¡Hey! ¿Qué tal todo?
Antes de comenzar... ¡Feliz Navidad!. Espero que hayan tenido un buen día en compañía de sus seres queridos.
No me canso de repetirlo ¡Gracias!. Gracias a todos aquellos que se toman unos minutitos para leer esta historia, gracias a esos que dejan sus comentarios de apoyo, en serio, ¡Gracias!. A pesar de no contestar los reviews uno por uno creanme que los leo todos, pero el tiempo es algo que no juega a mi favor. Lastimosamente no estoy de vacaciones para esta fecha así que me quedan unos cuantos meses de trabajo duro antes de poder respirar de manera más tranquila.
Para todos aquellos que estan pidiendo el POV de Nanoha... ¡Paciencia! Hahahaha. Ese POV viene, tarde pero seguro. Posiblemente dentro de un par de capítulos más estaremos viendo algo de eso.
Por ahora, este es mi regalo de navidad para ustedes. ¡Disfrutenlo! :)
Capítulo 10: Feliz navidad
El ponche bajó por su garganta, dejándole un agradable sabor dulce al que ya se estaba acostumbrado. Después de siete vasos cualquiera se acostumbraría.
Y pensar que el primer trago le pareció lo más horrible del mundo, por el característico picor del ron.
Se permitió echar un pequeño vistazo a la sala, en donde Hayate jugaba alegremente con sus sobrinos con unos instrumentos de juguete, simulando cantar la canción que en esos momentos salía de los altavoces del radio reproductor ubicado junto el televisor. Estaban sentados en el sofá junto al que habían colocado el árbol de navidad, un frondoso pino natural decorado con luces multicolores y bambalinas, en el que habían dispuesto los regalos que abrirían al día siguiente.
Junto a la mesa del ponche se encontraba su hermano junto a su esposa. Chrono parecía estar teniendo problemas de coordinación para llenar su vaso con ponche, y ya Amy lo estaba mirando con cara de pocos amigos.
Fate sabía cómo terminaba esa historia. Dos vasos más y su hermano sería arrastrado lejos de la mesa del ponche, posiblemente para sentarse junto con Hayate a jugar con sus hijos, o al menos a hacer el intento.
Un poco más allá, cerca de la cocina, estaba su mamá Precia, enfundada en un precioso vestido color vino que resaltaba su color de cabello, y que, por lo poco que podía detallar Fate, hacía que su mamá Lindy se sonrojara hasta la punta de la nariz.
"Par de tórtolas" pensó Fate, mientras le daba otro sorbo a su ponche.
Quizás si le hacían falta un par de días como esos. Junto a su familia, lejos del estrés del trabajo, viéndolos a todos tontear como niños con sonrisas en sus rostros. Era inevitable contagiarse con su alegría.
Pero su mente estaba en otro lado. No sabía si por el alcohol del ponche, o le afectaba el hecho de percibir tanto amor en el ambiente. Lo más probable es que ya trajera la cabeza hecha un lío desde hace algún rato.
Dirigió nuevamente su vista al patio, divisando a lo lejos un par de fuegos artificiales solitarios que explotaban en un haz de colores, y llenó sus pulmones con la fría brisa que golpeó suavemente sus mejillas.
Los árboles que con mucha paciencia ella y mamá Lindy habían plantado también se encontraban decorados con luces, las cuales brillaban iluminando de manera tenue el área. ¿Brillarían tanto como su brazalete?
Bajó la mirada hacia su muñeca, detallando nuevamente el triángulo dorado que se mantenía allí, cómplice de sus pensamientos. Desde el día en que Nanoha se lo obsequió se lo había puesto todo el tiempo, apenas quitándoselo para ducharse o dormir. Quizá era una suerte de que el condenado brazalete fuese negro y combinara prácticamente con todo su vestuario, o que su masoquismo le impidiera aceptar que se encontraba más lejos de Nanoha que lo que ella quería creer, pero se negaba a resignarse. Se negaba a creer que la única persona de la que se había prendado a primera vista se le escurriera entre los dedos, como si tan solo hubiese sido un encuentro efímero y no uno predestinado.
¿A quién engañaba? Ya estaba bebiendo demasiado.
Unas manos sobre sus hombros la hicieron sobresaltarse. Al girarse se encontró con su madre, Precia, quién le acariciaba el cabello amorosamente, casi de manera protectora, como si aún fuese una niña pequeña asustada por su primer día de clases.
- Has crecido mucho Fate – dijo Precia, nostálgica.
- Eso parece – afirmó Fate – bebiendo un poco más de ponche.
- Igual sigues siendo como una niña pequeña para mi ¿Lo sabes?
- Si má – respondió Fate, a regañadientes.
- ¿Qué te tiene preocupada? – preguntó Precia, mirándola
Golpe bajo. Sin duda alguna. Esa mujer era su madre, y la conocía tanto que era capaz de saber incluso si le estaba diciendo la verdad sobre la cantidad de vasos de agua que tomaba diariamente.
- ¿Preocupada? – inquirió Fate, intentando mantener la compostura.
- Fate, soy tu madre. Sé cuando estás preocupada, cuando estás feliz, cuando estás triste y sobre todo sé cuándo me mientes. – dijo Precia, con una sonrisa.- Sabes que puedes confiar en mi ¿Cierto?
- Me gusta una chica – confesó Fate, mientras intentaba ocultar su cara detrás del vaso que apuraba.
- ¿Y?
- No se puede mamá – contestó Fate, encogiéndose de hombros.
- ¿No se puede? – preguntó Precia extrañada – Que yo sepa tengo a una hija preciosa, educada, amable, trabajadora y algo tímida que rompe corazones a su paso.
- ¿Quién te dijo que rompo corazones? – inquirió Fate, mirándola sorprendida.
- Shizuma – contestó Precia, aguantando la risa.
- Esa rata chismosa – refunfuño Fate, haciendo un mohín.
- No te expreses así de tus amigos – la regañó Precia – El punto es que no creo posible que de tu parte no se pueda, mucho menos si la chica te ha hecho suspirar toda la noche.
- ¿Realmente he estado haciendo eso? – preguntó Fate, avergonzada.
- Algo así – admitió Precia, sonriendo nuevamente – Lindy se dio cuenta primero que yo. Entonces ¿Qué pasa con la chica?
- No se puede – repitió Fate, en un intento de convencerse a sí misma – Ella tiene novio.
- Vaya – murmuró Precia, suspirando – Eso lo cambia todo entonces.
- Mamá ella es… - comenzó a decir Fate, incapaz de contenerse – Es la chica más impactante que he conocido en mi vida. Es hermosa, claro que es hermosa, pero tiene algo más, algo que me tiene como una estúpida siguiéndola a todos lados, como si tuviese una especie de imán que me atrajera por alguna extraña razón. Desde la primera vez que la vi fue como si algo en mi despertara de pronto, sin que yo lo pudiera evitar. Si tan solo la vieras en su trabajo – dijo Fate, sonriendo – Es tan dedicada que es capaz de hacerle creer a un niño en serio que si se deja poner las vacunas sin llorar será tan fuerte cuando crezca que será capaz de cambiar el mundo. ¿Te imaginas eso? ¿Te imaginas a alguien capaz de hacerles creer a los gemelos que realmente las vacunas solo duelen un poquito? Es tan absurdo y a la vez tan fascinante.
- Fate… - alcanzó a decir Precia, apretando suavemente su hombro.
- Entonces resulta que es novia de Yunno. Ese estúpido cara de hurón.
- ¿Yunno? – preguntó Precia - ¿El doctor que trabaja contigo y que siempre anda invitándote a salir?
- Si mamá, ese Yunno. Y aun no entiendo como la mujer más maravillosa de la tierra puede estar con semejante piltrafa. ¡Ese tipo se ha acostado con medio hospital! No la respeta. Y encima Yunno me hizo prometerle que no le diría nada a ella de sus zorrerías.
- ¿Tú en verdad le prometiste eso Fate?
- ¿Qué más podía hacer? – refutó Fate, dejando escapar un suspiro – No soy quién para romper la imagen que puede tener ella del cara de hurón. Además, no es como si yo pudiera venir como un príncipe de caballo blanco a rescatarla del ogro. Ni siquiera sé si solo es amable conmigo por ser compañeras de trabajo, o me ve como una amiga, o le llamo aunque sea de manera minúscula la atención. Es todo demasiado complicado y yo…
- Calma Fate – la interrumpió Precia, mirándola.
De alguna manera el tono de voz de su madre la calmaba. Esa mano en su hombro, apoyándola, sosteniéndola, parecía darle un poco de ánimo.
Lo había soltado. Se lo había dicho. Había drenado parcialmente todo el desorden mental que Nanoha había dejado en su cabeza y de cierta manera era liberador.
- Fate, las relaciones interpersonales son complicadas. Lastimosamente no sabemos de quién nos enamoraremos, y tampoco es nuestra culpa. Sinceramente no creo que podamos evitarlo, sin embargo, seriamos unos tontos si no nos permitiéramos sentir todo eso. ¿No lo crees?
- Mamá…
- Ciertamente, tu caso es bastante complejo – comentó Precia, sonriendo calmadamente – Pero solo quiero que te preocupes por vivir. Solo deja que todo siga su curso. Que sea el tiempo y la vida quién te indique que pasará, pero nunca sientas que lo que pasa en tu corazón está mal. Esa confusión y ese miedo también son partes de estar viva ¿Estamos?
- Gracias mamá – murmuró Fate, sonriendo.
- Y ya que tú le prometiste algo a Yunno quiero que me prometas algo a mi ¿Vale?
- ¿Qué? – preguntó Fate, alzando una ceja
- Que no te vas a arrepentir de nada – contestó Precia – Sé que tomarás la decisión correcta en el momento indicado. Solo deja que tu corazón te guie en esto ¿Estamos?
- Estamos – afirmó Fate, abrazándola.
- Ahora, si me disculpas, iré con tu mamá. Hiciste mal en regalarle ese juego de Té a Lindy. Está metida en la cocina y me dijo que fuera a tomar una taza de té con ella o se enojaría conmigo – se despidió Precia, alborotándole el cabello antes de girarse sobre sus talones y dirigirse a la cocina.
Fate se quedó observando el cielo lleno de estrellas, cuando una conocida presencia se puso a su lado, recostándose de su hombro.
- ¿Qué hace mi prima preferida? – preguntó Hayate juguetonamente, pellizcándole suavemente la mejilla.
- ¡Hey! – exclamó Fate – Ya estás ebria.
- ¡Mentira! – negó Hayate – Aún hay ponche esperando por mí.
- Hayate –dijo Fate, con la mirada perdida.
- ¿Eh? – preguntó Hayate, mirando al cielo.
- ¿Crees que si pasa una estrella fugaz y le pido un deseo se hará realidad?
- No lo sé – contestó Hayate – Pero como es navidad y todo el cuento deberíamos de intentarlo ¿No crees?
- Me parece buena idea – Afirmó Fate
- Yo pediré el valor para declararle mis sentimientos a Carim – dijo Hayate, con el pecho inflado.
- No sé por qué te cuesta tanto – dijo Fate, riéndose – Carim siente lo mismo que tú, se nota a leguas.
- Si es por eso Nanoha está babeando por ti y tú estás tan ciega que no te das cuenta.
- ¡Si eres mentirosa! – exclamó Fate, sonrojándose violentamente.
- Avísame si ves una estrella – dijo Hayate, mirando nuevamente al cielo – Quizás si lo deseamos con todas nuestras fuerzas se haga realidad.
Fate solo se limitó a asentir, alzando su mirada en búsqueda de alguna estrella, queriendo con todas sus fuerzas que Hayate tuviera razón y que, lejos de allí, Nanoha también estuviese deseando lo mismo.
Deseando a Fate, con la misma intensidad con la que Fate la deseaba a ella.
