Hellous minna, vuelvo (esta vez prontito) con la continuación de Geisha. No quiero ser mala y dejaros con la intriga de lo que va a pasar, la cosa aún se pondrá algo fea, casi al final del fic…
Volvió a buscar sus ojos para confirmar lo que acababa de ir, ¿esa mujer estaba enamorada?, ¿Amaba a alguien que no era él? Eso le hacía hervir la sangre, pero no pensaba demostrárselo sólo rió de mala gana, intentando creer en su broma.
- No te creo, sólo me amaste a mí. – susurró aferrándose aún más a su cuerpo, su torso chocó con sus pechos haciendo que se irguiera – No pensaba que fueras una persona tan teatrera.
- ¡ Tsk! , hacía tiempo que no hablaba tan enserio – no iba a dejarse ganar, había llegado hasta allí para demostrarse así misma que una mujer como ella, que había sido utilizada podía marcar su propio futuro si se lo proponía, quería demostrárselo. Después de varios años, tuvo la valentía de mirarle a los ojos. – Amo a Ichigo Kurosaki…
Me sentía rota, dolida y sin rumbo, había conseguido apoderarse de mi cuerpo. Había sido brusco y sólo lo había hecho para marcar su territorio. No se cuantos días habían pasado desde que me había convertido en su juguete, pero no podía sentir ni mi cuerpo, mis manos estaban atadas fuertemente a la cama, mi respiración era lenta y sin sentido, ¿por qué debía vivir ahora?
Su cuerpo había tenido la culpa, su parecido con Hisana la había condenado, su propio cuerpo la había arrastrado al peor mundo para los hombres: El mundo de deseo y lujuria…
- Debes estar preciosa para esta noche Rukia, porque será la última – pude escuchar su voz como un susurro amenazante, pero no siquiera me atrevía a hablar, allí estaba de nuevo, pretendía violarme como siempre lo hacía pero esta vez llevaba en sus manos cosas que desconocía. Ató a mi cuello un collar muy pesado de color rojo llamativo.
- ¿Qu..é es… esto?
- ¿Aún puedes hablar?, este es un collar penitenciario, para las personas pecaminosas que deben ir al infierno, como tú por adulterio – Si yo le hubiese detenido, si hubiese puesto toda mi determinación en no enamorarme de un desconocido, viviría feliz…
Aquella noche… deseé morir, sentía como el propio placer me nublaba la vista, pero aún podía ver con claridad como en su mano derecha llevaba su espada, en los momentos que me extasiaba podía notar como atravesaba mi piel. No me hería en puntos vitales, si no en lugares sin importancia para poder seguir haciéndome suya, me desangraba pero no le importaba.
"Como si se tratase de una muñeca de porcelana que caía al suelo, era rota en mil pedazos…"
Supongo que dios aún no me quería a su lado, me desperté horas después en el mismo lugar, estaba atemorizada, quería salir de allí cuanto antes, forcejeé ante mis ataduras con las pocas fuerzas que me quedaban, creo que fueron horas las que estuve luchando contra esos pañuelos de seda que me hacían daño en las muñecas, y huí de allí, no me importaban mis heridas, no me importaba que los demás me vieran desnuda, sólo quería huir antes de que los guardias de Kaien fueran a por mí. Supuse que el burdel de aquella mujer era lo mejor para mí…
La risa de Kaien volvió a irrumpir en toda la habitación al escuchar las palabras de la morena, no podía creerlo…
- Que bajo has caído… ¡Enamorarte de un niñato!
- ¡¿ Cómo te atreves a hablar de alguien que es más honrado que tú! – no podía callarse, que hablaran de él tan mal ni siquiera conocerle, era como si tratasen de ponerla a prueba. El moreno le dio un tortazo ante su actitud de forma tan fuerte que la tiró al suelo.
- No te atrevas a hablarme en ese tono…
- Juro que algún día pagaras por lo que me estás haciendo…, te lo juro – se dignó a mirarle con odio y giró la cabeza para no tener que volver a mirarle.
- Creo que ya te lo han hecho pagar a ti, hace un mes que ese niñato murió en la guerra, por si no lo sabías las tropas de Isshin volvieron, y él no volvió entre ellas.
- ¡Mientes!...
No podía estar hablando enserio, ¿ Ichigo había muerto en la guerra?, ¿Por qué nadie le había dicho nada? Debía estar mintiendo, seguro que quería hacerle más daño, cuando se dignó a mirarle de nuevo. Sus ojos esmeraldas se cruzaron con los ojos violáceos de ella, no pudo evitar echarse a llorar al ver como decía la verdad. Ichigo le había dejado…, Ichigo había muerto…
- Ichigo… - susurró entre llantos
- Veo que por fin lo has entendido - sonrió él deshaciendo el nudo de su obi – Tu vida es satisfacer las necesidades de los demás, no las tuyas propias… - Sus llantos no le importaban, se limitó a introducirse dentro de ella, y a hacerla suya por puro deseo y atracción, aprovecharía su dolor mientras ella susurraba el nombre del pelinaranja entre susurros y gemidos ahogados…
Ni siquiera se sentía capaz de mirar al atardecer como siempre solía hacer, salió de su mansión como si se tratase de una mujer más, su kimono estaba mal colocado y los últimos brillos anaranjados de aquel crepúsculo no podían detener sus lágrimas de angustia.
- Mentiroso…, dijiste que volverías y me harías tu esposa…, maldito mentiroso. – llevó las manos a su pecho, pensaba que poco a poco su corazón se había vuelto a reconstruir poco a poco, sentir calidez y amor, eran sentimientos que no pensaba volver a experimentar nunca más, pero ese hombre lo había conseguido, había conseguido destruir aquella capa de hielo que había cubierto su corazón desde años atrás, pero otra vez volvía a estar en un punto muerto de su vida, y lo odiaba…
- Kuchiki – dono… - susurró una voz conocida detrás de ella, cuando miró pudo ver que la mujer que la había cuidado todo ese tiempo, ahora la trataba como una noble.
- Y…Yoruichi-san, ¿Por qué? – dijo ella con voz entrecortada y dolida, caminó unos pasos hacia ella pero tropezó al segundo cayendo delante de ella con la mirada perdida.
- Veo que te has enterado de la noticia.
- ….
- Creo que ya es hora que retomes tus deberes como noble – susurró ella alzando su mano para coger la de la pequeña muñeca de porcelana.
- Mi clan murió, sólo soy una ilegítima con quien todo el mundo quiere acostarse…
- Byakuya-bo, ¿opinas lo mismo? – sonrió la mujer mirando detrás de ella.
- Nii-sama…
Continuará:
