún es difícil para mi comprender la cultura microniana a veces.
- Sí… - Lisa se sonrojó un poco. – En realidad… yo no lo esperaba… yo…
- Así que finalmente ustedes dos tuvieron su ritual de amor y ahora van a vivir juntos… ¡Y todo sucedió en un fin de semana! Después de tanto esperar… si a mí me tomó por sorpresa¡me imagino cómo te sientes tú, Lisa¿Estás contenta?
- Muy feliz… - una sonrisa apareció lentamente en los labios de Lisa.
- ¿Entonces Rick es bueno¿Mejor o peor de lo que esperabas?
- Él… es muy bueno. – Lisa se sonrojó aún más. – Pero Miriya, esas son preguntas que no deberías estar haciéndoles a las personas.
La zentraedi movió su mano, como quitándole importancia al asunto.
- ¡Como sea! Rick está en los simuladores y trae una sonrisa en los labios que—en realidad todo el día ha estado en las nubes. ¡Se nota que finalmente…!
- Sí… - Lisa la interrumpió, no queriendo escuchar más comentarios indiscretos de su amiga. - ¿Dices que Rick todavía está en los simuladores?
- Así es…
- ¡Excelente! Entonces tengo tiempo de ir a casa y preparar una cena especial.
- ¿Necesitas que te lleve?
- No, gracias Miriya. – Lisa sonrió, mostrándole las llaves de su camioneta que colgaban de su dedo. – Esta noche el capitán Hunter regresará caminando a casa.
Lisa le guiñó el ojo a Miriya y las dos amigas salieron de la oficina riendo divertidas y comentando sobre algunos acontecimientos del día.
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Era de noche y Rick, de pie en el pasillo de entrada de su casa, observaba todo a su alrededor. Esa tarde había hablado con la sargento Kelly Hickson y le había dicho sobre los planes que él y Lisa tenían de que ella se quedara con su casa. Aquello había sido una sorpresa para la jovencita y no se había cansado de agradecérselos, tanto a él como a la almirante. Una casa de oficial, como la de Rick, no era el tipo de casa que se le daba a un sargento como lo era ella. Además el capitán le había hecho una muy buena oferta de dejarle la casa amueblada… de todas maneras él y Lisa adquirirían muebles nuevos y un poco de dinero extra no le caería nada mal a él.
En ese momento, en el silencio de aquella casa oscura, miles de recuerdos se amontonaban en la cabeza de Rick. Recordaba todos los momentos que Lisa y él habían compartido en aquel lugar a través de los años… tantas noches que habían cenado juntos, que habían visto la televisión juntos… que simplemente se habían sentado a conversar, a compartir sus sueños, sus esperanzas, sus miedos, sus temores… recordó aquella navidad mágica que habían pasado juntos hacía un par de años. Casi podía ver a Lisa moviéndose de habitación en habitación, limpiando diligentemente el desastre que él iba dejando tras de sí…
Pero también recordó a Minmei… recordó la noche en la que ella había llegado, sin que él pudiera saber cómo había sabido donde vivía, pues nunca antes lo había visitado… recordó cómo se había metido en su vida, cómo había invadido su espacio y alejado de su lado a quien realmente era importante para él… recordó aquella noche de Navidad y—lo que había sucedido entre ellos. También recordó lo mal que se sentía al otro día, lo incorrecto que aquello se sentía… y de pronto casi pudo escuchar el sonido distante del timbre de la puerta… y ver a Lisa aparecer frente a él para decirle que venia a despedirse… que aunque jamás lo volvería a ver, no se iría sin decirle que lo amaba… que siempre lo había amado y que siempre lo amaría.
Rick suspiró profundamente, sintiendo cómo las lágrimas le nublaban la vista. Se inclinó para recoger una caja de cartón que estaba en el suelo y luego abrió la puerta. Le dio una última mirada a esa pequeña casita, escenario de tantos acontecimientos en su vida. Sonrió con una mezcla de tristeza y esperanza y apagó la luz del pasillo.
- Adiós… - murmuró antes de cerrar la puerta. – El pasado ha quedado atrás…
Mientras la solitaria figura del jeep militar que Rick estaba manejando se alejaba lentamente por la calle oscura y solitaria, dejando atrás aquella casa que significaba un pedazo de su historia, él no podía evitar el sonreír pensando que con todo, un nuevo comienzo comenzaba para él, un nuevo camino que andaría teniendo a Lisa a su lado siempre… y que ya le correspondería a la sargento Hickson llenar aquella casa de recuerdos que él esperaba, fueran más agradables que los que él tenía de ella.
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No le tomó mucho tiempo a Rick llegar a casa de Lisa. Había recorrido el camino de manera automática… aquel camino que tantas veces había seguido antes, siempre teniendo la cabeza llena de dudas y el corazón lleno de incertidumbre. Ahora esos tiempos habían quedado atrás. Ahora él sólo podía sentir felicidad… desesperación por estar a lado de ella, sabiendo que sería para siempre. Sonrió cuando vio la Freelander estacionada en la entrada de la casa. Miró las cajas que traía en el jeep y decidió que más tarde se encargaría de ellas. Ahora lo único que deseaba era ver a Lisa, por lo que se apresuró a abrir la puerta.
Apenas había traspasado el umbral, cuando las notas suaves, dulces y melodiosas del piano le dieron la bienvenida. El capitán Hunter caminó lentamente y en silencio hasta la sala. Sonrió al ver a Lisa, quien se veía preciosa con el vestido color azul que llevaba puesto, tocando magistralmente una hermosa melodía al piano. Rick se cruzó de brazos y se recargó contra el marco de la puerta, disfrutando de aquella interpretación. Lisa no hizo ningún movimiento que denotara que se había percatado de la presencia de Rick, pero él no quería asustarla, así que se acercó a ella, pisando fuerte para que ella lo notara.
Lisa sonrió, pero no perdió el ritmo ni la cadencia de su melodía. El capitán Hunter se recargó en el piano, mirándola al rostro. Sus miradas se cruzaron momentáneamente, pero los ojos de ella inmediatamente regresaron a la partitura que tenía frente a ella y frunció levemente el entrecejo, haciendo que sus ojos verdes adquirieran un brillo de fuego, señal indiscutible de que estaba interpretando una parte particularmente difícil de aquella melodía… Rick sonrió; se veía preciosa así, tan concentrada en lo suyo. Pronto la expresión en el rostro de Lisa se suavizó y le sonrió a su piloto. Sus dedos se movían con gracia y agilidad por las teclas del piano, arrancándole los sonidos más apasionadamente dulces que Rick hubiera escuchado en su vida.
Las últimas notas parecieron flotar en el aire por un momento antes de desvanecerse en el silencio de la noche. Él capitán tenía los ojos cerrados, sintiéndose embriagado por aquellos sonidos tan maravillosos que Lisa sabía arrancarle al piano. Ella lo miraba y sus sonrisa era expresiva… ¡Estaba tan emocionada de que finalmente hubiera llegado!
- Bienvenido a casa, Rick. – Lisa susurró aquellas palabras de tal manera que el corazón de él se aceleró inmediatamente.
- ¡Y llegué para quedarme! – Rick se inclinó y besó suavemente a Lisa en la frente.
Se separaron y sus ojos se encontraron. Ambos sonrieron y se acercaron para besarse suavemente en los labios antes de que Lisa siguiera hablando.
- ¿Fuiste a tu casa?
- De allá vengo. – Rick asintió y sonrió. – Fui a recoger mi cajita con mis pertenencias. Ya es oficial, Hayes… a partir de hoy ya soy todo tuyo.
Lisa le sonrió con cariño y emoción reflejados en sus ojos verdes que, aquella noche, parecían más profundos y enigmáticos que de costumbre. Como respuesta comenzó a tocar otra melodía al piano.
- Se llama "Corazón Trémulo". – Lisa le dijo, y no hubo necesidad de más explicaciones.
Mientras la tocaba, sus ojos jamás abandonaron los de Rick. Las miradas de ambos estaban cargadas de amor, de pasión, de deseo… pero de mucha ternura y un cariño que iba mucho más allá que simplemente el aspecto físico de su relación. Lisa no pudo terminar su interpretación, pues Rick se había acercado a ella por detrás, deslizándole los brazos por la cintura… y cuando sintió sus labios húmedos y ardientes posarse en el hueco que se formaba entre su cuello y su hombro, Lisa perdió su concentración. Suspiró profundamente y sus manos automáticamente se posaron en las de Rick, que descansaban sobre su abdomen.
- Rick… - susurró.
- Te extrañé mucho, almirante Hayes. – él murmuró contra su piel.
Lisa se dio media vuelta en el taburete, para quedar cara a cara con él y le acarició el rostro con ternura.
- Ya estás en casa, Rick… y es para siempre.
- Lo sé. – el piloto le sonrió una de esas sonrisas que eran capaces de derretirle el corazón.
Ambos se besaron y era obvio que él quería profundizar aquel beso, pero ella no se lo permitió. Se separó de él lentamente y se puso de pie, tomándolo de la mano y guiándolo hacia el comedor, donde Rick se sorprendió al ver la mesa puesta… una cena a la luz de las velas.
- Lisa… yo—
Ella le sonrió y sus ojos se enternecieron cuando se encontraron con los de él.
- Preparé la cena para los dos.
- ¿Tú cocinaste? – él estaba sorprendido.
- Así es… y espero que te guste, porque lo hice especialmente para ti.
- ¿Sabes una cosa? – Rick la abrazó y la besó suavemente en la mejilla. - ¡Me encanta vivir contigo!
- ¡Has vivido conmigo por menos de 10 minutos, Rick! – Lisa se rió.
- Lo sé… ¡Y ya me encantó! Tuve un concierto privado y ahora una cena íntima que tú cocinaste para mí… ¡Magnifico comienzo, almirante! Aunque debí de sospechar que usted querría estar a la altura de las circunstancias.
- Sí, así es. – Lisa le guiñó el ojo. – Ya me encargué de la primera parte de la noche, Hunter… el resto te corresponde a ti.
- ¡Eso no será ningún problema! – Rick respondió, besándole la mano y soltando una risita divertida.
Los dos se rieron y tomaron sus lugares en la mesa, disponiéndose a comer la deliciosa cena que Lisa con tanto amor había preparado para ellos. Era la primera noche que compartían ya como una pareja, viviendo juntos bajo el mismo techo. Después de cenar ambos se sentaron en el sofá y durante horas conversaron de mil cosas diferentes, desde situaciones del trabajo, con el nuevo plan de vuelo y los simuladores para el vuelo de prueba de Rick, hasta la reacción de Kelly ante la noticia de que ya tenía casa. Luego hablaron de sus planes para el futuro, de todo lo que pensaban hacer y comprar para su casa nueva. Los dos estaban abrazados, cómodamente instalados en los brazos del otro.
Llegó un momento en el que pareció que ya no había más que decir… ya no deseaban decir nada más… un momento en el que él, sin siquiera pensarlo, había buscado ávidamente los labios de Lisa y ella había correspondido a aquel beso. Ambos habían terminado besándose y acariciándose profunda e íntimamente en el sofá antes de que Rick, con una voz suave que hizo que ella se estremeciera, sugiriera que fueran a su habitación pues él era un hombre de palabra y pensaba cumplir con su parte del trato.
… ¡Y lo hizo!
Aquella noche hicieron el amor hasta que ambos se sintieron exhaustos, hasta que sintieron que estaban completamente empapados de la esencia del otro, llevándose mutuamente al paraíso una y otra vez, compartiendo una sensación intensa de plenitud, confundiéndose con el otro, transformándose en uno solo, sintiendo que toda la existencia se condensaba en un instante, se expandía y explotaba en un grito de plenitud, del triunfo del amor sobre todas las adversidades. Después, en ese estado de satisfacción y placer total en el que se encontraban, se quedaron profundamente dormidos uno en brazos del otro, embargados por un sentimiento indescriptible de placidez, bienestar y afecto mutuo… y esa seguridad que les daba el saber que al otro día, cuando abrieran los ojos, la persona que más amaban en el universo estaría ahí, a su lado, compartiendo con ellos aquel despertar.
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Era media tarde en Ciudad Macross, un hermoso día de Marzo que anticipaba la ya inminente primavera. El cielo azul intenso, una suave brisa fresca que venía del bosque cercano, los primeros brotes de flores que comenzaban a surgir tras el frío invierno, las hojas tiernas en los árboles y los pájaros invisibles gorjeando entre el follaje.
De pie frente a su Freelander, Rick y Lisa observaban en silencio la casa que tenían ante sí. Ambos se habían quedado sin palabras y la expresión en sus rostros era más significativa que cualquier otra cosa. Rick iba vestido con jeans, una camiseta negra con el escudo del escuadrón Skull al pecho y su chamarra de aviador y Lisa, con un pantalón cargo color caqui, una camiseta blanca con las mangas largas de color verde y su cabello recogido en una cola de caballo. Ambos se veían muy jóvenes y hacían una pareja muy atractiva. Nadie sospecharía que ese par de chicos tan enamorados eran en realidad la almirante y el piloto más reconocidos de la RDF.
La casa que tenían ante ellos era ni más ni menos la casa del almirante… la misma que había sido construida hacía un par de años para que fuera ocupada por el almirante Gloval y que él, sin embargo, jamás había llegado a utilizar. En esos momentos una cuadrilla de trabajadores se encargaba de las labores de mantenimiento y del jardín.
Lisa se acercó a Rick, sin dejar de mirar la casa. Su mano buscó la de su piloto, pero ninguno de los dos dijo nada. Y es que la casa era realmente bonita. No era muy grande ni lujosa, pues Gloval siempre prefirió mantener un perfil bajo. Pero era mucho más bonita y espaciosa que las "cajitas de cerillos" en las que vivían los militares, como Rick las llamaba. Era una casa de una sola planta, siguiendo la estructura básica de la arquitectura militar de Ciudad Macross. Estaba pintada de un color azul-verdoso claro y las tejas del techo eran oscuras.
Estaba localizada al fondo de un pequeño jardín y teniendo como fondo los primeros árboles del bosque, ya que estaba ubicada en el extremo norte de la ciudad. Tenía un porche y grandes ventanas panorámicas que dejaban pasar la luz al interior de la misma, así como una cochera cerrada adosada al lado poniente. Era una casa sencilla, pero bonita y funcional, digna de la almirante de la RDF.
- ¡Es… increíble! – Rick finalmente pudo articular palabra después de unos minutos. - ¡Absolutamente hermosa!
- Lo es… - Lisa asintió y miró unas hojas de papel que tenía en su mano. – Aquí dice que tiene tres recamaras, dos baños completos y dos medios baños, cocina, comedor, sala, recibidor… un estudio-biblioteca… una sala de estar… un cuarto de servicio, la cochera… y en el jardín trasero una terraza y una alberca.
- ¿Alberca? – los ojos de Rick resplandecieron. - ¿Incluso tiene alberca?
- Así parece. – Lisa volvió a mirar la casa. - ¡No lo puedo creer! Nuestra casa, Rick… ¡Nuestra casa!
- ¡Vaya! – Rick no atinaba a decir más.
- ¿Quieres entrar? – Lisa le sonrió.
- ¿Estás segura que podemos? No quisiera interrumpir a los trabajadores…
- Una visita rápida… estoy segura de que no se molestarán… ¡Ven!
Lisa lo tomó de la mano y lo condujo al interior de la casa. Varios trabajadores los saludaron al verlos llegar. Lisa y Rick estaban tan impresionados con los interiores de la casa tanto como lo habían estado con el exterior. Era un lugar amplio y acogedor, lleno de pequeños detalles. La almirante y el capitán recorrieron uno a uno los cuartos mientras comentaban en la clase de muebles que necesitarían para cada espacio. Los dos estaban muy emocionados y no podían ocultarlo. De cuando en cuando detenían su recorrido para mirarse a los ojos, sonreírse y hacer planes particulares para cada una de las habitaciones.
Cuando llegaron al patio trasero, Lisa no pudo evitar el suspirar profundamente, mientras Rick sonreía emocionado… aquel sitio era magnifico, con una pequeña alberca y muchas flores por todos lados.
- Creo que lo único malo que tiene esta casa, - Rick comentó. – Es que queda un poco lejos de la de los Sterling… pero supongo que no es tan malo, pensándolo bien… así a Max le costará más trabajo el venir a acosarme.
Lisa se rió con aquel comentario, pero no pudo dejar de observar los detalles de la arquitectura de la casa, mientras seguía pensando cuáles serían los mejores muebles para cada espacio. Tenía una copia del plano, por lo que no era necesario tomar medidas. Estaba tan ensimismada en sus pensamientos, que no notó cuando Rick se acercó a ella por detrás, sino hasta que él le pasó los brazos por la cintura y la atrajo hacía él.
- Lisa… - susurró suavemente en su oído. - ¿Estás segura de esto?
- ¿Segura de querer vivir aquí? – Lisa sonrió. - ¿Qué clase de pregunta es esa, Hunter?
- No… - la voz de él sonó seria y preocupada. – De querer vivir aquí conmigo.
- Rick, ya habíamos hablado de esto antes. – ella se dio la vuelta para mirarlo a los ojos. – Te amo y quiero vivir contigo. Es tan simple como eso.
- Lo sé. – Rick no podía apartar su mirada de aquellos ojos verdes que eran su perdición. – No quiero que pienses que me estoy acobardando, Lisa… tú sabes que te amo y que vivir contigo es un sueño hecho realidad. Pero no quiero que te sientas presionada o que—
- ¡Shhhh! – Lisa le colocó el dedo índice sobre los labios. – Rick¿De qué manera puedo hacerte entender que te amo y que estoy segura de mis sentimientos?
Rick tomó la mano de Lisa delicadamente en la suya y le besó la punta de los dedos con cariño, sin romper el contacto visual. Luego le sonrió y se inclinó para besarla suavemente en la mejilla.
- Yo sé que me amas, bonita… ¡Me lo has demostrado tantas veces y de tantas maneras distintas! Yo no tengo dudas al respecto.
- Yo tampoco.
- Bien. – Rick le besó la palma de la mano. – Entonces te prometo que no volveré a mencionar este asunto.
- Rick… te agradezco que te preocupes por mí pero… todo va a estar bien, ya lo verás.
Él sonrió con ternura y besó a Lisa suavemente en los labios antes de tomarla de la mano y conducirla al interior de la casa una vez más. Había una chimenea en la sala, lo cual les agradó particularmente. La vista desde la recamara principal, del jardín trasero y el bosque cercano, era hermosa. La cocina era espaciosa y tenía al centro una barra en donde podrían comer sin necesidad de ir hasta el comedor. Lisa se sonrojó cuando Rick mencionó que de las dos habitaciones extras, una sería su cuarto de huéspedes y la otra podría ser acondicionada como cuarto de bebés en un futuro. El capitán Hunter había dicho aquello de manera tan espontánea y natural que incluso a él lo tomó por sorpresa. Se miraron con ternura y se besaron suavemente. Ninguno hizo comentarios al respecto… pero ambos pensaron que su relación se estaba afianzando y avanzando con pasos firmes. La idea de compartir la vida entera juntos cada vez se consolidaba más y aquello los emocionaba.
Hablaron con los trabajadores, dándoles algunas indicaciones precisas para algunos espacios de la casa. La recorrieron una y otra vez, contemplando las habitaciones, planeando la decoración o simplemente soñando con todo lo que vivirían juntos en aquella casa… su hogar.
Mientras regresaban a la colonia militar, ninguno de los dos dejó de hablar de su nueva casa en todo el camino. Incluso cuando se detuvieron en el supermercado a comprar la despensa de la semana, la casa fue el tema de conversación, entre las discusiones perpetuas por el cereal que deberían de comprar o el sabor del yogurt que cada uno quería. Sí, era un hecho de la vida, su relación de pareja cada vez era más sólida y estable y cada vez que respiraban sentían que se amaban más y más.
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La semana había transcurrido lentamente, pero sin contratiempos aunque con mucho trabajo. Lisa había tenido mil actividades que hacer, juntas a las que tenía que asistir, reportes que leer, peticiones que autorizar, nada fuera de lo común. Rick por su parte había pasado la semana dividiendo su tiempo entre sus vuelos de patrullaje con el Escuadrón Skull y sus prácticas en el simulador para su próximo vuelo de prueba. Ambos habían decidido que el sábado irían a Ciudad Monumento a comprar los muebles para la casa y de paso para salir un rato y olvidarse de la rutina. El pensar en pasar un día juntos, lejos de Ciudad Macross, los motivaba a trabajar con empeño.
El viernes en la tarde Rick parecía leoncito enjaulado. Lo único que deseaba era ir por Lisa a su oficina y salir de la base. Hacía un par de horas que él y la sargento Hickson se habían visto para ir a Recursos Materiales a firmar los papeles del cambio de casa. Kelly había estado particularmente emocionada cuando Rick le había entregado las llaves y le habían dicho que podía ocupar su casa ese mismo día. En ese momento el capitán Hunter sintió que su relación con Lisa se oficializaba aún más, pues cuando puso las llaves en manos de Kelly, él supo que ya no tenía un lugar propio para vivir, ahora dependía completamente de Lisa. Aquello lejos de asustarlo lo hizo sentir protegido y puso una sonrisa en su rostro.
Mientras volvían al edificio principal, Kelly no había dejado de hablar de los planes que tenía ahora que viviría en su casa propia. Rick la observaba y sonreía. La joven sargento parecía un pajarito emocionado que no dejaba de gorjear. Los dos iban comiéndose unas paletas de hielo que habían comprado en una maquinita expendedora afuera del comedor militar. Fue hasta entonces que Rick se percató de lo joven que Kelly era, lo que lo hizo pensar que la RDF era sin duda un ejército de jóvenes. Él mismo recordó cuando se había enlistado en las fuerzas de defensa; era un chiquillo rebelde y voluntarioso que lo único que quería era volar… jamás pensó que la vida lo fuera a llevar al punto en donde se encontraba en esos momentos.
Ahora era un oficial del ejército, comandante de operaciones militares de la RDF, jefe de los grupos aéreos, un capitán condecorado, piloto de pruebas y encargado de varios proyectos… pero sobre todo, jamás pensó que aquella oficial terca e intransigente que le había dado sus instrucciones de aterrizaje aquella mañana de febrero, hacía ya tantos años, en que había ido a presenciar el lanzamiento del SDF-1 en la Isla Macross, algún día se convertiría en su razón de vivir, en su vida misma.
- ¿Capitán Hunter?
Kelly le habló, percatándose de que de pronto estaba perdido en sus pensamientos y no estaba escuchando nada de lo que ella decía… aunque por la sonrisa que traía en los labios no era difícil imaginar a dónde había volado su mente.
- ¿Eh? Ah… llámame Rick… en realidad jamás he sido muy afecto a las formalidades.
- Bien… capit—es decir, Rick… yo sólo quiero agradecerle… es decir, agradecerte por lo que han hecho por mí. Tú y la almirante Hayes se han convertido en mis mentores y mi inspiración… estoy muy contenta de trabajar para ella y cada día, cuando llego a mi puesto de trabajo, me prometo que daré lo mejor de mí porque quiero ser la mejor asistente que la almirante Hayes pueda tener. No quisiera ser trasferida a ningún otro lugar. ¡Estoy muy feliz en donde estoy en estos momentos! Y ahora incluso tengo una casa… ¡Gracias!
- ¡Ni lo menciones! Aunque claro que debes de comprender que con esto le vendiste tu alma al diablo. – Rick le sonrió, poniéndose cuernitos con los dedos índices de sus manos.
- ¿Cómo es eso?
- Bueno… ahora estás obligada a ser mi cómplice cada vez que se me ocurra secuestrar a Lisa o prepararle una sorpresa o lo que sea.
- ¡Cuente con eso, capitán! – Kelly se rió. – Es decir… Rick.
El capitán Hunter soltó una carcajada y siguió comiéndose su paleta de hielo.
- ¿Y cómo está la agenda de mi mujer el día de hoy?
- Algo apretada en la tarde. – Kelly le informó. – Tenía una reunión la próxima semana con unos consejeros del GTU pero hoy vinieron a Ciudad Macross a revisar algunos proyectos con el coronel Maistroff y aprovechando el viaje, adelantaron la reunión.
- ¡Vaya! – Rick se notaba desilusionado. - ¿Y a qué horas crees que salga?
- No creo que después de las 2000 horas. Los consejeros tienen que volar de regreso a Ciudad Monumento.
Rick recordaba aquella conversación, mientras caminaba impacientemente afuera del edificio principal y de cuando en cuando miraba hacia arriba, percatándose de que todavía había luz en el salón de juntas. Miró su reloj, eran poco más de las ocho de la noche. Se sentó en una jardinera y su vista se clavó en el cielo nocturno, tachonado de estrellas. Sonrió involuntariamente y sus pensamientos volaron a Lisa… y se permitió soñar con el futuro que le esperaba al lado de esa mujer maravillosa a la que tanto amaba.
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Dentro del edificio principal, en el salón de consejo, Lisa había estado en reunión con el coronel Maistroff y media docena de miembros del Consejo del Gobierno de la Tierra Unida. Habían estado revisando y evaluando las actividades y proyectos de la RDF durante las últimas semanas y asignando algunas misiones específicas con las que las fuerzas de defensa debían apoyar al GTU en los próximos meses. Habían pasado un par de horas programando el plan bimestral de actividades de la RDF con la GTU y habían evaluado el desempeño de la almirante Hayes después de sus dos primeros meses al frente de la RDF.
Entre otros puntos, el GTU había finalmente otorgado la autorización para que la RDF, por medio de la almirante Hayes, firmara los contratos correspondientes con las Industrias Stonewell Bellcom para que se iniciara la producción masiva de los FY-4, mientras se seguían llevando a cabo los vuelos de prueba por parte de la RDF. Lisa decidió que los contratos y convenios serían firmados la siguiente semana, cuando los Stonewell visitaran ciudad Macross.
Finalmente un tema había salido a colación y era el que ahora les ocupaba. Había que retomar el último proyecto en el que el Almirante Gloval había trabajado y echarlo a andar. Lisa sintió una punzada en el corazón cuando comenzaron a hablar de la fallida misión del SDF-2 y de que debían comenzar a pensar qué se haría al respecto.
- El almirante Gloval siempre fue muy preciso en sus planes. Una misión espacial a largo plazo debe llevarse a cabo y de eso no hay duda. – uno de los consejeros estaba hablando. – Es parte de la misión de la RDF sacar adelante un proyecto de esta naturaleza.
- Se necesitará presupuesto y tiempo para llevar a cabo la construcción del SDF-3. – Maistroff intervino.
- Se asignarán los presupuestos, pero primero deben de trabajar ustedes en el proyecto y presentarlo ante la GTU. Y pensamos que por lo menos el proyecto ejecutivo deberá de estar listo este mismo año.
- El proyecto ejecutivo no será problema. – Lisa intervino. – Incluso la construcción de la nave, una vez que el presupuesto sea asignado tampoco tomará demasiado tiempo, si se construye en el Satélite Fábrica. Yo pienso que el verdadero tema de discusión aquí es la finalidad de esta misión.
- ¿De qué habla, almirante Hayes? – otro de los consejeros la cuestionó. – Creo que Gloval tenía muy clara la misión: buscar el planeta del enemigo y neutralizarlo en su propio territorio para evitar futuros ataques a la Tierra. Esas fueron las órdenes específicas que él recibió del GTU… no podemos darnos el lujo de esperar sentados un nuevo ataque a la Tierra.
- Y esas son las órdenes que se me fueron dadas a mí también por el almirante Gloval. – Lisa asintió.- Sin embargo creo que bajo mi mando la naturaleza de la misión será diferente. El almirante Gloval era un pacifista y sé que aprobaría la visión que yo tengo al respecto porque muchas veces lo hablamos… la humanidad no resistiría una nueva guerra, señores… esta vez tuvimos suerte de salir con vida. Pero yo pienso que buscar el planeta de los enemigos podría llevarnos años… y enfrentarlos en su propio mundo… ¿Qué caso tendría? Necesitaríamos un ejército bien equipado para poder hacerles frente, y no sólo una nave SDF… pienso que una misión de esa naturaleza sería suicida y que además, dejaría a la Tierra indefensa aunque cualquier ataque que se pudiera realizar mientras la misión está en curso.
- ¿Y qué propone, almirante? Pensamos que usted estaba de acuerdo con la visión del Almirante Gloval, incluso había aceptado el mando de la nueva fortaleza.
- Lo hice. – Lisa asintió. – Pero fueron las circunstancias… en esos momentos yo estaba pasando por un momento difícil y el alejarme de aquí parecía mi única opción… sin embargo ahora que pienso en las palabras del almirante Gloval, me doy cuenta de que sus intenciones eran más grandes que sólo una misión militar. Él mismo me dijo que era momento de que el hombre dejara atrás su cuna ancestral y buscara su lugar en el espacio… mi propuesta es una misión de exploración, emigración y colonización espacial. Una misión pacífica, no militar.
- ¿De qué está hablando, almirante Hayes?
- Estoy hablando de que si deciden volver a atacar la Tierra no tendríamos una segunda oportunidad. Hemos sido diezmados y el planeta se recupera lentamente de sus heridas. Pienso que antes de pensar en pelear con el enemigo, deberíamos pensar en la supervivencia de la raza humana como civilización. Debemos encontrar nuevos planetas, buscar nuestro lugar en el espacio, como el almirante Gloval bien lo dijo… llevar a nuestra gente a esos nuevos planetas para iniciar la colonización de nuestro universo y preservar así nuestra cultura.
Los miembros del consejo se miraron unos a otros sin saber que responder. Maistroff abrió la boca para refutar lo que Lisa acababa de decir, pero se contuvo, decidiendo que esa era una discusión que más valía tener en privado con la almirante y no frente a los miembros del consejo. Lisa los miró a todos y asintió con la cabeza.
- Supongo que ninguno de nosotros estaba preparado para hablar de este tema en esta reunión… pero es un proyecto imperativo y propongo que se fije una fecha para que yo pueda hacer una presentación integral del proyecto que traigo en mente y entonces, ya con los datos en la mano, creo que podremos discutir este asunto de manera imparcial y con la cabeza fría.
- Apoyo la idea de la almirante. – el encargado del grupo del GTU asintió, cerrando su carpeta. – Yo aún traigo en la mente el plan que se había diseñado junto con Gloval, pero supongo que muchas cosas han cambiado desde entonces y las circunstancias son diferentes ahora. Almirante, yo estoy dispuesto a escucharla y revisar su propuesta. ¿Cuándo piensa que la puede tener lista?
- Para cuando ustedes lo dispongan.
- ¿Qué le parece en la próxima reunión bimestral, en el mes de mayo?
- ¡Excelente! Yo me encargaré de presentar la propuesta y el anteproyecto ese día, pero me comprometo a enviarles el material necesario con antelación para que puedan revisarlo y podamos discutirlo en la próxima reunión.
- Si no hay nada más que decir, creo que podemos dar por terminada esta reunión. – el coordinador de los consejeros se puso de pie, se quitó sus anteojos y se tallo los ojos. – Creo que fue una sesión muy productiva… almirante Hayes, a manera personal, permítame extenderle una calurosa felicitación por su desempeño en estos dos primeros meses al frente de la RDF. Después del almirante Gloval usted ha tenido unos zapatos muy grandes que llenar, pero ha sabido hacerlo con prudencia y mano firme. ¡La felicito de verdad!
- ¡Gracias, señor! – Lisa se puso de pie y lo saludó militarmente.
Mientras los miembros del consejo abandonaban la sala de juntas, hablando entre sí, el coronel Maistroff se acercó a Lisa, que se entretenía en recoger sus cosas, y le habló en voz baja pero fuerte.
- Creo que debemos hablar, almirante Hayes… sobre lo que dijo hace unos momentos… usted no había discutido conmigo los cambios de planes que tiene para la misión que originalmente había sido proyectada por Gloval. Pienso que como su segundo al mando tengo derecho de ser informado de este tipo de situaciones antes de que usted las comunique al consejo.
- Coronel Maistroff, no presenté ninguna propuesta formal. Lo que dije fue simplemente mi visión personal, fuera del protocolo… no presenté ninguna propuesta oficial, fue solamente un comentario. Creo que ya tendremos tiempo de sentarnos a conversar sobre este tema… esta reunión fue muy imprevista, coronel. Sé que los miembros del consejo vinieron a arreglar algunos asuntos con usted… ¿No le parece que por mera cortesía profesional usted hubiera podido avisarme desde esta mañana que la reunión se había adelantado para el día de hoy y no hacérmelo saber media hora antes? Creo que es verdad que tenemos un problema de comunicación y me parece que debemos resolverlo para que estas situaciones no vuelvan a ocurrir.
Lisa lo miró a los ojos y él retrocedió, sintiéndose un tanto atemorizado por aquellos ojos profundamente verdes que parecían lanzar chispas, contradiciendo por completo el tono calmado de la voz de la almirante.
- ¡Si señora almirante! – Maistroff la saludó. – Solicito permiso para retirarme.
- Concedido. – Lisa volvió a lo suyo.
El coronel Maistroff se dirigió a la puerta, refunfuñando en voz baja. La voz de Lisa lo hizo detenerse en seco justo antes de cruzar la puerta.
- ¡Coronel!
- ¿Qué sucede, almirante?
- Disfrute su fin de semana… trate de relajarse un poco.
Maistroff hizo un gesto de disgusto, sin poder decidir si las palabras de Lisa eran sinceras o si se estaba burlando de él. Finalmente dejó escapar un suspiro de frustración y asintió con la cabeza.
- Igualmente, almirante… la veo el lunes.
Cuando Lisa se vio sola en la sala de consejo, dejó caer su bolso de mensajero sobre el escritorio y ella misma se dejó caer sobre su sillón mientras gruñía casi desesperadamente.
- ¿Por qué siempre tiene que hacer las cosas tan difíciles? – se preguntó en voz alta.
Su cuerpo se tensó involuntariamente cuando sintió unas manos fuertes que se posaban en sus hombros y comenzaban a masajearla con firmeza pero delicadamente. Sonrió al reconocer aquel contacto tan familiar.
- No importa qué tan difíciles te las haga, amor. Tú siempre sales victoriosa de todas tus batallas…
- Rick… - Lisa sonrió. - ¿Me estabas esperando?
- No pensarías que me iba a ir a casa sin ti¿verdad? – se inclinó para besarla en la mejilla. - ¿Cuál es el reporte de daños?
- No estaba preparada para esta reunión. Maistroff la reprogramó sin siquiera avisarme. Tuve que improvisar… el consejo del GTU quería un reporte completo de los dos primeros meses de mi gestión frente al RDF. Ya tenía listo el borrador, pero apenas tuve una hora para preparar el material que había que presentar.
- Los vi cuando salieron del edificio… - él la seguía masajeando. - Se veían bastante complacidos y sus comentarios sobre la increíble almirante Hayes no parecían ser malos en absoluto.
- ¿En serio? – Lisa sonrió y miró a Rick.
- Así es. – Él asintió con una sonrisa. – Amor, Maistroff jamás aceptará que tú eres mejor que él, pero no debes de preocuparte por él, porque tú ya has demostrado tu valor y tu fortaleza a todos los demás. El consejo del GTU está muy conforme contigo, lo demás no importa.
- Lo sé, pero aún así a veces llega a estresarme un poco.
- Bien, te diré lo que haremos. – Rick se hincó frente a ella y la tomó de las manos. – Vas a ir a cambiarte y nos vamos a ir a cenar a donde tú quieras… ahí me contarás todo sobre esta reunión y yo te diré lo maravillosa que eres y la suerte que tenemos todos en la RDF de tenerte al frente de nuestras fuerzas… luego iremos a casa, en donde te prepararé un buen baño caliente para que te relajes y ya después podremos descansar, porque mañana…
- ¡Mañana hay que madrugar! – Lisa se acercó a Rick, acariciando su nariz con la suya juguetonamente mientras le sonreía de oreja a oreja.
- ¿Por qué? – Rick le devolvió la sonrisa.
- ¡Porque nos vamos a Ciudad Monumento a comprar los muebles para la casa!
- ¡Me alegra que no hayas olvidado nuestros planes para el fin de semana! – Rick se puso de pie y la jaló para ponerla de pie a ella también. - ¡Quiero que descanses y te relajes un poco! Ya el lunes seguiremos en esta batalla… pero por ahora una tregua es requerida.
- ¡A sus órdenes, capitán!
Lisa le hizo un saludo militar y se rió divertida. Rick la abrazó por la cintura y la levantó del suelo, gruñendo juguetonamente para luego besarla en los labios. Tomó el bolso de mensajero de encima de la mesa y se lo echó al hombro, mientras que con la otra mano tomaba la de Lisa.
- ¡Vamos almirante¡Es hora de sacarla de aquí!
Ella no opuso resistencia. La semana había sido larga y difícil, estaba cansada y un poco estresada, pero decidió que trataría de olvidarse de todo, aunque fuera por un par de días. Una nueva semana comenzaría el lunes y habría mil cosas por hacer… por lo pronto, lo único que importaba era que era viernes por la noche y que tenía ante ella el prospecto de un fin de semana completo, al lado de su piloto. - - -
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Notas al capítulo:
- "Corazón Trémulo" (Trembling Heart) es el título de una melodía del soundtrack de "Macross: Do you remember love?" que es también mi pieza instrumental favorita de esa película.
- Quería mostrarles el modelo de la Casa del Almirantazgo, es decir, la casa en la que Lisa y Rick van a vivir, pero no puedo añadir la URL en este lugar, así que si les interesa verla, pueden contactarme y con gusto se las mostraré.
- Agradezco profundamente a todos quienes han seguido la historia hasta este punto. Sus comentarios, sus mensajes, sus correos electrónicos siempre son motivantes. Y sin duda su amistad es la mejor recompensa que he obtenido al escribir estas historias. ¡Gracias!
- Todavía sigo retrasada con mis correos electrónicos, pero estoy trabajando en ello.
- El trabajo se ha puesto bastante difícil esta semana y presiento que así seguirá hasta fin de año. No he tenido mucha oportunidad de escribir pero como no quiero faltar a mi compromiso de los jueves, quizás divida algunos capítulos en dos, como lo hice con este, para tener material para seguir publicando y no quedarles mal.
- ¡Que tengan todos una excelente semana! Y nos vemos el próximo jueves.
.: GTO-MX :.
