Holaaa holaaa :)
Como están? aquí les traigo un nuevo capitulo a ver que pasa con todo esto
pero antes les agradezco por los fav, follow, PM y comentarios de Lalala, Juesneca, AliceB1402, San, SandraDom y Andromeda Starkweather. Los contesto ahora :)
Lalala: Tessa es genial :) siempre lo ha sido. La pelea de Magnus/Sebastian me encantó escribirla; en general, es una de las 3 peleas que pude escribir completa al primer intento (Las otras dos aun no se han visto ;) interesantes teorías :P prometo una ración de Sebastian tierno (o algo así, quien sabe, es Sebastian) por capitulo (?)
San: ohhh ¿Así que ese fue el "BOOOOOM" que escuché? jajajaja Emp... si... bueno, el masoquimetro... ¿quizás le puedas pedir uno a Santa? jajajaja Reserva ese masoquimetro para los siguientes caps ;) okei... te imagine a lo animadora haciendo porras a Magnus xD jajaja buen punto, Mags anda estallando todo su depa xD Deja tu lo de revivir a tu hermano muerto, que te quemen las tostadas, eso si enamora xD sabes con lo de mojojocidad me imaginé a Mojojojo xD La teoria de la foto es interesante :P pero sobre lo de Sebastian con poción de odio en las manos ...emp... sinceramente eso se me pasó x.x así que digamos que se tocó la herida con la mano limpia y todos felices :D
El resto por privado :) Debo decir que una me dijo cierta teoría bastante certera...pero no diré cual porque si no ¿Que chiste? xD
ahora si, ¡A leer!.
Parte II: Al infierno se va en pareja
¿Qué pasa cuando se abrazan el amor y la muerte?
¿Se muere el amor o se enamora la muerte?
Tal vez la muerte moriría enamorada
y el amor amaría hasta la muerte
Anónimo
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Capítulo 10: El "Otro" Sebastian.
Mala cosa es tener un lobo cogido por las orejas, pues no sabes cómo soltarlo ni cómo continuar aguantándolo.
Terencio
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Apuró en servirse un vaso de agua de la jarra que tenía junto a su cama y se lo bebió casi que de un trago. Llevaba todo el día entrenando hasta que el reloj de pared de la sala marcó las tres de la tarde; según su celular, que estaba por quedarse sin batería en cualquier momento, en Nueva York eran las 9 de la mañana. Apuró el agua pensando en los países con 6 horas de diferencia en relación a Nueva York; y preguntándose si valdría la pena preocuparse por recargar su celular teniendo en cuenta que solo le había servido como reloj en los últimos días; y en cualquier caso no tenía cable cargador y aun no conseguía un toma corriente en esa casa; de hecho, no había visto ningún artefacto eléctrico en los dos días que tenía allí.
Tomó su estela y el pequeño pedazo de papel que le quedaba: había conseguido ese pequeño trozo de papel cuando llegó allí y lo había picado en dos trozos para mandar mensajes de fuego. Ya el primero se lo había enviado a Jace esa misma tarde, pero no estaba seguro de que podía enviar esta vez: el espacio era demasiado pequeño para dar una idea general de su situación. Finalmente tomó el pequeño lápiz con el que había escrito la vez pasada y garabateó tan solo una palabra y se apresuró a marcarlo con su estela para enviárselo a su parabatai. Dejó la estela sobre su cama y se quitó la camisa del traje de entrenamiento.
Sebastian había salido luego de terminar el desayuno en la habitación de Alec; había sido extraño: casi como si fuera una persona normal. Alec se había burlado un poco de su comida y Sebastian le había preguntado por su comida favorita; pero luego todo cayó en silencio: no tenían nada de que conversar realmente y al darse cuenta de eso, el de ojos azules se sintió aún más incómodo.
No, si tenían de que conversar: Max. Aun se sentía intranquilo sobre su hermanito, y lo estaría pese a lo que el rubio dijera. No podía ser tan fácil como sentarse y esperar que un día volviera a la casa con Max a su lado, no cuando se trataba de Sebastian.
Se cambió la camisa por una que no estuviera sudada: Sebastian le había dado un par de mudas de ropa la tarde anterior; y acababa de darse cuenta mientras se ponía la franela que había usado el día anterior, que ya no tenía más prendas limpias pero tampoco había visto donde podría lavarla.
Sintió el estómago rugirle por hambre y bajó rumbo a la cocina a ver que podría prepararse. Había intentado salir en la mañana, apenas el rubio se había marchado, esa sería la mejor oportunidad que tenía para explorar a los alrededores y se llevó una fea sorpresa cuando nada más abrir la puerta un par de Oscuros lo empujaron al interior cerrándola nuevamente; había podido notar un riachuelo a pocos metros de la casa y unos caballos pastando, pero fuera de eso nada más, así que ni siquiera se preocupó en volver a pensarlo mientras bajaba las escaleras, pero no hubo puesto un pie en el último escalón cuando frente a él se apareció el rubio.
Alec respingó sintiendo su corazón detenerse, pero no estuvo seguro si fue el susto o la fea quemadura en el pecho de Sebastian acompañada de golpes en su rostro.
- ¿Qué demonios te pasó? - Preguntó; sin dejar de verlo, parecía no saber qué hacer, si acercarse al rubio y ayudarlo o no; en cualquier caso, apenas se movió.
- Me pelee con alguien - Dijo Sebastian - Nada que una Iratze de tu parte no resuelva... Espero - Esto último fue un susurro viéndose las quemaduras. Alec enarcó una ceja dirigiéndose a la cocina para poner distancia entre ellos y dejar claro que no le haría ninguna runa al rubio.
- Estoy algo ocupado ahora, la verdad - Dijo mientras tomaba un par de tomates de la alacena para picarlos. - Pero estoy seguro que sabes cómo hacerte las runas. En cualquier caso, deberías dejar de invocar demonios o lo que sea que estás haciendo. – Recomendó.
Sebastian chasqueo la lengua casi con una sonrisa, como si estuviera gozando de un chiste privado, pero no dijo nada; colocándose un par de Iratzes en el pecho, alrededor de la quemadura y quitándose los restos de la camisa del traje de batalla, tirándola sobre el sofá.
- ¿Qué haces? - Preguntó acercándose a Alec; el pelonegro fingió buscar un mejor cuchillo de corte solo para tener una excusa de alejarse de él: prefería mantener las distancias.
- Preparo algo de comer.
- ¿No has comido? - Alec negó - Tampoco te has cambiado de ropa - Eso no era una pregunta
- Estuve entrenando todo el día - Dijo Alec. Sebastian aplaudió como si hubiera llegado a una decisión y se acercó a Alec sigilosamente por detrás.
- Deja eso, saldremos esta tarde.
El chico pegó un brinco al sentir las manos del rubio en su cintura y el beso tras su oreja. Alec soltó el cuchillo que cayó repiqueteando en el suelo, y se giró apartándolo con un empujón y Sebastian rio con sorna.
-Nunca sueltes el arma, Nefilim – Comentó agachándose para recuperar el cuchillo. Hizo un movimiento rápido y Alec ya había esquivado un posible ataque pero Sebastian solo rio tendiéndole el cuchillo - Me pongo una camisa y vuelvo - Informó alejándose de Alec para subir a la habitación, pero a medio camino de la escalera se volvió hacia el chico Lightwood que aun sujetaba el cuchillo desconcertado ¿Había jugado con él? - Por cierto, me gustas cuando te preocupas por mí.
- ¡No me preocupe por ti! - Exclamó Alec de inmediato; no lo había hecho ¿o sí?
- Si lo hiciste - Contravino el rubio terminando de subir las escaleras. Alec se recostó a la barra de la cocina
Era por Max; estaba soportando todo por Max.
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Habían tomado todo lo que Magnus requería, todo lo importante al menos: el brujo repasaba mentalmente mientras veía sus cosas guardarse en cajas. Jace e Isabelle se llevarían las cosas de Alec al instituto sin que Maryse se diera cuenta y Simon y Clary les ayudarían mientras él y Tessa se irían con sus cosas al departamento de Catarina; después de todo ella ni siquiera solía estar mucho tiempo allí así que no la molestarían demasiado.
Estaban todos ya listos; lo primordial para Magnus eran sus libros y artefactos mágicos, cosas que pudiera necesitar para dar de alguna forma con Alec; tenían que darse prisa e irse o de lo contrario no estarían seguros.
Había algo, sin embargo, que le perturbaba: ¿Por qué había ido Sebastian? Él dijo que para matarlo, pero ya no estaba tan seguro; no cuando Stuart había hecho notar la ausencia de la foto del brujo con la familia Lightwood. Le preocupaba lo que pudiera hacer con ella; especialmente cuando sabía que las pociones podían funcionar si lo primero que veías era la foto de alguien conocido.
Negó con la cabeza mientras tronaba los dedos haciendo desaparecer todas sus pertenencias: ya estarían debidamente apiladas en la sala de su amiga. Los cuatro más jóvenes llevaban en brazos las cajas con las cosas de Alec. Magnus estaba listo para irse y decirle adiós a ese departamento, era solo que sentía cierta nostalgia, no solo porque lo tuviera desde hacía ya un tiempo, no, es que ese era su hogar, su hogar y el de Alec; e incluso eso les había arrebatado Sebastian.
- ¿Dónde está presidente Miau? - Preguntó el brujo de pronto. Como si lo hubieran invocado, el gato salió de la habitación sin dirigirle especial interés a ninguno. Magnus tronó los dedos y el minino fue arrastrado hasta sus brazos pese a sus maullidos asustado - Bien, estamos listos.
No habían terminado de salir cuando una pequeña bola de fuego se materializó frente a Jace. El rubio se apresuró en dejar las cosas de su parabatai en el suelo para tomar el mensaje de fuego y leerlo: en serio, a su parabatai debían estar racionándole las palabras.
- ¿Qué dice? - Saltó Magnus de inmediato.
- ¿Es de Alec? – Preguntó Isabelle, Jace asintió: reconocería su letra donde fuera.
- Solo dice "Europa" - Dijo el chico mostrándoles la nota - Europa es grande, puede estar en cualquier lugar - Dijo abatido.
- ¿Estás loco? Es la pista que necesitábamos - El ánimo de Magnus había renacido.
- Europa es muy grande - Dijo Simon - Si nos hubiera dado un país...
- Es menos territorio si tenemos en cuenta que antes lo buscábamos en 5 continentes y varias dimensiones demoniacas - Alegó Tessa.
- Dense prisa con las cosas - Dijo Magnus apresurándolos, poniendo a Presidente Miau en manos de Clary - Te encargo mi gato pelirroja. Tessa nos vamos a Europa.
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- ¿Dónde estamos? - Preguntó Alec apenas se aparecieron en una solitaria calle; no hacia demasiado frio pese a ser invierno.
- Nápoles - Dijo Sebastian como si tal cosa; encaminándose a una calle principal. Alec se apresuró en alcanzarle; no podía estar seguro si estaban solo visitando Italia o por el contrario se encontraba viviendo allí, debido a que no habían recorrido el camino hasta ahí gracias al jodido anillo del rubio. - Vamos a comer, luego conseguiremos ropa para ti.
- ¿Ropa? No...No...
- No seas testarudo - Gruñó el rubio dándole un empujoncito para que siguiera caminando al ver que se detenía.- Dijiste que la comida italiana era tu favorita ¿no? Pues aquí estamos.
- No lo decía en un sentido tan literal - Masculló Alec caminando a su lado. Efectivamente, estaban en Italia; Sebastian le encaminó por entre las calles y comentando sobre algunos datos de la ciudad mientras Alec observaba a su alrededor, cuando había visitado ese país junto a Magnus no habían conocido Nápoles, solo Roma y Venecia. Recordó el viaje con su novio, no había sido hacía tanto tiempo; un par de meses, quizás tres, pero se sentía tan lejano. ¿Qué estaría haciendo Magnus ahora? ¿Se habría enterado de su desaparición?
Negó con la cabeza fijándose más en su entorno; ahora que lo pensaba ¿Había algún instituto en Nápoles? No podía irse del lado de Sebastian, no sin su hermanito, pero si conseguía a algún Nefilim podía enviar un mensaje mucho más largo a Jace, explicarle todo y pedirle que le explicara a Magnus.
Se deprimió; supiera o no que Alec se había ido con Sebastian, seguramente Magnus seguía enojado con él debido a esa falsa idea de que realmente estaba, de alguna forma, interesado en Sebastian. No había podido explicarle antes de irse y temía que a medida de que pasaran los días, todo se complicara aún más.
- Pide lo que quieras - Exclamó Sebastian llegando a un ristorante con mesas en la calle, desde donde se podía ver el mar. Ambos se sentaron en una mesa vacía y el neoyorquino tomó la carta no muy seguro; todo estaba en italiano y solo reconocía los platos que vendían en los restaurants italianos de New York. Miró los precios surgiéndole una duda.
- ¿Cómo vamos a pagar esto?
- Primero comamos, luego pensamos en la cuenta - Dijo.
El de ojos azules desistió de intentar averiguar en qué consistían los platos y solo pidió uno al azar, Spaghetti a Vongole, un plato con almejas que recordaba haber probado alguna vez con Magnus. Sebastian pidió lo mismo.
El silencio fue tenso mientras esperaban la comida. El pelonegro intentaba ignorar al rubio, observando todo detalle de la calle mientras Sebastian, por el contrario, no dejaba de verlo fijamente; era algo totalmente incómodo y un poco escalofriante y comenzaba a poner nervioso a Alec quien no pudo evitar agradecer cuando el mesero llegó con el pedido.
Intentaron comer en silencio luego de que Sebastian comentara que era la primera vez que se detenía a comer pasta en Italia. Pero Alec pronto se cansó de tanto mutismo, después de todo había algo rondándole la mente
- ¿No vas a decirme contra que peleaste? - Preguntó de pronto. No es tanto que quisiera saberlo solo que sentía que el silencio no era lo más cómodo mientras comían.
- Créeme que no quieres saberlo - Contestó - Hablemos de cosas más agradables: la forma en que mataste al hombre lobo ayer - Alec frunció el ceño: ¿Agradable? Debía estar bromeando - No eres muy ágil con la mano izquierda usando las dagas.
- No es mi especialidad...
- Deberíamos entrenar juntos - Soltó como si fuera lo más obvio del mundo. La propuesta sorprendió a Alexander - Yo tampoco soy bueno con el arco y flecha a decir verdad.
- No pensé que viviría lo suficiente para verte admitir que no eres bueno en algo. – Bromeó el de ojos azules; Sebastian le sonrió. El simple gesto descolocó al Nefilim que acababa de darse cuenta de lo que habían hecho: estaba conversando, bromeando con él como si fuera una persona cualquiera, como si fuese un chico normal.
- Podrías enseñarme; y yo te enseñare en el combate cuerpo a cuerpo. - Ofreció. Alec se enserió entrecerrando los ojos, no muy seguro de si había algo tras su ofrecimiento.
- ¿Y qué querrías a cambio? - Preguntó con desconfianza. Sebastian observó su tenedor frente a él con el spaghetti, y se lo llevó a la boca con una sonrisa burlona.
- Si te lo digo, averiguaras si puedo vivir con una flecha en el ojo - Exclamó finalmente
- ¿Por qué haría eso? - Preguntó el Nefilim sin entender; Sebastian sonrió de lado alzándose sobre la mesa hasta él, besándole de imprevisto; fue solo un roce pero escandalizó a Alec apartándose a prisa, incluso parándose de la mesa. El rubio volvió a su silla riendo. Y fue una risa sincera, no esas risas falsas que daba cuando peleaba o quería molestar, parecía…parecía otra persona; alguien normal.
- Oh no lo sé ¿Por qué lo harías? – Siguió tomándole el pelo. El Nefilim estaba rojo de molestia y vergüenza: todas las personas en el ristorante lo estaban mirando por su culpa - Eres muy inocente - Alec no tuvo claro si eso era un alago. Sebastian suspiró - Pero ya te dije que esperaría, así que siéntate; terminemos de comer.
El ojos azules dudó pero finalmente se sentó otra vez frente al chico.
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- Entonces ese es el plan - Isabelle hablaba por lo bajo, ella, Jace, Simon y Clary estaban reunidos en la habitación de Alec. Habían logrado subir las cosas de Alec luego de un elaborado plan en el que Izzy entretenía a Maryse con alguna duda existencial de chicas mientras los demás se encargaban de pasar las cajas furtivamente.
- Pero seguramente tu madre intentara llamar a Alec - Dijo Clary - No va a tomarse muy bien que le digamos que él se fue de nuevo de viaje con Magnus por el mundo, mucho menos con todo lo que está pasando con mi hermano.
- Precisamente por eso estará de acuerdo: Maryse no querrá que Alec esté en riesgo de que Sebastian se le acerque y ella sabe que Magnus jamás se lo permitiría: alejarlo de Nueva York sería una opción acertada.
- Excepto porque él realmente esta con Sebastian - Alegó Simon, seguía en desacuerdo con la idea de ocultar la verdad - No creo que tu madre este feliz de saber que la engañamos; además seguramente sospechara cuando Alec no le conteste nunca los mensajes.
- En eso tienes razón - Admitió Isabelle pensativa, era un fallo en su plan que no había previsto.
- Tenemos otro Alec - Alegó Jace con una sonrisa de pronto - ¿No vieron lo que Tessa es capaz de hacer?
- Hay que llamarla y pedirle que se comunique con Maryse fingiendo ser Alec - Estuvo de acuerdo Clary; Simon torció el gesto para nada seguro.
- Creo que deberíamos decir la verdad – Dijo testarudo, queriendo hacerles entender - Ya oyeron a Tessa: sus padres los aman, no tienen por qué creer que Alec tiene alguna relación con Sebastian.
- Tú lo creíste – Le acusó Isabelle.
- Fue Clary quien lo pensó, yo no sabía lo que vi - Se defendió el vampiro.
- El problema es que Robert y Maryse meterán a la clave en esto y Magnus tiene razón: no es buena idea inmiscuirlos - Alegó Jace.
- Nunca es buena idea meterlos - Coincidió Izzy. - Ellos si desconfiaran de Alec porque el idiota se fue con Sebastian por su propio pie.
- Lo cual, deben admitir que es sospechoso - aseguró Simon ganándose una mirada furiosa de ambos Lightwoods; el chico de Brooklyn alzó las manos en señal de rendición – Vale, vale, pero Clary también lo piensa.
- ¿Si no creen en Alec que demonios hacen aquí?
- Creemos en Alec- Aseguró Clary a la defensiva ante la pregunta de la otra chica - Pero eso no quita que sea sospechoso - Izzy estuvo a punto de gritarle pero se calló de inmediato cuando la puerta de la habitación se abrió pasmándolos a todos en el acto.
- ¿Que hacen ustedes cuatro en la habitación de Alec? - Preguntó Maryse confundida. Había estado rumbo a su habitación y escuchó voces en la de su hijo mayor, la cual se suponía debía estar vacía.
- Hablamos - Dijo Izzy de inmediato con una sonrisa amplia que pretendía ser inocente; gracias a Raziel que habían guardado las cajas con cosas de Alec en el closet. La mujer entrecerró los ojos con sospecha.
- ¿Porque no hablan en sus cuartos?
- Este es nuestro cuartel secreto - Aseguró Jace.
-Raziel sabe que cada vez que ustedes se reúnen hacen alguna locura - Dijo la mujer con tono cansado - Solo... Solo no invoquen demonios mayores otra vez.
- ¿Invocar demonios? ¿Nosotros? - Ironizó Simon; Izzy lo codeó. La mujer los miró con aun más sospecha pero decidió mejor dejarlo por su salud mental. Estuvo a punto de irse pero volvió otra vez, cambiando de opinión.
- Si se comunican con Alec díganle que quiero hablar con él, tengo rato intentando llamarlo y me cae al buzón. – Los cuatro chicos se estremecieron, esta vez mucho más notoriamente; Maryse los miró con dureza, no le quedaba duda que algo pasaba.
- Si, sobre eso... - Jace intercambio mirada con los otros cuatro rápidamente. Isabelle le asintió al igual que Clary - Alec y Magnus se fueron de viaje por Europa otra vez
- ¿Qué?
- Magnus pensó que sería una buena idea para olvidarse de Sebastian y todo eso - Alegó Izzy de inmediato. Maryse suspiró: así que por eso se estaban comportando raro. No tenía caso enojarse con ellos si Alec ya se había ido, aunque como mínimo su hijo pudo haberle avisado. Se masajeó la sien con cansancio.- Intenta llamarlos al número de Magnus - Propuso Isabelle de inmediato.
- Solo... avísenme cuando se comuniquen - Dijo cerrando la puerta finalmente, mascullando algo sobre que los hijos ignoraban la existencia de sus padres cuando crecían. Los cuatro adolescentes en la habitación dejaron escapar el aire que habían contenido.
- Bueno, ya se lo dijeron; no se puede hacer nada - Dijo Simon con derrota.
- Tenemos que hablar con Tessa y advertirle a Magnus - Exclamó Isabelle de inmediato tomando su celular para llamar al brujo
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- Si, debes llevarte ese pantalón - Comentó Sebastian viendo a Alec una vez que este salió del probador, el rubio lo miraba apoyando su mejilla sobre una mano que se apoyaba a su vez sobre el caballete de ropa - Me gusta cómo te queda, provoca morderte.
- ¿Qué? Morderme que...
- Si te lo digo me clavas una flecha en el ojo - Dijo con burla.
- ¿Ya podrías dejar eso? – Dijo cansado por el chistecito - No voy a clav...Oh - El pelonegro se ruborizó cayendo en cuenta. Alec volvió al probador a prisa.
Había una amplia diferencia entre comprar ropa con Sebastian y hacerlo con Magnus:
Magnus lo había llevado de compras también más de una vez; pero el brujo nunca paraba quieto, Alec tenía mil prendas en mano y otras mil más elegidas por el brujo para que se probara "Esta combina con tus ojos" "Esta con tu cabello" "Estos zapatos para esta camisa" " Yo me compre uno igual, tienes que comprarlo para ir a juego" Era agotador aunque debía admitir que valía la pena cuando Magnus conseguía eludir al encargado y se metía en el probador con él para una entretenida sesión de besos. Con Sebastian en cambio, el rubio solo observaba aburrido esperando que él eligiera y se probara lo que quisiera; le hacía pensar que comprar ropa con él no tenía por qué ser estrictamente una tortura; al menos mientras mantuviera la boca cerrada y no dijera esos incomodos comentarios.
Tan solo unos pocos minutos después salió con unas cuantas prendas en mano; no se sentía cómodo con eso, pero Sebastian le había advertido que no se irían hasta que eligiera algo.
- Solo esto - Dijo y agregó - Pero yo realmente no tengo dinero.
- Ya me encargué de la comida ¿no? – Preguntó el rubio con altanería haciendo un gesto a la encargada que tomó las prendas - También llevaremos esto. – Dijo en italiano a la mujer entregando unas prendas que él mismo había elegido. Alec sintió un nudo en su garganta al darse cuenta que eran prendas más pequeñas, para un niño.
La encargada tomó toda la ropa y los llevó hasta el mostrador de caja para facturarlos y colocarla en bolsas.
- ¿Efectivo o Tarjeta? - Preguntó ella también en italiano. Sebastian sonrió de lado tomando las bolsas.
- Que tal...ninguna - Antes de que alguna de las personas en la tienda pudieran reaccionar el rubio tomo a Alec de la muñeca y ambos desaparecieron del interior del local; cuando el pelonegro se dio cuenta, estaban en el tejado de una casa de tres pisos.
Se podía observar prácticamente toda la ciudad desde allí y el sol estaba camino en ocultarse reflejando tonos naranjas en el mar mientras el rubio reía con burla; pero Alec solo se soltó de él, molesto.
- ¿Notaste sus caras? ¡Estúpidas mundanas!
- ¡Eso es robar! - Se quejó el ojos azules - No usare nada robado. - La risa del rubio se acalló.
- ¿Vas a decirme que nunca usaste algo que el brujo robó?
Alec abrió la boca para defenderse pero las palabras murieron en su garganta al verse desarmado: era verdad, si bien Magnus había dejado de hacerlo tanto desde que estaban juntos, solo un chasquido y ya tenían frente a ellos desde un café hasta los nuevos pantalones de GAP que Magnus tanto quería.
- No... no es lo mismo - Farfulló. - Magnus no... Él pone el dinero en la caja registradora – Sebastian no pudo contener la burla.
- Hace un rato pensé que eras muy inocente Alexander, pero me pregunto si eres solo un poco idiota. - El ojos azules lo fulminó totalmente con la mirada.
- Ha de ser lo segundo porque estoy aquí contigo.
Esta vez la risa de Sebastian fue un poco más baja y gutural, casi divertida. Alec lo miró de reojo pero el rubio solo miraba al infinito observando el atardecer. No tenía caso ponerse a discutir por el asunto de la ropa…
- ¿Alec?
- ¿Qué? – Gruñó. Sebastian lo miró interrogante. Alec negó con la cabeza; le había parecido escuchar que alguien lo llamaba. En cambio suspiró y volvió la mirada en dirección en la que Sebastian veía, donde el Vesubio complementaba la imagen de ese atardecer; y preguntándose qué demonios era lo que estaba haciendo.
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- ¿Viena? ¿Porque Viena? -Preguntó Tessa confundida al atravesar el portal y haber aparecido justo allí. Sabía que tenían mucho terreno que cubrir, es decir era toda Europa, pero sentía curiosidad porque comenzar por Viena de entre todos los lugares.
- No lo sé, llámame sentimental pero fue el último lugar en que Alec y yo estuvimos antes de que interrumpieran nuestro viaje hace unos meses - Dijo - Estábamos en la ópera, en el entretiempo cuando Maryse nos llamó.
- Eres todo un sentimental Magnus - Bromeó Tessa; él sonrió con nostalgia: había amado Viena, esa vez en la opera fue la única que vio a Alec en traje, había pasado toda la primera mitad de su cita con Alec esperando el momento de volver al hotel, conteniéndose las ganas de arrancarle el traje y hacerle el amor al ojos azules; pero luego fueron envuelto en todo el asunto de volver a Nueva York por Camille y los problemas que ella trajo. Suspiró, tenía que poner todo su empeño en encontrar a su novio, para que esa no fuera la última vez que lo veía tan bien arreglado, para tener su oportunidad de arrancarle el traje con besos y deseo como tanto había esperado esa noche.
No perdieron el tiempo, se apresuraron en buscar habitación en el primer hotel que consiguieron; parecía un sitio de mala muerte pero ellos solo necesitaban un lugar donde realizar sus hechizos sin una pila de mundanos viendo.
- ¿Ya a un motel sin invitarme a comer primero, Mags? - Se rio Tessa entrando a la habitación; ambos llevaban únicamente un morral al hombro cada uno - El romance y la galantería se han perdido.
- Soy un hombre directo, sin tantos preámbulos - Bromeó él chasqueando los dedos para encender la luz; el lugar era horrible y se escuchaba totalmente toda la acción de la habitaciones de los lados.
- ¿Te importaría? - Preguntó Tessa señalando las paredes. El brujo tronó los dedos insonorizando el lugar y otro chasquido más para cambiar las colchas por una realmente limpia antes de sentarse allí.
- Tengo que montar el hechizo de una vez- Dijo Magnus preparando los mapas a su alrededor con ayuda de Tessa: había un mapa Mundo y uno de Europa y uno de cada país europeo, no quería falsos negativos por no tener a la mano el mapa de la ciudad donde estuviera su nephilim. Tessa le tendió el arco de Alec que él tomó de inmediato.
- Deberíamos avisar al instituto de aquí – Comentó ella - Podrían ayudarnos a buscarlo o quizás saben algo.
- Está bien - Coincidió, seguía sin querer inmiscuir a la Clave, por algo no le había dicho nada a los padres de Alec, pero admitía que la búsqueda de un Nefilim cualquiera perdido (como lo tomarían los institutos europeos) no causaría tanto revuelo como la búsqueda del hijo del inquisidor perdido (como lo tomaría Robert).
El brujo estuvo cerca de una hora buscando; rastreó cada centímetro de los mapas. Tessa había salido rápidamente a la cafetería de la esquina por un café y algo de comer para ambos, le habría gustado aparecerlos pero ella aunque hacía magia no podía usarla de la forma en que su amigo lo hacía. Recibió una llamada de Isabelle quien le explicó la mentira que habían dicho a su madre y le pedía hacerse pasar por Alec para hablar con ella; la bruja aceptó, ella prefería que le dijeran la verdad a los Lightwoods pero no iba a intervenir en la decisión que Magnus y los hermanos de Alec habían tomado.
Suspiró volviendo al motel, suponía que la habían llamado a ella porque Magnus estaba demasiado concentrado como para darse cuenta que lo llamaban. Tendría que hablar con él para planear lo que le dirían a Maryse. La chica torció el gesto con preocupación al entrar de nuevo a la habitación y ver a su amigo aun concentrado con el rostro lleno de sudor; si esa situación se mantenía por mucho tiempo desgastaría a su amigo.
- ¡Tessa! ¡Tessa! - El grito de Magnus la hizo respingar del susto, pero rápidamente dejó el café sobre el televisor viejo para correr hasta Magnus que veía un punto en específico donde se había prendido una pequeña luz azul. Tessa miró la luz y luego a Magnus que parecía no estar seguro de estar alucinando.- ¡Dime que el hechizo funcionó y no estoy loco!
- Estás loco - Dijo ella con una sonrisa - Pero si funcionó - Celebró. La luz estaba marcando a Italia en el mapa mundo; la bruja se apresuró en acercarle a Magnus el mapa de Italia para repetir el hechizo allí; no fue rápido, algo estaba interfiriendo con los hechizos de rastreo pero Magnus era persistente y también poderoso. Tessa le trajo la taza de café mientras lo veía trabajar; le tomó cerca de media hora conseguir que el hechizo marcara Nápoles.
- Intenta convertirte en él - Pidió Magnus; estaba agotado pero feliz de ver como la luz brillaba: era la primera vez que tenía algún tipo de resultado desde que toda esa situación de Sebastian había comenzado. Tessa no esperó un segundo pedido; dejó que la piel de Alec la cubriera por completo, y expandió su mente buscando la del ojos azules.
Y pudo encontrarla.
Magnus sintió el corazón volcársele al ver la sonrisa de Tessa en labios de Alec; la chica casi sentía como su mente tocaba la de Alec, lo había conseguido aunque la conexión fuese debil. Tessa empujó con más fuerzas sus pensamientos hacia el Nefilim, tenía que conectar con él.
Tuvo destellos: el mar, un volcán, el rostro de un niño de cabello negro con los ojos cerrados, un ángel; vio el rostro de Magnus, esa imagen en particular se sentía como con añoranza y quizás un poco de arrepentimiento.
- ¿Alec? - Pensó; quería intentar comunicarse con él, saber que estaba pasando pero la debil conexión entre sus mentes se rompió empujandola lejos de la mente del chico, apartándola por completo.
Tessa volvió a ser ella misma llevándose las manos a la cabeza; tenía una tenaz punzada que parecía querer partirle en dos la cabeza. Magnus se apresuró a ella dejando caer el arco y ayudándola a sentarse, pero la chica negaba con la mano.
- ¿Estás bien? - Preguntó preocupado.
- La conexión - Dijo a modo de disculpa - Soy muy debil.
- Lo siento, no debí pedirte...
- Olvídalo Magnus Bane, no es el momento de disculparse - Lo riñó ella - Toma tus cosas y abre un portal ya mismo a Nápoles – El brujo la miró con confusión pero ella sonrió - Pude tocar su mente, fue corto, pero sin duda vi el Vesubio.
Magnus sintió que podría besarla pero eso solo le haría perder tiempo. Chasqueó los dedos a prisa y las pocas cosas que habían desempacado se guardaron rápidamente en las mochilas; no había tiempo que perder.
- ¿Viste algo más?
- Un remolino de cosas: vi un ángel, y tu rostro, y el de un niño, no se quien sea
- Eres la mejor Tess.- Dijo él ahora si besando su frente rápidamente
- Lo sé - Sonrió ella tomando también su mochila e invocando una pastilla para el dolor de cabeza mientras el brujo se apresuraba en establecer un portal que los llevara a Italia junto a su Nefilim
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Suspiró sentándose en la cama luego de haber observado su ropa en el espejo; se había colocado una de las nuevas mudas que hacía unas horas Sebastian había...adquirido.
Habían vuelto a la casa del rubio al anochecer, este le habia dicho que entrenarían juntos, sin embargo Sebastian se marchó casi de inmediato, luego que un Oscuro le susurrara algún mensaje. "Volveré en la mañana, espérame bien vestido para celebrar" - Había sonado como un comentario casual, pero Alec sabía que era una orden; y ahí estaba, acababa de amanecer y él ya estaba vestido; preguntándose qué demonios celebrarían ¿Otro instituto destruido? Se estremeció solo de pensar que pudiera ser eso; que pudiera ser su hogar.
Suspiró otra vez recostándose en la cama y tapándose el rostro con el antebrazo; había estado pensando toda la noche hasta qué punto estaba dispuesto a llegar mientras estuviera ahí: cada minuto que pasaba lo ponía en gran riesgo porque era un minuto más cerca de que la poción de amor dejara de funcionar; y escapar no iba a ser fácil, mucho menos con los oscuros vigilando la entrada y salida de la casa día y noche. Necesitaba un plan de escape para cuando tuviera a Max con él, y rezarle a Raziel porque la poción no perdiera su efecto antes; pero tambien, cada minuto alli con la poción de amor funcionando en Sebastian, era un minuto en que el medio demonio lo deseaba, un minuto mas cerca de que se cansara de "esperar" y quisiera tomarlo a la fuerza; y Alec temía que no se resistiría si le amenazaba con la vida de Max.
Se incorporó sintiendo la boca seca y tomó agua de la jarra que mantenía siempre junto a su cama; suspirando por millonésima vez: había algo más que lo estaba perturbando desde el día anterior, y no se sentía orgulloso en lo absoluto de admitirlo, ni siquiera ante sí mismo:
Salir con Sebastian no había estado tan mal.
El rubio era un demente; eso Alec lo tenía claro pero no había sido desagradable del todo; Alec se había sorprendido a si mismo riendo por alguna cosa que Sebastian había mencionado; incluso le había sorprendido que se ofreciera a ayudarle a entrenar; sabía que Sebastian no lo consideraba un aliado en lo absoluto, por algo no le hablaba de sus planes de ataque ni mucho menos; entonces, ¿porque ofrecerse a entrenar a alguien que está en el bando enemigo, por muy enamorado que digas estar suyo? No podía ser porque estuviera preocupado de que saliera lastimado en alguna pelea ni mucho menos ¿O sí? ¿Tanto así se preocupaba por él?
Se incorporó de la cama dispuesto a bajar a la sala. Ya sería hora que el rubio llegase y sinceramente tenía curiosidad de saber que querría de él.
Tal vez, después de todo; Sebastian no fuera más que un muchacho con un alma corrompida por un demonio; como un metal con una capa de óxido tan gruesa que solo sea eso lo que se puede observar, pero que a fin de cuentas, si se remueve, sigue siendo el mismo metal. Recordó la imagen del muchacho riéndose el día anterior, una risa sincera, divertida que no pensó que tendria; una risa que le hacía pensar que tal vez había algo más aparte de lo que Valentine creó.
Bufó ante sus propios pensamientos absurdos. Sebastian era Sebastian; el hijo de Valentine y Lilith; esperar algo más en él, no digamos bondad sino normalidad, era como pedirle hijos a un brujo...imposible.
La puerta se abrió con brusquedad y Alec se incorporó de inmediato en alerta. Lo primero que vio fue a Sebastian, su mirada agotada que al conectarse con la sorprendida de Alec sonrió con triunfo pero el Nefilim no tuvo tiempo a ver ese gesto: sus ojos se habían enganchado a lo que el chico llevaba en brazos; a quien cargaba con cuidado.
- Está...Max está...- Su voz era aguda y temblaba, tenía miedo a preguntarlo porque tenía miedo a la respuesta; después de todo su hermanito tenía los ojos cerrados y estaba inmóvil en brazos del rubio quien terminó por entrar. Uno de los oscuros que vigilaba la entrada de la casa cerró la puerta mientras Sebastian se dirigía al sofá de tres plazas tras Alec donde posó al niño.
El Nefilim sintió las lágrimas cubrir sus mejillas sin reparo dejándose caer de rodillas junto a su hermanito, tomando su mano. Sebastian se sentó en el sofá de enfrente, realmente parecía exhausto.
- Está dormido - Pero sus palabras apenas fueron oídas por Alec; él solo podía ver el suave movimiento del pecho de Max con cada respiración aun sin poder creer que lo tenía de vuelta, de verdad; con su cálida y pequeña mano reposando entre las suyas.
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¿Que tal?
¿Que creyeron? ¿Que Sebastian no cumpliría? pues ¡Ya trajo a Max! vivito y coleando... oh bueno, ¿dormidito y respirando?
Y que tal esa... ¿Primera cita?
Y Magnus haciendo todo el esfuerzo de dar con Alec con ayuda de Tessa :)
El proximo capitulo se llama "Max" a ver como lleva las cosas el pequeño Lightwood
Nos leemos pronto
besos :3
