Quinn se removió, sumida en un estado de letargo, y Rachel la contempló sonriendo con adoración. Besó su hombro, a través de un tenue roce de sus labios contra su piel, y envuelta en un profundo suspiro volvió a descansar su cabeza sobre el pecho de Quinn, retomando otra vez la misma posición que había adoptado por los últimos minutos en que el cálido silencio se había instaurado viciando la atmósfera.

Knock knock knock, Quinn. Knock knock knock, Quinn. Knock knock knock, Quinn, se oyó en la sala, y Rachel estalló en una carcajada incontrolable.

"Deja de reírte de mí" gruñó molesta, tapándose la cara para obstruir la llegada de la intensa luz que la recibía cuando salía de su ensoñación.

Rachel sacudió su cabeza, y con una sonrisa divertida comenzó a escalar por su hombro, viajando luego por su cuello hasta llegar a su boca. Siempre posando tres pequeños besos, previo a susurrar Quinn con intima dulzura, hasta finalmente posarse a pulgadas de sus labios, mirandola a los ojos, y alejándose divertida justo en el momento en que Quinn se movió intentando besarla.

La rubia se quedó mirandola furiosa, y Rachel rió divertida. "Acabas de recibir un mensaje, dormilona" habló risueña, entregándole su celular. Pero Quinn no le prestó atención, sólo la miró fijo, frunciendo el ceño. Descolocada. "Qué?"

"Nada," rumió molesta y Rachel volvió a romper en una carcajada estrepitosa por reconocer su gesto frustrado al no conseguir lo que quería, y la predominancia que ejercía su orgullo, el cual eliminaba de las posibilidades el simple hecho de pedir por lo que se le acababa de negar. "Santana y tus amigos encontraron el show de los Foo" comentó, luego de leer el mensaje. "Es en The Off Ramp"

"Si querés ir estamos cerca, no tardaríamos más de 15 minutos en llegar" sugirió Rachel, sin esforzarse por imprimir entusiasmo alguno a esa idea.

Quinn la observó pensativa y se mordió el labio.

En cualquier otra noche, ya hubiese estado vestida y emprendiendo camino hacia el lugar para ver la íntima presentación de la banda. Pero tal cual pudo confirmar vez tras vez, es anoche no era cualquier noche, y las ganas de ver el show de Foo Fighters quedaban relegadas a un segundo plano en comparación con las ganas de seguir pasando tiempo con Rachel.

Su primer contacto no había sido una escena de película. De hecho, es imposible decir que desde el primer instante en que osó posar sus ojos sobre ella esa noche, Quinn cayó irreversiblemente ante el poder de sus encantos. Aunque si era verdad que se había tomado un momento para apreciar su cuerpo y su actitud (prueba de eso fue el comentario de Santana cuando estaban en el bar viéndolos tocar). Pero parte de esa atracción e interés, también devenía de ver que formaba parte de la banda, la cual debía de tener vehículo y por ende era un buen target para conseguir transporte, algo ineludiblemente útil si se disponían a realizar una búsqueda del show sorpresa.

Pero obviamente eso cambió radicalmente en el instante en que se besaron. No cuando le pidió que fuese su novia por cinco minutos, ni tampoco cuando sus labios forzaron el primer roce contra los de ella. Sino que fue en el instante en que Rachel devolvió el beso, y se aferró a ella con ambas manos, activado reacciones dentro de Quinn, que ni ella sabía podía existir en su interior. Fue como si algo detonase dentro suyo, provocando que en el instante en que sus labios se separaran, ella ya estuviese deseando el momento en que se encontraran otra vez.

Y eso era lo que sentía en ese momento, teniéndola frente a ella, después de haber protagonizado una de las mejores experiencias de su vida. En donde nada había sido forzado, sino más bien todo lo contrario.

El deseo por conocerla, por saber más de ella, por pasar más tiempo con ella, la consumía. Era como cuando se disponía a leer un libro sin mucha expectativa, pero el libro terminaba siendo fascinante y a cada final de capitulo se prometía uno más, uno más, y así sucesivamente hasta sin darse cuenta encontrarse leyendo el final. Recién disponiéndose a cerrar el libro ya entrada la madrugada, sabiendo que la noche había pasado y que posiblemente iba a arrancar un nuevo día sin nada de descanso. Pero con la satisfacción por haber llegado hasta el final, encontrando una recompensa más que interesante por el esfuerzo realizado.

"Creo que no quiero ir" confesó sonrojándose, incapaz de mirarla a los ojos.

"Me alegro, porque creo que yo tampoco quiero ir" sonrió aliviada por ver que ambas deseaban lo mismo. "Qué tenes ganas de hacer?" inquirió con languidez.

"Para empezar, quiero delivery de Doritos y Coca Light" sonrió inocente. "Ya existe eso?"

"Ewww, odio los Doritos" exclamó Rachel con asco. "Y la Coca"

Quinn aterrizó su mirada sobre ella, mitad furiosa, mitad estupefacta. "Sólo porque me caes bien voy a hacer como que no escuche eso. Sólo por eso, okay?"

"Gracias," sonrió inocentemente, inclinándose y conectando sus labios con ansias, intensificando ese encuentro en un abrir y cerrar de ojos.

[-[Q&R]-]

"Tomá" exclamó Rachel a medida que volvía a ocupar su lugar detrás del volante, arrojándole a Quinn una bolsa que había sostenido con la punta de sus dedos pulgar e índice. Exagerando un dramático gesto de repugnancia por lo que la misma contenía.

La rubia la miró divertida y se estiró, depositando un sentido beso en su mejilla para expresar su gratitud. "Así que, a donde estamos yendo?" preguntó curiosa, observando el color rosado del cielo, su preferido, tiñendo el amanecer en Seattle.

"Ya tenes tus Doritos y Coca Light, así que puedo llevarte a tu casa," dejo deslizar con frialdad, pero haciendo una pausa para mirarla con gesto indescifrable. "O podés aceptar una cita conmigo"

Quinn la observó descolocada y un instante después se vio envuelta en una risa divertida. "Son las 5 de la mañana!" lanzó incrédula.

"Y eso que tiene que ver? De hecho, en este momento me parece la hora perfecta para tener nuestra primera cita" sonrió aferrándose al volante, mientras seguían detenidas en una calle desierta. "La decisión es tuya, Quinn Fabray"

"Sería extremadamente descortés de mi parte negarte una cita después de que me compraste Doritos, no?" sonrió agitando la cabeza con incredulidad. "Sorprendeme, Rachel Berry"

Rachel sonrió satisfecha e introdujo la llave para poner en marcha el auto, pero nuevamente el Yugo parecía apostarse en su fase caprichosa, negándose a arrancar.

Quinn sonrió divertida, y complacida, con el curso que las cosas habían tomado. Recordando como hacía un par de horas ambas estaban en la misma posición, Rachel detrás del volante y ella en el asiento del acompañante, con el Yugo encaprichado en no responder.

Pero con una diferencia importante, Quinn ya no tenía emociones encontradas al respecto de si quería pasar más tiempo con Rachel, o no. Ni tampoco la tenía con respecto a su vida. Estaba decidida a dejar en el olvido innecesarios intentos de planificar una vida en una universidad de Londres, o en Seattle trabajando para su padre, o alrededor del mundo siguiendo a Rivka y su banda.

En ese momento, Quinn sólo miraba hacia adelante, hacia su graduación, hacia su verano, su mudanza a New Haven... y los tickets de Metro North Pass que estaba segura iba a adquirir para visitar Nueva York en cada oportunidad que tuviese.

Porque poco y nada importaba que fuese un noviazgo de cinco minutos, en una noche plagada de accidentes. Lo que si importaba y se tornaba relevante, era que era reciproco, y eso en su interior se percibía como un indicador de grandes posibilidades de que todo eso de transformarse en algo.

Rachel seguía maldiciendo en medio de sus fallidos intentos por poner en funcionamiento el auto, y Quinn se debatía en si intervenir o no.

Una sola llamada podía solucionar el problema para Rachel y para ella también. Sin embargo esa llamada no se hacía, y Quinn se mantenía en silencio. Resguardándose de recurrir a su padre, o su dinero, para solucionar el problema en cuestión de segundos, quedando ante Rachel como la nena de papá que todos creían que era. Pero que ella sabía que no era. Aferrándose a la idea de seguir extendiendo su tiempo con Rachel, aun cuando ya estaba claro entre las dos que la noche aún no había terminado.

"No lo puedo creer, pensé que este momento nunca iba a llegar" protestó Rachel frustrada, golpeando su cabeza contra el volante. "Mis papas me lo advirtieron, pero siempre volvió a funcionar..."

"Hey, no pasa nada, podemos buscar un taxi" sugirió Quinn, posando su mano en la espalda de la morocha, en un gesto que buscaba transmitirle cierta calma y confort.

"No, no" negó Rachel, volcando su mirada hacia ella. "Donde tenía pensado llevarte... ese lugar está a dos cuadras de acá, todavía podemos ir si querés" propuso esperanzada. "Ya no llueve, así que..."

"Quiero," asintió mordiéndose el labio.

La morocha fue la primera en bajar, y Quinn la siguió, ambas caminaron un par de pasos y de repente Rachel se detuvo y se giró arrojando una mirada nostálgica hacia el auto.

Quinn sintió su pecho comprimiéndose al ver la adoración que la chica había desarrollado con el vehículo, y casi que sintió culpa al recordar la primera impresión que había tenido del auto, el mismo que ahora le despertaba cierto sentimentalismo a ella también.

Pobre Rachel! Primero Puck le rompió el corazón, y ahora el Yugo le hace lo mismo reflexionó empática. "Te prometo que yo nunca te voy a romper el corazón," le susurró al oído, sin saber de dónde había venido ese impulso. Pero, al ver la sonrisa tímida de Rachel, teniendo el alivio de saber que había sido una buena idea.

Y es que era verdad.

Quinn Fabray podría ingeniárselas para arruinar esa relación, en construcción, de mil y un maneras diferentes. Cabía la posibilidad de que quizás su noviazgo podría morir en los cinco minutos iniciales, o quizás tan solo podían arriesgarse a hacer uso de los otros dos adicionales, antes de llegar al precipitado final. Tal vez alcanzaban un par de semanas, o de meses... la verdad es que Quinn no lo sabía, pero si sabía que por nada en el mundo le iba a romper el corazón. Si las cosas no funcionaban no funcionaban, pero eso no iba a implicar que adrede la lastimase.

"Gracias" sonrió Rachel poniéndose de puntas de pie y regalándole un sentido beso en la mejilla, luego tomándola de la mano para emprender el camino hacia el 1403 de Northeast 50th Street.

Camino que se sucedió en un silencio calmó y cómodo, y que al cabo de unos minutos las encontró a ambas frente al lugar elegido por Rachel.

"Me estas jodiendo, no? No puede ser casualidad!" se sorprendió Quinn, cuando dejaba que su mirada cayese en la fachada de la pintoresca construcción que se alzaba frente a ella.

"Te sorprendí, no?" preguntó con arrogancia y la rubia rodó los ojos. Las dos se quedaron mirándose, Rachel se acercó, acorralándola entre su cuerpo y la pared. Dejando que sus dedos se cerrasen lánguidamente alrededor de sus muñecas.

"Por qué yo?" inquirió sin pensarlo.

Rachel se echó hacia atrás sorprendida, la examinó de arriba abajo con una mirada llena de deseo y cerró los ojos riendo absurdamente y agitando su cabeza. "Creo que la pregunta es… Por qué yo?"

"Porque..." susurró Quinn acercándose para recitar en su oído, "You're rarer than a can of dandelion and burdock… and those other girls are just post mix lemonade"

Cuando Rachel abrió los ojos se topó con Quinn sonriéndole de forma radiante, y no pudo evitar pensar en cómo esa sonrisa tenía el poder de destrucción digno de un arma de destrucción masiva. Un arma de destrucción masiva que deseaba con todas sus fuerzas la tuviese a ella, y solamente a ella, en la mira.

"No vuelvas a hacer eso! Te lo prohíbo," advirtió con fingido fastidio.

"Hacer que?" cuestionó Quinn, sonriendo.

"Eso," enfatizó sin dar certezas. "Porque si lo seguís haciendo... Si lo seguís haciendo sé que me puedo enamorar de vos con tanta facilidad…" suspiró escondiéndose en su cuello, y haciendo que sea Quinn quien temblase ahora. "En fin, me harías el honor de irrumpir ilegalmente este cine para tener nuestra primera cita?" agregó rápidamente, sin darle tiempo a realmente procesar sus palabras anteriores.

"Qué vamos a ver?" fue su pregunta, pero lo que pasaba por su mente era como el grupo de Oompa loompas habían despertado de su letargo para realizar nuevamente flick-flacks en su estómago, y también más ejercicios propios de la preparación fisíca para un juego olímpico. Y quizás ella también los hubiese hecho en el medio de la calle, en un Seattle que aun dormía, pero los brazos de Rachel rodeándola la mantenían inmóvil.

"Según chequee mientras te cambiabas, puede ser un estreno como An Oversimplification of Her Beauty, o The Rep. Y sino un viejo clásico como 24 Hour Party People… todo depende de que fue lo último que hayan proyectaron hoy" informó encogiéndose de hombros.

Quinn rió recordando como un par de días antes había chequeado la cartelera y había estado a punto de dirigirse al cine, mismo al cual siempre acudía. Mismo al cual Rachel la había traído aun sin que ella supiese como.

Sus ojos oscilaron entre los magnéticos ojos marrones de la chica y el cine Grand Illusion que las esperaba a unos metros, y supo que la respuesta era un sí rotundo, sin importarle las consecuencias de irrumpir en aquel lugar, porque todo valía la pena.

Y no era la inmadurez adolescente de decir que Rachel era el amor de su vida y que después de besarla no podía vivir sin ella.

En ese momento, al término de la noche según los estándares de la ciencia, pero no por sus ganas de acercarse al fin, sólo tenía la certeza de que Rachel era el prototipo ideal de novia perfecta y que le gustaría que fuese la suya… y por supuesto que podía vivir sin ella, pero en ese momento, simplemente no quería hacerlo.

El tiempo no se iba a detener por ellas, el tiempo se convertía en un copo de nieve desvaneciéndose en brasas cuando estaban juntas, y si tenía la posibilidad de extender el momento, estaba decidida a hacerlo.

Era como esa canción perfecta que no quería que tenga final.

Si por algo se caracterizaba Quinn, era por crear recuerdos en base a canciones. En pensar en cada momento de la noche como un acorde que al finalizar la misma acababa formando una canción.

Pero en esa en particular, Quinn se dio cuenta de que una noche no se basaba en una canción, simplemente no podía ser representada por tan sólo una canción.

Quinn se movió de canción en canción, de letra en letra, de acorde en acorde y estaba claro de que si ella no lo quería, no iba a haber final. Era como un playlist infinito.

Su noche, su vida, era un playlist infinito. Y el de esa noche en especial, cuando lo inmortalizara en un nuevo mix, sabía que simplemente se iba a llamar Quinn & Rachel's Infinite Playlist. Y sin siquiera haber terminado de crear ese, ya estaba ansiosa de empezar a pensar en el volumen 2, y 3… y así sucesivamente.

Y cualquier persona podría decir que eso era apresurado, impulsivo, incluso hasta ridículo. Pero, como se encargó de manifestar el alemán Helmut Kohl varios años atrás, No es que yo esté tratando de acelerar las cosas, es que hay una fuerza que nos conduce. Y eso es precisamente lo que sentían ambas, viéndose envueltas en un rudo giro en sus vidas que las lanzaba dentro de una nueva aventura que, por lo pronto, no tenía fecha de caducidad.

"Qué esperas?" sonrió desafiante, tirando de la mano de Rachel para acercarse a los pequeños escalones que eran la antesala a una reja que ambas tuvieron que saltar, no sin complicaciones, y no sin risas flotando en el aire.

"Seguro no te importa que nos hayamos perdido el show?" susurró Rachel y Quinn negó con su cabeza, caminando hacia ella, capturando sus manos nuevamente, sosteniéndolas tras su espalda y acercándose para posar sus labios en su mejilla, en la comisura de sus labios y justo cuando los mismos se acercaban vertiginosamente a sus labios, optó por separarse y comenzar a caminar para buscar un acceso al lugar, riendo a carcajadas por la cara de frustración que Rachel había mostrado. Exactamente la misma que ella había tenido un rato antes.

Según indicaba el sol, la noche había terminado. Según indicaban sus deseos, la noche era un concepto subjetivo y estaban predispuestas a actuar como si recién comenzase.

Según indicaba el reloj, su noviazgo de cinco minutos ya había concluido hacía horas. Según indicaban sus sonrisas, caricias y besos, ponerle rotulo a la interacción era algo carente de relevancia. Y el tiempo un concepto subjetivo que lejos estaba de marcar el ritmo de que esa interacción comenzaba a adquirir.


Quinn & Rachel's Infinite Playlist. Mix
1. Breakout (Foo Fighters)
2. Drain You (Nirvana)
3. Future Starts Slow (The Kills)
4. I Think I'm Paranoid (Garbage)
5. Runaway (Yeah Yeah Yeahs)
6. Youth (Daughter)
7. Star Power (Sonic Youth)
8. Be Good (Waxahatchee)
9. True Love Will Find... (Daniel Johnston)
BONUS TRACK:
Fell In Love With A Girl (The White Stripes)


N/A: Muchas gracias a todos los que siguieron la historia, la pusieron en favoritos y bla. Y si bien nunca lo hago, ahora si les voy a pedir que dejen review porque quiero saber que piensan del final.

Buen finde, gente! X