HOLDING ON AND LETTING GO

- Está bien Jacob – le dije abrazándolo- ya está todo bien.

Jacob paró de llorar en seguida, no era como yo, que me tiraba días y días de llorera, pero no se deshizo de mi abrazo y estuvimos allí en silencio. Definitivamente fue el mejor momento de mi verano hasta entonces y lo disfruté, consciente que aun teníamos que hablar y de que era muy probable que nos volviéramos a gritar y a reprochar cosas. Al fin Jacob se apartó, pero me cogió de la mano. Podía volver a sentir otra vez esa calidez, que me iluminaba, que me calentaba, que tanto había echado de menos. Jacob me miró a los ojos y me sonrió.

- De verdad te quiero Bells, no sabes cuánto – hizo una pausa- estoy cansado de estar cabreado contigo, no lo puedo aguantar más. Lo que hiciste estuvo mal, lo sé yo, lo sabes tú, pero es que no puedo más. Sé que no te debería haber castigado de ese modo, lo siento.

- Yo sí que lo siento Jake, estaba celosa de Camy aquel día, cuando la vi, y te besé para que te dejara en paz. No tenía derecho a hacer eso – le dice apresuradamente.

- Ya, yo también siento besarte cuando no tengo tu permiso… bueno no lo siento – y se acercó. Por un momento creí que me iba a besar, pero no lo hizo. Sonreí ante su comentario.

-Eres tonto… - le sonreí pero cambié el tono de mi voz enseguida – Jacob, no voy de víctima, te lo digo totalmente enserio.

- Ya lo sé. ¿Sabes porque me enfadé tanto Bella? Me parece que no lo entiendes – pausa – me besaste sin sentir nada. Eso me dolió y mucho. Tan solo te acercaste y me besaste, como si no fuera nada, como si no te importara.

Justo cuando lo dijo me llevé las manos a la boca. Era verdad, lo había hecho y ni me había dado cuenta. Claro, por eso se había enfadado tanto.

- Jacob no sabes lo mucho que lo lamento, tienes la razón en todo, soy horrible, no comprendo cómo te he hecho esto, lo siento. Lo peor de todo es que sí que me importas. Y mucho. Y en ese momento fui tontísima pero de verdad si siento algo cuando te beso Jacob.

Jacob se quedó impresionado

- Está bien, te perdono – me acarició la mejilla - ¿Qué sientes por mi Bella? ¿Aun quieres que seamos amigos?

No supe que decir, solo suspire y me encogí de hombros.

- Yo te quiero Bella, de verdad, me mata que me digas que te intentaste suicidar por mí, no lo vuelvas hacer, es serio, o te mató. Eres maravillosa Bella, siento que puedo ser realmente yo cuando estoy contigo. Me gusta todo de ti, tus expresiones, tu forma de hablar, lo que dices, lo que haces, incluso aunque odio hacerte enfadar, me gustas cuando estás enfadada. Me encantas cuando te caes más de lo que caminas y te ríes de ti misma. Te quiero, porque eres mi mejor amiga, mi confidente, siento que soy libre cuando estoy contigo. Me haces feliz de todas las maneras posibles.

Me había quedado sin palabras, nunca nadie me había dicho eso, ni Edward. Mi corazón daba golpes, no frenéticamente, como cuando estaba con Edward, sino más bien como un cosquilleo. Era pequeños golpes, profundo, intensos y sentía mariposas. Bueno, eran más bien elefantes. Le sonreí.

- No sé qué es lo que quiero que seamos Jake, solo sé que quiero esto – me acerqué a él.

Él también se acercó y nuestros labios se rozaron. Me quedé quieta, disfrutando de la cercanía de Jacob. Él empezó el beso, sus manos cogieron mi cara y yo me abracé a él. Por alguna inexplicable razón el coche se había vuelto demasiado grande y la distancia que me separaba de Jake parecía enorme. Seguí su beso y hasta abrí la boca para que nuestras lenguas se tocarán. Ya no notaba donde estaba, solo notaba los labios de Jake contra los míos. Cálidos y perfectos. Empezó a bajar sus manos, tocándome todo el cuerpo. Se separó solo un momento para respirar y pronunció mi nombre. Luego, al ver que yo aún estaba demasiado sofocada para volver al beso, apretó sus labios contra mi cuello. Fue como si un relámpago golpeara mi piel. Ya no eran elefantes, eran dinosaurios gigantes contra mi estómago. Sus labios volvieron a los míos y nos besamos otra vez. Finalmente nos separamos muy lentamente. Ya había oscurecido, así que no podía ver muy bien la cara de Jacob. Aun así noté su sonrisa.

- Vaya – dijo – que calor.

Me empecé a reír.

- Vaya – dije yo y suspiré. Me recosté como pude en mi asiento.

- Entonces… ¿Qué hacemos? – dijo Jake – porque este beso ha sido fantástico y no sé tú, pero yo quiero repetirlo.

La vedad es que me intimidaba un poco lo natural que hablaba Jacob sobre todo eso. Me daba vergüenza y noté que me empezaba a poner roja mientras decía: "Yo también quiero repetirlo". Jacob captó en seguida mi vergüenza pero solo se rio y me dijo:

- ¿Quieres quedarte a vivir al coche? – me dijo riendo, cuando vio que estaba totalmente acomodada.

- Lo siento – dije haciéndome la ofendida. Me bajé. Jacob me acompañó hacia el portal.

- Bueno…- empezó – ¿Querrás salir mañana conmigo? Por la Push, bueno como siempre.

- Claro – le sonreí – te llamo mañana.

- Vale – se inclinó y como si fuera lo más natural del mundo nos besamos. Fue un buen beso de despedida. Duró el tiempo necesario y fue muy romántico, empecé a sonreír y noté como él también lo hacía – te quiero – dijo mirándome a los ojos – hasta mañana.

Yo, aún estaba tan fascinada por el beso que solo pude decir:

-Hasta mañana.

Me quedé en el portal hasta que se fue y luego entré en casa. Me quedé sentada en la puerta, sonriendo como una tonta. Quería ver Jacob, ya, no podía esperar a mañana. Hacía tanto que no sentía eso, tanto… Al cabo de unos momentos decidí levantarme y hacer la cena. Mientras cocinaba empecé a cantar y a tatarear una canción. Cuando mi padre llegó y me vio tan feliz no hizo falta que le dijera nada. Me puse el pijama e intenté dormir. Esa noche no soñé ni con Edward, ni con monstruos, ni con Jacob. Soñé con dinosaurios. Me desperté yo solita a las 8, creo que de nervios. Me pasé la mañana sonriendo y cuando vi que era una hora más o menos razonable me subí al coche y me fui hacia la Push. Quería poner la radio en el coche y por primera vez me fastidió no tener equipo de música, ya le perdería más tarde a Jake que me ayudara para poner uno nuevo. En seguida que llegué Jacob salió. Está vez fui yo la que le dio un beso de saludo.

-Buenos días – me susurró.

-Igualmente – le sonreí y me mordí el labio - ¿qué hacemos?

- La verdad es que si fuera por mí me quedaría en casa contigo todo el día, pero puesto que ayer te dedicaste a que toda la manada se enamorara de ti quieren verte y le he prometido llevarte hoy en casa de Sam.

- Está bien, pero si te sirve yo también preferiría quedarme en casa…- le dije y le di un pico.

- Venga – me cogió de la mano y empezamos a andar hacia la casa de los Ulley.

Nos entretuvimos bastante, Jacob intentaba que me cayera al agua y mientras íbamos por la playa estuvimos parando. Ese día había nubes, pero ni lo noté. Jacob era mi sol y la única luz que necesitaba. Cuando llegamos allí estaban la mayoría. Parecía que todos se alegraron de nuestra reconciliación, todos menos Quil… La verdad es que tampoco me importó mucho ese día, sí que me supo mal después por Quil ya que me caía muy bien, pero en ese momento estaba en las nubes, cerca de Jacob. Comimos toda la manada junta hablando de cosas lobos. Y simplemente lo supe, supe como acabría todo però no dije nada. Hacia las cuatro nos fuimos ya cansados de la compañía, tanto Jacob como yo teníamos ganas de estar solos.

Cuando llegamos a casa de Jacob no había nadie y nos recostamos en el sofá. Pusimos la tele pero no le hicimos ni caso, me recosté sobre de él. Él me sonrió:

- Aún tengo tu moto – dijo para empezar a hablar.

-Es tuya Jake, haz lo que quieras con ella – le dije.

- Pues quiero que te la quedes, estás muy sexy cuando la conduces – me dijo guiñándome un ojo.

-Claro, seguro que cuando caigo debe de estar fantástica – dije con sarcasmo. Él se rio.

- Tampoco te caes tanto…

- No, solo unas diez mil veces al día – dije con ironia.

- Bueno, ya sabes que yo siempre te recogeré y te ayudaré a levantarte – era una especie de metáfora y me sonrió, yo le devolví la sonrisa y me besó.

Me encantaba como besaba Jacob, era tan cálido, e envolvía con sus brazos y con ellos su calor, me sentía entera. Suspiré cuando nuestros labios se separaron.

- Bella ¿qué somos exactamente? – maldito Jacob Black, tenía que abrir su estúpida bocaza y hacerme esa pregunta.

- No lo sé Jacob, ¿realmente hay que ponerle nombre?- no quería tener esta conversación, no ahora, no así.

- Yo lo necesito – me dijo- te quiero, mucho, y aunque me encanta esto me siento confuso. Yo quiero salir contigo Bella, quiero que todo el mundo lo sepa.

- Creo que todo el mundo lo sabe…

- Bella…ya me entiendes.

Era cierto, lo entendía, pero era difícil. ¿Realmente quería una relación?

- ¿Y qué pasa si yo no quiero una relación? – le pregunté muy bajo, no podía mirarle a los ojos. ¿Por qué tuvo que arruinar el momento? Sabía que en algún momento me lo iba a preguntar pero ¿hoy? ¿ahora? Pensaba que estaría preparada.

- No lo sé, no quiero darte un ultimátum pero… es que… creó que voy a acabar sufriendo si no quieres estar conmigo como novio.

Entendía perfectamente a Jacob, supongo que no quería enamorarse más de mí y luego que le dijera que no y romperle el corazón. Entendía que no podía vivir con la duda.

- Yo… lo siento Jacob es que… de verdad que no se – estaba muy confusa, no quería que acabara así, lo sabía. ¿Por qué habíamos durado tan poco?

-Vale, lo sé, no te gusto tanto, lo entiendo – dijo apenado.

Aun que me hubiera gustado contradecirle no lo hice. Quería a Jacob y quería salir con él, pero esa misma tarde había sabido que teníamos fecha de caducidad. Sabía que lo nuestro tendría que acabar en el mismo momento que me hiciera esa pregunta por qué, si algo sabía, era que si empezaba a salir con Jacob no sería yo quien lo dejaría. No sería yo quien me echara atrás, por eso entendía tan bien porque Jacob me pedía que se lo aclarara. Preferí hacer ver que tenía dudas, que no quería salir con él, cuando lo que realmente me pasaba era que tenía miedo. Mucho. Porque sentía algo muy fuerte con Jacob, y porque esa tarde, en casa de Sam, cuando se había puesto a hablar de cosas lobunas me había contado que era la imprimación. Me había paralizado, pero Jacob no lo había notado, no le daba importancia él. Porque en cuanto supe lo que era me di cuenta de que me estaba arriesgando, arriesgando a que si me enamoraba demasiado de Jake, corría el riesgo de que se imprimase con otra y por encima de todo, no estaba dispuesta a que me volvieran a romper. Por eso le dije:

- Jake, no puedo ser tu novia ahora, no quiero lo mismo que tu – el solo asintió.

Le di un beso, un último beso. Sentí por última vez su gusto, su lengua, su aliento, su calor, porque sabía que nunca más volvería a sentir y me fui.