Cada capítulo está inspirado en una canción. Ya sea el nombre, la melodía, la letra, o todo lo anterior, el capítulo funciona entorno a la música. Recomiendo escuchar la canción mientras se lee el capítulo para sumergirse totalmente en la historia, aunque claro es opcional.

Canción: Decency

Artista o grupo: Balthazar

Capítulo 10

Decencia

"Tienes que ser un artista, un hombre loco, lleno de vergüenza, melancolía y desesperación, para poder reconocer al pequeño demonio escondido entre los demás."- Lolita (1997)

Peter admiraba a Tony Stark desde que podía recordar.

Lo admiraba cuando sólo tenía siete años y el señor Stark reveló al mundo que era Iron Man.

Lo admiró aún más cuando lo rescató de una muerte segura al cumplir ocho años.

Lo admiraba también cuando él y los Vengadores salvaron la ciudad de Nueva York.

Lo admiraba cuando se disfrazó de Iron Man para Halloween durante tres años seguidos.

Lo admiraba cuando se presentó en su apartamento, reveló su más profundo secreto y le pidió que fuera a Europa con él.

Y lo admiraba ahora, tiempo presente, con sus dedos envolviendo su propio miembro, jadeando como un cachorro en celo, mientras estaba en la ducha. Peter dejaba que las imágenes de su héroe parpadearan detrás de sus ojos fuertemente cerrados. Unas pocas caricias y un movimiento de su dedo pulgar sobre la punta de su hombría fue lo que necesitó para correrse. Correrse y sentirse completamente patético después.

Una semana había transcurrido.

Tony finalmente tuvo el valor de reagendar las visitas de Peter en el laboratorio. Excepto que ahora su mentor aparecía exclusivamente al principio y al final de la jornada, incapaz de trabajar con su joven aprendiz durante mucho tiempo.

Peter sabía por qué, no era estúpido. Y Tony tampoco. Pero decirlo en voz alta era astronómicamente imposible para ambos. Era más fácil pretender ignorancia. Se saludaban respetuosamente, se sonreían como personas civilizadas, Tony inventaba una excusa para retirarse después de unos minutos, y al final de la tarde lo recibía nuevamente, daba su opinión profesional sobre los avances de Peter, uno que otro consejo, una que otra broma aislada, y se despedían con distante cordialidad. Los días de auténtica camaradería y compañerismo habían quedado en el olvido.

Peter a veces se preguntaba si Tony alguna vez pensó en él de manera diferente a la de aprendiz o protegido. Era realmente una tortura cuestionarse si podía hacer que los ojos del hombre mayor lo miraran más de lo que deberían. Sabía perfectamente que la respuesta a todo lo anterior era un rotundo "no". Por supuesto que no, ¿en qué estaba pensando siquiera? Y sin embargo una chispa de duda seguía sin querer extinguirse por completo de su excitable imaginación. Quizá tenía que ver con el hecho de que Tony le seguía permitiendo la entrada en su casa, en su laboratorio, en su vida. No lo eludía, al menos, no totalmente.

Después de secarse con una toalla, se acomodó las mangas de la camiseta nueva alrededor de sus muñecas, ajustó el cinturón que sostenía sus pantalones cafés y se miró al espejo; aceptable, convencionalmente atractivo, nada extraordinario tampoco. Las ojeras arruinaban un poco la apariencia de chico nocturno que quería reflejar, pero por lo demás estaba presentable. Su cabello lucía desarreglado y juvenil. Sus zapatos eran negros y relucientes, May los acababa de comprar como obsequio. Pasar a las finales del decatlón académico no sucedía todos los días.

Michelle no había conseguido que descalificaran a los oponentes de la escuela Hamilton, aparentemente por falta de evidencia más contundente. No hizo falta de todas formas. El equipo de Peter arrasó con su victoria.

El celular parpadeó un par de veces, indicando un mensaje nuevo.

"Michelle y yo hemos llegado, el apartamento de Liz es pequeño, pero tiene un jacuzzi! Zacarías trajo botellas de vino, ven pronto, queremos brindar por el equipo"

Peter sonrió de lado. Nunca había tomado alcohol en su vida (el olor lo mareaba) pero un poco de diversión adolescente le vendría bien. Un descanso de la estación "estoy enamorado de mi tutor y héroe de la infancia"

Liz había sido lo suficientemente amable al ofrecer su nuevo hogar en la ciudad para festejar su victoria y brindar por la siguiente, que sería en menos de dos meses. Michelle ya lo había amenazado con incendiar sus cejas y arrancarle las pestañas si faltaba a un solo ensayo.

Toc, toc.

—¿Estás listo, tesoro? —May preguntó desde el otro lado de la puerta.

Peter volvió a mirarse al espejo. Exhaló suavemente.

Hoy tenía prohibido en pensar en el señor Stark. Su propósito sería divertirse con sus amigos, celebrar, beber un poco, reírse mucho.

—Sí, estoy listo.


Tenía que dejar de tomar esas malditas pastillas para dormir; el dolor de cabeza era infame. Una prescripción diferente, una dosis más leve, se decía todas las mañanas. Pero Tony sabía que era lo único que lograba derrotarlo por las noches. Dormir sin sueños era su ambición más grande a esas alturas de su vida.

Porque al soñar, veía los rostros de sus padres suplicando ayuda. Y el Soldado de Invierno los apuñalaba con su brazo de metal. Y Steve observaba desde lejos sin mover un dedo. E inexplicablemente aparecía Peter, muerto en sus brazos…

No, era mejor despertarse con todos los estragos que inducía el medicamento.

—F.R.I.D.A.Y. ¿qué horas son? —preguntaba cada día. Tronó su cuello sonoramente y maldijo por lo bajo.

"Las tres y media de la tarde, señor"

Despertarse increíblemente tarde era ya algo usual también.

—¿Algún mensaje, llamada o asunto pendiente que deba de atender antes de la ducha?

"Es su día libre, señor. Ningún pendiente significativo el día de hoy, pero tiene algunos mensajes de voz en su bandeja de entrada"

—Ponlos —demandó mientras se dirigía al baño a lavarse la cara.

La primera era de Rhodey. Se disculpaba por no poder ir el día de hoy a visitarlo pues tenía una cuestión de suma importancia que atender. Algo que iba a cambiar las vidas de muchos, había expresado. Cómo le gustaba a su amigo ser melodramático.

La segunda era de Happy. Como jefe de seguridad, siempre tenía algo qué decir acerca de fallas en el sistema o uno que otro robo a su mercancía. Tony ya no lo escuchaba, Pepper lidiaba mejor con esas cosas que él.

La tercera era, irónicamente, Pepper. Para cuando escuchó la voz femenina de su ex novia Tony se detuvo a escuchar más cuidadosamente. Viejos hábitos. Pepper tenía ese efecto en él. Sólo quería saludarlo y ver cómo se encontraba. De vez en cuando, ella lo llamaba en son de amistad, y él también hacía lo mismo en ocasiones. No porque se hubieran separado significaba que habían dejado de preocuparse el uno por el otro.

Rhodey, Happy y Pepper. Las únicas personas en el mundo que dejaban mensajes en sus días libres. Las únicas personas que aún lo buscaban, a pesar de todo.

Se estiró nuevamente, logrando crujir algunos huesos en el acto. Cuando giraba la perilla del agua caliente, otra voz, inestable y arrastrando las palabras, sonó por la habitación y ésta tuvo el poder de petrificar a Tony en su lugar.

10:14 pm

"Hemos ganado las semifinales señor Stark. Estamos festejando, ¿quiere venir? Le doy la dirección, es…espera…HEY LIZ, ¿CUAL ES TU DIRECCIÓN?

11:34 pm

"Señor Stark, le tengo una pregunta. Ned dice que tiene diez trajess de Iron Man en su mansión con diseños biferentes, pero yo le digo que son más de veinte porque lo leí en una revista, ¿qui-quién tiene razón?

11:47 pm

"Señor Stark, tiene que veniir. Zacarías cree que no tengo s-su número de verdad, cree que esstoy marcando a un número aleatorio. Venga y demuestre que no soy un mentiroso.

12:07 am

"Está bien, no tiene que venir. Lo siento mucho pero…pero...so-solo quería decirle que realmente me preocupo por usted y..y-y que desearía verlo mássseguido en el laboratorio"

12:22 am

"Señor Stark, casi todosse han ido, May vendrá por mí en unos minutos. No se preocupe todo está bien"

01:05 am

Señor Stark yo no sé qué haría sin usted, es máss que mi mentor, esmi amigo, ¿entiende lo que digo? Pero también esmás queeso. Mucho más. Ya lo sabe, ¿verdad? Sé que lo sabe. Por eso nunca se queda conmigo en el laboratorio. Por eso siempre me esstá evitando. Lo sé, lo sé, lo sé. No era mi intención, de verdad que no, pero no puedo evitarlo. Lo siento. Olvide todo lo que dije. Estoy balbuceando tonterías, olvídelo.

Durante todas las reproducciones había escuchado música de fondo, risas y la voz atolondrada y embriagada de Peter. No obstante, en los últimos dos mensajes había quietud, calma y el sonido de una voz trémula y sentimental.

Tony se llevó una mano a la frente, masajeando sus sienes. No sabía si reír o enfurecerse. Pero claramente eso fue la gota que derramó el vaso. El límite. La cereza del pastel. Había que ponerle un alto. A Peter y a sus imprudencias, a Peter y a sus sentimientos.

Llamó a Happy. Dio la orden de traer al mocoso en menos de lo que canta un gallo. Happy no preguntó por qué (nunca lo hacía) pero se quejaba constantemente cuando tenía que buscar al chico. Esa vez, algo en el tono de su jefe hizo que sus protestas mitigaran por completo.

Tony sostuvo el teléfono fuertemente en su mano, pensando en su siguiente movida. Debía ser delicado; era un niño después de todo. En el pasado había roto muchos corazones, tal vez, si no rompía éste en particular, podría enmendar sus malas acciones de alguna forma.

Y, sin embargo, una granada, a punto de hacer implosión, pugnaba por desatarse en la mente de Tony. Y no podría controlarla por más tiempo.


Los nervios se comían a Peter, poco a poco, milímetro a milímetro.

—¿Y no dijo por qué quiere que vaya ahora? – no era una pregunta, sonaba más bien como un chillido.

—Como ya te expliqué, por quinta vez, no. No dijo por qué quiere verte en día sábado. Mencionó que era urgente. No sonaba feliz – Happy lo miró con enfado a través del retrovisor.

Hice algo estúpido, sabía con certeza.

Michelle le había dicho a Peter esa mañana, por mensaje de texto – sin piedad ni censura – que había hecho el ridículo. Que dos gotas de vino lo habían convertido en un patético y lastimoso ser acomplejado que farfullaba sobre Tony Stark a todo aquel que estuviera dispuesto a escucharlo. Ned – con algo más de tacto – le dijo que intentó llamar a Stark en varias ocasiones, sin éxito. Y ambos le habían contado masomenos las estupideces que había dicho después del tono.

Peter quería abofetearse la cara. Su mentor fue tan claro y conciso acerca del usar el número sólo para situaciones de vida y muerte. Y Peter le había desobedecido, otra vez.

Afortunadamente (aunque Peter se sentía de todo, menos afortunado) May no puso objeción cuando le dijo, histérico, que iba a ir a casa de Ned a jugar playstation, pero ella le dedicó una mirada evaluadora, y la sospecha lo persiguió hasta que Peter cruzó la puerta.

Nunca había deseado con tanta intensidad que Happy tardara en llegar a la mansión Stark. Pero Happy era un excelente conductor y llegó en tiempo y forma. Cuando se dispuso a salir del coche notó que una fuerza extraña lo mantenía clavado en su asiento. El pánico se convirtió en vergüenza al advertir que no se había desabrochado el cinturón de seguridad.

Miró nervioso el interior del lobby antes de pisarlo; desierto, y con el habitual toque de distinción. Por costumbre, y para mantener sus temblorosos dedos ocupados, se puso a jugar solitario en su celular mientras se hundía en el sillón. Perdió tres veces seguidas. Su corazón martilleaba en su pecho.

Cuatro minutos después, escuchó pisadas a lo lejos, pero, sabiendo de quién eran, no se inmutó y pretendió no enterarse de nada. Sin embargo, la voz de Tony resonó con seriedad y volumen, arrancándole un respingo.

—¿Qué parte de "llámame sólo y exclusivamente para emergencias" no entendiste?

No tuvo más opción que voltear. Tony avanzaba hacia él, con paso lento y decidido. Su mirada parecía estar escaneándolo con rayos X. Peter no supo qué decir en su defensa.

—Creí que había sido claro, pero obviamente a ti te atraviesan las reglas, ¿verdad? Las reglas que te mantienen seguro no aplican, ¿cierto? Como, por ejemplo, oh, no lo sé, el alcohol antes de la mayoría de edad es ilegal, ¿lo habías escuchado?

Peter recuperó el habla. Se levantó torpemente del sillón.

—Lo-lo siento muchísimo, señor Stark – empleó su voz elocuente y conciliadora, la que usaba cuando quería zafarse de un castigo de May— Ni siquiera sé cómo pasó. Tomé dos copas de vino y perdí el control —y de repente surgió en él la necesidad de justificarse—. ¡Nunca había tomado alcohol antes! Sólo estábamos celebrando, y supongo que, debido a mis poderes, fue demasiado para mi sistema y-y…lo lamento mucho señor Stark —repitió— Perdón si lo molesté, no quería perturbar su sueño. Si pudiéramos olvidarnos del asunto…

—Me temo que eso no será posible, Peter —dijo Tony. Del bolsillo de su pantalón negro sacó el celular.

Tony no era tan insensible como para reproducir todos los mensajes en frente de un confuso joven que claramente no tenía la menor idea de lo que hizo la noche anterior, aunque ganas no le faltaban. En cambio, sólo reprodujo el último mensaje de voz, porque Peter tenía que entender la gravedad de sus acciones.

Y al escucharlo, Peter sintió que el mundo se abría bajo sus pies. Ninguno de sus amigos le advirtieron de ese pequeño detalle de la historia.

—Bonita forma de ser discreto —dijo Tony cuando el mensaje concluyó—. Lo primero que te pedí es que fueras cuidadoso. Lo segundo fue que no usaras este número para tonterías adolescentes – Peter estaba sin habla. Tony, en cambio, se preparó sus siguientes palabras— Y ese último mensaje, Peter… – el muchacho deslizó la mirada hacia abajo, en penitencia— Cruzaste el límite. Me temo que ya no podemos seguir viéndonos. Usarás el laboratorio a tu antojo, no pienso arrebatarte eso, pero, en vista de las circunstancias, —sostuvo en alto el teléfono— sería inapropiado que continuara siendo tu mentor.

Peter se demoró en asimilar lo que escuchó. Cuando lo hizo, explotó.

—¡No! ¡Lo siento, lo siento muchísimo señor Stark! Pero no quiero que…no quiero que esto termine, por favor no haga esto. Lo lamento tanto.

—Ahórratelo, muchacho. Tenemos que hacer lo correcto —dijo Tony con firmeza.

—¡Ni siquiera recuerdo lo que pasó, no fui yo, fue...fue...el estúpido alcohol que un compañero trajo para hacer un brindis! —los ojos de Peter comenzaron a humedecerse— El olor, el sabor, ¡todo! Fue demasiado para mí, no sabía lo que estaba diciendo. ¡Lo juro!

El corazón de Tony se apretó en su pecho. Quería creerle, quería dejarlo pasar esta vez y seguir fingiendo. Quería trabajar con Peter en su laboratorio, quería evitarse esa charla incómoda, pero…

—Tú y yo sabemos que ese último mensaje significa más que un pésimo manejo de alcohol —Peter parecía al borde de las lágrimas. A Tony siempre le incomodaron las lágrimas. Hizo una exhalación en señal de derrota. No tenía idea de lo que estaba haciendo. No tenía idea de cómo lidiar con Peter ahora. Recargó su mano sobre el hombro del chico esperando que encontrara confort en ello. Peter no se atrevió a levantar la mirada. Algo en su interior le dijo que quizá no debería tocar al chico, pero apartó ese pensamiento como una mosca. Sólo era su hombro.

—Vamos a sentarnos un poco, ¿de acuerdo?

Peter asintió, con los ojos aun brillando por las lágrimas sin presentarse, y el labio le tembló ligeramente.

Ambos se sentaron en el sofá, con una tensión que podía ser cortada con un cuchillo carnicero. Tony no había dejado de tocar el hombro del chico.

—Mira Peter, —empezó— eres un buen niño —algo en el pecho de Peter se desinfló al escuchar esa palabra; niño— y tienes un talento monstruoso, y... —se demoró una milésima de segundo— Creo firmemente en ti, y que puedes hacer grandes cosas con el liderazgo adecuado. Pero…todo esto tiene que resolverse antes de que… —el resto de la oración la dejó al aire unos momentos— antes de que salgas herido —dijo finalmente.

—Lo sé. Lo siento…

—No tienes que disculparte —Tony intentaba recordar que el chico sólo era un adolescente, sintiendo lo que los adolescentes sienten; todo.

—Bien… —dijo Peter inseguro. Pensó que era su turno de hablar, de explicarse, de hacerle entender algo que ni él mismo entendía por completo— Yo sé que no debería sentirme, así como me siento. Sólo…sólo estoy confundido…Nunca había sentido esto por…por…un hombre —admitió en voz baja y con el calor acumulándose en su cara, orejas y cuello. A pesar de eso, prosiguió— Y no sé qué hacer al respecto. Lo siento.

—Es…comprensible —masculló Tony, ignorando el extraño retortijón que sintió en las entrañas al ver el sonrojo de Peter. El chico seguía clavando la mirada en otro punto que no fuera Tony, y hubo otro momento cargado de tensión—. Es normal sentirse atraído por quienes te rodean, especialmente si admiras a esa persona.

Peter asintió, aun con el rojo de la vergüenza decorando su cara.

—Quizás no sea yo tu centro de… atención. Quizá sólo es mera curiosidad por personas del mismo sexo. ¿Lo habías considerado?

"No". Sería su respuesta. Creía firmemente que Tony era quien le atraía únicamente. Otros chicos, otros hombres…no se la ponían dura, honestamente. Ya lo había intentado.

—Tal vez… —concedió el chico, no obstante.

Tony sonrió amablemente.

—¿Ves?

—Es simple curiosidad… – repitió Peter desconsolado. Y de repente, una peligrosa, peligrosa idea brotó de su cabeza— N-no tengo en claro lo que deseo, no sé lo que estoy sintiendo…

—Es perfectamente normal.

—Yo sólo…—su corazón empezó a palpitar con fuerza. Se lamió los labios con nerviosismo— yo sólo quiero entender lo que siento. Sólo…sólo quiero que alguien lo aclare por mí.

Una pausa. Peter tomó valor y buscó la mirada de Tony. Se llevó una sorpresa al ver lo cerca que estaban el uno del otro. No se dejó intimidar por la cercanía. Prosiguió con extrema cautela, sabiendo de sobra que estaba yendo demasiado lejos.

—Entonces sabré si es… mera curiosidad.

Su corazón dio otro vuelco, a pesar de que no encontraba reacción alguna en su mentor. Parecía inmerso en profundas cavilaciones, pero con la mirada clavada en la de Peter. El joven aguardó unos segundos antes de decidir que el silencio era insoportable.

—¿Señor Stark? – murmuró suavemente. Por dentro ardía en miedo y expectación.

Tony por fin halló la voz.

—Puedes…puedes buscar a alguien que —se aclaró la garganta— te ayude, supongo. No me mires a mí —le advirtió. ¡Entonces, deja tú de mirarlo! se dijo Tony en silencio. Se avecinaba una migraña de las buenas. Su mano yacía olvidada en el hombro del chico. Tony no parecía entender la importancia ni la urgencia de retirarla lo antes posible, ponerse de pie, dejar de ver esos enormes ojos castaños que lo hacían sentir asqueado consigo mismo.

—Lo siento —musitó Peter. No sabía por qué se disculpaba.

Y en un movimiento rápido y apresurado lo besó.

Apenas fue un roce, una ligera fricción que se sintió como cosquilleo.

Peter se apartó con el miedo, la esperanza y la vergüenza destellando en sus ojos.

—Muchacho —Tony luchó por mantener la compostura y no dejarse arrastrar por el ataque de horror que lo embargaba de punta a punta. Se echó hacia atrás ligeramente y reparó en su brazo acomodado en el hombro de Peter. Pero no pudo apartarlo. Todo su cuerpo había petrificado— Vete a casa y olvida lo que acaba de ocurrir. Todavía hay tiempo de echarse atrás. No es muy tarde aún…

—Lo siento —repitió Peter— Sólo…sólo…

Pero, antes de concluir la frase, envolvió su mano alrededor del cuello de Tony y tiró de él para darle otro beso, más largo, más terrible.

Y Tony se recordó una vez más, para su desgracia, lo joven que era Peter. Movía su boca con entusiasmo, pero sin saber cómo profundizar el beso. Sus dientes chocaban con los de Tony, y todo en ello resultaba equivocado y atroz y enfermizo, pero, aun así…Tony cerró los ojos.

Se permitió sentir la calidez de Peter, el agarre del chico que pronto se convirtió en un abrazo y el impacto que lo sacudió cuando sus lenguas se tocaron. Percibió con detalle el temblor que recorrió el cuerpo del menor cuando introdujo más su lengua profundamente en su boca.

Peter dejaba escapar suspiros aquí y allá, hasta que hizo un quejido de sorpresa, provocado por sentir una mano intrusa sujetando su cintura con firmeza, y entonces Tony dejó de besarlo. Sintió la saliva de ambas lenguas en las comisuras de su boca y descubrió que tenía a Peter enroscado en su cuerpo y que él sostenía la mandíbula del chico con la mano derecha. El aire era ardiente y sus respiraciones agitadas.

Y finalmente la realidad cayó de golpe sobre él y reaccionó violentamente.

—Mierda, ¡Mierda! ¡MIERDA! ¡MIERDA! —se levantó tan rápido que Peter salió empujado al otro extremo del sofá.

—Está bien, señor Stark, está bien —intentó decir Peter para apaciguar al hombre que lucía completamente trastornado.

—No. —dijo Tony en tono más bajo, aunque deseaba gritar por los cielos— No está bien —le dio la espalda, incapaz de encarar a Peter, al deseo convirtiéndose en pena, a su error.

—Tienes que irte.

—Pero…

—Sin excusas.

—No quiero.

El estómago de Tony se revolvió y presionó sus manos contra las sienes.

—Vete de aquí, Peter.

—Pero me besó —dijo débilmente, su voz se estaba quebrando—. Me besó.

—Peter —Tony por fin se dio la vuelta y con el dolor de cabeza cegándolo, tomó los hombros del chico—. Escúchame bien —sonaba desesperado—. Lo que acaba de ocurrir no puede suceder otra vez, ¿entendiste? No vuelvas a venir aquí. Tienes que dejar de verme. Soy un peligro para ti, ¿comprendes? Y me juré protegerte de cualquier peligro, aunque eso signifique protegerte de mí mismo también.

—¡No, no, no! —Peter suplicó, a lágrima viva— ¡Por favor, por favor, por favor! No haga que me vaya a casa, por favor, señor Stark. ¡Lo siento, no volverá a pasar, lo prometo, podemos fingir que nada pasó, por favor!

Tony sacudió la cabeza.

—Muy tarde, Peter.

El aire se volvió pesado, escaso. Sintió las familiares palpitaciones en su pecho y el mundo se volvió negro.