/AN: Aquí os dejo otro capitulo. Que disfrutéis de la lectura :)
CAPITULO 10, La Caza
Reira apoyó la espalda contra un enorme roble respirando con dificultad. Seguía sin poder acostumbrarse al extraño flujo de su chakra, lo que provocaba que sus jutsus no fueran tan efectivos como deberían. Suspirando con frustración levantó la cara hacia el cielo azul. Como echaba de menos la lluvia. Amaba el sonido del agua chocando contra el suelo. La dejaba tranquila y la hacía sentirse un poco más segura.
El viento sopló con fuerza levantando las hojas caídas y desarreglándole el pelo. Reira dio un salto a un lado evitando el impacto de los kunais que fueron lanzados en su dirección y sin perder el tiempo dio otro salto esquivando las trampas que fueron puestas previamente. Haciendo un par de sellos con las manos hizo un jutsu ilusorio. Unos segundos después pudo oír el sonido de tres cuerpos chocando contra el suelo. Sin perder el tiempo se fue de aquel lugar. Estaba segura que si se quedaba ahí pronto la encontrarían. Corriendo por el bosque hizo un cálculo mental. En el cuartel había contado treinta y cinco miembros presentes. Descontando a uno que había paralizado, los tres que acababa de poner bajo un genjutsu, Kakashi y Sasuke le quedaban veintinueve individuos. Maldijo por lo bajo. No le apetecía jugar al corre, que te atrapo durante todo el día.
Saltando hacía arriba se quedó parada en una rama de árbol. Mirando alrededor intentó sentir la extraña presencia que la estaba siguiendo hace ya un rato. El sonido del aleteo de las alas la hizo darse la vuelta. Sorprendida miró con asombro al cuervo que se posó en una rama al lado de la suya. Sin embargo no era un simple cuervo. Cuando la miró pudo ver dos pares de ojos color sangre. Sonrió al reconocer el mensajero favorito de Itachi. El extraño pájaro podía manipular a gusto su aura lo que le hacía mucho más difícil de detectar, además de que le permitía intercambiar temporalmente su mente. Sin embargo su sonrisa murió al instante cuando una lluvia de shurikens y kunais cayó sobre ellos. Gruñendo con frustración le hizo una señal al cuervo para que se alejara a la vez saltando lejos del lugar. Con el rabillo del ojo vio los casi invisibles hilos y los papeles explosivos unidos a estos. Hizo un par de sellos con las manos y esperó. Apenas pasaron segundos cuando se dio cuenta que no había pasado nada. Ningunas alas apareciendo en su espalda.
-¡Maldición! –murmuró por lo bajo al recordar que ya no podía usar aquel jutsu, ya que Nibi no estaba con ella. Miró hacia abajo donde la esperaba la mortal trampa. Si no hacia algo rápido acabaría seriamente herida. Otra vez.
-Reira. ¿Qué está pasando? – la preguntó el pájaro con la voz de Itachi. Esta hizo otros sellos y una barrera los rodeó a los dos. – ¿Estos son los ANBU de Konoha? – preguntó perplejo.
-Me desafiaron. – se defendió. – No dejaré que ningún idiota me llame cría. – le dijo ofendida. A pesar de estar en forma de un pájaro pudo ver como rodaba los ojos.
-Estas en serios problemas, si quieres mi opinión. Volando hacia aquí pude ver por lo menos una docena dirigiéndose hacia aquí. – Reira suspiró, esquivando siguientes trampas.
Aun no había visto a ningún ninja pero podía sentir su presencia. Se escondían entre los árboles buscando la oportunidad adecuada. A su alrededor estallaban los papeles explosivos, volaban shurikens y bombas de humo que dificultaban sus movimientos y le bloqueaban la visión.
-Esto está empezando a ponerme de los nervios. ¿Es que no tienen nada mejor? Estas trampas empiezan a fastidiarme. – se quejó enfurruñada. Itachi voló hacia arriba para poder ver mejor.
-Hay tres a tu derecha. – avisó y Reira rápidamente hizo sellos atrapándolos en una técnica de elemento tierra, bloqueándoles la salida. – Otros dos delante de ti. – volvió a hablar. Sacando su propio equipo de hilos los tiró en el aire atrapando a sus oponentes antes de que pudiesen reaccionar.
Miró alrededor intentando ver algo mas cuando vio como dos shurikens volaban hacia el cuervo negro. El tamaño del pájaro no le permitiría esquivarlos a tiempo y le darían de pleno. Sintiendo como la rabia hervía en su sangre saltó hacia arriba para repelerlos, pero su camino le fue bloqueado por uno de los ninjas. Dio un salto hacia atrás y tiró dos kunais que chocaron con los shurikens lanzados hacia Itachi desviándolos de su camino. Sin embargo el movimiento que hizo la hizo perder el equilibrio y sintió como dos brazos intentaban atraparla desde atrás.
Haciendo un movimiento fluido en el aire evitó los brazos del atacante pero no pudo evitar que hiciera contacto con su cuerpo. Le rozó el hombro con la mano intentando atraparla y cerró su mano alrededor de su pelo tirando de él. Reira siseó de dolor. Tiró un kunai al ninja, que la soltó de inmediato para poder evitar el impacto. El cuerpo de Reira se tensó y todos pudieron sentir el extraño cambio en su chakra. Los ninja se quedaron quietos un momento mirándola cuando aterrizó en el suelo con gracia. Tenía la cabeza agachada y el pelo le cubría la cara. Sus manos estaban apretados en puños con tanta fuerza que los nudillos se volvieron blancos. El silencio reinó en el bosque hasta que fue interrumpido por el aleteo de las alas. El cuervo se posó en el hombro de Reira, pero esta ni se movió.
-¿Estás bien? – la preguntó preocupado. Sabía que ella odiaba que le tocasen el pelo, siendo él la única excepción. No le extrañaba al saber el porqué lo odiaba.
-Vete de aquí. – le dijo con voz dura.
-¿Qué? – preguntó incrédulo. ¿Se había enfadado con él?
-No quiero que veas como masacro a estos idiotas. – le dijo con voz temblorosa, intentando controlar su rabia. – Vete de aquí. Por favor. – le suplicó, su cuerpo temblando incontroladamente.
-¿Que estas murmurando ahí, mocosa? – preguntó burlón el que la había tirado del pelo. – No me digas que tiré un poquitín demasiado fuerte y ahora estas llorando. – rió, pero tan rápidamente como vino su risa se desvaneció al ver la furia grabada en las facciones de Reira, que ahora los miraba a todos con abierta hostilidad.
-No volverás a tocarme de ese modo nunca más. – le dijo con tranquilidad que contrastaba enormemente con su furia.
Los ninjas dieron una paso atrás involuntariamente al sentir el flujo de su chakra incrementarse. Con toda la tranquilidad sacó un kunai de su bolsillo y se cortó la palma de la mano. Levantándola en el aire la apretó en un puño haciendo caer gotas de sangre. Los ojos de todos se abrieron de par en par al ver que estas en vez de caer al suelo flotaban en el aire. Con su furia ardiendo Reira empezó a formar sellos. Itachi al darse cuenta de la técnica que iba a usar se estremeció. Sin perder el tiempo retomó el vuelo.
-¡Corred! – les gritó a los ninjas. – No tenéis oportunidad si os quedáis aquí. – les avisó y volvió a acercarse a Reira que aun seguía formando sellos. – ¡Reira! ¡Déjalo ya! Te arrepentirás después, ¿me oyes? – intentó llegar hacia ella pero sin resultado.
Parecía como si estuviese en un trance, intentando con todas sus fuerzas bloquear los dolorosos recuerdos. Algunos de los ninjas tomaron la oportunidad e intentaron atacarla. Sus intentos fueron bloqueados por ella con facilidad y pronto se vieron rodeados por una lluvia de kunais hechos de su sangre. Sin ninguna oportunidad de escapar gritaron de dolor cuando estos les perforaron la piel. Pronto sus voces se desvanecieron y se quedaron paralizados en el suelo como otro de los efectos de su extraña sangre.
-¡Reira! ¡Para! – volvió a gritar agitando sus enormes alas delante de su cara para hacerla reaccionar.
De la nada Itachi pudo sentir otra presencia. Kakashi apareció apenas unos metros de ella mirando a su alrededor con cara de fastidio.
-Os dije que no la molestarais. – dijo suspirando. – Reira, ya basta. Se acabó. Ganaste. – intentó decirle pero ella no escuchaba.
Sus ojos eran dos remolinos oscuros de sangre que no se parecían en nada a sus ojos morados de siempre, ni siquiera se parecían al sharingan. Suspirando resignado Itachi recorrió a su último recurso. Se paró delante de ella y la atrapó bajo un genjutsu y no pasó más de medio segundo cuando Reira parpadeó desconcertada.
-Vuelve a taparte el sharingan. – le dijo con tranquilidad a Kakashi que se había bajado la máscara de la cara para poder atacar o defenderse por si era necesario.
Mirando alrededor vio el alboroto que había causado. Suspiró con fastidio al ver una docena de ninjas tirados en el suelo, paralizados por culpa de su sangre y otra docena mirándola con incredulidad, temor y sorpresa.
-Lo siento. – se disculpó a Itachi que seguía a su lado. – Hablaremos mas tarde. – le dijo y el cuervo retomó el vuelo hacia el cielo sin nada más que un simple asentimiento de cabeza.
Nadie se atrevió a decir nada esperando el próximo movimiento de Reira. Mirando a sus pies vio el enorme charco de sangre que con facilidad se extendería por todo el bosque destruyéndolo todo a su alrededor como si fuera un ácido. Solo le faltaba hacer dos últimos sellos para poner el jutsu en movimiento. A veces se asombraba incluso a sí misma, sabiendo que con unas gotas de su sangre podría destruir un bosque o una villa enteros sin dejar ni rastro de vida. Cerrando los ojos hizo un sello con las manos y el charco empezó a disminuir de tamaño hasta dejar solo unas cuantas gotas que se elevaron en el aire hasta su brazo extendido, donde cerraron el corte que se hizo en la palma de la mano. Los ninjas la miraron con pregunta grabada en las facciones.
-¿Cuándo volverán en sí? – la preguntó Kakashi señalando los cuerpos de los ninjas tirados en el suelo.
-Un día, puede que menos. – respondió con voz monótona. – Será mejor que no los dejéis aquí tirados. Solo están paralizados pero siguen oyéndonos y sintiendo el dolor así que tened cuidado. – volviéndoles la espalda se encaminó hacia la villa.
-¡Espera! – gritó alguien detrás de ella. – Aun no hemos acabado.
-Déjalo chico. – le advirtió Kakashi. – No quieres volver a enfadarla. Es un milagro que salió del trance. Un segundo mas y habríais muerto todos sin excepción. – dándoles la espalda siguió a Reira.
-¿Estás bien? – la preguntó preocupado. Ella le miró con ojos entrecerrados.
-Es una pregunta estúpida dado el hecho de que casi mato a la mayoría los miembros ANBU de la villa que se supone debo proteger. En ese momento agradecería que dejaras de meterte en mis asuntos. Mejor reza para que no les mate cuando esa persona acabe de darme el sermón. – le dijo con dientes apretados.
-¿Esa persona? ¿Te refieres al cuervo que estaba contigo?
-Te acabo de decir que no te metas en mis asuntos. Lo que incluye preguntas personales que no quiero responder. – suspirando Kakashi se dio por vencido y pasaron el resto de camino hacia Konoha en silencio. Cuando llegaron ya estaba anocheciendo y el sol casi se puso.
-Parece que has ganado. – felicitó Kakashi. Sin decir una palabra Reira le dio la espalda y se dirigió hacia la montaña donde estaban grabadas las caras de los hokage para ver a Nibi.
-Estúpida. – le dijo este en cuanto la vio.
-Una palabra más y te arrepentirás. – respondió con los dientes apretados.
-Hn. Solo digo lo que pienso. Si hubieras acabado el jutsu habrías destruido no solo el bosque sino la aldea entera. Además de que tu cuerpo no lo aguantaría.
-No me lo recuerdes.
-Vaya, ya estás aquí. – dijo Tsunade uniéndose a la conversación. – pensé que te llevaría un poco más el asunto con los ANBU. – dijo extrañada, acercándose a ellos.
-No menciones esa palabra por hoy. Porque aun puedo cambiar de opinión y acabar lo que empecé. – dijo furiosa.
-Será un poco difícil, ya que pedí ayuda a algunos miembros para sellar al bijú. A decir verdad ya deberían estar aquí. – dijo pensativa sin poder entender a que se refería. Reira se encogió interiormente.
-Creo que deberíamos empezar sin ellos. No creo que lleguen a tiempo. – dijo empezando a sentirse un poco culpable. Su última frase se vio interrumpida por la llegada de un grupo de ANBU que no habían sido heridos durante la batalla. Todos se agacharon mostrando sus respetos a la hokage y para su total sorpresa y asombro hicieron lo mismo con ella. El líder se adelantó dos pasos y se arrodilló delante de ella con la cabeza agachada.
-Estaremos encantados de trabajar bajo su mando Reira-sama. – dijo con voz alta y clara. Reira le miró con ojos abiertos de par en par.
-Vaya, eso no es lo que dijisteis esta mañana. – dijo enfadada aunque su expresión se suavizó al rato al verlos encogerse de miedo y humillación. - Pero no voy a cuestionar vuestra decisión. Será un placer trabajar con vosotros. – todos la miraron sorprendidos pero enseguida asintieron con fervor. – Ahora si me disculpáis tengo que ir a prepararme. – se dio la vuelta y se quedó quieta. Su humor cambió nuevamente. – Aunque por otro lado me gustaría destriparlos ahora mismo. – murmuró entre los dientes apretados al recordar que aun la esperaba una charla para nada confortante y haciéndolos encogerse otra vez a los que estaban más cerca de ella y la habían oído. Resignada se dirigió hacia el objeto de su incomodidad.
-¿A dónde vas? ¿No ibas a prepararte? – la preguntó Tsunade extrañada al verla alejarse de ellos.
-Primero tengo que escuchar un sermón. – le dijo mirándolos a todos con hostilidad, haciendo que den un paso hacia atrás involuntariamente. – ¿Algún problema con eso? – todos negaron.
Ignorándolos se dirigió hacia la linde del bosque donde un enorme cuervo negro estaba acomodado en uno de los enormes árboles. Era difícil no reparar en la belleza del pájaro. Sin embargo Reira no pudo admirar esa maravilla. Se sentó delante de árbol con las piernas cruzadas, con la cabeza agachada. Parecía una niña preparada para recibir el castigo por hacer una travesura. El silencio reinó entre ellos haciendo que Reira se encogiese por dentro al saber que Itachi no decía nada por la rabia que le consumía.
-¿Sabes que acabas de meterte en un enorme lío? – dijo con la voz temblorosa, intentando controlar su enfado. Reira se encogió por fuera ante el tono de su voz. – ¡No me puedo creer que perdieras el control de ese modo! ¿Sabes las consecuencias de tus actos? ¡Podrías haber matado a todos esos ninja! ¡Podrías haber destruido el bosque junto con la villa! – Reira pudo sentir como sus mejillas se tenían de rojo por la vergüenza. Había decepcionado no solo a si misma pero también a Itachi y a Nibi. – Y lo más importante… - siguió Itachi y Reira pensó que se iba a poner a llorar. ¿Había más? – Me diste un susto de muerte. – dijo con la voz cargada de preocupación y descendió desde la rama hasta el suelo parándose delante de ella. – Los dos sabemos que ese jutsu es muy peligroso. Si algo te hubiese pasado no sé lo que haría. – Reira levantó la mirada. Los ojos del pájaro habían vuelto a su color negro pero podía ver con claridad la profundidad de su tristeza. – A veces me siento como un inútil. No puedo protegerte porque eres capaz de hacerlo por ti misma. Eso es tan patético. Se supone que los hombres son los que protegen a las mujeres, no al revés. – dijo con tristeza.
-¡Te equivocas! – gritó Reira con fuerza atrayendo la atención de todos en su dirección. Los dos estaban lo suficientemente lejos para que nadie pueda oírlos pero su grito se podía oír claramente. Bajando la voz habló con tranquilidad. – No eres patético y tampoco un inútil. Eres un ninja poderoso y todos lo saben. No me importa si tienes más fuerza que yo o no. Solo quiero estar contigo. Además, con todo el poder que poseo necesito a alguien que se convierta en un interruptor. Si no fuera por ti habría hecho cosas de las que me arrepentiría después. Hoy me di cuenta que mi poder me superaba. La cantidad de chakra que tengo y la barrera de sangre superaron todas mis expectativas. Como siempre estaba vinculada con Nibi no me di cuenta de la extensión de mi propio poder. Y me alegro que estas a mi lado para ponerme de vuelta en la realidad. – Itachi se le acercó aun más y acarició con la cabeza la mejilla de Reira. Ella a su vez pasó la mano por las sedosas alas negras.
-Hoy vine a verte para decirte que no podremos vernos por un tiempo. Esta mañana Madara había convocado a todos los miembros de Akatsuki al cuartel general. Tenemos que reunirnos esta noche y no podremos salir de ahí hasta el día del ataque. Madara probablemente quiere probar el poder de los bijú que hemos coleccionado. No puedo decírtelo con exactitud pero creo que tardaremos alrededor de un mes. A lo mejor un poco más. Sé que harás tus propias preparaciones pero ten cuidado. Madara empezó a vigilar la villa. Si ve que todos los ninjas vuelven a Konoha puede empezar a sospechar.
-No te preocupes. Tendré cuidado. Tú también no bajes la guardia. No quiero que alguien te descubra. – Itachi asintió y volvió a acariciar su mejilla. Alejándose un poco batió sus alas elevándose en el aire. Un minuto más tarde su presencia desapareció por completo.
Tsunade se acercó hacia ella para ver qué pasaba. Quería saber con quién estaba hablando. ¿A lo mejor era el espía que le pasaba la información? ¿Pero entonces por qué habría dicho que iba a escuchar un sermón? ¿Quién era esa persona misteriosa?
Se acercó con paso tranquilo hacia la chica que seguía sentada en el suelo con la cabeza agachada y solo cuando estaba a unos metros de ella que se dio cuenta que algo estaba mal. Reira apretaba la mano contra su boca como si estuviera aguantando las nauseas. Su cara estaba incluso más blanca que de costumbre y una capa de sudor cubría su frente. Pocos segundos después le dio un ataque de tos. Al alejar la mano de su boca las dos miraron la sangre en su palma. Nibi se acercó hacia ellas y se sentó detrás de Reira que seguía sin mirar a ninguno de los dos.
-Estúpida. – volvió a insultarla como si nada, mirando en otra dirección.
-¿Perdón? – le preguntó Reira levantando una ceja, aunque su expresión no era tan atemorizante como pretendía ya que otro ataque de tos la hizo doblarse en dos.
Esta vez la cantidad de sangre que escupió al suelo era mucho más grande. Tsunade se le acercó y antes de que pudiese protestar empezó a pasar sus manos a milímetros de su cuerpo intentando encontrar algún órgano dañado que explicaría sus síntomas. Al acabar frunció el ceño.
-Lo que oíste. – siguió Nibi. – Eres una estúpida si crees que no se ha dado cuenta. ¿Por qué crees que tenía tanta prisa? Sabía que si permanecía aquí más tiempo tú solo harías como si nada hubiese pasado empeorando tu estado. – Reira le miró con rencor aunque no podía refutar sus palabras.
-¿Qué está pasando? Ningún órgano interno está dañado. ¿Pero entonces por que sale la sangre? – se preguntó Tsunade en voz alta.
-No está herida. Esta envenenada. – respondió Nibi con indiferencia como si estuviese hablando del tiempo.
¿Envenenada? – preguntó Tsunade escandalizada. – ¿Pero quién…? – empezó a decir pero Nibi le interrumpió.
-Su propia estupidez la está matando. – dijo dirigiéndose hacia Reira. – Menos mal que no acabaste el jutsu porque entonces ya no habría nada que pudiéramos hacer para salvarte. – le dijo con ojos entrecerrados. Reira le gruño y volvió a toser y escupir más sangre. – Aparte de eso. - volvió a hablar el bijú con fingida curiosidad. – ¿Te pasó algo en el pelo? Me parece que la parte derecha está un poquitín más larga que la parte izquierda. – le dijo con burla y Reira pudo sentir como su sangre hervía.
-¿Estás intentando matarme? – le preguntó con enfado levantando una ceja.
-¿Por qué dices eso? Me hieres. – respondió con fingida sorpresa.
-Será mejor que dejes de fastidiarme, Nekomata. – le dijo usando su nombre entero sabiendo que lo odiaba. –Por que del modo que mi sangre hierve en este momento me moriré antes de que te vuelvan a sellar dentro de mí. Y créeme, si esto pasa me asegurare de llevarte conmigo a la tumba. – Su sonrisa sádica desapareció en cuanto volvió a escupir sangre. Nibi rió.
-Lo que tú digas. – dando un paso atrás su forma empezó a temblar y el chakra fluyó a su alrededor formando remolinos.
Poco a poco el enorme y monstruoso cuerpo de la bestia disminuyó de tamaño con el chakra comprimiéndose más y más. Segundos más tarde una luz brillante les había cegado a todos por un momento y cuando por fin pudieron ver algo todos se quedaron boquiabiertos con los ojos agrandados por la de Reira estaba parado en vez de una bestia un hombre de unos veinticinco años. Su largo pelo negro estaba recogido en una fina trenza y sus ojos de un azul eléctrico con manchas negras miraban fijamente a Reira, que no parecía afectada para nada por el extraño cambio de su amigo.
-Date la vuelta y quítate la capa. Necesito ver hasta donde se ha extendido el veneno.
Reira quiso protestar pero sabía que no ganaría nada con eso. Solo lograría fastidiar a Nibi y empeorar su estado. Suspirando con fastidio se dio la vuelta e hizo lo que le pidió su amigo. La capa cayó a sus pies dejando ver al descubierto su espalda. Nibi y Tsunade aspiraron aire de forma brusca igual que los demás presentes que vieron la escena.
-Tenemos que ocuparnos de esto inmediatamente. – la informó con tono serio. Reira hizo una mueca.
-No pienso hacerlo. Solo vamos a perder el tiempo. Necesitamos empezar con el sello inmediatamente. Además de que volveré a sanar en cuanto volvamos a unirnos. No veo el punto de hacerlo ahora. – Nibi gruñó ante su obstinación. No iba a dejarla hacerlo. Tenía sus propios motivos pero no iba a dejarle saber eso por ahora.
-No te había preguntado tu opinión. El veneno se está expandiendo más rápido de lo que parece. Para cuando habremos acabado con el sello será demasiado tarde. Sabes que no puedo curar heridas a nivel celular. – los dos se miraron con odio durante un rato hasta que Reira volvió la cabeza resignada.
-Haz lo que quieras. – Nibi sonrió y le hizo una seña a Tsunade que miraba su conversación en total silencio.
-Necesito que la sujetes. Con fuerza. – esta asintió y se paró delante de Reira sujetándole las manos a los lados.
Nibi se paró detrás de ella y empezó a lamerle la espalda desde el hombro hasta el codo y desde ahí hasta su mano donde se hizo el corte. Reira se estremeció visiblemente y apretó las manos en puños con tanta fuerza que los nudillos se volvieron blancos. Puso todo el autocontrol que tenia para no gritar del dolor que la estaba atravesando. Sentía como si un río de lava le atravesase el hombro. Mientras tanto Tsunade estaba mirando asombrada como Nibi hacía desaparecer las marcas rojas y moradas que marcaban el cuerpo de Reira y que ahora en vez de avanzar hasta el resto del cuerpo retrocedían hacia la palma de la mano donde empezó la intoxicación.
En cuanto el veneno se concentró de vuelta alrededor de la mano, Nibi levantó a Reira en brazos y se sentó en el suelo en el centro de la montaña donde tenían planeado empezar con el sellado. La chica ya no tenía fuerzas para moverse ni para protestar. Dejó al bijú abrazarla contra su cuerpo y ella misma se acurrucó aun más contra su pecho. Sabía que aun no habían acabado. Solo habían podido hacer retroceder el avance del veneno, ahora tocaba eliminarlo del sistema. Con su mano libre apretó la camisa negra de su amigo mientras que la otra era levantada por Nibi hacia sus labios. Apretó los dientes y la mano libre con fuerza al saber lo que venía a continuación.
-Debería hacerte sufrir un poco por lo que nos haces pasar. No solo a mi pero también al estúpido de tu novio pero hoy me siento bastante generoso, aunque eso no significa que no te va doler. – le susurró al oído intentando consolarla y asegurando que aun a pesar de sus diferencias y constantes conflictos se preocupaba por ella.
Sin esperar la respuesta de la chica Nibi abrió la boca para mostrarles a todos un par de afilados colmillos que se clavaron con rapidez en la muñeca de Reira. El dolor que le provocó el mordisco era muy doloroso pero no tanto como cuando tuvo que retroceder el avance del veneno. El bijú empezó a chupar el veneno hasta dejar la sangre libre de la sustancia. Para Reira el tiempo pareció alargarse pero en realidad solo pasaron dos minutos para cuando habían acabado.
-La sangre ya está limpia. – la informó Nibi satisfecho del trabajo que había hecho. La cara de la chica y su cuerpo estaban más pálidos de lo normal y estaba cubierta por una fina capa de sudor.
-Por fin. – le respondió con la voz débil. – Pensé que no acabarías nunca.
-¿Estás bien? A lo mejor deberíamos posponer el sellado para mañana. – sugirió preocupado por el estado de su amiga. Reira negó vigorosamente con la cabeza.
-Estoy bien. Es solo un poco de dolor. Puedo soportarlo.
-No es un poco de dolor. Ya has sufrido por hoy. ¿Por qué no descansas un poco y cuando te sientas mejor…?
-No voy a posponerlo. – le interrumpió la chica levantándose con torpeza de su regazo y poniéndose de pie con toda la dignidad que podía. – Sé que el sellado será más doloroso que esto pero quiero acabar cuanto antes. – Nibi suspiró resignado.
-Allá vamos, pues. – miró alrededor en busca de Tsunade que se había puesto a organizarlo todo mientras que él se ocupaba de Reira. – ¿Lo tienes todo? – Tsunade asintió. – Bien. Ya hemos hablado antes los detalles y no creo que haya ningunos cabos sueltos. ¿Reira? Antes dijiste que querías prepararte. ¿Necesitas algo? – Reira asintió y miró a Tsunade.
-Probablemente después de esto estaré fuera del juego durante unos días. Por eso para no perder el tiempo quiero hacer algunos preparativos. No podemos permitirnos el lujo de no hacer nada. Quiero que llames a tus dos estrategas. Así podre darles instrucciones para que puedan empezar con las preparaciones.
-Siempre dos pasos por delante, ¿eh? – rió Tsunade. – Por suerte no eres la única a la que le gusta estar preparada. Ya había pensado en eso. Kakashi ya está aquí y Shikamaru llegará en cuestión de minutos. – la informó.
-Bien. Entonces ya podemos empezar. Empezaré a hablar con Kakashi. Después podrá pasarle la información al otro. Quiero empezar cuanto antes. – Tsunade asintió y pocos segundos después Kakashi estaba a su lado.
-Mientras no esté quiero que empecéis las preparaciones de las tropas. Necesitamos preparar las armas, hacer los planes para la evacuación de los aldeanos y quiero que preparéis los perfiles de todos los ninjas del rango jounin. Así cuando ya estaré de vuelta podremos preparar el ataque. – Kakashi asintió pensativamente y se retiró. Reira se volvió para mirar a Nibi que estaba a sus espaldas.
-Estoy lista. Podemos empezar. – este asintió y le pasó la mano que la chica aceptó sin vacilar.
Entraron de vuelta al círculo que estaba dibujado en el centro de la montaña. Tsunade y los ninja que iban a ayudarle en el sellado los rodearon formando otro circulo más grande a su alrededor. A su señal Tsunade empezó a hacer los sellos. El proceso sería muy largo ya que el jutsu que iban a usar era muy complicado y la cantidad de sellos necesarios superaba cien. Al acabar los veinte primeros signos con las manos el círculo formado por los ninja empezó a brillar ligeramente formando una barrera alrededor de Reira y Nibi. Tsunade hizo unos cuantos sellos más y la barrera empezó a estabilizarse hasta que por fin ya estaba estable y sin fluctuaciones.
A su señal los ninjas dieron un paso para atrás dejando espacio a Reira y a Nibi, y también para protegerlos del posible daño. En cuanto se alejaron Reira cayó al suelo y soltó un grito de dolor. Nibi se arrodilló a su lado intentando consolarla aunque el mismo no estaba mejor, simplemente intentaba no dejarle ver cuánto sufría. Los ninja la miraron con simpatía al pensar en la tortura por la que estaba pasando.
Reira ya no recordaba cuando fue la última vez que sufrió tanto pero al rato se dio cuenta que era porque nunca había pasado por tanto dolor. Sentía como si alguien estuviera intentando arrancarle cada célula del cuerpo una por una, su sangre hervía como si fuera lava y no era nada comparado con el dolor que sufrió cuando Nibi le extraía el veneno.
Con mucho esfuerzo volvió la cabeza para mirar a su amigo que estaba a su lado probablemente sintiendo el mismo dolor que ella sentía, si no mucho peor. Al volver la cabeza sus ojos se abrieron de par en par. El bijú empezaba a transformarse en chakra puro. Su cuerpo humano poco a poco empezaba a desvanecerse dejando lugar a la enorme cantidad de chakra concentrado que era tan potente y a la vez tóxico que se extrañaba que podía aguantar la presión. Nibi le sonrió para darle coraje antes de desaparecer por completo formando una enorme bola de chakra que crepitaba con furia con colores azul y negro. En el cielo aparecieron otros dos trazos de chakra negro mezclado con azul proviniendo de diferentes direcciones, como si fueran atraídos por el Nibi.
El cuerpo de Reira seguía retorciéndose de dolor y sus gritos resonaban por todo el bosque hasta que por fin Tsunade acabó de formar todos los sellos. Todo el movimiento se paró por unos segundos. Era como la calma antes de la tempestad, ya que pasados unos segundos el chakra concentrado en la bola que se elevaba en el aire por encima de Reira empezó a verterse poco a poco en el cuerpo de esta, que a la vez brilló con los colores del chakra de la bestia, el chakra grabándose en forma de un tatuaje con un complicado diseño a lo largo de la espalda.
El dolor que sintió en aquel momento no era nada comparado con lo que sentía hasta ahora. Sus gritos eran tan fuertes que los ninjas que la rodeaban tuvieron que echar mano de todo el autocontrol que poseían para no dejar sus formaciones y taparse los oídos. No solo para no tener que escuchar el ruido sino también por el horrible sufrimiento de la chica. Reira gritaba con tanta fuerza que su garganta ya casi no podía hacer sonido alguno pero el indescriptible dolor no le dejaba otra opción. Ni siquiera con todo el autocontrol que poseía no podía dejar de expresar la tortura por la que estaba pasando.
Pasaron unos minutos hasta que por fin sus gritos se extinguieron, aunque estaban lejos de llegar hasta el final del sellado. El silencio que reinó alrededor de ellos era escalofriante. Muchos se preguntaban si la chica aun seguía viva y algunos de ellos incluso preguntaron Tsunade al respecto. La hokage tuvo que asegurarlos un sinfín de veces que todo estaba bajo control y que Reira seguía viva. Que solo había perdido la conciencia. Pero por dentro ella misma no estaba segura del todo.
El sol empezaba a asomarse en el horizonte cegando a algunos ninjas. Tsunade estaba aliviada. Había llamado a ninjas adicionales en caso de emergencia. No estaba equivocada. Ya casi una docena de ninjas había perdido la conciencia por la enorme presión del chakra de Nibi y por lo exhaustos que estaban. Suspiró cansadamente al notar que aun quedaba un tercio del chakra por sellar. Daría lo que fuera para poder descansar ahora mismo con una botella de sake en la mano. Sin embargo no podía permitirse ese lujo. Ella era quien dirigía el sellado y no podía dejar el círculo.
Volvió a suspirar, pero esta vez al ver a Naruto y a los otros de su grupito de jounin favoritos. Les apreciaba mucho a todos y a Naruto lo amaba como si fuera su propio hermano a veces hasta como a un hijo. Pero ahora mismo no era el mejor momento. Estaba cansada, irritada y aun le faltaba una enorme cantidad de chakra que sellar.
-¡Tsunade-obaachan! – la llamó Naruto. No se acordaba cuando fue la última vez que venía a ella con una expresión tan seria en la cara. – ¿Está todo bien? – la preguntó al ver la cantidad de ninjas tumbados en el suelo sin nadie que les atienda.
-No es el momento adecuado, Naruto. – le dijo. – Como puedes ver estoy en mitad de una muy importante misión.
-Sí, lo sé. – respondió con la cabeza agachada. Podía ver la tristeza grabada en sus facciones. – Los gritos de Reira no eran tan fáciles de ignorar. Dudo que hubo alguien en la aldea que pudo dormir tranquilamente esta noche. – los demás también bajaron las cabezas. – Hemos venido para informarte de que ya hemos acabado nuestra guardia.
-Podéis iros entonces. Necesitareis descansar antes de empezar las preparaciones y este no es el sitio adecuado para vosotros. – Naruto la miró extrañado y Tsunade le señaló con el mentón hacia sus amigos. Todos respiraban con dificultad y apenas se mantenían de pie. – Hay demasiado chakra por aquí. Es por eso que nadie atiende a los exhaustos. Hay pocos que podrían aguantar esta presión. Será mejor que os vayáis de aquí cuanto antes. – asintiendo Naruto y los demás se alejaron del lugar hacia sus respectivos lugares para su bien merecido descanso.
/AN: La canción para este cap es de Linkin Park – "Crawling". (Explica más o menos lo que siente Reira cuando la atacaron ).
