Operación muérdago, Twister y farolillos

Emma se puso ropa de abrigo, bajo recomendación de Regina y los cinco salieron, a pie, hasta el bosque que bordeaba la ciudad. A penas hubo entrado en él, un sentimiento extraño la invadió: como si entrara en otro mundo. Si fuera nevaba intensamente y un espeso manto cubría el suelo, ahí dentro, gracias a las densas copas de los inmensos abetos, el suelo no acogía sino algunos copos persistentes. Incluso el frío parecía haberse detenido.

Emma estaba subyugada. Era una chica de campo, de la montaña, pero pocas habían sido las veces en que había podido escaparse de la locura neoyorquina para concederse un momento de reposo y calma. Hoy, respiraba a pleno pulmón ese aire energizante, tan refrescante.

Delante de ella, Zelena, Robin y Henry que apuraban el paso para llegar los primeros al lago. A su lado, Regina caminaba en silencio, con las manos hundidas en sus bolsillos, la mirada fija en su frente.

Emma no podía evitar observar ese rostro tan armonioso, pero con un tormento visible plasmado en él, velando su mirada. Sí, la bella morena tenía algo en la cabeza y Emma habría dado cualquier cosa por saber qué tempestad retumbaba en esa bella cabecita.

Pues ella estaba obnubilada por la belleza de la joven en ese instante: algunos copos dispersos sobre la cabellera azabache, sus mejillas rosadas por el frío, sus labios carnosos, surcado el inferior por esa cicatriz tan característica. Sí, literalmente, la encontraba bella.

—¡Ya llegamos!— gritó Henry, sacando a Emma de su contemplación.

Y, efectivamente, ante sus ojos, Emma pudo vislumbrar un inmenso lago congelado, rodeado de altos abetos emblanquecidos y de helechos escarchados.

—Wow…Es magnífico

—A menudo traía a Henry aquí cuando era pequeño. Nuestro paseo de los domingos, en cierta manera. Desde entonces, este sitio ha pasado a ser su favorito.

El paisaje era digno de una tarjeta postal, o incluso de un mundo de fantasía, como Narnia. Emma se esperaba que de un momento a otro apareciera un animal fabuloso entre los árboles o que el hielo se rompiera para dejar ver a graciosas sirenas. Emma estaba conquistada y, sin lugar a dudas, ese lugar se convertiría, al igual que para su hijo, en uno de sus sitios preferidos.

Miró cómo Robin y Henry lanzaban piedras al hielo, y a Zelena que los miraba con atención. Regina se colocó al borde del lago y parecía hipnotizada por este.

—Ama este sitio

—Mucho— respondió sobriamente la bella morena que inhaló profundamente para llenar sus pulmones con ese aire igual de frío como salvador. Emma entonces la imitó y alzó la cabeza para observar las pocas nubes diseminadas por el cielo azul.

—Es magnífico, gracias por haberme traído

—De nada

—Imagino que viene a menudo aquí para evadirse de la realidad, de sus responsabilidades de alcaldesa.

Regina la miró, con el ceño fruncido

—¿Cómo…?

—Porque si yo fuera usted, haría lo mismo. Este sitio es…un remanso de paz.

Regina no pudo sino sonreír y de repente se encontró mirando fijamente el perfil de la bella rubia, detallando la curvatura de su mandíbula, sus mejillas salientes, sus labios finos y rosados, los mechones rubios que se movían gracias a la ligera brisa que las rodeaba. Sí, Emma Swan era una bella mujer, no había nada malo en constatarlo. Y cuando Emma se giró hacia ella, sintiendo su mirada persistente, no tuvo tiempo de girarse y sus miradas se clavaron la una en la otra. Intercambiaron una sonrisa y repentinamente esa pequeña tensión volvió a rodearlas, encerrándolas en una burbuja hermética. Regina no pudo escaparse de esa mirada verde esmeralda, ni siquiera se movió cuando comprendió que Emma se acercaba subrepticiamente, sus rostros separados solo por algunos centímetros.

Contuvo el aliento. ¿Solo por un instante podía dejarse llevar? Solo el tiempo justo para sentir sus labios sobre los suyos, solo el tiempo de volver a encontrar esa sensación de contar para alguien, alguien además de su hijo. ¿Estaría tan mal si se dejara ir, aunque fuera una sola vez? Cerró los ojos, lista para responder a esa pregunta dejando que la bella rubia se acercara mucho más…Y de repente, un grito estridente las sacó de su burbuja. Se separaron bruscamente antes de girarse hacia el lago y ver a Henry, con una pierna en el agua, hasta medio muslo.

—¡Henry!— gritó Regina que se olvidó de Emma en un cuarto de segundo para correr hacia su hijo.

Robin intentaba arrastrarlo hacia ella cuando Regina llegó y la ayudó. Con un golpe seco, ella cayó hacia atrás arrastrando a su hijo hacia la orilla. Emma corrió a su vez y pasó instintivamente sus manos bajo las axilas de Regina para levantarla.

—¿Todo bien?— preguntó

Pero Regina estaba centrada en su hijo. Posó una rodilla en la tierra y tomó el rostro de su hijo entre sus manos

—¡Henry! Pero, ¿qué ha pasado? ¿Estás herido?

—No, no, yo…Una tontería

—Quiso caminar sobre el hielo para recuperar una piedra…

Regina lo miró

—¿Qué?

—Una tontería, lo sé, pero pensaba que el hielo era lo suficientemente grueso.

—¡Habrías podido caerte en el lago!— se enervó Regina —Pero, ¿qué tienes en la cabeza?

Henry se levantó y una pequeña mueca apareció en su rostro.

—¿Estás bien?— preguntó Emma

—Tengo frío

—Volvemos a casa— respondió Regina en tono seco sin dar posibilidad a nadie de decir nada.

Emma caminó al lado de Henry, que parecía triste y desilusionado de que el paseo se hubiera terminado tan pronto.

—Hey, ¿todo bien?

—Está enfadada

—No, solo ha tenido miedo— sonrió Emma —Créeme, cuando tenemos miedo, hacemos y decimos a veces cosas que nos sobrepasan.

Henry la miró

—¿De verdad?

—Evidentemente. Ella te quiere más que a nada, y si algo te sucediera, creo que ella jamás lo superaría. Así funcionan las mamás.

—…

—Hey…Todo quedará olvidado cuando lleguemos, la abrazarás muy fuerte y le dirás que la quieres. Todos prepararemos contentos y alegres la comida de Navidad.

Henry entonces sonrió

—Estoy contento de que estés aquí

—Yo también, chico, yo también.


Una vez en la casa, Regina ordenó a Henry que se cambiara, pero que antes tomara una ducha bien caliente. Robin y Zelena se ofrecieron a poner la mesa mientras Emma se ofreció voluntaria para ayudar en la cocina, a pesar del poco entusiasmo de la bella morena.

—Miss Swan, no la vale la pena, de verdad

—Pero yo odio estar sin hacer nada. Así que, déjeme ayudarla, de todas maneras, no tiene elección: o la ayudo, o va a tener que aguantar a una rubia molesta y pegajosa a sus espaldas

Regina no pudo evitar sonreír antes de suspirar

—Muy bien

Emma estaba en las nubes: la cocina era claramente el territorio de la joven, y estaba feliz de poder formar parte de él momentáneamente. Había vuelto a sentir esa tensión, esa atracción entre ellas en el borde del lago, como las semanas pasadas sobre el sofá, al calor de la chimenea. Era una sensación extraña, pero tan placentera. ¿De verdad podría estar sintiéndose atraída por la madre adoptiva de su hijo? Si así fuera, sería una ironía bien cruel del destino. Porque era evidente que la situación de cada una era complicada y Henry se vería completamente perdido.

—Si piensa ayudarme quedándose plantada ahí, mejor sea útil en otro sitio— bromeó Regina que le estaba pasando un cuchillo.

—Hm, perdón, estaba pensando

—Sus pensamientos debían ser muy profundos para no escucharme cuando estoy a menos de un metro de usted.

Emma cogió el cuchillo

—Lo siento. ¿Qué hago?

—Pelar las patatas

—¡Eso puedo hacerlo!

Y así pasaron una gran parte de la tarde: encerradas en la cocina, preparando la cena. Henry bajó y fue testigo de un momento de complicidad entre las dos mujeres antes de que Zelena apareciera tras él

—¿Estás espiando?

Henry dio un salto y se giró hacia su tía

—No…En fin…un poco

Zelena miró entonces la escena y sonrió

—Interesante

—¿Tú crees?

—Sin duda, son monas

—Nunca sucederá— refunfuñó él

—¿Por qué no?

—Porque, sabes bien por qué

—Tu madre es quizás la más testaruda de las mujeres, pero hay una cosa que no cambiará

—¿El qué?

—Necesita amor. De su familia, de su hijo, su hermana…Pero, aunque ella se niegue a creerlo, también necesita amar y ser amada.

—¿Cómo se lo mostramos?

—A su tiempo, Henry. Ya la conoces: si la empujamos, recula; si la forzamos, se cierra. Desgraciadamente, no podemos apurar las cosas. El encanto y la naturalidad de Emma van a tener que actuar.

Henry las miró interactuar en la cocina, sonriendo la una a la otra, controlando sus movimientos para no incomodar a la otra. Henry jamás había visto a su madre tan sonriente y calmada, mucho menos cuando un extraño estaba en su cocina, su territorio. Escrutó el más mínimo de sus movimientos, sus miradas, sus sonrisas e incluso a veces uno o dos de sus intercambios. Sí, lo sentía, las dos tenían muchas cosas que hacer.


La comida fue servida y todos los comensales se sentaron alrededor de la mesa, una dulce música se escuchaba de fondo, el aire perfumado a la vez con el olor a abeto y el olor del asado a la miel envolvía la mansión.

Emma estaba serena, como nunca antes lo había estado en Navidad. Las reuniones familiares eran siempre algo tensas y complicadas para ella. Pero hoy, estaba en el seno de una familia amorosa, armoniosa, sonriente, y eso le dio ganas de quedarse ahí. Si al menos….

—Miss Swan, puede servir las patatas que con tanto esfuerzo y trabajo peló

—¡Hey, me llevó tiempo, pero reconozca que quedaron perfectas!

Regina no pudo sino reír, seguida de Emma, todo bajo la mirada de Henry. Y la comida pasó entre risas y un buen clima, hasta que Zelena se levantó y subió el volumen de la música, invitando a su hija a bailar con ella. Henry hizo lo mismo con su madre, y Emma se quedó mirando a los demás dar vueltas, pero eso le gustó, no pedía nada más.

Y sin embargo, con una canción de Sinatra, Henry la invitó a dar unos pasos.

—Venga, ven

—Yo…No sé bailar…

—¿Y?— sonrió él

Para no contrariarlo, abdicó y lo siguió, bajo la mirada de una Regina divertida, que prefirió sentarse a la mesa para observarlos. Zelena se unió a ella.

—Son hermosos

—¿Dónde está tu pareja?

—Pausa pipí…Mis pies se lo agradecen— intercambiaron una sonrisa antes de que Zelena se girara de nuevo hacia Emma y Henry —¿Le concederás un baile?

—Ya he bailado con él

—Te hablaba de Emma

Regina se sorprendió

—¿A santo de qué?

—No lo sé…Yo la invitaría

—Que te aproveche— sonrió Regina

—No seas tan fría

—No soy fría— murmuró rabiosamente para que la bella rubia no la escuchara.

Zelena rió

—Por supuesto…¿Crees que no te vi en el borde del lago?

—¿Qué?

—Si Henry no se hubiera caído, habrías acabado con tus labios en los de esa rubiecita.

—¡No digas estupideces!

—Mientes muy mal. Siempre has mentido muy mal

—…

—No hay nada malo, es bastante bonita

—Ahí no está el problema, y lo sabes

—Oh, sí, lo sé. Pero lo que también sé es que si no lo intentas, dejas de lado muchas cosas…

—Danielle es…

—…Danielle se ha ido. Es una desgracia, pero Emma está aquí. Y, por ironía del destino, ahora está unida a ti mucho más de lo que tú piensas. Así que mejor embestir

Regina la miró con oscura mirada.

—Imagina por un instante que ella y yo pudiéramos llegar a algo. ¿Qué sucedería si algún día rompemos? ¿Imaginas a Henry debatiéndose entre sus dos madres?

—Pero, ¿por qué imaginas ya una ruptura? Plantéate más bien una larga y hermosa relación

—Ella vive en Nueva York y nosotros aquí, ¿qué crees que pasará al cabo de varios meses de relación a distancia?

—Siempre hay maneras…

—Pareces muy decidida para ser una mujer que prefiere encadenar las relaciones de una noche en lugar de afianzarte en una.

—Mi vida es diferente

—¿En qué? Las dos somos madres solas y viudas. Por cierto, es irónicamente morboso. Las mujeres de la familia no han tenido suerte.

—Yo he prevenido a Robin— sonrió Zelena —Sabes que Henry lo espera

—¿Espera qué?

—Ella y tú

Regina hizo una mueca

—Tengo que quitarle esa idea de la cabeza

—O…Le confirmas sus expectativas

Regina resopló

—Me cansas…— y se masajeó las sienes vigorosamente

—¡Mamá! ¡Ven a bailar!— dijo Henry haciéndole una señal con la mano

—Venga, ve, tu hijo te espera

Regina reviró los ojos antes de sentir las manos de su hijo tomar las suyas. Y cuando pensaba que aún le debía varios bailes, se encontró cara a cara con Emma. Sorprendidas, se miraron antes de girarse hacia Henry —Bah, ¿qué?— él cogió la mano de su prima —¡Bailad!— dijo con una mirada brillante sin perderse una migaja: desde sus miradas perdidas en un primer momento, a los primeros movimientos de Emma que colocó sus manos en las caderas de la bella morena, esta última, mecánicamente, puso las suyas en sus hombros.

—Lo siento…por esto— hizo una mueca Regina —Cuando a Henry se le mete algo en la cabeza…

—Lo sé— sonrió Emma —Sin embargo, no puedo decir que esta idea me disguste totalmente

—¿Ah no?

—Hay compañeras de baile peores— rió Emma

—Gracias

Emma vislumbró un ligero rubor en sus mejillas, lo que la hizo sonreír más.

—Su comida estaba suculenta

—Y bien, tantos cumplidos…¿Qué hecho para merecer eso?

—Nada, usted es usted, es todo. Y es un crimen que nadie se lo haya dicho antes.

—Había una persona…— murmuró tristemente

Emma frunció el ceño, abofeteándose mentalmente por su estupidez

—Regina, lo sie…

—¡Hey, mirad! ¡Estáis bajo el muérdago!— dijo alegremente Henry

—¡Beso, beso!— añadió Robin dando palmadas

Las dos mujeres alzaron la mirada y, efectivamente, una rama de muérdago estaba atada a la lámpara. Regina gruñó, recordaba haber atado ella misma esa rama de muérdago porque su hijo se lo había pedido unos días antes. Mecánicamente, se soltaron y sintieron una atracción repentina por sus pies.

—Bah, chicas…¡Tradición!— se envalentonó Zelena

—Zelena…— gruñó Regina fusilándola con la mirada

Emma, por su parte, estaba igual de perdida como incómoda: perdida porque no sabía qué hacer, e incómoda porque, visiblemente, Regina esperaba mucho menos que ella en ese momento.

—Mamá, es algo tonto…— refunfuñó Henry golpeando el suelo con el pie

—Henry, stop

—Está bien, Reg…Miss Mills

Emma entonces se soltó, pero Regina, en una fracción de segundo, vio la mirada decepcionada de su hijo y a Emma alejarse. Ella entonces agarró la mano de la bella rubia y la hizo darse la vuelta. Sin que Emma pudiera decir esta boca es mía, los labios de la alcaldesa se posaron en la mejilla de Emma. Esta última se estremeció ante esa repentina proximidad y apenas tuvo tiempo de disfrutarlo porque Regina ya se estaba alejando lo suficiente para deslizarle en el oído — No sueñe, es todo lo que obtendrá

Emma no pudo sino sonreír, tomando eso como un desafío

—¿Apostamos?

—¿Le tengo que recordar que, la última vez que apostó, perdió?

Emma se encogió de hombros

—¿De qué sirve jugar si se tiene miedo a perder?

—¡El postre!— gritó Robin, animada por Zelena y los gruñidos de su vientre.

—Yo voy, sentaos

Emma asintió y tomó sitio al lado de su hijo.

—Bien jugado— dijo él con un guiño

—¿Perdón?

—Fingir ser indiferente para que ella ceda, buena astucia

—¿Ah sí?

—Sí, ya sabes, como cuando hacemos creer a alguien que no estamos interesados

—¿Y no crees que esa persona podría dejarlo estar?

—Nan, a las chicas les gusta mucho que corran tras ella

—Me gustaría saber quién te ha inculcado eso

—Ha sido Nick, mi compañero. Dice que así funcionan las chicas

—Hm…¿Sabes qué? Que siga de esa manera y veremos si dentro de 10 años, con su técnica, sigue soltero.

Henry se encogió de hombros

—Soy yo quien acabará soltero

—¿Qué estás diciendo? Eres un muchacho guapo. ¡No, de verdad! Más adelante causarás estragos

—Ya…

—Hey…Eres mi hijo, has heredado ese carisma particular

—¿Funciona con mi madre?

Emma se sorprendió ante ese repentino cambio.

—Oh, euh…Bah, no lo sé— se inclinó sobre él y le murmuró —¿Crees que podría? Quiero decir, ¿te gustaría?

Henry se pellizcó el labio inferior, como si reflexionase una respuesta conveniente

—Me gustaría creerlo

—¿Tú crees?

—Hace mucho tiempo que mi madre está sola…¿Y quién sería más ideal que mi segunda madre, eh?

Emma frunció el ceño

—¿Es por eso que lo quieres? ¿Para que tus dos madres estén juntas?

—No solo. Es verdad, eso ayuda, pero digamos que, no sé, hay algo

—¿Algo?

—Algo— confirmó sin extenderse más en el tema

Después Regina volvió, con un sublime tronco de navidad en la mano. Tronco que rápidamente fue devorado por toda la familia.

Cuando el reloj dio las doce de la noche y con él los primeros signos de cansancio en los niños, Regina anunció que la velada había acabado. Todos subieron y mientras Zelena y Robin desaparecieron en sus habitaciones, Regina, como muchas veces, fue a arropar a su hijo.

—Ha sido una bonita Navidad, ¿eh?

—Sí, cariño, muy bonita

—Espero que haya otras muchas como esta con Zelena, Robin y Emma

—…

—¿Mamá?

—¿Hm?

—¿Puedes…puedes pedirme a Emma que venga?

Ella frunció el ceño

—Muy bien

Le dio un beso en la frente y subió una planta más. Dudó antes de llamar. La respuesta tardó unos segundos en llegar, cuando la puerta se abrió

—¿Regina? ¿Algún problema?

—En absoluto. A Henry le gustaría decirle buenas noches

—Oh, ok

Ella estiró el cuello para encontrar al muchacho, pero cuando Regina rió, la miró

—Está en su habitación

—Oh…Ohhhh ok

—Buenas noches, Miss Swan

Y mientras bajaban, Emma la detuvo en las escaleras

—¡Hey, espere! ¿Qué tengo que hacer?

—¿Cómo?

—Bueno, eso de decir buenas noches, ¿hay algún ritual o algo parecido?

Regina sonrió una vez más.

—No hay que deba saber hacer. Solo desearle buenas noches

—¿Eso no le molesta?

—¿Por qué?

—No sé…

—Entonces buenas noches, una vez más

Emma asintió y tocó a la puerta de su hijo.

—Entra

Emma se deslizó en la habitación y se acercó, Henry la invitó a sentarse en la cama dando un golpecito en el sitio libre a su lado.

—Entonces…¿Querías verme?

—Sí. Te quería volver a dar las gracias por haber venido

—Ha sido un placer. Y aún no me he ido.

—Lo sé, y es guay. ¿Sabes? Pienso de verdad lo que dije hace un momento: mamá tendría mucha suerte de tenerte.

Emma sonrió

—Quizás. Pero puede ser que ser amigas también sea bueno, ¿no?

—Sí, seguramente…Pero sería menos divertido

Emma sonrió

—Efectivamente. Buenas noches, Henry

—Buenas noches, Emma

Ella vaciló un instante antes de inclinarse y depositarle un febril beso en su frente. Para su gran sorpresa, como siempre que Henry hacía un gesto hacia ella, el muchacho la tomó por el cuello para comenzar un dulce abrazo, al que ella respondió tímidamente.

—Hasta mañana

—Hasta mañana

Cuando salió, se dirigió en primer lugar hacia la escalera para volver a su cuarto, pero dio media vuelta y apareció en la puerta del cuarto de Regina. Alzó la mano y llamó suavemente. Apenas hubo golpeado, lamentó su gesto, pensando que iba a molestar a Regina.

—¿Sí? Oh…¿Qué…? ¿Todo bien? ¿Henry?

—No, todo bien— sonrió Emma —Gracias otra vez por…esto. Quiero decir este momento con él. Jamás he hecho esto antes…arropar a alguien.

Regina sonrió

—Ningún problema. Hasta mañana, Miss Swan

—Oh, euh…— Regina se detuvo antes de cerrarle la puerta casi en las narices —Una cosa más…

—¿Qué?

Emma sonrió antes de apoyar la mano en la puerta y abrirla un poco más, sorprendiendo a Regina. Ella retrocedió mientras que Emma avanzaba.

—No se lo he devuelto

—Devol…

No tuvo tiempo de acabar y ya Emma se lanzó sobre ella para darle un beso en la mejilla, como ella lo hiciera bajo el muérdago. Se estremeció y cuando Emma retrocedió y le sonrió, no supo qué decir.

—No estaría mal si abandonáramos el Miss Swan y el Miss Mills, ¿no? Quiero decir, no necesitamos eso si quiere distancia entre nosotras. Vivo en Nueva York, no es poca distancia ya, ¿no?

—Yo…S…sí, cierto

—Entonces…Buenas noches, Regina

—Buenas noches…Emma

La bella rubia sonrió, asintió y se dio la vuelta para desaparecer en las escaleras. Regina se quedó ahí, inmóvil hasta que escuchó una puerta entreabrirse y vio aparecer a su hermana por la abertura

—Interesante…

—¡Cierra la boca!— gruñó Regina mientras cerraba la puerta de su habitación antes de que Zelena la picara más.


Sin que sirva de precedente, esta vez no fue el dulce olor del desayuno, ni las risas de los niños lo que despertó a Emma, sino alguien tocando a su puerta continuadamente.

—Hm…¿Qué?

—Soy yo, ¿puedo entrar?

Emma se enderezó.

—Entra

La puerta se abrió y apareció Henry. Ella lanzó una ojeada al despertador: apenas eran las ocho de la mañana, muy temprano para ella.

—¿Qué ocurre?

—Tenemos que poner en marcha un plan

—¿Un plan?

Henry se sentó con las piernas cruzadas en la cama de la madre, con expresión determinada

—Sí. Tenemos que hacer que mi madre se enamore de ti

Emma creyó ahogarse y poco le faltó al írsele la saliva por el otro lado.

—¿Disculpa?

—Sí, jamás la había visto así, ya sabes

—¿Cómo?

—Feliz

—…

—Por supuesto lo es conmigo, pero no es igual. Hacía mucho tiempo que una extraña no venía a casa y ponía patas arriba su día a día

—¿Y de dónde te viene esa idea?

—Puede ser que…haya hablado un poco con Zelena

—Hm, ya veo— sonrió Emma —Escucha, es muy amable por tu parte querer forzar el destino, pero dejemos que el tiempo haga lo suyo, ¿ok? No hay prisa

—¡Claro que sí!

—¿Ah sí?

—Sí, en fin, quiero decir…Ella ya no es tan joven y tú tam…

Emma alzó la mano y Henry se calló

—Si quieres estar vivo durante el desayuno, no acabes esa frase.

Él la miró, asintió antes de suspirar.

—Es solo que…Vives lejos y no sabemos cuándo volveremos a verte

—Precisamente. ¿No sería más penoso comenzar algo cuando vivimos lejos la una de la otra?

—Hay un puesto libre aquí de sheriff— sonrió él

Emma reviró los ojos

—¡Por Dios! Eres tan testarudo como yo…

—Lo sé. ¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—¿Cómo llamamos a nuestro plan? Algo como una operación comando para que mi madre se dé cuenta finalmente de que está loca por ti.

—Claro, claro

—¡Ya está! ¡Lo tengo!— gritó él —¡Operación Casanova!

Emma rió

—Si eso te va

—¡Vamos a poner toda la carne en el asador antes de que te vayas! Por cierto, te quedas para Año Nuevo, ¿no?

—Eso…no estaba previsto…

—Oh…Pero, ¿haces algo en Nueva York?

—Creo que Ruby, mi mejor amiga, quería que lo celebráramos allí. Y hay muchas posibilidades de que me destinen a la vigilancia de Times Square.

—Ah, vale…Es verdad que el fervor neoyorquino no tiene nada que ver con las festividades en Storybrooke, puedo comprenderlo

—Henry…Habrás otras ocasiones para vernos

—…

—Mientras, aún estoy aquí al menos dos días más, así que aprovechemos, ¿ok?

—Ok

—Ahora, para cuidar de las neuronas de tu vieja madre, me vas a dejar dormir una o dos horas más. No todo el mundo es Regina Mills.

—¿Puedo quedarme contigo?

El pedido sorprendió a Emma, pero ella sonrió y le hizo un sitio en su cama. Él se deslizó bajo el edredón y rápidamente, volvieron los dos a los brazos de Morfeo. Solo una hora y media más tarde se despertaron, esta vez gracias al aroma a pan tostado y a café que les llegaba desde abajo.

Cuando ella abrió los ojos, Emma encontró a Henry acurrucado contra ella, la nariz hundida en su cuello, sonriendo débilmente.

Intentó soltarse del agarre sin despertarlo, pero caso perdido, y mientras intentaba salir de la cama, el muchacho abrió los ojos y se estiró ruidosamente.

—Hey…¿ha dormido bien el bello durmiente?

—Sí…Tengo hambre.

—Yo también. Venga, vamos a honorar el desayuno de tu madre.

Y junto bajaron. Regina no se sorprendió enarbolando una gran sonrisa.

—Buenos días a los dos

—Buenos días Regina— Emma se sentó en la barra, pero se sorprendió al no encontrar nada en ella —Pero…

—Esta mañana desayunaremos en la sala— sonrió ella

—Oh, ok, ¿ayuda?

—No, ya está todo listo

Y corriendo, Robin bajó, aún con el sueño estampado en sus ojos.

—Supongo que tu madre aún duerme

—Me ha dicho que te diga que se tomará su desayuno cuando sea la hora del almuerzo.

Regina rió

—Evidentemente. Miss Sw…Emma, ¿café?

Robin y Henry intercambiaron una mirada divertida, pero no dijeron nada de la nueva familiaridad entre Regina y Emma.

La mañana pasó en calma entre los proyectos de los niños para estrenar sus diferentes regalos, y Henry que propuso a sus madres ir a dar un paseo por la ciudad para dejar los farolillos al caer el día.

Cuando Zelena se despertó, anunció a su hermana que Robin y ella tenían que marcharse a media tarde, la empresa donde trabajaba la mujer organizaba una comida de Navidad al que ellas habían sido invitadas. Así que solo serían los tres para la noche, cosa que le convino enormemente a Henry.

El almuerzo transcurrió como la mañana: en esa calma y calor de un hogar que parecía unido, un hogar en el cual Emma pensaba encontrar su sitio. Pues, mientras que Zelena servía a los niños y Regina servía el vino, Emma se movía en ese entorno que en un primer momento le podría haber parecido hostil: en medio del campo, donde no conocía a nadie, en una familia muy alejada de la de ella. Y hoy, se sentía como en casa, durmiendo en una habitación de la que se había acaparado, comiendo en una mesa que ella misma ponía, bebiendo una taza de chocolate caliente delante de la chimenea que había adoptado.

Incluso tenía ella sus pequeñas costumbres, que seguramente echará de menos cuando vuelva a Nueva York. Sí, comiendo y compartiendo la comida con los Mills, se dio cuenta de hasta qué punto su pizza delante de la tele, que era grata a su corazón, le parecía ahora algo sin sustancia. Sonrió débilmente, para que nadie lo notara, pero apreciaba cada segundo junto a Henry y Regina, y ahora un poco más que sentía algo por la bella morena.

Aún no sabía cómo definirlo, no sabía en realidad cómo demostrarlo, solo sabía que cada vez que sus miradas se cruzaban, un estremecimiento le ponía la carne de gallina. ¿Era señal de algo? Probablemente, no podía negarlo. Entonces, ¿qué hacer? Regina era una mujer de negocios de Maine, ella, una policía de Nueva York, solo eso ya era un problema difícil de deshacer. Podía escaparse algunos días aquí y allá, pero ¿vivir una relación a distancia? ¿Se sostendría?

—¿Emma? ¿Está soñando?

—¿Hm?— Emma parpadeó antes de mirar a Regina —Yo…¿Perdón?

Regina rió, divertida

—¿Alguien estaba en la luna?

—Hm, sí, un poco

—¿En qué pensaba?

—Hm…En una manera de volver pronto…— soltó con naturalidad, antes de comprender lo que acababa de decir, al ver todas las miradas en ella —Euh, en fin…Para ver a Henry…A menudo, eso

Zelena frunció el ceño, Henry soltó una risita, Robin reviró los ojos y Regina se quedó mirándola antes de tragar suavemente.

—Sí, evidentemente…

—Sí, eso. Bueno…¿Qué vamos a hacer esta tarde?— dijo ella intentando cambiar de tema

—Usted, no lo sé, pero nosotras tenemos que irnos pronto— respondió Zelena —Las chicas Mills tienen que ser las más bellas esta noche

—¡Sí!— dijo una exultante Robin aplaudiendo.


Al final, decidieron esperar a que Zelena y Robin se marcharan para salir a pasear. De esa manera, el comienzo de la tarde transcurrió entre juegos que, pronto, pasó a convertirse en un duelo entre Regina y Emma, con Henry anotando los puntos.

Y tras el Monopoly, el ¿Quién es quién? y algunos juegos de carta, llegó finalmente el Twister, elección de Henry, que debería llevarse el trofeo de vencedor.

—Ok, ¿preparadas? Mamá, mano derecha…a azul

—Es ridículo, ¿para qué sirve este juego….?

—¡Mamá, juega!— gruñó Henry mientras Zelena, Robin y Emma eran espectadoras de esa escena absurda.

Regina resopló, pero obedeció. Henry giró la flecha y anunció.

—Emma, pie derecho en rojo

—Fácil— dijo altanera la bella rubia, ante la mirada sorprendida de Regina —¿Qué? ¡Evidentemente no tengo la intención de perder a este juego!

—Es usted infantil

—No, competitiva— sonrió la bella rubia —Usted mueve…Miss Mills

—Mamá, mano izquierda en verde

Regina hizo una mueca y tuvo que pasar bajo Emma para deslizar su mano hacía el círculo verde más próximo.

—¿En serio?— sonrió Emma

—Oh, cállese…

—Emma, pie izquierdo a rojo

Emma así lo hizo con un placer no disimulado. Y la partida continuó hasta que la situación ya era casi imposible para Regina…Estaba, con las piernas abiertas, un pie sobre un círculo rojo, el otro, en uno verde, una mano en uno amarillo y la otra pasando entre las piernas para tocar uno azul. Estaba literalmente enlazada a Emma, una de sus piernas pasando entre las de ellas, sus dos brazos rodeando a Emma, sus rostros a unos centímetros el uno del otro. El dulce perfume de la bella rubia invadía las fosas nasales de Regina a quien le costaba mucho disimular su turbación. La proximidad de las dos mujeres las hundió en una incomodidad agradable.

—Regina, yo…— la bella morena vio de repente a Emma acercarse peligrosamente a ella —Yo…voy a sol…

Pero Emma no tuvo tiempo de acabar la frase, derrumbándose literalmente sobre Regina, vencida por un calambre en el pie. A la bella morena se le cortó la respiración y, por reflejo, posó sus manos en las caderas de la bella rubia, caída sobre ella. Se quedaron en silencio, sus miradas hundidas la una en la otra, en una tensión palpable.

Y, tras un tiempo que les pareció eterno, Regina parpadeó, como si acabara de darse cuenta de la posición en la que estaban, y se deslizó fuera del agarre de Emma. Esta suspiró suavemente antes de levantarse y ver que Zelena, Robin y Henry las miraban, con una expresión divertida en las caras.

—¿Qué?— preguntó con naturalidad

—Oh, nada, nada…Nada en absoluto— rió Zelena

En cuanto a Regina, intentaba retomar su pose colocándose bien el pelo. Cuando Emma se colocó a su lado, parecían turbadas, tanto la una como la otra.

—Hm, yo…Lo siento por eso— tartamudeó Emma hundiendo sus manos en los bolsillos traseros de sus vaqueros.

—¿Por eso? ¿Es así como llama a una derrota miss Swan?— sonrió Regina

—¿Una derrota?

—Ha perdido. Así que yo he ganado, lo que es lógico— dijo ella orgullosa

Emma, aliviada de que Regina no se sintiera molesta por la caída, le sonrió

—Sí, es verdad

—Hey, volvéis a estar bajo el muérdago— dijo divertido Henry

—Interesante…— murmuró Zelena

Las dos mujeres alzaron la cabeza al mismo tiempo para constatar que, en efecto, estaban de nuevo bajo la rama de muérdago

—Ah…Es…incómodo…— sonrió Emma —Voy a tener que besarla…una vez más

Regina frunció el ceño y se dispuso a ofrecer su mejilla, pero de repente sintió las manos de la bella rubia rodear su rostro y sus labios posándose no lejos de su boca, justo en las comisuras. Se crispó, desorbitó los ojos, pero apenas tuvo tiempo de dejar escapar un suspiro que el beso ya había acabado. ¿Se sentía desilusionada de la fugacidad del gesto? Daba igual, su corazón latía tan fuerte que ya no se acordaba de la última vez que había palpitado de esa manera en su pecho.

Emma se separó con delicadeza y le sonrió débilmente, sus manos aún sobre las mejillas de la bella morena.

—Feliz Navidad, Regina

Henry no podía borrar la inmensa sonrisa en su rostro, esperando que, por una vez, su madre viviera para ella misma. ¿Y quién mejor para eso que su madre biológica? La Operación Casanova estaba definitivamente en marcha…


Todo lo bueno se acaba, y Zelena y Robin se despidieron de Regina, Henry y Emma, prometiendo que se volverían a ver muy pronto. Desafortunadamente, Zelena declinó la invitación de su hermana para celebrar Fin de Año, ya que habían sido invitada, ella y su hija, a una fiesta organizada por su empresa. Esa respuesta dio una nueva idea a Henry.

Y una vez que su tía y prima se hubieron ido, puso en práctica su plan.

—¿Mamá?

—¿Hm?

—Deberíamos invitar a Emma para Fin de Año

—Henry…

—¡Seguramente esté sola!

—Seguramente tenga amigos con quien quiera pasarlo— constató Regina

—Quizás, pero yo deseo teneros a las dos ese día. Sería simbólico, ¿no? Acabamos un año rico en emociones al igual que comenzamos el próximo: juntos.

—…

—¿De complot?— dijo Emma haciendo su aparición en la cocina

—Hm, no. Le decía a mamá que me gustaría que vinieras para el Fin de Año, estaría guay, ¿no?

Emma le sonrió débilmente antes de enarbolar una expresión triste, lo que no pasó desapercibido a Regina que, lejos de ser curiosa, le habría gustado conocer su opinión y su respuesta.

—Oh Henry, me habría encantado…

—¿Pero?

—Pero trabajo el 31

—Oh…

—Ya sabes, el Fin de Año en Time Square…Las cosas son mucho más movidas

—Henry comprende perfectamente, ¿no es así, Henry?

El muchacho bajó la mirada, totalmente decepcionado. Emma posó sus manos en sus hombros y apoyó una rodilla en el suelo para estar a su altura.

—Hey…Sabes muy bien que si pudiera, vendría, sin dudar, ¿lo sabes, no?

Henry asintió suavemente pues, sí él lo sabía, si ella pudiera, lo haría. Entonces, de repente, tuvo una idea y alzó la cabeza con energía hacia Emma, con una chispa de malicia en su mirada.

—Si tú no puedes venir…¿Por qué no ir nosotros?

Emma frunció el ceño

—¿Cóm…

—¡Henry!— protestó Regina

—Bah, ¿qué? ¡Debe ser genial partir el año en Nueva York!— se giró hacia su madre —De todas maneras, no hemos previsto hacer nada, como todo los años—refunfuñó él

Emma se sorprendió: ¿Regina no celebrara el Fin de Año? Entonces imaginó a Henry y Regina solos ese día, pasando de un año al otro sin gran entusiasmo, brindando modestamente antes de irse a acostar, una vez pasadas la medianoche. Imaginaba que Regina y Henry harían eso hasta que este fuera lo bastante mayor para celebrarlo con sus amigos, dejando sola a su madre. Esa idea la entristecía y le encogía el corazón.

—Ok

—¿Ok?— se asombró él

—¿Ok?— repitió Regina

—Ok— confirmó la bella rubia —Después de todo, no hago nada al día siguiente, tendremos muchas cosas para ver o hacer. Regina, ¿qué piensa usted?

La bella morena la miró, totalmente atónita ante la pregunta de la joven.

—Oh, euh…

—A menos que tenga ya algo previsto…

—¡No tenemos nada previsto!—se apresuró a responder Henry. Si Regina hubiera podido hacerlo sin que se notara, le habría lanzado una oscura mirada.

—Bien entonces…Regina, ¿qué dice? Después de todo, solo sería devolverle el favor. Quiero decir: me han invitado en Navidad, yo les invito en Fin de Año…Estamos empatados— sonrió ella

—¡Super! ¡Se lo voy a decir a Robin, se va a poner celosa!— dijo Henry saliendo de la cocina para evitar que su madre se negara.

Solas, las dos mujeres se quedaron mirándose hasta que Regina suspiró

—¿No es más…que devolver el favor? No estaba obligada. Yo la he invitado porque lo deseaba. No está obligada a hacer esto solo para estar iguales.

—Sabe que es mucho más que eso

—¿Ah sí?

—Estoy contenta de acogerlos en mi casa, verlos, durante algunos días, en mi universo, bajo mi techo.

Regina entonces se estremeció: ¿qué acababa ella de decir, o al menos, sugerir?

—¿De…de verdad?

Emma dio un paso adelante y apartó con suavidad un mechón del rostro de Regina, colocándolo tras su oreja, rozando su piel.

—De verdad. Así que…No puede decir que no. Además, al formar parte de la seguridad del sitio, podré conseguirles un lugar privilegiado en primera fila— sonrió ella —Diga que sí

—Creo que Henry ya ha respondido— rió Regina

—Lo sé. Pero deseo escucharlo de su boca. Deseo que me diga que usted también tiene ganas de ir.

El corazón de Regina se aceleró de repente y se imaginó diciéndole a la bella rubia que deseaba ir, no por el Fin de Año, sino solo para volver a verla, daba igual en qué circunstancias. Sintió cómo sus mejillas se enrojecían y desvió rápidamente la mirada.

—¿Regina?

—¿S…sí?

—¿Quiere ir?

Regina la miró y las palabras que salieron fueron tan dolorosas decirlas como agradables escucharlas.

—Sí, por supuesto que quiero ir.

Al pie de las escaleras, Henry apretó el puño y soltó un discreto «¡Yes!» antes de subir a su habitación para preparar la próxima etapa: Operación Farolillos.


—Miss Swan, ¿está lista?— dijo Regina desde el final de las escaleras

—Sí, lo siento…— respondió Emma mientras bajaba, ajustándose el gorro en su cabeza —¿Volvemos al Miss Swan?— sonrió ella

—Hm, vamos a llegar tarde

—La sigo

Y por las calles extrañamente vacías de la ciudad, Emma caminó hombro con hombro con Regina, Henry iba un paso por delante, un poco más apurado.

—Entonces, ¿vuelva a decirme en qué consiste lo de esta noche?

—Solo una reunión a la orilla del mar. Lanzamos farolillos, algunos los hacen navegar.

—Debe ser bonito

—Lo es.

—Hace muchas cosas por su ciudad

—Vivo para ella, y para Henry. Trabajo mucho para ofrecerle un futuro próspero y seguro. No quiero que le falte de nada. Mi casa será la suya, todos mis bienes pasarán a él…

—Habla como si fuera a morir mañana— sonrió Emma —Es absurdo

Regina cerró brevemente los ojos antes de abrirlos de nuevo y mirar al cielo.

—Nunca se sabe lo que sucederá mañana. Yo perdí a mis padres cuando aún no estaba preparada…

—¿Sabe? Cuando perdemos a un ser querido, da igual que tengamos una vida asegurada detrás, nunca se está preparado— Regina le sonrió débilmente, pero lo suficiente para que Emma quisiera ver más —No hablemos más de esto. Enséñeme esa playa, eh

Regina asintió y tras algunos minutos de caminata, Emma divisó la playa y lo que parecía la población entera de Storybrooke en ella.

—Wow…

—Cojamos un farolillo

Se dirigieron hacia el stand que ofrecía los famosos farolillos y durante el camino Emma pudo constatar hasta qué punto los habitantes parecían agradecidos a su alcaldesa: todos le daban las gracias, ya fuera con una sonrisa o un saludo. Emma tenía la impresión de estar desfilando con una estrella.

—Señora Alcaldesa, ¿cómo está? ¡Feliz Navidad!

—Feliz Navidad, Marco— sonrió la bella morena —Querríamos un farolillo

—Como de costumbre— sonrió él —Le he guardado uno especialmente para usted

—Gracias. Oh, Marco, esta es Emma Swan. Emma, este es Marco, un viejo amigo de la familia

—Si no hubiera sido compañero de clase de su padre, me habría tomado el calificativo de «viejo amigo» muy mal. Encantado— dijo quitándose su gorra.

—Encantada

—¿Ya nos hemos visto, verdad?

—Vine en Halloween— confirmó ella

—Es mi madre, Marco, mi madre biológica, quiero decir— dijo Henry mientras cogía el farolillo

—Ohhhh, ahora se explica todo. Esa expresión traviesa en el rostro de Henry.

Se sonrieron antes de que Marco tuviera que atender a otra persona. Regina condujo a Emma hacia la playa, intentando no perder de vista a Henry entre la multitud.

—Parece que ya no tiene problema en decir quién soy yo

—En Halloween era nuevo: acababa de llegar, yo tenía también que acostumbrarme…Desde entonces…ha corrido agua bajo el puente

—Oh…Ya veo— sonrió, divertida, Emma

—¡Mira mamá!— gritó Henry señalando con un dedo los primeros farolillos que se elevaban por el aire

—Es magnífico— concluyó Emma, con la nariz empinada

—Efectivamente. Siempre me ha gustado esta tradición

—¿Tiene un significado particular? Quiero decir: ¿tenemos que pedir un deseo al soltarlo? ¿Quiénes lo lanzan conseguirán un amor, dinero o suerte el año que viene?

Regina sonrió

—Nada de eso. O, al contrario, todo a la vez. Cada uno ve en ello lo que quiere ver, cada uno tiene su propia tradición: con quién encenderlo, cuándo lanzarlo…

—Comprendo. Y para usted, ¿qué significa?

Regina pareció reflexionar, después sonrió de nuevo

—Esperanza

—¿Esperanza?

—La esperanza de que el próximo año irá tan bien, o mejor…Mantener la esperanza en uno mismo…Pues sin esperanza, no somos nada.

Emma no sabía por qué, pero esa frase la conmovió como si presagiara algo.

—La esperanza, me gusta mucho esa idea.

Intercambiaron una sonrisa.

—Deberíamos encenderlo

—No

—¿No?

—Tengo una idea mejor, si me lo permite— dijo Emma

—¿Cuál?

—Venga

Tomó la mano de Regina, llamó a Henry y los tres se alejaron.

—Pero, ¿a dónde vamos? ¡Emma!

La bella rubia confió el farolillo a Henry y le murmuró algo al oído. El muchacho sonrió antes de alejarse.

—¡Henry! Pero, ¿a dónde vas?

—No se preocupe. Enseguida vamos con él. Confíe en mí

—¿Que confíe? ¡Apenas nos conocemos y le ha ordenado a mi hijo que se meta solo en el bosque, en plena noche!

—Se lo he dicho, vamos a ir con él. Solo quiero…— Posó sus manos en sus hombros —…que se relaje. Regina, no sé qué pesa sobre sus hombros constantemente, si es mi presencia, el miedo a algo, pero me gustaría que, por esta noche, se dejara ir.

Regina clavó su mirada en la de ella cuando sintió la mano de Emma sobre su mejilla.

—Emma…

—Venga, su…nuestro hijo nos espera.


Corrieron para reunirse con Henry en el sitio que le era más familiar a Regina. La bella morena comprendió entonces y cuando vio a su hijo al borde del lago congelado, sintió alivio. Las dos mujeres se colocaron al lado del joven adolescente que sujetaba en sus manos el farolillo. Emma sacó un mechero y se dispuso a encenderlo.

—¿Juntos?

—Juntos— respondió Regina

Emma encendió la mecha mientras Regina y Henry tiraron de la tela que se infló poco a poco. Después, Emma soltó el mechero para coger de las manos a la madre y al hijo. Entonces, el farolillo se elevó solo, bajo las miradas de toda la familia. Con la mirada hacia arriba, Emma cogió la mano de Regina, esta no la rechazó. Henry se giró discretamente y vio a sus madres juntas, sonrió entonces, después volvió a mirar el farolillo que se alejaba por el cielo.

—¿Es magnífico, no?

Regina no respondió inmediatamente, prefiriendo girar su rostro hacia Emma, discretamente: a la luz de la luna, la belleza de Emma era casi de ensueño, como de hadas, sus cabellos rubios balanceados por una ligera brisa, sus ojos verdes y profundos…

—Magnífico— murmuró ella mientras que elevaba su mirada hacia el farolillo y sus dedos se entrelazaban a los de Emma, captando la mirada de esta última. Pero al ver que Regina no deja de mirar la luz, no hizo ningún comentario, estrechando ella también el agarre de sus manos.

Se quedaron un largo rato así, hasta que el farolillo no era más que un punto luminoso entre las estrellas, difícil de distinguir de los demás. El frío asaltó a Regina que tembló y Emma propuso volver. Solo al salir del bosque sus manos se soltaron.

Cuando entraron en la mansión, el calor del hogar los envolvió. Henry dejó su abrigo y se giró hacia su madre.

—¿Qué comemos?

—¿Y si nos preparamos algo rápido para comer delante de Polar Express?

—¿De verdad?— dijo asombrado Henry

—De verdad. No hace mal relajarse un poco

Emma rió.

—Eh bah, si eso es relajarse para usted, ¿qué debe ser cuando ya no tenga el control?

—Siempre tengo el control

—¿Ah sí? ¿Siempre?

Y ante la mirada de desafío de la bella rubia, Regina entró en su juego.

—Siempre

—Hm…Interesante…— murmuró

—¿Hacemos pizzas?— interrumpió el muchacho

—Sí, cariño, si quieres— concedió Regina —Voy a calentarlas, ve buscando el DVD y poniéndolo

—¡Yes!

—La ayudo— dijo Emma siguiendo a la morena a la cocina

Ni una palabra fue dicha hasta que Regina hubo metido las pizzas en el horno.

—Gracias una vez más

—¿Por qué?

—Por el farolillo. Ha sido francamente genial

—De nada

Y cuando Regina se enderezó, notó a Emma a su espalda. Cuando se giró, se dio de cara con la bella rubia.

—Oh…Per…Perdón

—De nada— dijo divertida Emma —Tengo algo para usted

—¿Ah sí?

Emma alzó el brazo sobre ellas y Regina elevó la mirada para ver que en el extremo del brazo, en su mano, había una ramita de muérdago. Ella se estremeció cuando comprendió el significado del gesto: ¿Emma quería besarla? ¿En serio? Apenas tuvo tiempo de darse cuenta de que los labios de la bella rubia se posaban furtivamente sobre los de ella, como un roce, una brisa ligera. Regina apenas tuvo tiempo de sentir sus labios sobre los suyos, y cuando se dio cuenta, Emma ya había desaparecido.

Regina se quedó unos segundos inmóvil, intentando asimilar lo que acababa de pasar. Solo cuando escuchó a su hijo llamarla salió de sus pensamientos, y entró en la sala con una bandeja surtida de entremeses salados y dulces, para comer delante de la tela mientras se hacían las pizzas.

Cuando ella llegó, Emma ya estaba instalada y no parecía incómoda con lo que había sucedido segundos antes en la cocina. Se sentó al lado de Henry, este último rodeado de sus dos madres. Le dio al play y cuando la película comenzó, cada uno fue picoteando de la bandeja, y así transcurrió la velada.

Cuando la película acabó, y la bandeja y las pizzas estaban casi acabadas, Henry no se hizo de rogar para ir a acostarse. Regina y Emma se quedaron un raro en el sofá, terminando una copa de vino, delante de la chimenea.

—Regina, yo…

—¿Sí?

—Discúlpeme si la he incomodado…ya sabe…con lo del muérdago

—Oh…— Regina sonrió —No es nada

Pero Emma estaba perdida: Regina parecía distante, no parecía querer mencionar el tema, y Emma no lo llevó más lejos. Para ser sinceros, había dado un gran paso ese día, no había que presionar más. Entonces se levantó, ante la mirada de la bella morena.

—¿Emma?

—Es tarde, y ha sido un día largo

—Emma, se lo ruego

—Hey, no pasa nada

—¿Está…está segura?

—Totalmente— sonrió Emma —Buenas noches, Regina, hasta mañana

—Buenas noches, Emma

Se sonrieron antes de que Emma se fuera. Regina se quedó un momento sola: pero, ¿qué no iba en ella? ¿Por qué se había vuelto a cerrar de esa manera? Debería haber, habría podido hablar de ese casi beso…de lo que había sentido y que, en su fuero interno, le habría gustado que se prolongara.

Su corazón se aceleró ante el pensamiento de los labios de Emma sobre los suyos, de sus manos en su cuerpo, de su aliento en su cuello…Una lágrima escapó cuando un sentimiento de culpabilidad la invadió pensando que la última persona con quien había sentido eso había sido Danielle.

Las palabras de Zelena resonaron entonces: seguir adelante, vivir. En Nueva York, tendría ocasión de comenzar un año diferente…en muchos aspectos.