Diez

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Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece, su propiedad es de Akira Toriyama

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Espero que les guste

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Sintió que su vista se nublaba, eran las lágrimas que se acumulaban en sus ojos. Lapis gritó de ira, y golpeó y pateó todo lo que estaba a su alcance. Vio un control y lo tomó.

—Voy a matarlo —Parecía un desquiciado—. Voy a romperle el cuello a Gero —Lázuli seguía mirando los ojos congelados de su madre, su mirada fija sin ver a su rostro. Con cuidado, cerró sus ojos con sus dedos y tapó su boca evitando que los sollozos fueran más fuertes. Lapis seguía gritando de rabia, así evitaba la tristeza, pero Lázuli era más sentimental, y se estaba derrumbando.

Escapen.

—Lapis —Le dijo con voz ronca, su hermano seguía andando de un lado para otro, maldiciendo a Gero— ¡Lapis! —Le gritó. Su hermano la miró, el dolor en sus ojos azules— Quiero enterrarla, que tenga un buen descanso —Sentía su corazón encogido y las lágrimas no dejaban de surgir de sus ojos.

—Después que mate a Gero. Quiero quitarle la cabeza del cuerpo y aplastarla con mi pie —Lázuli tembló ante lo dicho por su hermano, él no era así, era sanguinario, pero no de esa forma. La muerte de su madre fue un detonante.

—¡Eso no servirá para nada! ¡Gero tiene androides con súper fuerza, nosotros estamos indefensos! Sólo vámonos, escapemos ahora que él no está.

»Por favor.

Lapis gruñó, Lázuli seguía derramando lágrimas sosteniendo el cuerpo sin vida de su madre. Miró el control que tenía en sus manos, una vez había visto a Gero usarlo y Número 10 se había apagado.

—Este control puede apagar a los androides —Lázuli seguía temblando. Apretó los dientes.

—¡Gero no viene sino en tres días! ¡Tenemos tiempo de irnos y enterrar a mamá! Por favor, Lapis. No vale la pena.

Las manos de Lapis temblaron, ambos se miraron, azul contra azul, ambos totalmente dolidos con lo sucedido. El chico apretó el control.

—Vamos, igual necesitaré este control para apaga 10 antes de escapar —Lázuli se levantó cargando con el inerte cuerpo de su madre en sus brazos. Le dolía verla, no imaginaba todo el sufrimiento que tuvo que pasar, pero ahora, su rostro estaba tan tranquilo, estaba en paz con la muerte. Salieron del laboratorio, y comenzaron su ascenso, al llegar a la biblioteca, nuevamente, el librero se cerró.

—Estábamos tan cerca de ella —Dijo Lázuli, Lapis no respondió, sólo apretó el botón de apagado, pero no escuchó nada.

—Tal vez debemos acercarnos —Y salieron del lugar. En la sala, Número 9 fue el primero en verlos. El androide no mostró signos de sorpresa, sólo se dispuso a acercarse a ellos con paso firme. Lapis lo señaló y presionó el botón, el androide cayó como un saco de papas haciendo un fuerte ruido. Escucharon otro ruido detrás y vieron a Numero 10 también tirada—. Yo iré a buscar nuestras cosas, quédate aquí con mamá —Y subió.

Mamá… Lapis no usaba mucho esa palabra. Lázuli no dejaba de mirar el rostro en paz de su madre, estaba sucia y muy delgada, su cabello violeta lo tenía por los hombros. Debió haber sufrido un infierno.

¿Cómo Gero la capturó? ¿Habrá ella ido ante él pensando que los tenía?

Sus brazos quemaban, pero ella no lo sentía, no le importaba.

—Vamos —Su hermano tenía tan sólo una mochila, lo mejor era ir así, ligeros—. Tomé el dinero que nos quedaba y la nave de la Armada —Su voz sonaba hueca, sin vida. Salieron y ella sólo vio cuando el chico se devolvió y, haciendo una increíble fuerza, le arrancó la cabeza a Número 9.

—Lapis… —Ella no entendía ¿Que pretendía su hermano?

—Sólo sal —Pero Lázuli no podía dejar de ver todo el aceite derramandose por el suelo, como si fuese sangre. Lapis se acercó a Número 10 e hizo lo mismo, el aceite se derramó— ¡Sal, Laz! —La rubia tembló y salió, sólo vio cuando su hermano sacó una cajetilla de fósforos y encendió uno. El fósforo encendido cayó de sus manos y al hacer contacto con el aceite empezó a consumir.

Lapis salió e hizo explotar de forma rápida la nave. Entró y ayudó a su hermana con el cuerpo de Violet. Ella también entró y cerraron la nave. Lapis alzó el vuelo, mientras veía la mansión consumirse de forma rápida.

Una explosión, el cuerpo de Número 9 no pudo más. El fuego se expandió y quemó las cortinas.

Otra explosión y partes del cuerpo de Número 10 provocó más expansión del fuego en la casa, pronto, aquellos libros de la biblioteca empezaron a arder, pronto, el fuego se expandió hasta las habitaciones superiores.

Pronto, la casa no sería más que escombro y cenizas.

Y los gemelos, dentro de la nave sobrevolando aquella mansión que ellos creyeron su hogar. Lázuli espantada por tal acto de maldad de su hermano, el primero de tantos que haría para sobrevivir.

Lapis miró arder la mansión, una sonrisa de satisfacción habitaba en su rostro.

Algo había surgido en él, algo que en verdad le gustaba.

Algo oscuro.

El fuego que consumía la mansión se reflejó en sus ojos.

Arde.

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—¿Que fue eso? —La voz de Lázuli estaba ronca, llevaban volando unos minutos, en los que ella no había pronunciado palabra. A lo lejos, podía ver una nube de humo negro.

—¿En donde vamos a enterrarla? —Lapis ignoró su pregunta formulando esa. Lázuli miró el cuerpo de su madre en sus brazos, no se le ocurría nada, no tenían los papeles para organizarle un funeral digno. Tendrían que dar muchas respuestas, muchas que ellos no sabían.

—No sé —Fue lo único que respondió ella.

—Podemos hacerlo en el bosque, cerca a la ciudad del Este —Aquella maldita ciudad, donde el infierno se había desatado y todo había comenzado.

—Está bien —Lapis la miró, puso el piloto automático y las coordenadas y buscó algo en su mochila. Le entregó el collar a su hermana.

—Pónselo, es de ella —Lázuli tomó el collar y lo puso con delicadeza alrededor del cuello. No quería perturbarla, aunque no se podía hacer. Su rostro en paz le dolía y a la vez le tranquilizaba.

Lapis aumentó la velocidad de la nave, pues querían evitar a toda costa el malgastar tiempo. Mientras manejaba, miró a su hermana por el espejo retrovisor. Lázuli era luz, pureza, alegría, aunque ahora estuviese rota.

Y él quería mantener esa luz.

—Podemos mudarnos a la ciudad del Oeste —Le dijo, Lázuli dejó de mirar a Violet y conectó sus ojos a los de él, asintió—. Con el dinero que tenemos podremos alquilar un departamento, y tendré que buscar trabajo.

—Tendrémos que buscar trabajo —Le corrigió—. No me mantendrás en casa.

—No planeaba hacerlo, sólo que sabes lo difícil que nos den trabajo a nuestra edad.

—Tenemos la misma, deja de aparentar ser el mayor.

—Yo parezco de mayor edad —Lázuli apretó los dientes, eso no podía refutarlo, Lapis parecía tener 17, mientras ella parecía una maldita muñeca de porcelana. Ignoró a su hermano, ella iba a trabajar así fuese de niñera.

Continuaron en silencio hasta llegar al bosque, en donde Lapis aparcó y bajaron.

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Lapis había guardado también una pala, y mientras Lázuli preparaba el cuerpo: Limpiándolo, cortando su cabello, y posicionándolo, Lapis cavaba.

Después de un rato, la rubia se ofreció y su hermano, ignorando su orgullo dejó que ella terminara.

Cuando hubo terminado, Lapis cargó el cuerpo de Violet y entró al agujero. Lo dejó con sumo cuidado, y al final, acarició la mejilla de su madre. Aquellas lágrimas contenidas, aquellas que no quería dejar salir fluyeron. Y nunca dejaron de fluir cuando él salió del agujero, o cuando Lázuli, también llorando, empezó a echar la tierra. Siguieron fluyendo cuando él tomó el lugar de su hermana y terminó de echar la tierra.

Y siguieron fluyendo, pasadas horas que se quedaron al lado de la tumba, llenándola de flores, llenándola de amargas lágrimas de tristeza.

Lapis vio cuando oscureció, los animales nocturnos pronto saldrían a cazar, y él no estaba de humor.

Se levantó, tomó a Lázuli del brazo y la ayudó a levantarse. Su hermana lo abrazó con fuerza, y él dejó que ella se terminara de descargar.

—Vámonos —Le susurró—. Lleguemos a la Capital del Oeste y busquemos dónde dormir —Lázuli asintió y se dirigió a la nave mirando por última vez la tumba de Violet.

Descansa.

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"Verde.

El monstruo verde sobrevolaba la isla ¿Por qué estaba temblando? ¿Por qué estaba ahí a decir verdad? El gigante de cabello rojo, con su cabeza herida no se podía mover ¡Y ella se estaba desesperando! ¿En donde estaba su hermano? ¿Por qué la dejaba sola?

Un sonido de algo cayéndose, y giró con miedo ¡El control! ¡El control para apagar a los androides! ¿Pero quién era él? Esa botas azules, ese traje naranja… Ese rostro…

—¡Lázuli! —Lapis estaba zarandeadola. Lázuli se limpió la comisura de la boca, estaba babeando.

—¿Que pasa? —El dolor aún estaba en los ojos de su hermano.

—Llegamos —Él le se apartó de su vista y ella lo vio.

La capital del Oeste, la cima del mundo, la Capital más grande.

Iba a ser imposible que Gero los hallara ahí.

Bajaron de la nave que él había estacionado y comenzaron a caminar.

—Venderé la nave —dijo y Lázuli solo asintió, era de él después de todo.

La Capital aún estaba prendida, aunque no era tan tarde a decir verdad. Caminaron y averiguaron, en muchos lugares los precios eran altos, algo que ellos no podían costear.

Siguieron caminando y Lázuli se detuvo, Lapis miró a lo que su hermana veía embelesada. Una academia de Ballet, y podían ver las sombras de las bailarinas desde ahí.

—Ahora sí puedes inscribirte a una —Su hermana lo miró.

Si es lo que deseas, yo estaré de acuerdo.

—Debo buscar trabajo —le dijo.

—Creo que les pagarían las presentaciones, podrías trabajar de eso, es algo que te gusta —Lázuli le sonrió. Y siguieron caminando.

A varias cuadras de distancia, pudieron encontrar el lugar perfecto.

La anciana dueña del edificio los miró, y al entender que eran hermanos les dijo que bueno, les alquilaría un lugar. No era el mejor lugar, no era el paraíso, pero sería más fácil para su vida.

Su nueva vida.

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Lapis se sentó en el escritorio que había en la pequeña sala, las dos habitaciones estaban atrás, un cuarto de baño, y una pequeña cocina.

Activó una cápsula y sacó el dinero que tenía guardado. Lázuli dormía como un tronco en la habitación.

Separó el dinero, tenían suficiente para cinco meses de alquiler, también, para conseguir la comida. Lapis miró a la habitación en donde estaba su hermana, y miró el dinero. Quitó una parte del alquiler y lo guardó, se lo daría a ella al día siguiente para que pudiese inscribirse en la academia.

Haría todo lo posible para que ella fuese feliz, porque sabía que el acontecimiento de esa tarde, la muerte de su madre, había roto algo en su hermana. Aquella sonrisa amenazaba con perderse, con borrarse, esa luz estaba titilando, se apagaba.

Se perdía.

Y él no quería eso.

Ardería en las mismas llamas del infierno por hacerla feliz.

Porque ella era lo único que le quedaba, su única ancla a la luz.

Pero el ancla se estaba soltando.

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Las pesadillas amenazaron en su cabeza, se imaginó a Gero torturando a su madre de formas inexplicables, se lo imaginó experimentando con ella. Inyectándole cosas, abriendo su cuerpo y sacando su sangre.

Las imágenes eran grotescas, y despertó sudando en la cama. Se tardó un minuto en recordar en dónde estaba: En su nuevo departamento con Lapis en la gigantesca Ciudad de Oeste. Tratando de empezar una nueva vida con tan sólo 15 años de edad. Querer borrar y olvidar todo su pasado después de haber visto morir a su madre.

Su garganta se cerró, sus ojos volvieron a inundarse de lágrimas.

¿Por qué esta vez sufría el doble de las veces anteriores? ¿Por qué cuando la ciudad del Este fue destruida, ella igual lloró amargas lágrimas, pero no estaba como ahora? ¿Por qué la segunda vez, cuando Gero, ese maldito, les contó, también fue lo mismo? ¿Que tenía de diferencia?

La diferencia fue que en las veces anteriores no hubo un cuerpo, había una ligera esperanza de supervivencia, porque ellos conocían a su madre. Porque la última vez, ella sí lo presenció, porque la vio sonreír, vio su mirada congelarse, porque vio la paz en su rostro después de la muerte ¡Porque ellos la enterraron! Y eso era lo que necesitaban, ver el cuerpo, asimilar la muerte.

El ser humano no asimila la muerte hasta que tiene un cuerpo que ver, hasta que ve ese cuerpo tranquilo, en paz.

Mientras no haya cuerpo, una ligera esperanza, así sea efímera, en su total inconsciencia, esperaba un reencuentro.

Lázuli se tapó la boca con la mano y lloró, pero sabía que aquel llanto no duraría, porque su madre los había criado con fuerza, aunque también reinaba la dulzura, pero ella los había hecho fuertes ante la muerte. Aunque Lázuli lo aprendió a la fuerza.

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"A los 7 años, acabándose de mudar, Lázuli se enamoró perdidamente de una gatita que encontró en la calle.

Después de tantas súplicas, Violet aceptó tener al animal en la casa.

La gata, revoloteaba alrededor de Lázuli, jugaba con Lázuli, rasguñaba a Lapis, y se erizaba cuando la veía a ella, como si la excoronel fuese un peligro inminente ante su rubia dueña.

No olvides que yo te compro la comida —Le dijo una vez a la animal que se erizaba de forma horrenda.

Sin embargo, tan solo unos 5 meses después, la animal enfermó. Y Violet tuvo que comprarle los medicamentos que el veterinario le ordenaba.

Fue una noche lluviosa, cuando Lázuli conoció por primera vez la muerte.

¡Mamá! —Violet se levantó de la cama sobresaltada ante el grito de Lapis.

¿Qué pasa?

No se mueve —Al principio no entendió, pero la mirada de su hijo la hizo entender. El niño la dirigió hasta su habitación, en donde Lázuli trataba de mover una bola de pelo en una camita.

No había sentido, la gata había muerto, y Lázuli estaba derrumbada.

La rubiecita, pidió un funeral en el patio. Así que lo hicieron, los tres en pijama, calados hasta los huesos por la lluvia, enterrando a una maldita gata muerta.

Su hija aún derramaba amargas lágrimas que se confundían con las gotas de lluvia.

A pesar que llorar te ayuda a descargar todo lo que te abruma, no traerá de vuelta a lo que se fue. Sé fuerte y enfrentalo, Lázuli. La muerte es parte de la vida, todos nacemos para morir, eso es lo único que está escrito.

Crudas palabras para dos infantes de 7 años, pero eran tan reales.

Y ellos lo sabían.

Y todos lo sabían.

Solo que era difícil asimilarlo.

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Lapis buscaba en el directorio, lo primero que debía hacer, era comprar identificaciones falsas para su hermana y él, sin embargo, mientras buscaba como conseguir a las personas expertas en el caso, debía averiguar trabajos que quedaran con ellos, con lo que sabían hacer.

¿Que sabían hacer?

—Son las 3 de la mañana ¿Por qué no estás durmiendo? —Lapis levantó la vista y vio a su hermana, de brazos cruzados, en la puerta de la habitación de ella, tenía los ojos hinchados.

—Busco cosas —Le respondió y le pidió que se acercara, ella lo hizo con una ceja enarcada. Cuando estuvo frente a su hermano, él le extendió unos billetes. La rubia no tomó el dinero, solo lo miró de forma extraña—. Estaba clasificando el dinero que teníamos, nos alcanza para cuatro meses de alquiler, comida suficiente y, sobra esto: Para que te inscribas en la academia.

—Lapis, no —Lázuli negó con la cabeza.

—Lapis, sí —Respondió su hermano—. Este dinero es de ambos, y sería muy injusto que no puedas usar tu parte para hacer algo que te guste —Los ojos de Lázuli brillaron, y su hermano le puso el dinero en la mano—. Debemos buscar gente que nos haga identificaciones falsas.

—Eso es entrar al lado oscuro de la ciudad, Lapis.

—Pero debemos buscar trabajo, Lázuli. Ponernos 17 años al menos —La rubia se mordió el labio y negó con la cabeza, lo que menos quería hacer ella, es codearse con esa gente, con criminales que buscan su propia satisfacción.

—No iré.

—No te pido que vayas, Laz. Iré yo, tengo más cara de malo e impondré respeto —Lázuli soltó una risita y se sorprendió cuando su hermano, supuestamente 20 minutos menor, besó su frente.

Él jamás le pediría a Lázuli que fuese a esos lugares.

Tenía que protegerla, porque aún quedaba luz en ella.

En él no, él ya estaba perdido, su alma se había vuelto oscura.

—Ve a dormir, yo termino esto y me dirijo a mi habitación.

—Como me levante y te encuentre aquí te arrastro a tu cuarto y te amarro a la cama —Rieron, una risa amarga surgió de ambos. Lapis la vio partir, tan pequeña y delicada que merecía, debía, ser protegida.

Porque eso querría Violet.

Que él protegiera el último ser de luz que había en sus vidas.


Nota: Tanto este, como el capítulo anterior, fueron muy dolorosos escribir... El ver a su madre morir, despertó algo oscuro en Lapis, sin embargo, él hará cualquier cosa posible para que su único ancla a la luz permanezca, que es su hermana.

Sobre lo de que el ser humano tiene que ver un cuerpo para asimilar lamuerte, me lo dieron en clases de pscoterapia, y por eso, esa es la razon, por la que en los funerales los ataudes estan abiertos.

No sabría que más decirles... Solamente, que las cosas se dificultarán, creanme...

¡Espero que este cap les haya gustado!