CAPITULO 10

Theodore reconoció a Igor Karkarov apenas puso un pie en el comedor. Era muy alto, se veía fuerte y tenaz. Intimidaría a cualquiera. Además de que debería ser un mago espectacular si había logrado ser director de una escuela de magia con un pasado tan turbio como del que era dueño.

—Albus, viejo amigo —dijo abrazando al director en su acento característico. A Theodore le dio un hormigueo en el cuello y un vacío en el estómago al escuchar ese acento tan despectivo de tierras bajas… como de aquel mago que casi lo mata hace ya años atrás. El trauma seguía vivo. Casi podía sentir como la varita quemaba en su cuello.

Salió de ese trance en cuanto los alumnos de Beauxbatoms hicieron presencia. Franceses. Theodore había estado una temporada en Francia y los recuerdos no eran del todo agradables, especialmente acerca de las chicas francesas. Ni siquiera quería pensar en eso.

Bartemius Croush subió al frente del gran comedor y se dirigió a todos los alumnos anunciando que el torneo de los tres magos sería llevado a cabo con la regla de que solamente los magos mayores de edad podrían participar, ya que este era muy peligroso y se jugarían la vida.

Theodore por supuesto ya estaba enterado, Edward se los había dicho. El salón estallo en quejas y protestas, ubico a Granger en medio de sus amigos, ella no protestaba y por eso mismo, a Theodore le agradaba un poco más. Las competencias de ese tipo no eran el juego de un mago listo. La vida es primero, ese siempre sería su lema. El resto podría ser fanfarronerías y sentimentalismo idiota.

No muy lejos de él, escucho como un cubierto caía al suelo. Ubico a Matthews a unos cuantos metros de él, estaba pálida y con una expresión de horror. Ubico a James un poco más lejos, él la estaba mirando y se veía preocupado. ¿Es que acaso Matthews quería participar?

Para aumentar tensión en el lugar, la puerta principal se abrió, un sonido de bastón inundo el lugar. Todos voltearon al instante. Un sujeto empapado, con una capucha sobre la cabeza y cojeando con un bastón se acercó ruidosamente. El techo del colegio vibró como si de una tormenta se tratara. Por un momento Theodore pensó en los mortífagos.

Pero el hombre se quitó la capucha y dejo ver su entrecanado cabello y ese ojo que pondría nervioso a cualquiera. Era un objeto mágico, de alguna manera, único en su especie. Theodore se preguntaba si era una reliquia familiar, y si alguien lo había creado, ¿Quién?

Ojo loco Moody. Era más atemorizante de lo que le describieron. Ese ojo loco recorrió la mesa de Slytherin. Juraría que se detuvo en Draco más tiempo que en los demás, cuando sintió que estaba siendo observado. Era como si toda la sala lo estuviera haciendo. Mirando a detalle con ojos inquisidores, como si pudiera ver a través y dentro de él, de manera innata, Theodore uso su Oclumancia. Miró hacia James de inmediato y también se veía nervioso y con los ojos entornados. Aterrador. Se preguntó si aquel efecto solamente era percibido por oclumantes y legeremantes. Miro a Snape y este estaba fresco como una lechuga, pero había un leve temblor en la esquina de los labios. Enfado absoluto. Theodore se preguntó si era por la sensación que dejaba ese ojo mágico o porque era otro año más que no le daban el cargo como profesor de Defensa contra las artes oscuras. Primero un imbécil, luego un fraude, después un hombre lobo y ahora un loco; en la disparatada mente de Albus Dumbledore, todos y cada uno de ellos más capacitado que Snape.

Menudo desperdicio.

En el lento transcurrir de los días y la incomodidad de tener que buscar con mayor ahínco lugares en donde practicar hechizos con tranquilidad, pues el número de alumnos era el triple y donde quiera que fuera, había ya alguien invadiendo el espacio. Más aun, cuando Víctor Krum estaba cerca o se esparcía el rumor de que el estaría cerca. Lo cual hizo imposible cualquier intento de acercamiento hacia el muchacho, como Edward Greengrass había sugerido. Tendría que pensar en alguna otra manera de recolectar información.

Era una mañana de domingo, el primero de su estadía en Hogwarts, cuando se acercó a leer bajo su árbol favorito. Todo había sido tranquilidad, pues el búlgaro estaba volando en su escoba en inmediaciones del campo de Quiditch… pero hasta allí podía escuchar los alaridos de las féminas de Beauxbatoms, Gryffindor y Durmstrang. Pero, todo ese barullo y ridículo que montaban aquellas chicas, era otra de las razones por las que Granger le agradaba un poco más. Si ella hubiera salido corriendo a acosar a Víctor Krum como todas las demás, Theodore le hubiera restado puntos a la bruja, pero no le decepciono y con aprobación veía como ella se limitaba a rodar los ojos cuando las demás chicas hacían escándalo.

Theodore estaba pensando seriamente en montar allí mismo un refugio anti ruido; pero entonces, Granger llego, que seguramente como él, buscaba un lugar silencioso para hacer aquello que tenían en común: Leer. Sabía que era ella. Sus pasos eran firmes; no fuertes, como Matthews; no acompasados, como James. No gráciles, como Draco. Granger, Matthews, Draco y James, eran los únicos que se acercarían a él en solitario… Pero hasta el momento, solamente Granger era quien podía llegar, saludar un con un casual "Hola Nott" sentarse cerca de él y ponerse a leer en silencio, como justo ahora estaba haciendo.

Theodore no le dirigió la vista, preguntándose a sí mismo (y no por primera vez) porque nunca protesto por esa actitud despreocupada de Granger hacia él. Si fuera cualquier otra persona, él le pediría que no fueran tan informales… pero sencillamente nunca lo hizo. Pensó en que Granger seguramente no había sido educada de la misma manera que él, pero que si no se trataban de esa manera informal, ella nunca confiaría en él, siempre se mantendría a la defensiva y a Theodore no le convenía eso. Cualquier otra bruja o mago quizá daría algo muy preciado por conseguir el mismo trato que Granger recibía de él… pero no. Granger no. Granger era solamente Granger. Y aunque a veces era choqueante, a Theodore le agradaba que ella fuera de esa manera. Por momentos así, olvidaba que su apellido cargaba con generaciones de magos sangre pura antes que él, con planes en que pensar, cosas que averiguar y tormentos personales que resolver. Granger nunca le genero esa sensación de querer estar en guardia o a la defensiva, con la duda de que si ella fuera de fiar o no. Con Granger eso nunca sucedió. Ella era tan transparente que a veces le enfadaba… pero que en momentos como ese, justo como estaban ambos, leyendo un libro al pie de un árbol, le producía tranquilidad.

Ese fue uno justamente uno de los motivos por el que le pidió ser de su círculo interno… de hecho, el único motivo que realmente a Theodore le importaba.

—Hola Granger —contesto al fin, aun manteniendo la vista en su libro— ¿Qué tal las vacaciones?

—Creí que lo sabrías —dijo ella, con ese tono de ironía. Ella cerró el libro de golpe— estabas allí. En el palco del ministro de magia, te vi hablando con Malfoy.

Theodore alzo una ceja y al fin quito los ojos de su libro. Ella estaba envuelta en un abrigo de lana, un pequeño gorro rojo en su cabeza y su cabello en parte escondido en su abrigo. Su rostro lucía pequeño de esa manera. Usaba también su bufanda Gryffindor en su cuello. Sus ojos, al contrario de su rostro, se veían más grandes, estaban mirándole fijamente y con… ¿Qué? ¿Curiosidad? ¿Rabia? ¿Desconfianza?

— no recuerdo que también estuvieras allí. ¿Cómo es que nos viste? —A Granger le invadió el rostro ese leve color rosa. Theodore ladeo la cabeza, curioso, esa era la reacción de Granger a la vergüenza— ¿Estabas espiando? —puso su libro a un lado, encogió las rodillas en dirección a Granger, y acento allí primero sus brazos y luego su mentón, Granger se puso aún más rosa— ¿A mí? ¿O a Draco?

Granger desvió la vista al instante— Eso no es determinante —dijo en tono enfadado, pero Theodore había aprendido a distinguir entre el enfado y su intento de cambio de conversación, esta ocasión era lo segundo— el punto es que estabas allí.

—Estaba negociando —dijo él. Al instante Granger volvió la vista, ahora en sus ojos había curiosidad. Theodore llevo una enguantada mano a su mejilla, esperando. Ella rodo los ojos. Ironía otra vez.

Ella suspiro antes de hablar— Harry dijo que fue un hombre quien conjuro la marca tenebrosa, dijo que lo vio pero nadie le cree. Todo el mundo se tragó la historia acerca de que fue una elfina.

—La elfina de Croush —dijo Theodore— deberían creerle a Potter, un elfo no hace nada que sus amos no ordenen.

Granger entorno los ojos— ¿Entonces fue Croush el que ordeno que conjurara la marca?

Theodore se encogió de hombros— o fue Croush directamente, si le creemos a Potter. O quizá fue el mismo Potter. No me mires así —dijo esto último ocultando diversión, poner en tela de juicio a Potter siempre la enfadaba— cuando algo no está claro, siempre hay que ver todas las posibilidades. La primera duda es si Potter miente o no. Te preguntare ¿Por qué Potter estaba allí?

Granger aún le miraba con los ojos entrecerrados, pocas veces eran en las que ella le hacía caso acerca de sus gestos— Se separó de nosotros en medio del descontrol, dijo que le empujaron y se golpeó la cabeza en el suelo y cuando despertó vio al hombre conjurando la marca tenebrosa, si se golpeó, yo misma le cure el moretón.

—Quizá aún quedo confundido —dijo Theodore— no es un testigo enteramente confiable y además… usa anteojos, sin embargo es una versión creíble. Pero, no podemos descartar que alguien le haya lanzado un encantamiento confundus. La otra opción es que si haya sido la elfina…. Lo que nos deja con la cuestión acerca de quien le ordeno conjurar la marca...

Granger se había puesto pálida— Es imposible que sea Bartemius Croush. Es casi una leyenda en el ministerio de magia. Ha sido por años un funcionario impecable.

Él asintió— implacable diría yo —dijo Theodore pensando en lo que leyó acerca de Barty Croush Junior y lo que le sucedió, pero Granger no tenía porque también saber— pero no tuvo precisamente ser el quien le ordenara, pudo ser otra persona, haciéndose pasar por el usando una poción multijugos, eso sería catastrófico para el Ministerio, llegar a perder credibilidad… o también un muy elaborado hechizo confundus, son posibilidades, Granger. Posibilidades.

Ella bajo la cabeza y también encogió las rodillas para apoyar su mentón allí. Luego volvió a sostenerle la vista— ¿Mataran a la elfina?

— ¿Quieres incursionar en su cautiverio y rescatarla? ¿O que use mis influencias a cambio de algo que tú puedas darme? —Por la tensión en su mandíbula, sabía que estaba apretando los dientes— ¿Aceptaras mi mano? —la pico aún más.

Inesperadamente, Granger sonrió, pero la ironía aún estaba en sus ojos— No juegas limpio, Nott.

Theodore se encogió de hombros— Yo siempre gano, Granger. De una o de otra manera, siempre gano.

La sonrisa de ella murió— Ya hablamos acerca de eso y tenemos un acuerdo —dijo con expresión severa.

"Oh, el acuerdo" él pensó, ahora con ironía "casi una burla, pero un acuerdo al fin y al cabo" recordó casi con rencor, pero lo desestimo, ya que seguramente, por su falta de educación ella no sabía lo que estaba haciendo, pero Theodore acepto después de pensárselo un poco. Era educado y después de un elaborado y creativo hechizo que Granger pensó para asegurar que no diría nada a nadie acerca de ese tema, Theodore estaba relativamente tranquilo. Aunque muy en el fondo solo le hubiera bastado con que ella prometiera no decirle a nadie acerca de ello, estaría igual de tranquilo, pues ella era confiable y apostaba un millón de galeones a que ella cumpliría su promesa.

— Ahora —continuo ella, con ese tono de mando— te dije algo que no sabes, es en este momento cuando me dices que estabas negociando con Malfoy.

Theodore pensó divertido en que sería víctima de su propio juego algún día, quizá— Tu seguridad, por supuesto —dijo el tranquilo, ella volvía a ponerse algo rosa, de nuevo agacho los ojos. Su temeridad desapareció de a poco. La culpa era el punto débil de Granger, después de todo— lo convencí de que no te maldiga con magia… pero quizá sea pesado con las burlas. No se puede todo en la vida.

—Te dije que no era necesario —ella volvió a enfrentarlo— te dije que podía manejarlo.

—Y yo te dije que no lo conseguirías —dijo firme, pensando en que en Malfoy Manior Draco tenía una habitación entera dedicada a la magia oscura y objetos malditos para usar— si era necesario. Tenemos un trato ¿recuerdas?

Granger quiso decir algo, pero se tragó sus palabras. A ese juego podían jugar ambos.

—Bien —dijo ella meditabunda, ahora mirándole, luego suspirando— supongo que… —volvió a suspirar— Gracias.

Theodore se apoyó nuevamente su mejilla en su enguantada mano— No es suficiente, me debes una.

Ella rodo los ojos, pero ahora le miraba con diversión. Se miraron en silencio durante un rato, ella parecía querer preguntar algo, pero no parecía encontrar las palabras. Theodore esperaba en silencio. Fue allí cuando los grititos agudos de chicas se escucharon cada vez más cerca.

—No es cierto…

—No es cierto…

Ambos hablaron al mismo tiempo mirando hacia el grupo de chicas que venían como a unos quince metros de ellos, pues Víctor Krum había decidido bajar a correr cerca del lago negro y sus fans también habían decidido seguirle hasta allí.

Luego se volvieron a mirar el uno al otro, extrañados al darse cuenta de aquella sincronía extraña al decir las mismas palabras al mismo tiempo.

Otro grito más cercano hizo que volvieran a girarse hacia el vendaval que venía. Theodore observo que Krum miraba hacia ellos; bueno, de hecho hacia Granger, con los ojos entornados y por un buen rato, ella no se dio cuenta. Después Krum, le miro a él, pero con una mirada algo diferente, más serio y más curioso. Las fans no daban tregua, así que siguió corriendo a lo largo del lago.

— El lago esta medio congelado en unos metros más allá, volverá a pasar por aquí —dijo Theodore metiendo los libros en su mochila, había llevado tres— y todo ese ruido también. Iré a la biblioteca —dijo poniéndose de pie.

—Voy contigo —dijo Granger, al mismo tiempo que guardaba sus libros. Theodore la espero y como siempre, le ofreció la mano para ayudarla a ponerse de pie.

Fue justo allí que como Theodore predijo, Krum volvió a pasar por allí, otra vez mirándoles. Granger ya estaba caminando por el pasto hacia el colegio, pero se volvió al ver que Theodore no le seguía— ¿Nott?

—Si —dijo él colgándose la mochila al hombro y viendo como la vista de Krum volvía a Granger, pero ella seguía sin darse cuenta. Ella le estaba mirando a él, y siguió haciéndolo hasta que llego a ella y acompasaron los pasos juntos.

— ¿Qué le ofreciste a Malfoy? —pregunto ella de pronto.

— ¿Tienes algo para mí?

Ella bufo— no.

Theodore sintió ganas de reír, pero la comprensión y el oportunismo volvieron a iluminar su mente— Te lo diré, pero estarás en deuda conmigo.

—no juegas limpio… pero suena justo.

Theodore miro al frente con muchas ideas por realizar ya maquinándose en su cabeza, mientras una inocente Granger caminaba a su lado. Esa inocencia también le agradaba, le gustaba pensar que en esa pequeña cabeza, Theodore podía ser visto como alguien confiable y justo. Eso era prácticamente ser alguien bueno y eso le daba una sensación extraña en el pecho.

— ¿Lo ves? —dijo mirándola. Sus ojos enormes, llenos de curiosidad, tanto, que podía verse reflejado en ellos— yo siempre gano.


La primera clase de defensa contra las Artes oscuras fue terrorífica y educativa. Theodore se decantaba más por lo educativo… pero era la primera vez que se ponía a pensar en serio acerca de los maleficios imperdonables. Imperio… Theodore tenía una seria intención de saber realizar correctamente ese maleficio. El Cruciatus sin embargo, para él no tenía razón de ser. No era algo novedoso y lo peor es que no era nada sigiloso… a menos que se le aplicara al torturado un hechizo de "silencio". Él sabía que era más sencillo y seguramente se podían obtener mejores resultados torturando a alguien psicológicamente. Sin embargo… por un momento recordó la clase, la pequeña criatura que Moody maltrataba y se retorcía, Longbotton con aspecto de desmayarse en cualquier momento. Granger, gritando que se detuviera, pues hacia sufrir a la criatura e indirectamente a Longbotton. Longbotton, podre desgraciado.

"Lo haces sufrir"

Theodore frunció el ceño, mientras leía y recordaba. Miro hacia el frente, más allá de donde Granger estaba, sentada delante suyo resolviendo deberes de Aritmancia, demasiado ocupada escribiendo en su pergamino para darse cuenta de que Theodore se había dado un respiro (la bruja se comportaba como un capataz malhumorado cuando de deberes de trataba) vio entonces grupos de alumnos de todos los años ante mesas se agolpaban para estudiar o buscar libros, vio a otros Hufflepuff, Ravenclaw e incluso algunos pequeños Gryffindor.

Todos ellos en grupo. Luego miro a Granger. Ahora, indirectamente, él estaba en una especie de grupo. Involuntariamente pensó en James e incluso en Matthews. Arrugo la nariz por una milésima de segundo ante el pensamiento. Soltó un respiro cansado y se recostó en la silla.

Granger levantó la cabeza al instante, parecía dispuesta a soltar el látigo de palabras mordaces y amenazas acerca del poco tiempo que quedaba para terminar los deberes, pero Theodore fue más rápido.

—No se trata de torturar —dijo despacio, mirándola.

— ¿Qué?

Theodore parpadeo— estaba pensando en los maleficios imperdonables, poniendo en una balanza los pro y los contra. Su utilidad y su efectividad.

Granger quedo un momento con la boca abierta un momento, luego los colores subieron por su cuello, pero cuando habló, lo hizo muy bajito— Eso es ridículo —dijo, el color de la ira abandono su cara y su expresión calculadora reapareció. Ahora era un debate— El mayor contra es terminar en Azkaban, no encuentro un pro que sobrepase ese contra.

Theodore se encogió de hombros— siempre existirán las causas atenuantes. Imagina esto: Estas en tu casa, cómodo y tranquilo. Sin embargo, un ladrón entra a tu casa, toma un cuchillo y trata de asesinar a tu madre. Y no es un ladrón cualquiera, es un loco despiadado y tú lo sabes, matara a tu madre y luego a ti. Tienes la varita en la mano y solo tienes una oportunidad de lanzar un hechizo. Un Imperio lo detendría al instante y le podrías ordenar quedarse de pie en la sala mientras llamas a los Aurores.

Granger le miro entrecerrando los ojos— siempre puedes aturdirlo.

Theodore no se echó atrás— no si también tiene una varita ¿Qué ladrón del mundo mágico no tiene una varita? en todo caso, si es muggle, el desgraciado puede saltar hacia ti con el cuchillo y si es mago se batirán en duelo y un hechizo podría darle a tu pobre madre.

—Un incarcerus —dijo Granger, ahora cruzándose de brazos.

—Apuñalara a tu madre —dijo Theodore gesticulando con las manos— ¿No querrías una solución efectiva y libre de errores?

—Seguramente mi madre no me quiere en Azkaban.

—Seguramente tampoco quiere morir.

Hubo un duelo de miradas antes de que Granger levantara su mentón y murmurara— he pensado en el maleficio Imperio más como algo útil para cosas nada nobles. Quien-tu-sabes la uso para tomar el Ministerio sin que la sociedad mágica se diera cuenta.

—Y lo consiguió —ronroneo Theodore, complacido y apoyando la mejilla en una enguantada mano. Disimulo todo lo que pudo la satisfacción de que Granger le diera la razón. El maleficio Imperio era útil. Quizá podría convencerla de ayudarle a investigar el cómo realizar ese maleficio

— su efectividad no está en discusión —dijo Granger, con su tono altanero— si no el propósito. Quitar la voluntad a alguien y doblegarlo a la tuya no es algo moral ni bueno.

—Pero si útil.

Granger se apoyó en la mesa y le miro con los ojos enormes— creo recordar que te agrada la individualidad —murmuro despacio, solo para que ellos escucharan— pensé que no te gustaba tener alrededor aduladores.

Theodore volvió a apoyarse en el respaldo de su silla. Granger le imitó y agregó el cruzarse de brazos y enarcar una ceja. Ella tenía un punto. Pensó en sí mismo, encantando a todo el mundo y muriendo de aburrimiento. Hizo un además con la mano enguantada, como si le pasara una pelota y se cruzó de brazos. Por el rabillo del ojo, vio como esa sonrisilla de superioridad aparecía en el rostro de Granger.

—bien, pasemos al siguiente —dijo Theodore, saboreando el interrumpir a Granger cuando ya se disponía a seguir con los deberes— quizá el más interesante. Cruciatus.

—Es… perverso —las fosas de su nariz se inflaron y la indignación estaba en su voz— infligir tanto dolor a otra persona. No quiero siquiera pensar en eso.

Theodore asintió, estando de acuerdo— Es más bien algo irónico. No puedo pensar en otra manera de describir esa maldición. "El maleficio torturador" un nombre dramático y con doble sentido.

Granger volvió a mirarle con los ojos entrecerrados— ¿Por qué suena como si ese doble sentido te divirtiera?

Theodore se apoyó ahora sobre la mesa, su mentón descansando sobre sus manos— Ya te lo dije, no se trata de torturar —dijo con tono de profesor— si quisieras sonsacar información a alguien, usas legeremancia o un frasco de Veritaserum. No se trata de hacerles sentir dolor, se trata de hacerles gritar —Granger le miraba en silencio, Theodore continuó— toma la misma situación anterior: mismo ladrón, misma casa, tu madre en sus manos y el ladrón amenazando con maldecirla con el Cruciatus si tú no entregas tu varita. ¿Soportarías ver a tu madre siendo torturada? Y si aun así te negaras a las exigencias del ladrón ¿Cuándo tiempo soportarías escuchar como lastiman a tu madre? Pensaba que era tortura física… pero es tortura psicológica para todos los demás que estén escuchando los gritos de sus seres queridos.

Theodore se enfrasco tanto en su conversación y en su descubrimiento personal, que no notó como Granger pasaba de mirarle con estupefacción a absoluta desconfianza— realmente suena perverso —dijo de inmediato y en absoluto silencio volvió a mojar su pluma y con serias intensiones de volver a sus deberes, sin embargo, se detuvo y en su lugar miró a Theodore de una manera que no le había mirado nunca. Parecía triste, le descolocó ligeramente y le llevó a pensar que quizá alguien cercano a ella habría sido torturado, lo cual era estúpido solo pensarlo. Ella era una hija de muggles, nadie cercano a ella debió ser torturado jamás— tú mismo dijiste que hay mejores y más eficientes maneras de sacar información. El resto es perversión, divertirse por el sufrimiento ajeno. Alguien que haga eso definitivamente es malvado o está loco. ¿Podríamos no hablar más de eso, por favor? Siento que vomitare, tenía fuertes ganas de hacerlo cuando el profesor Moody nos enseños los tres maleficios.

Theodore asintió en silencio y se volcó también hacia los deberes, pero de cuando en cuando, miraba hacia Granger y trataba de encontrar un resquicio de esa incomodidad que tenía acerca del tema. Sus parpados caían un poco y su respiración era lenta. Si, esa expresión se parecía a cuando ella se ponía triste.

— ¿Y el Avada kedavra? —hablo él.

Granger levantó la cabeza ligeramente un momento— Lo he pensado bastante —fue lo único que dijo, más triste que antes, luego bajo la cabeza— pero no quiero hablar de eso.

Granger tuvo intención de levantar sus cosas de la mesa, sin embargo Theodore le arrebato el frasco de tinta, haciendo que ella se congele en su sitio.

—No hablaremos ahora —dijo sereno— pero hablaremos de ello. Todo mago y bruja debe hablar de ello. Eres inteligente, lo suficiente para hacer lo mismo que yo. Valorar todo lo que aprendemos aquí y decidir si vale la pena o no. Mejor hablar de ello aquí, conmigo, que tengo una mente abierta y no te juzgare por pensar con lógica. Eso no te hace una mala persona, te hace más sabia.

Theodore devolvió el frasco de tinta sobre la mesa y la empujo hacia su dueña. Ella le miraba diferente ahora. Entre confusión y algo más.

—Si hablaremos de cosas perversas, también es justo que me escuches discrepar —murmuro ella.

Theodore sonrió internamente— Siempre lo haré. Un mago listo escucha las discrepancias, no solo las adulaciones.

Granger asintió y continuó haciendo sus deberes, sin embargo, no volvió a verlo a los ojos.


El primer acercamiento fue una tarde de Domingo. Theodore leía solo, bajo el árbol de siempre. Granger no lo acompañaba esta vez, pues rehuía de él desde la última conversación que habían tenido y él no sabía cómo interpretar eso. Quizá fue demasiado sincero con ella.

Sin quererlo, bufo y se recostó contra el árbol, cerrando sus ojos. No debía molestarle que ella decidiera evitarlo si quería. Estaba el asunto del acuerdo, pero eso no era precisamente lo que más le molestaba. Había algo más que…

Theodore abrió los ojos de golpe y levanto su varita.

—Sus nombres.

Dijo con voz firme. Habían dos chicos allí, ambos con el uniforme de Durmstrang. Ambos se miraron y se asintieron el uno al otro; al mismo tiempo, ambos se dejaron caer sobre una rodilla ante Theodore.


Había momento como aquel en el cual Hermione no sabía exactamente qué hacer. Primero rehuía de Nott y ahora rehuía de Ron y de Harry. Ron se la pasaba en la sala común, diciéndole a quien quisiera oírlo acerca de lo extraño y raro que era que Harry fuera un mago participante del torneo de los tres magos. Hermione entendía que estuviera dolido porque Harry había logrado colarse a ese torneo y lo hizo solo.

Por otro lado… Harry no estaba mejor. Había algo que ocultaba y se la pasaba solo y en idas y venidas de la lechuceria. No había recurrido a ella, pero seguramente pronto lo haría… lo cual era un problema, pues Ron lo interpretaría como una traición de su parte. Al parecer Ronald había descubierto la moralidad que le falto cuando sus propios hermanos intentaron colarse al torneo, ya venía dos días diciendo tres frases despectivas acerca de lo malo que era hacer trampa y culminándolas con un "¿Verdad Hermione?"

No podía estar en la sala común, tampoco en la biblioteca, pues Harry a veces lo usaba como refugio, además de las cercanías del campo de Quiditch. A Hermione no le quedaba más lugares a los cuales ir que cerca del Lago Negro.

Nott estaba allí, por supuesto. Se sentó cerca de él y diferente a las otras ocasiones en que ignoraba su llegada y no despegaba sus ojos de su lectura, esta vez la miro atentamente mientras se sentaba. Hermione esquivo sus ojos, era realmente inesperado.

—Hola Nott —murmuro despacio— No te molesta que venga ¿verdad?

Nott no dijo nada y cuando ella lo miró, él se encogió de hombros y volvió la vista a su libro. Hermione inspiro hondo y saco los libros de su mochila.

— ¿terminaste la investigación que encargo la profesora Vector? —preguntó él, luego de un rato.

Hermione le miró, pero comprobó que no le prestaba atención. Parecía que el buscaba conversación. Ciertamente extraño— Sí, pero fue un tanto complicado.

—Lo sé —dijo Nott— la biblioteca no ofrecía ningún ejemplar decente. Tuve que escribir a casa y pedir que me envíen un libro que reúne todas las menudencias que mencionan los demás. Es más antiguo y aparece en la bibliografía de los demás. Lo usaron como referencia.

Hermione entorno los ojos— Vaya. Eso es sorprendente. Tener un libro que ni siquiera la escuela tiene.

Nott se encogió de hombros— mi familia es antigua —dijo él, pero no en tono altanero, era el tono sencillo que él solía usar cuando explicaba algo. Su tono de profesor— Muy antigua. Mi padre me conto una historia acerca de la edad oscura de la magia, antes de que los magos y brujas fueran civilizados y creían que eran Dioses en la tierra por su magia. De allí viene nuestro apellido, el cual tiene un significado en la mitología Nórdica. "Nott" es la personificación de la noche misma, la leyenda dice que el primer Nott fue un mago guerrero cuyas victorias y conquistas dieron forma geográfica a Gran Bretaña. Por eso le llamaban así, Nott. Porque cuando él llegaba, la noche caía para sus enemigos.

Hermione había dejado de leer su libro y le miraba fijamente, él también la estaba mirando. No supo en que momento fue que se clavaron la vista el uno en el otro— ¿Un mago guerrero?

Theodore asintió— Es una vieja historia. Nuestro árbol genealógico se remonta al siglo VII, un siglo después de la formación de Gran Bretaña, pero para entonces una rama de la familia ya estaba ligada a la corona de aquel entonces y siguió allí por siglos. No sabría decir nombres, se extinguieron hace mucho y no creo que estén en nuestro árbol. Tú sabes, se mezclaron con Muggles y mis ancestros eran tradicionales.

Ella abrió la boca para preguntar algo, pero volvió a cerrarla— Esa es una historia realmente increíble.

—Lo sé —dijo el muchacho— Muchos magos intentan fingir que sus familias siempre han sido puras y fieles creyentes de la pureza absoluta de la sangre. Incluso los Malfoy tuvieron alguna vez un ancestro que quiso contraer matrimonio con la realeza Muggle.

Hermione hizo una O con la boca, no pudo evitarlo— tienes que estar bromeando.

Theodore hizo una mueca extraña— No lo hago, es un chisme muy bueno y cada cierto tiempo alguien lo suelta al viento en ciertas situaciones para enfadar a Lucius Malfoy. A ese hombre le encanta fingir que eso es mentira, por supuesto.

— ¿Y cómo sabes eso? ¿Cómo sabes que es verdad?

Theodore curvo mínimamente las esquinas de sus labios, su no estuviera cerca, pasaría por un rostro serio, pero no. Él se estaba riendo y al parecer, esforzándose a no hacerlo— ¿Tienes algo para mí?

Hermione aparto la vista y se centró en su libro— No quiero jugar a eso hoy.

Nott volvió a encogerse de hombros— pudo ser interesante.

El tono de desdén que aplico a esa frase despertó cierto instinto en Hermione, haciéndola rabiar— Probablemente, si es que esa historia no es un invento tuyo para logran sonsacarme información.

Hermione dijo todo eso mirando hacia su libro, pero cuando Nott no contesto, ella alzo la cabeza vio en Nott una expresión que no pudo distinguir con certeza. Era seriedad absoluta. Con ceremonia, Nott cerró su libro y encogió las rodillas y se volteó a mirarla. Hermione noto que a la luz del día, sus ojos parecían de hielo. El cielo congelado. Nott era más alto que ella, su cabello era castaño pero lo era en un tono mucho más oscuro que el suyo, casi negro. Además era muy pálido. Un contraste muy pesado que ella pensaba que debía dejar de mirar.

—Granger —dijo con voz pesada y profunda— yo no te mentiría.

Hermione apretó el libro contra su pecho. Muchos recuerdos pasando por su cabeza, los cuales le demostraban que hasta el momento, la única vez que Nott le mintió fue cuando recién se conocieron— No era mi intención… —conforme ella hablaba, miro de nuevo hacia Nott, ya no tenía expresión seria. Se había recostado contra el árbol y parecía sereno y tranquilo, las esquinas de sus labios de nuevo yendo hacia arriba. Hermione se dio cuenta de que eran rojos. Se preguntó si eso era natural— lo…

— ¡Hermione!

Nott miró detrás de ella y esa expresión de serenidad pasó a una neutra. Hermione se giró y vio como Ronald llegaba casi trotando hasta donde ellos estaban. Ella giró rápidamente hacia Theodore y comprobó para su alivio que no llevaba ninguna prenda que indique que él era de Slytherin. Nott alzo una ceja al ver que ella le miraba de pies a cabeza. Hermione rogó porque Ronald no le reconociera como un miembro de la casa rival. Nott le miró por un momento con los ojos entrecerrados, cosa que nunca había hecho antes.

—Por favor —dijo bajito, adivinando sus pensamientos— mis amigos están en un momento…

Nott sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos— por supuesto —dijo tranquilo y puso su libro sobre sus piernas, aún medio recostado en el árbol.

—Hermione —dijo Ronald, con un tono de voz demandante— ¿Dónde te habías metido? Te busque por toda la escuela.

—Hola Ron —dijo ella, aun sentada en el césped. Los ojos de Nott sobre ella, viéndola actuar. Hermione no quería que la viera de ese modo. Si Nott no estuviera allí, mirando, ella quizá se desharía en excusas, pero la estaba evaluando y ella misma sabía que a veces actuaba con mucha docilidad con sus amigos— también me alegra verte.

Por el rabillo del ojo pudo ver que Nott hacía otra vez esa expresión de sonrisa contenida, sin embargo, parecía que Ron también se dio cuenta— ¿Tú quién eres?

Hermione cerró los ojos con cansancio e imaginando los reclamos de Ron por encontrarla junto a un Slytherin.

— ¿Te refieres a mí? —Pregunto Nott, inocentemente— Es confuso, porque no nos conocemos de nada y me estas tuteando. ¿No dicen las buenas costumbres que debes presentarte tú primero?

Ron hizo una mueca y miró a Hermione y luego a Nott— Ronald —dijo escueto.

—Theodore —dijo Nott, pero no le ofreció la mano como cuando se presentó con ella— un gusto.

Ron hizo otra mueca y nuevamente miro a Hermione— Ven conmigo, te explicare en el camino.

Ron comenzó a caminar de vuelta y aunque Hermione lo podía seguir de buena gana, algo en el tono de voz con el que le habló no le gusto para nada. Llevaba días hablando mal de Harry aun cuando ella le había pedido en nombre de su amistad que tratara de llevar las cosas con calma. Si hasta no podía estar en la sala común de Gryffindor porque él la llenaba de odio hacia Harry.

Hermione entrecerró los ojos y decidió no moverse. Casi podía sentir como Nott la miraba atento.

Ronald al parecer se dio cuenta de que ella no lo seguía, atónito, volvió sobre sus pasos y volvió a plantarse frente a ella.

— ¿Qué ocurre? —Dijo él— Vamos al castillo. Te dije que me siguieras.

Hermione le miró a los ojos— no lo haré. Puedes decirme aquí. Vine aquí a leer, Ron.

Ron estaba aún más atónito— te dije que lo explicare en el camino.

—Puedes decirme aquí —Hermione se cruzó de brazos, pero entonces el brillo de la comprensión llego a su cabeza— necesitas que haga algo por ti ¿Verdad?

—Por eso te dije que debemos ir al castillo.

Hermione comenzó a ponerse roja. Iba a gritarle, realmente iba a hacerlo.

—creo que ella no quiere ir, Ronald. Deberías ser más atento y delicado —dijo Nott de repente, su tono de voz conciliador.

— ¿Sabes qué? —Ron dijo— se me ocurre una mejor idea —miro a Hermione— puedes decirle a él que se vaya.

Antes de que Hermione pudiera decir algo, Nott hablo primero— yo los dejaría solos, pero recoger todo es tan tedioso. Granger ya lo dijo, vinimos aquí a leer. Estamos ocupados. No me moveré y ella tampoco.

Ronald estudió con cuidado a Nott— ¿Y que se supone que los tiene ocupados? Ni siquiera te conocemos.

Nott levanto su libro y dejo ver el lomo, era un libro de Aritmancia— Granger me conoce, hacemos los deberes de Aritmancia. Estamos en la misma clase… la cual por cierto, allí no te he visto nunca.

Hermione miro de Nott hacia Ron. Nott se veía relajado y sereno nuevamente. Ron comenzaba a ponerse rojo, furico. Lo estaba avergonzando, Nott estaba haciendo que Ron se sintiera avergonzado y estaba funcionando. Miro hacía Nott con suplica, intentando decirle con la mirada que había sido suficiente. Pero Nott lo la miraba, había establecido una batalla de miradas asesinas con Ron.

— Largo —dijo Ron, enfadado— vete ahora, o si no…

Nott se movió como un gato, en solo instantes dejo el libro a un lado, se puso de pie y metió las manos en los bolsillos de su abrigo— ¿O si no qué?

Ron entonces echo mano a su varita. La llevaba en el bolsillo del pantalón, no le apuntaba a Nott, pero la tenía en la mano. Nott casi parecía divertido. Curioso y divertido. Ron se puso aún más rojo.

—Te enviare a la enfermería —sentenció.

Nott saco la varita de su abrigo, pero no la enfundo, apuntaba hacia abajo y la sujetaba con sus enguantadas manos casi como su fuera a soltarla. Pero Hermione había que eso no era así. Ya había visto a Nott hacer encantamientos que no se enseñaban en clase y siempre estaba diciendo que era autodidacta. Muchas ocasiones, bajo aquel árbol el solía hacer florituras con la mano y decía que eran encantamientos. Nott decía que un mago listo aprendía todo el tiempo, decía que eso era lo que su padre le enseño. Su padre. Un mortífago.

Miro a Nott y podía decir que esa actitud ofensiva era algo completamente nuevo para ella. Recordó a Nott, en aquella habitación secreta, ofreciéndole la mano y prometiéndole que si la aceptaba cualquier ofensa a ella, era una ofensa a él y que su familia y nombre la protegerían. "Solo un idiota se alzaría contra mi familia" había dicho.

—Muéstrame —dijo Nott.

Nott siempre decía que un mago listo no pelea batallas que sabe que no ganará. Hermione sabía que quien terminaría en la enfermería sería Ron.

Hermione se puso en pie de un salto y se puso frente a Ron, dándole la espalda a Nott— Basta Ron —dijo ella y llevo su mano hasta el brazo de su amigo, haciendo que baje su varita. El la miro con ira, pero no dijo nada.

Hermione se volteó hacia Nott— Por favor —susurro mirándole a los ojos.

Nott parpadeo y guardo su varita— podemos comparar los deberes mañana, si no tienes inconvenientes. Granger. —Nott volvió a sentarse en el pasto y medio apoyarse contra el árbol, pero Hermione noto que tenía las manos en los bolsillos, seguramente listo para usar su varita.

Ron se dio la vuelta y salió caminando con ira hacia el castillo. Eso era algo que ella esperaba que Ron hiciera. No podía pensar en que haría Nott si ella llegara a tocarle el brazo para que guardara su varita.

Incapaz de mirar a Nott, ella fue hacia su mochila y guardo sus libros rápidamente— Adiós Nott —murmuro muy bajito, mientras aceleraba el paso para alcanzar a Ron.

Lo escucho suspirar y ella sabía que ese era un tono de decepción— Adiós Granger.