¡Gomeeen! Lo siento, estuve en hiatus U.U pero aquí vamos otra vez! (aunque seguro nadie extraño a esta pobre loca, sino a sus pobres locas historias) trataré de subir más seguido, pero es que tengo un proyecto en mente que hace kauibjhbchb y estoy segura será un éxito (o no) Bien, dejo de entretenerles….

Era la tercera vez en la semana que me levantaba con dolor de cabeza, y estaba de pésimo humor. Wendy me evitó la mirada y se sirvió sola la chocolatada, sabiendo que bien metí la pata cuando trataba de animarme. Pero la pobre no tenía la culpa de mi mal humor. La tenía el maldito Jeff (¿Quién más?)

Lo que había pasado era muy sencillo, pero a mí me tenía muy molesta conmigo misma. Y es que él había aprovechado la oportunidad en cuanto me visitó mi querida amiga Sophia, contra la que ahora despotricaba entre dientes. No se cómo lo habrá hecho, pero sospecho que tuvo ayuda.

En fin, no podía hacer nada más que esperar a que regresara. Si es que lo hacía. Tenía que matarlo si no quería más asesinatos.

Pero ese mediodía mientras nos comíamos trozos recalentados de pizza frente a la tele, no apareció nada sobre la ola de asesinatos en el programa local. O se cambió de lugar, o dejó de "dedicarse" a eso, o no sé. Apuesto que es cualquier cosa menos lo segundo…

-¿Nee-chan? –Wendy miraba asustada a una esquina- Ahora si da miedo….

-¡Lo que me faltaba, mi primita esquizofrénica!

No volvió hablarme en todo el día y me sentí de peor humor. Peor aún, al enterarme de que Sophia no vendría.

-Debemos terminar algunos asuntillos burocráticos –había dicho con fastidio al teléfono- pero mañana sin falta ¿eh, mi tsundere? Seguro estás en tus días tsun-tsun…

Refunfuñé al aparato y colgué con un breve "Adiós". Me sentí una chiquilina después de eso…

Pero como en todo clásico creepypasta, las cosas debían pasar de noche. Así que esperé hasta la noche dando vueltas por la plaza mientras Wendy hablaba al aire en el cajón de arena. En eso vi a Diego.

-Hola Coraline –dijo mientras se acercaba al trote, al parecer haciendo ejercicio.

-Hola –sonreí por primera vez en el día- ¿Qué tal?

-Y ya vez, tenemos ese bendito campeonato –Diego también hacía carreras.

-Ah si…

-¿Tú estás bien?

-Yo… -estoy siendo acosada por varios personajes de historias de internet, es horrible- estoy bien.

-Bien –pareció no creerme- Me debo ir ya, nos vemos mañana.

-Nos vemos –dije a la vez mientras se alejaba, con esa sonrisa boba que tanto odio.

Lo seguí mirando mientras se alejaba, y una lucecita se me encendió. Ese chico tenía algo que creo haber visto ya. Era su cara un aire que me recordaba a algo.

No lo comprendí hasta esa noche, mirando por internet. Un chico al que seguía en Tumblr había publicado un fan art del dichoso personaje que tanto me molestaba.

"Jeff the killer y su hermano, antes de todo. Espero que les guste" rezaba el post.

Efectivamente eran dos niños, el más grande era Liu, el hermano de Jeff, y el más pequeño….

¡Claro! Ojos celestes, cabello castaño claro, piel pálida. Justo como Diego. Me reí ante la ironía de aquello, la descripción del antiguo Jeff, el chico que odiaba, concordaba con el actual Diego, el chico que me gustaba.

Tanta gracia me dio aquello que me tomé menos en serio todo lo ocurrido y comencé a estar de buen humor de nuevo. Jugué en la Play un poco con mi prima, cenamos, nos reímos e hicimos las paces a eso de las 2 de la mañana.

Aquella noche no hubo novedades no visitas indeseadas. Dormí como un tronco y al día siguiente me sentía renovada. Las noticias no mencionaban nada del caso del asesino en serie y cociné yo el desayuno. Pensé que definitivamente que Jeff se mudó lejos de allí.

-¡Nee-chan! Ya no hay papel –dijo Wendy apareciendo en la cocina de un salto mientras yo servía los huevos fritos.

-Comemos y salgo a comprar –dije, tenía ganas de salir.

Terminamos y ella se puso a mirar tele mientras yo salía. Me dirigí al negocio de una vieja conocida de mi madre, a unas dos cuadras, ya que estaba todo el día abierto. Volviendo ya tuve un mal presentimiento. Caminé con cuidado mirando alrededor, pues sentía que alguien me miraba. Me pregunté si sería la chica payaso de nuevo. Llegué a mi casa y escuché unos pasos apresurados yendo por el pasto hacia la parte de atrás. Decidida, solté la bolsa de compra y corrí tras el sonido.

Pero allí no había nadie. Confundida, recorrí todo el patio, atenta a cualquier ruido. Escuché uno tras el rosal que mi madre tanto adoraba. Y luego algo por atrás….

No fue un ruido, fue un golpe, de improvisto, con alguna cosa. Sentí mi cuerpo pesado y como caí contra el piso de pasto, viendo sin ver. Completa oscuridad en pleno día.

/

Lo primero que sentí al recuperar la conciencia fue mi respiración. Lenta y tranquila. Luego fui abriendo pesadamente los ojos. No había luz pero si claridad, que venía de una ventana. Deduje que era de tarde por el color anaranjado. Estaba atada con cuerdas, no pude concluir a qué, pero me sentí en la misma situación que en el ático. Era inútil forcejear, pues me había atado de la misma manera que yo a él la última vez. Sentía los dedos entumecidos y las articulaciones doloridas.

-Claro que es Jeff –mascullé- Puto.

El tiempo me pareció tortuosamente lento, en la oscuridad, adolorida y atrapada en quién sabe dónde. Sin embargo solo me sentía furiosa y mi mente había ideado miles de maneras de torturar a Jeff, pues estaba segura de que todo era su culpa.

Ya no había luz natural en la ventana (solo la de los faroles) cuando por fin, la puerta se abrió. Mi ceño se frunció, lista para explotar. No era Jeff la persona que entró, era Nina.

-Alumbremos un poco –dijo con una risa pedorra.

Se encendió un viejo foco con pinta de que nunca le pasaron un plumero. Me encontraba en un sótano lleno de cosas viejas y olvidadas, papeles, juguetes, ropa. Seguro de unos muy antiguos dueños.

-Bienvenida a mi casa –dijo Nina con esa sonrisa tan falsa impresa en la piel.

-¿Por qué me tienes aquí maldita loca? –refunfuñé sintiendo mis uñas apretar dolorosamente mis puños.

-Oh, varios motivos –se rio de nuevo, sentándose en una caja- Pero verás, no suelo matar mujeres a menos que lo necesite.

-¿Y puedo al menos saber por qué quieres matarme?

-Sip –Se paró sobre la caja y me apuntó con un dedo- Estoy celosa de ti.

Parpadeé varias veces ¿Celosa? Me esperaba todo menos eso…

Esta chica es más idiota de lo que pensaba.

-Escucha, si es por el tema de las visitas nocturnas de Jeff, no tengo nada que ver, no necesitas preocuparte por eso –traté de usar un tono tranquilizante.

Ella solo se rio entre dientes, bajó de la caja y me propinó un rodillazo en la barriga dejándome sin aliento, luego agarró mi rostro con las uñas, nariz con nariz, susurró:

-Tú no decides eso.

Soltó violentamente mi cara y sacó su cuchillo, lentamente, como si quisiera darme miedo. Ja, si claro.

-No me das miedo –dije riendo- solo lástima.

Me miró un momento, perturbada, pero pronto volvió a un semblante desquiciado.

-En ese caso –dijo guardando de nuevo el arma- esperaré a que tu amado príncipe venga a verte morir.

Acto seguido me propinó un rodillazo en la barbilla que creí que rompería mis dientes y me nubló la vista un momento, con mis ojos lagrimeando.

-Espero que aguantes con eso hasta entonces –otra cruel y asquerosa risa y se marchó de la habitación. Por fin.

Escupí la sangre que se me acumuló de la herida en el labio. Me debía de ver patética allí, en el fondo de un sótano, sucia, con hinchazón en los labios, hambrienta, enojada, atada, triste. Empecé a realmente sentir lástima de mí. Sin proponérmelo, comencé a llorar de ira.