DISCLAIMER: Todo lo reconocible le pertenece a J.K. Rowling. El resto es producto de mi imaginación.
Aviso: Este drabble hace parte del conjunto que estoy escribiendo para el «Fictober 2018» como reto personal.
Palabra del día: Adivina.
Día diez.
—¿Otra vez tengo que hacer guardia contigo, Granger? Voy a empezar a creer que eres quien organiza los turnos a propósito para que quedemos juntos y pasar más tiempo conmigo.
Me mira con ojos asesinos.
—No seas ridículo, Malfoy. Preferiría almorzar babosas todos los días que pasar tiempo contigo —dice, enfadada—. Necesito hablar con Dumbledore sobre esto.
—¿Te parece mejor si empezamos? No quiero escuchar por demasiado tiempo tus quejidos de comelibros.
Me lanza imperdonables con la mirada. —Pues el sentimiento es totalmente mutuo.
—Sí, sí. Deberías tomar ese lado mientras yo voy por este —digo, señalando lo que le estoy proponiendo mientras la veo fruncir el ceño—. ¿Qué? ¿Acaso no estás de acuerdo?
—¿Quién te nombró líder del escuadrón?
—Entonces, ¿cómo quiere la señorita perfecta que se haga?
—Yo voy por este lado y tú por el otro —dice y yo hago el ademán de dejarla pasar primero.
Caminamos en silencio durante unos segundos en los que me permito detallarla: increíblemente trae recogido en un chongo alto el nido de monos que tiene por cabello cuando por el frio debería llevarlo suelto, pero eso me permite ver su cuello y una serie de lunares que lo surcan y que parecen estrellas, además de las facciones femeninas de su rostro que de perfil lucen agradables a la vista.
Es más bonita de lo que nunca percibí, pero me doy cuenta que la única razón de no haberlo notado antes ha sido la ceguera que yo mismo le puse a mis ojos a raíz de los prejuicios que siempre tuve con los de su clase y que he empezado a dejar a un lado por todas las lecciones que he tenido que aprender a la fuerza últimamente.
—¿Acaso se te perdió una igual a mí? —dice y noto algo de diversión en sus palabras.
Me ha tomado por sorpresa y aunque trato de evitarlo, siento que los colores se suben a mi rostro. Es una suerte que la poca iluminación del pasillo me ayude a disimularlo.
—¿Qué? —pregunto, incómodo.
—No has dejado de mirarme, Malfoy. Me doy cuenta de eso.
—No te creas tan importante, Granger —digo con la petulancia que me caracteriza.
—Creo que tendré que regalarte una foto para que así puedas mirarme todo lo que quieras —dice y noto que extrañamente está bromeando conmigo.
—¿Acaso eres adivina? Es justo lo que iba a pedirte. Necesito algo para espantar los bichos de mi habitación y tu cara es perfecta para eso.
Frunce el ceño, al tiempo que me mira y tropieza con una pequeña piedra que la hace perder el equilibrio, por lo que, en un movimiento rápido, me adelanto y la sostengo en mis brazos para evitar que caiga.
Durante unos segundos nos miramos a los ojos fijamente y me doy cuenta de lo que ya sé desde hace algunos días: Hermione Granger es hermosa.
Carraspeo, incómodo. —Deberías fijarte por dónde caminas la próxima vez.
—Bien —responde y continuamos caminando en silencio durante el resto del turno.
