Nos encontrábamos ya en la mansión de Nekozawa. Por desgracia, el clima se había puesto terrible, así que el sol había dado paso a enormes nubes negras y un viento tan helado que calaba los huesos. Mori, Hunny, Kaoru, Kyoya, Tamaki y yo comenzamos a jugar un juego que encontramos por ahí, mientras esperábamos que Haruhi se cambiara para poder pasar a cenar, y era mi turno de lanzar los dados.

—4, 5, 6... "te quebrarás la muñeca izquierda en un accidente automovilístico en 5 años". ¿Qué?

Era el turno de Kyoya.

— "En 12 años más, tu compañía quebrará y te convertirás en un encargado de la limpieza en un centro comercial". ¡Imposible!

— Según esto, yo me encogeré 2 centímetros en 10 años— dijo un muy animado Hunny, mientras pasábamos al siguiente turno.

—¿Quién sigue? ¿No juegas, Tamaki?— preguntó Kaoru. Al no recibir respuesta, simplemente lanzó por él, y recibimos una fortuna bastante cómica.

— "Actualmente estás siendo odiado por un amigo y estás muy triste".

¡Era perfecto! ¡Era exactamente lo que estaba pasando! Haruhi seguía molesta con Tono, pero lo único que querían todos era que simplemente hicieran las paces y ya, y que Haruhi se diera cuenta de que esto no se trataba de si era hombre o mujer... sino que nos había dado un susto de muerte (casi literalmente para ella). Aunque, muy en el fondo, debo admitir que quería que siguieran molestos el uno con el otro...

Casi como si me estuviese leyendo la mente, Kaoru vació un salero en la herida de Tamaki, que estaba en posición fetal mirando hacia la pared.

— Tamaki, ¿no que ibas a caminar por la playa con Haruhi? No deberías pelearte con ella si eso te pone triste.

— Trajiste un vestido blanco, ¿no es así? ¡Apresúrate y ve a buscarla! Parece como si fuese a llover muy pronto.

¡BAM! Nuestro combo era infalible. Me complacía un poco el verlo así, cuando de pronto...

¿Así que le gustan los vestidos blancos, Suou-san? Un gusto espléndido...

— ¡AH! ¿¡Qué pasa con esta mansión embrujada!? ¿¡Y qué es eso del perturbador juego de mesa que predice desgracias!?

— Bueno, sería de mala educación rechazar una invitación... ¿verdad? Y de todas formas... que haya sido todo completamente gratis me quita un peso de encima...

— ¡Kyoya, cómo te atreves, ser miserable! ¡No puedo sacarme de encima la sensación de que alguien me está mirando! Además, ¿¡Cómo se supone que vamos a jugar "El Gran Torneo Plebeyo de Cartas con Haruhi" en esta oscura habitación sin electricidad!? ¡Ahora es el "Torneo de echarse a perder la vista!

— ¿Acaso no estaban peleados? Yo había asumido que el torneo ya no iba. Y estás siendo demasiado sensible.

Ante la acotación de Kyoya, Tamaki volvió a su rincón.

— La luz de una sola vela es buena para el alma. Limpia el alma de toda la suciedad del día. Sólo puedes verte a tí mismo en la oscuridad... Predigo que tendrás un encuentro agradable esta noche... ¡AAAAAAAAAH!

El monólogo de Nekozawa se vio interrumpido por una luz brillante proveniente del candelabro del techo, que se encendió repentinamente, iluminando la instancia. Mientras nuestro anfitrión huía desesperado y mis ojos se acostumbraban a la luz, pude ver una silueta apoyada en la entrada del salón.

— El circuito estaba apagado. Bajé al sótano y lo encendí.

Era Haruhi... que tenía puesto un precioso vestido. Me quedé sin aliento, incapaz de articular palabra. Tuve que hacer un gran esfuerzo.

—Haruhi... ¿esa ropa es tuya?

— Sí... supongo que papá me volvió a empacar la maleta. Él quiere que empiece a usar cosas como ésta... No me gusta que se meta en mis cosas...

— ¡Haru-Chan, te ves adorable!

La voz de Hunny me despertó del trance.

— ¿Cómo está tu herida?

— Bien, supongo...

— Haruhi... ¿por qué estás descalza? Somos invitados...

Kaoru, saliendo del trance, vio su oportunidad para seguir molestando a Tamaki.

— Quizás debiéramos jugar un poco con tu cabello también... ¿Nos permite, princesa?— y mientras comenzábamos a toquetear a Haruhi, Tamaki salió de su rincón como un resorte y quedó mirándola fijamente. Al cabo de un par de segundos, su excitación le provocó sangrado de nariz. Mentalmente me dieron ganas de matarlo, y rogaba que por favor Haruhi no se diese cuenta del bulto en sus pantalones. Pero como era de esperar...

— Miren, le sangra la nariz...

— ¡Caliente! ¡Pervertido!— le gritó Kaoru.

— ¡Qué verguenza! Haruhi, ven conmigo...— le dije a Haruhi mientras la tomaba de los hombros y me la llevaba lejos.

— ¡NOO! ¿¡POR QUÉ ME SANGRARÍA LA NARIZ ANTE UNA HIJA TAN MALA!? ¡ME LA GOLPEÉ! ¡ME LA GOLPEÉ CON...!

— ¡HYAA!

De improviso, Hunny lo golpeó en la base del cuello, por alguna razón.

— ¿Kyo-chan, por qué no paró de sangrar?

— Eso es un perfecto ejemplo de primeros auxilios incorrectos.

Debo admitir que ver a Tamaki medio ahogándose con su sangre fue algo divertido. O lo fue, hasta que me percaté de la ausencia de nuestro anfitrión mientras nos dirigíamos al comedor para la cena.

— ¿Y Nekozawa?

— Dijo que quería ir a descansar temprano. La electricidad fue, bueno... una sorpresa para él — me respondió Kyoya, el señor siempre-al-tanto-de-la-situación. Enseguida nos hicieron pasar a la mesa, que estaba adornada elegantemente al estilo gótico... muy propio de Nekozawa.

— ¡HARU-CHAN! ¡Pedimos que trajeran ootoro sólo para ti!

Ante la acotación de Hunny, una sonrisa quedó plasmada en el rostro de Haruhi, y debo añadir que, por desgracia, en el mío también. Era algo raro verla sonreír (nunca tanto como a Mori), y me ponía inmensamente feliz verla así, aunque fuese por ver una bandeja de atún gigante, un platillo delicioso que, en su condición de plebeya, no había podido probar. Me había sentado recién cuando Tamaki apareció.

— ¡Atrás, nariz sangrante!

Al momento me arrepentí de mi comentario. Tamaki, enfurecido, se sentó al lado de Haruhi y acto seguido se zampó el plato completo, dejando a Haruhi sin su ootoro. Su semblante triste me encogió el corazón.

— ¡Vaya, quedé llenísimo! ¡El ootoro es TAAAAAN delicioso!

— ¡Haru-chan, Haru-chan! ¡No te preocupes, también hay cangrejo!

— Bueno, comeré de eso... Tamaki, ¿quieres un poco?— le dijo mientras le servía cangrejo, ante la mirada atónita de todos nosotros. Como es Haruhi con la comida, no pensamos que podría ser así con Tamaki... Por suerte, mis sospechas se vieron confirmadas cuando Tamaki intentó comer cangrejo y se dio cuenta de que sólo le había dado la caparazón. Rápidamente, Tamaki extendió el brazo para sacar cangrejo de la bandeja que estaba al frente de Haruhi, pero ella, armada con una pinza de cangrejo, le interceptaba todos los intentos, con el afán de perforarle la mano. Me reí por dentro. No le conocía ese lado, y pude confirmar que a veces incluso ella es inmadura.

— ¡AAAAAAAAH! ¿¡QUIÉN TE CREES QUE ERES, LOS GEMELOS!?

— Pensé que ya no estábamos hablando.

Y Haruhi siguió comiendo su cangrejo tranquilamente, mientras Tamaki la observaba. Ciertamente, era todo un espectáculo. Me alegraba haberla corrompido aunque fuese sólo un poco.

— Bien... veo que no tienes intención de reconsiderarlo. Lo entiendo completamente. ¡Me voy a la cama!— gritó Tamaki, con un ademán heroico que en verdad no funcionó demasiado, porque al ver al sirviente de Nekozawa que iba a escoltarlo a su cuarto, se detuvo en el umbral de la puerta y miró hacia atrás con sus ojitos de perro.

— Eh, Kyoya... ¿no irás a la cama?

— Está bien, me acostaré temprano también.

Dicho y hecho, se marcharon con tan extraña compañía, mientras Kaoru se dirigía a Haruhi.

— Haruhi, creo que estás comiendo demasiado cangrejo. Vas a enfermar...

— ¿Creen que debería aprender karate o algo?

Todos la miramos en un incómodo silencio. Silencio que Kaoru rompió.

— Vaya... sigues pensando en eso. Bueno, yo no te detendría, pero... ¿en verdad es por la defensa personal?

— Ser valiente y justa es bueno, pero honestamente, creo que deberías considerar lo que pasó hoy.

— ¡Pero si no les hice nada a ustedes! No sé por qué Tamaki está tan enojado, pero discúlpenme por ser tan débil y causarle problemas a todos.

— ¡Haru-chan, no es eso! ¡Vamos a pedirle perdón a todos! Incluso a Tamaki. Pídele perdón por hacer que se preocupara, ¿vale?

Y Haruhi enmudeció. En verdad era más densa de lo que pensaba. Puede ser una estudiante brillante, pero cuando se trata de estas cosas... bueno. Se quedó en silencio por unos segundos, hasta que de su boca salió una disculpa. Enternecidos, corrimos todos a abrazarla, y de repente se empezó a quejar.

— ¿Haruhi?

— Me siento mal... creo que... creo que... voy a vomitar...

— ¡Te dije, fue demasiado cangrejo! ¡Al baño, al baño!

— ¡Corre, Takashi!

Estábamos corriendo detrás de Mori-sempai, que llevaba a Haruhi en brazos, cuando de pronto, un chico rubio y de ojos azules con cara de príncipe apareció en bata en el pasillo.

— ¿Qué pasa, por qué tanto ruido?

Nos detuvimos en seco.

— Eh... ¿quién eres tu?

Apareció una sirvienta del pasillo con algo que parecía ser una sábana negra en las manos.

— Señor, su atuendo. Olvidó ponérselo.

Y rápido como un rayo, el extraño corrió a ponerse una túnica, una peluca y un guante, que en verdad no era un guante, porque resultó ser Belzenoff.

— Perdónenme. Ejem. ¿Qué significa todo esto? Belzenoff estaba asustado...

Nos quedamos todos de piedra mirando a Nekozawa. Era increíble el cambio, hasta su voz era distinta. Recordé a Haruhi de golpe. Se había soltado del brazo de Mori-sempai y había salido corriendo, gritándonos que se iba a adelantar. Por lo visto, iba a estar bien ella sola. Así que, al no tener nada más que hacer, establecimos el Comité de Investigación para Descubrir la Verdadera Identidad de Nekozawa.

Básicamente, el plan era quitarle todos sus accesorios para examinarlo detenidamente y hacerle algunas preguntas para determinar su origen y por qué usaba esas ropas. Por supuesto, salió corriendo al instante, y nosotros cuatro salimos detrás, persiguiéndolo. ¡No lo íbamos a dejar escapar!

Corrimos como enfermos por toda la mansión, mientras Nekozawa activaba trampas y se metía por pasadizos secretos en lugares extraños. Los adornos daban un poco de miedo, pero la idea de la aventura lo hacía desaparecer en seguida.

Luego de haber pasado un buen rato corriendo, sin éxito, nos detuvimos un poco a tomar aire en el salón. Nos sentamos, y de pronto comenzamos a escuchar truenos, y una lluvia de muerte. Parecía como si Japón entero se estuviese inundando... las nubes llegaban más allá del horizonte. Era una pena, pero seguramente iba a clarear durante la noche e íbamos a poder disfrutar de la playa al día siguiente, igual que hoy, exceptuando a esos imbéciles de la piedra.

— Chicos, nos hemos olvidado de Haru-chan...

Hunny tenía razón. ¿Cuánto tiempo habíamos estado corriendo, diez, quince, veinte minutos? A esta altura, Haruhi debería haber vomitado hasta el desayuno. Además, habíamos perdido a Nekozawa, así que sólo nos quedaba irla a buscar. Caminamos por los pasillos, sin saber realmente dónde dirigirnos. Claro, no había sido de mucha ayuda el haberle prestado atención al vuduísta loco. Mientras discutíamos dónde podría estar, nos encontramos con Kyoya.

— Oh, están aquí. Bien, Haruhi entró en mi habitación. ¿Vamos a verla?

¡Pues claro que vamos a verla! Que no haya aparecido en tanto tiempo hacía que me pasara unas películas terribles. ¿Qué pasaba si un monstruo con tentáculos salía del inodoro? O peor aún, quizás se había adentrado sin querer en otra dimensión...

— Tamaki, eso está demasiado mal.

Todos nos detuvimos en el umbral de la puerta al ver a Haruhi arrodillada en el suelo, con tapones para los oídos y los ojos vendados. ¿Es que Haruhi no se enteraba de nada?

— Guau, es el rey del S&M.

— Querrás decir el rey pervertido.

— ¡No es así, gemelos demoníacos! ¡Sólo fue porque Haruhi...!

— ¿Porque Haruhi qué?

— No, nada... llámenme como quieran.

— Mm, S&M... Ahora que lo pienso, Tamaki... ¿de dónde sacaste la venda?

— ¡NOOOO! ¿¡ET TOI, HARUHI!?

Ver a Haruhi discutiendo con Tamaki ciertamente era lo mejor. Especialmente por su cara de repulsión.