Capítulo 10: Hogar
Beyond miró la mesa frente a él, con los brazos en jarras. Asintió, satisfecho. Después se acercó a la ventana y la abrió de par en par, dejando que el aire y el ambiente de Las Vegas inundaran la sala. Aunque Red no viviese en el centro, seguía habiendo bastante ruido, pero no era tan molesto. Después de todo, él había vivido en Los Ángeles, y aquello no era mucho mejor.
Se giró al oír los pasos de ella en el portal justo antes del ruido de las llaves, y se acercó a la puerta para recibirla. Venía cargada de bolsas enormes, y la ayudó a llevarlas al salón. ¿Qué había estado comprando? Desde luego, había tardado más de tres horas. Ignoró todo aquello, posó las bolsas en el suelo y la miró. Ella le había imitado y ahora estaba mirando la mesa con la boca medio abierta.
Estaba cubierta por un mantel, y habría jurado que había más de diez platos, cada uno con algo diferente. Había desde arroz hasta verduras salteadas, y, en el extremo de la mesa, una hilera de tarros de mermelada de fresa. Red había visto que la cocina estaba hecha un desastre al pasar por delante de la puerta antes de entrar, pero al ver aquello decidió olvidarlo. Beyond la miraba, esperando una reacción, pero al final decidió explicarse.
-Dijiste que querías cenar fuera y esto fue lo mejor que se me ocurrió.
Ella le miró, para después alternar la mirada entre la mesa y él durante unos segundos. Terminó bajando la mirada con una sonrisa. Se acercó a Beyond y apoyó la frente en su pecho, riendo de forma casi inaudible.
-No tenías por qué hacerlo, estaba bromeando.
Él bajó la cabeza para poder mirarla, sin estar demasiado seguro de qué hacer. Ella sonreía, lo que significaba que no había metido la pata. Se tranquilizó.
-La próxima vez tendrás que explicarme que no ibas en serio –bromeó.
-Si piensas hacer esto cada vez que no explico una broma, entonces no volveré a explicar ninguna –rió ella, separándose de él y acercándose a la mesa, curiosa-. ¿Todo lo has hecho tú? Vaya, esto sí que es sacarle partido a todo lo que tenía en la despensa.
-Lo cierto es que tenías bastantes cosas, aunque he tenido que buscar bastante y ahora la cocina es un caos. Lo siento –se disculpó él, llevándose la mano a la nuca.
-No importa, ya lo recogeremos más tarde –dijo ella, restándole importancia-. Ahora, ¿quiere sentarse conmigo y disfrutar de esta velada, caballero? –le invitó, sacando la silla más cercana a los tarros de mermelada. Beyond rió y sacudió la cabeza, para después acercarse a otra de las sillas e imitar el gesto de ella.
-Las damas primero.
Red se sentó en el asiento que él le había ofrecido y acercó uno de los platos de pasta que había en la mesa, mientras Beyond abría uno de los tarros y metía la mano en él.
-Debes de ser la única persona que no me mira mal cuando como –dijo mirándola-. Al parecer, comer mermelada con los dedos no es de buena educación. Ni siquiera se considera normal.
-Creo que es porque yo soy la persona menos indicada para hablar de modales en la mesa –dijo, después de sorber unos tallarines-. En mi opinión que cada uno debería comer lo que le apetezca, y de la forma que le haga sentir mejor. Aunque no entiendo demasiado bien cómo sobrevives a base de mermelada de fresa, pero oye, si funciona para ti, pues perfecto.
-Lo añadiré a mi lista de "Cosas agradables sobre Red" –dijo él, mientras volvía a meter la mano en el tarro. Ella volvió la mirada hacia él bruscamente, sorprendida.
-¿Existe tal lista?
-No –rió él-. Al menos no físicamente. Pero claro que hay más de una cosa buena sobre ti, en eso no mentía.
-¿Ah sí? –él asintió, llevándose la mano a los labios- ¿Cuáles?
Se arrepintió de haber preguntado eso automáticamente después. Era cierto que sentía curiosidad, ya que nunca nadie le había hecho ningún cumplido, y no estaba acostumbrada a sentirse valorada de ningún modo. Pero preguntado así, casi parecía que lo único que quería era que él la alabase.
Aunque, al parecer, él no se lo había tomado así.
-En primer lugar, como ya he dicho más de una vez, dejas que me quede aquí. No tienes problemas con mi forma de ser, aunque pueda ser algo frío en algunos momentos. Tampoco te quejas nunca de mi forma de sentarme, ni, como acabas de decir, de mi forma de comer. Y puede que lo más agradable de todo sea que tú también tengas los ojos de shinigami. En parte, claro está, porque entiendes lo que es tenerlos. Pero principalmente, es porque no puedo ver tu esperanza de vida –explicó, y Red vio cómo los ojos de él se posaban sobre su cabeza-. Aunque la gente no haya llegado a tratarme mal por mis ojos, el ver cuándo iba a morir la gente yo mismo me distanciaba. Nadie quiere saber cuándo va a morir un amigo cercano, ¿entiendes? Por eso evitaba estrechar lazos con nadie. Quizá esa sea la razón por la que no entiendo cómo funcionan las relaciones amistosas, y me comporte como un imbécil –sonrió, mientras bajaba la mirada hacia los ojos de Red-. Me gusta no saber eso de ti porque así puedo pretender que siempre vas a estar ahí.
Red apartó la mirada, ligeramente sonrojada. No sabía muy bien qué respuesta había esperado, pero desde luego no era aquella. La mayoría de las cosas que él había mencionado eran bastante objetivas, pero no sabía cómo tomarse lo último. Entendía lo que él quería decir, pero eso no evitó que escucharlo le hiciese inmensamente feliz. Iba a contestarle, pero antes de que pudiese decir nada, Beyond se le adelantó.
-Por cierto, ¿has ido a Europa de compras? Veo que has traído un montón de cosas. –dijo, mirando el montón de bolsas en la entrada de la habitación.
-Oh, eso. Es que estaba en el centro comercial y se me ocurrió que, ya que te ibas a quedar aquí, necesitarías una cama y algunas cosas más. No trajiste apenas nada contigo, pero aun así puede que haya comprado alguna que otra cosa innecesaria. Pero, es mejor prevenir que curar, ¿cierto?
-Cierto –asintió él, levantándose de la silla para acercarse a las bolsas. Cogió dos de ellas y se sentó en el sofá para inspeccionar su contenido. Red apuró su plato de pasta y se sentó junto a él, arrastrando el resto de las bolsas para tenerlo todo a mano.
Minutos después estaban sentados en el suelo, rodeados de todo lo que había en las bolsas. Estaban las piezas de una cama montable, un colchón de viaje, sábanas, cojines, incluso se había molestado en comprar un edredón por si hacía frío. Beyond sacó un paquete doblado de color negro y lo miró frunciendo el ceño.
-¿Qué es esto?
-Un pijama –contestó ella, sin apartar la vista de las instrucciones de la cama.
-¿Me has comprado un pijama?
-Sí –sonrió ella, esta vez bajando las instrucciones para mirarle-. ¿Qué ibas a ponerte para dormir si no?
Beyond sonrió, pero no dijo nada. Después se levantó para dirigirse al baño.
Al de unos minutos, Red le vio entrar de nuevo en el salón. Llevaba en la mano la ropa que llevaba puesta hacía un momento, y ahora vestía el pijama que ella le había comprado. Se sentó junto a ella de nuevo y tomó las instrucciones de sus manos.
-¡Eh! Las estaba leyendo –se quejó ella.
-Es mi cama, no voy a dejar que la montes tú.
-¿Has visto que bien te queda? Tengo un gusto impecable –dijo ella, después de haberle mirado de arriba abajo.
-Bueno, ya sabes lo que dicen. A los guapos todo les queda bien –bromeó.
-Claaaro –dijo ella con sarcasmo, y después rió con él.
Siguieron inspeccionando las cosas hasta bien entrada la noche. Habían extendido el edredón en el suelo para estar más cómodos, ya que no lo iban a usar aquella noche. También habían dispuesto los cojines alrededor, haciendo que el suelo pareciese una cama enorme. El contenido de las bolsas parecía no acabar nunca: cepillo de dientes, tazas, más tarros de mermelada… algunas cosas las iban llevando a su lugar correspondiente, pero se fueron cansando y acaban dejándolas en el sofá o la mesa. Beyond se había tumbado bocabajo, aún leyendo las instrucciones, y terminó por quedarse dormido encima de ellas. No era de extrañar teniendo en cuenta que la noche anterior no había dormido en absoluto. Red le miró sonriendo. Se levantó y guardó en la nevera los platos que aún seguían encima de la mesa; ya se los comería mañana. Cuando volvió al salón, cogió las instrucciones de debajo de Beyond con cuidado de no despertarle, y se dispuso a leerlas desde el principio.
Pero tuvo la misma suerte que él, y el sueño terminó venciéndola.
