-Hola, Kagome…- saludo la joven nerviosamente y con visible arrepentimiento en la voz.
Kagome se la quedo mirando completamente sorprendida
-Sa… Sango chan…
Unidos por siempre
(Si… aquel milagro lo cambiaria todo)
Cap. 10 CELOS, PASION Y PERDICION.
El silencio era sepulcral, ninguno se sentía cómodo ante tal situación, la tensión era tal que incluso el aire podía cortarse con un cuchillo.
Kikyo que estaba bajándose muy malhumorada del asiento trasero del coche, levanto la mirada con expresión de incredulidad.
-¡Querido!- salio disparada hacia el y le dio un beso en los labios -¡has vuelto!-
- Efectivamente, Kikyo-
Inuyasha estaba viendo a su padre y a su mujer subir lentamente los escalones de la entrada. Soltó una maldición para sus adentros, dejo el maletín en el suelo y fue rápidamente a ayudarlos mientras Sango le dedicaba a Kikyo una mirada ostil.
-puedo apañármelas solo- dijo su padre con acritud.
Kagome le dedico una mirada de desprecio.
-¿Quieres impresionar a tus mujeres?- le pregunto con una heladora sonrisa.
- Bueno, es evidente que a ti no te impresiono- contraataco el ayudando a su padre pese a sus protestas –Además, aunque no me lo creas no sabia que Sango estaba aquí-
-Me da igual que lo supieras o no- le contesto Kagome bajando la mirada para ocultar el brillo de dolor en sus ojos, pero que no paso desapercibido por Inu no.
Cuando llegaron a la entrada Inu no se Safo bruscamente de agarre de su hijo.
-Gracias- el tono fue tenso, pero Inu no, al ver la expresión angustiada de Sango al ver a Kagome, suavizó la voz –Hola Sango, ¿A dónde iban Inuyasha y tu?-
- no vamos a ninguna parte-contesto Inuyasha, que se irritaba cada vez mas.
Sango se dio por vencida al ver que Kagome no le dirigía ni tan solo la mirada. Volvio la mirada a Inu no y le contesto decididamente, pero con cierto nerviosismo -Boy a ver al joven Miroku, Inuyasha me ha dicho que esta en la casa de campo-
-Ah…- Inu no asintió con la cabeza, procesando la información -¿lo aprueba tu Madre?- le pregunto, mirándola fijamente.
-da igual que lo apruebe su Madre o no- Intervino Inuyasha ya hecho una furia.
Su padre lo miro amenazadoramente.
-Que tu hagas lo que quieres, sin importarte los demás no significa que los demás tengan que hacer lo mismo- Inu no se volvió para mirar a Kagome –Vamos, Cariño, ¿me das el brazo?-
Kagome pareció sentirse incomoda e Inuyasha pensó que no le faltaban motivos. No la había llevado ahí para que abriera una brecha entre su padre y el. Estaba harto.
Se acerco en dos zancadas y miro a su padre a los ojos.
-Me gustaría hablar con mi mujer, si puedes prescindir de ella durante cinco minutos, pare-
Kagome enrojeció ante el apelativo que había usado para referirse a ella y bajo avergonzadamente la mirada.
Sango le dedico una mirada burlona a Kikyo y esta hizo un gesto de disgusto.
Inu no, lo miro maliciosamente el momento justo para que el ojidorado se percatara de sus propias palabras.
-¿Qué? ¿A caso no puede acompañar a un simple anciano? ¿O no puede esperar?- le pregunto su padre, aguantando la risa a duras penas.
Fue la gota que colmo el vaso, pensó Inu no al ver a su hijo apretar los puños y escuchar el inconfundible gruñido que emitía cuando estaba furioso.
-No- contesto Inuyasha rotundamente entre dientes –Kagome, ¿Me acompañarías a la biblioteca?-
Kagome miro alrededor con angustia, pero sabía que no podía esperar ayuda. Inu no, después de encogerse de hombros, había empezado a caminar hacia el vestíbulo.
-Bu… bueno, me imagino, que si…- acepto resignadamente Kagome, que se encontró con la mirada suplicante de Sango y la Furibunda de Kikyo –No se preocupen, no tengo la menor intención de retenerlo mucho tiempo-
-¡Ah! ¡Por favor!- Inuyasha la agarro del brazo y la condujo hacia el pasillo abovedado.
El casi la arrastro hacia la biblioteca y cerro con un portazo.
Una vez dentro, Inuyasha la soltó y ella se alejo rápidamente de el. Fue a mirar por la ventana. Desde allí, el mar parecía muy lejano, pero era un fondo impresionante con un color que pasaba del tono Aguamarina al Zafiro. El silencio se hizo muy tenso, pero ella, que no estaba dispuesta a ser la primera en hablar, reunió el temple necesario para permanecer tensa como la cuerda de un violín. Aunque como siempre que pasaba en esas situaciones, temía que el hubiera descubierto lo de su embarazo. Sin embargo, si lo hubiera adivinado, ella ya se habría enterado.
Oyó un ruido de papeles y se dio la vuelta casi convencida de que el le enseñaría una carta de su medico. Eso, sin embargo, era ridículo y se avergonzó de haberlo pensado. El estaba ojeando unos papeles en el escritorio de su padre.
-¿Qué haces?- pregunto Kagome con indignación –Me traes aquí y te dedicas a leer la correspondencia ¿Qué estas tratando de probar Inuyasha?-
Inuyasha la miro sin dejar de estar inclinado sobre el escritorio.
-no es una demostración de nada. Al parecer, tienes a mi padre hechizado-
-¿eso es lo que querías decirme?-
-no- Inuyasha se irguió con una carta en la mano –Quería preguntarte si has recibido los documentos del divorcio que te mando mi abogado. Deberías haberlos recibido una semana antes de llegar aquí-
-pues no- mintió, sorprendiéndose a si misma ante tal mentira.
-¿estas segura?- insistió el con el ceño fruncido.
-¿de que no los recibí una semana antes de venir aquí? Si, estoy segura- se excuso, de la pasada mentira al haberlos recibidor cuatro días antes de partir.
Inuyasha dio la vuelta a la mesa y apoyo las caderas en la inmensa tapa de granito.
-es muy raro- la miro con una intensidad turbadora –he hablado esta mañana con el y me ha asegurado de que había mandado los documentos-
Kagome se encogió de hombros con fingida indiferencia –será culpa del servicio de correos- replico ella mientras se apresuraba hacia la puerta – si me disculpas, me gustaría refrescarme un poco-
-¡Espera!- le grito, sin moverse de donde estaba -¿Cuándo tienes pensado volver a tu casa?-
Kagome se cruzo de brazos y entrecerró los ojos en modo de sospecha.
-¿Qué? ¿Quieres deshacerte de mi?-
Inuyasha se sonrojo levemente y volteo orgullosamente su cara hacia un punto indefinido.
-¡Khe! No te confundas, solo quiero saber que te ha dicho mi padre-
-Si, claro- replico ella con tono provocador – no te preocupes, Inuyasha, no le he dicho a nadie lo que paso en mi piso, si es lo que quieres saber-
Inuyasha entrecerró sus ojos y le dijo lentamente -lo dices como si fuera una amenaza-
-No- Kagome eludió el enfrentamiento – solo quiero dejarte claro que no tienes nada de que preocuparte conmigo-
-¿preocuparme?- el si parecía dispuesto a discutir -¿Por qué tendría que preocuparme? Estoy seguro que a Kikyo no le interesaría nada que tú puedas decir-
-¡ja! ¿Insinúas que no me creería?- lo miro furibunda –Como si fuera tal cosa…- murmuro para si ladeando el rostro para no ser escuchada, pero claro, no recordaba que el ojidorado tenia muy buen sentido del oído.
-¿estas insinuando que te arrepientes de lo que paso?- pregunto el en tono sombrío, apretando fuertemente los puños hasta que los nudillos le quedaron blancos.
-¿estas de guasa?- Kagome se quedo boquiabierta – Por supuesto que me arrepiento-
-¿Por qué?- el tono era de cierto nerviosismo
–no creo que fuera nada nuevo para ti. Según esa bruja que tienes por jefa, tu novio y tú pasan mucho tiempo en tu piso- añadió entre dientes.
-¡Eso no es verdad!-
Kagome no estaba dispuesta a que se quedara con esa entupida idea y, por enésima vez, deseo que la anciana Kaede no se metiera en donde no la llamaban.
-¿y porque iba a creerte?- ladro en tono acusador.
-porque el Joven Kouga jamás ha estado en mi piso. No juzgues a todos por tu mismo rasero, Inuyasha. Aunque no lo creas no ando acostándome con todo el mundo-
Más le vale. Pensó este para sus adentros -¿entonces que hacen juntos?- pregunto Inuyasha con los ojos entrecerrados en signo de sospecha.
-no es de tu incumbencia- Kagome estaba Arta – yo no ando preguntando que es lo que haces con Kikyo y me da Igual. Ni siquiera te pregunte que fue lo que hiciste con Sango. Aunque tampoco hizo falta-
-¡No tienes ni la menor idea!-
Inuyasha se separo de la mesa con un movimiento rápido y amenazante. A Kagome se le pusieron los pelos de punta. Era enorme, imponente, y estaba hecho una furia. No pudo evitar alejarse de el. Se topo con un sillón individual de cuero y, ante su sorpresa, acabo sentada. Inuyasha se inclino sobre ella y por una fracción de segundos pensó que iba a pegarle, cosa que desecho igual de rápido pues le pareció completamente absurdo. Apoyo las manos en los brazos del sillón y la acorralo.
-Muy bien. Dejemos esto claro de una vez-
Ella noto su aliento ardiente sobre la piel quemada por el sol. Llevaba un top blanco sin tirantes y una falda de algodón color crema que se le había subido mucho al caer sobre el sillón.
-Te lo diré por ultima vez- siguió el – me he acostado con Kikyo, no lo niego- (no estoy dispuesto a admitir que fue solamente antes de haberte conocido, aún conservo algo de orgullo) pensó con frustración (y jamás engañaría a mi esposa, aunque estemos separados. No hasta que los papeles se hayan firmado)
– Nunca… jamás e tocado y ni mucho menos me he acostado con Sango, ¿has entendido?-
Kagome sintió una punzada de dolor al oírle decir que Kikyo y el eran amantes, pero consiguió a duras penas el conservar la calma.
-pues, alguien lo hizo-
-Y ese alguien no fui yo-
-Entonces, ¿porque dijo que fuiste tu?- pregunto Kagome con voz entre cortada por el esfuerzo de no echarse a llorar.
-te diré lo que ya te dije una vez: Pregúntaselo a Ella. A lo mejor ahora si te dice la Verdad-
Kagome trago saliva y lo miro fijamente a la cara. Deseaba tanto creerle…
-Lo que no acabo de entender, es como puedes seguir relacionándote con ella si mintió-
-No puedo, pero mi Madre…
-Vaya…- Kagome sacudió la cabeza en signo de negación –Tendría que haberme imaginado que tu Madre entraba en todo esto…-
-Aprecia a Sango- afirmo Inuyasha entre dientes –La considera como de la familia, por la amistad que siempre ha tenido con su madre-
-No como a mí- exclamo con evidente enfado.
-De acuerdo- el suspiro – ya se que fue muy difícil para ti, pero todo eso habría mejorado tarde o temprano-
-¿Antes o después de que te acostaras con Sango?-
-¡Kagome, Teme…! ¡Te he dicho…!-
-De acuerdo… lo siento. No pude resistir, el cometario- Kagome se encogió de hombros con fingida indiferencia – pero sigo sin entender porque te importa lo que yo piense o deje de pensar ahora-
-Me importa- confeso el con cierta tensión.
Kagome, sorprendida abrió los ojos como platos y se llevo una mano a su colgante -¿P… pero… pero Porque?-
Inuyasha ladeo la cabeza avergonzado -¿Tu que crees?-
-¿Por qué nadie puede contradecir al gran Inuyasha Taisho o porque te gusta torturarme?- espeto Kagome, no queriendo dejarse engañar.
-¿Es eso lo que hago?-
Kagome levantó la cabeza y lo miro directamente a los ojos y capto una extraña humildad y dulzura en su expresión.
-T… tu lo sabes muy bien- Kagome se estremecio.
-¿Cómo?- pregunto el.
Kagome extendió los brazos para señalar los brazos de Inuyasha.
-¿hace falta que te lo diga?
Una sombra cruzo los ojos de Inuyasha, pero tuvo que reconocerse que tenía razón.
-Muy bien, tienes Razón- Inuyasha no se movió – Quizás deberías preguntarte el motivo-
-¿El motivo de que te gusta torturarme?-
Inuyasha apretó la mandíbula
-No he dicho que me guste- levanto una mano vacilante y tomo delicadamente la barbilla de Kagome para que lo mirara.
-Sigues volviéndome loco, y lo sabes-
Kagome volvió a estremecerse. Se le puso la carne de gallina. Una oleada de calor le subió por toda la cara.
-Inuyasha, yo…-
Que kami se apiadara de el, pensó este con incredulidad. No pudo evitar hincar una rodilla en el suelo delante de ella, tomarle la cara entre sus manos y besarla en la boca, borrando cualquier rastro de palabra, emitido por ella.
-Kagome…- Susurro Inuyasha.
(Estoy perdido…) quiso decirle… (Estoy condenadamente perdido…
Continuara…
Hola a todos Soy yo de nuevo Y tal como se los prometi, aquí les dejo el siguiente capitulo.
Estare encantada de recibir sus comentarios… ¡saludos a todos! ¡Nos veremos pronto!
n_n ¡Bye!
