CAPITULO 10

Por fin habían abandonado el pueblo y, para fortuna y alivio de Katniss, volvían al Palacio. Conforme habían ido alejándose del bosque la calma comenzó a acompañarla y, más sabiendo que Seneca no tenía ninguna pista sobre el paradero de El Gavilán... de Peeta. Era a la vez tan contradictoriamente emocionante y tan inquietante esa realidad, aunque le atemorizaba en demasía el riesgo que él y sus compañeros corrían.

-Teniente, que den de beber a los caballos y luego te reúnes conmigo -la voz de Seneca la sacó de su ensoñación.

-Sí, Capitán -respondió Finnick mientras lo veía ayudar a Katniss a descender de la carroza.

Desenganchó los caballos y los llevó a la parte trasera del Palacio, donde uno de los muchachos los tomó para llevarlos al abrevadero. Él mismo se acercó a una fuente, ciertamente era un día muy caluroso y el agua fresca que brotaba de ella le ayudó a mitigarlo un poco. Se secaba de manera despreocupada la boca con el dorso de su mano cuando la vio aparecer. Caminaba hacia la fuente, con andar grácil y liviano, con un cántaro apoyado en su cadera de forma endiabladamente femenina y sin que ella, y de eso estaba seguro, fuera consciente de ello. Cuando por fin ella se percató de su presencia, Annie bajó el rostro tratando de ocultar la sonrisa que escapaba de sus labios y Finnick la observaba ir hacia él, ensimismado, deleitándose de aquella imagen angelical.

-Hola, Annie -la saludó suavemente, con una sonrisa radiante en su cara que expresaba bien cuanto se alegraba de verla.

-Hola, Teniente -respondió tímida, inclinándose brevemente.

Finnick inclinó su rostro serio ahora para mirarla de reojo, con una mezcla de desaprobación e incitación en sus ojos.

-Hola, Finnick -rectificó ella al comprender, sonriendo.

El joven sonrió también complacido mientras le arrebataba con gesto descuidado la vasija de sus manos y Annie le dejó hacer sintiéndose halagada. Sus dedos rozaron los de ella lanzando un escalofrío por su espalda, alcanzando a escuchar un suspiro que Annie trataba de ahogar sin éxito. Finnick se regocijó para sus adentros; era maravilloso sentir esa sensación con el mero roce de su piel.

-Imagino que ahora estarás más tranquila, ya que la Condesa ha vuelto a casa -aventuró a la vez que colocaba el cántaro bajo la fuente para llenarlo.

-Estoy feliz -repuso risueña. -He pasado un miedo terrible, por la Condesita y también por mi hermano Cinna. Es un poco testarudo pero es un buen muchacho.

-Y es el hermano de la muchacha más hermosa que jamás haya visto -agregó inclinándose levemente, acercándose a ella.

-¿Qué decís? -se ruborizó ella.

-Sólo la verdad -respondió él con sonrisa seductora. -Y ya que nos dirigimos por nuestros nombres de pila creo que podríamos tratarnos con menos formalidad.

-Ni siquiera debería estar hablando contigo -alegó por lo bajo, mirando inquisitivamente hacia ambos lados.

-¿Por qué? -quiso saber él, frunciendo el ceño.

-Porque mi hermano no quiere que hable con los soldados franceses y yo... -vaciló ella.

-¿Y tú quieres? -terminó la frase por ella con declarada insinuación, fundiendo su mirada en la de ella.

-Debo irme -titubeó ella azorada por la intensidad de aquel azul de sus ojos, haciendo ademán de marcharse.

-Annie -la detuvo tomándola suavemente de un brazo, acercándola a él. La escuchó suspirar de nuevo, notando su dulce y agitado aliento sobre su rostro, quedando sus labios peligrosamente cerca de los suyos. Finnick los admiró por un momento, sonrosados e inocentemente provocadores y el deseo de poseerlos lo invadió. Tuvo que hacer gala de todo su temple para no hacerlo y desvió sus ojos al gris perlado de los suyos, brillantes, anhelantes... si fuera cierto... sería tan delicioso tenerla entre sus brazos...

-Olvidas esto -susurró sobre su boca con voz grave, perdido en el remanso plateado de sus orbes. Deslizó su mano con delicadeza por su brazo hasta la suya y la tomó, colocándola sobre el asa del cántaro.

-Gracias -musitó ella con un hilo de voz, hechizada por el mar de su mirada. La fría arcilla de la vasija la hizo volver a la realidad y se separó de él, vacilante. Finnick soltó su mano y la dejó marchar. Su corazón aún palpitaba con fuerza en su pecho cuando la vio perderse tras la puerta de la cocina. Antes de que se cerrara, Annie le dedicó una sonrisa furtiva y otra se esbozó en el rostro masculino como respuesta.

Permaneció unos momentos estático, observando aquella puerta hasta que decidió ir a reunirse con Seneca que aún conversaba con Katniss, por lo que permaneció a una distancia prudencial.

-Sois muy querida en el pueblo -le comentaba Seneca a la Condesa.

-Es un cariño correspondido -concordó ella.

-Tantas muestras de afecto -continuó él. -Es la primera vez desde que estoy aquí que oigo a alguno de vuestros campesinos expresarse de manera amistosa.

-Se ve que vos no les dais motivos para hacerlo -le reprochó ella.

-Ayudadme vos entonces -le sugirió con suavidad. -Vuestra compañía me ha agradado tanto que me siento bien dispuesto ante esa gente -tomó su mano, gesto con el que acompañaba su insinuación para besársela, tratando ella de esbozar una sonrisa.

Katniss se inclinó con fingida complacencia y entró en el Palacio, resonando las palabras del Capitán en su mente. Por el corredor se encontró a una de las doncellas quien le informó que su hermano estaba en la biblioteca.

-Parece que te preocupas más ahora que está con Seneca que cuando estaba en manos de El Gavilán -le reprochaba Clove a su esposo en vista de su expresión ceñuda.

-Tendría que haber ido con ella -farfulló él incómodo.

-Marvel, está en las mejores manos -apuntó ella.

-Debo admitir que esperaba más dureza por parte de Seneca -resopló Marvel pesadamente. -A fin de cuentas mi acción de esta mañana puede resumirse en el simple hecho de que he cometido un delito y él lo sabe.

-Seneca es un hombre de grandes cualidades -lo alabó Clove sin reparos -y un óptimo marido para Katniss.

Justo en ese momento la aludida entró a la biblioteca, con la clara impresión de haber escuchado su nombre en el rostro.

-¿Cómo ha ido? -se interesó Marvel en cuanto la vio llegar.

-Ha sido fatigoso -suspiró ella con desgana, -pero también muy instructivo.

-¿Has podido ayudar al Capitán? -aventuró Victoria.

Katniss negó con la cabeza.

-¿Entonces? -se extrañó Marvel.

-Quizás estoy empezando a entender como tratarlo -reconoció rememorando sus palabras de hacía un momento.

-¿Qué intentas decir? -insistió su hermano.

-Tal vez si no me opusiera tanto a él quizás tendría menos ocasiones de desahogarse contra los campesinos -concluyó. -Hoy me ha bastado pedirle algo amablemente para verlo cambiar completamente de actitud.

-Comienzas a entender al fin -sonrió Clove con aire triunfante.

-No debes cambiar tu comportamiento sólo con la intención de obtener algo a cambio -le reprendió Marvel sin embargo.

-No es esa la cuestión, Marvel -discrepó Katniss. -Tú mismo sabes cual es el sentido del deber.

-Aún así...

-La vida es mucho más fácil si la afrontas juiciosamente -interrumpió Clove a su marido sin poder ocultar su satisfacción.

Katniss asintió pesarosa.

-Perdonadme, deseo descansar un poco -se excusó antes de retirarse.

-Esperemos que este ataque de sensatez de tu hermana sea duradero -una sonrisa sagaz se perfiló en sus labios a lo que Marvel respondió con mirada reprobatoria. -Fíate de mí -prosiguió ella ignorándole. -Dentro de poco la veremos casada y no precisamente con Peeta Mellark.

-Clove...

-Querido, quisiera invitar a mis padres mañana a comer -lo cortó tratando de dejar el tema ahí. -¿Te importa si voy a Turín a avisarles?

-Claro que no -respondió él con un deje de confusión, sin alcanzar a comprender ese repentino cambio de actitud.

Sin embargo, Clove tenía muy bien pensada su jugada. Sí, acudió a casa de sus padres, cuya visita resultó más que fugaz, para hacerles partícipes de dicha invitación, aunque no era ese el único destino de su salida a Turín; la parada más fructífera, a su modo de ver, sería en el Fuerte San Bartolomeo.

-No estoy acostumbrado a visitas tan gratas -la recibió Seneca en su despacho con cortesía.

-Sois muy gentil -le ofreció ella su mano halagada, y que él besó de inmediato.

Seneca se acercó a un pequeño mueble y sirvió sendas copas, ofreciéndole una a ella.

-¿Por qué brindamos? -preguntó ella sugerente.

-Por la belleza -respondió él con sonrisa incitante.

Ella lo miró seductora por debajo de sus pestañas mientras bebía lentamente.

-Vuestro licor es exquisito -apuntó ella.

-Gracias, Condesa -acordó él. -¿Qué puedo hacer por vos?

-No quiero haceros perder el tiempo, Capitán -le aclaró ella, -ni mucho menos alimentar vuestras diferencias con la aristocracia piamontesa.

-Tan solo vuestra pertenencia a ella basta para dulcificar cualquier diferencia -puntualizó él con gallardía.

-En verdad sois muy galante -volvió a alabarlo ella. -Si me lo permitís entonces iré directa al tema.

-Adelante -le instó él.

-El tiempo que habéis pasado junto a Katniss ha dado sus frutos -le informó Clove.

-Me sorprende oír eso -la contradijo él. -Hoy no parecía muy contenta de estar en mi compañía -apuntó, -y ni que decir tiene el día de vuestra boda.

-Me extraña que un hombre tan experimentado como vos pueda confundir la natural timidez de una muchacha tan joven con la falta de interés -le sonrió ella con picardía.

-Pues a mí no me parece en absoluto tímida -disintió él. -Esta mañana ha tenido ocasión de presentarme al Marqués Mellark, al que recuerdo perfectamente de vuestro matrimonio, y su actitud con él ha sido todo menos recatada -puntualizó mordaz. -La pretende ¿verdad? -quiso saber. -Y ella no le es indiferente.

-Habéis de saber que mi esposo se opone a cualquier tipo de relación entre ellos -aseveró con firmeza. -Lo que os debe importar es que Katniss ha apreciado mucho vuestras atenciones de hoy, me lo ha confesado ella misma -añadió con declarada intención.

La expresión dura de Seneca se suavizó levemente y Clove se sintió más que satisfecha con su reacción. Se vanaglorió de lo bien que conducía la situación y vio la resolución de sus planes ir por buen camino.

-Mañana daremos un almuerzo en Palacio -le anunció. -Espero que no tengáis intención de faltar.

-Si es vuestro deseo -concordó él.

Clove rió complacida, con aire coqueto. Aquello era más fácil de lo que creía.

-Insisto -recalcó ella. -Y os rogaría que me aceptarais un humilde consejo, si es que una mujer como yo puede osar a influenciar a un hombre como vos.

-Escucharé con sumo interés cualquiera de sus indicaciones -la lisonjeó, asintiendo ella con una sugerente caída de pestañas.

-Ya que sois el Caballero de la Revolución, deberíais tener en cuenta el interés que Katniss y mi marido tienen por su pueblo, algo que, si no me equivoco, debería estar acorde con vuestros ideales -supuso ella. -Si quisierais aprovechar vuestra visita para llevar un poco de vuestro grano, el camino hacia la Condesita sería... ¿cómo decirlo?... mucho más fácil -le insinuó.

-Sea entonces -aceptó él. -No me gusta albergar rencores y estaba pensando en ofrecérselo a vuestro marido por la invitación que acabáis de hacerme -quiso justificar su cambio de opinión.

-Es una idea excelente -lo alentó ella, siendo consciente de que así alimentaba el voluble y maleable ego masculino. -Estoy segura de que así os ganaréis su favor y, quien sabe, tal vez sería una buena ocasión para manifestarle vuestros sentimientos.

-Porque así sea -alzó él su copa en un brindis con aire exultante.

Clove brindó con él, y no sólo por eso sino por su indiscutible triunfo que veía cada vez más cercano, sólo le faltaba dar una puntada más...

-¿Que has invitado a Seneca al almuerzo de mañana? –inquirió Marvel contrariado levantándose de su escritorio.

-¿Te molesta? -preguntó ella con simulada inocencia.

-Habrías podido consultarme al menos -refunfuñó él.

-Sólo quería aprovecharme de esta nueva disposición de tu hermana -se excusó ella, aunque por el rostro de Marvel aquello no era suficiente. -Seneca devolverá el grano -agregó entonces de súbito. -Será un obsequio hacia ti por la invitación y hacia ella por su amabilidad de hoy.

-¿El grano? -cuestionó él con suspicacia. -¿Se lo has pedido tú?

-Ha sido iniciativa suya -se apresuró a aclararle.

En el rostro de Marvel se hacía evidente la desconfianza hacia ese gesto del Capitán, y podía adivinar cual era la verdadera intención de su acto.

-Querido, tú déjame hacer -le habló con suavidad intentando disuadirlo. -Aún quieres que Katniss se case ¿no?

-Sí, claro pero...

-Entonces todo irá bien -prosiguió con gran seguridad. -Tú sólo debes consentir cuando él dé el gran paso, cosa que harás ¿verdad? -añadió ella con sonrisa sugerente.

Marvel no respondió y volvió a sentarse en su escritorio, meditativo. Clove no esperaba que accediese así como así, por lo que su silencio le fue más que suficiente. Sonrió para sus adentros, estaba haciendo una buena siembra y pronto recogería los frutos. Aquello era digno de celebrarse.

-Pareces muy ocupado -supuso al ver que su marido volvía a sus quehaceres a pesar de no haberse retirado ella aún. -Me gustaría salir a cazar -continuó. -No lo hago desde que llegó Katniss.

-Espero que lo disfrutes -le deseó Marvel casi sin despegar la vista de los documentos que parecían tan interesantes.

A Clove aquello no le molestó en absoluto con el buen ánimo del que gozaba en ese instante y, sonriendo con suficiencia se dirigió a su recámara. Estaba entrando cuando sorprendió a la doncella que habían designado como su camarera mirándose al espejo, con uno de sus vestidos cercano a ella, queriendo comprobar que tal se vería enfundada en una prenda así.

-Dios nos asista -exclamó Clove poniendo los ojos en blanco, sobresaltando a la muchacha que la miraba con gesto de disculpa. -¿Te gustan mis vestidos? -la miró con desdén.

-Mucho, Señora Condesa -reconoció ella.

-Pues a ti te sentarían fatal ¿lo sabes? -aseveró con hiriente tono burlón. -Están hechos para el cuerpo de una mujer noble -se jactó avergonzándola.

-Sí, señora -bajó ella su rostro.

-Voy a salir a cazar así que haz ensillar mi caballo -le ordenó. -¡Muévete!

La doncella se inclinó y salió apresuradamente de la habitación mientras Clove reía con gozo, contemplando su figura en el espejo. Aquel día todo esta saliendo a pedir de boca, sólo restaba atinarle a un par de piezas al ritmo de su arcabuz.

Caminaba sigilosa por la profundidad del bosque, bordeando una senda, cuando avistó una liebre. Contuvo la respiración a la vez que amartillaba el arma contra su hombro, acercando su mejilla a la culata, apuntando. Le encantaba como la adrenalina se agolpaba en su sangre en los instantes previos al disparo y la sensación de poder que le otorgaba el hecho de tener, con el solo movimiento de su dedo, el destino de una vida a su antojo, aunque fuera la de una mísera alimaña del bosque. A punto estaba de apretar el gatillo cuando el relinchar de caballos advirtió al animal haciéndolo escapar.

Clove lanzó una maldición al aire mientras un carruaje se detenía a su lado. Se sorprendió al ver a la Marquesa Mellark en el coche.

-¡Qué agradable coincidencia encontraros aquí! -exclamó Enobaria con fingida sorpresa.

-Me habéis hecho perder la presa -le reprochó Clove con altivez, apoyando el arma sobre su hombro.

-Cuanto lo siento -se lamentó la Marquesa con simulado pesar. -Quién sabe si no podríais capturar aún alguna más interesante.

Clove no respondió, aguardando por unos segundos para comprobar si lo que aquella mujer quería decirle eran meras banalidades.

-Debería estar enfurecida con vos -le reprochó en cambio. -No habéis respondido a mi mensaje.

-He tenido cosas que hacer -se excusó ella con desinterés.

-Sí claro, la boda -supuso ella con ironía. -¿Y qué tal vuestra deliciosa cuñada tras el rapto?

-Sois muy amable al preguntarlo, Marquesa. Katniss está sana y salva -alegó con cierto recelo.

-Lástima que no haya sido una oportunidad provechosa para utilizarla en favor del Capitán Seneca -sonrió Enobaria con picardía.

-¿Qué intentáis decir? -preguntó Clove con cierto disgusto. El no entender las intenciones de aquella mujer le molestaba sobremanera.

-¿No deseáis quizás que se case con el Capitán? -la sacó de dudas.

Clove no pudo evitar que aquello la sorprendiera.

-Digamos que tengo el don de la adivinación -le aclaró leyéndole el pensamiento. -Y si eso sucediera sabed que me complacería a mí también. Esa chiquilla no es adecuada para mi hijo.

-Esa es la única cosa que tenéis en común vos y mi marido –espetó Clove mordaz y disgustada. Que Enobaria se inmiscuyera en sus planes no le agradaba en absoluto.

-Volviendo a Seneca -desvió Enobaria el tema con intencionalidad. -Los hombres son criaturas simples y predecibles y basta poco para hacer que ellos hagan lo que una desea. Si queréis algún consejo basta pedirlo -añadió con sonrisa ladina.

-Lo habéis dicho vos -aseveró ella con soberbia y dispuesta a no dejarse amedrentar. -Los hombres son criaturas simples por lo tanto no necesitaré consejos.

-Haced como creáis -repuso entonces con dureza, -pero sabed que no toleraré ningún error -sentenció amenazante.

Sin decir más, golpeó la madera del carruaje indicándole al cochero que continuara con la marcha. Clove permaneció allí observándola por un instante, asombrada y confusa por lo que acababa de ocurrir. Mas luego se detuvo a estudiar el trasfondo de aquella conversación. Quizás se había precipitado en su alegato y se preguntó si había obrado con elocuencia al subestimar el apoyo de quien podría ser una aliada. Además, sabía que no le convenía tenerla en calidad de otra cosa, semejante enemiga era más que peligrosa... letal.

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* ~ § ~ *

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Katniss salía del Palacio dispuesta a tentar a la suerte yendo al arroyo, a pesar de que probablemente Peeta ya no estuviera allí, cuando vislumbró a Glimmer. Caminaba con la mirada ausente por el jardín, perdida en sus pensamientos, que para Katniss eran bastante sencillos de descifrar. Una mezcla de impotencia y tristeza la invadió, no podía evitar sufrir por dos de las personas más importantes en su vida, viéndolos distanciarse uno del camino del otro irremediablemente.

-Mi Reino por tus pensamientos -bromeó al alcanzarla.

Glimmer se volteó sobresaltada para mirarla llevándose una mano al pecho.

-Katniss -le sonrió tratando de hallar la respiración.

-Sólo hay una cosa en el mundo que pueda transportarte tan lejos de la realidad y me temo que está muy cerca -declaró Katniss de forma directa mientras desviaba por un momento su vista hacia la ventana de la biblioteca. Como solía ocurrir, esperaba algún tipo de reproche por parte de Glimmer o, al menos, una negación, pero sólo encontró una mirada llena de melancolía.

-Glimmer...

-No me malinterpretes, Katniss -se apresuró a decirle. -Estoy contenta por Marvel. Ya era hora de que encontrase una mujer adecuada para él.

-Yo no estoy tan segura de eso -hizo Katniss un mohín.

-Si él lo cree es más que suficiente -bajó Glimmer su rostro.

-Tú sabes cuanto te admiro Glimmer -tomó su mano. -Quisiera tener tu aplomo y tu fortaleza.

-Lo cierto es que mis fuerzas me abandonaron hace mucho -susurró. -En todo este tiempo esperaba haberlo olvidado pero me he dado cuenta, y de la forma más dolorosa, de que no es así.

-Glimmer... -Katniss alzó su mano y la posó sobre su mejilla por la que una fugaz lágrima trataba de escapar.

-Perdóname –sacudió Glimmer su cabeza. -Dios sabe lo que pensarás de mí...

-No hay nada que perdonarte -la calmó.

-Katniss, es difícil tener dentro este dolor sin poder hablar de ello con alguien -la miró afligida.

-Te entiendo muy bien -concordó ella. -A veces ciertos secretos son muy difíciles de guardar pero, por desgracia no tenemos elección.

-¿Lo dices por Peeta Mellark? -le preguntó Glimmer. -Te reúnes con él a escondidas ¿verdad?

Katniss asintió sabiendo que en realidad el asunto iba más allá de la mera suposición de Glimmer; no era ese el único secreto que ocultaba en su corazón, ni mucho menos el más preocupante. La vida de El Gavilán, de Peeta dependían de que no saliera a la luz su doble identidad y eso era lo que sí la aterraba.

-Creo que haces bien en luchar por ese amor -la alentó ella.

-Tú... ¿lo apruebas? -dudó ella sorprendida en cierto modo.

-No puedo obviar el hecho de que Enobaria asesinó a mis padres, pero eso no significa que necesariamente la naturaleza de Peeta sea como la de su madre -le ratificó.

-Peeta es un joven extraordinario -se apresuró a explicarle. -De buen corazón y nobles principios.

-Mucho has de amarlo para defenderlo con esa pasión -le sonrió ella comprensiva.

Katniss se sonrojó profundamente y Glimmer no pudo evitar reír.

-No tienes por qué avergonzarte -posó su mano sobre su hombro. -Estoy feliz por ti.

-Ojalá Marvel pensara como tú -suspiró ella abatida.

-Verás como cambia de parecer -la alentó Glimmer. -Confía en mí.

Y Katniss asintió, creyendo, tenía que creer... soñaba con el día en que pudiera amar a Peeta libremente, sin que el pasado negro con tintes de fatalidad que sobrevolaba a sus familias estuviera siempre presente, como un estigma. Aquello era propio de las tragedias griegas que solía leer o, sin tener que ir tan atrás en el tiempo, de Romeo y Julieta. Sólo esperaba que su historia tuviera otro fin y no que tuvieran que tomar la muerte como la única opción para estar juntos.

Espoleó de nuevo los costados de su caballo rezando por que la fortuna la acompañara y Peeta estuviera en el arroyo. Necesitaba verlo, más que eso, necesitaba que la abrazara, que le dijera que todo iba a estar bien, aunque él tampoco estuviera seguro de que eso fuera verdad. Sin embargo, al llegar allí, el caballo de Peeta no estaba. Afligida y llena de desilusión desmontó, atando las riendas en un árbol. Suspiró hondo mientras miraba el tranquilo cauce, ya que había ido hasta allí se daría un baño, quizás eso despejara un poco su mente, sería agradable al menos. Se quitó el vestido quedando en ropa interior, una camisola de tirantes de lino que la cubría hasta la cadera y una pantaleta que llegaba hasta la rodilla. Terció el vestido en una de las ramas del árbol y caminó hacia el agua. Su frescor la inundó en cuanto introdujo los pies en el cristalino líquido y, aunque su desazón por la ausencia de Peeta no se calmó, sonrió mientras nadaba hacia una pequeña cascada disfrutando del refrescante momento.

Se detuvo observando la escena a su alrededor tomando aire profundamente y se vio contagiada por aquella paz. Fue entonces cuando sintió como algo se enredaba alrededor de su cintura y, atemorizada lanzó un grito tratando de zafarse de aquello que intentaba arrastrarla.

-Como sigas pataleando así conseguirás que nos ahoguemos los dos -escuchó tras ella aquella aterciopelada voz que tanto había extrañado.

-¡Peeta! -exclamó volteándose y lanzándose a sus brazos.

-He de suponer que te alegras de verme -afirmó con sonrisa torcida.

-Y por lo que veo tú no -se hizo la ofendida, dándose media vuelta, forcejeando para alejarse de sus brazos.

-Eso ni lo sueñes -estiró de su brazo para volver a rodearla con los suyos y atrapando sus labios.

La lucha por escapar de Katniss terminó ahí. Volvió a dejarse envolver por sus brazos mientras poseía su boca con vehemencia. Enredó sus manos en sus cabellos cobrizos y Peeta la apretó más hacia él, fundiéndose la humedad de sus cuerpos, fusionándose las pequeñas gotas de agua que iban recorriéndolos.

Cuando Peeta sintió las puntas de los dedos de Katniss surcar las líneas de su espalda desnuda hasta el borde de su pantalón tuvo que ahogar un gemido. Reparó entonces en que era la primera vez que la tenía así entre sus brazos, con únicamente una fina capa de tejido cubriéndola, de forma inútil pues quedaba pegada a su piel mojada y esculpía de forma perfecta las curvas de su figura.

Todo su cuerpo reaccionó al entreabrir Katniss sus labios, contagiándolo con su dulce aliento y su boca invadió de forma posesiva la delicada humedad de la suya, femenina y atrayente. Hundió sus dedos en su estrecha cintura haciéndola que se arqueara su cuerpo hacia él, entregándose a su abrazo y besándolo con ardor, sintiendo Peeta su interior palpitar, despertándose a un deseo difícil de controlar.

-Kat... -susurró sobre sus labios, tratando de dominar sus sentidos y separándose lentamente de ella.

Katniss bajó el rostro sonrojada, apenada y Peeta tomó su barbilla obligándola a mirarle con la intención de leer en su expresión, en sus ojos el motivo de su aflicción. Era una mezcla de vergüenza por su propia reacción y desilusión por la de él y que Peeta comprendió al instante.

-Eres la mujer más hermosa que jamás haya tenido frente a mí -musitó con la mirada incendiada.-Y por supuesto que quiero que seas mía, pero quiero convertirte en mi esposa primero.

El rostro de Katniss se iluminó ante tal declaración, sonriendo ampliamente, arrojándose a sus brazos.

-¿Acaso lo dudabas? -se rió él ante su gesto.

-Sí... no... -lo miró ella confundida. -Me aturdes, Peeta -le reprochó ella viendo la sonrisa divertida de él debido a su titubeo.

Peeta volvió a abrazarla sonriendo complacido.

-Imagino que no habrá sido como esperabas, yo arrodillado y ofreciéndote un anillo -dijo con voz queda, -pero me gustaría saber cuál es tu respuesta.

-Claro que sí -contestó ella apretándose más a él.

Peeta no pudo evitar que escapase de su garganta un suspiro de alivio.

-¿Acaso lo dudabas? -se separó de él para mirarlo ella ahora con mohín travieso.

-¿Quién aturde a quién? -le respondió él con aire derrotado.

-Tú eres el maestro en eso -repuso Katniss antes de que él volviera a tomar sus labios, sintiendo de nuevo el electrizante contacto de sus cuerpos.

-Créeme que no hay nada que desee más que hacerte mi esposa, mi mujer –declaró con grave voz.

-Sin embargo, falta tanto para que eso ocurra -murmuró ella cabizbaja.

-Ven -le pidió tirando de su mano y llevándola a la orilla.

Se sentó reclinándose sobre un árbol y apoyó la espalda de Katniss sobre su pecho, rodeándola con los brazos.

-Soy consciente de que tu hermano se opone a nuestro amor -le dijo mientras jugueteaba con sus dedos -pero tarde o temprano tendrá que aceptarlo. No quiero, no voy a renunciar a ti -sentenció con firmeza.

-Yo tampoco quiero renunciar a ti, Peeta pero sabes que ese no es el único obstáculo entre nosotros.

-¿A qué te refieres? -frunció el ceño.

-¿Hace sólo unas horas que sucedió y ya lo has olvidado? -alegó con fingido malestar. -Cuando te he visto en medio de todos esos soldados...

-Has creído que me enrolaría en el ejército y sentaría la cabeza ¿no? -bromeó besando su mejilla.

-Esto es serio, Peeta. Mantienes una lucha contra los franceses que yo...

-No contra los franceses, Katniss -discrepó, -contra Seneca.

-Sí, tu lucha podrá ser justificada y noble pero yo -chasqueó la lengua.

-¿Qué? -quiso saber él.

-Tengo miedo de perderte, no puedo perderte -admitió.

-Confía en mí -le pidió.

-En lo que no confío es en tus métodos -negó ella con la cabeza.

-¿Qué otro método se debe utilizar con un asesino como él? -atajó Peeta.

-Pues, de momento, yo ya he conseguido que le vaya a devolver el grano a los campesinos...

-Explícame eso -la miró con suspicacia.

-Clove fue a hablar con él para invitarlo a un almuerzo que daremos mañana en Palacio y le ha asegurado que llevará consigo el grano para devolverlo al pueblo. Se sentía muy complacido por mi actitud de esta mañana para con él y también por la invitación así que ha prometido restituir el grano en un intento de congraciarse con nosotros.

-¿Tu actitud? -preguntó inquisitivo. -¿No habrá intentado...?

-No seas tan desconfiado -le reprochó. -Me he limitado a comportarme de un modo menos hosco con él que de costumbre, eso es todo.

-Pues yo seré un desconfiado pero tú eres tan ingenua que no alcanzas a comprender con qué intención lo hace -le reprendió con dureza.

-¿Qué quieres decir?

Peeta se puso en pie claramente airado con los brazos en jarra, apoyadas sus manos en la cintura.

-¿Es que no ves que es un impostor, que está tratando de comprarte? -espetó lleno de ira.

-No me hables así, como si fuera una vulgar ramera -se levantó también ella, ofendida.

-En ningún momento he dicho que tú lo hayas permitido -se justificó.

-¿No confías en mí, en mi amor por ti? -le acusó ella.

-Por supuesto que confío, Kat -la tomó de los hombros, -pero no me fío de él y tú tampoco deberías hacerlo, deberías ser más cautelosa y mantenerte alejada de Seneca. ¿Es que aún no me crees cuando te digo que es un criminal?

-Sí, pero...

-No hay peros que valgan, Katniss -se exasperó él. -Ese hombre es un vil asesino y la única solución es combatirlo, que vaya a la cárcel y pague por sus culpas.

-¿Y tienes que ser tú quien lo haga? -se soltó ella de su agarre con brusquedad.

-Desde luego tú no -tensó su mandíbula. -Y te lo advierto, Katniss. No lo quiero cerca de ti -concluyó dando media vuelta y alejándose hacia el bosque.

Katniss permaneció inmóvil, airada, mientras miraba en la dirección en la que Peeta había desaparecido. Tras el enojo se dio paso la confusión y, tras ella, la tristeza. Se sentó de nuevo al pie de aquel árbol, abrazadas sus rodillas hacia su pecho mientras las lágrimas comenzaban a anegar sus ojos, confudiéndose aquellas gotas con las de agua que aún cubrían su cuerpo, en el que todavía podía sentir el calor de los brazos de Peeta. Ahora su piel empezaba a acusar su ausencia de forma dolorosa... ¿Cómo de la más hermosa declaración de amor habían ido a parar a eso?

Antes que nada perdón por el retraso. Pero me he tomado mis vacaciones muy enserio y decidí descansar del pc para dedicarme a leer una nueva saga se llama cazadores de sombras, apenas termine con el primer libro y ya estoy enamorada de esta saga.

Bueno creo que hemos visto un poco de avances entre Finnick y Annie.

Vaya Katniss tiene razón como de la más hermosa declaración de Peeta terminan discutiendo y todo por culpa de Seneca.

Espero que les haya gustado el cap, a mi personalmente me encanto este encuentro entre Peeta y Katniss lástima que haya terminado así.

Agradecimientos,

VivisWeasley: Poco a poco veremos como Marvel ira abriendo los ojos respecto a Seneca, en cuanto Marvel y Glimmer creo que en el capitulo 7 se explica de porque no se casaron, no estoy muy segura.

Everllarkglee4ever: Tranquila actualizare cuando pueda, aunque ya no podre hacerlo los martes así que solo será los sábados.