Disclaimer: Gravity Falls le pertenece a Alex H.

Summary: Ella siempre es Estrella Fugaz y él siempre es Bill Cipher (y el fuego del renacimiento en medio de ellos, una historia cíclica).

Advertencia: One-short. OoC gratuito. AU (o semi-AU?). Spoilers del final. Divagaciones.

Notas: tenía ganas de escribir de esta otp y recordé que no he actualizado esto desde el año pasado, lol. Aviso que he decidido que éste será el último OS de la colección, me parece que diez es una buena cantidad de capítulos para terminarla. Pero tal vez en un futuro vuelva a escribir de esta ship, porque aun los adoro con mi vida y tengo un par de ideas sueltas por ahí, claro que las subiría de manera independiente a esta colección.

Quiero agradecerles por todos sus review y sus favoritos, por tener tanta paciencia con las actualizaciones irregulares y acompañarme durante todo este fic. Espero que este OS valga la pena, aunque admito que me quedó bastante raro, como todo lo que he escrito últimamente ewe


Cuenta regresiva


(Cinco, cuatro, tres, dos, uno)

Ella siempre ha sabido como adentrarse en lo recóndito de su mente mal construida.

(Cinco, cuatro, tres, dos, uno)

Y ésta es una historia circular, cariño»)

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Primero es Estrella Fugaz —siempre siempre siempre es Estrella Fugaz—; es una dimensión distante y lo más parecido a un hogar que pudo haber tenido; es una vida unidimensional con mentes unidimensionales y sueños unidimensionales; es el odio y la locura y la obsesión tomadas de la mano dentro de su sistema, corriendo por entre sus dedos-garras de pesadilla y destrozando todo a su paso—

Pero, primero sólo es Estrella Fugaz, ella y su brillo y su calidez y su todo. Ella criatura de sueños idílicos, de quimeras agradables y llenas de color, que le toma de la mano y le hace ver lo bello de aquella dimensión plana y aburrida, sin embargo—

(No es suficiente.)

Entonces—

Son sus gritos y su llanto y su miedo miedo miedo. Y Bill que sólo ríe incluso entre su propio dolor y—

(No fue su intención herir a nadie).

Estrella Fugaz arde junto a su dimensión. Bill no es más que un mentiroso.

(Culpen a los incendios premeditados por el fuego)

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(Cinco, cuatro, tres, dos, uno)

Y recuerda; la realidad es una ilusión, el universo es un holograma. Compra oro.

Pasan siglos, milenios antes de que pueda volver a encontrarla.

No pensó que pudiese volver a encontrarla.

Pero, oh, resulta que el destino es una cosa bastante caprichosa, ¿no es así?

Y ella sigue siendo brillante, sigue resplandeciendo, incluso escondida dentro de ese cuerpo hecho de carne y huesos y músculos, tan frágiles y fáciles de romper. Él se contenta con observarla en sus sueños, en aquel mundo onírico de su creación que es tan como ella. La ve crecer entre las sombras, junto con aquel mundo nuevo que cada vez le llama más la atención y en el cual desea poder poner sus garras y llenarlo de su locura. Hacerlo un lugar más divertido guiándose por su propia concepción.

Euforia.

(Demencia.

Caos.

Y ya no existirían dioses, solamente Bill Cipher.)

Carpe diem.

Estrella Fugaz sonríe y se mueve con tanta libertad y ríe y sueña sueña sueña y lo embelesa sin siquiera saberlo, en aquella danza unilateral. Mentes en roce eterno luchando por el liderazgo. Su voz le rompe los tímpanos como cantico de sirena. Bill llega a quererla como la quiso antes. Bill la odia por no ser la de antes. Bill ríe igualmente con su risa enloquecida de poder, contradicción permanente.

(Cinco, cuatro, tres, dos—)

Nunca quiso encontrarla de nuevo.

Estrella Fugaz envejece en su cuerpo mortal y muere. Bill continua observando su dimensión con planes entretejiéndose en su escape mental, la avaricia enredada en la punta de los dedos como un hilo rojo del destino.

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(Cinco, cuatro, tres, dos, uno)

Resulta que ella sigue existiendo y él sigue encontrándola. Una y otra y otra y otra y otra vez.

Jamás busca conocer sus nuevos nombres, sus nombres de mortal; ella siempre es Estrella Fugaz para él.

Estrella Fugaz que vive entre riquezas y vestidos preciosos. Estrella Fugaz que vaga descalza por las calles. Estrella Fugaz que muere siendo joven, demasiado joven. Estrella Fugaz que vive una larga vida. Estrella Fugaz que vive enamorada del amor. Estrella Fugaz que se casa y tiene una familia y es feliz. Estrella Fugaz, sólo Estrella Fugaz.

Y él sigue siendo Bill Cipher.

Bill que la visita aún en la inconsciencia del sueño y se maravilla de cómo cada una de éstas versiones se parece más a la original. Que trata de contactar con ellas y no porque la extrañe— nada de eso, sino porque puede usarlas para su propio beneficio. Nada más. Porque ahora podrá ser humana pero eso no quita lo que fue antes; y ella sigue siendo un poquito más egoísta, un poquito más alocada, más caótica. Justo como él. Caos y diversión. Dos caras de la misma moneda. Puedes arrancar al niño de la pelea pero no arrancar la pelea del niño.

Bill que se maravilla en la manera en que ella reacciona cada vez que se encuentra con él; con miedo, con horror, con odio, con devoción y un cariño sinsentido aun presente en lo profundo de su subconsciente, como una marca de un pasado no recordado. Es interesante. Es hilarante. Le da nauseas. El ver tanta humanidad en sus ojos, en cada una de sus vidas.

Y es que Estrella Fugaz siempre fue un poquito demasiado humana para su propio bien, igualmente.

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Entonces—

(Es Estrella Fugaz y el monstruo que habita en sus pesadillas; allí donde el abismo la observa de reojo, forzándola a devolverle la mirada; que le trae recuerdos un tanto dolorosos que atesora entre sus manos de mimbre y su piel de pétalos secos, buscándoles significado; que le promete hacer sus sueños realidad sí sólo le da un cuerpo en el que habitar. Ella que termina encariñándose con esa oscuridad a la que a la vez teme y añora tanto, y que la palpa con la punta de los dedos para después darse cuenta de que está tocando su propio rostro. Es un nombre que escucha contra su oído en noches frías y solitarias, y que le derrite los huesos de plomo —billbillbillbill— y la deja sin aliento, el corazón agitado y piel temblorosa. Es un ente desconocido y familiar que la arrulla con sus garras de espectro y falsa misericordia, y le tiñe de rojorojorojo sus sueños e ilusiones infantiles. Es el inicio de su fin que se enreda en su cuerpo y le pide permiso para entrar en éste y, oh, su voz le es como petricor y se siente ahogarse en ésta cuando ella acepta y su cuerpo deja de pertenecerle. Es Bill que le sonríe con sus propios labios y sus ojos afilados de bestia mítica que se le hincan en el alma misma, es aquella risa que engañó a tantos en el pasado y ella no es una excepción cuando se da cuenta del amor que siente hacia esa criatura monstruosa que, se da cuenta, la ha acompañado desde antes de nacer. Son sus propias manos empapadas en bermellón y sus propias uñas clavándosele en la piel mientras Bill sólo ríe y ríe regocijado. Una víctima. Un verdugo. ¿Pero quién en quién aquí? Son las llamas del sacrificio lamiéndole la piel una vez que ésta vuelve a ser suya y los gritos inentendibles de una multitud enardecida —brujabrujabruja—. Es el peso del universo mismo y la sombra de la bestia de un solo ojo aún alzada a sus pies, mirándola mirándola mirándola mientras su cuerpo arde y se estrella como un cometa, y una sensación de reminiscencia reptando por su espina dorsal que la hace entenderlo todo. Olvida su propio nombre y el ciclo se repite de nuevo.

Cinco, cuatro, tres, dos, uno.

Diversión es sólo otra forma de llamar al caos.)

Estrella Fugaz arde en la hoguera. Bill no es más que un mentiroso.

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Bill no vuelve a toparse con ella durante varios siglos. No la busca, no después del último fracaso.

Gravity Falls es ciertamente un sitio curioso, pareciera atraer lo extraño y sobrenatural como si de un imán se tratase. Stanford Pines es un hombre curioso también, tal vez su boleto de entrada a esa dimensión con tanto potencial. Incluso si él y el resto de los símbolos del zodiaco tratan de impedirlo y—

Oh, al final sí logra encontrarla una vez más.

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Resulta que:

Ésta vez Estrella Fugaz es joven, muy joven. No es que le interese en realidad, ella siempre lo fue. Y aunque en ésta ocasión Bill aparente no prestarle tanta atención como a su gemelo, la verdad es que es inevitable que su curiosidad vague hacia ella una vez más. Atracción. Desprecio. Un obstáculo. Es joven, pero ya a tal edad resplandece de forma natural; ella siempre llena de brillos y colores llamativos, de suéteres holgados recubriendo su figura de niña peregrina, de sonrisas veraniegas y carentes de hipocresía (la mayor parte del tiempo). Ella tan amigable, tan ingenua, tan tonta. Pero, a la vez, en el fondo es egoísta y Bill cree poder sacar partido de eso (siempre lo ha hecho).

Después de todo ambos siguen siendo iguales, siguen perteneciéndose mutuamente, siguen participando de aquella danza iniciada hace tantos milenios y de la que ella ni siquiera es consciente ya. Estrella Fugaz que le teme a la soledad, que le rehúye al abandono, Estrella Fugaz tan desesperada como para hacer un trato con él, sin saberlo. Y él le da su verano eterno, su mundo perfecto que ha sacado de sus mismos sueños, porque la conoce. Pero—

Resulta que al final no son iguales, porque en el corazón de Estrella Fugaz hay espacio para otras cosas que no son el caos y la locura; ella ama y ama y ama con la misma fuerza con la que respira. Y eso es algo que no puede cambiar. Sus pasos dan un traspié. La música se detiene. El hilo rojo se le enreda en sus pulmones ya corpóreos. Ésta vez no hay manos guiándolo en aquel baile maldecido. Él siempre creyó que él tenía el control. Estrella Fugaz está ahí y—

(También lo está el fuego azul engulléndolo junto al olvido y el anciano Pines mirándolo victorioso.)

El escenario ya no existe, el telón se deshace en cenizas. Bienvenido a casa.

Bill arde entre memorias destruidas. Estrella Fugaz— Mabel Pines sigue viviendo.

(Cinco, cuatro, tres, dos, uno)

Eterna melancolía.