- …Así que el profesor Ansai nos castigo a ambos con tres partidos en la banca, padre. Y sentado junto con el mono pelirrojo.

Rukawa apretó la taza de té que tenía en sus manos después de relatar todo lo sucedido, sentado frente a su progenitor no podía perder el control, no podía defraudar aún más al hombre que tanto significaba para él.

El hombre, de unos 40 y tantos años observo a su único hijo un momento para evaluar la situación con la seriedad requerida. Ciertamente ser castigado estaba absolutamente fuera de lugar, no se había tomado tanto tiempo enseñándole y practicando basquetball para que arrojara todo por la ventana simplemente porque se dejo llevar por sus emociones… aunque el saber que había una chica de por medio cambiaba mucho las cosas.

Un leve sonido lo distrajo de sus pensamientos.

Una puerta tradicional japonesa siendo abierta con suma suavidad.

Era su esposa, Maiko, con su tradicional kimono de seda que entraba trayendo más té para ambos.

A pesar del paso de los años seguía cautivándolo con su belleza. La lozanía de su piel, el negro y liso cabello cayendo a un lado de su esbelto cuello. Su carácter sumiso, elegante y tranquilo…

Agradeció con un asentimiento sus atenciones y salio por la puerta con la misma suavidad que entro.

Si, efectivamente saber que habia una chica de por medio cambiaba las cosas.

- Dime, hijo mío, ahora que conseguiste desquiciar a aquel chico Sakuragui ¿Planeas dejar a esta muchacha, Haruko? No es honesto ni de adultos jugar con las mujeres.

- No, padre. Si me aparto ese tarado de seguro tratará de ser su novio.

- Y si ese chico del que me hablas la dejará en paz ¿la dejarías?

- No. Respondió tajante Rukawa.

- Ya veo… Supongo, que esa chica debe ser bonita.

- Bastante. Dijo el pelinegro con voz de fastidio, lo que no paso desapercibido.

- ¿Y acaso la belleza te incomoda? Pregunto divertido Masataka Rukawa

- Las palabras de Mitsui, el chico que regreso al equipo fueron "trae loquito al equipo de judo, partiendo por el Capitán Aota"

- Pues eso explica que no quieras apartarte. Debe ser una belleza.

- Hai.

- Háblame de su carácter, hijo mío.

- Es suave y tranquila. Sin pretensiones a pesar de su apariencia. También buena estudiante.

- ¿Eres su primer novio?

La masculina sonrisa que apareció en los labios de Kaede al tiempo que asentía fue una clara respuesta para el padre.

- Buen tipo de mujer. Concordó Masataka. – Habrás de saber tratarla.

Ambos Rukawa guardaron silencio unos minutos, el padre evaluando lo sucedido. El hijo esperando no deshonrar al padre.

El más joven fue el primero en hablar.

- ¿Te he defraudado, padre?

- Ciertamente no me complace el castigo recibido, aunque esta bien merecido. Las duras palabras del padre afectaron al hijo, aunque se mantuvo silencioso, sabia que no debía interrumpir. – Obedecerás al profesor Ansai y te mantedras tranquilo durante esos partidos.

- Si, padre. Respondió el pelinegro con los ojos bajos.

- Y respecto a esa chica… Kaede levanto los ojos de golpe, expectante, su padre no lo apartaría de su Haruko ¿o si? - La traerás a casa para conocerla y ver si es apropiada, de seguro tu madre estará encantada.

- Lo es.

- Ahora ya puedes ir a ejercitarte, pero añade 10 kilos a las pesas y treinta minutos extra.

- Si, padre. Rukawa entendió que la conversación habia llegado a su fin y después de inclinar la cabeza ante su padre se apresto a salir. Cuando estaba a punto de cruzar el umbral escucho su nombre otra vez, deteniéndose y mirando sobre su hombro.

- Kaede… hoy no te reunirlas con nosotros para cenar.

Rukawa asintió y salio directo al gimnasio sabiendo que dormiría con los músculos doloridos y bastante hambre.

"Maldito Sakuragui"

En otra parte de la ciudad, Haruko regresaba a su habitación después de dar largas explicaciones.

Ahora sabía lo que se debía sentir estar frente a un pelotón de fusilamiento.

Al menos su madre había estado de su parte cuando todo el asunto "..incluida" habia salido a flote.

Takenori había sido el más molesto, aunque no lo culpaba.

¿Dos de sus jugadores peleando por su hermana menor? Recordar su cara le daba escalofríos.

Sus padres obviamente querían conocer al tan famoso novio, Takenori en cambio habia dejado claro que tendría una larga charla con el zorro y que ni soñara que la descuidaría.

Estaría sobre ellos como una sombra, prometió el número 4 de Shohoku. Su padre acepto satisfecho.

Era un buen acuerdo. Las cosas estaban en paz.

Aunque no, aún tenía asuntos por resolver.

Hanam… No, se corto el rollo mental de golpe.

Ir por ese camino sólo causaría problemas.

Había hecho lo posible por no pensar en "él" y casi lo había logrado.

Casi no pensaba en él cuando evadía el camino de su salón.

Casi no lo extrañaba.

La música de su celular la trajo de vuelta al planeta.

Era su novio, su súper rookie.

- ¿Que esta haciendo mi chica? Una automática sonrisa apareció en su cara. Su zorro era así de directo, de pocos preámbulos.

- Regresando de dar largas explicaciones en casa.

- ¿El Capitán fue muy duro?

- Lo esperable.

- Auch.

- …………

- ¿Qué sucede?

- Kaede kun… mis padres quieren… conocerte… exigen… conocerte.

- Eso no es problema. Respondió el pelinegro de inmediato, Haruko suspiro aliviada, un problema menos.

- ¿Este jueves cena a las 8?

- Claro, pero no hagas planes el viernes.

- ¿Por qué? Pregunto la castaña encantada. – ¿Iremos a algún sitio?

- Si, vendrás a mi casa a conocer a mis padres.

De inmediato la chica se sintió mortificada, con sus nervios comenzando a crisparse ¿Y si no le agradaba a los padres de su novio? - ¿Estas jugando Kaede Kun? Preguntó esperanzada de que sólo le estuviera tomando el pelo.

- Tanto como tú cuando me invitaste el jueves.

- Auch.

- ¿Debo tomar eso como un sí?

- Sí, Kaede Kun.

- Perfecto. A propósito, mañana te esperaré temprano en la azotea. Hay algo que quiero decirte.

- ¿Q… Qué… que es? De inmediato la chica pensó lo peor "lo sabe"

- Hasta mañana Haruko.

- Esta bien…. Rukawa no cortó la comunicación ni respondió, se quedó esperando a que su novia terminara de despedirse, necesitaba escuchar las palabras. Aunque no se cuestionó el motivo.

– Te quiero, Kaede kun.

Esa noche Haruko se revolvió en la cama tratando de adivinar que querría su zorro.

¿Acaso alguien la habría visto? No, eso no era posible.

¿Pero si hubiera sucedido? Era poco probable, además Kaede no era conocido por tener amigos, de hecho prácticamente no hablaba con nadie.

Se terminó de auto convencer que todo estaba bien, sólo eran nervios suyos.

Si supiera o al menos sospechara algo no habría aceptado la invitación a cenar a su casa ni mucho menos la habría invitado a la de él.

Dios, se iba a volver loca. Aunque no haber pegado un ojo la ayudo a casi saltar de la cama a las 5:30. Los nervios se la seguían comiendo.

Una ducha, su impecable uniforme y un desayuno rápido a base de frutas y cereales, aunque no es como si su estomago le hubiese permitido atiborrarse de tan apretado que lo sentía pero ya estaba lista para salir.

Miró la hora en su reloj de pulsera.

6:10 AM

Hizo el camino a la preparatoria de veinte minutos jugando con su anillo.

Las escaleras… al fin había llegado.

Subió cada peldaño rumbo a la azotea tratando de calmarse

Tomo una profunda respiración y abrió la puerta.

Ahí estaba Kaede Rukawa, su novio, viéndose tan arrebatador como siempre. Quitándole el aliento como de costumbre.

Lo observo caminar en su dirección con seguridad, sin prisas.

Parecía un animal al acecho.

Un animal que a medida que se acercaba desabotonaba la chaqueta azul del instituto en una lenta tortura.

Cuando al fin estuvieron frente a frente todos esos botones habían sido liberados revelando la blanca camisa que resaltaba su también blanca piel.

Era simplemente hermoso.

- H… Hola… Kaede Kun…Q… qué… querías decirme?

Rukawa tomo la barbilla de su chica con una mano, levantando su rostro y deleitándose con sus finas facciones. La expectación en sus ojos le daba un cándido toque.

Amaba cuando lo miraba de ese modo.

Bajo sus labios a los de la chica uniéndolos en un suave beso.

- Sólo quería decirte hola.

La sonrisa que apareció en su Haruko lo animó a besarla nuevamente. Con más pasión, introduciendo un poco la lengua en su boca y comenzando un lento movimiento.

Cuando la falta de aire y el ritmo acelerado de su corazón lo obligo a levantar la cabeza de su chica tuvo toda una visión.

Sus labios estaban hinchados por sus besos, apenas entreabiertos, su respiración acelerada y las mejillas sonrosadas.

Quiso volver a probarla pero debía ser cuidadoso. No expondría su reputación.

Tomo su mano y la alejo de la puerta. Llevándola lejos de ojos curiosos.

Rukawa tomó la mochila que la menor de los Akagi llevaba al hombro y la dejo apoyada en la pared. Termino de quitarse la chaqueta y la puso en el suelo para que su chica se sentara, luego se acomodo a su lado.

- Creo que no he saludado a mi chica lo suficiente hoy.

Una deliciosa risa salió de Haruko. – ¿Eso crees Kaede Kun, no prefieres entrenar quizás?

- No, ahora ven aca. Respondió al tiempo que le ponía una mano en la nuca para acercarla. Cuando estuvo a escasos centímetros de volver a besarla dijo – Tenemos apenas una hora antes de las clases.

Otra vez sus lenguas volvieron a enredarse.

Parecía que por más cerca que la tuviera no era suficiente.

Se ayudo con la mano libre a impulsarse más cerca sin romper el beso, que iba cada vez más a prisa.

Haruko respondió al gesto echándole los brazos al cuello, pasando sus dedos en el corto cabello de la nuca y de paso provocando que el corazón del zorro palpitara más rápido aun.

No, definitivamente su zorro no era el rey de hielo.

Cuando Rukawa sintió que prácticamente toda la sangre de su cuerpo había ido a parar al mismo lugar se obligo a detenerse.

Doblo más una rodilla y se dio un rápido vistazo.

Decidió que sacarse los faldones de la camisa de los pantalones era una muy buena idea en ese momento.

La mejor del mundo.

Afortunadamente para Kaede, Haruko no pareció notar la reacción que provocaban los besos en su novio cuando reclino la cabeza en su hombro y se dedico a mirar hacia el horizonte.

Incluso de perfil era bonita.

- Dímelo. Exigió el pelinegro.

- ¿Decir qué, Kaede Kun? Preguntó la chica al tiempo que revoloteaba las pestañas juguetona.

- Ya sabes.

- ¿Saber qué, Kaede Kun?

- Vamos, no juegues conmigo.

- ¿Jugar a …? Jajajajaja un suave pellizco en su nariz no la dejo terminar la frase.

- Aún no te escucho Haruko… y no me salgas con "escuchar que". Dijo Rukawa fingiendo un tono serio que dejaba entrever la diversión que le producían los jueguitos de su novia.

- Te quiero.

La miro directo a los ojos, disfrutando las palabras que habían salido de su boca.

- Dilo otra vez.

- Te quiero, Kaede.

Haruko no se cuestionó que no le respondiera, no se ganaba nada presionando. Además, era su novio y estaba ahí con ella cuando pudo ser cualquiera del instituto.

Rukawa comenzó a besarla nuevamente.

Este si que era un buen modo de disfrutar la azotea.