Hola queridos lectores

aqui les dejo un nuevo capitulo de esta maravillosa historia de la autora msgrandchester, espero que lo disfruten como yo lo he hecho jejeje ;D

saludos...

Candy entró al saloncito con una sonrisa en el rostro. Beth acababa de informarle que sus familiares habían llegado para el almuerzo. Los besó en la mejilla, exceptuando a los Leagan que también estaban presentes.

"¿No ha venido Stear?" – preguntó desilusionada.

"No se siente bien" – respondió Archi con resentimiento.

"Ya lleva varios días así" – dijo Candy con seriedad – "¿Lo ha visto un doctor?"

"No es nada grave"– intentó explicar Annie – "Sólo está muy cansado."

"Su enfermedad es del corazón" – dijo Terrence tras ellos.

Archi se volvió para clavarle una mirada furiosa mientras Annie intentaba sujetarlo del brazo.

"La partiré la cara" – murmuró Archi.

"Atrévete" – dijo Terrence con burla – "Sólo dije la verdad."

"Señores ¡calma por favor!" – pidió Annie.

Las mejillas de Candy se sonrojaron al comprender lo que ocurría con Stear.

"Tal vez debería ir a verlo y hablar con él, Archi."

"Será mejor que lo dejes tranquilo."

"Me siento culpable."

"No es tu culpa" – contestó Archi mirando a Terrence – "Es culpa del destino que este cretino se haya atravesado en nuestro camino."

"¿Tienes algo contra mí, pedazo de vanidoso?" – Terrence se levantó de la silla en la que estaba sentado.

"¡Bastantes cosas!"- exclamó Archi.

"¿Quieres que te vuelva a romper la nariz?" – lo amenazó Terry.

"¡Basta ya!" – dijo Candy interponiéndose entre ellos.

"¡Él me está provocando, Candy!" – Se quejó Terry – "Los invitamos a almorzar y mira cómo se comporta."

Elisa y Neil, sentados en un mullido sofá, miraban la escena frente a ellos con sonrisas en la cara.

"Te apuesto a que Terry le gana de un solo gancho" – dijo Neil con malicia.

"A medio gancho" – se rió Elisa – "Nuestro primo sólo sabe de esgrima y esas cosas."

"¿Has visto el lujo de esta villa, Elisa?" – preguntó Neil mirado los cuadros, porcelanas y muebles a su alrededor

"¡Es enorme! No entiendo como esa huérfana tiene tanta suerte"- repuso Elisa con envidia - "¡Es inconcebible! Ni nosotros tenemos una mansión así en Londres. Papá tendrá que comprar una casa tan grande como esta antes que empiece la temporada en Londres."

"¿Para qué quieres una casa así, Elisa?"

"Para atraer a algún noble, por supuesto" – dijo mirando a su hermano como si hubiera hecho una pregunta tonta.

"¿Sigues con tus delirios?"

"¡No es un delirio!" – gritó Elisa, llamando la atención de los presentes.

"¿Tú también estás enferma, Elisa?" – le preguntó Candy.

"¡Claro que no, estúpida!"

"¡La estúpida eres tú! – Contestó Terrence – "¡No te permito que le hables a Candy de esa manera!"

"Le hablaré como quiera. ¡Ella no es más que una huérfana!"

"¡Ella es mi esposa! – Dijo Terrence caminando hacia Elisa – "Una duquesa, por si se te ha olvidado."

"¡Nunca estará a tu altura, Terrence!" – Contestó iracunda – "Deberías divorciarte y casarte con alguien de alcurnia."

"¿Cómo tú?" – preguntó burlonamente.

"¡Por supuesto!"

"¡Jamás! Serás muy rica y muy de buena cuna pero tu veneno, tu maldad, se respira en el aire."

Elisa palideció ante las palabras de Terrence.

"La única razón por la que estás aquí, Elisa y tú, Neil, es porque mi esposa me pidió invitarlos. Ella los considera familiares y por eso los incluyó en el almuerzo de despedida."

"¡No somos sus familiares!" – espetó Neil.

"¡Gracias a Dios!" – Contestó Terrence – "¡Candy es demasiado buena para estar emparentados con cretinos como ustedes!"

"¿Cómo te atreves?" – gruñó Neil.

"Candy ya no está sola y no permitiré que ustedes la vuelvan a ofender o a lastimar."

"¡Ella es una golfa! ¡Es por eso que la casaron contigo, rufián!"

El puño de Terrence se estrelló en la quijada de Neil, enviándolo al suelo.

"¡Nunca más! ¿Me oyes? ¡Jamás la vuelvas a ofender!" – dijo Terrence tomándolo por el cuello de la camisa.

"¡Por favor!" – Le pidió Candy – "No lo golpees más."

Soltando un gruñido, Terrence lo dejó ir.

"¿Otra vez defendido por una niña, Neil?" – se burló Archi.

"¡Me la pagarás!" – dijo Neil poniéndose de pie.

"¡Bastardo!" – Le gritó Elisa – "Son tal para cual."

"¡Fuera de mi casa!" – les gritó Terrence.

"Lo van a lamentar" – amenazó Elisa antes de salir de la sala.

Archi, Annie y Candy los siguieron con la mirada.

"Esos nunca cambiarán" – sentenció Archi.

"Iré a ver si la comida está lista" – dijo Candy excusándose.

"Te acompaño" – dijo Annie.

"¡Cuánto lo siento, Annie!" – se disculpó Candy mientras caminaban hacia la cocina.

"No es tu culpa. Los Leagan se la estaban buscando hace rato. Es una suerte que ahora tengas a Terrence."

"Supongo que sí."

"Tú lo amas ¿cierto?"

"Yo…"- contestó Candy ruborizándose.

"No tienes que contestar. Tu rostro lo hace por ti."

"Él es muy diferente…muy especial."

"Tanto como tú, hermana. Mereces ser feliz y parece que Terrence es el adecuado."

"¿Qué más podía esperarse?" – Sonrió Candy – "El truhan del colegio y la maleducada pecosa."

En la sala, Archi y Terrence se miraban de pies a cabeza sin decir palabra.

"Gracias" – dijo Archi por fin.

"¿Qué?" – preguntó Terry sorprendido.

"Gracias por defender a Candy. Puedo ver que cuidarás bien de ella."

"Te lo aseguro."

"Tenemos eso en común" – dijo Archi tendiéndole la mano – "Nos interesa el bienestar de Candy."

"No permitiré que la vuelvan a humillar" – dijo Terrence tomando la de Archi – "Ni los Leagan ni la famosa Tía Elroy."

"Pero si la lastimas" – dijo Archi acercando su cuerpo al de Terrence amenazadoramente – "Mi hermano y yo acabaremos contigo."

"¿Necesitan de dos para esa tarea?" – se burló Terry.

Archi lo empujó lejos mientras Terry reía a carcajadas.

Una suave llovizna caía sobre la campiña escocesa y la brisa nocturna se colaba por la ventana abierta de la habitación de Candy. Terrence entró a su habitación con un libro en la mano y notó que ella tenía un semblante muy triste.

"¿Qué te sucede?" – preguntó rodeándola con los brazos.

"Mañana se marcharán."

Terrence se acostó a su lado y la abrazó con ternura. Ella se volvió hacia él, escondiendo el rostro en la curva de su hombro.

"¿Será tan malo que te quedes sola conmigo?" – le preguntó lleno de dudas.

"No, claro que no" – dijo besando su mejilla – "pero los extrañaré."

"Lo sé" – dijo besando su hombro.

"Y Stear está tan enojado conmigo. No quiere ni verme."

"Es porque está enamorado de ti, pero ¿quién no?"

"Terry, yo quiero mucho a Stear y no quiero que se vaya enojado conmigo. No sé cuando lo volveré a ver."

"No te preocupes, pecosita. Mañana será otro día y todo se resolverá."

"¿Lo prometes?"

"Te lo prometo" – contestó buscando sus labios – "Ahora dame un beso."

Y ella se los ofreció mientras le echaba los brazos al cuello.

"Alister ¿puedo hablar contigo?"

Stear levantó la mirada del periódico que leía y miró al recién llegado con sorpresa.

"¿Qué haces aquí, Terrence? No puedo creer que hayas pisado el colegio."

"A veces hay que hacer cosas que no se quieren" – dijo tomando asiento frente a él – "Necesito hablar contigo."

Alister se levantó de la mesa con lentitud.

"No tengo tiempo, Terrence. Debo terminar de empacar."

"Por favor."

"¿Qué deseas?" – Stear lo miró con fastidio.

"Me gustaría que hablaras con Candy. Ella está muy triste por tu partida."

"Candy ya no nos necesita. Te tiene a ti" – dijo sin poder controlar sus celos.

"Yo nunca podré ocupar el lugar que tienes en su corazón, Stear."

"Hablas demasiado, Grandchester."

"Habla con ella."

"¿Por qué te importa tanto?"

"Porque me importa su felicidad."

"Estoy seguro que la consolarás" – dijo con amargura.

"Sé lo que sientes por ella, Stear. Yo también la amo."

"¡Nunca la amarás como lo hago yo!" – explotó el calmado Stear.

"Es verdad" – asintió Terrence – "pero la amo a mi manera y ella me corresponde."

"¿Has terminado?"

"Te suplico que hables con ella antes de marcharte. Si realmente eres su amigo y te importa su bienestar, te pido que hables con ella."

Stear lo miró con los ojos entrecerrados, desconfiado.

"¿Tanto te importa ella?"

"Más que a mi vida."

"Trátala bien, Grandchester. Candy es muy preciosa para mi hermano y para mí."

"Lo sé."

"No la lastimes, Terrence. Si lo haces, te prometo que te lo haré pagar muy caro."

"Te creo" – dijo alzando los brazos en señal de rendición – "Prometo cuidar a Candy por ustedes."

"¿Está ella aquí?" – preguntó Stear mirando por la ventana.

"No, está en casa."

"Ensillaré mi caballo."

Candy cabalgaba por la campiña con las mejillas sonrojadas. Terrence la había despertado aquella mañana con besos y caricias audaces que la hacían estremecer.

"¡Lo amo!" – se dijo ella fustigando su yegua.

La yegua relinchó y empezó a trotar. La jovencita frunció y detuvo el andar para bajarse de la silla.

"¿Qué te sucede?" – le preguntó Candy.

Al levantar una de sus patas, ella se percató de que la yegua había perdido una herradura. Candy le dio unas palmaditas en el cuello.

"¡Vaya suerte la mía!" – dijo una voz a sus espaldas.

"¡Neil! ¿Qué haces aquí? Pensé que ya estarías en la estación del tren."

"Decidí dar un paseo antes de que nos marcháramos" – dijo bajando de su caballo – "Quería despedirme de la campiña…y ahora que te veo, de ti."

La mirada que Neil le dio la hizo retroceder. El muchacho sonrió con lascivia y la tomó con fuerza del brazo.

"¡Suéltame, granuja!"

"No seas tan arisca, gatita, después de todo, somos familia" – dijo rodeándola con los brazos.

"¿Has perdido la razón?"

"No te voy a lastimar" – dijo besando su mejilla – "Sólo te voy a hacer mía."

"¡No te atrevas a tocarme! ¡Soy una mujer casada!"

"¡Tanto mejor!" – Sonrió con morbo – "Eso significa que no tendré que ser delicado contigo."

Candy intentó golpearlo en la entrepierna pero él se lo esperaba. Ella se había escapado demasiadas veces de sus avances pero ya no lo haría. Él era un hombre ahora.

"No tienes idea de cuando he esperado este momento, huérfana" – dijo tumbándola sobre la hierba.

"¡Suéltame o te arrepentirás!"

"Te soltaré, una vez que termine contigo" – dijo mostrándole un cuchillo.

Ella levantó la mano para golpearlo pero el filo de la navaja la hizo sangrar.

"Pórtate bien o saldrás lastimada" – le advirtió.

La mano del muchacho haló el frente de su blusa y los botones saltaron.

"Gracias por no usar corsé, Candy" – dijo sonriendo Neil.

"¡Desgraciado!"– gimió Candy al sentir las manos de Neil tocar su pecho – "¡Te arrepentirás!"

"¿Qué vas a hacer? ¿Vas a decirle a todos que hicimos el amor?"

"¡La pagarás!" – dijo intentando arañar el rostro de Neil.

"¡Quieta, Candy!" – Dijo colocando la punta del cuchillo sobre su cuello – "¿No querrás que te corte, o si?"

"Prefiero morir desangrada a que tú me toques."

"¿Quién crees que eres? ¿Se te olvida acaso que nosotros de sacamos de ese mugriento orfanato?"

"¡Te odio!" – gritó y le escupió al rostro.

"Maleducada" – dijo Neil abofeteándola.

Candy se debatía, intentando alejarse. El hombre deslizaba las manos sobre su piel con fuerza, sus labios besándola, su lengua recorriendo su piel. Ella escuchó la tela rasgarse y empezó a llorar, orando por un milagro.

"Eres exquisita" – murmuró Neil deslizando sus manos bajo su falda – "De lo que Anthony se perdió."

"¡Desgraciado!"

Candy no estaba segura de quien había dicho esa palabra. De lo que estaba segura era que en un instante, Neil estaba sobre ella y al siguiente, no.

"¡Terry! ¡Stear!" – exclamó aliviada.

"¡Desgraciado!"– Gritaba Terrence, su puño estrellándose una y otra vez en el rostro de Neil – ¡¿Cómo te has atrevido?! ¡Ella es mi mujer!"

Stear cubrió a Candy con su chaqueta.

"¿Estás bien?" –preguntó Stear.

"Sí"- murmuró Candy, levemente aturdida.

"Quédate aquí."

La rubia siguió a Stear con la mirada. El joven inventor también dejó caer su puño sobre Neil. Candy cerró los ojos, horrorizada. Podía escuchar la fuerza de los puños sobre el cuerpo de Neil.

"Candy" – era Terry que se acercaba a ella, jadeante.

"No me mires" – dijo ella volviendo el rostro.

"Mi amor ¿estás bien?"

Candy lo miró y rompió en llanto desgarrador. Terry la rodeó con los brazos para calmarla.

"Ya todo está bien" - decía consolándola.

"Tuve tanto miento…pero ¡llegaste!"

"Siempre cuidaré de ti, mi amor."

Stear dejó caer el cuerpo inerte de Neil sobre el suelo.

"Vámonos de aquí" – dijo tocándose los nudillos ligeramente ensangrentados.

"¿Y ese canalla?" – preguntó Terrence alzando a Candy en brazos.

"¡Que se pudra!"

"No pueden hacer eso" – murmuró Candy.

"Ya se levantará" – dijo Stear – "No te preocupes por él."

"Debes llevarlo contigo" – le pidió ella.

De mala gana Stear accedió a la petición de Candy. Haló a Neil por los hombros hasta el caballo y lo echó sobre la grupa. El heredero de los Leagan soltó un quejido.

"Idiota" – murmuró Stear subiendo a su silla de montar.

Candy sintió a Terry elevarla sobre la silla de montar y luego subir tras ella. Stear se acercó a ellos.

"¿Cómo me encontraron?" – preguntó Candy.

"Casualidad" – respondió Stear – "Íbamos camino al castillo. Quería despedirme de ti.

"¿Es verdad?" – preguntó ella sonriendo.

"Por supuesto. No podía irme sin decirte adiós."

"¡Oh Stear!"

"Lamento mi comportamiento en estas últimas semanas."

"Pero Stear…"

"Todo está bien. Sé que Terrence cuidará bien de ti, Candy" – dijo sonriendo – "No digas nada. Sé que eres feliz…y eso es lo único que Anthony, Archi y yo siempre hemos deseado para ti."

"Gracias, Stear. Te voy a extrañar."

"Y yo a ti, Candy…y yo a ti" – dijo con infinita tristeza. -"Sabes dónde encontrarme" – dijo él con un guiño.

"No te olvides de mí."

"Nunca" - dijo inclinándose para besar su mejilla.

Terrence sintió una punzada de celos pero no dijo nada. Stear tendió la mano hacia él.

"Cuida de ella, Grandchester."

"Lo haré."

El muchacho azuzó su caballo y se alejó de ellos.

Terrence entró a la habitación con una bandeja en la mano. Le traía unos emparedados y té a su esposa.

"No debiste molestarte"- dijo Candy con una leve sonrisa desde el lecho.

"Tienes que comer algo" – dijo posando la bandeja sobre la mesa.

"No tengo hambre."

"Entonces, al menos bebe este té" – dijo trayéndole la taza.

A regañadientes tomó unos sorbos y bajó la mirada.

"¿Estás bien?" – le preguntó él.

"Me siento avergonzada."

"No tienes porqué" – dijo levantando su rostro hacia él – "Tú no tienes la culpa de los instintos de ese desgraciado."

"Si no hubieras llegado"- sollozó ella.

"Pero llegué."

"¿Y si no hubiera sido así?"

"Lo habría matado" – dijo con vehemencia.

"Pero… ¿no estás enojado conmigo?"

"No tengo motivos para estar enojado" – dijo abrazándola – "Tú eres mi Candy."

"¿Me sigues queriendo?" – preguntó asustada.

"Siempre, pecosita" – besó su cabeza – "No importa lo que suceda."

"Bésame, Terry" – dijo ofreciéndole sus labios.

La besó con dulzura, intentando borrar el mal recuerdo de Neil…y lo logró.

Candy, su dulce Candy, lo abrazó con fuerza y se dijo que sólo quería a Terrence junto a ella, por siempre.

Algunos días habían pasado de la partida de Stear y los demás. Candy estaba melancólica y para animarla, Terrence la invitó a dar un paseo a caballo. Ataviados en sendos trajes de montar, recorrieron la campiña y se adentraron en el bosque.

"¿A dónde vamos?" – preguntó Candy.

"Ya verás" – contestó con una sonrisa enigmática.

Avanzaron un par de metros hasta que Terrence se detuvo frente a una pequeña iglesia. Descendió de su caballo de un salto y ayudó a Candy a desmontar.

"¿Qué es esto?" – preguntó Candy.

"Esta es la capilla Grandchester. Mi tatarabuelo la construyó en aquí porque le gustaba alejarse de todo y buscar a Dios entre la naturaleza."

"Es bastante apartada"- murmuró mirando los vitrales – "pero tan hermosa."

Terry la tomó de la mano antes de dirigirse a la entrada.

"Antes se celebraba misa" – dijo abriendo la puerta.

"¡Que paz siente aquí!"

"Los murales en las paredes y techos fueron pintadas por un famoso artista" – dijo lleno de orgullo –"pero no me preguntes el nombre."

"¿No lo recuerdas?"

"No presté a atención" – se excusó - "No la utilizamos hace mucho tiempo pero la conservamos para futuras generaciones."

"¡Es realmente preciosa!"

Terrence la tomó de la mano y la llevó hacia el altar.

"¿Recuerdas la última vez que estuvimos en una iglesia?"

"En San Pablo"- contestó Candy.

"En esa ocasión" – dijo arrodillándose frente a ella – "nos obligaron a casarnos, a cumplir con un deber…y yo…yo no quiero ser como mis padres, Candy."

Ella lo miró sin comprender.

"Quiero estar unido a ti porque mi corazón me lo pide, no porque me hayan obligado. Quiero ser yo mismo y quiero serlo junto a ti" – le dijo sonriendo – "Es por eso que hoy, delante de Dios, quiero pedirte que seas mi esposa…mi esposa de corazón."

"Terry" – dijo arrodillándose junto a él, emocionada.

"Te amo" – dijo con vehemencia – "Dios te puso en mi camino para enseñarme a amar…jamás me he preocupado por nadie. Siempre he sido egoísta, lo reconozco, pero ya no quiero serlo y es gracias a ti."

"Yo…yo también te amo" – dijo llorando – "Nunca he querido a nadie como te quiero a ti. Nunca he sentido la necesidad de estar al lado de alguien pero ahora sí. Estoy a tu lado y es de corazón."

"¿Me harías el honor de ser mi esposa?"

"Sí."

Visiblemente emocionado, Terry tomó su mano para besarla con reverencia.

"Te amo, pecosita. Siempre estaremos juntos."

"¿Siempre?"

"Hasta que la muerte nos separa…y aún entonces, estaremos juntos."

"Por siempre."

Y sellaron su promesa con un beso.