Katniss

Mi deuda con Peeta Mellark solo iba en aumento. No solo me había ayudado a conseguir una de las mejores ginecólogas obstetras que mi seguro cubriera al cien por ciento, sino que era mi cómplice para ocultar mi estado de mis padres. Si era completamente sincera no me agradaba demasiado que él arriesgara su estabilidad laboral solo por una chica con demasiados problemas familiares y personales.

Cuando Gale y yo llegamos del supermercado el jueves en la noche mamá y papá ya nos esperaban con excelentes noticias. Peeta les había hablado de la posibilidad de un trasplante y para ello necesitaban comenzar a hacer las pruebas pertinentes. En la plática con mis padres me di cuenta del pequeño engaño del doctor Mellark ya que me consiguió un escape para la donación del riñón.

El viernes tuve que añadir una mentira mas a mi red diciéndoles a mis papás que nos dieron el día libre por que los maestros acudirían a un congreso. Las excusas eran realmente patéticas y me dolía demasiado ver que mis padres me creían sin pensarlo. No merecían tener a una hija como yo. Sumida en mi propia miseria fui a trabajar en mi nuevo horario en el banco. Estuve tentada a usar de nuevo un vestido pero con solo recordar las miradas que Snow me dio el día anterior me provocaba nauseas la idea de estar tan expuesta de nuevo.

-Buen día, Katniss- Annie Cresta me saludó por tercera vez en la mañana al pasar frente a mi escritorio. Seguramente era un plan de mi primo hacer que su asistente me monitoreara disimuladamente durante mi turno para saber si tenía algún malestar. Eso, lejos de molestarme me pareció realmente patético, no era una niña pequeña que necesitara al cien por ciento la protección de su primo mayor.

-Hola, Annie- me obligué a contestarle cortesmente, después de todo ella no tenia la culpa de que su jefe fuera un loco sobre protector.

-¿Ya desayunaste algo?- vaya, eso era demasiado hasta para Gale, el mismo me vio comer en la mesa de nuestra casa. Bueno, jugar con la comida ya que las nauseas matutinas habían sido realmente malas ese día, sin embargo si logré comer mejor que otras veces-. Porque si no es así, podríamos ir por algo, se de un lugar donde los jugos son realmente deliciosos.

-Gracias, pero tengo trabajo que hacer y ya comí algo antes de llegar- aparte la vista de mi ordenador y le sonreí a la chica con cabello castaño rojizo. Annie me escaneó con sus ojos verdes y parecía estar evaluando mi respuesta.

-Pero podríamos ir a comer, ¿no? - realmente luché contra el impulso de resoplar, hablaría con mi primo en la primera oportunidad que tuviera.

-Annie no es necesario que hagas esto. No importa lo que mi primo te haya dicho, no tienes porque hacer rondas para vigilarme- la cara de la chica frente a mi se llenó de completo desconcierto logrando hacerme sentir incómoda, quizá me había escuchado más ruda de lo que esperaba-. Lo siento pero...

-Katniss, Gale no me ha pedido nada. Yo, eh bueno, vine por mi propia voluntad- y así fue como me hizo sentir la peor persona en la faz de la tierra-. No quiero ser inoportuna, pero he notado que no hablas con demasiadas personas además de tu primo y supuse, perdón por hacerlo, pero creí que te vendría bien una amiga.

Al escuchar sus palabras mis ojos se llenaron de lágrimas por la nobleza de su acto, quise decirle algo, pedir alguna disculpa y enmendar mi error, pero simplemente las palabras se negaban a abandonar mi boca gracias al nudo en mi garganta. Tomé una larga bocanada de aire, esperando recuperar un poco la compostura pero el deseo de llegar hasta ella y abrazarla. Era un poco patético de admitir, pero nunca en mi vida alguien me había ofrecido su amistad de esa forma tan sincera. Al percatarse de mi estado Annie no dudó en acercarse hasta mi y abrazarme a pesar de que yo seguía sentada en mi silla y de una forma vergonzosa e incontrolable comenzaron a salir las lágrimas, bajando por mis mejillas.

-Lo, lo siento- sollocé sin entender mi ridícula reacción, lo menos que necesitaba era que Annie me viera como una chica melodramática que por cualquier cosa se echa a llorar.

-Oh, no cariño, no te disculpes, yo no debí preguntar. Soy una idiota

-¡No!- La interrumpí con demasiada brusquedad ocasionando que dejara caer sus brazos y diera unos pocos pasos para atrás-. No hiciste nada malo, estoy siendo muy dramática.

-Te aseguro que te entiendo, siempre me pongo como magdalena en esos días especiales- en forma automática llevé una mano a mi vientre y fue como si hubiera tenido una especie de epifanía. Sin duda mis hormonas estaban completamente locas por culpa de Pasita.

-Si, debe ser eso- concedí terminando de limpiar las lágrimas de mi rostro- ¿Sigue en pie la propuesta para ir a comer?

-Por supuesto, te voy a llevar a un restaurante donde se come delicioso- el ánimo de Annie no estaba ni cerca de decaer y decidí que tal vez iba a necesitar un poco de esa actitud en los próximos meses de mi embarazo.

Al parecer no me equivocaba con Annie Cresta. En ningún momento perdió su energía y de inmediato se mostró dispuesta a hablarme ampliamente de su vida personal, no sé como lo hizo pero en una hora de comida me platicó sobre su familia que se reducía a su abuela Mags y su madre Alice, dijo que tenía un novio residente de medicina y sé que podrá escucharse un poco extraño pero tuve el presentimiento de que me hablaba de Finnick Odair. Annie se mostró completamente confiada conmigo y en ningún momento me presionó para que yo le diera información, simplemente se dedicó a escucharme atentamente en mis pobres aportaciones y encontró la forma de llenar los momentos de completo silencio.

Llegamos al banco exactamente a nuestra hora y veníamos riendo acerca de una anécdota que Annie me había contado y juro que llegué a sentir cierta calidez en el pecho, ni siquiera noté la cara de completa preocupación que tenía Gale cuando llegué a mi escritorio. Mi primo caminaba de un lado a otro verificando su celular, el color no regresó a su rostro hasta que levantó la vista y me vio de pie frente a él. Annie, conociendo bien a su jefe se despidió de mi con un amigable beso en la mejilla y fue a su lugar de trabajo.

-No entiendo la razón de tener un teléfono celular si no vas a contestar las llamadas, prima- Gale llegó hasta mi y me dio un beso en la mejilla que recibí gustosa-. Me tenías un poco preocupado.

-Fui a comer con Annie, tu asistente- mi primo se vio entre extrañado por mi noticia y contento al saber que contaba con una nueva amiga-. Olvidé avisarte y ni siquiera tuve tiempo de revisar el celular.

-Bien, en ese caso no puedo quejarme- Gale se despidió de mi con un nuevo abrazo, no sin antes recordarme mi cita con la doctora Primrose esa misma tarde, no le dije nada pero era más que obvio que no necesitaba recordarme ese pequeño asunto.

...

Por más que lo intentara no podía quedarme sentada en la fría silla del consultorio de la doctora Primrose, además se trataba de un lugar donde varios profesionales rentaban cubículos para atender a sus propios pacientes y por ende existía un flujo contante de gente que no ayudaban en nada a calmar mis nervios. Me giré para ver a mi primo Gale sentado en una de esas incómodas sillas, completamente ajeno a mis preocupaciones, por un momento deseé ser como él, pero mi situación era en verdad complicada.

Estaba por rendirme y sentarme en esa mugrosa silla cuando de reojo vi a una figura alta que caminaba en nuestra dirección, el desconocido llevaba a una pequeña niña de la mano, no quise verme muy entrometida así que fijé la vista en la silla frente a mí hasta que un muñeco de peluche en forma de una mazorca de maíz muy sonriente aterrizó cerca de mis pies y tuve que agacharme para tomarlo. Sorprendida me giré hacia el padre y su pequeña hija solo para encontrarme con un Peeta Mellark sonriendo ampliamente mientras sostenía a su pequeña hija de la mano.

-Viniste- no sé que esperaba oír realmente por parte de Peeta, pero debo aceptar que esa simple palabra no estaba en mi lista de las diez mejores formas de saludar a alguien.

-Debía hacerlo, fue parte de nuestro trato- si, esa tampoco era la mejor forma de contestar. No supe muy bien que hacer a continuación así que solo atiné a extender mi mano para saludar al doctor Mellark.

Peeta lo aceptó de inmediato sin embargo tuvo que dejar libre la mano de su niña y contrario a lo que esperaba, ella no corrió en dirección a los juguetes de la sala de espera sino que se quedó junto a su padre quizá se debía a que era demasiado tímida. En los siguientes segundos no dijimos nada, hasta que mi primo levantó la vista de su celular y por fin notó nuestra compañía. Sin perder tiempo comenzó a bombardearlo con un sinfín de preguntas, todas ellas relacionadas con la salud de mi padre y lo que se debería tomar en cuenta para un trasplante.

Analicé nuevamente la posibilidad de sentarme en una de esas incómodas sillas hasta que sentí que algo tocaba mi pierna, estuve a punto de dejar escapar un grito, pero me contuve al reconocer la pequeña figura de Delly agarrando mi pantalón con tal de llamar mi atención.

-Hola, Galleta- la saludé amablemente para evitar que se asustara, aparentemente logré mi cometido ya que la niña sonrió ampliamente al escuchar el dulce apodo que su padre le dio- ¿Quieres sentarte?

Delly negó con la cabeza haciendo que sus dos coletas de rubio cabello se movieran enérgicamente de un lado a otro, la pequeña señaló tímidamente el muñeco con forma de mazorca de maíz y luego se señaló a si misma. Estaba un tanto extrañada por su resistencia a hablar, pero de todas formas me puse de rodillas para estar a su altura y le ofrecí el muñeco.

La hija de Peeta me vio fijamente y casi puedo jurar que separó sus labios brevemente sin embargo antes de decir una sola palabra, dio media vuelta y corrió hasta llegar junto a su padre para abrazar la pierna de Peeta. El doctor Mellar sonrió ampliamente al sentirla a su lado y en forma automática bajó su mano derecha para acariciar la cabecita de Galleta.

-¿Peeta Mellark?- la chica de cabello negro que me había atendido a mi llegada llamó desde su asiento detrás de su escritorio, en ese momento me vi obligada a apartar la vista de padre e hija ya que no era posible que le llamaran primero a Peeta que acababa de llegar y no a mi que tenía cerca de quince minutos esperando-. Pueden pasar al consultorio seis, por favor.

-Gracias Jo. Gale, necesito entrar, pero si tienes más dudas podemos hablar una vez que me desocupe con la psicóloga- Peeta se inclinó para tomar a su hija en brazos y yo seguía en shock al saber que ellos estaban por entrar a ver a un psicólogo-. No voy a tardar demasiado, solo voy a acompañar un momento a Delly, ¿verdad Galleta? Diles adiós.

La pequeña Galleta sacudió su manita libre en mi dirección y me regaló una de las más enormes y lindas sonrisas que había recibido en mi vida. Peeta se despidió de mi primo con un apretón de manos antes de acercarse a mi y besar mi mejilla haciendo que me quedara congelada en mi lugar. Aparentemente sucedió lo mismo con él ya que vi la duda atravesar su rostro y sin previo aviso fue en dirección a la puerta con el número que Jo le indicó.

-Katniss Everdeen, puedes pasar al cubículo tres- la señorita recepcionista me habló demasiado fuerte, pero por el rostro de ambos parecía como si esa no fuera la primera vez que me llamaban.

-Niss, ¿te sientes bien?- Gale tomó amablemente mi brazo y me incitó a caminar, lo aparté con delicadeza y seguí el camino que me habían indicado.

-Lo siento, estaba distraída.

-Yo también lo estaría de recibir un beso de ese sexy papá soltero- logré escuchar que la chica susurraba más para ella que para nosotros, así que me evité la vergüenza de responderle, aunque en mi mente no cabía la idea de Peeta siendo padre soltero, después de todo él siempre tenía puesto su anillo de matrimonio.

El cubículo al que entramos era amplio, arreglado de una forma cálida que no sabría como explicar con exactitud, pero que sin duda producía un estado de completa confianza. No habíamos dado demasiados pasos al interior cuando una mujer no mayor a los treinta años llegó a nuestro encuentro, su rostro era delgado y sus facciones muy finas, la sonrisa en su rostro era amable y sus hermosos ojos azules transmitían calidez. Seguramente yo era la última paciente que atendería en el día pero esa mujer lucía como si no hubiera hecho el mayor esfuerzo en todo el día. El único indicio de su cansancio eran las zapatillas deportivas que seguramente habían reemplazado a unos zapatos de tacón que combinaran mejor con su atuendo formal.

-Pase chicos, vamos no sean tímidos- la doctora señaló con un brazo su escritorio y nos guió hasta él-. Bien, mi nombre es Primrose Green, pero todo el mundo me llama Prim. Supongo que tu eres Katniss, porque no creo que este ese sea el nombre de este apuesto chico.

Fue agradable reír, eso ayudó a aflojar un poco el nudo en mi estómago que los nervios me é asiento en la silla que Gale apartó para mi, supuse que debía comenzar a hablar pero las palabras se negaban a abandonar mi boca.

-Peeta, es decir, el doctor Mellark me habló de usted- el rostro de la doctora reflejó un poco de indignación y temí haber dicho algo inadecuado.

-Cielo, puedes llamarme simplemente Prim- sin preocuparme por ser muy obvia suspiré aliviada-. Bueno, Peeta también me habló de tu caso y debo decirte que voy a necesitar de tu compromiso realmente y del papi también- la doctora dirigió su atención a Gale que se apresuró a negar rápidamente con la cabeza. La mueca en su rostro fue única y no pude retener una carcajada.

-No, no, no yo solo soy el primo de Niss- Gale se puso de pie y colocó la silla frente a él como si con eso pusiera una barrera entre la idea. Un leve sonrojo llenó las mejillas de la doctora.

-Oh lo siento, no suelo ser así de imprudente- sonrió apenada y tomó unas hojas para abanicarse-. En fin, pasemos a lo que nos interesa, Katniss ¿podrías pasar a esa puerta? Ahí hay una bata y un lugar donde puedes dejar tu ropa. Si es necesario podemos pedirle a tu primo que nos espere afuera con Johanna.

-Por mi no hay problema- me sorprendió escucharlo entusiasmado mientras los nervios volvían a atacarme. Pero de acuerdo a lo que había investigado el chequeo que me harían no sería tan agradable y a decir verdad me incomodaría tener a mi primo en el mismo lugar. Vi directamente a Gale y asentí lentamente-. Si necesitas algo solo grita.

Gale besó mi frente y enseguida salió por la puerta. Prim me vio fijamente y me señaló nuevamente la puerta a su izquierda, resignada me obligué a ir hacia ese lugar.

Tardé muy poco en estar lista pero aun así esperé algunos minutos mas en salir y al hacerlo me encontré a la doctora lista en una silla que se veía mucho más incómoda que las de la sala de espera, pero obviamente esta tenía otra función. En contra de mi voluntad caminé con la cabeza baja y me senté en ese lugar.

Sobra decir que ese fue el momento más incómodo de toda mi vida, a pesar de las palabras de aliento de Prim yo no podía dejar atrás la vergüenza y tras los quince minutos más largos de mi vida, por fin pude regresar a mi lugar frente al escritorio de Prim. La doctora lucía seria mientras revisaba su computadora.

-Katniss- dijo mi nombre en una exhalación y eso solo podían ser malas noticias-. No voy a mentirte, estamos en una situación especial. La amenaza de aborto dejó un poco dañada la placenta y aunque no es algo para alarmarse, si se debe tener especial cuidado. Conozco a Peeta y sé que ya te habrá dado una lista con instrucciones específicas y solo te puedo decir, síguelas al pie de la letra. Este bebé va a necesitar muchos cuidados.

-Lo sé- suspiré dejando caer mis hombros hacia delante. Iban a ser unos largos meses.

-Ahora, disculpa que te pregunte pero me llamó la atención que el papá de tu hijo no te acompañó, ¿Todo está bien?- Prim entrelazó sus manos sobre el escritorio.

-No cuento con su apoyo. Él no lo sabe aún y no creo que eso signifique una diferencia- mordí mi labio inferior-. Lo que me lleva a hacerle una pregunta, ¿Puedo?

-Claro, cielo- la expresión de Prim me recordó a la de mi madre cada vez que se preocupaba por mí y de la nada sentí la necesidad de echarme a llorar como una niña pequeña. La doctora pareció entenderme y de inmediato me tendió un pañuelo desechable que acepté.

-Quiero darlo en adopción, pero no sé de ningún lugar a donde ir, ¿Podrías ayudarme con ese asunto?- bajé mi mirada apenada hacia mis manos que jugaban nerviosamente con el pañuelo.

-Si yo podría ayudarte, pero en la mayoría de los casos necesitaríamos la aprobación del padre.

-Te juro que no le interesa- no quería admitir en voz alta que había intentado comunicarme con Gloss un par de veces en medio de la noche bajo la protección de la oscuridad, pero mi exnovio no se había dignado a responder. No terminamos de manera formal, pero supongo que su negación a contactarme hablaba por si misma-. Tengo casi una semana sin saber de él.

-Necesitaríamos revisar con las instituciones y ellas te darían el apoyo legal. Si gustas puedo mandarte toda la información por correo en esta semana- suspiré aliviada. Y de pronto mi futuro no parecía tan complicado.

Primrose se despidió de mi en la puerta de su consultorio. Al salir Gale estaba platicando animadamente con la chica recepcionista y de Peeta no había ni rastro, supuse que eso era lo mejor ya que, aunque la doctora me había ayudado demasiado, no podía dejar de lado el sentimiento de tristeza que aun me invadía.

El camino de regreso a casa fue en silencio. Mi mente me rogaba por retrasar un día más el momento de hablarle a mis padres de la existencia de Pasita, pero mi lado razonable me presionaba para que dijera la verdad de una vez por todas. Llegamos a mi casa y aún no sabía que hacer, así que opté por la salida fácil y dejar el tema por la paz para el sábado. Sin embargo mis planes se fueron a la basura al abrir la puerta principal.

En la sala de mi casa estaba mamá Bonnie, mi padre y la señorita Effie, todos ellos sentados frente a la mesa donde había un sinfín de folletos sobre adopción y planes de estudios en línea. Quise decir algo para defenderme, pero no fue posible, mi garganta se negaba a dejar escapar cualquier sonido y lo último que recuerdo fue la sensación de las lágrimas correr por mis mejillas.

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No estoy muerta, simplemente soy una adulta responsable con trabajo jajajaja chicos una disculpa por no avisarles nada y por los posibles errores que pueda tener este capítulo, pero necesitaba publicarlo de una vez. Prometo editarlo cuando tenga oportunidad.

Espero que les haya gustado y dejenme sus comentarios por favor.

Nos leemos pronto.