CAPITULO 10
Anthony tenía la impresión que su relación ya no era la de antes. Hubiera deseado no tener que irse de viaje por tanto tiempo y tratar de convivir más con su prometida, pero era necesario; los negocios de la familia, siempre habían sido muy importantes para él. Desde que sus padres habían muerto siendo él muy pequeño, se había prometido hacer crecer la empresa y lo había cumplido; el negocio familiar era ahora la principal prioridad en su vida. No era que no le interesara su relación con Candy, pero sabía tenía el amor de la rubia y no debía preocuparse demasiado en ese aspecto.
Cuando le había propuesto matrimonio a Candy, lo había hecho pensando en sentar cabeza y formalizar una relación con alguien. La rubia era la candidata perfecta al papel de esposa; era sumamente atractiva, sensible y tenía una gran personalidad. Entendía perfectamente que no todos podían encontrar al gran amor que muchos describen en las novelas y películas, y pues él no era la excepción. Era verdad que el enamoramiento que había provocado Candy en él fue muy fuerte; pero talvez con el tiempo su relación se volvió en una costumbre. Costumbre a estar juntos. Era la seguridad que solo con ella podría formar una familia sólida y amorosa que no había tenido; a causa de la muerte prematura de sus padres.
Ellos, sin duda, eran el ejemplo de una pareja bien avenida dentro de los de su clase. Ambos de buena familia, atractivos y jóvenes. Llevar a cabo ese matrimonio era conveniente para ambos. Solo que ahora dudaba que Candy pensara de la misma forma. La había notado distante y fría con él, nunca fue una relación pasional o atrevida pero los besos y tímidas caricias no habían faltado; hasta ahora. Ella lo rechazaba, rechazaba sus besos y para terminarla de acabar no había querido ser el amor con él. Era extraña la actitud de ella y dudaba que con el tiempo fuera a cambiar. Ella no lo amaba, de eso estaba totalmente seguro. Pero, talvez con el tiempo los dos llegaran a amarse.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
¡Perfecto! Pensó Terry, ahora Candy dudaba de salir con él. Sabía que había sido demasiado bueno para ser verdad el que ella aceptara sin más salir con él; pero no creyó que se fuera a arrepentir a última hora.
- ¿No quieres salir conmigo?
- No es eso. Es solo que me siento mal por salir contigo mientra Anthony está de viaje.
- Vamos Candy. Somos amigos ¿no? –Ella no contestó- Es normal que los amigos salgan para pasar un tiempo juntos
- Mmmm… no lo sé. ¿No se prestará a malos entendidos?
- No lo creo. Además ¿quién más lo sabrá? Yo prometo no decirle nada a nadie –le guiñó un ojo. Ella sonrió
- Está bien, saldré contigo.
- Excelente. ¿Ya estás lista? –la observó
- Si
- Entonces vamos.
Candy todavía no muy convencida lo siguió hasta su auto. No sabía a donde iban pero a decir verdad le emocionaba la idea de estar con él, aunque se sintiera después culpable por hacerlo. Subieron al auto y Terry puso en marcha el vehículo. No preguntó a donde irían y trató de relajarse.
- ¿No me preguntarás a donde nos dirigimos? –dijo él con una sonrisa
- Este… no. Confío en ti
- Esto si es novedad. Gracias, aunque no deberías confiar demasiado –le guiñó un ojo en forma coqueta.
- No te creería capaz de secuestrarme, ¿o lo serías capaz de hacerlo? –bromeó con él, aunque esta recién "amistad" comenzaba ambos se sentían sumamente cómodos bromeando y estando juntos.
- No me des ideas Candy –dijo seriamente. Candy supo entonces que esto ya no había sido dicho en broma.
- Entonces… -quiso cambiar de tema- ¿A qué misterioso lugar nos dirigimos?
- Es una sorpresa.
- No me agradan las sorpresas.
- Esta si, ya lo verás. –dijo mientras seguía conduciendo su automóvil.
- Eso espero.
El resto del camino, siguieron conversando de todo y nada. El camino fue largo y cansado pero ellos prácticamente ni lo notaron. Pero hubo un momento en que Candy sintió curiosidad del lugar a donde se dirigían, pues el camino era largo y ellos aún no llegaban.
- ¿A dónde vamos Terry?
- Es una sorpresa te dije
- Lo sé, pero ya me estoy cansando de este viaje.
- ¿Quieres que nos detengamos un momento?
- No, será mejor continuar para llegar cuanto antes. –dijo sin mucho ánimo.
No estaba cansada en realidad, pero con el transcurrir de las horas no podía dejar de pensar que esto bien podría considerarse como un engaño hacia su relación con Anthony. Después de todo ella si guardaba sentimientos amorosos hacia Terry.
- Vamos Candy, anímate. –Sonrió ampliamente para que la rubia cambiara su cara de cansancio- Verás como nos divertiremos cuando lleguemos.
- … -la rubia no contestó nada. Solo le imitó su amplia sonrisa y procuró relajar más su expresión, Terry no tenía la culpa de su culpabilidad; él la había invitado era verdad, pero ella bien pudo haber dicho que no. Decidió que lo mejor, por el momento, era disfrutar de la compañía del castaño y relajarse. Debía disfrutar, después de todo cuando se casara ya no tendría la libertad de salir con Terry, así como así.
- ¿En qué piensas? –dijo Terry después de un rato
- En nada
- Candy –fue su tono acusador. No le creía- Sabes que no te creo. Haces muecas como si estuvieras teniendo un diálogo interno
Candy se ruborizó, ya se imaginaba las expresiones que pudo estar haciendo. ¡Qué vergüenza! A lo mejor a ahora pensaba que estaba loca
- Bien, supongo que tienes razón. Pensaba en Anthony
Terry hizo una mueca de desagrado. Ahora hubiera preferido que no le dijera lo que pensaba, pero era su culpa por preguntar.
- Ah…
- No me malinterpretes. -¿se estaba excusando por pensar en su novio?- Es solo que pensaba en que… ojalá le vaya bien en su viaje. –mintió
- Ah… bien supongo que yo también lo espero. De ese viaje depende mucho la expansión de la empresa.
- Si… -se quedó pensativa nuevamente. Como desearía que no existiera su relación con Anthony, así podría estar disfrutando al máximo la compañía del hombre a su lado.
Otra vez silencio.
- Ya casi llegamos –dijo para romper el silencio incómodo
- Bien.
- ¿Sabes? El lugar a donde nos dirigimos es muy especial para mí.
- ¿De verdad?
- Si. –dijo con una sonrisa capaz de romper cualquier barrera de inseguridad- Cuando era más joven… Claro… no hace mucho –bromeó- Solía ir a ese lugar más a menudo.
- ¿Y por qué ya no?
- No lo sé. Creo que es por lo complicado de cada día.
- Si, a veces es complicado disfrutar cada día por las múltiples actividades que debemos hacer diariamente.
- Espero te guste. No es un lugar muy accesible pero es muy especial… "como lo eres tú" –eso último solo lo pensó.
- Me alegra poder conocer algo tan significativo para ti. –sonrió para él
- Gracias Candy –le tomó una mano, mientras sujetaba con la otra el volante del automóvil. Candy tembló
- ¿Por... qué? –tartamudeó
- Por compartir este día conmigo. –le frotó con el dedo pulgar la palma de la mano.
- Al contrario. Gracias a ti por invitarme –dijo con sinceridad
Después él soltó su mano, debía continuar con el trayecto. Ya faltaba muy poco y quería llegar cuando antes al lugar para poder disfrutar más tiempo de la compañía de Candy, en ese lugar tan especial para él.
- Bien… -dijo estacionando el auto- Ya casi llegamos –se desabrochó el cinturón de seguridad
- Entonces, ¿por qué te detienes? –preguntó sorprendida, Terry estaba haciendo todo para bajarse del auto
- Porque no te había dicho que el resto del camino debemos hacerlo a pie. Espero no te moleste. –le comentó con duda
- Oh… no. Para nada, es más, me agradará poder estirar un poco mis piernas –se desabrochó el cinturón para bajar del auto.
- ¡Perfecto! Entonces, solo déjame sacar la mochila que traigo atrás y seguimos el camino
¿Mochila? Pensó Candy. Terry fue a la cajuela del vehículo y sacó una mochila de viaje y se la colocó a los hombros.
- Listo –dijo- Entonces, ¡a caminar!
Emprendieron su camino dentro del paisaje que tenían enfrente. El lugar era maravilloso, árboles y vegetación por todos lados. Caminaban dentro del espeso bosque a la luz de la mañana, los rayos del sol se penetraban entre las ramas de los árboles e iluminaba el sendero por el que transitaban. Candy nunca se imaginó ver un lugar tan mágico en Inglaterra, los pocos años que había vivido en su país no había salido de la rutina de ciudad de Londres; es más, ni en su estancia permanente en América había observado tal paisaje. Era mágico en verdad, pero talvez lo que lo hacía más mágico era la persona a su lado.
- Este es un lugar espectacular –dijo emocionada
- Me alegra que te guste. Pero, aún no hemos llegado a nuestro destino.
- Si es tan hermoso como esto, estoy segura que sí –le sonrió
- A mí, me gusta más.
Siguieron caminando, admirando el paisaje y disfrutando su mutua compañía. El lugar donde Terry la llevaba era su "escondite" durante sus años adolescentes. Un día, mientras por motivos de negocios sus padres se hospedaban en Londres, decidió explorar por su cuenta, manejó largo rato su auto pero al llegar justo al lugar donde acababa de dejar el vehículo con el que había llegado hasta allí con Candy, decidió adentrarse en el bosque; justo como lo hacían en este momento. Caminó y caminó por largo rato; hasta llegar a una pequeña cabaña muy dentro en el bosque. Como vio salía humo, de la chimenea, tocó para ver si alguien le abría. Para su sorpresa quien atendió al llamado era un amable anciano que junto a su esposa le ofrecieron una deliciosa comida además de una grata charla que la encantadora pareja entabló con él. Después de un rato, decidió seguir se camino por la vereda y llegó al punto más alto; arriba de una colina. La vista era espectacular, se quedó largo rato viendo al horizonte, pensando y meditando. Cuando notó que el atardecer estaba por ocurrir, emprendió su camino de regreso; pero la noche se dejó caer antes que pudiera llegar a su destino, por lo que pidió posada en la encantadora cabaña y la amable pareja no dudó en ser hospitalaria con el encantador muchacho.
Después de esa ocasión, regularmente visitaba el lugar; en más ocasiones después de que su familia se estableció en Londres. Pero, hacia ya muchos años que no visitaba el lugar, le emocionaba la idea de volver a ver a la amable pareja y compartir con Candy la vista de aquel lugar.
- Ya casi llegamos, ¿eh? –Sonrió- Espero no estés muy cansada
- No. Me encanta caminar, estaba cansada de estar sentada. Pero ahora me siento muy bien. Además es un lugar espectacular.
- Tú lo haces más hermoso –susurró. Y aunque a penas audible, Candy escuchó perfectamente lo que Terry le había dicho, pero prefirió ignorar el comentario
Tomaron un camino más corto hacia la cúspide del lugar, después de estar un momento allí; Terry tenía pensado visitar a la pareja de ancianos, pero eso después de estar a solas con Candy en ese lugar que le traía tantos recuerdos. El castaño ayudó a subir por las rocas a la rubia, reían y bromeaban sobre su "falta de condición física", Terry le decía que ya no estaban para esas peripecias y cuando al fin llegaron a la cima exclamó…
- ¡Llegamos! –abriendo los brazos para que el viento tocara cada espacio de su ser.
- ¡Es asombroso! –fue lo único que Candy logró decir. Era un espectáculo realmente mágico. Desde el lugar se podía ver todo el paisaje y se podía sentir la brisa fresca del lugar.
- ¿Te gusta?
- ¿Gustarme? ¡Por Dios! ¡Esto es absolutamente hermoso!
Terry sonrió. Desde que había conocido a Candy había soñado volver a este lugar con ella, estando solos y enamorados. Aún le hacía falta lo último, pero por algo se empieza ¿no?
- Ven, sentémonos un rato a ver este espectáculo. –le señaló un lugar en el sitio. Candy gustosa se sentó junto a él.
- Hacia mucho tiempo que no estaba en este contacto con la naturaleza.
- Yo también. Pero me alegra estar de nuevo aquí, y más a tu lado
Candy solo sonrió y se quedaron callados, pensando en la situación en la que estaban.
- Bien… si te traje aquí; además de que era para que lo conocieras, era para que platiquemos a gusto.
- ¿Si? Y sobre ¿qué quieres conversar?
- Bueno pues… si vamos a ser amigos –sonrió- debemos conocernos más, ¿no te parece?
- Si
- Bien, comienzo yo. ¿Cuántos años tienes Candy? –Ella sonrió- Es que nunca me lo has dicho y me gustaría saber.
- Tengo veinticuatro. ¿Estoy vieja… no?
- Para nada. Estás perfecta –Candy se ruborizó- Yo ya te había dicho que tengo treinta ¿verdad?
- Si. Me lo habías comentado.
- Qué bien que lo recuerdes. ¿Y has vivido toda la vida en Londres?
- No. Pase la mayor parte de mi vida en América, creo mis padres querían que recibiera otros aires –rió- Pero tiene muy poco que me instalé en Londres.
- Ah… entiendo. Con razón no te había visto nunca, bueno… antes de la noche de tu compromiso –dijo con cierto pesar
- Es probable. ¿Y tú, has vivido siempre en Londres?
- No. La mayor parte de mi vida la viví en Escocia. –Suspiró- No tienes idea cuanto extraño el campo y el aire de mi casa en Edimburgo.
- Yo nunca he ido a Escocia. Pero imagino es un lindo lugar.
- Si, un día de estos te invito a mi villa. Verás lo bien que la pasaremos.
Siguieron hablando largo rato de sus vidas, poniéndose al día de todo lo que no conocían uno del otro. Fue un momento agradable, pero pronto el estómago de Candy hizo algo que la avergonzó mucho. Terry rió
- Por lo que pude oír, tienes hambre ¿verdad? –le bromeó
- ¡Qué vergüenza! Pensó la rubia.
- Pues la verdad es que sí. No tuve tiempo de desayunar antes de venir contigo y ya es más de medio día.
- Tienes razón. Pero no te preocupes, traje provisiones…
- ¿De verdad? –dijo mientras Terry sacaba de la mochila todo lo necesario para hacer un picnic en el lugar.
- Espero te guste lo que traje. –dijo mientras colocaba sobre una manta toda clase de frutas y bocadillos; además de unos sándwiches que a decir verdad se miraban muy apetitosos y unas botellas con jugo de frutas.
- ¿Tu preparaste todo esto? –preguntó sorprendida y emocionada. Este sin duda era uno de sus mejores días.
- Por supuesto. –Le ofrecía lo traído- Pensé en todo. –le guiñó un ojo
- Me doy cuenta de ello. Gracias
- No tienes porque… es más, soy yo el que te agradece pasar este día junto a mí.
Sonrientes y hambrientos, procedieron a comer todo lo traído por el castaño. De vez en cuando Terry bromeaba con Candy o ella con él.
- ¿Te la estas pasando bien?
- Claro.
- Ves, te dije que no te arrepentirías de venir conmigo. –sonrió
- Si, me doy cuenta. –tomó un sorbo del vaso con jugo de manzana que Terry le sirviera.
- Después de terminar de comer quiero llevarte a otro lugar y presentarte con unas personas.
- ¿Quiénes?
- Es una sorpresa –dijo mientras se metía una uva en la boca
- Tú y tus sorpresas.
- A mí lado nunca dejarías de sorprenderte. –susurró. Candy entendió perfectamente lo que Terry trataba de decir. Pero lo mejor era ignorar ese comentario.
- Qué bien que el sol se está ocultando. No me puse bloqueador –cambió de tema
- Si, de repente se puso muy nublado. Será mejor que empecemos a descender –se puso de pie.
Ambos comenzaron a recoger las cosas que aún tenían fuera de la mochila que Terry había traído al paseo. Era verdad, el sol estaba oculto detrás de una masa de nubes grises. El clima se había refrescado mucho y parecía que una ligera brisa acompañaba el ambiente; después de terminar de guardar todo, emprendieron su camino hacia abajo de la cima de rocas que habían escalado.
Al llegar a la parte más baja de las rocas y encontrar de nuevo el sendero que los conduciría a la pequeña cabaña que Terry quería visitar, una fuerte llovizna comenzó a inundar el ambiente. El rumor de una fuerte lluvia se podía percibir en el bosque.
- Parece que la lluvia está arreciando. –comentó Candy, tratando de resguardarse en una pequeña abertura que unas rocas habían formado
- Si… eso parece. ¿No te gusta mojarte con las gotas de lluvia? –preguntó divertido
- A decir verdad, no. Nunca me ha gustado mojarme
- Vamos Candy, es divertido. ¿Me vas a decir que nunca caminaste bajo la lluvia y saltaste en los charcos de niña? –dijo levantando los brazos muy alto sintiendo la lluvia mojar su rostro.
- No, nunca lo hice. Detesto la lluvia
La lluvia era cada vez más fuerte, y el cielo se había cubierto totalmente con las nubes grises de la tormenta. Aunque todavía no era demasiado tarde, el ambiente daba la apariencia de ser ya muy entrada la tarde.
- Pues a mi me fascina. No hay nada más relajante que mojarte con las gotas de lluvia, es divertido… Ven… -la tomó de la mano
Candy estaba todavía resguardada bajo las rocas, pero el tirón de Terry le hizo salir a plena lluvia. Su ropa rápidamente se cubrió de gotas de lluvia y eso no le cayó muy en gracia.
- ¡Terry! –Gritó- Te he dicho que no me gusta mojarme. Ahora estoy empapada
El castaño no dejaba de reír por la expresión graciosa de la rubia.
- Candy, solo es agua. No eres de azúcar para deshacerte con las gotas de agua. Disfruta el momento. Ven… -la tomó de la mano mientras empezaban a caminar nuevamente.
Candy se resistió un momento a la experiencia de caminar bajo la lluvia, pero pronto le pareció todo muy divertido. Terry saltaba de vez en cuando en pequeños charcos formados en el camino lodoso en el que se conducían; estos saltos provocaban que ambos se llenaran de lodo y contrario a lo que pudiera haber pensado anteriormente la situación le parecía muy divertida.
Nunca creyó disfrutar tanto empaparse hasta los huesos, pero en compañía de Terry todo parecía posible. No dejaba de sorprenderse lo mucho que podía divertirse y explorar nuevas sensaciones a su lado.
- Terry, es verdad que ya no me desagrada tanto estarme mojando… pero, ¿nos dirigimos a algún lugar? –preguntó divertida
- Claro, nos dirigimos a visitar a las personas que te comenté quería presentarte.
- No creo estar en condiciones de ser presentada –comentó divertida mientras miraba su apariencia después de la lluvia
- Te ves preciosa –le dijo Terry. Candy se sonrojó fuertemente.
- Para nada, debo estar hecha un desastre. Casi tan desastrosa como tu… –ambos rieron.
Después de caminar por varios minutos bajo una no tan fuerte pero constante lluvia, divisaron en el panorama la cabaña que Terry tanto deseaba ver. Sonrió ampliamente al verla; ¡llevaba tantos años de no estar allí! Solo esperaba que la pareja lo recordara.
Al estar frente a la puerta, notó que la fachada del lugar estaba talvez un poco descuidada. No le tomó demasiada importancia, posiblemente la edad de la pareja no les permitía ocuparse de estos detalles, luego de escalar los peldaños del pórtico, decidido tocó la vieja puerta. Después de varios segundos en que nadie respondía al llamado, tocó nuevamente; pero otra vez nadie atendía. Meditándolo un momento, decidió era mejor entrar.
- ¿No crees que es incorrecto entrar a una casa sin permiso? –le preguntó la rubia no muy convencida de entrar sin autorización.
- Solo quiero cerciorarme que todo esté en orden, te digo que las personas que viven aquí me conocen.
- Está bien
Entraron, pero el lugar parecía demasiado abandonado. No estaba alumbrado y señales de descuido se notaban por doquier. Polvo y oscuridad reinaban en el lugar. El lugar estaba descuidado, pero los muebles seguían en el lugar donde Terry los recordaba; además que los sillones y lámparas estaban cubiertas por mantas blancas. Era obvio para quien viera aquello que ya nadie habitaba el lugar.
- Parece que ya nadie vive aquí
- Eso parece… llevo muchos años de no venir, supuse todo estaría como antes.
- El lugar es muy lindo y acogedor, solo está un poco descuidado. –dijo la rubia mientras recorría curiosa el salón y miraba cada fotografía empolvada.
- Si, es un lugar hermoso. Aquí pasé muchas tardes con Agatha y Roger Stevens.
- ¿Las personas que querías presentarme?
- Si, ellos. Una pareja sumamente encantadora y servicial. Creo les gustaba que viniera a visitarlos. ¿Me pregunto que pasaría con ellos?
Candy no respondió, siguió su inspección del lugar. Quitó las sábanas de los muebles y lámparas y notó que había en el centro de la pieza una chimenea. Sin duda en estos momentos sería de gran utilidad que estuviera prendida. A causa de la lluvia, el frío empezaba a sentirse en todo su cuerpo. Un ligero temblor le mostró a Terry lo que debía hacer. Con mucha experiencia, encendió rápidamente la chimenea y se sentó frente a ella; invitó a Candy a hacer lo mismo.
- Creo que nos mantendrá calientes un momento, mientras pasa la lluvia –comentó Terry
Lo malo era que la lluvia no parecía querer cesar. Todo lo contrario, parecía que a momentos se hacía más fuerte.
- ¿Crees que pasará rápido esta tormenta? -preguntó la rubia frotándose con ambas manos los brazos, sentía mucho frío.
- No lo sé… eso espero.
- Yo también -de lo contrario... ¡no! no quería pensar que sucedería...
- Si, de lo contrario tendríamos que pasar aquí la noche. -eso era lo que estaba temiendo.
Lo verdaderamente malo para Candy era que esa posibilidad era la más próxima a suceder. La tormenta arreciaba a cada minuto y era inminente lo que estaba por ocurrir…. Ellos pasarían la noche en esa cabaña…. ¡solos!
CONTINUARA...
HOLA!
VOLVÍ... jejeje... yo lo sé... PERDÓN!
Sé que debí subir este capítulo el domingo... ¡lo siento!... es que estos días han estado sumamente complicados y no me ha quedado demasiado tiempo de transcribir la historia... (es que yo escribo el borrador a mano, jeje) y pues talvez tarde un poco... pero prometo ponerme al día!
Como siempre... MIL GRACIAS POR SUS REVIEWS...
ChrisK, luna, Val rod, WISAL, annie de madero, Oligranchester, lucy, anon, Beth Grandchester, nadia, Talia, Janeth...
GRACIAS POR SUS PALABRAS.. QUERIDAS AMIGAS!
ESPERO LES GUSTE AL CAPITULO Y LO COMENTES... SUS REVIEWS.. ME INSPIRAN A CONTINUAR...
COMENTARIOS, SUGERENCIAS Y CRÍTICAS... SERÁN BIEN RECIBIDAS...!
SALUDITOS
